sábado, 19 de junio de 2021

Filicidio por venganza: una perspectiva internacional a través de 62 casos

En las últimas semanas hemos sido testigos de dos casos de filicidio por venganza que han conmocionado a la opinión pública. En esta entrada voy a hacer un resumen de un artículo publicado en febrero de este año sobre el filicidio por venganza (en estos momentos el artículo está disponible en abierto) porque es el primer estudio sistemático que se centra específicamente en el filicidio por venganza. Primero, vamos a señalar algunas definiciones. Filicidio es el homicidio de un hijo por su padre, madre, padrastro o figura paterna. Se suele diferenciar dentro de él dos grupos más concretos: el neonaticidio que es cuando el homicidio ocurre en las primeras 24 horas de vida del neonato; y el infanticidio cuando el menor tiene menos de un año. Por otro lado, como dicen los autores, “sigue siendo enigmático cómo pueden los padres eludir el cableado instintivo para proteger y alimentar a sus hijos, y en su lugar elegir asesinarlos”.


Según algunos estudios que se citan en el trabajo y que no voy a detallar, los filicidios son un 2,5-7% de todos los homicidios y aproximadamente un 5% de los filicidios serían filicidios por venganza. Es decir, estamos hablando afortunadamente de algo muy raro dentro de un fenómeno muy poco frecuente también. Los motivos que se han recogido para cometer filicidio incluyen: 1) que los hijos sean ilegítimos o no deseados; 2) que ocurra involuntariamente durante el maltrato infantil; 3) por razones altruistas o por piedad (por ejemplo, niños con discapacidades); 4) debido a una enfermedad mental (por ejemplo, delirios); 5) en estado de embriaguez; 6) por venganza; 7) para evitar que el niño testifique contra el padre; 8) para obtener un beneficio económico (por ejemplo, para eludir las obligaciones de manutención de los hijos); (9) de acuerdo con creencias religiosas o culturales (por ejemplo, para remediar la deshonra familiar provocada por el comportamiento inaceptable de un hijo); 10) para obtener una gratificación sexual; y 11) para obtener simpatía o atención (por ejemplo, trastorno facticio por poderes, antes síndrome de Munchausen por poderes).


Es bastante conocida y utilizada la clasificación propuesta por Resnick en 1969 que diferencia cinco tipos de Filicidio: 1) Filicidio Altruista, 2) Filicidio por psicosis aguda, 3) Filicidio por hijo no deseado, 4) Filicidio accidental (por maltrato físico), y 5) Filicidio por venganza. Dicen los autores del estudio con respecto al filicidio por venganza:


“El filicidio por venganza, que se cree que es un tipo de filicidio poco común, es aún menos conocido que los otros tipos. Se produce cuando un progenitor asesina a uno o varios de sus hijos para causar dolor y sufrimiento emocional al otro progenitor del niño, normalmente su actual o anterior pareja sentimental…”.


“Para poner esto en perspectiva, la Oficina Federal de Investigación estimó que hubo 16.425 asesinatos en Estados Unidos en 2019. Si el 2,5% de estos asesinatos fueron filicidios, y aproximadamente el 5% (4%-9%) de estos filicidios fueron motivados por la venganza, entonces podemos estimar que se produjeron unos 21 filicidios por venganza en 2019, lo que representa aproximadamente uno de cada 800 homicidios (0,125% de todos los asesinatos)”.


“Estos filicidios por venganza se llevaron a cabo normalmente en respuesta a sentimientos de ira, dolor, rechazo, desvalorización y/o amenaza de pérdida de acceso a sus hijos. Los agresores presumiblemente creían que el filicidio les ayudaría a restaurar su sentido de integridad, autoestima y/o honor. Las dificultades en las relaciones, incluyendo la separación/divorcio y la infidelidad real o percibida, son factores comunes que predisponen a la indignación y la furia que conducen al deseo de venganza (por ejemplo, Wilczynski, 1995). La amenaza de separación de la pareja o de los hijos puede ser de especial importancia en los casos de filicidio por venganza. El espectro del abandono puede suscitar temores intolerables de soledad, vacío, pérdida de identidad y pérdida de estatus social. Otros factores estresantes de la vida, como las dificultades financieras, el bajo estatus socioeconómico y el desempleo, pueden ser factores exacerbantes. Carruthers (2016) postuló que existe una deficiencia patológica en la capacidad de empatía de estos agresores o en la percepción de la personalidad del otro, por lo que perciben a su hijo como un mero objeto”.


El artículo hace un pequeño recorrido por la historia y la mitología comenzando por el caso de Medea que ha hecho que se denomine también a estos filicidios como “Síndrome o Complejo de Medea”.  Resumiendo mucho la historia, Medea asesinó a dos de sus hijos en un acto de represalia contra su marido Jasón que, tras recibir la ayuda de Medea para obtener el vellocino de oro, la abandonó para casarse con la hija del rey Creonte. Hay más casos como la historia de Procne y Filomena que cuenta Ovidio en la Metamorfosis o el de Hércules que mata a su mujer  Megara, sus tres hijos y dos de sus sobrinos en un ataque de locura provocado por Hera.


Pero vamos ya a los resultados concretos del estudio. La muestra son 62 casos de filicidio por venganza de 9 países de los que 10 proceden de la práctica psiquiátrica forense de los autores y otros 52 son casos publicados de los que hay buena documentación sobre los motivos: documentos y transcripciones de los juicios, informes policiales, confesiones de los autores en notas o declaraciones, información sobre las condenas, etc., todo ello de fuentes fiables. 


La edad media de los perpetradores fue 36,5 años y en cuanto al sexo, 33 (53%) de los perpetradores fueron hombres y 29 (47%) mujeres. En cuanto a la presencia de trastornos psiquiátricos, 35 (56%) tenían algún trastorno mental activo de algún tipo. El diagnóstico más frecuente fue el de algún tipo de trastorno de personalidad en 21 (34%) especialmente trastorno antisocial de personalidad que estuvo presente en siete (33%) de los que tenían trastorno de personalidad. El siguiente diagnóstico más frecuente fue depresión que se encontró en 13 (21%) de los perpetradores. Dos de estos casos fueron depresiones post-parto. Esto fue seguido de 6 (10%) que tenían un trastorno por uso de sustancias, dos (3%) con un trastorno de ansiedad, uno con trastorno esquizoafectivo y otro con trastorno por ideas delirantes (celotipias) y otro con Trastorno Bipolar.


Se revisó si había historia de perpetración de violencia de pareja previa al filicidio y se documentó en 22 (35%) de la muestra: 55% de los hombres (18 de 33) y 14% de las mujeres (4 de 29). En 33 casos (53%) los padres estaban todavía legalmente casados, aunque estaban teniendo serios problemas matrimoniales o en proceso de divorcio. En 4 (6%) los padres estaban en una relación sin estar casados y también tenían serios problemas de pareja. En 12 (19%) los padres se habían divorciado y en 13 (21%) unos padres que no habían estado casados se habían separado.


En cuanto a las víctimas, la edad media de los 101 niños fue 6,1 años. 54 (53%) eran varones y 47 (47%) mujeres. En 50% de los casos (31 de 62) sólo fue asesinado un niño y en la otra mitad fueron asesinados más de uno (rango de 2-4). Las categorías de edad de los niños fueron:

-menos de un año: 9 (9%)

-1-2 años: 14 (14%)

-3-5 años: 35 (35%)

-6-12 años: 31 (31%)

-13-17 años: 9 (9%)

-mayores de 18 años: 3 (3%)


El método utilizado con más frecuencia fue la asfixia y los autores señalan que algunos padres mostraron conductas que pueden tal vez considerarse compasivas como drogar primero a los niños o engañarles de diversas maneras para que no fueran conscientes de lo que les esperaba (aviso de que alguno de los casos que se describen en el artículo son terribles por su crueldad).


En cuanto a la causa del motivo de la venganza los autores diferencian cuatro grupos principales:


1- La razón más frecuente, encontrada en 24 casos (39%), fue que el perpetrador/a había sido abandonado o rechazado por su pareja. Lo llamaron el tipo Rechazo.


2- El segundo tipo más frecuente, en contrato en 20 casos (32%) fue la disputa sobe la custodia o sobre el régimen de visitas. A veces esto implicaba el miedo o amenaza de no volver a ver a los hijos, justificado o no,  y con frecuencia implicaba una acalorada batalla en los juzgados. A este tipo lo llamaron Disputa Custodia/Visitas.


3- En 11 casos (18%) el perpetrador/a buscó venganza debido a la creencia de que su pareja había sido infiel o a que su pareja actual o anterior había encontrado otra pareja e iba a ser abandonado. Como aquí los celos era la emoción principal se categorizó como tipo Infidelidad/Celos.


4- Por último, en 7 casos (11%) los asesinatos por venganza estaban motivados por una intensa discusión o por un conflicto en curso y este último tipo se denominó Discusión/Conflicto


El trabajo estudia también la conducta de los perpetradores después del asesinato. Refieren los autores: “En el período posterior al delito, un total de 39 (63%) agresores tuvieron un comportamiento suicida, y 20 de ellos (32% de toda la muestra de 62) se suicidaron. Así, aproximadamente la mitad (51%) de estos intentos de suicidio fueron mortales. Los hombres y las mujeres tenían aproximadamente la misma probabilidad de intentar suicidarse (el 66% de las mujeres y el 61% de los hombres de toda la muestra). Sin embargo, los hombres eran mucho más propensos a completar el suicidio. En total, el 42% (n = 14) de los agresores masculinos que tuvieron un comportamiento suicida murieron como resultado, una tasa de finalización del 70%. En comparación, el 21% (n = 6) de los agresores femeninos que lo hicieron murieron, una tasa de finalización del 32%. El porcentaje de hombres y mujeres que utilizaron un arma de fuego para suicidarse fue esencialmente el mismo, 64% (9/14) y 66% (4/6), respectivamente. Cabe destacar que todos los hombres y mujeres que murieron por heridas de bala autoinfligidas eran casos estadounidenses”.


Con respecto a las condenas judiciales, de los 40 perpetradores supervivientes 39 fueron considerados culpables y condenados. La mayoría (n=24, 62%) recibió una (o más) pena de cadena perpetua. Ocho (21%) recibieron penas de 5 a 30 años. Cinco fueron sentenciados a pena capital (todos en USA). En 4 casos se alegó defensa por enfermedad mental, 3 de una disminución de responsabilidad y una de inocente por trastorno mental pero sólo se aceptó en un caso la responsabilidad disminuida y recibió una condena reducida de 16 años de cárcel. 


Ningún estudio es perfecto y todos tienen problemas y limitaciones. El principal problema de este estudio es que la muestra no es necesariamente representativa de la población general. Los autores han seleccionado una muestra accesible para ellos y los casos que ellos han estudiado puede que no sean iguales a los que no han estudiado. Se suele llamar a esto una muestra de conveniencia. Para que la muestra fuera representativa de la población general debería ser una muestra aleatoria extraída de esa población. Esto no es posible en un evento tan raro como el filicidio por venganza. La solución es que hubiera un registro de filicidios con datos como edad de perpetradores y víctima, sexo, motivos, etc. Esto no está disponible en la mayoría de los países, ni siquiera en los países occidentales más avanzados. Por ejemplo, no existe en España aunque parece que la Ley de Infancia preve crear dicho registro. Este problema de ausencia de datos lo destaca, por ejemplo, uno de los estudios de homicidios de niños más completo a nivel mundial, el de Stöckl y cols de 2017:


“La escasa disponibilidad de datos sobre las relaciones víctima-perpetrador de los homicidios de niños en muchas regiones, incluso en países con sistemas de vigilancia de homicidios bien establecidos, es preocupante”.


La contrapartida es que los datos de esta muestra están muy bien documentados y son más amplios y detallados de lo que es habitual en un registro básico de homicidios. Otras dos limitaciones del estudio serían que la presencia de enfermedad mental puede estar subestimada, al fallecer el perpetrador y no poder examinado así como por la probable ausencia de datos clínicos previos. La segunda es que la presencia de violencia de pareja puede estar también subestimada porque no se denuncia en muchas ocasiones. Finalizo con el último apartado del artículo:


DIRECCIONES FUTURAS Y CONCLUSIÓN


Los clínicos, el personal de protección de menores, los profesionales del derecho y los agentes de la ley que interactúan con los padres implicados en relaciones agrias y deterioradas, en divorcios muy conflictivos o en disputas por la custodia o las visitas deben ser conscientes del riesgo de filicidio por venganza como posible resultado, especialmente cuando las intervenciones terapéuticas son escasas o ineficaces. No se debe subestimar hasta dónde puede llegar una parte profundamente agraviada en cualquiera de estos escenarios para vengar lo que percibe como maltrato por parte de su pareja o ex pareja infiel, rechazadora o litigante. Sobre la base de los presentes hallazgos, aunque preliminares, parece que el riesgo de filicidio por venganza aumenta significativamente cuando existe la presencia de un trastorno de la personalidad en una o ambas partes, un historial de violencia de pareja, odio o celos intensos hacia el otro progenitor tras la ruptura matrimonial o de la relación, infidelidad y/o guerra en los tribunales de familia. Es necesario seguir investigando sobre el filicidio por venganza para comprender mejor los factores que contribuyen a él, mejorar la detección y las medidas preventivas, y fundamentar la toma de decisiones legales”.



@pitiklinov



Referencias:


COMPANY FERNANDEZ, Alba; ROMO, Julieta; PAJON, Laura  and  ANGEL SORIA, Miguel. Filicidio, infanticidio y neonaticidio: estudio descriptivo de la situaciónen España entre los años 2000-2010. Rev. Crim. [online]. 2015, vol.57, n.3 [cited  2021-06-19], pp.91-102. Available from: <http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1794-31082015000300007&lng=en&nrm=iso>. ISSN 1794-3108.

http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1794-31082015000300007


Myers, W.C., Lee, E., Montplaisir, R., Lazarou, E., Safarik, M., Chan, H.C.(. and Beauregard, E. (2021), Revenge filicide: An international perspective through 62 cases. Behav Sci Law, 39: 205-215. https://doi.org/10.1002/bsl.2505


Resnick, P. J. (1969). Child murder by parents: A psychiatric review of filicide. American Journal of Psychiatry, 126, 325–334.


Stöckl H, Dekel B, Morris-Gehring A, Watts C, Abrahams N. Child homicide perpetrators worldwide: a systematic review. BMJ Paediatr Open. 2017 Aug 11;1(1):e000112. doi: 10.1136/bmjpo-2017-000112. PMID: 29637138; PMCID: PMC5862181.






sábado, 29 de mayo de 2021

El Suicidio de Occidente y el Cristianismo.


"Seguimos siendo lo que el cristianismo ha hecho de nosotros, y en muchos aspectos el Occidente posmoderno es más cristiano que nunca”.

-Don Cupitt



Existen bastantes libros que se titulan el suicidio de Occidente (Suicide of the West). En esta entrada voy a hablar del de Richard Koch y Chris Smith que veis en la imagen -publicado en 2006- y me voy a centrar en el papel que el cristianismo tiene, según los autores, en la cultura occidental, un papel que, dicen, ha sido mal interpretado. 


Tengo que confesar que para mí han sido una sorpresa las ideas de Tom Holland en Dominio de que una de las razones de que la ciencia se haya desarrollado en Occidente como en ningún otro lugar del mundo es precisamente la visión cristiana. Yo manejaba la típica narrativa de que la razón y la ciencia eran de origen griego, que quedaron sepultadas durante la Edad Media tras la llegada del cristianismo y la caída del Imperio Romano y que se recuperaron en el Renacimiento y posteriormente en la Ilustración. Parece que esta narrativa era demasiado simplista. En lo esencial, y en particular en el papel del cristianismo en el desarrollo de la ciencia, este libro coincide con el de Holland. Me parece muy interesante intentar comprender el impacto histórico y filosófico del cristianismo en tiempo real, es decir, cómo afectó a las personas que vivieron su expansión.


La tesis del libro es que existe una crisis en Occidente y que esta crisis se ha generado internamente; reside en el colapso de la autoconfianza de Occidente y está en nuestras cabezas, es decir, en nuestras ideas. En 1900 Occidente tenía una gran confianza y orgullo en su civilización pero ya no es el caso; el inicio del cambio puede situarse en 1914, en la Gran Guerra. Hemos perdido la fe en nuestros valores y ya no creemos en las ideas que cimentaron el éxito de Occidente que son seis principalmente:


  • Cristianismo
  • Optimismo
  • Ciencia
  • Crecimiento económico
  • Liberalismo
  • Individualismo


Cada una de estas ideas tiene su capítulo en el libro pero yo voy a hablar sólo del cristianismo. Las preguntas que se hacen los autores en el libro son ¿Tiene algo especial la civilización occidental? ¿Por qué ha tenido tanto éxito?¿Por qué está ahora amenazada? ¿Sobrevivirá? Para responder estas preguntas analizan las seis ideas principales y diagnostican en base a este análisis cómo se encuentra nuestra civilización y emiten su pronóstico final.


Según Koch y Smith, el cristianismo no fue una religión normal. Fue original en tres aspectos: 


-hizo a Dios personal y disponible para los individuos

-hizo a la gente ordinaria suprema y peligrosamente importante.

-hizo de la automejora de los individuos, de acuerdo con los propósitos divinos, la base y el fin del universo. 


El cristianismo fue la primera religión que hizo de la salvación individual y la transformación de la conducta personal sus principios centrales, la primera en predicar que la salvación estaba disponible para todos en el mundo, la primera en basar su expansión en una evangelización indiscriminada de todo el mundo. En este sentido, fue un movimiento de autoayuda individualizado de una manera en la que ninguna otra religión lo había sido antes y en sus primeros 300 años se propagó de una forma nunca vista. El cristianismo es la principal razón por la que los occidentales (seamos agnósticos, ateos o incluso miembros de otras religiones) vemos el mundo de  una manera diferente a los no-occidentales. 


El cristianismo fusionó dos corrientes de pensamiento previas: una judía y otra griega. Los judíos creían que la historia se movía hacia delante, que Dios actuaba en la historia para conseguir un propósito en la Tierra, y que ellos eran el Pueblo Elegido, actores esenciales en la obra de Dios. Yahveh, el dios judío, estaba profundamente implicado en la historia humana impulsándola hacia un futuro dorado, utilizando a los judíos para llegar a él. Los hebreos creían que su historia tendría inmensas consecuencias espirituales para todo el mundo. Disfrutaban de una línea directa única con el Dios omnipotente. La conciencia de este vínculo implicaba una seriedad moral inusual, las acciones humanas determinaban el futuro. En los siglos anteriores a Cristo, una sucesión de elocuentes profetas llamaron a la regeneración moral, la justicia social y la compasión por los pobres empezando a sugerir que los individuos eran responsables ante Dios de sus actos.


Casi al mismo tiempo que los profetas del Antiguo Testamento, los filósofos griegos desarrollaron una visión diferente del papel de la humanidad en el Cosmos, una visión más abstracta, científica, pero también profundamente espiritual. Pensaban que el mundo era una especie de supermente, un cosmos ordenado regido por una inteligencia omnipresente, evidente en el diseño de la naturaleza y accesible para la mente humana. La base de la verdad debía encontrarse en el mundo presente de la experiencia humana y no en algún mundo no-humano e inverificable. Aunque la visión de los griegos era diferente a la de los judíos, implicaba una conclusión activista similar: los humanos debían ser autónomos y hacerse cargo de sus destinos, los propósitos humanos y divinos se podían armonizar.


Los primeros cristianos eran prácticamente todos judíos; seguían los ritos judíos en cuanto al culto, los rituales o la comida. En la década posterior a la muerte de Cristo el culto a Jesus parecía una más de las sectas judías. Pero entonces es cuando recibe la influencia griega y se convierte en la idea más poderosa de la Tierra. ¿Quiénes fueron responsables de ponerle el turbo, por así decirlo, al culto a Jesús y de crear, en buena medida, el cristianismo? Pues tres hombres que vivieron en la segunda mitad del primer siglo: San Pablo, un judío con educación griega, Lucas, que no era judío, y  Juan, el autor del cuarto evangelio.


Pablo estuvo activo en los años 40, 50 y 60 del primer siglo y fue el primer cristiano en escribir acerca de la nueva religión, la cual cambió y modeló. Pablo nunca conoció a Jesús y mostró poco interés por la vida de Jesús. Fue la idea de Cristo la que llamó su atención. Para él, Cristo no fue un hombre normal sino el Hijo eterno de Dios. El evangelio de Lucas fue escrito para los griegos y los romanos y, al igual que la predicación de Pablo, movió al cristianismo más allá de su herencia judía para ser una religión universal. Por último, el evangelio de Juan, un autor misterioso del que se sabe poco -se cree que escribió también desde Efeso, como Lucas, hacia el final del siglo- comienza con “En el principio era el Logos”. Cualquier griego o romano educado conocía la idea del Logos y podía conectar con la historia. Estos autores producen la síntesis judeo-griega (ideas judías se integran en un marco conceptual griego) y el cristianismo empieza a explotar.


El Cristianismo queda constituido, según los autores, por una creencia general y cuatro implicaciones de acción práctica. 


La creencia global es que Dios se hizo hombre, vivió, sufrió, murió y se reincorporó al reino divino. Esto une a la humanidad con Dios. El Logos se hizo carne, Todos los hombres y mujeres pueden acceder a la naturaleza divina; el espíritu de Dios puede habitar en ellos.


La primera implicación de acción práctica es una elevación masiva de la responsabilidad y desarrollo personal individual. La responsabilidad está en el individuo y no en la familia o la tribu. Cada individuo debe asumir la responsabilidad de su liberación interior. La idea de la individualidad se enfatiza de una nueva manera. También es difícil para nosotros darnos cuenta de lo rompedor que fueron estas ideas de obligaciones y potencialidades individuales en su tiempo. La idea de que Dios todopoderoso está profundamente interesado en el bienestar de cada individuo en el mundo es totalmente original, sorprendente y contraintuitiva para la época. Tanto amaba Dios al mundo que mandó a su único hijo a la Tierra para sufrir y salvar a la humanidad, pero no a un nivel colectivo sino al nivel de cada persona. Por primera vez, los cristianos creían en un Dios personal capaz de relacionarse con cada individuo. El Dios cristiano tenía un interés directo y profundo en los asuntos humanos y en cada ser humano, de cualquier estatus y nacionalidad.


Para los griegos y los romanos, el concepto de que Dios -cualquier dios- se preocupara de los individuos, y menos incluso de lo que hacían, era sencillamente increíble. Incluso muchos cristianos de la primera época que no eran judíos tenia problemas para tragar esto. Pero la visión cristiana de la responsabilidad personal ante Dios prevaleció y transformó el curso de la historia occidental.


La segunda implicación es el poder que se encuentra detrás de la automejora, la sorprendente afirmación de que todos los creyentes pueden acceder directamente al amor de Dios. Pablo insiste que nadie se queda fuera de esa aceptación de Dios, ni el pecador, ni el marginado, ni siquiera los asesinos de Cristo. Pablo tenía un gran sentimiento o de culpa e inventó la idea de la rendición al amor incondicional de Dios. Era inútil mejorar por nuestros propios esfuerzos, sólo rendirse al amor de Dios podía funcionar. 


Lucas da el mensaje de una forma diferente, que el Espíritu Santo entra en los discípulos el día de Pentecostés. Lo humano y lo divino se pueden fusionar. Bajo influencia griega, esta idea se convirtió en la idea del alma, la idea de que todo el mundo posee en su interior un yo personalizado y eterno que le conecta con lo divino y le permite mejorar. Atanasio, en el siglo IV lleva esta idea a su lógica conclusión: “Dios se hizo hombre para que el hombre pueda convertirse en Dios”. Los cristianos vieron más tarde el despliegue del poder de Dios en los logros de la ciencia, la medicina y la civilización liberal.


La tercera implicación fue un compromiso sin precedentes con los pobres, los desposeídos y los marginados. Jesús se centró en buena mediad en pecadores, prostitutas, los oprimidos, los enfermos…todos eran amados por Dios y dignos de respeto. Pablo realiza la primera afirmación registrada de la igualdad y fraternidad de los seres humanos: “no hay ni judío ni griego, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer, porque todos son uno en Cristo Jesús”. Es verdad que todas las religiones hacen énfasis en la justicia social y en la preocupación por los pobres, pero el cristianismo primitivo fue el más radical, igualitario e inclusivo, rompiendo todas las barreras entre las personas e incluso la barrera entre los individuos y Dios. No es casualidad que Occidente fuera la primera civilización en abolir el tráfico de esclavos y luego la esclavitud, en disponer servicios sociales para los ciudadanos, en aceptar la igualdad de todos los hombres y luego de las mujeres, en luchar contra la discriminación de minorías, etc. 


La cuarta implicación es menos bonita. Los primeros cristianos tenían la ardiente sensación de que la conversión a la cristiandad marcaba la diferencia ente la felicidad eterna  y la tortura eterna y de ahí que se convirtiera en la religión misionera más exitosa. “Desde su inicio, la cristiandad es a la vez universal -cualquiera puede salvarse- y divisiva -los salvados frente a los condenados-. Hay una apasionada intolerancia, limitando con la violencia, implícita en los genes cristianos desde el principio, en tensión con el otro énfasis cristiano en el amor y el auto-sacrificio.” Dicen los autores:


“La tendencia a imponer las ideas correctas por la fuerza, a dividir el mundo en ovejas y cabras, a las Cruzadas contra los infieles y a la violencia contra los judíos, a los asesinatos en masa en busca de la venganza de Dios, a la imposición de un código "cristiano" a los paganos recalcitrantes, a la intolerancia y la crueldad en busca de un fin superior, a la Inquisición y a la intromisión en los pensamientos privados mediante la tortura, forman parte del legado cristiano de Occidente. Estos temas discordantes siguen resonando entre algunos fundamentalistas cristianos. Sin embargo, en general, durante al menos un siglo y medio, la intolerancia extremista ha sido extirpada del cristianismo. Sin embargo, sigue apareciendo en formas seculares, en el terror revolucionario, el nacionalismo extremo, el comunismo y el nazismo, y en las perversiones de otras religiones. Estas formas también provienen en gran medida del cristianismo y de Occidente”.


Bien, tendríamos que matizar miles de cosas y hacer un largo recorrido histórico para entrar más a fondo y lógicamente este no es el lugar. Por ejemplo, podemos señalar que una cosa es la teoría y otra la práctica. Que el el cristianismo se pervirtió cuando se convirtió en la religión del imperio romano, que la Iglesia acumuló riquezas y el énfasis en los pobres y desheredados se diluyó en muchos momentos, convirtiéndose la jerarquía eclesiástica en un poder, que la esclavitud persistió durante siglos, que los perseguidos se convirtieron en perseguidores y se persiguió a los herejes, etc. Pero, a pesar de todas estas contradicciones e imperfecciones, los ideales cristianos no desaparecieron del todo, la búsqueda del alma, la autocrítica, la conciencia, la creatividad individual, los intentos de restablecer la relación con Dios, emergieron en diferentes momentos como en la Reforma protestante.


Estas ideas han tenido un impacto en toda la visión occidental del mundo, son la base de las otras ideas que analiza el libro: el optimisimo, la ciencia, el crecimiento económico, el liberalismo, y el individualismo. Sin olvidar el lado oscuro de la intolerancia divisiva, la agresión y la imposición, un gen que sigue siendo una amenaza potente para Occidente no sólo desde fuera sino de forma más amenazante desde dentro.  


Como decía más arriba con respecto a la ciencia, los autores de este libro coinciden con Tom Holland en señalar que la idea de un Dios creador racional cuya creación es también racional y que funciona sobre unos principios que pueden ser descubiertos, favoreció lanzarse a descubrir cosas y buscar respuestas (es verdad que esta idea podría provenir en mayor medida de la corriente griega del cristianismo).


Señalan los autores que no nos damos cuenta de que esta visión no existía en otros lugares del mundo. Por ejemplo, en la cultura china no se cree que el mundo fuera creado sino que es eterno. Lo sobrenatural era una esencia -inaccesible, impersonal, sutil, compleja y paradójica- y no existe ese ímpetu hacia una ciencia empírica porque no existe el concepto de un universo lógico. Hay que decir que esa fe en un mundo lógico se quebró en el siglo XX cuando la ciencia llegó a las fronteras de la mecánica cuántica, el principio de incertidumbre, etc.,que ponen en duda que el universo sea tan lógico y comprensible (al mismo Einstein no le gustó que “Dios jugara a los dados”). La bomba atómica, las consecuencias negativas de la tecnología, la destrucción del planeta, etc. han minado también la fe en la ciencia pero no abundaré en ello.


Al final del libro, los autores hacen una valoración de cómo se encuentran actualmente esas seis ideas fundamentales de Occidente y puntúan con luces de semáforo (verde, amarillo o rojo) el estado de cada una de ellas. Dada la importancia que el cristianismo a la que acaba de referirme, era lógico pensar que una de las razones de laposible decadencia de Occidente fuera el declive de la religión organizada en Occidente. Pues bien, a pesar de que Dios ha muerto y la religión tradicional o institucional está en crisis, los autores le dan una luz verde al aspecto del cristianismo. De nuevo, por la misma razón que Holland en Dominio: porque los valores cristianos siguen vivos en la sociedad seglar occidental y no hay alternativa a la vista. El espíritu de la cristiandad sigue impregnando la sociedad occidental. Como ya comentamos al hablar de la nueva religión de la Justicia Social Crítica, el principal movimiento ideológico de izquierdas es en esencia un nuevo despertar protestante


Donde ellos ven el problema principal y adjudican el color rojo (siento el spoiler) es en el liberalismo y acabo con ello. Según Koch y Smith, se ha extendido un sentimiento iliberal o anti-liberal y existe el riesgo de una deriva totalitaria tanto de derecha como de izquierda. Cuando una civilización llega al final de su recorrido puede colapsar y desaparecer o puede transformase en otra cosa diferente. No sabemos lo que va a ocurrir pero el suicidio de Occidente es una posibilidad, según los autores, aunque no es necesariamente inevitable. 


@pitiklinov




 

  


sábado, 22 de mayo de 2021

Bio-Potenciación Moral: ¿necesita prótesis morales la especie humana para enfrentar los retos del futuro?


En este blog he defendido repetidamente que nuestra moralidad tiene un lado oscuro y que muchas veces nos lleva a hacer el mal pensando que hacemos el bien. Hemos tratado consecuencias negativas de nuestra mente moral como la Violencia Moralista o los problemas que supone para la ciencia o la democracia. Si este enfoque es acertado, sería deseable poder intervenir para reducir ese lado negativo de nuestras capacidades morales humanas. En esta entrada voy a tratar un planteamiento futurista o de neurociencia-ficción sobre la posibilidad de mejorar o de reforzar la moralidad humana con diferentes tecnologías. Vemos lo que proponen los autores de esta atrevida postura y qué caminos nos abre.

Ingmar Persson y Julian Savulescu han planteado que existe un imperativo urgente para reforzar o potenciar el carácter moral de la humanidad. Su planteamiento lo podemos sintetizar en tres puntos:


1- La dotación moral normal de la especie humana (producto de la evolución por selección natural) no es suficiente para desarrollar las disposiciones, motivos y conductas morales que se necesitan para hacer frente a los desafíos a los que nos enfrentamos en el mundo actual y futuro.


2- No se trata por tanto de remediar un “fallo moral” sino de elevar nuestras capacidades morales a un nivel que no ha existido nunca.


3- Se concluye de lo anterior que se necesitan nuevas herramientas para producir elecciones y conductas morales de un nivel mucho más elevado de lo que la evolución por selección natural nos ha donado. Estas herramientas son posibles hoy en día -o lo serán un futuro- por medio de biotecnologías como la ingeniera genética, los psicofármacos, la estimulación magnética transcraneal o la estimulación cerebral profunda (colocación de electrodos en el cerebro). Estamos hablando de neurotecnologías y de refuerzos biomédicos que podrían producir estados mentales que se traducirían en una conducta moral que pensamos que es más adecuada. Esa mejor conducta moral consistiría principalmente en un mayor altruismo y un mayor sentido de la justicia.


¿Por qué dicen Persson y Savulescu que nuestra moral normal no es suficiente para hacer frente a los retos del mundo moderno? Su argumento es el siguiente


“Durante la mayor parte de la historia de la especie humana, los seres humanos han vivido en sociedades comparativamente pequeñas y unidas, con una tecnología primitiva que les permitía afectar sólo a su entorno más inmediato. Su psicología moral se adaptó para que pudieran vivir en estas condiciones. Esta psicología moral es "miope", se limita a la preocupación por las personas del entorno y el futuro inmediato. Pero a través de la ciencia y la tecnología, los seres humanos han cambiado radicalmente sus condiciones de vida, mientras que su psicología moral ha permanecido fundamentalmente igual a lo largo de esta evolución tecnológica y social, que continúa a una velocidad acelerada. El ser humano vive ahora en sociedades con millones de ciudadanos y con una tecnología científica avanzada que le permite ejercer una influencia que se extiende por todo el mundo y muy lejos en el futuro. Esto está conduciendo a una creciente degradación del medio ambiente y a un cambio climático perjudicial. La avanzada tecnología científica también ha dotado a los seres humanos de armas nucleares y biológicas de destrucción masiva que pueden ser utilizadas por los Estados en guerras por recursos naturales menguantes o por terroristas. Las democracias liberales no pueden superar estos problemas desarrollando tecnología novedosa. Lo que se necesita es una mejora de las disposiciones morales de sus ciudadanos, una extensión de su preocupación moral más allá de un pequeño círculo de conocidos personales, incluyendo los que existen más allá  o en el futuro. La expansión de nuestros poderes de acción como resultado del progreso tecnológico debe equilibrarse con una mejora moral por nuestra parte. De lo contrario, nuestra civilización, argumentamos, está en peligro. Es dudoso que esta mejora moral pueda lograrse por medio de la educación moral tradicional. Por lo tanto, hay muchas razones para explorar las perspectivas de mejora moral por medios biomédicos”.


Aceptada esta necesidad, ¿cómo se define la potenciación moral (moral enhancement)? A un nivel muy básico, potenciación moral es un cambio en algún aspecto de la moralidad de una persona que resulta en una persona moralmente mejor. Esta definición está bien pero es muy poco precisa. Earp y cols. la desarrollan un poco más:


Neuropotenciación moral (Moral neuroenhancement): Cualquier cambio en un agente moral, A, efectuado o facilitado de alguna manera significativa por la aplicación de una neurotecnología, que resulta, o se espera razonablemente que resulte, en que A sea un agente moralmente mejor.


Hay otras definiciones más específicas, como la de Lavazza:


“La biomejora moral es una intervención en el sistema nervioso o en los genes precursores del sistema nervioso destinada a hacer que el fenotipo y/o el perfil de comportamiento del individuo sean más altruistas (entendiendo por altruismo la disposición a considerar los intereses de los demás como iguales a los propios) y más orientados a la justicia (entendida como el tratamiento igualitario de casos similares), en comparación con antes del tratamiento. Esto significa que la disminución de las emociones/disposiciones antimorales también forma parte de la biomejora moral”.


¿En qué tipo de neurotecnologías están pensando los autores que participan en este debate sobre la biomejora moral? Persson y Savulescu están de acuerdo con la tesis evolucionista de que nuestra capacidad moral es resultado de la evolución por medio de la selección natural, lo cual implica que nuestro tribalismo o nuestro sentido de la justicia tiene un componente genético, junto con otros más culturales y relacionados con el aprendizaje. Por tanto, teóricamente, hay una posibilidad de intervención a nivel de ingeniería genética; otra cuestión es si esto es por ahora posible en la práctica dado que cualquier característica física o psicológica se ve influida por cientos miles de genes con un efecto pequeño cada uno.


Otra posibilidad es el empleo de psicofármacos. Esto no es del todo nuevo. Desde tiempos ancestrales se han empleado psicofármacos como la psilocibina, la ayahuasca y otros psicodélicos  buscando reforzar capacidades artísticas e intelectuales y también para facilitar el aprendizaje de las enseñanzas de los chamanes con elementos religiosos. No es del todo igual a la biopotenciación moral pero se aproxima en cierta medida. En nuestras propias sociedades estamos utilizando antiandrógenos para el tratamiento de sujetos que han cometido agresiones sexuales o se han utilizado también los antidepresivos para mejorar el control de los impulsos sexuales. En Israel parece que se recetaron antidepresivos a jóvenes ultraortodoxos para provocarles una disminución de la libido y obtener así una conducta más acorde con sus ideales religiosos. Esto sí lo podríamos considerar claramente como un ejemplo de biopotenciación moral. Otros fármacos potencialmente utilizables serían el litio, el metilfenidato o la oxitocina. A nivel neurológico hay estudios que  encuentran que la estimulación magnética de ciertas regiones cerebrales produce cambios en los juicios y valoraciones morales de los sujetos y esto abre la puerta a intervenciones como la estimulación cerebral profunda. 


Por ahora estamos hablando de neuroética-ficción porque muchas de estas intervenciones no están disponibles o no tenemos todavía la ciencia moral necesaria para controlarlas, pero no podemos descartar que esto sea posible en un futuro. Un aspecto que merece la pena señalar es que este refuerzo moral debería ser aplicado a toda las personas, es decir, debería ser universal. Sin la convergencia de la mayoría de la población no serviría de nada e, incluso, la existencia de una minoría activa podría sabotear todos los esfuerzos.


Las ideas de Persson y Savulescu han recibido críticas a muchos niveles, desde que suponen una pérdida de la libertad y agencia de los sujetos hasta que nos podría salir el tiro por la culata. Por ejemplo, la empatía se ha demostrado que es muy parroquiana. Por tanto, reforzarla podría aumentar el favoritismo con el propio grupo y dejar fuera a los miembros de otros grupos. Pero no voy a entrar en esas críticas en detalle.


Lo que sí me parece es que, por un lado, lo que Persson y Savulescu plantean no deja de ser una paradoja o contradicción. Su argumento es que la ciencia y las nuevas tecnologías (como la energía nuclear y otras) nos han puesto en una situación de posible extinción y resulta que proponen que la solución son nuevas neurotecnologías o intervenciones biomédicas, en este caso para utilizarlas sobre nuestras capacidades morales. Pero ¿por qué no podría descarrilar o pervertirse también esta tecnología? Ellos parten de que el empleo de esta potenciación moral es voluntaria o consentida en un sistema democrático pero imaginemos que esta neurotecnología moral fuera utilizada por un estado totalitario. Como hemos repetido en este blog, la moral es un arma de doble filo y tiene una parte negativa como decíamos pero, por otro lado, la moral es necesaria para el funcionamiento de las sociedades ya que se trata de una herramienta biológica y cultural para la cooperación. En este sentido es imprescindible, por ejemplo, que los individuos reaccionen de una forma firme ante las injusticias o ante situaciones que se consideran moralmente negativas. Un dictador o un sistema totalitario podría manipular la mente moral de los ciudadanos o insertar en sus cerebros las prótesis morales necesarias para facilitar su  sumisión de manera que los ciudadanos vivieran felices y tranquilos bajo las condiciones impuestas por el régimen en cuestión.


Pero dejando estos problemas aparte, la postura de Persson y Saveluscu parte de la premisa -que no comparto- de que más moral es siempre mejor. Mi visión es que más moral no equivale a un mundo necesariamente mejor, porque potenciaríamos las dos caras de la moneda, la positiva y la negativa. Lo que realmente necesitaríamos es desarrollar el lado positivo de la moral y reducir su lado oscuro, lo cual es realmente complicado porque ambos aspectos están fuertemente ligados, como las dos caras de una moneda. Si aumentamos el sentido de la justicia, puede que esto haga que la gente se ofenda por injusticias cada vez más insignificantes y que reaccione con violencia moralista ante, digamos, infracciones cada vez más nimias. 


Pero, aunque sea por razones contrarias a las que ellos proponen, tal vez sea digna de tener en cuenta su propuesta de usar la neurotecnología para reducir el lado oscuro de la moral. Igual merece la pena dejar una  puerta abierta a la posibilidad de que algún día dispongamos de una pastilla contra el tribalismo.

viernes, 2 de abril de 2021

El Patriarcado No Existe Más


"A todos los que tienen el coraje intelectual de hablar en público sobre temas controvertidos como los que se abordan aquí, y a los que se atreverán en el futuro.”

-Dedicatoria de Roxana en la Introducción.




En el blog he comentado algunos libros que critican al denominado feminismo hegemónico como el de Desmontando el Feminismo Hegemónico, coordinado por Irune Ariño, Refutación del Feminismo Radical, de Javier de la Puerta o Deshumanizando al Varón, de Daniel Jimenez. Otro libro muy recomendable es Lo Sexual es Político (y Jurídico), de Pablo de Lora.


En esta ocasión hago una breve reseña de El Patriarcado No Existe Más, de Roxana Kreimer. Roxana es licenciada en Filosofía y Doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires y éste es su séptimo libro habiéndose convertido en los últimos años en una referente de la disidencia dentro del feminismo muy activa en redes sociales y en su canal de Youtube. Una diferencia del libro de Roxana con los anteriormente comentados es el gran abanico de temas que trata, lo que le convierte en una especie de enciclopedia crítica del feminismo hegemónico: las bases biológicas de las diferencias entre hombres y mujeres, la selección sexual, la brecha de género, el techo de cristal, la violencia contra las mujeres, las denuncias falsas, las desventajas que padecen los hombres, la agenda pendiente del feminismo, etc. Además lo hace con abundante bibliografía y muy actualizada lo que da idea del gran trabajo invertido en la creación del libro. 


La propia Roxana explica en la introducción cómo llegó a implicarse en esta disidencia con respecto al feminismo hegemónico:


“Llegué a la problemática de género desde el escepticismo, que en su variante contemporánea es una perspectiva frente al conocimiento que requiere dudar de toda la información que no esté sustentada en la evidencia. Investigaba en el marco de la filosofía experimental, una corriente de la filosofía que nació en el siglo XXI como una interdisciplina que aplica los métodos de la psicología experimental a temas vinculados con la filosofía. Estaba consagrada al estudio de por qué las mujeres creen más en Dios y en las pseudociencias en general, al de la diversidad de género en el juicio moral y en los chistes que les causan gracia a hombres y mujeres, cuando co- mencé a toparme con información que provenía del feminismo. En un primer momento advertí que tiene una perspectiva constructivista por la cual atribuye enteramente las diferencias de sexo a la socialización. Esto constituye un problema porque, para averiguar si vivimos en un patriarcado, primero necesitamos tener un buen marco interpretativo de la evolución de la vida humana. Ignorarlo lleva al feminismo hegemónico a serios errores en los diagnósticos que formula, no porque la biología nos determine, ya que interactúa con la cultura, sino porque el reduccionismo sociológico es tan peligroso como el reduccionismo biológico al ofrecernos una visión muy parcial de los fenómenos a ser examinados. Como carece por completo de una perspectiva biológica y evolucionista, en sus desarrollos teóricos el feminismo hegemónico ignora buena parte de los adelantos científicos de las últimas décadas, y las contadas veces que apela a alguno de ellos, lo hace en forma sesgada.”


Como siempre que se habla de feminismo, nos encontramos con el problema de las definiciones y de las delimitaciones de categorías y corrientes dentro del mismo. Roxana explica a qué se refiere con el término hegemónico:


“Soy consciente de que no hay un solo feminismo, de que no se trata de una doctrina ni de un movimiento político unitario y  coherente. No obstante, englobo a los feminismos existentes en el término hegemónico, considerándolos uno sólo, a partir de elementos en común que encuentro decisivos para el diagnóstico de las problemáticas de género:


  1. Carece de una perspectiva científicamente informada porque ignora el impacto que tuvo la evolución en el cerebro de hombres y mujeres y, si lo toma en cuenta, lo hace sin convocar bibliografía reciente y mediante prejuicios infundados.
  2. Su encuadre es posmoderno, de modo que en general no cree que haya una cosa más verdadera que al otra, y abreva en autoras de escritura inútilmente enrevesada como Judith Butler.
  3. Funda parte de su teoría en una pseudociencia como el psicoanálisis y en teóricos que manejan datos sesgados o que no están respaldados por la evidencia…
  4. No está abierto al debate: desarrolla una actitud intolerante o indiferente cuando se cuestionan sus ideas.
  5. Ignora que los varones también padecen sexismo y desventajas, y cuando se anoticia de ello minimiza su impacto.
  6. Cultiva un victimismo que trata a la mujer como una eterna menor de edad.
  7. Quiebra principios constitucionales como la igualdad ante la ley, el principio de legalidad o la presunción de inocencia. 
  8. Considera que todas las mujeres están subordinadas, son explotadas y padecen un sexismo estructural, con independencia de su ubicación social, cultural o económica.
  9. Es corporativo: si hombres y mujeres padecen el mismo problema en igual medida, destaca sólo las desventajas de las mujeres.



El planteamiento de El Patriarcado No Existe Más y de la labor de Roxana en general es abordar los temas con una perspectiva científicamente informada: 


“Ante la imposibilidad de diálogo con el feminismo hegemónico, a mediados de 2017 emprendí el proyecto Feminismo Científico en Twitter con @feminisciencia que en pocos meses alcanzó una amplia repercusión en el mundo hispanoparlante, @feminiscience, su versión en inglés, la página Feminismo Científico en Facebook y el sitio web www.feminismocientifico.com.ar. El propósito fue el de conocer y divulgar las diferencias entre hombres y mujeres sobre la base de la evidencia científica para formular mejores diagnósticos sobre las problemáticas de género y sugerir soluciones adecuadas para ellas.”


Bueno, este es el enfoque de Roxana y le toca al lector juzgar si lo consigue. Sin duda, abordar estos temas dada la situación actual en nuestra cultura hace que El Patriarcado No Existe Más sea visto seguramente como un libro controvertido. Pero, como dice la cita de cabecera, es importante -y es algo que debemos celebrar y agradecer- que existan personas valientes como Roxana que se atreven a lanzar botellas al mar como El Patriarcado No Existe Más:


“Todo libro es una botella al mar, e imagino que esta botella la pueden rescatar quienes lean con la predisposición filosófica de abrirse a nuevas hipótesis, sin aceptar ninguna sin evidencia suficiente, avanzando aún cuando algunos pasajes susciten extrañeza o desacuerdo, en un diálogo con ideas previas que podría mejorar su entendimiento de las particularidades de hombres y mujeres, de su vida y de la sociedad en su conjunto. La verdad no es sexista: si queremos cambiar el mundo, primero deberemos comprenderlo.”


@pitiklinov


viernes, 26 de marzo de 2021

La Religión de la Justicia Social o Wokismo


“El mundo moderno está lleno de viejas virtudes cristianas que se han vuelto locas. Y se han vuelto locas, porque fueron aisladas unas de otras y vagan por el mundo solitarias…”

-G.K. Chesterton, Ortodoxia


“Estamos viviendo en medio de un Despertar  Americano, sin Dios y sin perdón”.

-Joshua Mitchell, American Awakening


"Un individuo puede vivir perfectamente sin religión. Sin embargo, es mucho más difícil que un colectivo humano sobreviva sin ella."

-Jorge Wagensberg



Una pregunta interesante sobre la ideología que veíamos en la entrada anterior es por qué está teniendo tanto éxito, sorprende que la sociedad no tenga algún tipo de sistema inmune psicológico o filosófico contra este tipo de ideas que contenga su avance, o por lo menos que hubiera más resistencia. Creo que una parte de la explicación es el componente moral de esta ideología y la forma en que esto afecta a nuestra psicología moral. Es muy diferente que alguien te diga que tus ideas son erróneas y estás equivocado a que alguien te diga que eres malo, que eres un nazi, un sexista y un racista. Todos tenemos una identidad moral, una necesidad de vernos como buenas personas y de señalar que somos buenos a los demás. La Justicia Social no es que se considere en posesión de la verdad científica o epistémica sino que se considera en posesión de la verdad moral y ese componente le concede la superioridad moral frente a otras ideologías que no lo tienen. Conseguida la superioridad moral, es imposible resistirse. La Justicia Social es ahora mismo la fuerza moral dominante en el mundo occidental (anglosajón, por ahora). Aunque probablemente menos del 10% de la población sostenga estas ideas, están ejerciendo una desproporcionada influencia en cómo se entiende la sociedad a sí misma. El marco de referencia es que la vida es una batalla entre los buenos y los malos, representada en la forma de unos discursos dominantes y unos discursos marginalizados, en la que cierta gente trata de mantener unos sistemas opresivos de poder y privilegio a expensas de los demás. Obviamente, nadie quiere estar en el bando de los opresores. Vamos a hablar un poco de la hipótesis de que esta nueva ideología es fundamentalmente religiosa.  


Han sido bastantes los autores que han planteado que la Justicia Social Crítica se ha convertido en una religión. El propio James Lindsay, junto con Mike Nayna, lo ha tratado específicamente. También Jonathan Haidt que dice que en cada universidad “algunos verdaderos creyentes han reorientado su vida alrededor de una lucha contra el mal. Estos creyentes están transformando la universidad de ser una ciudadela de libertad universal a un espacio sagrado donde el privilegio blanco ocupa el lugar del pecado original, las transgresiones de raza o género se confiesan no a dios sino a la “comunidad” y los grupos victimas son adorados como dioses”. Andrew Sullivan también ha tratado el tema de la nueva religión norteamericana y se pregunta si la interseccionalidad, que es el concepto que une todas las ramas de la Justicia Social, es una religión. 


Otro autor es John McWorther que está escribiendo un libro dedicado precisamente a ello, aunque él considera como fenómeno religioso más específicamente el nuevo antirracismo, la Teoría Crítica de la Raza. El libro se va a titular los Elegidos, The Elect, y ya ha publicado algunos capítulos en Internet. El título de los “Elegidos” hace referencia al calvinismo que sostiene la teoría de la predestinación, sustentada en la naturaleza pecaminosa del hombre y la inutilidad de sus buenas obras para ser salvado, en tanto que sólo los “elegidos” por Dios lo serán. 


Hay que decir que esta religión de la Justicia Social no es una “nueva religión”, sino una “variante” de la religión de siempre en Occidente, el cristianismo, y más en concreto, como McWorther da a entender, una variante del protestantismo estadounidense. En la historia religiosa norteamericana han ocurrido una serie de episodios de renacimiento religioso -The Great Awakenings, o los grandes despertares, que hasta ahora eran tres- periodos que ocurren cíclicamente cada varias generaciones y que tienen hasta en el nombre una semejanza con el fenómeno woke actual.  McWorther analiza diferentes características de esta religión antirracista: sus supersticiones, sus sacerdotes, su pecado original (el privilegio blanco), su trasfondo apocalíptico, la forma en que persiguen a los herejes, etc., pero no vamos a entrar en ello. 



Me voy a centrar con algo más de detenimiento en las ideas del historiador Tom Holland que ha abordado esta cuestión en su libro Dominio -del que ya hemos hablado- y en entrevistas públicas. El último capítulo de Dominio se titula precisamente Woke en inglés y ha sido traducido al castellano como Alerta y ahí plantea que este movimiento de la Justicia Social es cristiano en su esencia. El movimiento #MeToo repite las peticiones de las puritanas de otros tiempos; la muerte de George Floyd -la muerte de un inocente a manos del imperio actual- tienen ecos de la muerte de Cristo; el Dios cristiano siempre ha estado más cerca de los débiles y oprimidos que de los poderosos; cualquier mendigo, cualquier criminal podía ser Cristo, “los últimos serán los primeros y los primeros, los últimos”; Cristo es la víctima y la religión de la Justicia Social glorifica a las víctimas, etc. Todas estas correspondencias entre el cristianismo y la Justicia Social se han hecho evidentes para cualquier persona ya que sólo hace falta observar las imágenes posteriores a la muerte de George Floyd, a los policías, deportistas y senadores norteamericanos de rodillas, a la gente postrada en el suelo, a personas blancas lavando los pies de personas negras, a personas auto-flagelándose, a manifestantes realizando algo muy similar a rezar, etc., para darnos cuenta del simbolismo religioso, de la liturgia de purificación y renacimiento, del deseo de limpiar y renovar observable en todos los acontecimientos que hemos presenciado.


Pero Holland ve una diferencia entre la Justicia Social, y el nuevo antirracismo y el cristianismo de los últimos siglos a pesar de que la dinámica cristiana de todo el movimiento es evidente. Un giro profundo, en su opinión, aparece en la reacción contra la doctrina del pecado original, que procede de San Agustin, según la cual todos somos pecadores. La Justicia Social se pondría del lado de Pelagio (el oponente en este debate a San Agustin) que defendía que podemos ser perfectos y virtuosos por nuestras propias acciones. San Agustin defendía que no, que necesitamos la gracia y la salvación de Dios porque por defecto arrastramos el pecado original y somos pecadores. Los que condenan el pecado en otros son reacios a contemplar que ellos también son pecadores. La doctrina del pecado original, según Holland, es profundamente democrática en el sentido de que todos somos iguales y pecadores y si todos somos pecadores, ¿quién tira la primera piedra? También está la reflexión de que es fácil ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el nuestro. La consecuencia es que si no tienes esta visión, entonces te crees con el derecho a juzgar a los demás -ellos son pecadores pero tú no- y de perseguir y castigarlos.


Creo que  este análisis de Holland ilumina un fenómeno que hemos observado repetidamente en las difamaciones rituales y las humillaciones en las redes sociales: la tremenda crueldad y la ausencia de perdón. No hay nada que el pecador (la persona que ha hecho un comentario en un tuit o lo que sea) pueda hacer para ser perdonado y conseguir la reconciliación. La caza de brujas es implacable y cruel y no sirve de nada pedir perdón. Debe ser aniquilado, despedido, silenciado, excomulgado, condenado al ostracismo y en muchos casos estos linchamientos han acabado en suicidios. Holland ve el peligro de que al perder este anclaje en la doctrina cristiana, las espirales de virtud en las que estamos cayendo puedan llevar a los creyentes en la Justicia Social a caer en la arrogancia y en la crítica moral implacable, y en la tendencia al castigo sin remisión, lo que podría generar conflictos sociales. Sin embargo, esta postura es también cristiana en otro sentido. Holland reconoce muchos aspectos negativos en el cristianismo y uno de ellos es la idea totalitaria de que la verdad justifica la persecución de los disidentes. La afirmación de los cristianos de que están en posesión de la verdad no tiene paralelo en la religión pagana, que era mucho más tolerante con otros dioses e ideas, y el resultado es un tipo de represión que no tiene precedentes. Estos cazadores de herejes de la Inquisición que han existido a lo largo de la historia del cristianismo estarían representados actualmente por los santurrones fanáticos “woke” que no queman ahora personas en la hoguera pero sí arruinan sus reputaciones y sus vidas. 


Un autor que ha tratado el tema de la culpa es Wilfred M. McClay que se pregunta en The Strange persistence of Guilt por qué la culpa no ha disminuido en la sociedad laica occidental sino que ha ido creciendo exponencialmente en las últimas décadas (ver también esta entrevista). McClay liga la culpa con el mayor conocimiento y control del mundo físico; ese mayor poder implica mayor responsabilidad con respecto a los efectos de nuestras acciones sobre el planeta, por ejemplo. En el cristianismo, la culpa -que es una mancha y una deuda- la paga Cristo con su sacrificio (los judios pagaban con la sangre de algún animal y Cristo con su muerte paga la culpa de toda la humanidad, o de todos los que crean en él), pero ¿cómo solucionamos la culpa en un mundo laico? Un intento de solución es identificarnos nosotros como víctimas o solidarizarnos e identificarnos con las víctimas Esto tiene dos ventajas. La primera es que es la responsabilidad la que conduce a la culpa y la víctima, por definición, no es responsable y, por tanto, es inocente. La segunda ventaja es que la víctima puede proyectar su culpa sobre el victimario u opresor y la culpa recae sobre él. Por medio de este giro, el chivo expiatorio es el victimario, el que paga el precio. En la Justicia Social Crítica el hombre blanco es el chivo expiatorio que paga la inocencia de las otras identidades.


Vuelvo a la hipótesis de Holland con respecto a la Justicia Social o wokismo transcribiendo unos párrafos de una entrevista para la web Stream:


“El “Wokismo" se sitúa claramente en la larga línea de la tradición angloamericana de los "grandes despertares". Estos han ofrecido sistemáticamente a los pecadores la oportunidad de arrepentirse de sus pecados, de ver cómo los primeros se convierten en últimos y los últimos en primeros, y de establecer unos nuevos elegidos. En concreto, sus raíces se encuentran en el movimiento por los derechos civiles (que para Holland es otra época de despertar). Por eso, en los últimos años se ha invocado repetidamente el nombre y el ejemplo de Martin Luther King. En ese sentido, el nuevo milenio no ha marcado ninguna ruptura radical con lo que hubo antes.


¿La idea de que las grandes batallas en la guerra cultural de Estados Unidos se libran entre los cristianos y los que se han emancipado del cristianismo? Es una idea que ambos bandos tienen interés en promover. Pero no por ello es menos mito. En realidad, tanto los cristianos conservadores como los progresistas se reconocen en la misma matriz.”



Hay otros autores que han señalado la gran deuda de nuestra cultura occidental laica con el cristianismo, como Don Cupitt en The Meaning of the West, o John Gray en Misa Negra. John Gray en Misa Negra plantea que muchas tendencias del pensamiento religioso pero también de movimientos seculares -como la Revolución Francesa, el comunismo y otras revoluciones-  se derivan de lo que considera un mito perjudicial: la idea de que se puede conseguir un mundo perfecto. Este mito se remonta a la idea cristiana del inminente fin del mundo y la llegada del Reino de Dios. Todos estos movimientos religiosos y laicos han conducido a verdaderas atrocidades y reinados de terror. El pensamiento apocalíptico está dispuesto a sacrificar cualquier número de vidas ahora en aras de un futuro perfecto que "sabe" que está por llegar. Este peligro, como señala Holland, se esconde en la Justicia Social. 


Precisamente Gray ha escrito un comentario sobre el libro de Holland, Why the liberal West is a Christian creation (Por qué el Occidente liberal es una creación cristiana). Leemos en él:


“El cristianismo trajo consigo una revolución moral. Los pobres pasaron a ser vistos como hijos de Dios y, por tanto, merecedores del mismo respeto que los más poderosos de la sociedad. La historia era un drama de pecado y redención en el que Dios -actuando a través de su hijo- estaba del lado de los débiles.


Los movimientos progresistas modernos han renovado esta historia sagrada, aunque ya no es Dios sino la "humanidad" -o sus autoproclamados representantes- la que habla en nombre de los oprimidos. En muchos sentidos, el Occidente actual es más ferozmente santurrón que cuando se declaraba cristiano. Los guerreros de la justicia social que denuncian la civilización occidental y exigen que sus pecados sean confesados y arrepentidos no existirían sin la herencia moral del cristianismo. Como escribe Tom Holland, "si hubiera sido de otra manera, nadie habría sido woke (nadie habría despertado)“.


“En el análisis final, el humanismo liberal es una nota a pie de pagina de la Biblia”


“Al mismo tiempo, el cristianismo trajo consigo un nuevo mal propio. La propia universalidad del mensaje cristiano, su insistencia en que todos los seres humanos son iguales a los ojos de Dios, inspiró un feroz ataque a otras creencias. Los cristianos reivindicaron una posesión única de la verdad sin parangón en la religión pagana, y el resultado fue un tipo de represión sin precedentes. Como escribe Holland: "Una Iglesia que se proclamaba universal no tenía, al parecer, otra respuesta para quienes la rechazaban que la persecución". El ascenso del cristianismo supuso el fin de la tolerancia pagana…El cristianismo destruyó esta antigua tolerancia y con ello inauguró el mundo moderno.”


"El cristianismo se extiende de dos maneras: a través de la conversión y a través de la secularización". Esta incisiva observación, citada por Holland como procedente de un historiador indio no identificado, resume gran parte del argumento de Dominio. La modernidad secular no es la negación de la cristiandad, sino su continuación por otros medios. Los ateos bienpensantes que se empeñan en decir que seríamos mucho más civilizados si no hubiera existido el cristianismo no se han preguntado de dónde procede su concepción de la civilización. Nietzsche estaba más cerca de la verdad. Si lamentan el auge del cristianismo, deben lamentar también el auge del liberalismo, de los derechos humanos y de la creencia en el progreso.


"En Occidente, el liberalismo no se desvanece a la par que las creencias cristianas, sino que se vuelve más celoso y dogmático. Irónicamente, los ultraliberales de hoy tienen más que un poco en común con los cristianos que destruyeron la tolerancia pluralista del mundo antiguo. Al igual que los primeros cristianos, que se ven a sí mismos como actores de una historia de pecado y redención, los ultraliberales de hoy en día tienen mucho en común con los cristianos que destruyeron la tolerancia pluralista del mundo antiguo.”



Otro autor muy importante que señala que la Justicia Social es un movimiento religioso, el cuarto Gran Despertar, es Joseph Bottum, un escritor católico con un gran conocimiento histórico y teológico. Bottum aborda la cuestión en su libro An Anxious Age: The Post-Protestant Ethic and the Spirit of America pero puedes acercarte a la esencia de su planteamiento en esta entrevista en Sp!ke y en sus artículos The Spiritual Shape of Political Ideas y The Death of Protestant America. Lo que Bottum plantea es que es el colapso de la línea principal Protestante (Protestant mainline), es decir, la ideología de las principales denominaciones protestantes que guiaban la vida religiosa norteamericana (presbiterianos, metodistas, luteranos…) es lo que deja un vacío que es ocupado por la Justicia Social. Conviene recordar que Estados Unidos es una nación protestante aunque desde un principio aceptara emigrantes de otras religiones como judíos o católicos Este colapso ocurre hacia los años 70 del siglo pasado, y no está clara la razón pero la realidad es que el número de miembros de esta iglesias disminuye en unos porcentajes espectaculares. Lo que ocurre es que ese tronco religioso protestante deja de ser el marcapasos moral de la nación pero la moral, como sabemos, es esencial para el funcionamiento de una sociedad así que alguien tiene que cumplir ese rol de marcapasos moral. El resultado es que la vida política queda contaminada por la religión, como dice Bottum: "Uno de los grandes peligros es que las ideas religiosas están en la política…si crees que tus oponentes políticos ordinarios no están simplemente equivocados, sino que son el mal, has dejado de hacer política y empezado a hacer religión."


Voy a citar a un último autor que coincide con este análisis de que la Justicia Social es en esencia un movimiento religioso, Joshua Mitchell, en su libro American Awakening. Mitchell coincide en lo fundamental con Bottum, en que el colapso protestante deja libre unos “demonios” religiosos, es decir, conceptos religiosos como la transgresión y la inocencia, el pecado original y la culpa que son desviados a la vida política. El problema de estos “demonios” es que ya no existe el marco religioso que les daba sentido y los controlaba. Como dice Bottum, tenemos el mundo del pecado concebido por San Agustin pero sin Dios, es decir, sin la posibilidad de redención y de perdón, algo que también señalaba Holland. Mitchell señala cuatro diferencias entre la Justicia Social y el protestantismo del que procede:


1- Los protestantes identifican a Cristo como el único inocente. En la Justicia Social, grupos de meros mortales (los grupos oprimidos, las víctimas) son inocentes.


2- La segunda diferencia es consecuencia de la primera: no todos los descendientes de Adán están manchados por el pecado original, sólo los hombres blancos lo están.


3- No hay perdón en la Justicia Social. Las deudas que tienen los hombres blancos por la opresión y las transgresiones cometidas no se pueden reparar y el poder político procede precisamente de que estas deudas no se puedan limpiar: perdonar sería perder el poder político.


4- Los protestantes reconocen que el ser humano y el mundo son imperfectos pero esperan que Dios vuelva y lo repare. La Justicia Social busca que el mundo y la creación se reparen ahora, desmantelando todo el mundo construido por el hombre blanco heterosexual.  


Mitchell predice también que una vez realizada la purga del hombre blanco, otro chivo expiatorio tendrá que ocupar su lugar porque la inocencia se deduce por comparación o por contraposición al transgresor, por lo que se necesita siempre un transgresor. Aventura que el siguiente grupo a purgar serán las mujeres blancas y después los hombres negros. 



En definitiva, creo que el punto de que la Justicia Social Crítica se ha convertido en un movimiento religioso, de raíces protestantes, vemos que ha sido señalado de forma coincidente por muchos autores y que la argumentación es convincente. Así que la explicación última de los tiempos hipermorales que estamos viviendo es una combinación de dos cosas: nuestra mente moral humana y el colapso de la religión tradicional. Por un lado, hay una necesidad, un hambre espiritual y moral en la naturaleza de nuestra mente moral humana, producto de la evolución: necesitamos saber que somos buenos, nuestra identidad moral es muy importante para nosotros -igual que necesitamos que nos quieran y ser aceptados y pertenecer a un grupo- y también necesitamos señalar esa bondad a posibles parejas y amigos porque el carácter moral es lo que los demás más van a valorar en nosotros. Esta necesidad venía siendo canalizada previamente por la religión y en EEUU en concreto por la religión protestante y en un determinado momento deja de hacerlo (o lo hace en menor medida). Pero como la moral es uno de los pilares necesarios para el funcionamiento de una sociedad, si la Iglesia institucional deja de cumplir la función de marcapasos moral, alguien tiene que tomar ese rol. Y ese rol de marcapasos moral lo ha tomado la Justicia Social Crítica que es un cristianismo secular, un movimiento con los valores éticos y morales cristianos pero sin Dios. El teórico político Samuel Goldman llama a esto "la ley de la conservación de la religión: “En cualquier sociedad, hay una oferta relativamente constante y finita de convicciones religiosas. Lo que varía es cómo y dónde se expresa.”


Lo que sí tiene este movimiento es un demonio. Como decía Eric Hoffer en El Verdadero Creyente, los movimientos de masas pueden crecer y desarrollarse sin un dios pero no sin un demonio. El demonio aquí es el hombre blanco heterosexual, el Patriarcado, la Heteronormatividad, la Cis-sexualidad, etc. Por otro lado, un factor muy importante a tener en cuenta es que ha aparecido una tecnología en forma de redes sociales, principalmente, que es una máquina al servicio de la indignación moral (las redes sociales son un estímulo supernormal) porque sus creadores y dueños han descubierto que la moralidad es un negocio. Las redes sociales se aprovechan de nuestros instintos morales igual que la pornografía en Internet se aprovecha de nuestros instintos sexuales. Sin estas redes que nos conectan virtualmente con todo el mundo, la espiral de virtud en la que estamos no habría podido alcanzar las dimensiones a las que está llegando.


Si aceptamos que todo esto que hemos comentado es cierto, la conclusión es que Estados Unidos está en medio de un Nuevo Despertar Americano -el cuarto- un despertar sin Dios y sin perdón. Podemos hacer algunas predicciones sobre lo que puede ocurrir en el futuro. Por ejemplo, podemos suponer que esta ideología de origen fundamentalmente protestante podría tener una menor influencia en el mundo católico, aunque lógicamente hay raíces cristianas muy fuertes que son comunes. Lo que también podemos predecir es que esta religión no tendrá impacto en otras culturas como la musulmana o la china porque estas creencias son totalmente ajenas y extrañas para esas otras visiones del mundo. También nos da pistas este entendimiento de la Justicia Social como religión para buscar soluciones a la epidemia moral que vivimos en el mundo occidental actual. Lo que se nos hace evidente es que ya no existe una separación entre religión y política, como decía Bottum, y que esto puede tener consecuencias muy negativas para el funcionamiento democrático. Por lo tanto, una primera consecuencia de este análisis en la que coinciden todos los autores es clara: debemos separar de nuevo religión y política.


@pitiklinov