domingo, 31 de mayo de 2020

Aposematismo Psicológico: una nueva hipótesis evolucionista del suicidio

El suicidio es un rompecabezas desde el punto de vista evolucionista: ¿cómo puede producir la selección natural organismos que se eliminan a sí mismos? En una entrada anterior ya hemos tratado las hipótesis que existen hasta la fecha para intentar explicarlo. En esta entrada voy a resumir una nueva hipótesis que acaba de aparecer y que se basa en una comparación con un fenómeno biológico conocido con el extraño nombre de aposematismo pero que es algo de lo que probablemente hemos oído hablar todos en algún documental sobre la naturaleza. 

Existen organismos en la naturaleza (insectos, anfibios…) que tienen mal sabor, o incluso son venenosos, de manera que cuando un depredador los come sufre los efectos tóxicos y no le quedan ganas de volver a comer ningún organismo de las mismas características. Estos organismos suelen tener unos colores muy llamativos con lo que son fácilmente reconocibles y fáciles de recordar. Lo que nos interesa de este fenómeno es que este tipo de defensa facilita la muerte de un organismo para que otros que tienen similares características tengan más probabilidades de sobrevivir. Es en sí mismo interesante investigar cómo ha podido evolucionar este tipo de defensa. Hay muchos organismos que elaboran toxinas y las emplean contra sus depredadores pero en el caso del aposematismo la defensa va a actuar después de la muerte del organismo: “tú me comes pero te vas a enterar…”. Es probable que en un principio el veneno no estuviera pensado para hacer efecto después de la muerte del organismo sino precisamente para evitar la misma. Sea como sea, hay otro rompecabezas aquí pero se lo vamos a dejar a los biólogos evolucionistas. 

Los insectos aposemáticos tienden a vivir de forma gregaria lo que puede ser una  ventaja. Un depredador puede asociar mejor y aprender qué organismo es venenoso si hay muchos presentes alrededor. También, como es conocido, existen organismos que no son venenosos y que se aprovechan del aposematismo de otra especie imitándoles; desarrollan una coloración similar y así evitan ser comidos. Lógicamente, esta imitación tiene un límite y no puede ser muy frecuente si hubiera más individuos aposemáticos falsos que verdaderos, a los depredadores les traería más cuenta comérselos. Pero es interesante señalar que el aposematismo aparenta ser un tipo de altruismo. Unos individuos mueren y otros se benefician de esa muerte ¿quiénes? ¿los familiares? ¿el grupo?  

Bien, partiendo de este fenómeno de la naturaleza James Wiley da un salto (bastante osado) y compara el aposematismo con el suicidio. Como hemos dicho, en el aposematismo la muerte de uno beneficia a la supervivencia de muchos. Es concebible que, si las amenazas de suicidio de una persona son ignoradas, un suicidio consumado puede hacer que futuras amenazas sean más creíbles. Si determinados contextos o circunstancias promueven conductas suicidas en humanos, un suicidio consumado puede aumentar la atención de los miembros de la comunidad para impedir que los individuos predispuestos al suicidio entren en esos contextos o circunstancias. Si esos contextos reducen la fitness de un individuo (las características que se asocian a su éxito reproductivo), reducir la probabilidad de que entren en esos contextos aumentará su fitness. Wiley llama a esta idea de que se produzca un condicionamiento de la sociedad para prevenir o aliviar los contextos que pueden llevar a un suicidio Aposematismo Psicológico.

Este planteamiento de Wiley tiene mucha similitud con la Hipótesis de la Negociación de Hagen que, incomprensiblemente, no traté en la entrada anterior sobre Suicidio y Evolución, error que voy a intentar corregir ahora. La hipótesis de la negociación de Hagen (elaborada y desarrollada después en colaboración con Kristen Syme) es inicialmente una hipótesis para entender la depresión (no el suicidio) desde el punto de vista evolucionista y Hagen la desarrolló en primer lugar con la depresión post-parto en mente. En esencia, lo que dice esta hipótesis es que la depresión es equivalente a una huelga; la persona depresiva -por medio de su sintomatología de apatía, cansancio, desmotivación, etc- lo que estaría haciendo es declararse en huelga y señalar a su entorno que necesita ayuda y que tienen que cambiar las cosas. 

Posteriormente, Hagen, Syme y Garfield han aplicado la hipótesis de la negociación al suicidio. Lo que plantean es que los intentos de suicidio son una señal costosa, un aviso, con el que la persona que se encuentra en una situación que le produce un sufrimiento negocia con su entorno para que le ayuden a encontrar una solución. Por ejemplo, un padre escoge un marido para su hija que a ésta no le gusta. La chica protesta y dice que ese pretendiente no le gusta pero hablar es barato y el padre insiste en su plan. La chica realiza un intento de suicidio y da a entender que va en serio. El padre entonces, ante el riesgo de perder a su hija, cede y anula sus planes. En el esquema que veíamos en la  entrada sobre Suicidio y Evolución, la hipótesis de la Negociación concibe al suicidio como un subproducto y no como una adaptación. Es decir, la selección natural no ha seleccionado el suicidio como tal sino la depresión y los intentos de suicidio. El problema es que realizar intentos de suicidio tiene un riesgo y algunos de ellos acabarían en suicidios consumados. Hagen y Syme han propuesto recientemente una variante de su hipótesis por la que los intentos de suicidio también pueden ser una forma de pedir perdón, de señalar que uno se arrepiente de verdad de algún error cometido y de facilitar así la reconciliación y el perdón.

La hipótesis del Aposematismo de Wiley podría ser vista como una variante de la Hipótesis de la Negociación pero tiene importantes diferencias. Por un lado, es una hipótesis que concibe el suicidio como adaptativo y no como subproducto. Aquí es el suicidio lo que se usa para negociar y no el intento de suicidio. Por otro lado, no es una negociación “individual” en la que un individuo defiende sus intereses (frente a familiares u otros miembros del grupo), sino que es una negociación “colectiva” y aquí es donde hay una serie de elementos que resultan muy discutibles, a mi modo de ver. ¿Quién negocia? ¿quién es el beneficiario de la negociación? Si entiendo bien a Wiley, sería el conjunto de las personas suicidas, esas personas atrapadas en contextos que reducen sus probabilidades de éxito reproductivo. ¿Y quién es el interlocutor? ¿Con quién se negocia? Pues Wiley parece referirse a la sociedad en su conjunto y no tanto a los familiares o personas concretas (luego hablaremos de ello). El suicidio sería un mecanismo de condicionamiento de la sociedad que es en última instancia la que produce los contextos sociales, económicos, políticos y sanitarios en los que las personas se ven envueltas. El duelo por suicidios previos motivaría a la sociedad a tomar medidas para no perder a más individuos por suicidio. El suicidio consumado aumentaría el éxito reproductivo de aquellos personas susceptibles a la conducta suicida en contextos que reducen la fitness. 

Resumiendo, en la hipótesis de Hagen y Syme el suicidio es un resultado desafortunado del proceso de negociación; en la hipótesis de Wiley, un número pequeño de suicidios consumados facilita el éxito reproductivo de individuos predispuestos al suicidio. Wiley se pregunta: ¿serían las amenazas de suicidio una herramienta eficaz de negociación si nadie se suicidara? Si nadie se suicidara, los gobiernos, comunidades, familiares o amigos harían algo o se esforzarían en cambiar las circunstancias -y proveer los recursos- de las personas que se lo piden? Parece inevitable que se necesita un cierto número de suicidio para que las amenazas e intentos de suicidio se tomen en serio. En la visión de Wiley, los suicidios consumados ofrecen un poder de negociación a los futuros suicidas en potencia.

Bien, vamos ahora con otro aspecto problemático de la hipótesis de Wiley: ¿qué base teórica evolucionista puede apoyarlo? Pues un mecanismo raramente invocado: el llamado “Efecto de la barba verde”, una teoría que vamos a comentar ahora brevemente. El efecto barba verde es un experimento mental propuesto por Hamilton y luego recogido por Richard Dawkins en el Gen Egoista que trata de explicar el altruismo. Según esta hipótesis, un gen para el altruismo podría  haberse extendido en la población si el organismo altruista ayuda a otros individuos que también portan el gen altruista. Como los genes son invisibles, este mecanismo requiere un marcador externo, es decir, el gene altruista, además de producir altruismo, tendría que producir otra característica (un marcador visible como una barba verde) que señalara al individuo que su altruismo va a ser reciprocado porque el receptor de la acción es altruista también. Este mecanismo es diferente de la selección de parentesco (kin selection). En el efecto barba verde el individuo puede ayudar a otros individuos que no son familiares directamente sino que portan también ese gen. Lógicamente, es más probable que un familiar lo porte pero el altruismo iría dirigido no a un familiar por ser familiar sino por portar ese gen. 

Aplicado esto al suicidio, sabemos que el suicidio es heredable (lo cual no quiere decir que exista un gen o varios para el suicidio) y ciertos genes se asocian a un mayor riesgo de suicidio. La conducta suicida es también una conducta llamativa, que no suele pasar desapercibida (aunque hay dudas en esto, muchas veces los familiares de personas que cometieron suicidio no lo detectaron), por lo que es un fenotipo que destaca como una barba verde o una coloración llamativa, así que podríamos intentar aplicar la idea con ciertas garantías al suicidio. 

Crítica de la hipótesis

Un problema clave de la hipótesis es que todos las conductas suicidas o todos los suicidios no son probablemente un grupo homogéneo, no son un mismo fenotipo, por así decirlo. Wiley reconocen esto y acepta que su hipótesis no puede explicar todos los suicidios sino más bien los suicidios que podemos llamar situacionales o asociados a un contexto.

De mi lectura de la literatura sobre suicidio en general, yo creo que se deduce que hay por lo menos dos tipos de suicidio:

1- Uno sería un suicidio “social” en el sentido de que tiene una función social o está relacionado con conflictos interpersonales y con situaciones sociales en general. Las emociones implicadas son la venganza, la ira, la culpa y no directamente la depresión. Estaría implicada la perversión de la justicia de la que habla Thomas Joiner en su libro sobre el Homicidio-Suicido y que ya comentamos en esta entrada. Son más impulsivos y tienen menos relación con trastornos mentales. Lo voy a ilustrar con un ejemplo de este artículo sobre el suicidio en la China rural:



Se trata de una joven madre sin problemas mentales que un día es acusada por una vecina de haber robado unos huevos. La mujer niega la acusación pero la acusadora insiste, se acercan los vecinos del pueblo y la mujer no puede defender su inocencia. Cuando llega a casa dice que una persona no puede vivir sin honor y que morirá para demostrar que no robó esos huevos.

Ese suicidio tiene la función social de lavar el honor de la mujer acusada y de su familia y también de vengarse de la vecina en la que recae ahora la culpa de haber sido la causa de su suicidio.

2- Otro tipo de suicidio sería más “personal” sin que cumpla o le podamos encontrar una función social y que se encuentra más relacionado con los trastornos mentales. La emoción implicada en este suicidio es la depresión, el dolor psicológico, y la persona lo que busca es acabar con su sufrimiento. Aquí no hay un deseo de influir en las personas del entorno sino que se trata de buscar una salida personal

En el segundo tipo de suicidio no hay mucho que negociar. Si la persona padece un trastorno mental y no ha respondido al tratamiento puede pensar que su vida no mere la pena de ser vivida y no está intentando conseguir nada de nadie sino dejar de sufrir. En el primer tipo de suicidio sí que es aplicable la hipótesis de la negociación, si se trata de un problema amoroso, económico, etc., sí que puede haber un margen de negociación con las personas del entorno.

Otro problema que le veo a la hipótesis de Wiley es que el interlocutor o negociador del otro bando sea la sociedad. Yo entiendo que a los amigos o familiares les importe lo que le pasa a una persona y que estén dispuestos  hacer concesiones económicas, emocionales o del tipo que sea. Pero me cuesta imaginar a la sociedad en su conjunto escuchando y actuando para proveer recursos para las personas afectadas por contextos que disminuyen su fitness. No se puede decir que la sociedad no esté preocupada por el problema del suicidio, pero si hablamos de una conducta que supone la muerte de por lo menos 800.000 personas al año en el mundo, creo que es bastante seguro decir que la sociedad no está proporcionalmente preocupada a la dimensión del problema. Por otro lado, cuando alguien quiere negociar o reivindicar algo parece más coherente dirigir esa reivindicación a una instancia o institución en concreto…¿a quién iría dirigida la reivindicación de las personas suicidas?

Por otro lado, este enfoque asume que la persona suicida sabe lo que quiere o necesita, y también que hay una solución para sus necesidades. Pero si hablamos de problemas y contextos sociales nos encontramos con problemas de unas dimensiones (crisis económicas, desempleo, pobreza, etc) que necesitan ser abordados desde muchas agencias políticas, sociales y económicas. No veo claro un interlocutor que reciba la demanda y pueda actuar sobre ella. O, si se trata de un problema amoroso, ¿qué puede hacer la sociedad en su conjunto?

Por último, yo creo que el suicidio tiene más que ver con el fracaso de una negociación que con una negociación propiamente dicha. Si pensamos en el caso de la señora Y, más arriba tratado, o en el de una ruptura amorosa, o en el de un despido, situación de paro, divorcio, etc., el problema es que la negociación ha terminado de una manera negativa o no aceptable para la persona, la cual se encuentra ahora en la tesitura de decidir qué hacer con su vida. La persona muchas veces se siente humillada, injustamente tratada y decide que la vida no merece la pena.

Bueno, en resumen creo que es una hipótesis original y que todo lo que nos ayude a pensar y reflexionar sobre el problema del suicidio es bienvenido, pero creo también que es muy osada y con una base teórica insuficiente.


@pitiklinov

Referencias:

James C Wiley (2020) Psychological aposematism: an evolutionary analysis of suicide Biological Theory 

Hagen, E. H. (2002). Depression as bargaining: The case postpartum. Evolution and Human Behavior, 23(5), 323–336. https://doi.org/10.1016/S1090-5138(01)00102-7

Kristen Syme Zaccary Garfiel Edward Hagen (2016) Testing the bargaining vs. inclusive fitness models of suicidal behavior against the ethnographic record. Evolution and Human Behavior Volume 37, Issue 3, May 2016, Pages 179-192

Kristen Syme y Edward Hagen (2019)  When Saying “Sorry” Isn’t Enough: Is Some Suicidal Behavior a Costly Signal of Apology?  A cross-cultural test Human Nature 30 117-141



















sábado, 4 de abril de 2020

El Problema con los Hombres

Esta entrada es una reseña del libro Transforming Men, de Geoff Dench, del año 1996. Geoff Dench fue un sociólogo británico, fallecido en 2018, que se dedicó a estudiar temas como la inmigración, los hombres de clase trabajadora y el feminismo. En este libro, Dench intenta mejorar la comprensión de las relaciones entre hombres mujeres y también de la renegociación del contrato entre ambos sexos que estamos viviendo en nuestros tiempos. Dench presenta una visión de los roles que hombres y mujeres cumplen en la sociedad muy distinta a la del feminismo y creo que merece la pena que sea más conocida. Según Dench, el feminismo está equivocado en su comprensión de este contrato entre hombres y mujeres y de cómo hay que renegociarlo y esto es perjudicial para la sociedad en su conjunto y para las propias mujeres. Voy a abordar gradualmente, dividiéndolas en varios puntos, las ideas de Dench.

1- Las mujeres son el corazón y el alma de la sociedad.

En el libro, Dench desarrolla la idea de que el núcleo de la sociedad es femenino y surge de la necesidad de organizar la reproducción de forma eficaz. Las actividades más esenciales de la sociedad son la que tienen que ver con el cuidado de los niños. La maternidad compartida es la base de toda la sociedad humana. Las mujeres son las que tienen los hijos y la mayor responsabilidad por ellos y esto las hace conscientes de que van a necesitar apoyos en el futuro. Las estructuras para apoyarse entre ellas serían probablemente el contrato social original.

Ser centrales en la sociedad tiene también sus inconvenientes. La mayor dependencia de otros de las mujeres hace que disfruten de una menor libertad personal que los hombres. Las feministas han tomado esto como una gran injusticia y culpan al patriarcado, pero el patriarcado sirve en realidad para moderar esa diferencia entre sexos al extender a los hombres el tipo de responsabilidades sociales que son hostiles a la libertad individual y acercar así a los hombres  a roles sociales similares a los de las mujeres.

Los hombres cuando no son sujetados por obligaciones “patriarcales”, es decir, de ocuparse de personas que dependen de ellos (su mujer e hijos), acaban viviendo vidas muy cortas y brutas. Los hombres tienen mucha tendencia a lanzarse al bosque (luego hablamos del cuento del Príncipe Rana), es decir, a llevar una vida improductiva: alcohol, juego, porno, videojuegos…Asumir la responsabilidad de una mujer y unos hijos tiene una influencia civilizadora sobre los hombres y Dench recalca a lo largo del libro que trastocar este punto tiene un influencia devastadora para la sociedad. Actualmente estamos viendo un aumento en el número de hombres jóvenes infrasocializados y escasamente empleables, que han optado por una apatía narcisista y que se están quedando en los márgenes de la sociedad.

La relación madre-hijo es la piedra angular sobre la que se construyen todas las estructuras sociales. Al nacer los bebés tan indefensos y ser tan exigente su cuidado, tuvieron que inventarse mecanismos para apoyar a las madres y estas ayudas vinieron de otras madres tanto de la familia como de fuera de la familia, y también de sus parejas varones. Sin esas ayudas, sería extremadamente difícil para las mujeres superar los periodos arduos y peligrosos en el que hay que criar a los niños pequeños. Estas redes de asistencia dieron forma a estructuras comunitarias que superaban a la familia y la participación en estas estructuras comunitarias básicas es totalmente diferente en el caso de las mujeres y en el de los hombres. Como madres actuales o potenciales, las mujeres no pueden evitar ser atraídas a estas redes de intercambio de favores y relaciones y normas de reciprocidad. Las mujeres saben que necesitarán ayuda en muchos momentos cuando tengan que cuidar de los niños y, por tanto, es importante para ellas aprender a responder a las necesidades de los demás a cambio de esa ayuda que recibirán. 


2- Los hombres son marginales en la sociedad

El caso de los hombres es diferente. Los hombres pueden ir más por libre. Una vez que los hombres jóvenes desarrollan las capacidades para cubrir sus necesidades materiales básicas, están en una mejor posición que las chicas para ser autosuficientes y no necesitar responder a las necesidades de los demás. Si en ese proceso de ir por libre y satisfacer necesidades a corto plazo los hombres se hacen daño a sí mismos, esto tiene consecuencias menos graves para la sociedad (los hombres son más desechables). Pueden vivir más por su cuenta, para bien y para mal. 

Las mujeres ven estas actitudes y  comportamientos como egoístas. Pero la condición fundamental de los hombres que les permite ser más egoístas (y que las mujeres no han disfrutado hasta fechas más recientes con la píldora anticonceptiva, etc.) no es un tema de elección moral. Las mujeres han sido la columna vertebral de las sociedades a lo largo de la historia no porque sean virtuosas. Es al revés. Las mujeres han sido virtuosas porque sus propias necesidades han hecho que tuviera más interés para ellas adjudicar menos importancia a la libertad personal y mayor valor que los hombres al apoyo mutuo y la seguridad. Y esto valores son definidos como virtuosos porque conducen al bienestar colectivo.

3- ¿Cuál es el problema con los hombres?

Este es el problema con los hombres, que no tienen los hijos y, por tanto, en circunstancias normales no se les asigna la responsabilidad primaria con respecto a ellos. Por tanto, no son tan fácilmente arrastrados a esa vida comunitaria de intercambios donde pueden aprender a ser gente más agradable.

Los hombres son más antisociales que las mujeres, o tienen una inclinación mayor en ese sentido, y esto es un problema y una carga para toda la sociedad. Si los hombres no son suficientemente motivados, pueden fracasar en aportar a la causa general o pueden ser incluso disruptivos o peligrosos al caer en la delincuencia y otras conductas. De ahí que un imperativo de toda cultura es buscar maneras de que los hombres se comporten de una forma constructiva y esto se ha conseguido creando recompensas adicionales para ellos. Dada la dependencia de los hijos de ella, el apoyo mutuo es la recompensa de las mujeres y eso les ayuda a minimizar el esfuerzo y el dolor de ese trabajo. No ocurre lo mismo con los hombres. El caso de los hombres es diferente y hay que tentarles con algo para que renuncien a su libertad y asuman su parte de obligaciones y de trabajo por la comunidad. 


4- ¿Cuál es la solución al problema que suponen los hombres?

La solución es conseguir que los hombres sean más como las mujeres. ¿Cómo? La mayoría de las sociedades han conseguido esto definiendo a los hombres como proveedores de unas mujeres y unos niños concretos, normalmente -pero no siempre- sus parejas sexuales y sus hijos y desarrollar la noción de que esto hace a los hombres muy importantes porque las mujeres y los niños no podrían manejarse sin ellos. Este es el origen del rol de padre de familia y de proveedor (el que gana el pan) que es el elemento central de todas las ideas acerca del patriarcado. 

Lo que esto consigue es incorporar a los hombres a las estructuras interpersonales de apoyo, a las cadenas de dependencia, que son el eje de la sociedad, como decíamos. Esto domestica a los hombres al sujetarlos al mismo tipo de experiencias y presiones que tienen las mujeres. Creer que el bienestar de unas personas concretas depende de ti -y en ciertos sentidos únicamente de ti- es un gran aliciente para desarrollar sentimientos altruistas y una conducta responsable socialmente. Una vez nombrados padres de familia, tienen todos los incentivos para considerar las necesidades de los demás. 

Sin embargo, el rol de proveedor sería la justificación de los privilegios que los hombres tienen en la sociedad. Al inflar la importancia de lo que los hombres hacen en la sociedad (para que se integren) esto genera algunas desigualdades en el trato con las mujeres. El sistema patriarcal, según Dench, sería un incentivo para que los hombres tomen una parte más activa en la vida de la comunidad. Pero las mujeres pagarían un precio por ello. Al ser los hombres los proveedores, todas las actividades ligadas a la producción y distribución de recursos quedan en sus manos. Este rol de proveedor divide la vida social en dos esferas. Por un lado la vida privada de relaciones interpersonales más íntimas e intercambios;  y por otro, la vida pública y política de relaciones más generales y que quedó reservada a los hombres.

Proveer es central al patriarcado y es comprensible que sea un foco de resentimiento contra los hombres. Pero es un gran error suponer que deshacerse de este rol va a crear un mundo mejor para las mujeres. El patriarcado no es el peligro principal sino un intento de solución a un problema de fondo todavía más gordo. Si las mujeres se deshacen del rol de proveedor de los hombres, que ha tendido una influencia civilizadora, van a conseguir algo mucho peor en su lugar.   Si las mujeres aprietan por una mayor simetría e intentan cambiar las reglas del juego, los hombres van a decidir simplemente no jugar. Las armas tradicionales de los hombres en esta guerra de sexos han sido la no-cooperación y la huida. Las armas tradicionales de las mujeres han sido celebrar la paternidad y la responsabilidad masculina, que hemos comentado que son necesarias para el compromiso masculino. Si las mujeres definen ahora esto como opresión patriarcal y retiran la noción de que el rol de padre de familia es importante, se están quedando sin su mejor arma. El feminismo, al desmantelar el patriarcado, está simplemente resucitando la subyacente mayor libertad natural de los hombres. 

Creo que un experimento natural histórico que apoya el planteamiento de Dench es lo que ocurrió en la URSS en los años 20 del siglo pasado. Dench lo nombra muy de pasada en el libro pero lo podéis leer con más detalle en esta entrada de Daniel Jimenez. El desmantelamiento de la familia y el divorcio a voluntad en la URSS lo que llevó fue a esta falta de compromiso que comentamos por parte de los hombres, a su irresponsabilidad y a su “emancipación”, no a la de las mujeres, las cuales acabaron reclamando a Stalin la vuelta del matrimonio patriarcal.

Este episodio sería un ejemplo donde observamos el poder original de los hombres, muy diferente y anterior al patriarcado, que es el poder de desertar, de dejar las relaciones y situaciones que no les van bien. Los hombres se quedan solo el tiempo en el que son compensados por la libertad que han perdido, porque ellos tienen una alternativa. Si las mujeres no tuvieran los hijos, serían ellas las que pedirían ese algo más como compensación. 

Según Dench, es este poder de los hombres de preocuparse menos el que origina el patriarcado, más que al revés porque es el que decanta la relación inicial a favor del hombre. Según el principio de indiferencia o de menor interés (Willard, 1938), el que tiene menos interés en algo tiene ventaja en la negociación. La parte de una relación que la valora menos es más capaz de imponer sus deseos. El patriarcado puede parecer un problema, y puede ser un problema, pero se origina en los esfuerzos culturales en limitar la libertad de los hombres cargándoles con unas responsabilidades. Es una estrategia de palo (obligaciones, responsabilidades) y zanahoria (el privilegio de ser cabeza de familia).


5-El cuento del Príncipe Rana

A lo largo del libro, Dench utiliza el cuento del Príncipe Rana como alegoría de la visión de los roles sexuales que explica. El cuento, muy resumido, dice así:

“Una princesa muy joven sale del palacio a jugar y se mete en el bosque. Allí su bola dorada se le cae a un pozo y desaparece quedándose la niña con el corazón roto. Entonces, aparece una rana que le dice que ella puede recuperarle la bola si le promete que va a ser su amiga. La princesa está de acuerdo. La princesa vuelve al palacio y la rana la sigue e insiste en que mantenga su promesa. Ella no quiere pero su padre, el rey, le dice que las promesas hay que cumplirlas. Así que la rana se queda en palacio, come con ellos, participa en las fiestas, etc. Un día aumenta el contacto físico entre la princesa y la rana (en unas versiones es un beso, en otras que la deja dormir en su almohada) y la rana se transforma en un príncipe que era su identidad verdadera hasta que una bruja lo convirtió en rana. Los príncipes se casan y se van en su carroza a vivir a otro palacio.”

No voy a entrar en el análisis minucioso de todos los componentes del cuento que Dench lleva a a cabo, pero básicamente el palacio es la cultura, el bosque la naturaleza, el estado de rana es el estado natural de libertad del hombre adolescente y el proceso de integración en la sociedad, su transformación en un hombre de provecho, es la transformación en príncipe cuando demuestra que puede asumir las responsabilidades del matrimonio. La moraleja de la historia sería orientar a los hombres hacia la aceptación de las responsabilidades familiares.

Este cuento ilustra el problema de los hombres, que es transformarlos de ranas en príncipes, es decir, domesticar a los hombres y aprovechar sus energías de forma productiva para la sociedad. En definitiva, dar un lugar a los hombres en la sociedad. Para Dench, ese lugar es el de proveedores, el de los que ganan el pan en la familia. 


6- Ricos y pobres

Como hemos visto, las sociedades pre-feministas han intentado que los hombres sean más como las mujeres. El feminismo, sin embargo, lo que busca es que las mujeres sean más como los hombres y han entrado en competición directa con el hombre por el rol de proveedor. Según Dench, esto tiene dos problemas. Por un lado, empuja a algunos hombres a ser workaholics, a trabajar en exceso para triunfar en esta competición y conseguir prestigio y trabajos interesantes que provean por sí mismos un incentivo en la vida, incluso en ausencia de paternidad. 

Pero por otro lado, otro grupo de hombres ni entra a competir porque no ven que haya un papel para ellos en la sociedad. Estos son principalmente hombres de clase baja. Si tú transmites a los hombres que no son importantes, que no son necesarios, no van a tener ningún incentivo para aceptar los trabajos más duros y peor pagados de la sociedad. Un hombre puede ir a asfaltar carreteras a las 5 de la mañana si sabe que con eso está ayudando a sacar adelante a su mujer y sus hijos, pero él tendría suficiente para atender sus necesidades más básicas sin tener que aguantar ese tipo de trabajo. Una ocupación importante (una carrera, un trabajo prestigioso o creativo) otorga un sentido de valor por sí misma pero los trabajos más humildes no dan sentido a la vida de un hombre por sí mismos sino por el valor que tienen para las personas que son dependientes de ellos.

Dench cree que este factor está siendo muy importante en polarizar la sociedad en un sector rico y un sector pobre. La división se da cada vez más entre una élite de familias con “dos carreras” que viven en la afluencia y una subclase de familias sin trabajo o más bien no-familias ya que son familias monoparentales viviendo en un nivel cercano a la pobreza o con ayudas sociales y, por otro lado, hombres que viven solos, desempleados y sin un lugar en la sociedad. Estas familias de la élite en muchas ocasiones se esconden detrás de preferencias políticas de izquierda pero en realidad son los principales impulsores de una creciente desigualdad, por ejemplo, inflando los precios de los pisos en las ciudades. Se está produciendo una brecha matrimonial en la que los ricos se casan y los pobres no y el matrimonio les hace más ricos y está aumentando las diferencias entre ambos grupos.



7-La Necesidad de ser necesitado

La renegociación del rol de proveedor ha trastocado la idea central para los hombres de que son necesitados. Las mujeres saben que son necesitadas por otros o  que lo van a ser cuando sean madres. Y su problema es maximizar su libertad porque esto les supone una pérdida de libertad personal. Los hombres, por contra, parten de una situación de mayor libertad y lo que necesitan es ser aceptados en la sociedad. Esta es la fragilidad masculina.

Estamos viendo un aumento de familias monoparentales, principalmente madres que sacan ellas solas a sus hijos adelante o con la ayuda del “estado patriarcal” por medio de las ayudas del estado de bienestar. Esto no altera la responsabilidad materna ni su prestigio, al contrario, incluso lo aumenta. Es la heroína que saca adelante a sus hijos sin la ayuda de un hombre, aunque sea con la ayuda del estado. Para las mujeres de clase trabajadora, la ayuda social es una buena alternativa a tener que asumir un trabajo de bajo estatus y aguantar a un hombre de bajo estatus y le permite una autonomía.

Los que pierden su sentido de la responsabilidad en este proceso son los hombres. Proveer para los niños de forma colectiva como trabajadores por medio de impuestos, en lugar de como padres, no puede sustituir el incentivo del rol de proveedor de una familia. El hombre no tiene la misma sensación interna de que lo que hace es valioso. Como es parte de un ejército de hombres que aportan sus impuestos para mantener los niños de la sociedad, si él se esfuerza un poco menos  no se va a notar. Se pierde la motivación para trabajar. Si las mujeres y el estado del bienestar se encargan del bienestar de los hijos y de todo, ¿para qué vamos a tener un trabajo?, podemos hacer lo que queramos.

Este planteamiento tiene el riesgo de aumentar el número de zánganos en una sociedad. Y muchos de estos zánganos acaban siendo ellos mismos dependientes del estado de bienestar también. En la charla The End of Men, Hanna Rosin comenta las muchas cosas en las que los hombres se han quedado por detrás de las mujeres (más fracaso escolar en hombres, las mujeres sacan más licenciaturas y masters, etc.) y en algún momento de la charla dice que los hombres son la nueva “ball and chain”, es decir, la nueva carga. Creo que es de esto de lo que habla Dench. Los hombres están abdicando y dejando los trabajo y las responsabilidades para las mujeres. Se está olvidando la importancia de hacerles responsables directamente del bienestar de otros. Y la explicación no es el paro como tal, como han dicho algunos. Hubo mucho paro en los años 30 del siglo pasado y los hombres no abdicaron. La explicación de esta vuelta de los hombres a los márgenes de la sociedad, según Dench, es cultural y se debe a ese cambio de valores.


8- El error del feminismo

Según Dench, el feminismo ha entendido todo al revés, y sería muy largo tratarlo. Por ejemplo cuando dice que la vida familiar sirve a los intereses de los hombres y que el matrimonio patriarcal surge de los deseos de los hombres de poder y control. Seguramente, todo ocurre al revés. Si la comunidad quiere sacar a los hombres de su auto-indulgencia y de su tendencia a ser unos zánganos, para que se impliquen en actividades útiles, entonces tiene que crear unas privilegios masculinos para que a los hombres les merezca la pena.

El feminismo tampoco ha aceptado las implicaciones de la maternidad y el cuidado de los niños y que ser el sexo que tiene los niños o no serlo es muy relevante para el rol que una persona va a jugar en la sociedad. El mero hecho de que las mujeres tengan los hijos y los hombres no tiene consecuencias sociales de sobra como para hacer que la igualdad sexual sea una quimera y un delirio. En general, el feminismo no ha entendido cómo manejar a los hombres.

9- Conclusiones y Perspectivas futuras

Hay muchísimos matices y sutilezas en Transforming Men (el lugar del sexo en el contrato entre hombres y mujeres, quién es el sostén principal del patriarcado, la alianza del feminismo con el estado, el papel esencial de los niños como legitimación moral principal en la sociedad, etc) pero no podemos tratarlos todos. Así que vamos a ir concluyendo. A mi modo de ver, la idea principal de Dench sería que el rol de proveedor de los hombres es esencial para el funcionamiento de la sociedad. Se pueden renegociar muchas cosas de la división del trabajo entre los sexos pero reducir la responsabilidad personal de los hombres hacia los niños sería un ataque letal al ingrediente esencial del auto-sacrificio que hace que la comunidad sea viable. Si se deja fuera a los hombres, lo más probable es que se deslicen hacia un estado de egoísmo y de zanganería.

Esto sería perjudicial para la sociedad en su conjunto y para las propias mujeres. Además de eso, las sociedad que sepan aprovechar mejor el potencial, la creatividad y el esfuerzo de los hombres van a tener una gran ventaja sobre aquellas sociedades que pierdan el potencial que los hombres representan.

Transforming Men es un libro diferente y una lectura muy recomendable, pero si no tienes tiempo aquí tienes un artículo de Geoff Dench resumiendo algunas de sus ideas. 


@pitiklinov

martes, 31 de marzo de 2020

Entendiendo el Homicidio seguido de Suicidio

Thomas Joiner es un suicidólogo muy famoso creador de la llamada Teoría Interpersonal del Suicidio de la que ya hemos hablado aquí. En esta entrada voy a hacer un resumen-comentario de su libro de 2014 The Perversion of Virtue. Understanding Murder-Suicide. Es un libro dedicado a la comprensión del fenómeno llamado Homicidio-Suicidio, que abreviaré a veces a H-S en el resto de la entrada. Os recuerdo que en una entrada anterior ya abordé el caso concreto del Homicidio-Suicidio en el contexto de la violencia de pareja, aproximadamente un tercio de los homicidios de pareja son homicidios seguidos de suicidio.

Antes de nada, quería hacer una aclaración sobre esta denominación: este término de homicidio-suicidio se hace en un sentido general y no en un sentido técnico judicial donde existen diferencias entre homicidio y asesinato, según la intencionalidad u otros factores. El autor usa en inglés murder-suicide y en mucha otra literatura lo que más se utiliza es homicide-suicide. Joiner, en concreto, piensa que todos estos H-S son intencionales y premeditados, por lo que encajarían más en la definición legal de asesinato (que me disculpen los expertos si no estoy muy acertado). En definitiva, lo que quiero decir es que el término es puramente descriptivo: hablamos de actos en los que una persona mata a otra (u otras) y luego se suicida dentro de la misma secuencia, dentro de una misma continuidad de actuación. 

Bien, hecho esta pequeña aclaración me lanzo directamente a explicar la teoría de Joiner del H-S.  Según el autor, el suicidio es, no solo lo primario, sino también la fuente de todo lo que sigue después. En los H-S, el homicidio ocurre como consecuencia del suicidio. El perpetrador decide primero el suicidio y después se produce una perversión de cuatro virtudes de las que vamos a hablar a continuación. La línea de pensamiento del sujeto sería algo así como: “ya que voy a morir es virtuoso que “ellos”  mueran también. Las cuatro virtudes implicadas en el H-S son: justicia (justice), compasión (mercy), deber (duty) y gloria (glory), virtudes que es importante señalar que son interpersonales. Adelanto que las más importantes, las que están implicadas en la mayoría de los H-S son las dos primeras, justicia y compasión, y también que estas cuatro virtudes se podrían agrupar casi en dos grupos ya que justicia y gloria están muy cerca una de la otra y compasión y deber también se solapan a veces. Así mismo, es posible que en un caso concreto estén implicadas varias virtudes y que se produzca una perversión de una virtud como más importante y de otras como secundarias.

¿Qué quiere decir Joiner con lo de perversión de la virtud? Lo que quiere decir Joiner es que el sujeto cree, dentro de su lógica distorsionada, que está comportándose de forma virtuosa. Por poner un ejemplo para verlo más claro. Supongamos que una mujer padece una depresión y ha decidido suicidarse. A continuación, piensa que sus hijos van a ser infelices y van a quedar desamparados al faltar ella y entonces, por una perversión de la virtud de la compasión, decide matarlos primero y luego suicidarse. La mujer parte de premisas erróneas pero la lógica es virtuosa y ella cree que está haciendo lo correcto, lo que es moralmente bueno. De la misma manera, si un sujeto cree que ha sido tratado injustamente y humillado, puede llegar a la conclusión de que su vida ya no merece la pena dada la situación en que ha sido dejado por las personas que le han agraviado pero, antes de matarse, decide que es de justicia que esas personas mueran también. Son situaciones donde no se ha hecho justicia por las instancias correspondientes y el sujeto tiene que “tomarse la justicia por su mano”. ¿Y por qué se produce la perversión de la lógica? Por un enfermedad mental, habitualmente la depresión. Para Joiner el 100% de los perpetradores de H-S experimentan un trastorno mental en el momento del suceso.

¿Cuáles son las pruebas para pensar que en el H-S el suicidio es lo primario? Joiner hace un análisis psicológico de ambos fenómenos y concluye que el H-S es un tipo de suicidio (el 2% aproximadamente de los suicidios). Pero, aparte de ese análisis psicológico, algunos datos que respaldan esta hipótesis son los siguientes:

  • Los perfiles demográficos de los perpetradores de H-S son más parecidos a los de suicidas que a los de homicidas

  • La implicación del alcohol en los H-S es mucho menor que en los homicidios a secas y muy similar a la implicación del alcohol en el suicidio.
  • La frecuencia de enfermedad depresiva y suicidalidad es mucho más alta en los H-S y suicidios que en los homicidios. La depresión, la ideación suicida previa y los intentos de suicidio previos son mucho más frecuentes en H-S que en homicidas.

  • En línea con lo anterior, el uso de antidepresivos en perpetradores de H-S es similar al de los suicidas y no al de los homicidas

  • La evolución del número de H-S es similar a la de los suicidios. Es decir, en las últimas décadas los homicidios han disminuido notablemente en USA y en otros países. Sin embargo, las tasas de suicidio y de H-S han evolucionado en paralelo. El H-S no ha seguido la evolución de los homicidios sino que sigue la pista más bien de lo que ocurre con los suicidios. 

Hay que decir que el fenómeno del H-S es un tema controvertido en la investigación y que no todo el mundo está de acuerdo con esta postura que Joiner mantiene en su libro. Hay autores que lo ven como un tipo de homicidio, otros como un tipo de suicidio y otros como un fenómeno independiente de los otros dos. Pero dicho esto, vamos a ver los principales tipos de H-S, según Joiner.

Tipos de Homicidio-Suicidio

El tipo de H-S más frecuente es el asociado a la perversión de la virtud de la justicia. Ejemplos podrían ser el de un hombre que descubre la infidelidad de su pareja y actúa contra ella o contra el rival o contra ambos; o el de un hombre que se ha sentido maltratado en su lugar de trabajo por los compañeros y acaba cometiendo un asesinato en masa disparando contra ellos. Este tipo de H-S suele tener la connotación de “tomarse la justicia por su mano” y en ese sentido hay algún estudio que indica que hay una correlación entre la tasa de homicidios (en general, no H-S) y el grado de desconfianza en el gobierno y de corrupción general. Esto es sólo una correlación pero sí sugiere que cuando se percibe una atmósfera general de injusticia o corrupción puede haber una tendencia mayor de la gente a actuar por su cuenta. Decía James Gilligan: “toda violencia es un intento de conseguir justicia, o lo que la persona violenta percibe como justicia para él mismo”.

Eli Robins en su libro Los Meses Finales, The Final Months, encuentra que un 10% de los suicidios estudiados tienen una cualidad vengativa. Hemos hablado también aquí del suicidio con intención hostil y os recomiendo a todos estos dos artículos: el Suicidio Agresivo, de Jason Manning, y el Suicidio Sansónico o por venganza, de M Jeffreys. Esta literatura nos indica que hace tiempo que se ha observado que, por lo menos en algunos suicidios, la emoción predominante que genera el dolor que lleva a considerar  que es mejor estar muerto no tiene por qué ser necesariamente la depresión; otras emociones como la ira o la venganza pueden ser el motor de las tendencias suicidas y en algunos casos podrían dar lugar a homicidios seguidos de suicidio. Esta literatura apoya bastante la hipótesis de este libro de Thomas Joiner. 

También hay autores que han planteado que muchos asesinatos en masa son en realidad suicidios. James Densley dice en el artículo que acabo de enlazar: “muchos asesinatos en masa son suicidios por ira”. Y, para terminar, añado otra línea de investigación en apoyo a Joiner con respecto al familicidio. Según este estudio muy reciente de familicidios en Suiza: “Los familicidios en Suiza parecen ser actos suicidas raros, generalmente llevados a cabo por hombres previamente exitosos y estables de mediana edad, con un historial psiquiátrico o criminal poco llamativo, que difieren de otros grupos de asesinos en masa”. Dicen también los autores: “Familicidio y suicidio del perpetrador están tan estrechamente unidos en nuestro estudio que se añade a la evidencia de que el familicidio debería ser considerado como una subclase del suicidio extendido o homicidio-suicidio según Marzuk, Tardiff y Hirsch (1992)”.

El segundo tipo, en frecuencia, de H-S sería el debido a la perversión de la virtud de la compasión. Como ya hemos mencionado, el ejemplo podría ser el de una madre o un padre (o ambos como algún caso que se describe en el libro) con depresión que deciden suicidarse y matan antes a sus hijos para que no sufran. 

El tercer tipo seria el H-S por perversión de la virtud del deber. Un ejemplo frecuente es el de parejas mayores en las que uno es el cuidador y el otro un enfermo. También sería el caso de un padre o madre que cuidan a un hijo discapacitado. En su mente, no quieren dejar la obligación de cuidar de esas personas dependientes a otros cuando ellos mueran, al suicidarse, y consideran que es su deber u obligación hacerse cargo de ellos. Este caso se solapa con el H-S ligado a la compasión pero la diferencia sería que en el caso de la compasión, el suicida está pensando en la víctima, en evitar su sufrimiento, mientras que en el del H-S ligado al deber estaría pensando también en los supervivientes y en no dejarles una carga (ademas de en la víctima). Realmente, en muchos casos sería difícil decir qué virtud es la primaria.

El último tipo sería el H-S debido a perversión de la virtud de la gloria o el heroísmo. El autor pone el ejemplo del asesinato en la Columbine High School en Colorado. Parece que el motivo de los dos autores fue batir el récord que había establecido un asesino en masa anterior, Timothy Mc Veigh, que fue responsable de 168 muertes en Oklahoma City. Y probablemente habrían conseguido su objetivo si no hubieran fallado las bombas que prepararon. Parece que su fin era pasar a la posteridad y ser recordados. En cualquier caso, es un tipo menos frecuente.

Implicaciones y conclusiones

La implicación fundamental de la teoría de Joiner es evidente: si el homicidio seguido de suicidio es un tipo de suicidio, entonces la prevención del suicidio es también prevención del homicidio-suicidio. De forma adicional, cualquier persona con un elevado riesgo de suicidio debería ser valorado también con respecto a un posible  potencial de violencia contra los demás. Por supuesto, preguntas directas sobre las ideas de auto o heteroagresividad pueden ser respondidas con mentiras, evasivas o con silencios. Pero existiría una posible vía para valorar a estas personas, sacarles el tema de las virtudes que hemos comentado. Por ejemplo, si se han sentido tratados de forma injusta o si están preocupados por el bienestar o el futuro de sus hijos o personas dependientes. En este caso, es mucho más probable que se suelten a hablar de un tema al que seguramente llevan mucho tiempo dando vueltas en su cabeza.

Así que, además de los indicadores habituales del riesgo de suicidio -entre los que, no sólo Joiner sino otros estudios, destacan la agitación, el insomnio, las pesadillas y el aislamiento social- tendríamos la posibilidad de explorar la visión de los pacientes y su opinión acerca de las virtudes de la justicia o la compasión. Joiner señala también otro par de signos de riesgo de suicidio: lo que llama la “mirada de miles de kilómetros”, una mirada vacía, de estar muy lejos, y la disminución del parpadeo.

En definitiva, aunque queda mucha investigación por delante, la teoría de Joiner es un punto de partida muy interesante para diseñar estudios que la confirmen o la desmientan y también es una teoría con importantes repercusiones clínicas. 

@pitiklinov

















sábado, 29 de febrero de 2020

Creencias Socialmente Adaptativas


No puedes disuadir con razones a nadie de algo de lo que no fue convencido por razones.
-Jonathan Swift
“Creencia socialmente adaptativa: la formación de creencias es sensible a las recompensas y castigos sociales”
-Daniel Williams

En esta entrada voy a volver sobre un tema que ya he tratado en el blog - por ejemplo en la entrada Creencias Funcionales y Creencias Sociales, o las Creencias Falsas como dispositivos de compromiso con el grupo- porque es un concepto que nos puede ayudar a entender mejor el mundo que nos rodea y, curiosamente, ha recibido escasa atención por parte de la psicología y la filosofía hasta hace poco. En este caso es un filósofo, Daniel Williams, el que aborda el fenómeno de que la formación de nuestras creencias es sensible a castigos y recompensas sociales y, aún a riesgo de que va a repetir ideas muy parecidas a las de otras entradas, creo que analiza el fenómeno desde distintos ángulos o perspectivas y esto nos puede ayudar a comprenderlo mejor.

Williams analiza lo que él llama Creencias Socialmente Adaptativas (CSA) y la hipótesis que defiende es que la formación de creencias en los humanos es sensible a las recompensas y castigos sociales, de forma que las creencias se forman a menudo sobre la base de las expectativas inconscientes de sus probables efectos sobre los demás, agentes que frecuentemente nos recompensan cuando tenemos creencias sin fundamento y nos castigan cuando tenemos creencias razonables. Somos una especie donde existe un escrutinio social importante de las creencias y, por tanto, formar creencias de una manera que sea sensible a los probables efectos de esas creencias sobre otros agentes conduce a un éxito práctico en la vida. Vamos a ver con algo más de detenimiento su planteamiento.

Muchos animales navegan el entorno usando representaciones internas. La utilidad de estas representaciones depende de su exactitud. Por ejemplo, las ratas tienen que tener representaciones internas que reflejen bien el mundo en el que se mueven para encontrar comida o su nido. Por lo tanto, es adaptativo que esos mapas cognitivos representen de forma fiable el espacio a su alrededor. En el caso de chimpancés que viven unas vidas sociales más complejas también es importante tener una buena representación del lugar que ocupa uno, por ejemplo, en la jerarquía social de dominancia. En el caso de los humanos, cuando realizamos actividades que tienen que ver con el mundo físico real, también es importante manejar información fiable y creencias que reflejan o se corresponden con el mundo real. Por ejemplo, si vamos a ir de vacaciones, necesitamos información fiable de destinos, lugares, precios, climas, tiempos de viaje, etc. Nuestras representaciones internas y creencias son como mapas por los que nos guiamos y es fácil entender que necesitamos que reflejen con seguridad el mundo exterior. Esto ha llevado a muchos filósofos a concluir que la principal función de la cognición es formar creencias verdaderas acerca del mundo. Como vamos a ver, esto es lo que un número creciente de autores está poniendo en cuestión. La pregunta es por qué tenemos los humanos con tanta frecuencia creencias irracionales y por qué la evolución ha dado lugar a un organismo que es sistemáticamente irracional.

Lo que hasta ahora no se había tenido en cuenta es que en nuestra especie nuestras creencias son objeto de un intenso escrutinio. Otros agentes tienen acceso a lo que creemos y frecuentemente nos recompensan por creencias sin fundamento real y nos castigan cuando tenemos creencias razonables. Esto crea poderosos incentivos para que individuos que por lo demás son razonables formen creencias de manera que sean sensibles a esas recompensas y castigos. Muchas veces capitulamos ante estos incentivos sociales pero hay que tener en cuenta que el alejamiento de la racionalidad no se debe a una irracionalidad lógica sino a una búsqueda muy bien calibrada de nuestro propio interés. Esto es importante porque, como veremos, para combatir las creencias irracionales no nos va a servir de mucho dar razones…los tiros no van por ahí, lo esencial es tener en cuenta la función social que tienen esas creencias irracionales.

Simplificando mucho, habría dos mecanismos por los que podemos llegar a creencias irracionales. Uno de ellos es por limitaciones de tiempo, de recursos, de poder computacional, en definitiva. Llegar a una creencia correcta sobre el mundo requiere esfuerzo, tiempo y dedicación y muchas veces hay que decidir antes de poder estudiar con todo detenimiento un problema. Aplicamos un heurístico o una regla general que funciona bien la mayoría de las veces y seguimos adelante.

La segunda fuente de creencias irracionales sería por influencias motivacionales, las cuales surgen cuando los individuos eligen y procesan información para llegar a conclusiones a las que quieren llegar por razones independientes de la verdad. A estas influencias motivacionales se les ha llamado “cognición motivada” en psicología o “utilidad basada en la creencia” en ciencia sociales. ¿Por qué iban los individuos a asignar valor a las creencias por razones independientes de la verdad? La respuesta más simple es que las creencias generan efectos que Williams llama “no-epistémicos”. Efectos epistémicos son aquellos que se refieren al contenido informativo o de conocimiento de las creencias y que nos informan del estado del mundo. Pero las creencias tienen efectos más allá de simplemente informar nuestras deliberaciones. Por ejemplo, tienen un importante impacto emocional, nos hacen felices, orgullosos, avergonzados o deprimidos. Y también influyen en que seamos aceptados o no por el grupo. Así que la cognición motivada es aquella que ocurre cuando los individuos están motivados para llegar a ciertas creencias por razones independientes de su verdad o falsedad. Las creencias adaptativas socialmente serían un tipo de razonamiento motivado, en este caso por razones del efecto de las creencias sobre nuestra integración y éxito en el grupo.

Según Williams, habría tres características de la vida social humana que socavan la conexión entre creencias verdaderas y éxito práctico. La primera es que los demás tienen acceso a nuestras creencias. Aunque de una manera imperfecta, somos capaces de leer la mente de los demás a partir de lo que dicen, de su lenguaje corporal y de cómo se comportan. Esta capacidad no es infalible pero existe.  En segundo lugar, a los demás les importa lo que creamos y responden de diferente manera según lo que creamos y esto tiene efectos dramáticos sobre nuestro bienestar. Nuestro éxito en la vida depende de la impresión que hagamos en los demás y las creencias que tengamos son muy relevantes para esta impresión. Finalmente, no ocurre solamente que nuestras creencias tengan efectos determinantes sobre nuestro éxito social sino que el tipo de creencias que tienen efectos positivos sociales son muy diferentes del tipo de creencias que tendríamos si no existieran esos efectos sociales de las creencias. Más en concreto, creencias sin fundamento pueden dar lugar a respuestas deseables por parte de los demás y creencias razonables pueden dar lugar a efectos no deseables. El ejemplo más obvio es el fenómeno por el que individuos son condenados al ostracismo o incluso asesinados  por no creer los mitos religiosos o políticos de las comunidades que les rodean.

Formar creencias que son sensibles a las recompensas y castigos sociales conducen al éxito en la vida, los que lo hagan van a tener más éxito que los que no lo hagan. Pero también es una cuestión de costes y beneficios y esto depende del contexto social concreto en el que nos encontremos. Los beneficios de tener creencias adaptativas socialmente aumentan en proporción al escrutinio social de las creencias, es decir, sólo en ambientes en los que a los demás les importan mucho nuestras creencias es muy importante tenerlas. También, cuanto más se recompense socialmente las creencias irracionales, más beneficio tendrá sostenerlas. En este sentido, mi percepción es que vivimos en un ambiente asfixiante en el que cada vez hay un mayor escrutinio social de las creencias, pero igual estoy equivocado.

Antes de seguir habría que aclarar un par de objeciones. En primer lugar, podríamos pensar que sería más práctico sencillamente engañar a los demás: hacer como que tenemos unas creencias pero no tenerlas realmente…fingir que las tenemos. Esta sería la jugada perfecta porque tenemos las ventajas sociales pero a la vez tenemos las ventajas de seguir dentro de la realidad y saber cómo son las cosas realmente. Esto es evidente que ocurre y la gente miente y engaña acerca de sus creencias, pero hacerlo tiene un coste y en determinados ambientes el coste puede ser letal si te descubren. Así que Williams sostiene que hay casos en los que tener creencias genuinamente irracionales compensa y que pueden existir mecanismo psicológicos para formarlas. También hay que decir  claramente que el artículo deja en el aire cuáles serían los mecanismos por los que se forman esas creencias socialmente adaptativas lo que me parece un punto débil del artículo aunque es algo que puede ser estudiado en el futuro.

La segunda objeción es que estamos hablando todo el rato de formar creencias (yo estoy usando esa expresión siguiendo a Williams) y esto puede dar la impresión de que Williams sugiere que podemos elegir nuestras creencias a voluntad. Por supuesto, hay que aclarar que no es eso los que Williams piensa sino que es una forma de hablar (aquí hablamos de que no elegimos nuestras creencias). El individuo no razona: “si creo P voy a tener grandes ventajas sociales y voy a triunfar, por lo tanto voy a creer P”. Williams plantea que las CSA son un tipo de cognición motivada y la cognición motivada es algo de lo que no somos conscientes, es decir, el origen de las CSA sería inconsciente.

Bien, para acabar voy poner un ejemplo de creencia socialmente adaptativa. Williams pone tres: las confabulaciones, las ilusiones positivas (de Shelley Taylor, de las que hemos hablado) y la Cognición Protectora de la Identidad (CPI), a la que me voy a referir.  La Cognición protectora de la identidad es la tendencia de los individuos a elegir y procesar información de maneras destinadas a proteger su estatus  como miembros de un grupo o subcultura deseable. La CPI aparece cuando ciertas creencias se asocian fuertemente con coaliciones a las que los individuos quieren pertenecer (ver Instintos Coalicionales). En muchas coaliciones religiosas o políticas tener ciertas creencias es parte de los criterios de pertenencia y la disensión lleva a la exclusión, el ostracismo o la muerte. Cuando estas creencias no coinciden con los datos y la evidencia, el individuo tiene el fuerte incentivo de procesar la información de manera que no le lleve a la verdad sino a las creencias más convenientes para su admisión e inclusión en el grupo. 

Esto quiere decir que las creencias se convierten en señales de pertenencia social y aquí Williams se solapa con una abundante literatura que contempla a las creencias como señales. Dados los altos niveles de escrutinio social, hay que creer lo que señala al grupo nuestra pertenencia, es decir, los alicientes son mayores para tener creencias que nos integren en el grupo que tener creencias que se correspondan con la evidencia científica.

Bueno, hasta aquí un pequeño resumen de lo que serían las creencias socialmente adaptativas. Quedan muchos puntos oscuros y el propio Williams acepta que no cree que haya demostrado suficientemente su existencia sino que su objetivo es argumentar que es un concepto plausible y que se necesita más investigación. Como he comentado, no sabemos nada de los mecanismos psicológicos que las originan y también podrían existir explicaciones alternativas de las mismas, así que quedamos pendientes de nuevos hallazgos. 

Pero si Williams y otros tienen razón, una moraleja clara de este planteamiento es que, como dice Swift, combatir con razones algo que no tiene su origen en las razones (sino en las motivaciones sociales y coalicionales del individuo) es absolutamente estéril y a donde tenemos que mirar es al mundo social y a la dinámica de grupos en la que el individuo se encuentra inmerso. Como es fácil sospechar, intervenciones que puedan conseguir cambios a ese nivel es evidente que van a ser muy difíciles de implementar.

En cualquier caso, ahora te sugiero que te pongas las gafas que incorporan el concepto de creencia socialmente adaptativa y mires a tu alrededor…tú me dirás si entiendes mejor todo lo que ocurre :)


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