sábado, 29 de febrero de 2020

Creencias Socialmente Adaptativas


No puedes disuadir con razones a nadie de algo de lo que no fue convencido por razones.
-Jonathan Swift
“Creencia socialmente adaptativa: la formación de creencias es sensible a las recompensas y castigos sociales”
-Daniel Williams

En esta entrada voy a volver sobre un tema que ya he tratado en el blog - por ejemplo en la entrada Creencias Funcionales y Creencias Sociales, o las Creencias Falsas como dispositivos de compromiso con el grupo- porque es un concepto que nos puede ayudar a entender mejor el mundo que nos rodea y, curiosamente, ha recibido escasa atención por parte de la psicología y la filosofía hasta hace poco. En este caso es un filósofo, Daniel Williams, el que aborda el fenómeno de que la formación de nuestras creencias es sensible a castigos y recompensas sociales y, aún a riesgo de que va a repetir ideas muy parecidas a las de otras entradas, creo que analiza el fenómeno desde distintos ángulos o perspectivas y esto nos puede ayudar a comprenderlo mejor.

Williams analiza lo que él llama Creencias Socialmente Adaptativas (CSA) y la hipótesis que defiende es que la formación de creencias en los humanos es sensible a las recompensas y castigos sociales, de forma que las creencias se forman a menudo sobre la base de las expectativas inconscientes de sus probables efectos sobre los demás, agentes que frecuentemente nos recompensan cuando tenemos creencias sin fundamento y nos castigan cuando tenemos creencias razonables. Somos una especie donde existe un escrutinio social importante de las creencias y, por tanto, formar creencias de una manera que sea sensible a los probables efectos de esas creencias sobre otros agentes conduce a un éxito práctico en la vida. Vamos a ver con algo más de detenimiento su planteamiento.

Muchos animales navegan el entorno usando representaciones internas. La utilidad de estas representaciones depende de su exactitud. Por ejemplo, las ratas tienen que tener representaciones internas que reflejen bien el mundo en el que se mueven para encontrar comida o su nido. Por lo tanto, es adaptativo que esos mapas cognitivos representen de forma fiable el espacio a su alrededor. En el caso de chimpancés que viven unas vidas sociales más complejas también es importante tener una buena representación del lugar que ocupa uno, por ejemplo, en la jerarquía social de dominancia. En el caso de los humanos, cuando realizamos actividades que tienen que ver con el mundo físico real, también es importante manejar información fiable y creencias que reflejan o se corresponden con el mundo real. Por ejemplo, si vamos a ir de vacaciones, necesitamos información fiable de destinos, lugares, precios, climas, tiempos de viaje, etc. Nuestras representaciones internas y creencias son como mapas por los que nos guiamos y es fácil entender que necesitamos que reflejen con seguridad el mundo exterior. Esto ha llevado a muchos filósofos a concluir que la principal función de la cognición es formar creencias verdaderas acerca del mundo. Como vamos a ver, esto es lo que un número creciente de autores está poniendo en cuestión. La pregunta es por qué tenemos los humanos con tanta frecuencia creencias irracionales y por qué la evolución ha dado lugar a un organismo que es sistemáticamente irracional.

Lo que hasta ahora no se había tenido en cuenta es que en nuestra especie nuestras creencias son objeto de un intenso escrutinio. Otros agentes tienen acceso a lo que creemos y frecuentemente nos recompensan por creencias sin fundamento real y nos castigan cuando tenemos creencias razonables. Esto crea poderosos incentivos para que individuos que por lo demás son razonables formen creencias de manera que sean sensibles a esas recompensas y castigos. Muchas veces capitulamos ante estos incentivos sociales pero hay que tener en cuenta que el alejamiento de la racionalidad no se debe a una irracionalidad lógica sino a una búsqueda muy bien calibrada de nuestro propio interés. Esto es importante porque, como veremos, para combatir las creencias irracionales no nos va a servir de mucho dar razones…los tiros no van por ahí, lo esencial es tener en cuenta la función social que tienen esas creencias irracionales.

Simplificando mucho, habría dos mecanismos por los que podemos llegar a creencias irracionales. Uno de ellos es por limitaciones de tiempo, de recursos, de poder computacional, en definitiva. Llegar a una creencia correcta sobre el mundo requiere esfuerzo, tiempo y dedicación y muchas veces hay que decidir antes de poder estudiar con todo detenimiento un problema. Aplicamos un heurístico o una regla general que funciona bien la mayoría de las veces y seguimos adelante.

La segunda fuente de creencias irracionales sería por influencias motivacionales, las cuales surgen cuando los individuos eligen y procesan información para llegar a conclusiones a las que quieren llegar por razones independientes de la verdad. A estas influencias motivacionales se les ha llamado “cognición motivada” en psicología o “utilidad basada en la creencia” en ciencia sociales. ¿Por qué iban los individuos a asignar valor a las creencias por razones independientes de la verdad? La respuesta más simple es que las creencias generan efectos que Williams llama “no-epistémicos”. Efectos epistémicos son aquellos que se refieren al contenido informativo o de conocimiento de las creencias y que nos informan del estado del mundo. Pero las creencias tienen efectos más allá de simplemente informar nuestras deliberaciones. Por ejemplo, tienen un importante impacto emocional, nos hacen felices, orgullosos, avergonzados o deprimidos. Y también influyen en que seamos aceptados o no por el grupo. Así que la cognición motivada es aquella que ocurre cuando los individuos están motivados para llegar a ciertas creencias por razones independientes de su verdad o falsedad. Las creencias adaptativas socialmente serían un tipo de razonamiento motivado, en este caso por razones del efecto de las creencias sobre nuestra integración y éxito en el grupo.

Según Williams, habría tres características de la vida social humana que socavan la conexión entre creencias verdaderas y éxito práctico. La primera es que los demás tienen acceso a nuestras creencias. Aunque de una manera imperfecta, somos capaces de leer la mente de los demás a partir de lo que dicen, de su lenguaje corporal y de cómo se comportan. Esta capacidad no es infalible pero existe.  En segundo lugar, a los demás les importa lo que creamos y responden de diferente manera según lo que creamos y esto tiene efectos dramáticos sobre nuestro bienestar. Nuestro éxito en la vida depende de la impresión que hagamos en los demás y las creencias que tengamos son muy relevantes para esta impresión. Finalmente, no ocurre solamente que nuestras creencias tengan efectos determinantes sobre nuestro éxito social sino que el tipo de creencias que tienen efectos positivos sociales son muy diferentes del tipo de creencias que tendríamos si no existieran esos efectos sociales de las creencias. Más en concreto, creencias sin fundamento pueden dar lugar a respuestas deseables por parte de los demás y creencias razonables pueden dar lugar a efectos no deseables. El ejemplo más obvio es el fenómeno por el que individuos son condenados al ostracismo o incluso asesinados  por no creer los mitos religiosos o políticos de las comunidades que les rodean.

Formar creencias que son sensibles a las recompensas y castigos sociales conducen al éxito en la vida, los que lo hagan van a tener más éxito que los que no lo hagan. Pero también es una cuestión de costes y beneficios y esto depende del contexto social concreto en el que nos encontremos. Los beneficios de tener creencias adaptativas socialmente aumentan en proporción al escrutinio social de las creencias, es decir, sólo en ambientes en los que a los demás les importan mucho nuestras creencias es muy importante tenerlas. También, cuanto más se recompense socialmente las creencias irracionales, más beneficio tendrá sostenerlas. En este sentido, mi percepción es que vivimos en un ambiente asfixiante en el que cada vez hay un mayor escrutinio social de las creencias, pero igual estoy equivocado.

Antes de seguir habría que aclarar un par de objeciones. En primer lugar, podríamos pensar que sería más práctico sencillamente engañar a los demás: hacer como que tenemos unas creencias pero no tenerlas realmente…fingir que las tenemos. Esta sería la jugada perfecta porque tenemos las ventajas sociales pero a la vez tenemos las ventajas de seguir dentro de la realidad y saber cómo son las cosas realmente. Esto es evidente que ocurre y la gente miente y engaña acerca de sus creencias, pero hacerlo tiene un coste y en determinados ambientes el coste puede ser letal si te descubren. Así que Williams sostiene que hay casos en los que tener creencias genuinamente irracionales compensa y que pueden existir mecanismo psicológicos para formarlas. También hay que decir  claramente que el artículo deja en el aire cuáles serían los mecanismos por los que se forman esas creencias socialmente adaptativas lo que me parece un punto débil del artículo aunque es algo que puede ser estudiado en el futuro.

La segunda objeción es que estamos hablando todo el rato de formar creencias (yo estoy usando esa expresión siguiendo a Williams) y esto puede dar la impresión de que Williams sugiere que podemos elegir nuestras creencias a voluntad. Por supuesto, hay que aclarar que no es eso los que Williams piensa sino que es una forma de hablar (aquí hablamos de que no elegimos nuestras creencias). El individuo no razona: “si creo P voy a tener grandes ventajas sociales y voy a triunfar, por lo tanto voy a creer P”. Williams plantea que las CSA son un tipo de cognición motivada y la cognición motivada es algo de lo que no somos conscientes, es decir, el origen de las CSA sería inconsciente.

Bien, para acabar voy poner un ejemplo de creencia socialmente adaptativa. Williams pone tres: las confabulaciones, las ilusiones positivas (de Shelley Taylor, de las que hemos hablado) y la Cognición Protectora de la Identidad (CPI), a la que me voy a referir.  La Cognición protectora de la identidad es la tendencia de los individuos a elegir y procesar información de maneras destinadas a proteger su estatus  como miembros de un grupo o subcultura deseable. La CPI aparece cuando ciertas creencias se asocian fuertemente con coaliciones a las que los individuos quieren pertenecer (ver Instintos Coalicionales). En muchas coaliciones religiosas o políticas tener ciertas creencias es parte de los criterios de pertenencia y la disensión lleva a la exclusión, el ostracismo o la muerte. Cuando estas creencias no coinciden con los datos y la evidencia, el individuo tiene el fuerte incentivo de procesar la información de manera que no le lleve a la verdad sino a las creencias más convenientes para su admisión e inclusión en el grupo. 

Esto quiere decir que las creencias se convierten en señales de pertenencia social y aquí Williams se solapa con una abundante literatura que contempla a las creencias como señales. Dados los altos niveles de escrutinio social, hay que creer lo que señala al grupo nuestra pertenencia, es decir, los alicientes son mayores para tener creencias que nos integren en el grupo que tener creencias que se correspondan con la evidencia científica.

Bueno, hasta aquí un pequeño resumen de lo que serían las creencias socialmente adaptativas. Quedan muchos puntos oscuros y el propio Williams acepta que no cree que haya demostrado suficientemente su existencia sino que su objetivo es argumentar que es un concepto plausible y que se necesita más investigación. Como he comentado, no sabemos nada de los mecanismos psicológicos que las originan y también podrían existir explicaciones alternativas de las mismas, así que quedamos pendientes de nuevos hallazgos. 

Pero si Williams y otros tienen razón, una moraleja clara de este planteamiento es que, como dice Swift, combatir con razones algo que no tiene su origen en las razones (sino en las motivaciones sociales y coalicionales del individuo) es absolutamente estéril y a donde tenemos que mirar es al mundo social y a la dinámica de grupos en la que el individuo se encuentra inmerso. Como es fácil sospechar, intervenciones que puedan conseguir cambios a ese nivel es evidente que van a ser muy difíciles de implementar.

En cualquier caso, ahora te sugiero que te pongas las gafas que incorporan el concepto de creencia socialmente adaptativa y mires a tu alrededor…tú me dirás si entiendes mejor todo lo que ocurre :)


Referencia:





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@pitiklinov

sábado, 15 de febrero de 2020

El Suicidio de los Hombres

En esta entrada voy a tratar el suicidio masculino. Como es sabido, la tasa de suicidio en los hombres es mayor que en las mujeres en casi todo el mundo aunque hay diferencias según los países. En Australia, por ejemplo, los hombres se suicidan 3 veces más que las mujeres, en USA 3,5 veces y en Rusia o Argentina más de 4 veces más. Estas diferencias se vienen manteniendo a lo largo del tiempo.

Este hecho plantea una paradoja por la siguiente razón: las enfermedades mentales en general pero sobre todo la depresión, las ideas de suicidio, los intentos de suicidio y las autolesiones son más frecuentes en las mujeres. Pongo algunos datos del Adult Psychiatry Morbidity Survey británico de 2014. Pensamientos suicidas alguna vez en la vida:


Intentos de suicidio alguna vez en la vida:


Autolesiones alguna vez en la vida:




Sin embargo, el suicidio consumado es más frecuente en los hombres. Es más, según datos de Inglaterra y Gales que no voy a poner para no complicar el texto, el suicidio ha disminuido y los intentos de suicidio se han mantenido más o menos constantes en las mujeres a pesar de que en los últimos años han aumentado las ideas de suicidio y las autolesiones. La solución a esta paradoja de género en el suicidio tal vez esté en dos cosas: en que no hay una relación directa entre ideas e intentos de suicidio y suicidio consumado; y en segundo lugar, en que en el suicidio influyen otros factores distintos a la enfermedad mental, como pueden ser factores exógenos o circunstancias de la vida que hacen que la vida de las personas se convierta en un infierno para el que se juzga que solo la muerte puede ser la salida.

Centrándonos en el suicidio de los hombres, ¿cuáles son las causas del suicidio masculino? Pues lo curioso es que no sabemos mucho sobre las causas o los factores de riesgo del suicidio de los hombres. Hay una explicación que se suele dar inmediatamente cuando se habla de este tema: “es que los hombres son muy malos buscando ayuda, los hombres no van al médico o al psiquiatra, a los hombres no les gusta, o les cuesta, hablar de sus problemas, los hombres actúan sus problemas (les da por beber, jugar, etc.), y otras afirmaciones en esta línea”. Hay algo de verdad en esta afirmación y sabemos, por ejemplo, que los hombres consultan menos con los servicios de salud, pero presentar esto como una explicación del suicidio masculino es demasiado simplista.

Este argumento no parece muy bueno cuando acabamos de ver cómo las mujeres se autolesionan más y realizan más intentos de suicidio. Esto parece indicar que también tienen problemas para buscar ayuda y que también actúan movidas por sus problemas. ¿Por qué no se suele decir entonces que las mujeres son malas buscando ayuda? Por otro lado, este argumento, además de incorrecto, es perjudicial porque lo que hace es culpabilizar a la víctimas, culpabilizar a los hombres que se suicidan. Y lo hace porque pone la culpa dentro de esos hombres y no fuera, en las circunstancias que les han podido mover a tomar esa decisión. Esto no se suele hacer cuando se habla del suicidio de las mujeres.

¿Cuáles son entonces las razones del suicidio de los hombres? Pues sabemos que la salud mental es un factor pero también que no es el único y que algunos factores exógenos están implicados: el bajo nivel socioeconómico y problemas financieros, los problemas de pareja, el divorcio y circunstancias asociadas como acabar separados de sus hijos, la dureza de muchos de los trabajos no cualificados que ellos realizan (trabajos manuales realizados a la intemperie), el uso de alcohol y drogas, las enfermedades, el sinhogarismo, el aislamiento social, así como una combinación de todos ellos.

Si observamos los datos del NVDRS estadounidense de 2016 sobre las circunstancias que preceden a los suicidios podemos observar algunas cosas. Una de ellas es que el porcentaje de mujeres que tienen un trastorno mental diagnosticado es mayor que el de los hombres (el 64,3% en mujeres frente al 44,3% de los hombres). Dicho de otra manera, la mayoría de los hombres que se suicidaron no tenían un trastorno mental conocido mientras que la mayoría de las mujeres sí. Esto apoya, en principio, la importancia de los factores exógenos en el suicidio de los hombres. Y también observamos con respecto a la influencia de los problemas de pareja -y teniendo en cuenta que éstos probablemente sean mutuos- que 5.253 hombres se suicidan frente a 1.391 mujeres.

En cuanto al divorcio, son muchos los estudios que han encontrado que el divorcio es un factor asociado al suicidio de los hombres en mayor medida que al de las mujeres. Gunnell (2003) encuentra:

“Los factores más consistentemente asociados con el aumento de suicidio en jóvenes varones son aumentos en divorcio, disminución de matrimonios y aumentos en la desigualdad de ingresos. Estos cambios tuvieron poco efecto en el suicidio de mujeres jóvenes”.

Walsh (2009) en un estudio de hombres y mujeres en Kentucky encuentra:

“En 2005 los problemas íntimos de pareja se documentaron como un factor contribuyente en 128 (29%) de los casos de suicidio en los que las circunstancias fueron conocidas. En 54 (42%) de los 128 casos, el juez de instrucción observó que la pareja de la persona fallecida estaba en proceso de abandonarla, rompiendo, se había ido recientemente, se había separado recientemente, había pedido el divorcio, estaba esperando el divorcio o había finalizado el divorcio recientemente. De estos 54 casos relacionados con problemas de pareja íntima, la mayoría de las víctimas (87%) eran hombres y eran significativamente diferentes de las mujeres”.


Kposowa (2000) encuentra:

“Fue el doble de probable que las personas separadas y divorciadas cometieran suicidio que las casadas. Ser soltero o viudo no tuvo efecto significativo en el riesgo de suicidio. Cuando los datos se estratificaron por sexo, se observó que el riesgo de suicidio de los hombres divorciados fue más de dos veces mayor que el de los hombres casados. Entre las mujeres, sin embargo, no hubo diferencias estadísticamente significativas en el riesgo de suicidio por estado marital. 
Conclusiones: el estado marital, especialmente el divorcio, tuvo un fuerte efecto en la mortalidad por suicidio, pero sólo entre los hombres.”

La misma Kposowa en 2003 concluye:

“Fue más de ocho veces más probable que los hombres divorciados se suicidaran que las mujeres divorciadas. Tras tomar en cuenta otros factores que se ha informado que contribuyen al suicidio, los hombres divorciados todavía experimentaban un riesgo de suicidio mucho más alto que las mujeres divorciadas. Fue 9,7 veces más probable que se suicidaran que mujeres divorciadas comparables. Dicho de otra forma, por cada mujer divorciada que se suicidaba más de nueve hombres divorciados se suicidaron.”

¿Cuál puede ser la razón de este diferente efecto del divorcio en hombres y mujeres? Los expertos suelen señalar que los hombres son más dependientes emocionalmente de sus parejas, que tienen menos red social y se quedan más aislados en caso de divorcio. También, el divorcio supone en muchos casos la separación de los hijos lo que resulta muy duro para muchos hombres. Es destacable que este punto -si los hombres que se han suicidado se habían visto separados de sus hijos- no suele ser examinado en los estudios de factores de riesgo.

Con respecto a las circunstancias socioeconómicas, el informe Men, Suicide and Society (2012), de la asociación británica Samaritans dedicada a la prevención del suicidio dice:

“Existen desigualdades sistemáticas socioeconómicas en el riesgo de suicidio. La posición socio-económica puede ser definida de muchas maneras, por trabajo, clase, educación, ingresos, o vivienda. Sea cual sea el indicador que se use, las personas en la posición más baja están en mayor riesgo de suicidio. A medida que se baja en la escalera social, el riesgo de suicidio aumenta, incluso después de tener en cuenta problemas subyacentes de salud mental.”

El suicidio de los hombres está fuertemente asociado con factores socioeconómicos por diversos factores como por ejemplo la dureza de algunos trabajos de clase baja en duras circunstancias y sin posibilidades de mejora o promoción en el futuro. Otro factor son las expectativas sociales de que el hombre es el principal proveedor de la familia lo cual puede hacer que las presiones financieras sean mayores sobre los hombres que sobre las mujeres. En esta encuesta, por ejemplo, el 80% de las mujeres dijeron que no saldrían con un desempleado. En esta otra encuesta en USA del Pew Research Center, el 71% de la gente (tanto hombres como mujeres) considera que el hombre debe ser el que soporte financieramente a la familia para ser un buen marido, mientras que sólo el 32% piensa lo mismo de las mujeres. Vemos, por tanto, que estos “estereotipos” o “presiones” no son cosas de la imaginación de los hombres sino que siguen estando en la sociedad.


Un estudio reciente encuentra que vivir en zonas desfavorecidas se asocia a depresión en hombres pero no en mujeres. Y otros estudios  encuentran que los hombres son más sensibles a factores estresantes en el ambiente que tienen que ver con las finanzas y el trabajo, mientras que las mujeres son más sensibles a factores que tienen que ver con las redes sociales en las que están incluidas.

Pero no vamos a analizar todos los posibles factores de riesgo porque quería hablar de otro factor que es también importante. Estamos hablando de los factores de riesgo del suicidio en hombres, de si los hombres buscan ayuda o no la buscan pero…¿qué pasa cuando los hombres buscan ayuda? ¿qué piensan los profesionales que tienen que ayudar a los hombres en riesgo de suicidio sobre estos hombres? Y en este sentido quería hablar un poco de la Guía para la práctica psicológica con chicos y hombres que ha sacado recientemente la APA (American Psychological Association). Uno se pone a leer y se encuentra con un lenguaje e ideología feminista con términos como poder y privilegio masculino (“chicos y hombres, como grupo, tienden a tener privilegio y poder basado en el género”, dice en la Introducción), hegemonía, interseccionalidad, etc. Y en particular con el concepto de masculinidad tradicional que parece ser la causa de muchos de los males que afectan tanto a los hombres como a las mujeres.

Imaginemos el caso de un hombre divorciado, con problemas económicos, que se ha ido a vivir a una habitación o a casa de sus padres, que no puede ver a sus hijos más que determinados días y que presenta ideas de suicidio, porque siente que su vida es un infierno, y entonces decide ir a buscar ayuda al psicólogo/psiquiatra. Lo más probable es que se va a encontrar con una psicóloga o psiquiatra mujer (las mujeres son ya mayoría en estas profesiones) la cual, si sigue las guías de la APA, le va a hablar de su privilegio masculino, de su hegemonía y masculinidad tradicional…la verdad es que dudo mucho que ese enfoque pueda ser de gran ayuda. Hay que decir que en España este posicionamiento teórico no está tan extendido pero como se suele decir: “cuando las barbas de tu vecino veas cortar…”


Conclusiones

Muchos profesionales que atienden a hombres observan que la idea de que los hombres “no hablan” es un mito. Los hombres sí hablan cuando la persona con la que están hablando sabe cómo escuchar.

El suicidio es la solución a la que acuden los hombres cuando no pueden enfrentarse y solucionar sus problemas. Tal vez como sociedad estamos fallando colectivamente en abordar esos problemas. Tal vez deberíamos preguntarnos ¿Por qué somos tan malos ayudando a los hombres?

Pero hay muchos estereotipos funcionando en esta sociedad como que las mujeres tienen problemas mientras que los hombres son problemas o son el problema. Creemos que los hombres son privilegiados, fuertes, autónomos, autosuficientes, protectores, los que ayudan, seres que tienen agencia y controlan sus vidas. Y por ello no pueden ser víctimas y tener necesidades. No podemos admitir que los hombres son dañados por procesos sociales (en los que también las mujeres juegan un papel). Creemos que son tan fuertes que sólo pueden ser dañados por ellos mismos pero no por las acciones de los demás. Redirigimos la culpa hacia ellos mismos y así la sociedad es absuelta de la necesidad de ayudarles. 

Hasta que no reconozcamos que los hombres también tienen desventajas y sufren en esta sociedad no viviremos en una sociedad igualitaria. Si queremos empezar a solucionar el problema del suicidio de los hombres, vamos a necesitar una política preventiva con una perspectiva de género sí…pero de género masculino.

@pitiklinov