miércoles, 21 de mayo de 2014

¿Son tan locas las masas como las pintan?

La opinión prevalente sobre la conducta de masas, desde la Revolución Francesa y la toma de la Bastilla por lo menos, es que el ser humano pierde toda racionalidad cuando se integra en una masa y que las masas se comportan de forma loca. El individuo se convierte en un esclavo de sus impulsos inconscientes, ya no es él mismo sino un autómata sin cerebro, un bárbaro.

Pero varios autores, como el psicólogo social Stephen Reicher, están planteando que esta visión es errónea; cuando forma parte de una masa la gente se define de acuerdo con los que están alrededor en ese momento y su identidad social determina su conducta. Según Reicher, este modelo explica los disturbios de las tres últimas décadas que él ha estudiado y el informe de la Comisión Kerner sobre los disturbios raciales de Los Angeles, Chicago y otras ciudades de los años 1965-67 también encaja con estas ideas. La causa de estos disturbios, según el informe, es la situación de deprivación de las comunidades negras. Los negros sufrían el doble de desempleo que los blancos y cuatro veces más riesgo de vivir en la pobreza. Los manifestantes buscaban una participación mayor en el orden social y disfrutar de los beneficios del sistema más que rechazarlo. Lo que querían era un lugar en él.

Pero la teoría de Reicher no es solamente que las masas no se comportan locamente, sino que la gente en ellas coopera con los que están a su lado. Los individuos no pierden la cabeza sino que actúan de forma totalmente racional. En Londres mucha gente estaba harta de que se detuviera a jóvenes negros en la calle, para cachearles, sin ninguna razón. Cuando estallaron las protestas mucha gente de grupos insatisfechos tenían razones legítimas para unirse a la causa.

Este nuevo entendimiento de la dinámica de masas se está aplicando por las autoridades europeas al manejo de las masas. Se está entrenando a la policía a tomar un enfoque más sensible y comunicativo con las grandes masas. Si la conducta de masas se debe a normas sociales de la mayoría y no a las acciones de unos pocos criminales, un enfoque autoritario y centrado en los antidisturbios empeorará las cosas, porque es tratar a todos como agresores. Estos cambios han sido causados sobre todo por Clifford Stott. Stott empezó estudiando los aficionados al fútbol metiéndose entre ellos con grabadora en mano, en acontecimientos como las finales de la Copa del Mundo de Italia de 1990 y Francia de 1998. Está convencido de que la violencia en el fútbol se entiende mejor en términos de identidades de grupo que de seguir a una minoría de hooligans descerebrados. Stott y sus colaboradores presentaron su investigación a la policía portuguesa en 2004 antes de los campeonatos europeos de fútbol y las cosas salieron bastante bien.

Este esquema, el modelo de identidad social de la conducta de masas, es el esquema que utiliza la UEFA en Europa en las actuaciones policiales en los partidos. Pero una parte interesante es la de la cooperación y el altruismo en estos grupos. Los ejemplos de ese tipo de comportamientos en muchas emergencias son abundantes y son frecuentes las conductas de ayuda en medio del caos. El psicólogo John Drury ha acuñado el término “Resiliencia Colectiva” para referirse a esta actitud de ayuda mutua en medio del peligro. En muchos casos que ha estudiado, los entrevistados cuentan un fuerte sentimiento de unión y de inclinación a ayudar  a extraños. Sin esta actitud las víctimas habrían sido muchas más.

Es muy interesante, explica Drury, cómo una crisis, incluso un problema pequeño como una avería de un tren en un túnel, crea automáticamente una “masa psicológica” a partir de un agregado de extraños. De repente compartes un destino común y tu esfera de intereses pasa de lo personal al grupo. Este sentimiento de comunión y de superación de barreras es uno de los más referenciados en las experiencias de masas. Esas masas psicológicas son lugares atractivos para estar. Muchos participantes en la revolución de El Cairo de 2011 dicen que son los mejores momentos de su vida, lo más grande que han vivido: “nadie pensaba si eras cristiano, musulmán, pobre o rico”. “La gente se sentía fantásticamente viendo que eran parte de un grupo tan grande. El miedo se evapora, porque hay mucha gente contigo, aquellos 18 días sacaron lo mejor de la gente”.

Estas nueva teoría sobre la conducta de masas, el modelo de identidad social, creo que encaja perfectamente con las ideas de Jonathan Haidt de que el ser humano tiene una tecla que cambia su funcionamiento de modo chimpancé a modo abeja (de egoísta/individual a altruista/grupal). En esta entrada hablábamos de ello y puedes ver ejemplos de conductas grupales, en la guerra y en otras situaciones, muy similares a las que estamos comentando. Creo que ese momento de la avería del tren en el que un grupo de extraños se convierte en una masa psicológica es justamente el momento en que se activa ese interruptor y el individuo deja de funcionar en modo egoísta (chimpancé) para pensar en el bien del grupo (abeja). Según cómo lo analicemos, igual es porque no queda otro remedio y la conducta sigue siendo egoísta en el fondo, porque la vida del sujeto depende del éxito del grupo. En muchas de estas situaciones de emergencia (no en todas) es necesario actuar en grupo, la solución tiene que ser conjunta. Tal vez por eso tenemos esa tecla para pasar del modo chimpancé en el que actuamos el 90% de nuestro tiempo, según Haidt, al modo abeja. 

También es seguro que esa tecla no funciona igual en todas las personas, habrá personas que pasen con más facilidad de un modo a otro, pero también es muy probable que una vez que varios de esos interruptores se activan se produce un contagio al resto del grupo. En cualquier caso, un tema muy interesante con repercusiones prácticas evidentes.

@pitiklinov

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