viernes, 16 de noviembre de 2012

El Caníbal de Rotemburgo y la Ética de la Divinidad


El quinto pilar de la moral en la terminología de Jonathan Haidt es el llamado Santidad/Degradación que se corresponde con la Ética de la Divinidad en la clasificación de Shweder. Haidt dice unas cosas muy interesantes sobre este pilar, o sobre este receptor moral innato, y lo ilustra con el llamado caso del caníbal de Rotemburgo. Es una historia que la mayoría conoceréis porque fue portada en toda la prensa durante semanas. Lo voy a describir brevemente pero advierto a las personas sensibles que es mejor que se salten el siguiente párrafo.

A principios de 2001, Armin Meiwes, un técnico en ordenadores alemán, puso el siguiente anuncio en la web: “ busco hombre bien formado de entre 21 y 30 años para ser sacrificado y comido”. Cientos de hombres respondieron y Meiwes entrevistó a unos cuantos en su granja. Bernd Brandes, de 43 años,  fue el primero que no se echó atrás cuando comprendió que Meiwes hablaba en serio. Es importante señalar que Meiwes  dejó ir a varios candidatos que no dieron su consentimiento y que tenían dudas acerca de dejarse comer. En la tarde del 9 de Marzo, los dos hombres grabaron un vídeo para probar que Brandes daba su consentimiento para todo lo que iba a pasar. Brandes tomó entonces un montón de pastillas de dormir, así como alcohol, y luego Meiwes le cortó el pene después de haber sido incapaz de arrancárselo de un mordisco como Brandes había pedido. Meiwes lo frió entonces en una sartén con algo de vino y ajo y Brandes comió un poco antes de irse a la bañera a desangrarse. Unas pocas horas después, Brandes no estaba todavía muerto, Meiwes lo besó, le apuñaló en el cuello y luego le colgó de un gancho de matadero para descuartizar el cuerpo y guardar la carne que fue consumiendo a lo largo de los siguientes diez meses. Al final, Meiwes fue detenido, arrestado  y juzgado y fue condenado por homicidio, no asesinato, dado el consentimiento de Brandes.
Armin Meiwes

Si nuestra matriz moral se limita la ética de la autonomía, probablemente nos sintamos confundidos moralmente por este caso. Lo encontraremos perturbador o inquietante y activará el pilar del Cuidado/Daño de Haidt. Pero no podremos condenarlo desde esa ética de la autonomía porque se trata de un acto voluntario, consentido y donde no hacen daño a nadie más. Cada uno tiene derecho  a acabar con su vida de la forma que más le plazca, mientras no deje además personas que dependan de él como era en este caso. Nuestras entrañas nos dicen que es una monstruosidad, que algo está mal aquí y sentimos una profunda repugnancia pero que algo nos produzca asco no quiere decir que esté mal. ¿Por qué, a pesar de todo, sentimos que está mal?

Imaginemos que Meiwes sale de prisión y vuelve a su casa y que vive en nuestra escalera. ¿nos molestaría su regreso? Si se marchara a vivir a otro sitio, ¿nos sentiríamos aliviados? ¿Y qué hay de la casa donde se cometió esta atrocidad? ¿Viviríamos en ella? Estos sentimientos de mancha, de contaminación, de purificación, son irracionales pero tienen mucho sentido si los contemplamos desde la Ética de la Divinidad de Shweder. Meiwes y Brandes se confabularon para tratar el cuerpo humano como una pieza de carne, al que añadieron además el toque macabro del sexo.Se comportaron monstruosamente, solo los gusanos y los demonios comen carne humana...pero ¿por qué nos preocupa lo que otras personas hacen con su vida?

La mayoría de  los animales nacen sabiendo lo que tienen que comer. Un koala viene equipado con unos sistemas de sensores “estructurados con anterioridad a la experiencia” que le guían a las hojas de eucalipto. Los humanos, por contra, somos omnívoros, como las cucarachas y las ratas. El ser omnívoro tiene ventajas e inconvenientes. Por un lado, aporta flexibilidad, podemos irnos a otro continente y estar seguros de que no nos moriremos de hambre y algo encontraremos que llevarnos a la boca. Pero tiene también el problema de que las comidas nuevas que probemos pueden contener tóxicos o provocar infecciones. Esto es lo que Paul Rozin llama el “Dilema del Omnívoro”: el omnívoro debe buscar y explorar nuevas potenciales comidas mientras a la vez tiene que preocuparse de que sean seguras. Es decir que se mueve entre la neofilia ( la atracción por las cosas nuevas) y la neofobia ( el miedo a lo nuevo). Dicho de paso, los liberales puntúan  alto en neofilia y los conservadores en neofobia. La emoción del Asco evolucionó para optimizar la respuesta al dilema del omnívoro. Los individuos con una regulación del asco que les permitiera ingerir más calorías mientras evitaban ingerir parásitos y tóxicos fueron los que dejaron más copias de sus genes. Pero no es solo la comida lo que suponía una amenaza. Cuando los homínidos bajaron de los árboles y empezaron a vivir en grandes grupos en el suelo, aumentó tanto el riesgo de infección por contagio a partir de los semejantes como a partir de su desechos. El psicólogo Mark Schaller ha demostrado que el asco forma parte del llamado “Sistema Conductual Inmune”, del que hablaremos en algún post futuro, que nos mantiene alejados de individuos potencialmente contagiosos, evitando que tenga que intervenir así el verdadero Sistema Inmune biológico.

El desafío evolucionista que llevó a la aparición del pilar de la Santidad/Degradación fue la necesidad de evitar los patógenos, parásitos y otras amenazas diseminadas a través del contacto y la proximidad.  Los desencadenantes originales de este módulo eran olores, imágenes y otros patones sensoriales que predecían la presencia de patógenos peligrosos en los objetos o en las personas ( excrementos, cadáveres, personas con lesiones o heridas...). Esto tiene una relación directa con la xenofobia ya que la gente de otros grupos es más probable que tenga conductas higiénicas diferentes ( o carezcan de ellas) así como que sean portadores de cepas bacterianas para las que no tenemos inmunidad- y solo hay que ver lo que les ocurrió  a los indígenas americanos tras el descubrimiento y conquista de América para entender de lo que estamos hablando. Las plagas, epidemias y nuevas enfermedades ( también las nuevas ideas, más peligrosas muchas veces que las bacterias...)son extendidas por foráneos, pero también nuevas tecnología o herramientas por lo que las sociedades se enfrentan a un dilema parecido al del omnívoro entre la xenofobia y la xenofilia. De aquí provienen tradiciones como las de los intocables en la India.Haidt cree que si no tuviéramos el sentido del asco no tendríamos tampoco un sentido de lo sagrado. ¿Por qué trata la gente con tanta facilidad algunos objetos ( banderas, cruces...), lugares ( la Meca, el campo de batalla donde nació su nación), gente ( santos, héroes), y principios ( libertad, fraternidad, igualdad), como si fueran objetos de infinito valor? Sea cual sea el origen, la psicología de lo sagrado ayuda a unir a los individuos en comunidades morales.
Bern Brandes

Volviendo a Meiwes y Brandes: no causaron ningún daño a nadie de forma directa o material pero sin embargo desacralizaron varios de los principios morales de la sociedad occidental, como que la vida es un valor supremo y que el cuerpo humano es más que una masa de carne ambulante. Exista o no exista Dos, la gente siente que algunas cosas, acciones y personas son nobles, puras y elevadas; y que otras son bajas, sucias y degradadas. Este pilar de la santidad es más utilizado por la derecha y por las religiones, pero también es utilizado por la izquierda. Lo podemos observar en las tiendas New Age donde venden determinados productos que van a limpiar nuestras “toxinas”. Y lo podemos ver también en todo el movimiento  de defensa del medio ambiente. Muchos ecologistas combaten el capitalismo, la industrialización y la contaminación de los coches no solo por la contaminación física que producen, sino por una polución mucho más simbólica: la degradación de la naturaleza, el ambiente original de la humanidad, que ha sido corrompido por el capitalismo industrial.

También es crucial este pilar de la Santidad para entender todos los debates y polémicas en torno a asuntos biomédicos. Si descartamos esta dimensión moral, es difícil entender asuntos como el aborto, tema en el que la única pregunta ética sería: ¿en qué momento siente dolor un feto? El suicidio asistido se convierte inmediatamente en algo bueno, la persona que sufre debería tener el derecho a acabar con su vida de forma no dolorosa. Lo mismo acerca de la investigación con células madre, ¿por qué no usar tejidos de embriones viviendo en animación suspendida en las clínicas de fertilidad? El filósofo Leon Kass, por ejemplo, lamenta la forma en que la tecnología borra todos los límites morales y nos lleva a la idea de que puedes hacer todo lo que quieras. En su libro “La Sabiduría de la Repugnancia” nos dice que los sentimientos de asco nos sirven de señal o advertencia de que estamos yendo demasiado lejos: “ la repugnancia nos avisa de que estamos transgrediendo lo que es inefablemente profundo. En esta época en que todo está permitido si se hace en libertad, en la que nuestra naturaleza humana no nos inspira respeto, en la que nuestros cuerpos son meros instrumentos de nuestra voluntad racional autónoma, el asco, la repugnancia, puede ser la única voz que nos queda para defender el núcleo de nuestra humanidad. Superficiales son las almas que han olvidado cómo estremecerse”.

Espero que a todos los lectores les haya resultado estimulante e interesante este post, independientemente de que estén o no de acuerdo con Haidt. En cuanto al caso del caníbal de Rotemburgo, ( y del canibalismo) aquí tenéis un análisis desde el punto de vista del Psicoanálisis por parte de Paco Traver. 

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