miércoles, 21 de noviembre de 2012

El Pilar Moral Libertad/Opresión de Haidt


Nos había quedado pendiente hablar del sexto pilar de la moralidad, el llamado Libertad/Opresión, que Jonathan Haidt ha añadido últimamente  a los cinco ya conocidos , para completar su teoría de los pilares de la moralidad. Uno de los cinco pilares ya tratados es el de la Autoridad/Sumisión que se basa en la creencia de Haidt, y de otros autores, de que somos animales equipados para vivir dentro de unas jerarquías de dominancia. Sin embargo, la evidencia arqueológica apoya el punto de vista de que nuestros ancestros vivieron durante cientos de miles de años  en bandas nómadas e igualitarias de cazadores recolectores. Tampoco hay que idealizar esta época porque es prácticamente seguro que no valdría igual la opinión de todos los individuos de la tribu , y que tampoco todos eran iguales. Existe evidencia de que los buenos cazadores , por ejemplo,  tienen en estas tribus un mayor número de hijos y de relaciones extramaritales. Sin embargo, la jerarquía se hizo más clara y se extendió tras la aparición de la agricultura y la ganadería que dieron lugar a la acumulación de propiedad privada y a grupos más grandes. También se acabó con la igualdad “política” predominante hasta ese momento. Apareció el jefe, el líder, la clase dominante...entonces , ante estos datos contradictorios...¿nuestras mentes están estructuradas “con anterioridad  a la experiencia” para la jerarquía o para la igualdad?

La respuesta según el antropólogo Christopher Boehm es que nuestras mentes están estructuradas para la jerarquía. Este antropólogo estudió culturas tribales al principio de su carrera y también a los chimpancés con Jane Goodall y reconoce las extraordinarias similitudes en las formas en que los humanos y los chimpancés muestran dominancia y sumisión. En su libro Hierarchy in the Forest, Boehm concluye que los seres humanos son jerárquicos innatamente , pero que en algún punto durante los últimos millones de años, ocurrió una “transición política” que les permitió vivir de una forma igualitaria  formando bandas en las que se castigaba o mataba al macho alfa que trataba de dominar el grupo.

Entre los chimpancés, a diferencia por ejemplo de lo que ocurre con los gorilas, el macho alfa no puede basarse solo en la fuerza para dominar el grupo sino que tiene que ser capaz de crear alianzas y de conseguir apoyos. Además, el cargo de líder implica una serie de obligaciones, como actuar de mediador en conflictos. Se han descrito casos en los que los machos alfa han sido depuestos de su trono, o incluso muertos, por alianzas de subordinados. Si nos imaginamos ahora los primeros homínidos, la situación sería probablemente parecida. Pero además, a partir de cierto momento, se inventaron y mejoraron armas como las flechas, o las lanzas, que permitían que cualquier miembro de la tribu, y evidentemente una coalición, matara a un líder abusivo. Pero además de las armas, tenemos la capacidad de comunicarse por medio del lenguaje, y es un hecho que todas las sociedades humanas utilizan el lenguaje para cotillear acerca de violaciones morales. De esta manera, podemos imaginar que los primeros humanos desarrollaron la capacidad de destronar o matar a cualquiera que amenazara o molestara al resto del grupo.

Boehm propone que en algún momento del último medio millón de años nuestros ancestros crearon las primeras comunidades verdaderamente morales. En estas comunidades la gente utilizaba el cotilleo para identificar conductas que no les gustaban, especialmente conductas agresivas de aspirantes a machos alfa. En las pocas ocasiones en las que el cotilleo no era suficiente para reconducir al matón, podían utilizar las armas para abatirlo. Boehm cita casos demostrados de comportamientos de este tipo entre los 
!Kung del desierto de Kalahari. Se ha observado a toda la comunidad dar caza a un hombre que había matado a otros tres, dispararle flechas envenenadas, e incluso, una vez muerto, ser alanceado por todos y cada uno de los miembros de la tribu como compartiendo simbólicamente la responsabilidad de su muerte. La gente, pertrechada con el cotilleo y las armas, creó lo que Boehm llama “jerarquías de dominancia inversa” en las que la banda controla y domina a los aspirantes a machos alfa. El resultado es un estado de igualdad política frágil que se consigue por medio de la cooperación, entre criaturas que están innatamente predispuestas a la jerarquía. Sería un buen ejemplo de cómo lo innato se refiere al primer borrador  de la mente y de cómo la edición final puede ser muy diferente del borrador. Según esta hipótesis de Boehm sería un error considerar que la naturaleza humana es la que observamos en los cazadores recolectores.

Los pueblos que dieron el salto al igualitarismo desarrollaron unas matrices morales. A partir de entonces vivieron en unas redes de normas, sanciones y castigos. Los que navegaban bien en este mundo y mantenían una buena reputación eran recompensados con confianza, cooperación , prestigio y apoyo por parte de los demás. Los que no respetaban las normas o que actuaban como matones fueron eliminados del pool genético, bien al ser expulsados, degradados o asesinados. El resultado final es un proceso que suele llamarse de “auto-domesticación”. Igual que un criador de perros puede seleccionar a los más dóciles, nuestros ancestros se seleccionaron a sí mismos ( involuntariamente, tampoco fue una selección consciente) según la capacidad de construir y formar parte de matrices morales y de vivir y cooperar dentro de ellas. 

Basándose en todo lo anterior, Haidt propone el pilar Libertad/Opresión que evolucionaría como respuesta al desafío adaptativo de vivir en pequeños grupos con individuos que intentarían - si se les daba la oportunidad- dominar, controlar,  o imponerse a los otros. Los desencadenantes originales incluirían signos de intentar dominar a los demás. Cualquier cosa que sugiriera agresividad, conductas de control de un macho alfa ( o hembra) podría disparar una ira que a veces se llama “reactancia” ( reactance), que consiste en  el sentimiento que tienes cuando una autoridad te dice que no puedes hacer algo que quieres hacer. Pero esta reacción no es individual, sino que los individuos oprimidos se unen con sus iguales para resistir, limitar o matar al opresor. Este pilar mantiene una tensión con el pilar Autoridad/Sumisión, en el sentido de que por una parte hay que reconocer a la autoridad legítima para que funcione una sociedad, pero, al mismo tiempo, hay que estar vigilando continuamente que esa autoridad no traspase el límite con la tiranía y el propio provecho. Este pilar es la matriz moral de los revolucionarios y de los luchadores por la libertad. El asesinato se ha considerado virtuoso por los revolucionarios, sencillamente parece la justo, pero sin embargo estos sentimientos no encajan del todo con el tit for tat, el altruismo recíproco de Trivers. Según Haidt, no se trata de justicia o equidad, sino de la dominancia inversa de Boehm.

Si los desencadenantes originales eran los tiranos y matones, los desencadenantes actuales serían cualquier cosa que impone restricciones ilegítimas a la libertad propia, incluyendo al gobierno. La acumulación y abuso del poder político o  la acumulación de riqueza dispara este pilar moral. Por otro lado, el odio a la opresión se encuentra a ambos lados del espectro político. La diferencia parece ser que para la izquierda, que es más universalista, este pilar se pone al servicio de los pobres, las víctimas y los oprimidos de todo el mundo. De ahí la petición por parte de la izquierda de mayores impuestos para los ricos, de mayores servicios para los pobres, y de garantizar unos ingresos mínimos para todo el mundo. Los conservadores son más parroquianos, en el sentido de que se preocupan más de sus grupos, y no de toda la humanidad. No quieren que el Gobierno les diga cómo tienen que llevar sus negocios, ni en sus asuntos privados con impuestos y con un estado “maternal”. Los conservadores americanos sacralizan la palabra libertad y no tanto la palabra igualdad.

Resumiendo, Haidt añade el pilar Libertad/Opresión a los cinco ya conocidos, que hace que la gente perciba y se enfrente a las señales de dominación o de intentos de dominación. Dispara una urgencia para unirse y resistir a los tiranos y matones. Este pilar soporta el igualitarismo y anti-autoritarismo de la izquierda, así como el “no abuses/no te metas en mis asuntos” de los libertarios y conservadores. 

Por cierto que, a mi modo de ver, la indignación que se percibe en nuestra sociedad a todos los niveles, desde la calle a Internet, indicaría que este pilar, o dimensión moral, se ha activado en esta situación de crisis que vivimos, y que el resentimiento y el cabreo de los ciudadanos con los políticos y banqueros encaja perfectamente con estos planteamientos de Haidt y de Boehm. Las consecuencias de esta activación son todavía una incógnita.

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