sábado, 15 de febrero de 2020

El Suicidio de los Hombres

En esta entrada voy a tratar el suicidio masculino. Como es sabido, la tasa de suicidio en los hombres es mayor que en las mujeres en casi todo el mundo aunque hay diferencias según los países. En Australia, por ejemplo, los hombres se suicidan 3 veces más que las mujeres, en USA 3,5 veces y en Rusia o Argentina más de 4 veces más. Estas diferencias se vienen manteniendo a lo largo del tiempo.

Este hecho plantea una paradoja por la siguiente razón: las enfermedades mentales en general pero sobre todo la depresión, las ideas de suicidio, los intentos de suicidio y las autolesiones son más frecuentes en las mujeres. Pongo algunos datos del Adult Psychiatry Morbidity Survey británico de 2014. Pensamientos suicidas alguna vez en la vida:


Intentos de suicidio alguna vez en la vida:


Autolesiones alguna vez en la vida:




Sin embargo, el suicidio consumado es más frecuente en los hombres. Es más, según datos de Inglaterra y Gales que no voy a poner para no complicar el texto, el suicidio ha disminuido y los intentos de suicidio se han mantenido más o menos constantes en las mujeres a pesar de que en los últimos años han aumentado las ideas de suicidio y las autolesiones. La solución a esta paradoja de género en el suicidio tal vez esté en dos cosas: en que no hay una relación directa entre ideas e intentos de suicidio y suicidio consumado; y en segundo lugar, en que en el suicidio influyen otros factores distintos a la enfermedad mental, como pueden ser factores exógenos o circunstancias de la vida que hacen que la vida de las personas se convierta en un infierno para el que se juzga que solo la muerte puede ser la salida.

Centrándonos en el suicidio de los hombres, ¿cuáles son las causas del suicidio masculino? Pues lo curioso es que no sabemos mucho sobre las causas o los factores de riesgo del suicidio de los hombres. Hay una explicación que se suele dar inmediatamente cuando se habla de este tema: “es que los hombres son muy malos buscando ayuda, los hombres no van al médico o al psiquiatra, a los hombres no les gusta, o les cuesta, hablar de sus problemas, los hombres actúan sus problemas (les da por beber, jugar, etc.), y otras afirmaciones en esta línea”. Hay algo de verdad en esta afirmación y sabemos, por ejemplo, que los hombres consultan menos con los servicios de salud, pero presentar esto como una explicación del suicidio masculino es demasiado simplista.

Este argumento no parece muy bueno cuando acabamos de ver cómo las mujeres se autolesionan más y realizan más intentos de suicidio. Esto parece indicar que también tienen problemas para buscar ayuda y que también actúan movidas por sus problemas. ¿Por qué no se suele decir entonces que las mujeres son malas buscando ayuda? Por otro lado, este argumento, además de incorrecto, es perjudicial porque lo que hace es culpabilizar a la víctimas, culpabilizar a los hombres que se suicidan. Y lo hace porque pone la culpa dentro de esos hombres y no fuera, en las circunstancias que les han podido mover a tomar esa decisión. Esto no se suele hacer cuando se habla del suicidio de las mujeres.

¿Cuáles son entonces las razones del suicidio de los hombres? Pues sabemos que la salud mental es un factor pero también que no es el único y que algunos factores exógenos están implicados: el bajo nivel socioeconómico y problemas financieros, los problemas de pareja, el divorcio y circunstancias asociadas como acabar separados de sus hijos, la dureza de muchos de los trabajos no cualificados que ellos realizan (trabajos manuales realizados a la intemperie), el uso de alcohol y drogas, las enfermedades, el sinhogarismo, el aislamiento social, así como una combinación de todos ellos.

Si observamos los datos del NVDRS estadounidense de 2016 sobre las circunstancias que preceden a los suicidios podemos observar algunas cosas. Una de ellas es que el porcentaje de mujeres que tienen un trastorno mental diagnosticado es mayor que el de los hombres (el 64,3% en mujeres frente al 44,3% de los hombres). Dicho de otra manera, la mayoría de los hombres que se suicidaron no tenían un trastorno mental conocido mientras que la mayoría de las mujeres sí. Esto apoya, en principio, la importancia de los factores exógenos en el suicidio de los hombres. Y también observamos con respecto a la influencia de los problemas de pareja -y teniendo en cuenta que éstos probablemente sean mutuos- que 5.253 hombres se suicidan frente a 1.391 mujeres.

En cuanto al divorcio, son muchos los estudios que han encontrado que el divorcio es un factor asociado al suicidio de los hombres en mayor medida que al de las mujeres. Gunnell (2003) encuentra:

“Los factores más consistentemente asociados con el aumento de suicidio en jóvenes varones son aumentos en divorcio, disminución de matrimonios y aumentos en la desigualdad de ingresos. Estos cambios tuvieron poco efecto en el suicidio de mujeres jóvenes”.

Walsh (2009) en un estudio de hombres y mujeres en Kentucky encuentra:

“En 2005 los problemas íntimos de pareja se documentaron como un factor contribuyente en 128 (29%) de los casos de suicidio en los que las circunstancias fueron conocidas. En 54 (42%) de los 128 casos, el juez de instrucción observó que la pareja de la persona fallecida estaba en proceso de abandonarla, rompiendo, se había ido recientemente, se había separado recientemente, había pedido el divorcio, estaba esperando el divorcio o había finalizado el divorcio recientemente. De estos 54 casos relacionados con problemas de pareja íntima, la mayoría de las víctimas (87%) eran hombres y eran significativamente diferentes de las mujeres”.


Kposowa (2000) encuentra:

“Fue el doble de probable que las personas separadas y divorciadas cometieran suicidio que las casadas. Ser soltero o viudo no tuvo efecto significativo en el riesgo de suicidio. Cuando los datos se estratificaron por sexo, se observó que el riesgo de suicidio de los hombres divorciados fue más de dos veces mayor que el de los hombres casados. Entre las mujeres, sin embargo, no hubo diferencias estadísticamente significativas en el riesgo de suicidio por estado marital. 
Conclusiones: el estado marital, especialmente el divorcio, tuvo un fuerte efecto en la mortalidad por suicidio, pero sólo entre los hombres.”

La misma Kposowa en 2003 concluye:

“Fue más de ocho veces más probable que los hombres divorciados se suicidaran que las mujeres divorciadas. Tras tomar en cuenta otros factores que se ha informado que contribuyen al suicidio, los hombres divorciados todavía experimentaban un riesgo de suicidio mucho más alto que las mujeres divorciadas. Fue 9,7 veces más probable que se suicidaran que mujeres divorciadas comparables. Dicho de otra forma, por cada mujer divorciada que se suicidaba más de nueve hombres divorciados se suicidaron.”

¿Cuál puede ser la razón de este diferente efecto del divorcio en hombres y mujeres? Los expertos suelen señalar que los hombres son más dependientes emocionalmente de sus parejas, que tienen menos red social y se quedan más aislados en caso de divorcio. También, el divorcio supone en muchos casos la separación de los hijos lo que resulta muy duro para muchos hombres. Es destacable que este punto -si los hombres que se han suicidado se habían visto separados de sus hijos- no suele ser examinado en los estudios de factores de riesgo.

Con respecto a las circunstancias socioeconómicas, el informe Men, Suicide and Society (2012), de la asociación británica Samaritans dedicada a la prevención del suicidio dice:

“Existen desigualdades sistemáticas socioeconómicas en el riesgo de suicidio. La posición socio-económica puede ser definida de muchas maneras, por trabajo, clase, educación, ingresos, o vivienda. Sea cual sea el indicador que se use, las personas en la posición más baja están en mayor riesgo de suicidio. A medida que se baja en la escalera social, el riesgo de suicidio aumenta, incluso después de tener en cuenta problemas subyacentes de salud mental.”

El suicidio de los hombres está fuertemente asociado con factores socioeconómicos por diversos factores como por ejemplo la dureza de algunos trabajos de clase baja en duras circunstancias y sin posibilidades de mejora o promoción en el futuro. Otro factor son las expectativas sociales de que el hombre es el principal proveedor de la familia lo cual puede hacer que las presiones financieras sean mayores sobre los hombres que sobre las mujeres. En esta encuesta, por ejemplo, el 80% de las mujeres dijeron que no saldrían con un desempleado. En esta otra encuesta en USA del Pew Research Center, el 71% de la gente (tanto hombres como mujeres) considera que el hombre debe ser el que soporte financieramente a la familia para ser un buen marido, mientras que sólo el 32% piensa lo mismo de las mujeres. Vemos, por tanto, que estos “estereotipos” o “presiones” no son cosas de la imaginación de los hombres sino que siguen estando en la sociedad.


Un estudio reciente encuentra que vivir en zonas desfavorecidas se asocia a depresión en hombres pero no en mujeres. Y otros estudios  encuentran que los hombres son más sensibles a factores estresantes en el ambiente que tienen que ver con las finanzas y el trabajo, mientras que las mujeres son más sensibles a factores que tienen que ver con las redes sociales en las que están incluidas.

Pero no vamos a analizar todos los posibles factores de riesgo porque quería hablar de otro factor que es también importante. Estamos hablando de los factores de riesgo del suicidio en hombres, de si los hombres buscan ayuda o no la buscan pero…¿qué pasa cuando los hombres buscan ayuda? ¿qué piensan los profesionales que tienen que ayudar a los hombres en riesgo de suicidio sobre estos hombres? Y en este sentido quería hablar un poco de la Guía para la práctica psicológica con chicos y hombres que ha sacado recientemente la APA (American Psychological Association). Uno se pone a leer y se encuentra con un lenguaje e ideología feminista con términos como poder y privilegio masculino (“chicos y hombres, como grupo, tienden a tener privilegio y poder basado en el género”, dice en la Introducción), hegemonía, interseccionalidad, etc. Y en particular con el concepto de masculinidad tradicional que parece ser la causa de muchos de los males que afectan tanto a los hombres como a las mujeres.

Imaginemos el caso de un hombre divorciado, con problemas económicos, que se ha ido a vivir a una habitación o a casa de sus padres, que no puede ver a sus hijos más que determinados días y que presenta ideas de suicidio, porque siente que su vida es un infierno, y entonces decide ir a buscar ayuda al psicólogo/psiquiatra. Lo más probable es que se va a encontrar con una psicóloga o psiquiatra mujer (las mujeres son ya mayoría en estas profesiones) la cual, si sigue las guías de la APA, le va a hablar de su privilegio masculino, de su hegemonía y masculinidad tradicional…la verdad es que dudo mucho que ese enfoque pueda ser de gran ayuda. Hay que decir que en España este posicionamiento teórico no está tan extendido pero como se suele decir: “cuando las barbas de tu vecino veas cortar…”


Conclusiones

Muchos profesionales que atienden a hombres observan que la idea de que los hombres “no hablan” es un mito. Los hombres sí hablan cuando la persona con la que están hablando sabe cómo escuchar.

El suicidio es la solución a la que acuden los hombres cuando no pueden enfrentarse y solucionar sus problemas. Tal vez como sociedad estamos fallando colectivamente en abordar esos problemas. Tal vez deberíamos preguntarnos ¿Por qué somos tan malos ayudando a los hombres?

Pero hay muchos estereotipos funcionando en esta sociedad como que las mujeres tienen problemas mientras que los hombres son problemas o son el problema. Creemos que los hombres son privilegiados, fuertes, autónomos, autosuficientes, protectores, los que ayudan, seres que tienen agencia y controlan sus vidas. Y por ello no pueden ser víctimas y tener necesidades. No podemos admitir que los hombres son dañados por procesos sociales (en los que también las mujeres juegan un papel). Creemos que son tan fuertes que sólo pueden ser dañados por ellos mismos pero no por las acciones de los demás. Redirigimos la culpa hacia ellos mismos y así la sociedad es absuelta de la necesidad de ayudarles. 

Hasta que no reconozcamos que los hombres también tienen desventajas y sufren en esta sociedad no viviremos en una sociedad igualitaria. Si queremos empezar a solucionar el problema del suicidio de los hombres, vamos a necesitar una política preventiva con una perspectiva de género sí…pero de género masculino.

@pitiklinov






lunes, 20 de enero de 2020

Refutación del feminismo radical



“Los movimientos de masas pueden surgir y extenderse sin la creencia en un Dios, pero nunca sin la creencia en un diablo”.
-Eric Hoffer, The True Believer

"Es peligroso tener razón cuando el gobierno está equivocado”
-Voltaire 
“Para saber quién manda sobre ti simplemente averigua a quién no te está permitido criticar”
-atribuida a Voltaire pero parece que es de  Kevin Alfred Strom

Esta entrada es una reseña del libro Refutación del Feminismo Radical, de Javier de la Puerta, un libro que realmente ofrece lo que dice en el título: una buena serie de preguntas y argumentos dirigidos a refutar los postulados del feminismo radical. En la entrada voy a hacer un pequeño resumen de lo que nos ofrece el libro, que desde luego es muy recomendable para los que estén interesados en el tema.

Debemos empezar por el problema de las definiciones. Cuando alguien critica al feminismo, siempre se responde que hay muchos tipos de feminismo, que hay muchas feministas que no están de acuerdo con tal o cual manifestación o declaración concreta. Javier, y muchos otros autores, distinguen un feminismo liberal o de igualdad y un feminismo radical (lo trata en el capítulo 17). El feminismo de igualdad es el que defiende que hombres y mujeres deben tener los mismos derechos y oportunidades. El feminismo radical, de inspiración marxista, tiene su origen en autoras de los años 60 del siglo pasado, como Kate Millet o Shulamith Firestone, y dice que hay que abolir el matrimonio, la familia y el Patriarcado. Javier de la Puerta toma como referencia del feminismo radical el texto del Manifiesto de la Comisión 8M para la huelga feminista del 8 de Marzo de 2018. Este Manifiesto (que figura como apéndice en el libro y es criticado punto por punto al final del mismo) fue apoyado explícita o implícitamente por todos los partidos, organismos y ciudadanos que apoyaron la huelga y casi nadie realizó una crítica del mismo (se publicó un manifiesto alternativo, “No Nacemos Víctimas”, firmado por 29 mujeres, de muy escasa repercusión). Dice Javier:

“Lo extraordinario fue que el manifiesto inicial -un bodrio antisistema, políticamente sectario, socialmente excluyente, retóricamente estridente, hilado con una jerga revolucionaria tercermundista y atravesado de una hiperbólica y delirante distorsión/sustitución de la realidad- se mantuviera sin apenas examen ni crítica, como el texto oficial de la jornada de protesta, al que se sumaban todas las organizaciones y personalidades que, finalmente, pasaron a apoyarla.”

También plantea que el feminismo moderado está missing en España:

“Lo cierto es que no puedo citar ni a una sola intelectual, académica o periodista de renombre que se haya desmarcado públicamente del discurso feminista radical en boga en nuestro país”.

O en qué se ha convertido realmente el feminismo:

“…el feminismo radicalizado se está convirtiendo en un lobby de poder que defiende intereses de parte: las mujeres que ya tienen posiciones de influencia en la universidad y la educación, los medios de comunicación, las industrias culturales, los colegios profesionales, la Administración y la política y, en primer lugar, las propias organizaciones y profesionales del feminismo convertidas en red clientela…Lo que se pretende como un correctivo de la desigualdad se convierte en un nuevo sistema de privilegios y discriminación. Especialmente cuando las principales beneficiarias de todo este sistema de género no son las mujeres de clase baja y poca o nula educación (ni, menos aún, las inmigrantes explotadas, las empleadas domésticas o las prostitutas), sino las mujeres más privilegiadas por su nivel profesional, estatus social y educación”.

El libro tiene casi 500 páginas y dedica las primeras 200, aproximadamente, al fenómeno del MeToo a nivel mundial. Personalmente, me parece que la extensión dada a este tema es excesiva, pero desde luego es un estudio a nivel mundial del fenómeno MeToo exhaustivo.  La conclusión final de Javier (y obviamente resumo mucho) es que el movimiento MeToo es síntoma del poder de las mujeres, no de su opresión. El movimiento ha tenido éxito en los países occidentales donde las mujeres gozan de independencia económica, presencia social, igualdad de oportunidades, etc., y no ha tenido ningún éxito en países como Rusia, Arabia Saudí, India o China:

“MeToo no es, por lo tanto, la confirmación de un Patriarcado instalado en el conjunto de la sociedad que sea preciso derribar, como si de una vieja arquitectura previa recién descubierta se tratara. Porque si esto último fuera cierto -que vivimos en un sistema patriarcal atrincherado en las estructuras macrosociales y con un poder real de dominación sobre las mujeres en todos los terrenos- nada de lo que ha ocurrido con el movimiento en los países democráticos avanzados habría sido posible”.

Yo añadiría que si fuera cierta la existencia de ese Patriarcado todopoderoso y primigenio no sólo no habría sido posible la aparición del fenómeno MeToo sino el surgimiento del propio feminismo. Si el Patriarcado es una estructura todopoderosa en la que los hombres tienen el poder y controlan y dominan todas las instituciones (política, economía, educación ,etc.), y si encima aceptamos un determinismo social y cultural como el que plantea el feminismo (para el que la biología no cuenta en absoluto) es imposible explicar cómo puede surgir una ideología opuesta a esa fuerza tan formidable. No habría podido surgir (¿de dónde?) y si lo hubiera hecho habría sido aplastada inmediatamente.

Dejando atrás el fenómeno MeToo, vamos a decir algunas cosas sobre algunos otros puntos del libro.

BRECHA SALARIAL: LA GRAN MENTIRA

Así se titula el capítulo10 donde revisa los datos y estadísticas sobre la cuestión. La conclusión es muy clara:

“En España -y en el mundo occidental- no hay una brecha salarial por la discriminación directa de género: es completamente falso que las mujeres cobren un 15-20% menos por el mismo trabajo. Hay una brecha laboral/profesional, que es algo distinto y mucho más complejo de resolver, pues obedece a factores culturales (modos de vida, pactos de pareja, preferencias personales, etc.)”.

Cualquiera que revise la literatura sobre la brecha salarial llega necesariamente a la misma conclusión: la brecha salarial se debe a factores como que las mujeres trabajan menos horas, su trayectoria profesional se ve interrumpida por la maternidad, se concentran en sectores y especialidades profesionales que pagan menos, los complementos y pluses por horas extra no son proporcionales y trabajar 50% de horas extras más supone ganar mucho más que un 50% añadido (ver la obra de Claudia Goldin a este respecto), las mujeres trabajan más cerca de casa, etc, etc. Es decir, la causa básica está en las diferentes elecciones y decisiones de hombres y mujeres que dan lugar a una diferente trayectoria profesional. Podemos discutir sobre el origen de esas preferencias y si el cuidado de los niños debe corresponder a un sexo o al otro, o todo lo que queramos, pero, aunque suene fuerte, creo que tiene toda la razón Javier cuando afirma que  decir que a las mujeres se les paga menos por el mismo trabajo es directamente una gran mentira.

Pero, como persona de izquierdas según se define en el video presentación de su libro, Javier denuncia que cuando se crea un problema falso, el resultado casi siempre es ocultar problemas reales. Menciona dos en concreto: a) la desigualdad clásica, entre trabajadores, por un lado, y capital y altos ejecutivos, por el otro; y b) la discriminación salarial de la juventud. Con respecto a la discriminación salarial entre ejecutivos y currantes, señala que, en España, los altos ejecutivos ganan 98 veces más que sus empleados medios. “Mientras el sueldo de los trabajadores solo subió un 0,8% en 2017, la nómina de los Consejos creció un 21,3%. ¿Cuánto debate público, indignación, movilización e iniciativa social y política generó?. Prácticamente cero”. Con respecto a los jóvenes:
  • hay 1,4 millones de jóvenes trabajando en prácticas no laborales sin percibir remuneración ni cotizar a la Seguridad Social
  • entre 2008 y 2014 la renta media de los menores de 35 años cayó un 25%
  • la tasa de precariedad es del 57% para los jóvenes de 15-29 años 
  • la tasa de paro entre los 15-24 años sigue en 37,5%
  • casi el 30% de los españoles de 16-29 años estaban en riesgo de pobreza en 2016 (en 2008 no llegaban al 20%)

¿Por qué no hay movilizaciones y debates en los medios sobre esto todos los días? Según Javier, por dos razones:

1- “Porque los jóvenes no tienen poder político, no están organizados ni cuentan con un discurso e ideología propios”.
2- “Porque el discurso del feminismo radical ha logrado convencer a gran parte de la sociedad -e, increíblemente, a los partidos y sindicatos de izquierda- de que la mayor contradicción social de nuestro tiempo ya no es el conflicto de clases ni la desigualdad económica y social en general, sino el conflicto y la desigualdad de género”.

VIOLENCIA DE GÉNERO

Javier dedica tres capítulos del libro a esta cuestión y creo que son tres buenos capítulos. Es un tema que ya hemos tratado en este blog, sobre el que suelo volver recurrentemente, y me parece que Javier lo aborda de una manera muy sensata y con sentido común. Se hace las preguntas adecuadas. Por ejemplo, ésta:

  • Si la causa de la violencia de pareja, tal y como la plantea la teoría feminista es el Patriarcado, “¿cómo es posible que la mayoría de los hombres que han pasado por esos “procesos equivocados de aprendizaje” y por esa cultura machista ampliamente difundida, no han ejercido nunca ni ejercerán jamás ningún tipo de violencia contra sus parejas? no sean violentos con su pareja y sólo lo sea una minoría? Por qué este comportamiento violento solo ocurre en una exigua noria  de varones”? Unido a lo anterior, nos podríamos preguntar también que si la causa de la violencia es el Patriarcado, una estructura que impregna nuestra sociedad en la que todos somos socializados, ¿cómo podemos hacer responsables a hombres concretos de sus acciones si la causa no es individual sino macrosocial? ¿Tal vez porque esa estructura la montaron en el comienzo de los tiempos los hombres y todos los hombres -aunque ahora sean víctimas de la misma, unos individuos adoctrinados por ella-, compartirían el pecado original de ser hombres y heredar la culpa de lo que hicieron sus antepasados?

Es llamativo cómo se carga la culpa colectivamente sobre todos los hombres en este tema mientras está totalmente proscrito aplicar la misma lógica en otros contextos. Según la teoría feminista, cuando un hombre mata a una mujer no lo hace a nivel individual sino que estaría actuando en nombre -o como representante- de todos los hombres. Si dijéramos que todos los emigrantes son unos delincuentes inmediatamente se nos va  a responder que sólo algunos, y que no adjudiquemos a un individuo la conducta de otros miembros de su grupo. Si dijéramos que todos los musulmanes son unos terroristas se nos respondería de igual manera. Pero si decimos que todos los hombres son unos violadores y asesinos, sonarán aplausos en la sala. Da igual que no haya ninguna prueba de esto y muchas de todo lo contrario, de que los factores biológicos, sociales y psicológicos individuales son esenciales, como he tratado en otras entradas. En palabras de Javier:

“Ningún agente social identificable como machista mata a las mujeres. Ni el machismo ni el patriarcado existen como sujeto colectivo, agente social o estructura institucional y legal identificable en los países democráticos avanzados”

Y hace una comparación muy apropiada, a mi modo de ver, con el suicidio. No vivimos en una cultura que promueva la violencia contra las mujeres de la misma manera que no vivimos en una cultura que promueva el suicidio. Vivimos en una cultura donde existen suicidios y violencia contra las mujeres pero no en una cultura del suicidio y de violencia contra las mujeres, no es lo mismo. El suicidio no sólo es que no haya sido promocionado sino que ha sido combatido. Se le han considerado históricamente un pecado, incluso un delito hasta recientemente (y todavía lo es en algunos países)…pero a pesar de ello la gente se sigue suicidando…unas 10 personas al día en España. Lo mismo ocurre con los robos u homicidios. A nadie nos han educado en que está bien matar o robar, pero existen los robos y asesinatos. Cualquier sociedad que se precie debe combatir esos fenómenos o se arriesga a su propia extinción. Pregunta Javier:

“Nada ni nadie en nuestra sociedad fomenta, ni defiende ni aplaude el suicidio: ¿por qué ocurre entonces de forma regular, sistemática y multiplicando por 8  los homicidios de hombres y por 60 las víctimas de violencia de género? ¿Por qué ha de tener una causa social externa identificable la muerte de 50 mujeres al año si la muerte de 3.500 personas (incluidas 900 mujeres) no la tiene?” 

“Si los datos de suicidio según el sexo fueran al revés, y tres veces más mujeres que hombres se quitaran la vida: ¿no apostarían ustedes que el feminismo dominante utilizaría esta tragedia masiva y cotidiana para apuntalar su victimismo y su tremendista diagnóstico de que las mujeres españolas aún viven sujetas a una opresión tan asfixiante que las abocaría masivamente al suicidio? ¿No habríamos visto ya nuestro Ministerio de Igualdad y a los múltiples Institutos de la Mujer -con todas las organizaciones feministas empujando al unísono- reclamando urgentemente perspectiva de género en el análisis de las causas y el tratamiento preventivo de la inasumible tragedia del suicidio? ¿No habría minutos de silencio cada vez que otra mujer se suicidara?

“Si los datos de suicidio son los que son (¡tres veces más hombres que mujeres se consideran tan desgraciados y desesperanzados de la posibilidad de una vida digna que se auto liquidan!), ¿cómo puede ser creíble el discurso feminista radical que afirma que son precisamente las mujeres -¡y sólo las mujeres como categoría social de género!- las qeu viven existencialmente asfixiadas en todos los órdenes?”

Pero, volviendo al tema de la demonización del varón, hay que señalar que no es algo casual, sino esencial en la teoría feminista radical. Fijaos en la cita de Eric Hoffer al inicio de la entrada: puedes hacer una revolución sin un Dios pero no sin un diablo. Es muy importante tener un malo, como en las películas, y ese papel le corresponde a los hombres. En el marxismo clásico el malo era la burguesía y los oprimidos eran los trabajadores; el feminismo radical repite el esquema pero con otra víctima y otro opresor, con el trabajador como víctima no se pudo hacer la revolución, hay que buscar otra víctima. Donde antes estaban los trabajadores ahora están las mujeres y el lugar de la burguesía lo ocupan ahora los hombres (cambio que se inicia con Engels). Como decíamos en otra entrada hablando de la teoría diádica de la moral, hay que poner el foco en la violencia del hombre contra la mujer para que parezca que es la única que existe. Hay que ocultar que la principal violencia de los hombres va dirigida contra sí mismos (suicidio) y luego contra otros hombres (a nivel global, el 80% de las víctimas de homicidio son hombres y en España más del 60%, los homicidios de pareja son el 15% de todos los homicidios). Hay que ignorar la violencia que cometen las mujeres contra los hombres o contra los niños (no tenemos estadísticas de homicidios de niños o filicidios, una violencia que cometen en grado similar hombres y mujeres). El resultado final es que sólo existe la díada: “hombre/perpetrador-mujer/víctima” y “todos los males de la vida de las mujeres y de la sociedad tienen una sola causa: los hombres y su poder patriarcal”. En palabras de Javier:

“Movilizar a la gente, en este caso las mujeres, es mucho más fácil si las presentas como las víctimas predilectas, que tienen como enemigo un monstruo invisible pero omnipresente que anda suelto y cuya razón de ser es someter y violentar solo a las mujeres. De ahí la insistencia del feminismo oficial en hablar de violencia machista como si ahí fuera -más allá de los perpetradores y sus problemas psicológicos o sus subcultura de grupo- existiera en la macro sociedad  un agente activo, un monstruo llamado patriarcado del que fluyen las actitudes machistas, y que es, por tanto, responsable último.

Si lo hay, puede exigirse -so pretexto de combatirlo- todo un programa radical de medidas: leyes especiales y cuotas; multas e imposiciones administrativas; y nuevas medidas educativas desde la infancia (para erradicar los estereotipos y deconstruir las identidades de género). Es decir, imponer ese gran proyecto de reingeniería sociocultural que hemos denominado la Gran Revolución Cultural Feminista, que arrancaría de raíz las causas últimas de la violencia. Aunque nada  de eso se haya demostrado que tenga que ver , en absoluto, con el problema de fondo”.

Para cerrar este apartado y a modo de conclusión:

“En España no existe violencia generalizada sobre las mujeres. Hay un fenómeno preocupante, aunque muy minoritario, de violencia doméstica y violencia de pareja. La confusión deliberada en torno al término violencia machista obedece a una manipulación ideológica: no existe ninguna entidad, fuerza o corriente política, social o grupal, cultural, educativa, ideológica o comunicativa que promueva o defienda/justifique la violencia contra las mujeres a nivel macrosocial”.

EL FEMINISMO RADICAL SE OLVIDÓ DE LOS NIÑOS

Extraigo varios párrafos del capítulo correspondiente:

“La violencia contra los niños ¿por qué no está en primer plano? Una de las consecuencias del sesgo selectivo -llamémosle perspectiva de género con anteojeras- en la percepción, clasificación y evaluación de la violencia, que hemos analizado en capítulos anteriores, la tenemos en el efecto perverso de ocultar y postergar la violencia doméstica más traumática e insoportable: la violencia contra los niños.

Por qué no sabemos -no hay estadísticas completas y apenas se publicitan las que hay- cuántos niños mueren al año en españa por violencia de género o violencia doméstica 8 es decir, a manos de sus padres o madres o por su entorno inmediato)? No lo sabemos por4que no se publican estadísticas periódicamente en los medios, ni se llevan registros completos ( a no ser que formen parte de la violencia contra las madres, violencia de género), ni se observan minutos de silencio  ni hay protestas públicas cada vez que matan un niño…Por no haber, no hay siquiera, todavía, una Ley Integral de Violencia contra la Infancia 8 es decir, llevamos quince años dd retos con respecto a la Ley Integral Contra la Violencia de Género de 2004). Los niños asesinados por los suyos apenas figuran en la conciencia pública de la violencia en España”.

“Lo llamativo es que el discurso feminista en general, pero especialmente en relación con la violencia - al distinguir jurídicamente entre violencia de género ( cuando es el varón el que la ejerce) y violencia doméstica (cuando tiene otros protagonistas)- ha alcanzado tal hegemonía social, política, institucional y mediática que ha conseguido que la burocracia de Estado (ese paquidermo de memoria administrativa que lo registra todo) y los medios de comunicación reflejen de manera casi exclusiva sus prioridades en detrimento de todas las demás…¡Eso es poder! ¡Eso es hegemonía!”.

“La ideología feminista en boga no deja de martillear insistentemente sobre la que considera la mayor virtud femenina a revalorizar: la empatía. Pues bien, las víctimas infantiles de la violencia doméstica representan hoy, todavía, el agujero negro de esa pregonada empatía”.

LA REACCIÓN A LA SENTENCIA DE LA MANADA

“El mayor ataque contra la independencia judicial en democracia. Cuando la historia del Estado de derecho como pilar de nuestra democracia se escriba, el 26 de Abril de 2018 y siguientes serán días para la vergüenza colectiva. Independientemente de los ue se opine sobre la sentencia del caso de La Manada y sobre lo que ocurrió el 7 de julio de 2016 en Pamplona, la reacción de las calles, en las redes sociales, en la práctica totalidad de los medios de comunicación y, desde la esfera política, la de todos los partidos del arco parlamentario y la del mismo Gobierno, constituyó el mayor, más grave y más intenso asalto contra la independencia del poder judicial que se ha visto en España desde que la Constitución de 1978 instituyó una Justicia imparcial. Fue un ataque combinado insólito -desde las masas callejeras a los eminentes tertulianos mediáticos, de la furia en las redes sociales al ministro de Justicia señalando a uno de los jueces como “problemático” -en el que desmarcarse de la avalancha de populismo justiciero era un peligro para la integridad profesional del disidente.”


CONCLUSIONES


En el video donde presenta su libro Javier de la Puerta dice: “Os preguntaréis que hace un hombre como yo escribiendo un libro como éste…la respuesta es muy sencilla: es un acto de rebeldía intelectual”. El actual feminismo radicalizado, según Javier, está revelándose ya como un peligro para el equilibrio de la cultura social en ámbitos como el estado de derecho, la presunción de inocencia, la educación, el lenguaje, la creación artística y la cultura, la meritocracia en el mundo profesional/laboral, las relaciones sexuales y de pareja, la vida cotidiana contaminada por la guerra de sexos  o la libertad de expresión. Dice sobre la libertad de expresión:

“La forma en que las feministas más radicalizadas tratan de imponer su feminismo obligatorio es una de las mayores amenazas a la libertad de expresión desde la propia sociedad. El punto de partida es la presunción de que no estamos ante una ideología como las demás, sino ante la nueva Verdad Revelada, más allá de toda crítica. La policía feminista del pensamiento coarta el debate, descalifica al discrepante y lincha moralmente como machistas, misóginos y retrógrados a quienes osan cuestionar sus premisas abusivas, su lenguaje políticamente correcto o sus prescripciones para la vida social, política y cultural (o para las sentencias judiciales). ¿Hasta dónde llegarían si, imbuidas d ella figura sagrada de los oprimidos dispusieran de una mayoría política suficiente para imponer sus obsesiones ideológicas, con el BOE en la mano?”

Por esto que acabamos de leer estamos ante un libro valiente. Como se refleja ahí, es alto el riesgo de una condena por representante del machismo. Pero machista en boca del feminismo radical quiere decir en realidad hereje de esa religión de Estado en la que el feminismo se ha convertido. El hereje es el que critica los dogmas (brecha salarial, teoría feminista de la violencia de género, etc.) como hace Javier en el libro. Ser el niño que dice que el emperador está desnudo tiene sus riesgos: la visita de la Inquisición y la difamación ritual.  Esperemos que la sociedad atienda a la mayor o menor calidad de sus argumentos, a la lógica y razón de su pensamiento y que todas las cosas que trata el libro se puedan debatir de una manera racional y constructiva.

@pitiklinov

Post-Script: quería mencionar también en esta entrada el estupendo libro de Pablo de Lora Lo Sexual es Político (y jurídico) del que no tuve tiempo en el momento en que lo leí para hacer una entrada pero que os recomiendo también a todos los que seguís el blog.


Vídeos de Javier de la Puerta sobre su libro:
Presentación:

Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 2 Polémica
https://www.youtube.com/watch?v=6Kg9QecZDM4
Capítulo 4

lunes, 30 de diciembre de 2019

Alcohol: Los que beben

Colaboración de Juan Medrano
Recientemente se ha publicado un libro –Alcohol and Humans. A long and social affair, editado por KH Hockings y R. Dunbar- que es toda una enciclopedia sobre la relación de los humanos con el alcohol, pero a la espera de tener ocasión para leerlo con la atención que merece, un aperitivo interesante es el capítulo que dedica a las bebidas alcohólicas Jonathan Silverstown en su Dinner with Darwin. Food, drink and evolution (2017), del que existe edición en castellano (“Cenando con Darwin”, publicado en Crítica hace escasos meses).
Silverstown, ecologista evolucionista de formación, trabaja en el Instituto de Biología Evolutiva de la Escuela de Ciencias Biológicas de la Universidad de Edimburgo, donde lleva más de cinco años. Su investigación, según su web, gira en torno a la biología de poblaciones de plantas, pero en “Cenando con Darwin” ha sido capaz de resumir en un libro relativamente corto una cantidad impresionante de conocimiento sobre la visión evolucionista de la alimentación del ser humano, con un estilo ameno, y haciendo gala de un talento humorístico nada desdeñable. La escena de la familia Homo reunidos en una mesa para comer cada cual según sus preferencias es algo más que simpática.
Como todos los capítulos del libro, “Wine and Beer – Intoxication” resume en unas pocas hojas una información demasiado amplia para incluirla en una sola entrada, por lo que de la tríada que protagoniza la historia -la materia prima (el producto carbohidratado), el fabricante de etanol (Saccharomyces Cervisae) y el consumidor humano- centraremos el comentario en este último


El libro y su autor
El alcohol, y nos referimos exclusivamente al etanol, es una sustancia psicótropa especial. No interactúa sobre sistemas fisiológicos como otras sustancias influyendo sobre los neurotransmisores (alucinógenos, estimulantes) o replicando directamente los efectos de estos (que se han dado en denominar “endógenos” por esta constatación), como en el caso de los cannabinoides u opioides. El alcohol es puramente un tóxico, pero es un tóxico al que el ser humano ha desarrollado tolerancia. Según explica Silverstown y otros antes que él, la habituación al alcohol es una consecuencia colateral de nuestra alimentación frugívora. La fruta madura está repleta de hongos y levaduras que actúan sobre los azúcares de las plantas y por ello es inevitable que quien come fruta ingiera alguna cantidad de alcohol, lo que quiere decir que para ser abstemio total uno tiene que quitarse de comer fruta o ingerirla solo cuando está muy verde.. Las plantas con frutas aparecieron en el Cretácico (hace entre 125 y 150 millones de años) y antes que los primates otros animales se han alimentado de ellas y han debido desarrollar mecanismos para adaptarse al tóxico. De hecho, la alcohol deshidrogenasa (ADH) humana mutó a su actual forma hace entre 13 y 21 millones de años, a la altura de nuestro último antepasado común con los orangutanes. Pero la enzima está presente en muchas otras especies; entre ellas –no podría ser de otra forma- la mosca de la fruta, lo que refleja que antes de que empezase a haber frutas y, con ellas, alcohol producto de la fermentación de sus azúcares, ya había procesos metabólicos en los que era preciso tratar el alcohol. 

Alcohol deshidrogenasa
La actual ADH –ADH4-  tiene una capacidad para metabolizar el alcohol que multiplica por 40 la de la variante previa. Como se ha indicado, mutó en un periodo concreto que Silverstown relaciona con un clima más seco que hizo que hubiera menos árboles y nuestros antepasados pasaran más tiempo en el suelo que en las ramas. También por ello, la mayor parte de la fruta que pudieran obtener la recogerían del suelo, y estaría más madura y posiblemente pasada y, por tanto, sería más rica en alcohol, lo que supone que se daban condiciones adecuadas para que la nueva mutación fuera seleccionada. Y sin duda contribuyó a esa selección que el alcohol es una fuente de energía excelente; a igualdad de cantidad genera el doble de calorías que los carbohidratos. La presencia de esta enzima más eficiente, en cualquier caso, palidece ante la que debe tener una musaraña del sudeste asiático, la Ptilocercus lowii, que se alimenta del néctar alcohólico de la palmera Eugeissona tristis. Un estudio encontró que este diminuto mamífero consumía y toleraba como si nada cantidades de alcohol que provocarían una notable intoxicación en un humano. 

Ptilocercus lowii haciendo equilibrios con destreza pese haber libado altas cantidades de alcohol
También tienen un aguante especial algunos murciélagos, como se demostró en un estudio de Orbach y colaboradores, que alimentaron a murciélagos salvajes de las especies Artibeus jamaicensis, A. lituratus, A. phaeotis, Carollia sowelli, Glossophaga soricina, and Sturnira lilium con agua azucarada (grupo control) o agua azucarada con etanol añadido, antes de exponerlos a una prueba de vuelo con obstáculos al tiempo que registraban sus llamadas de ecolocalización. Además calcularon la alcoholemia con muestras de saliva (probablemente los probandos no habrían podido soplar adecuadamente en el alcoholímetro), y encontraron concentraciones de hasta 0.3% que no afectaron en modo alguno al vuelo o a la ecolocalización en comparación con el grupo control. La conclusión fue estas especies tienen una tolerancia que es adaptativa a la vista de su dieta. 


Artibeus jamaicensis volando seguro a pesar de la ingesta de etanol
La tolerancia de estas especies al alcohol ha de relacionarse necesariamente con su aprovechamiento. Si la metabolización del etanol por parte, pongamos, de un G. soricina es rápida, eso quiere decir no solo que tolera al tóxico, sino que le saca el máximo rendimiento y volará como un cohete en el pérfido recorrido que le han preparado Orbach y sus malintencionados colaboradores. En definitiva, se tolera el etanol porque se exprime al máximo su capacidad calórica, y viceversa, lo que tiene todo el sentido del mundo en animales frugívoros. 
Ahora bien, más allá que como combustible, ¿existen en el mundo animal otros usos del etanol, no directamente energéticos, al estilo del empleo que hace del tóxico nuestra especie? Existen vídeos de elefantes africanos (Loxodonta africana) aparentemente ebrios tras consumir frutas maduras de la marula (Sclerocarya birrea). Morris y colaboradores, aunque conceden que a los elefantes les atrae el alcohol, dudan que llegan a emborracharse. Haciendo una regla de tres a partir de la fisiología humana, calculan que un elefante de 3.000 kg de peso debería ingerir entre 10 y 27 litros de etanol al 7% (una cerveza potente) en un periodo breve para empezar a mostrar signos de intoxicación. La fruta de la marula puede contener hasta un 3% de etanol, por lo que a un elefante que se alimente de la forma habitual en la especie le costaría mucho llegar a embriagarse. Los autores, en cualquier caso, asumen que queda mucho por saber de la fisiología paquidérmica en relación con el alcohol; si su ADH no es tan eficiente como la humana es posible que cantidades no excesivamente altos de marula procuren curdas elefantásticas. 

Supuesta trompa de elefantes africanos
Decíamos que Morris y colaboradores asumen que los elefantes africanos tienen una inclinación a consumir alcohol. Un trágico incidente lo constató en 2004 en sus primos asiáticos. Un grupo de más de 20 elefantes asaltó en la India un depósito de cerveza de arroz –bebida a la que al parecer son aficionados- y en plena y alborotada intoxicación tiraron una torre de alta tensión, con el resultado de que las trompas de cuatro de ellos entraron en contacto con los cables, lo que supuso su muerte inmediata. También se ha estudiado el patrón de consumo en los macacos Rhesus, observándose que algunos individuos ingerían alcohol hasta llegar a la intoxicación y al malestar físico, o incluso hasta quedar inconscientes. Los individuos que vivían solos eran los que más bebían, y consumían más alfinal del día, como los humanos después de un largo día trabajo.
Pero el ejemplo más palmario es el de los chimpancés (Pan troglodytes verus), que por historia filogenética comparten nuestra eficiente ADH. Según informaron Hockings y colaboradores, los individuos de una zona de Guinea consumen etanol contenido en la savia fermentada de la palmera raffia (Raphia hookeri), donde está presente en concentraciones entre el 3.1% y el 6.9%. Para ello estos primates emplean una hoja como herramienta, al estilo de los utensilios que emplean sus primos de Tanzania para cazar hormigas y que al ser divulgados por Jane Goodall tanto impresionaron al mundo al demostrar que el chimpancé es también habilis. El estudio de Hockings demuestra que es también barensis.

El artículo de Hockings y cols. “Incidentalmente”, que dicen los contaminados por el Spanglish, la primera firmante es precisamente la coautora con Dunbar de “Alcohol and Humans. A long and Social Affair”
La tolerancia humana al alcohol tiene el inconveniente de que permite que nuestro organismo se exponga a un tóxico con efectos perniciosos sobre diferentes órganos. Por tanto, aunque facilitase en su momento una mayor eficiencia energética del consumo de frutas, hoy en día constituye un problema potencial. Salvo para personas que no toleran el alcohol. Una forma de intolerancia es la debida a la mutación de la Aldehído Deshidrogenasa (ALD) que hace que este enzima, necesario para eliminar el acetaldehído en el que convierte la ADH al etanol, sea menos eficiente. Cuando sucede así (y sucede en el 40% de la población de Asia Oriental), se acumula el acetaldehído, lo que tiene efectos desagradables y potencialmente graves. En personas con ALD eficientes, fármacos como el disulfiram producen una inhibición de la enzima, lo que se traduce en el acúmulo de acetaldehído con los resultados fisiológicos que produce el efecto Antabus y que constituye el fundamento del tratamiento con aversivos del alcohol. Pero el disulfiram no aportó nada nuevo, en realidad. En ese inmenso laboratorio que es la Naturaleza encontramos también sustancias naturales con capacidad de bloquear o inhibir la ALD. Son moléculas diseñadas por los más versátiles de los químicos, esto es, las plantas y los hongos, que llevan millones de años probando productos que pasan el filtro de la Selección Natural cuando mejoran la capacidad de supervivencia o de reproducción de la especie. Las moléculas así desarrolladas, si suponen una defensa por ser tóxicas o puros venenos para los depredadores de la planta o del hongo, persistirán en el kit básico de supervivencia de la especie. Así, existen hongos –setas, queremos decir- que utilizan la vía de la inhibición de la ALD como mecanismo defensivo; una de estas sustancias es la coprina, sintetizada por el hongo Coprinus atramentarius. La producción de estos inhibidores de la ALD tiene sentido no porque los animales que se alimentan de estas setas consuman habitualmente morapio, sino porque consumen en mayor o menor medida fruta muy madura. 


Selección de hongos productores de sustancias con acción inhibitoria de la AldD. Los sumilleres informados saben que maridan fatal con cualquier vino, independientemente de su clase, denominación de origen o añada

Pero la intolerancia humana al alcohol puede deberse también, y paradójicamente a la ADH, en concreto a una variante denominada ADH1B, de la que existe una mutación, ADH1B*2 que aparece en el 75% de las personas de China y Japón, siendo el 20% homozigotos; en Europa y África, en cambio, es mucho menos común. Esta mutación de la enzima metaboliza el alcohol 100 veces más rápido que la ADH habitual y lo hace, además a concentraciones bajas de etanol. Por tanto, en las personas que la portan libaciones escasas producirán grandes cantidades de acetaldehído, lo que las hace intolerantes a la ingesta de bebidas (y frutas) alcohólicas. Si además esos individuos en los que se generan grandes cantidades de acetaldehído con ingestas muy reducidas son portadores de la versión “torpe” de la ALD, su intolerancia al etanol es inmensa.

Oriental intolerante al alcohol
Por último, hay que repasar si todos los millones de años de capacidad metabolizadora del alcohol sugieren que la sustancia aporta algún beneficio más allá de su aprovechamiento energético. En los últimos años vienen publicándose supuestas y diversas ventajas de alcohol sobre la salud, al tiempo que desde otras posiciones se reclama que se le identifique como el tóxico que es. Una de las cuestiones que ayudaría a esclarecer la cuestión sería que alguien definiera qué es el consumo moderado y prudente que se nos dice se asocia con resultados favorables, por ejemplo, a nivel cardiovascular. Un estudio reciente de Goldwater y colaboradores en PLoS One añade una cierta confusión al concluir que en comparación con personas que no beben, los consumidores (moderados) de alcohol muestran valores de un indicador fisiológico (carga alostática) que se asocian con mejores resultados en salud. Y no parece una cuestión constitucional, ya que los valores de ese indicador sugestivos de mejor salud solo se dan en consumidores activos, no en controles abstemios o que han son antiguos bebedores que han abandonado el hábito. La cuestión no es sencilla y probablemente sea complicado encontrar un equilibrio científico entre las posturas que preconizan la abstinencia total, teñidas de virtud, y las que puedan ser sospechosas de hedonistas que sugieren que el consumo moderado (sea eso lo que sea) depara algún beneficio. Pero estas pugnas y la contaminación de la búsqueda de la verdad por los prejuicios morales es algo tan consustancial a nuestra especie como la ADH4. Dado que no es esperable que se resuelvan, mejor destinaremos nuestra atención en el futuro a los otros protagonistas de la historia: la materia prima y el fabricante de etanol.

El artículo de Goldwater

Colaboración de Juan Medrano

Fuentes
Hockings KJ, Bryson-Morrison N, Carvalho S, Fujisawa M, Humle T, McGrew T et al. Tools to tipple: ethanol ingestion by wild chimpanzees using leaf-sponges. R. Soc. open sci. 2015; 2: 150150. http://dx.doi.org/10.1098/rsos.150150
Silverstown J. Cenando con Darwin. Tras las huellas de la evolución en nuestros alimentos. Barcelona: Crítica, 2019 

Wiens F, Zitzmann A, Lachance MA, Yegles M, Pragst F, Wurst FM, et al. Chronic intake of fermented floral nectar by wild treeshrews. PNAS 2008; 105: 10426–31; doi10.1073pnas.0801628105