martes, 31 de marzo de 2020

Entendiendo el Homicidio seguido de Suicidio

Thomas Joiner es un suicidólogo muy famoso creador de la llamada Teoría Interpersonal del Suicidio de la que ya hemos hablado aquí. En esta entrada voy a hacer un resumen-comentario de su libro de 2014 The Perversion of Virtue. Understanding Murder-Suicide. Es un libro dedicado a la comprensión del fenómeno llamado Homicidio-Suicidio, que abreviaré a veces a H-S en el resto de la entrada. Os recuerdo que en una entrada anterior ya abordé el caso concreto del Homicidio-Suicidio en el contexto de la violencia de pareja, aproximadamente un tercio de los homicidios de pareja son homicidios seguidos de suicidio.

Antes de nada, quería hacer una aclaración sobre esta denominación: este término de homicidio-suicidio se hace en un sentido general y no en un sentido técnico judicial donde existen diferencias entre homicidio y asesinato, según la intencionalidad u otros factores. El autor usa en inglés murder-suicide y en mucha otra literatura lo que más se utiliza es homicide-suicide. Joiner, en concreto, piensa que todos estos H-S son intencionales y premeditados, por lo que encajarían más en la definición legal de asesinato (que me disculpen los expertos si no estoy muy acertado). En definitiva, lo que quiero decir es que el término es puramente descriptivo: hablamos de actos en los que una persona mata a otra (u otras) y luego se suicida dentro de la misma secuencia, dentro de una misma continuidad de actuación. 

Bien, hecho esta pequeña aclaración me lanzo directamente a explicar la teoría de Joiner del H-S.  Según el autor, el suicidio es, no solo lo primario, sino también la fuente de todo lo que sigue después. En los H-S, el homicidio ocurre como consecuencia del suicidio. El perpetrador decide primero el suicidio y después se produce una perversión de cuatro virtudes de las que vamos a hablar a continuación. La línea de pensamiento del sujeto sería algo así como: “ya que voy a morir es virtuoso que “ellos”  mueran también. Las cuatro virtudes implicadas en el H-S son: justicia (justice), compasión (mercy), deber (duty) y gloria (glory), virtudes que es importante señalar que son interpersonales. Adelanto que las más importantes, las que están implicadas en la mayoría de los H-S son las dos primeras, justicia y compasión, y también que estas cuatro virtudes se podrían agrupar casi en dos grupos ya que justicia y gloria están muy cerca una de la otra y compasión y deber también se solapan a veces. Así mismo, es posible que en un caso concreto estén implicadas varias virtudes y que se produzca una perversión de una virtud como más importante y de otras como secundarias.

¿Qué quiere decir Joiner con lo de perversión de la virtud? Lo que quiere decir Joiner es que el sujeto cree, dentro de su lógica distorsionada, que está comportándose de forma virtuosa. Por poner un ejemplo para verlo más claro. Supongamos que una mujer padece una depresión y ha decidido suicidarse. A continuación, piensa que sus hijos van a ser infelices y van a quedar desamparados al faltar ella y entonces, por una perversión de la virtud de la compasión, decide matarlos primero y luego suicidarse. La mujer parte de premisas erróneas pero la lógica es virtuosa y ella cree que está haciendo lo correcto, lo que es moralmente bueno. De la misma manera, si un sujeto cree que ha sido tratado injustamente y humillado, puede llegar a la conclusión de que su vida ya no merece la pena dada la situación en que ha sido dejado por las personas que le han agraviado pero, antes de matarse, decide que es de justicia que esas personas mueran también. Son situaciones donde no se ha hecho justicia por las instancias correspondientes y el sujeto tiene que “tomarse la justicia por su mano”. ¿Y por qué se produce la perversión de la lógica? Por un enfermedad mental, habitualmente la depresión. Para Joiner el 100% de los perpetradores de H-S experimentan un trastorno mental en el momento del suceso.

¿Cuáles son las pruebas para pensar que en el H-S el suicidio es lo primario? Joiner hace un análisis psicológico de ambos fenómenos y concluye que el H-S es un tipo de suicidio (el 2% aproximadamente de los suicidios). Pero, aparte de ese análisis psicológico, algunos datos que respaldan esta hipótesis son los siguientes:

  • Los perfiles demográficos de los perpetradores de H-S son más parecidos a los de suicidas que a los de homicidas

  • La implicación del alcohol en los H-S es mucho menor que en los homicidios a secas y muy similar a la implicación del alcohol en el suicidio.
  • La frecuencia de enfermedad depresiva y suicidalidad es mucho más alta en los H-S y suicidios que en los homicidios. La depresión, la ideación suicida previa y los intentos de suicidio previos son mucho más frecuentes en H-S que en homicidas.

  • En línea con lo anterior, el uso de antidepresivos en perpetradores de H-S es similar al de los suicidas y no al de los homicidas

  • La evolución del número de H-S es similar a la de los suicidios. Es decir, en las últimas décadas los homicidios han disminuido notablemente en USA y en otros países. Sin embargo, las tasas de suicidio y de H-S han evolucionado en paralelo. El H-S no ha seguido la evolución de los homicidios sino que sigue la pista más bien de lo que ocurre con los suicidios. 

Hay que decir que el fenómeno del H-S es un tema controvertido en la investigación y que no todo el mundo está de acuerdo con esta postura que Joiner mantiene en su libro. Hay autores que lo ven como un tipo de homicidio, otros como un tipo de suicidio y otros como un fenómeno independiente de los otros dos. Pero dicho esto, vamos a ver los principales tipos de H-S, según Joiner.

Tipos de Homicidio-Suicidio

El tipo de H-S más frecuente es el asociado a la perversión de la virtud de la justicia. Ejemplos podrían ser el de un hombre que descubre la infidelidad de su pareja y actúa contra ella o contra el rival o contra ambos; o el de un hombre que se ha sentido maltratado en su lugar de trabajo por los compañeros y acaba cometiendo un asesinato en masa disparando contra ellos. Este tipo de H-S suele tener la connotación de “tomarse la justicia por su mano” y en ese sentido hay algún estudio que indica que hay una correlación entre la tasa de homicidios (en general, no H-S) y el grado de desconfianza en el gobierno y de corrupción general. Esto es sólo una correlación pero sí sugiere que cuando se percibe una atmósfera general de injusticia o corrupción puede haber una tendencia mayor de la gente a actuar por su cuenta. Decía James Gilligan: “toda violencia es un intento de conseguir justicia, o lo que la persona violenta percibe como justicia para él mismo”.

Eli Robins en su libro Los Meses Finales, The Final Months, encuentra que un 10% de los suicidios estudiados tienen una cualidad vengativa. Hemos hablado también aquí del suicidio con intención hostil y os recomiendo a todos estos dos artículos: el Suicidio Agresivo, de Jason Manning, y el Suicidio Sansónico o por venganza, de M Jeffreys. Esta literatura nos indica que hace tiempo que se ha observado que, por lo menos en algunos suicidios, la emoción predominante que genera el dolor que lleva a considerar  que es mejor estar muerto no tiene por qué ser necesariamente la depresión; otras emociones como la ira o la venganza pueden ser el motor de las tendencias suicidas y en algunos casos podrían dar lugar a homicidios seguidos de suicidio. Esta literatura apoya bastante la hipótesis de este libro de Thomas Joiner. 

También hay autores que han planteado que muchos asesinatos en masa son en realidad suicidios. James Densley dice en el artículo que acabo de enlazar: “muchos asesinatos en masa son suicidios por ira”. Y, para terminar, añado otra línea de investigación en apoyo a Joiner con respecto al familicidio. Según este estudio muy reciente de familicidios en Suiza: “Los familicidios en Suiza parecen ser actos suicidas raros, generalmente llevados a cabo por hombres previamente exitosos y estables de mediana edad, con un historial psiquiátrico o criminal poco llamativo, que difieren de otros grupos de asesinos en masa”. Dicen también los autores: “Familicidio y suicidio del perpetrador están tan estrechamente unidos en nuestro estudio que se añade a la evidencia de que el familicidio debería ser considerado como una subclase del suicidio extendido o homicidio-suicidio según Marzuk, Tardiff y Hirsch (1992)”.

El segundo tipo, en frecuencia, de H-S sería el debido a la perversión de la virtud de la compasión. Como ya hemos mencionado, el ejemplo podría ser el de una madre o un padre (o ambos como algún caso que se describe en el libro) con depresión que deciden suicidarse y matan antes a sus hijos para que no sufran. 

El tercer tipo seria el H-S por perversión de la virtud del deber. Un ejemplo frecuente es el de parejas mayores en las que uno es el cuidador y el otro un enfermo. También sería el caso de un padre o madre que cuidan a un hijo discapacitado. En su mente, no quieren dejar la obligación de cuidar de esas personas dependientes a otros cuando ellos mueran, al suicidarse, y consideran que es su deber u obligación hacerse cargo de ellos. Este caso se solapa con el H-S ligado a la compasión pero la diferencia sería que en el caso de la compasión, el suicida está pensando en la víctima, en evitar su sufrimiento, mientras que en el del H-S ligado al deber estaría pensando también en los supervivientes y en no dejarles una carga (ademas de en la víctima). Realmente, en muchos casos sería difícil decir qué virtud es la primaria.

El último tipo sería el H-S debido a perversión de la virtud de la gloria o el heroísmo. El autor pone el ejemplo del asesinato en la Columbine High School en Colorado. Parece que el motivo de los dos autores fue batir el récord que había establecido un asesino en masa anterior, Timothy Mc Veigh, que fue responsable de 168 muertes en Oklahoma City. Y probablemente habrían conseguido su objetivo si no hubieran fallado las bombas que prepararon. Parece que su fin era pasar a la posteridad y ser recordados. En cualquier caso, es un tipo menos frecuente.

Implicaciones y conclusiones

La implicación fundamental de la teoría de Joiner es evidente: si el homicidio seguido de suicidio es un tipo de suicidio, entonces la prevención del suicidio es también prevención del homicidio-suicidio. De forma adicional, cualquier persona con un elevado riesgo de suicidio debería ser valorado también con respecto a un posible  potencial de violencia contra los demás. Por supuesto, preguntas directas sobre las ideas de auto o heteroagresividad pueden ser respondidas con mentiras, evasivas o con silencios. Pero existiría una posible vía para valorar a estas personas, sacarles el tema de las virtudes que hemos comentado. Por ejemplo, si se han sentido tratados de forma injusta o si están preocupados por el bienestar o el futuro de sus hijos o personas dependientes. En este caso, es mucho más probable que se suelten a hablar de un tema al que seguramente llevan mucho tiempo dando vueltas en su cabeza.

Así que, además de los indicadores habituales del riesgo de suicidio -entre los que, no sólo Joiner sino otros estudios, destacan la agitación, el insomnio, las pesadillas y el aislamiento social- tendríamos la posibilidad de explorar la visión de los pacientes y su opinión acerca de las virtudes de la justicia o la compasión. Joiner señala también otro par de signos de riesgo de suicidio: lo que llama la “mirada de miles de kilómetros”, una mirada vacía, de estar muy lejos, y la disminución del parpadeo.

En definitiva, aunque queda mucha investigación por delante, la teoría de Joiner es un punto de partida muy interesante para diseñar estudios que la confirmen o la desmientan y también es una teoría con importantes repercusiones clínicas. 

@pitiklinov

















sábado, 29 de febrero de 2020

Creencias Socialmente Adaptativas


No puedes disuadir con razones a nadie de algo de lo que no fue convencido por razones.
-Jonathan Swift
“Creencia socialmente adaptativa: la formación de creencias es sensible a las recompensas y castigos sociales”
-Daniel Williams

En esta entrada voy a volver sobre un tema que ya he tratado en el blog - por ejemplo en la entrada Creencias Funcionales y Creencias Sociales, o las Creencias Falsas como dispositivos de compromiso con el grupo- porque es un concepto que nos puede ayudar a entender mejor el mundo que nos rodea y, curiosamente, ha recibido escasa atención por parte de la psicología y la filosofía hasta hace poco. En este caso es un filósofo, Daniel Williams, el que aborda el fenómeno de que la formación de nuestras creencias es sensible a castigos y recompensas sociales y, aún a riesgo de que va a repetir ideas muy parecidas a las de otras entradas, creo que analiza el fenómeno desde distintos ángulos o perspectivas y esto nos puede ayudar a comprenderlo mejor.

Williams analiza lo que él llama Creencias Socialmente Adaptativas (CSA) y la hipótesis que defiende es que la formación de creencias en los humanos es sensible a las recompensas y castigos sociales, de forma que las creencias se forman a menudo sobre la base de las expectativas inconscientes de sus probables efectos sobre los demás, agentes que frecuentemente nos recompensan cuando tenemos creencias sin fundamento y nos castigan cuando tenemos creencias razonables. Somos una especie donde existe un escrutinio social importante de las creencias y, por tanto, formar creencias de una manera que sea sensible a los probables efectos de esas creencias sobre otros agentes conduce a un éxito práctico en la vida. Vamos a ver con algo más de detenimiento su planteamiento.

Muchos animales navegan el entorno usando representaciones internas. La utilidad de estas representaciones depende de su exactitud. Por ejemplo, las ratas tienen que tener representaciones internas que reflejen bien el mundo en el que se mueven para encontrar comida o su nido. Por lo tanto, es adaptativo que esos mapas cognitivos representen de forma fiable el espacio a su alrededor. En el caso de chimpancés que viven unas vidas sociales más complejas también es importante tener una buena representación del lugar que ocupa uno, por ejemplo, en la jerarquía social de dominancia. En el caso de los humanos, cuando realizamos actividades que tienen que ver con el mundo físico real, también es importante manejar información fiable y creencias que reflejan o se corresponden con el mundo real. Por ejemplo, si vamos a ir de vacaciones, necesitamos información fiable de destinos, lugares, precios, climas, tiempos de viaje, etc. Nuestras representaciones internas y creencias son como mapas por los que nos guiamos y es fácil entender que necesitamos que reflejen con seguridad el mundo exterior. Esto ha llevado a muchos filósofos a concluir que la principal función de la cognición es formar creencias verdaderas acerca del mundo. Como vamos a ver, esto es lo que un número creciente de autores está poniendo en cuestión. La pregunta es por qué tenemos los humanos con tanta frecuencia creencias irracionales y por qué la evolución ha dado lugar a un organismo que es sistemáticamente irracional.

Lo que hasta ahora no se había tenido en cuenta es que en nuestra especie nuestras creencias son objeto de un intenso escrutinio. Otros agentes tienen acceso a lo que creemos y frecuentemente nos recompensan por creencias sin fundamento real y nos castigan cuando tenemos creencias razonables. Esto crea poderosos incentivos para que individuos que por lo demás son razonables formen creencias de manera que sean sensibles a esas recompensas y castigos. Muchas veces capitulamos ante estos incentivos sociales pero hay que tener en cuenta que el alejamiento de la racionalidad no se debe a una irracionalidad lógica sino a una búsqueda muy bien calibrada de nuestro propio interés. Esto es importante porque, como veremos, para combatir las creencias irracionales no nos va a servir de mucho dar razones…los tiros no van por ahí, lo esencial es tener en cuenta la función social que tienen esas creencias irracionales.

Simplificando mucho, habría dos mecanismos por los que podemos llegar a creencias irracionales. Uno de ellos es por limitaciones de tiempo, de recursos, de poder computacional, en definitiva. Llegar a una creencia correcta sobre el mundo requiere esfuerzo, tiempo y dedicación y muchas veces hay que decidir antes de poder estudiar con todo detenimiento un problema. Aplicamos un heurístico o una regla general que funciona bien la mayoría de las veces y seguimos adelante.

La segunda fuente de creencias irracionales sería por influencias motivacionales, las cuales surgen cuando los individuos eligen y procesan información para llegar a conclusiones a las que quieren llegar por razones independientes de la verdad. A estas influencias motivacionales se les ha llamado “cognición motivada” en psicología o “utilidad basada en la creencia” en ciencia sociales. ¿Por qué iban los individuos a asignar valor a las creencias por razones independientes de la verdad? La respuesta más simple es que las creencias generan efectos que Williams llama “no-epistémicos”. Efectos epistémicos son aquellos que se refieren al contenido informativo o de conocimiento de las creencias y que nos informan del estado del mundo. Pero las creencias tienen efectos más allá de simplemente informar nuestras deliberaciones. Por ejemplo, tienen un importante impacto emocional, nos hacen felices, orgullosos, avergonzados o deprimidos. Y también influyen en que seamos aceptados o no por el grupo. Así que la cognición motivada es aquella que ocurre cuando los individuos están motivados para llegar a ciertas creencias por razones independientes de su verdad o falsedad. Las creencias adaptativas socialmente serían un tipo de razonamiento motivado, en este caso por razones del efecto de las creencias sobre nuestra integración y éxito en el grupo.

Según Williams, habría tres características de la vida social humana que socavan la conexión entre creencias verdaderas y éxito práctico. La primera es que los demás tienen acceso a nuestras creencias. Aunque de una manera imperfecta, somos capaces de leer la mente de los demás a partir de lo que dicen, de su lenguaje corporal y de cómo se comportan. Esta capacidad no es infalible pero existe.  En segundo lugar, a los demás les importa lo que creamos y responden de diferente manera según lo que creamos y esto tiene efectos dramáticos sobre nuestro bienestar. Nuestro éxito en la vida depende de la impresión que hagamos en los demás y las creencias que tengamos son muy relevantes para esta impresión. Finalmente, no ocurre solamente que nuestras creencias tengan efectos determinantes sobre nuestro éxito social sino que el tipo de creencias que tienen efectos positivos sociales son muy diferentes del tipo de creencias que tendríamos si no existieran esos efectos sociales de las creencias. Más en concreto, creencias sin fundamento pueden dar lugar a respuestas deseables por parte de los demás y creencias razonables pueden dar lugar a efectos no deseables. El ejemplo más obvio es el fenómeno por el que individuos son condenados al ostracismo o incluso asesinados  por no creer los mitos religiosos o políticos de las comunidades que les rodean.

Formar creencias que son sensibles a las recompensas y castigos sociales conducen al éxito en la vida, los que lo hagan van a tener más éxito que los que no lo hagan. Pero también es una cuestión de costes y beneficios y esto depende del contexto social concreto en el que nos encontremos. Los beneficios de tener creencias adaptativas socialmente aumentan en proporción al escrutinio social de las creencias, es decir, sólo en ambientes en los que a los demás les importan mucho nuestras creencias es muy importante tenerlas. También, cuanto más se recompense socialmente las creencias irracionales, más beneficio tendrá sostenerlas. En este sentido, mi percepción es que vivimos en un ambiente asfixiante en el que cada vez hay un mayor escrutinio social de las creencias, pero igual estoy equivocado.

Antes de seguir habría que aclarar un par de objeciones. En primer lugar, podríamos pensar que sería más práctico sencillamente engañar a los demás: hacer como que tenemos unas creencias pero no tenerlas realmente…fingir que las tenemos. Esta sería la jugada perfecta porque tenemos las ventajas sociales pero a la vez tenemos las ventajas de seguir dentro de la realidad y saber cómo son las cosas realmente. Esto es evidente que ocurre y la gente miente y engaña acerca de sus creencias, pero hacerlo tiene un coste y en determinados ambientes el coste puede ser letal si te descubren. Así que Williams sostiene que hay casos en los que tener creencias genuinamente irracionales compensa y que pueden existir mecanismo psicológicos para formarlas. También hay que decir  claramente que el artículo deja en el aire cuáles serían los mecanismos por los que se forman esas creencias socialmente adaptativas lo que me parece un punto débil del artículo aunque es algo que puede ser estudiado en el futuro.

La segunda objeción es que estamos hablando todo el rato de formar creencias (yo estoy usando esa expresión siguiendo a Williams) y esto puede dar la impresión de que Williams sugiere que podemos elegir nuestras creencias a voluntad. Por supuesto, hay que aclarar que no es eso los que Williams piensa sino que es una forma de hablar (aquí hablamos de que no elegimos nuestras creencias). El individuo no razona: “si creo P voy a tener grandes ventajas sociales y voy a triunfar, por lo tanto voy a creer P”. Williams plantea que las CSA son un tipo de cognición motivada y la cognición motivada es algo de lo que no somos conscientes, es decir, el origen de las CSA sería inconsciente.

Bien, para acabar voy poner un ejemplo de creencia socialmente adaptativa. Williams pone tres: las confabulaciones, las ilusiones positivas (de Shelley Taylor, de las que hemos hablado) y la Cognición Protectora de la Identidad (CPI), a la que me voy a referir.  La Cognición protectora de la identidad es la tendencia de los individuos a elegir y procesar información de maneras destinadas a proteger su estatus  como miembros de un grupo o subcultura deseable. La CPI aparece cuando ciertas creencias se asocian fuertemente con coaliciones a las que los individuos quieren pertenecer (ver Instintos Coalicionales). En muchas coaliciones religiosas o políticas tener ciertas creencias es parte de los criterios de pertenencia y la disensión lleva a la exclusión, el ostracismo o la muerte. Cuando estas creencias no coinciden con los datos y la evidencia, el individuo tiene el fuerte incentivo de procesar la información de manera que no le lleve a la verdad sino a las creencias más convenientes para su admisión e inclusión en el grupo. 

Esto quiere decir que las creencias se convierten en señales de pertenencia social y aquí Williams se solapa con una abundante literatura que contempla a las creencias como señales. Dados los altos niveles de escrutinio social, hay que creer lo que señala al grupo nuestra pertenencia, es decir, los alicientes son mayores para tener creencias que nos integren en el grupo que tener creencias que se correspondan con la evidencia científica.

Bueno, hasta aquí un pequeño resumen de lo que serían las creencias socialmente adaptativas. Quedan muchos puntos oscuros y el propio Williams acepta que no cree que haya demostrado suficientemente su existencia sino que su objetivo es argumentar que es un concepto plausible y que se necesita más investigación. Como he comentado, no sabemos nada de los mecanismos psicológicos que las originan y también podrían existir explicaciones alternativas de las mismas, así que quedamos pendientes de nuevos hallazgos. 

Pero si Williams y otros tienen razón, una moraleja clara de este planteamiento es que, como dice Swift, combatir con razones algo que no tiene su origen en las razones (sino en las motivaciones sociales y coalicionales del individuo) es absolutamente estéril y a donde tenemos que mirar es al mundo social y a la dinámica de grupos en la que el individuo se encuentra inmerso. Como es fácil sospechar, intervenciones que puedan conseguir cambios a ese nivel es evidente que van a ser muy difíciles de implementar.

En cualquier caso, ahora te sugiero que te pongas las gafas que incorporan el concepto de creencia socialmente adaptativa y mires a tu alrededor…tú me dirás si entiendes mejor todo lo que ocurre :)


Referencia:





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@pitiklinov

sábado, 15 de febrero de 2020

El Suicidio de los Hombres

En esta entrada voy a tratar el suicidio masculino. Como es sabido, la tasa de suicidio en los hombres es mayor que en las mujeres en casi todo el mundo aunque hay diferencias según los países. En Australia, por ejemplo, los hombres se suicidan 3 veces más que las mujeres, en USA 3,5 veces y en Rusia o Argentina más de 4 veces más. Estas diferencias se vienen manteniendo a lo largo del tiempo.

Este hecho plantea una paradoja por la siguiente razón: las enfermedades mentales en general pero sobre todo la depresión, las ideas de suicidio, los intentos de suicidio y las autolesiones son más frecuentes en las mujeres. Pongo algunos datos del Adult Psychiatry Morbidity Survey británico de 2014. Pensamientos suicidas alguna vez en la vida:


Intentos de suicidio alguna vez en la vida:


Autolesiones alguna vez en la vida:




Sin embargo, el suicidio consumado es más frecuente en los hombres. Es más, según datos de Inglaterra y Gales que no voy a poner para no complicar el texto, el suicidio ha disminuido y los intentos de suicidio se han mantenido más o menos constantes en las mujeres a pesar de que en los últimos años han aumentado las ideas de suicidio y las autolesiones. La solución a esta paradoja de género en el suicidio tal vez esté en dos cosas: en que no hay una relación directa entre ideas e intentos de suicidio y suicidio consumado; y en segundo lugar, en que en el suicidio influyen otros factores distintos a la enfermedad mental, como pueden ser factores exógenos o circunstancias de la vida que hacen que la vida de las personas se convierta en un infierno para el que se juzga que solo la muerte puede ser la salida.

Centrándonos en el suicidio de los hombres, ¿cuáles son las causas del suicidio masculino? Pues lo curioso es que no sabemos mucho sobre las causas o los factores de riesgo del suicidio de los hombres. Hay una explicación que se suele dar inmediatamente cuando se habla de este tema: “es que los hombres son muy malos buscando ayuda, los hombres no van al médico o al psiquiatra, a los hombres no les gusta, o les cuesta, hablar de sus problemas, los hombres actúan sus problemas (les da por beber, jugar, etc.), y otras afirmaciones en esta línea”. Hay algo de verdad en esta afirmación y sabemos, por ejemplo, que los hombres consultan menos con los servicios de salud, pero presentar esto como una explicación del suicidio masculino es demasiado simplista.

Este argumento no parece muy bueno cuando acabamos de ver cómo las mujeres se autolesionan más y realizan más intentos de suicidio. Esto parece indicar que también tienen problemas para buscar ayuda y que también actúan movidas por sus problemas. ¿Por qué no se suele decir entonces que las mujeres son malas buscando ayuda? Por otro lado, este argumento, además de incorrecto, es perjudicial porque lo que hace es culpabilizar a la víctimas, culpabilizar a los hombres que se suicidan. Y lo hace porque pone la culpa dentro de esos hombres y no fuera, en las circunstancias que les han podido mover a tomar esa decisión. Esto no se suele hacer cuando se habla del suicidio de las mujeres.

¿Cuáles son entonces las razones del suicidio de los hombres? Pues sabemos que la salud mental es un factor pero también que no es el único y que algunos factores exógenos están implicados: el bajo nivel socioeconómico y problemas financieros, los problemas de pareja, el divorcio y circunstancias asociadas como acabar separados de sus hijos, la dureza de muchos de los trabajos no cualificados que ellos realizan (trabajos manuales realizados a la intemperie), el uso de alcohol y drogas, las enfermedades, el sinhogarismo, el aislamiento social, así como una combinación de todos ellos.

Si observamos los datos del NVDRS estadounidense de 2016 sobre las circunstancias que preceden a los suicidios podemos observar algunas cosas. Una de ellas es que el porcentaje de mujeres que tienen un trastorno mental diagnosticado es mayor que el de los hombres (el 64,3% en mujeres frente al 44,3% de los hombres). Dicho de otra manera, la mayoría de los hombres que se suicidaron no tenían un trastorno mental conocido mientras que la mayoría de las mujeres sí. Esto apoya, en principio, la importancia de los factores exógenos en el suicidio de los hombres. Y también observamos con respecto a la influencia de los problemas de pareja -y teniendo en cuenta que éstos probablemente sean mutuos- que 5.253 hombres se suicidan frente a 1.391 mujeres.

En cuanto al divorcio, son muchos los estudios que han encontrado que el divorcio es un factor asociado al suicidio de los hombres en mayor medida que al de las mujeres. Gunnell (2003) encuentra:

“Los factores más consistentemente asociados con el aumento de suicidio en jóvenes varones son aumentos en divorcio, disminución de matrimonios y aumentos en la desigualdad de ingresos. Estos cambios tuvieron poco efecto en el suicidio de mujeres jóvenes”.

Walsh (2009) en un estudio de hombres y mujeres en Kentucky encuentra:

“En 2005 los problemas íntimos de pareja se documentaron como un factor contribuyente en 128 (29%) de los casos de suicidio en los que las circunstancias fueron conocidas. En 54 (42%) de los 128 casos, el juez de instrucción observó que la pareja de la persona fallecida estaba en proceso de abandonarla, rompiendo, se había ido recientemente, se había separado recientemente, había pedido el divorcio, estaba esperando el divorcio o había finalizado el divorcio recientemente. De estos 54 casos relacionados con problemas de pareja íntima, la mayoría de las víctimas (87%) eran hombres y eran significativamente diferentes de las mujeres”.


Kposowa (2000) encuentra:

“Fue el doble de probable que las personas separadas y divorciadas cometieran suicidio que las casadas. Ser soltero o viudo no tuvo efecto significativo en el riesgo de suicidio. Cuando los datos se estratificaron por sexo, se observó que el riesgo de suicidio de los hombres divorciados fue más de dos veces mayor que el de los hombres casados. Entre las mujeres, sin embargo, no hubo diferencias estadísticamente significativas en el riesgo de suicidio por estado marital. 
Conclusiones: el estado marital, especialmente el divorcio, tuvo un fuerte efecto en la mortalidad por suicidio, pero sólo entre los hombres.”

La misma Kposowa en 2003 concluye:

“Fue más de ocho veces más probable que los hombres divorciados se suicidaran que las mujeres divorciadas. Tras tomar en cuenta otros factores que se ha informado que contribuyen al suicidio, los hombres divorciados todavía experimentaban un riesgo de suicidio mucho más alto que las mujeres divorciadas. Fue 9,7 veces más probable que se suicidaran que mujeres divorciadas comparables. Dicho de otra forma, por cada mujer divorciada que se suicidaba más de nueve hombres divorciados se suicidaron.”

¿Cuál puede ser la razón de este diferente efecto del divorcio en hombres y mujeres? Los expertos suelen señalar que los hombres son más dependientes emocionalmente de sus parejas, que tienen menos red social y se quedan más aislados en caso de divorcio. También, el divorcio supone en muchos casos la separación de los hijos lo que resulta muy duro para muchos hombres. Es destacable que este punto -si los hombres que se han suicidado se habían visto separados de sus hijos- no suele ser examinado en los estudios de factores de riesgo.

Con respecto a las circunstancias socioeconómicas, el informe Men, Suicide and Society (2012), de la asociación británica Samaritans dedicada a la prevención del suicidio dice:

“Existen desigualdades sistemáticas socioeconómicas en el riesgo de suicidio. La posición socio-económica puede ser definida de muchas maneras, por trabajo, clase, educación, ingresos, o vivienda. Sea cual sea el indicador que se use, las personas en la posición más baja están en mayor riesgo de suicidio. A medida que se baja en la escalera social, el riesgo de suicidio aumenta, incluso después de tener en cuenta problemas subyacentes de salud mental.”

El suicidio de los hombres está fuertemente asociado con factores socioeconómicos por diversos factores como por ejemplo la dureza de algunos trabajos de clase baja en duras circunstancias y sin posibilidades de mejora o promoción en el futuro. Otro factor son las expectativas sociales de que el hombre es el principal proveedor de la familia lo cual puede hacer que las presiones financieras sean mayores sobre los hombres que sobre las mujeres. En esta encuesta, por ejemplo, el 80% de las mujeres dijeron que no saldrían con un desempleado. En esta otra encuesta en USA del Pew Research Center, el 71% de la gente (tanto hombres como mujeres) considera que el hombre debe ser el que soporte financieramente a la familia para ser un buen marido, mientras que sólo el 32% piensa lo mismo de las mujeres. Vemos, por tanto, que estos “estereotipos” o “presiones” no son cosas de la imaginación de los hombres sino que siguen estando en la sociedad.


Un estudio reciente encuentra que vivir en zonas desfavorecidas se asocia a depresión en hombres pero no en mujeres. Y otros estudios  encuentran que los hombres son más sensibles a factores estresantes en el ambiente que tienen que ver con las finanzas y el trabajo, mientras que las mujeres son más sensibles a factores que tienen que ver con las redes sociales en las que están incluidas.

Pero no vamos a analizar todos los posibles factores de riesgo porque quería hablar de otro factor que es también importante. Estamos hablando de los factores de riesgo del suicidio en hombres, de si los hombres buscan ayuda o no la buscan pero…¿qué pasa cuando los hombres buscan ayuda? ¿qué piensan los profesionales que tienen que ayudar a los hombres en riesgo de suicidio sobre estos hombres? Y en este sentido quería hablar un poco de la Guía para la práctica psicológica con chicos y hombres que ha sacado recientemente la APA (American Psychological Association). Uno se pone a leer y se encuentra con un lenguaje e ideología feminista con términos como poder y privilegio masculino (“chicos y hombres, como grupo, tienden a tener privilegio y poder basado en el género”, dice en la Introducción), hegemonía, interseccionalidad, etc. Y en particular con el concepto de masculinidad tradicional que parece ser la causa de muchos de los males que afectan tanto a los hombres como a las mujeres.

Imaginemos el caso de un hombre divorciado, con problemas económicos, que se ha ido a vivir a una habitación o a casa de sus padres, que no puede ver a sus hijos más que determinados días y que presenta ideas de suicidio, porque siente que su vida es un infierno, y entonces decide ir a buscar ayuda al psicólogo/psiquiatra. Lo más probable es que se va a encontrar con una psicóloga o psiquiatra mujer (las mujeres son ya mayoría en estas profesiones) la cual, si sigue las guías de la APA, le va a hablar de su privilegio masculino, de su hegemonía y masculinidad tradicional…la verdad es que dudo mucho que ese enfoque pueda ser de gran ayuda. Hay que decir que en España este posicionamiento teórico no está tan extendido pero como se suele decir: “cuando las barbas de tu vecino veas cortar…”


Conclusiones

Muchos profesionales que atienden a hombres observan que la idea de que los hombres “no hablan” es un mito. Los hombres sí hablan cuando la persona con la que están hablando sabe cómo escuchar.

El suicidio es la solución a la que acuden los hombres cuando no pueden enfrentarse y solucionar sus problemas. Tal vez como sociedad estamos fallando colectivamente en abordar esos problemas. Tal vez deberíamos preguntarnos ¿Por qué somos tan malos ayudando a los hombres?

Pero hay muchos estereotipos funcionando en esta sociedad como que las mujeres tienen problemas mientras que los hombres son problemas o son el problema. Creemos que los hombres son privilegiados, fuertes, autónomos, autosuficientes, protectores, los que ayudan, seres que tienen agencia y controlan sus vidas. Y por ello no pueden ser víctimas y tener necesidades. No podemos admitir que los hombres son dañados por procesos sociales (en los que también las mujeres juegan un papel). Creemos que son tan fuertes que sólo pueden ser dañados por ellos mismos pero no por las acciones de los demás. Redirigimos la culpa hacia ellos mismos y así la sociedad es absuelta de la necesidad de ayudarles. 

Hasta que no reconozcamos que los hombres también tienen desventajas y sufren en esta sociedad no viviremos en una sociedad igualitaria. Si queremos empezar a solucionar el problema del suicidio de los hombres, vamos a necesitar una política preventiva con una perspectiva de género sí…pero de género masculino.

@pitiklinov






lunes, 20 de enero de 2020

Refutación del feminismo radical



“Los movimientos de masas pueden surgir y extenderse sin la creencia en un Dios, pero nunca sin la creencia en un diablo”.
-Eric Hoffer, The True Believer

"Es peligroso tener razón cuando el gobierno está equivocado”
-Voltaire 
“Para saber quién manda sobre ti simplemente averigua a quién no te está permitido criticar”
-atribuida a Voltaire pero parece que es de  Kevin Alfred Strom

Esta entrada es una reseña del libro Refutación del Feminismo Radical, de Javier de la Puerta, un libro que realmente ofrece lo que dice en el título: una buena serie de preguntas y argumentos dirigidos a refutar los postulados del feminismo radical. En la entrada voy a hacer un pequeño resumen de lo que nos ofrece el libro, que desde luego es muy recomendable para los que estén interesados en el tema.

Debemos empezar por el problema de las definiciones. Cuando alguien critica al feminismo, siempre se responde que hay muchos tipos de feminismo, que hay muchas feministas que no están de acuerdo con tal o cual manifestación o declaración concreta. Javier, y muchos otros autores, distinguen un feminismo liberal o de igualdad y un feminismo radical (lo trata en el capítulo 17). El feminismo de igualdad es el que defiende que hombres y mujeres deben tener los mismos derechos y oportunidades. El feminismo radical, de inspiración marxista, tiene su origen en autoras de los años 60 del siglo pasado, como Kate Millet o Shulamith Firestone, y dice que hay que abolir el matrimonio, la familia y el Patriarcado. Javier de la Puerta toma como referencia del feminismo radical el texto del Manifiesto de la Comisión 8M para la huelga feminista del 8 de Marzo de 2018. Este Manifiesto (que figura como apéndice en el libro y es criticado punto por punto al final del mismo) fue apoyado explícita o implícitamente por todos los partidos, organismos y ciudadanos que apoyaron la huelga y casi nadie realizó una crítica del mismo (se publicó un manifiesto alternativo, “No Nacemos Víctimas”, firmado por 29 mujeres, de muy escasa repercusión). Dice Javier:

“Lo extraordinario fue que el manifiesto inicial -un bodrio antisistema, políticamente sectario, socialmente excluyente, retóricamente estridente, hilado con una jerga revolucionaria tercermundista y atravesado de una hiperbólica y delirante distorsión/sustitución de la realidad- se mantuviera sin apenas examen ni crítica, como el texto oficial de la jornada de protesta, al que se sumaban todas las organizaciones y personalidades que, finalmente, pasaron a apoyarla.”

También plantea que el feminismo moderado está missing en España:

“Lo cierto es que no puedo citar ni a una sola intelectual, académica o periodista de renombre que se haya desmarcado públicamente del discurso feminista radical en boga en nuestro país”.

O en qué se ha convertido realmente el feminismo:

“…el feminismo radicalizado se está convirtiendo en un lobby de poder que defiende intereses de parte: las mujeres que ya tienen posiciones de influencia en la universidad y la educación, los medios de comunicación, las industrias culturales, los colegios profesionales, la Administración y la política y, en primer lugar, las propias organizaciones y profesionales del feminismo convertidas en red clientela…Lo que se pretende como un correctivo de la desigualdad se convierte en un nuevo sistema de privilegios y discriminación. Especialmente cuando las principales beneficiarias de todo este sistema de género no son las mujeres de clase baja y poca o nula educación (ni, menos aún, las inmigrantes explotadas, las empleadas domésticas o las prostitutas), sino las mujeres más privilegiadas por su nivel profesional, estatus social y educación”.

El libro tiene casi 500 páginas y dedica las primeras 200, aproximadamente, al fenómeno del MeToo a nivel mundial. Personalmente, me parece que la extensión dada a este tema es excesiva, pero desde luego es un estudio a nivel mundial del fenómeno MeToo exhaustivo.  La conclusión final de Javier (y obviamente resumo mucho) es que el movimiento MeToo es síntoma del poder de las mujeres, no de su opresión. El movimiento ha tenido éxito en los países occidentales donde las mujeres gozan de independencia económica, presencia social, igualdad de oportunidades, etc., y no ha tenido ningún éxito en países como Rusia, Arabia Saudí, India o China:

“MeToo no es, por lo tanto, la confirmación de un Patriarcado instalado en el conjunto de la sociedad que sea preciso derribar, como si de una vieja arquitectura previa recién descubierta se tratara. Porque si esto último fuera cierto -que vivimos en un sistema patriarcal atrincherado en las estructuras macrosociales y con un poder real de dominación sobre las mujeres en todos los terrenos- nada de lo que ha ocurrido con el movimiento en los países democráticos avanzados habría sido posible”.

Yo añadiría que si fuera cierta la existencia de ese Patriarcado todopoderoso y primigenio no sólo no habría sido posible la aparición del fenómeno MeToo sino el surgimiento del propio feminismo. Si el Patriarcado es una estructura todopoderosa en la que los hombres tienen el poder y controlan y dominan todas las instituciones (política, economía, educación ,etc.), y si encima aceptamos un determinismo social y cultural como el que plantea el feminismo (para el que la biología no cuenta en absoluto) es imposible explicar cómo puede surgir una ideología opuesta a esa fuerza tan formidable. No habría podido surgir (¿de dónde?) y si lo hubiera hecho habría sido aplastada inmediatamente.

Dejando atrás el fenómeno MeToo, vamos a decir algunas cosas sobre algunos otros puntos del libro.

BRECHA SALARIAL: LA GRAN MENTIRA

Así se titula el capítulo10 donde revisa los datos y estadísticas sobre la cuestión. La conclusión es muy clara:

“En España -y en el mundo occidental- no hay una brecha salarial por la discriminación directa de género: es completamente falso que las mujeres cobren un 15-20% menos por el mismo trabajo. Hay una brecha laboral/profesional, que es algo distinto y mucho más complejo de resolver, pues obedece a factores culturales (modos de vida, pactos de pareja, preferencias personales, etc.)”.

Cualquiera que revise la literatura sobre la brecha salarial llega necesariamente a la misma conclusión: la brecha salarial se debe a factores como que las mujeres trabajan menos horas, su trayectoria profesional se ve interrumpida por la maternidad, se concentran en sectores y especialidades profesionales que pagan menos, los complementos y pluses por horas extra no son proporcionales y trabajar 50% de horas extras más supone ganar mucho más que un 50% añadido (ver la obra de Claudia Goldin a este respecto), las mujeres trabajan más cerca de casa, etc, etc. Es decir, la causa básica está en las diferentes elecciones y decisiones de hombres y mujeres que dan lugar a una diferente trayectoria profesional. Podemos discutir sobre el origen de esas preferencias y si el cuidado de los niños debe corresponder a un sexo o al otro, o todo lo que queramos, pero, aunque suene fuerte, creo que tiene toda la razón Javier cuando afirma que  decir que a las mujeres se les paga menos por el mismo trabajo es directamente una gran mentira.

Pero, como persona de izquierdas según se define en el video presentación de su libro, Javier denuncia que cuando se crea un problema falso, el resultado casi siempre es ocultar problemas reales. Menciona dos en concreto: a) la desigualdad clásica, entre trabajadores, por un lado, y capital y altos ejecutivos, por el otro; y b) la discriminación salarial de la juventud. Con respecto a la discriminación salarial entre ejecutivos y currantes, señala que, en España, los altos ejecutivos ganan 98 veces más que sus empleados medios. “Mientras el sueldo de los trabajadores solo subió un 0,8% en 2017, la nómina de los Consejos creció un 21,3%. ¿Cuánto debate público, indignación, movilización e iniciativa social y política generó?. Prácticamente cero”. Con respecto a los jóvenes:
  • hay 1,4 millones de jóvenes trabajando en prácticas no laborales sin percibir remuneración ni cotizar a la Seguridad Social
  • entre 2008 y 2014 la renta media de los menores de 35 años cayó un 25%
  • la tasa de precariedad es del 57% para los jóvenes de 15-29 años 
  • la tasa de paro entre los 15-24 años sigue en 37,5%
  • casi el 30% de los españoles de 16-29 años estaban en riesgo de pobreza en 2016 (en 2008 no llegaban al 20%)

¿Por qué no hay movilizaciones y debates en los medios sobre esto todos los días? Según Javier, por dos razones:

1- “Porque los jóvenes no tienen poder político, no están organizados ni cuentan con un discurso e ideología propios”.
2- “Porque el discurso del feminismo radical ha logrado convencer a gran parte de la sociedad -e, increíblemente, a los partidos y sindicatos de izquierda- de que la mayor contradicción social de nuestro tiempo ya no es el conflicto de clases ni la desigualdad económica y social en general, sino el conflicto y la desigualdad de género”.

VIOLENCIA DE GÉNERO

Javier dedica tres capítulos del libro a esta cuestión y creo que son tres buenos capítulos. Es un tema que ya hemos tratado en este blog, sobre el que suelo volver recurrentemente, y me parece que Javier lo aborda de una manera muy sensata y con sentido común. Se hace las preguntas adecuadas. Por ejemplo, ésta:

  • Si la causa de la violencia de pareja, tal y como la plantea la teoría feminista es el Patriarcado, “¿cómo es posible que la mayoría de los hombres que han pasado por esos “procesos equivocados de aprendizaje” y por esa cultura machista ampliamente difundida, no han ejercido nunca ni ejercerán jamás ningún tipo de violencia contra sus parejas? no sean violentos con su pareja y sólo lo sea una minoría? Por qué este comportamiento violento solo ocurre en una exigua noria  de varones”? Unido a lo anterior, nos podríamos preguntar también que si la causa de la violencia es el Patriarcado, una estructura que impregna nuestra sociedad en la que todos somos socializados, ¿cómo podemos hacer responsables a hombres concretos de sus acciones si la causa no es individual sino macrosocial? ¿Tal vez porque esa estructura la montaron en el comienzo de los tiempos los hombres y todos los hombres -aunque ahora sean víctimas de la misma, unos individuos adoctrinados por ella-, compartirían el pecado original de ser hombres y heredar la culpa de lo que hicieron sus antepasados?

Es llamativo cómo se carga la culpa colectivamente sobre todos los hombres en este tema mientras está totalmente proscrito aplicar la misma lógica en otros contextos. Según la teoría feminista, cuando un hombre mata a una mujer no lo hace a nivel individual sino que estaría actuando en nombre -o como representante- de todos los hombres. Si dijéramos que todos los emigrantes son unos delincuentes inmediatamente se nos va  a responder que sólo algunos, y que no adjudiquemos a un individuo la conducta de otros miembros de su grupo. Si dijéramos que todos los musulmanes son unos terroristas se nos respondería de igual manera. Pero si decimos que todos los hombres son unos violadores y asesinos, sonarán aplausos en la sala. Da igual que no haya ninguna prueba de esto y muchas de todo lo contrario, de que los factores biológicos, sociales y psicológicos individuales son esenciales, como he tratado en otras entradas. En palabras de Javier:

“Ningún agente social identificable como machista mata a las mujeres. Ni el machismo ni el patriarcado existen como sujeto colectivo, agente social o estructura institucional y legal identificable en los países democráticos avanzados”

Y hace una comparación muy apropiada, a mi modo de ver, con el suicidio. No vivimos en una cultura que promueva la violencia contra las mujeres de la misma manera que no vivimos en una cultura que promueva el suicidio. Vivimos en una cultura donde existen suicidios y violencia contra las mujeres pero no en una cultura del suicidio y de violencia contra las mujeres, no es lo mismo. El suicidio no sólo es que no haya sido promocionado sino que ha sido combatido. Se le han considerado históricamente un pecado, incluso un delito hasta recientemente (y todavía lo es en algunos países)…pero a pesar de ello la gente se sigue suicidando…unas 10 personas al día en España. Lo mismo ocurre con los robos u homicidios. A nadie nos han educado en que está bien matar o robar, pero existen los robos y asesinatos. Cualquier sociedad que se precie debe combatir esos fenómenos o se arriesga a su propia extinción. Pregunta Javier:

“Nada ni nadie en nuestra sociedad fomenta, ni defiende ni aplaude el suicidio: ¿por qué ocurre entonces de forma regular, sistemática y multiplicando por 8  los homicidios de hombres y por 60 las víctimas de violencia de género? ¿Por qué ha de tener una causa social externa identificable la muerte de 50 mujeres al año si la muerte de 3.500 personas (incluidas 900 mujeres) no la tiene?” 

“Si los datos de suicidio según el sexo fueran al revés, y tres veces más mujeres que hombres se quitaran la vida: ¿no apostarían ustedes que el feminismo dominante utilizaría esta tragedia masiva y cotidiana para apuntalar su victimismo y su tremendista diagnóstico de que las mujeres españolas aún viven sujetas a una opresión tan asfixiante que las abocaría masivamente al suicidio? ¿No habríamos visto ya nuestro Ministerio de Igualdad y a los múltiples Institutos de la Mujer -con todas las organizaciones feministas empujando al unísono- reclamando urgentemente perspectiva de género en el análisis de las causas y el tratamiento preventivo de la inasumible tragedia del suicidio? ¿No habría minutos de silencio cada vez que otra mujer se suicidara?

“Si los datos de suicidio son los que son (¡tres veces más hombres que mujeres se consideran tan desgraciados y desesperanzados de la posibilidad de una vida digna que se auto liquidan!), ¿cómo puede ser creíble el discurso feminista radical que afirma que son precisamente las mujeres -¡y sólo las mujeres como categoría social de género!- las qeu viven existencialmente asfixiadas en todos los órdenes?”

Pero, volviendo al tema de la demonización del varón, hay que señalar que no es algo casual, sino esencial en la teoría feminista radical. Fijaos en la cita de Eric Hoffer al inicio de la entrada: puedes hacer una revolución sin un Dios pero no sin un diablo. Es muy importante tener un malo, como en las películas, y ese papel le corresponde a los hombres. En el marxismo clásico el malo era la burguesía y los oprimidos eran los trabajadores; el feminismo radical repite el esquema pero con otra víctima y otro opresor, con el trabajador como víctima no se pudo hacer la revolución, hay que buscar otra víctima. Donde antes estaban los trabajadores ahora están las mujeres y el lugar de la burguesía lo ocupan ahora los hombres (cambio que se inicia con Engels). Como decíamos en otra entrada hablando de la teoría diádica de la moral, hay que poner el foco en la violencia del hombre contra la mujer para que parezca que es la única que existe. Hay que ocultar que la principal violencia de los hombres va dirigida contra sí mismos (suicidio) y luego contra otros hombres (a nivel global, el 80% de las víctimas de homicidio son hombres y en España más del 60%, los homicidios de pareja son el 15% de todos los homicidios). Hay que ignorar la violencia que cometen las mujeres contra los hombres o contra los niños (no tenemos estadísticas de homicidios de niños o filicidios, una violencia que cometen en grado similar hombres y mujeres). El resultado final es que sólo existe la díada: “hombre/perpetrador-mujer/víctima” y “todos los males de la vida de las mujeres y de la sociedad tienen una sola causa: los hombres y su poder patriarcal”. En palabras de Javier:

“Movilizar a la gente, en este caso las mujeres, es mucho más fácil si las presentas como las víctimas predilectas, que tienen como enemigo un monstruo invisible pero omnipresente que anda suelto y cuya razón de ser es someter y violentar solo a las mujeres. De ahí la insistencia del feminismo oficial en hablar de violencia machista como si ahí fuera -más allá de los perpetradores y sus problemas psicológicos o sus subcultura de grupo- existiera en la macro sociedad  un agente activo, un monstruo llamado patriarcado del que fluyen las actitudes machistas, y que es, por tanto, responsable último.

Si lo hay, puede exigirse -so pretexto de combatirlo- todo un programa radical de medidas: leyes especiales y cuotas; multas e imposiciones administrativas; y nuevas medidas educativas desde la infancia (para erradicar los estereotipos y deconstruir las identidades de género). Es decir, imponer ese gran proyecto de reingeniería sociocultural que hemos denominado la Gran Revolución Cultural Feminista, que arrancaría de raíz las causas últimas de la violencia. Aunque nada  de eso se haya demostrado que tenga que ver , en absoluto, con el problema de fondo”.

Para cerrar este apartado y a modo de conclusión:

“En España no existe violencia generalizada sobre las mujeres. Hay un fenómeno preocupante, aunque muy minoritario, de violencia doméstica y violencia de pareja. La confusión deliberada en torno al término violencia machista obedece a una manipulación ideológica: no existe ninguna entidad, fuerza o corriente política, social o grupal, cultural, educativa, ideológica o comunicativa que promueva o defienda/justifique la violencia contra las mujeres a nivel macrosocial”.

EL FEMINISMO RADICAL SE OLVIDÓ DE LOS NIÑOS

Extraigo varios párrafos del capítulo correspondiente:

“La violencia contra los niños ¿por qué no está en primer plano? Una de las consecuencias del sesgo selectivo -llamémosle perspectiva de género con anteojeras- en la percepción, clasificación y evaluación de la violencia, que hemos analizado en capítulos anteriores, la tenemos en el efecto perverso de ocultar y postergar la violencia doméstica más traumática e insoportable: la violencia contra los niños.

Por qué no sabemos -no hay estadísticas completas y apenas se publicitan las que hay- cuántos niños mueren al año en españa por violencia de género o violencia doméstica 8 es decir, a manos de sus padres o madres o por su entorno inmediato)? No lo sabemos por4que no se publican estadísticas periódicamente en los medios, ni se llevan registros completos ( a no ser que formen parte de la violencia contra las madres, violencia de género), ni se observan minutos de silencio  ni hay protestas públicas cada vez que matan un niño…Por no haber, no hay siquiera, todavía, una Ley Integral de Violencia contra la Infancia 8 es decir, llevamos quince años dd retos con respecto a la Ley Integral Contra la Violencia de Género de 2004). Los niños asesinados por los suyos apenas figuran en la conciencia pública de la violencia en España”.

“Lo llamativo es que el discurso feminista en general, pero especialmente en relación con la violencia - al distinguir jurídicamente entre violencia de género ( cuando es el varón el que la ejerce) y violencia doméstica (cuando tiene otros protagonistas)- ha alcanzado tal hegemonía social, política, institucional y mediática que ha conseguido que la burocracia de Estado (ese paquidermo de memoria administrativa que lo registra todo) y los medios de comunicación reflejen de manera casi exclusiva sus prioridades en detrimento de todas las demás…¡Eso es poder! ¡Eso es hegemonía!”.

“La ideología feminista en boga no deja de martillear insistentemente sobre la que considera la mayor virtud femenina a revalorizar: la empatía. Pues bien, las víctimas infantiles de la violencia doméstica representan hoy, todavía, el agujero negro de esa pregonada empatía”.

LA REACCIÓN A LA SENTENCIA DE LA MANADA

“El mayor ataque contra la independencia judicial en democracia. Cuando la historia del Estado de derecho como pilar de nuestra democracia se escriba, el 26 de Abril de 2018 y siguientes serán días para la vergüenza colectiva. Independientemente de los ue se opine sobre la sentencia del caso de La Manada y sobre lo que ocurrió el 7 de julio de 2016 en Pamplona, la reacción de las calles, en las redes sociales, en la práctica totalidad de los medios de comunicación y, desde la esfera política, la de todos los partidos del arco parlamentario y la del mismo Gobierno, constituyó el mayor, más grave y más intenso asalto contra la independencia del poder judicial que se ha visto en España desde que la Constitución de 1978 instituyó una Justicia imparcial. Fue un ataque combinado insólito -desde las masas callejeras a los eminentes tertulianos mediáticos, de la furia en las redes sociales al ministro de Justicia señalando a uno de los jueces como “problemático” -en el que desmarcarse de la avalancha de populismo justiciero era un peligro para la integridad profesional del disidente.”


CONCLUSIONES


En el video donde presenta su libro Javier de la Puerta dice: “Os preguntaréis que hace un hombre como yo escribiendo un libro como éste…la respuesta es muy sencilla: es un acto de rebeldía intelectual”. El actual feminismo radicalizado, según Javier, está revelándose ya como un peligro para el equilibrio de la cultura social en ámbitos como el estado de derecho, la presunción de inocencia, la educación, el lenguaje, la creación artística y la cultura, la meritocracia en el mundo profesional/laboral, las relaciones sexuales y de pareja, la vida cotidiana contaminada por la guerra de sexos  o la libertad de expresión. Dice sobre la libertad de expresión:

“La forma en que las feministas más radicalizadas tratan de imponer su feminismo obligatorio es una de las mayores amenazas a la libertad de expresión desde la propia sociedad. El punto de partida es la presunción de que no estamos ante una ideología como las demás, sino ante la nueva Verdad Revelada, más allá de toda crítica. La policía feminista del pensamiento coarta el debate, descalifica al discrepante y lincha moralmente como machistas, misóginos y retrógrados a quienes osan cuestionar sus premisas abusivas, su lenguaje políticamente correcto o sus prescripciones para la vida social, política y cultural (o para las sentencias judiciales). ¿Hasta dónde llegarían si, imbuidas d ella figura sagrada de los oprimidos dispusieran de una mayoría política suficiente para imponer sus obsesiones ideológicas, con el BOE en la mano?”

Por esto que acabamos de leer estamos ante un libro valiente. Como se refleja ahí, es alto el riesgo de una condena por representante del machismo. Pero machista en boca del feminismo radical quiere decir en realidad hereje de esa religión de Estado en la que el feminismo se ha convertido. El hereje es el que critica los dogmas (brecha salarial, teoría feminista de la violencia de género, etc.) como hace Javier en el libro. Ser el niño que dice que el emperador está desnudo tiene sus riesgos: la visita de la Inquisición y la difamación ritual.  Esperemos que la sociedad atienda a la mayor o menor calidad de sus argumentos, a la lógica y razón de su pensamiento y que todas las cosas que trata el libro se puedan debatir de una manera racional y constructiva.

@pitiklinov

Post-Script: quería mencionar también en esta entrada el estupendo libro de Pablo de Lora Lo Sexual es Político (y jurídico) del que no tuve tiempo en el momento en que lo leí para hacer una entrada pero que os recomiendo también a todos los que seguís el blog.


Vídeos de Javier de la Puerta sobre su libro:
Presentación:

Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 2 Polémica
https://www.youtube.com/watch?v=6Kg9QecZDM4
Capítulo 4