martes, 19 de septiembre de 2017

Del Nuevo Ateísmo a las Nuevas Religiones


El cerebro segrega pensamiento como el hígado segrega bilis.
- Pierre-Jean-George Cabanis (1802)

Hubo un tiempo en que se decía -y algunos todavía lo dicen- que Dios era el soporte de la moral y que si Dios desaparecía, el mundo se convertiría en una nueva Sodoma y Gomorra, en un lugar de depravación e inmoralidad inhabitable. En esta entrada propongo que lo que estamos viviendo hoy en día demuestra bien a las claras que esto no es cierto. Hace tiempo que Dios ha muerto pero la moralidad goza de una salud excelente, yo diría que excesiva.

Hace unos años se puso de moda el Nuevo Ateísmo de la mano de los famosos cuatro jinetes del apocalipsis: Richard Dawkins, Daniel Dennett, Christopher Hitchens y Sam Harris. Aparecían con frecuencia en los medios pero Hitchens falleció, Dawkins desde sus problemas de salud tiene un perfil muy bajo, Dennett está desparecido en combate y el único que sigue activo es Sam Harris. Llegaron a tener un impacto en la sociedad pero su influencia ha desaparecido. Su lugar ha sido ocupado, paradójicamente, por Nuevas Religiones como el feminismo, el altruismo efectivo, los guerreros por la justicia social, lo políticamente correcto, etc.

Una religión es una estructura compleja  con muchos componentes. Uno de los ingredientes más obvios es la creencia en seres sobrenaturales. No es en ese sentido en el que hablo de nuevas religiones. Sabemos también que la religión cumple otras funciones sociales como unir al grupo (se dice que religión viene de religare -unir- pero no sé si es cierto) y favorecer la colaboración entre los miembros de una sociedad. También sienta las normas de conducta por la que deben regirse sus miembros y sabemos que ese papel de control social se potenció cuando las sociedades se hicieron más grandes y había que interactuar con desconocidos. Los dioses de los cazadores recolectores no se metían en la vida de la gente pero lo que apareció con la época de los reinos y los imperios posteriores a la agricultura fueron unos grandes dioses que sí tenían una agenda moral y se encargaban de vigilar que todo el mundo hiciera el bien y de castigar los actos moralmente ilícitos.

Es en este sentido en el que hablo de religión, en el de un sistema de creencias y de normas morales que no pueden ser discutidas, en el de la existencia de un dogma, de una ortodoxia y de unos mecanismos dedicados a vigilar y castigar al que viola las normas. Es en ese sentido en el que parecen estar surgiendo nuevas religiones como hongos. Por poner un ejemplo de dogma referido al feminismo, hace un tiempo el Pais informaba de un estudio coordinado por la Secretaría de Estado de Seguridad, en el que participa un equipo de criminólogos y psicólogos, para averiguar las causas de los homicidios de pareja. Muchas feministas protestaron la conveniencia de ese estudio dado que ya sabemos la causa (el machismo) así como la solución (más feminismo). Jesús Zamora Bonilla trató de forma excelente este tema.

La búsqueda de la virtud y de la santidad es una característica de nuestra época. Por ejemplo, si hablamos del altruismo efectivo, hay gente que se ha dedicado a una carrera en bolsa (en lugar de algo que personalmente les atraía más) porque eso les permite tener más ingresos y donar así más dinero a las organizaciones benéficas más eficaces y hacer así el mayor bien posible, que es el objetivo (aunque ahora se cuestiona si trabajar para Wall Street y así donar más dinero es bueno) . Ha aparecido un nuevo derecho que es el derecho a no ser ofendido pero como no todos pensamos igual siempre existe la posibilidad de decir algo que sea ofensivo para alguien así que la mejor manera de no ofender es no decir nada. Y en EEUU está en todo su esplendor un debate sobre la libertad de expresión y sus límites, libertad que se quiere restringir. Dios no existirá pero no dejan de aparecer nuevos pecados: comer carne, fumar, ir en coche a trabajar…

No entro a discutir la calidad moral o no de todas estas cosas, sólo describo una situación que a mi modo de ver se caracteriza por una hipertrofia de la moral, por un boom moral que afecta a cada vez más esferas de la vida y que puede llegar un momento en que sea asfixiante. En las universidades americanas la gente tiene ya miedo de hablar y va por los pasillos mirando al techo para no hacer algo que sea malinterpretado aunque también no mirar a la gente puede ser probablemente una ofensa.

Parodiando la cita de cabecera, podemos decir que el cerebro humano produce religión, dioses, y normas morales igual que el hígado produce bilis. Está claro que Dios no es la causa de las normas morales  sino más bien una consecuencia. Porque Dios ha muerto pero cada vez menos cosas están permitidas. Dios ha muerto pero cada vez hay más mandamientos, dogmas e Inquisición. Dios ha muerto pero cada vez hay más pecados. Un fenómeno digno de estudio.

@pitiklinov


domingo, 17 de septiembre de 2017

Lo frecuente es bueno

Las normas morales son las nociones compartidas en una sociedad acerca de lo que está bien y lo que está mal y sirven para regular las conductas sociales en todos los aspectos de la vida humana. Como hemos visto con frecuencia en el blog, la teoría de la evolución nos da explicaciones convincentes de la existencia de la moralidad y las normas morales, pero hay un aspecto que es menos comprendido y es el del cambio de los juicios morales a lo largo del tiempo. En esta entrada vamos a comentar un artículo que hace una aportación interesante a este problema. Lindström y cols proponen la existencia de un heurístico que consiste en deducir el valor moral de una conducta a partir de su frecuencia, lo llaman “lo frecuente es bueno” (common is moral). 

Un heurístico es un procedimiento, algoritmo o regla que nos ayuda a tomar una decisión cuando encontrar la solución óptima a un problema es muy complicado. Digamos que es un atajo que nos permite llegar a una buena decisión en la mayoría de las ocasiones, aunque no sea perfecto. Un ejemplo sería el “heurístico de la disponibilidad”, por ejemplo cuando queremos saber el tamaño de una ciudad. Si nos preguntan las ciudades más grandes de Alemania deduciremos que los nombres que nos vienen a la cabeza son los de las ciudades más grandes y en general acertaríamos. Lo que hacemos es sustituir el atributo tamaño por el atributo nombres que nos vienen a la cabeza. En el caso del heurístico “lo frecuente es bueno” sustituimos “valor moral” por “frecuencia conductual”.

Las normas morales cambian en el tiempo. Por ejemplo, un estudio realizado en Sudáfrica ha encontrado que la evasión de impuestos se considera en 2014 un 48% más justificable que en 1981. Sin embargo, en Méjico en el mismo período la evasión de impuestos se considera un 35% menos justificable. Hace años fumar se consideraba una preferencia personal y ahora se considera en muchos sitios y por muchas personas como moralmente malo. Las relaciones prematrimoniales se consideraban antes como la violación de una norma moral y ahora se consideran totalmente normales. Es decir, hay cosas que antes eran moralmente neutras que se moralizan y otras que están moralizadas y dejan de estarlo. Este proceso se llama moralización, lo ha estudiado Rozin y ya hemos hablado de él

Pero este proceso de moralización y de cambio de normas morales es muy interesante porque da lugar a tensiones y conflictos en las sociedades al no producirse en todos los individuos a la misma velocidad. Actualmente estamos viendo cómo algunos individuos o sectores han moralizado el consumo de carne o los eventos taurinos mientras otros sectores de la población son todavía refractarios a este cambio de normas morales. Estas diferentes velocidades morales son peligrosas por el riesgo de aparición de conflictos cuando las personas pertenecen a universos morales diferentes como vimos en esta entrada sobre el genocidio. No vamos a entrar ahora en ese tema porque lo que nos interesa simplemente es que las normas morales cambian y que sabemos poco sobre esos cambios.  

Los autores de este trabajo plantean que la gente utiliza la frecuencia de las conductas como base para deducir su valor moral. Esta conjetura se basa en todo un cuerpo teórico que es el de la influencia social por el que sabemos que la gente cambia su conducta debido a la influencia de personas con otras conductas diferentes. Un campo de esta influencia social es el de la conformidad, estudios que ya inició el pionero Solomon Asch, en los que se ve que la gente se deja influir por lo que dice la mayoría, el número importa. Expertos en evolución cultural como Richerson y Boyd han demostrado que los humanos imitamos lo que hace la mayoría y también imitamos lo que hacen las personas de éxito, las de alto estatus y prestigio. Lo que en este trabajo se demuestra es que la conformidad afecta también a las normas morales.

No vamos a entrar en la metodología de la investigación de estos autores que consiste en nueve estudios diferentes basados en el Public Good Games donde los participantes tienen que juzga la moralidad de acciones egoístas y altruistas mientras los investigadores tienen la capacidad de manipular las frecuencias de estas conductas. Lo que los investigadores encuentran es lo siguiente:

  • La frecuencia relativa de las conductas afecta a su valoración moral

  • Las conductas frecuentes se ven como más buenas moralmente y menos merecedoras de castigo. Las conductas egoístas se ven siempre como más merecedoras de castigo pero menos si son frecuentes.

  • Los juicios de conductas frecuentes se hacen de forma más rápida que los de conductas raras.

  • El heurístico “Lo frecuente es bueno” explica tanto la estabilidad de las norma morales como el cambio de estas normas. Si un número suficiente de individuos empiezan a realizar conducta que violan las normas morales esta conducta se verá cada vez como más buena moralmente y si pasa de cierto umbral se generalizaría y se produciría el cambio de valores. Vemos la existencia de un mecanismo de retroalimentación: a más frecuencia más bondad lo que lleva a su vez a mayor frecuencia de la conducta y así sucesivamente.

  • La influencia social se debe a la frecuencia de las conductas (esto lo demuestran con una simulación de un modelo y su análisis estadístico)

  • La gente es conformista no solo a nivel conductual sino a nivel moral

  • El heurístico “Lo frecuente es bueno” es suficiente para explicar el cambio de normas morales. Si un número suficiente de individuos entra en ese mecanismo de retroalimentación que hemos descrito. Los autores no dicen que “lo frecuente es bueno” sea la única causa de los cambios morales (hay otras como razonamiento moral, percepción de daño, etc.) pero la fuerza de este heurístico es tal que en sus modelos es suficiente para generar el cambio.


Este heurístico “lo frecuente es bueno” es una aportación importante por otra razón además de la de explicar el cambio de normas morales y es porque nos ayuda a entender la Falacia naturalista. La Falacia naturalista consiste en creer que lo que “es”, lo que es natural, es también lo que “debe ser”. Es decir, que de un hecho deducimos un valor moral. Lo “frecuente es moral” nos proporciona un mecanismo psicológico por el que conductas que son frecuentes se transforman en conductas buenas. Se mezclan dos planos lógicos distintos (el de la realidad y el de los valores), lo que es evidentemente un error, pero la existencia de este heurístico nos explica lo tremendamente frecuente que es este error de mezclar valores y hechos. Hay un sesgo similar al que estamos tratando aquí que se conoce como sesgo de la existencia (existence bias), según el que la gente prefiere las cosas que existen, las ven de forma más favorable que las alternativas. Por tanto, lo que existe, el statu quo, se asume como bueno, atractivo y deseable. Realmente, estos sesgos cognitivos parece que sí nos abren el camino hacia una explicación psicológica de la existencia de la Falacia naturalista.

Sin embargo, creo que “lo frecuente es bueno” nos ayuda a entender la causa próxima del cambio de valores o normas morales, pero no nos ayuda a explicar la causa última. Es decir, la pregunta última sería “¿por qué algo se hace frecuente?” “¿por qué algo se moraliza?”. Los autores sugieren que sí, que este heurístico puede explicar la moralización, que de dos cosas neutras moralmente, una de ellas se puede hacer más frecuente al azar y establecerse como un valor moral. Personalmente no lo veo claro. Una vez que algo se hace frecuente es verdad que este mecanismo psicológico de imitar lo más frecuente y de considerarlo bueno nos aclara muchas cosas. Pero no todo lo frecuente se considera bueno ni todo lo raro malo. ¿Por qué unas cosas se moralizan y otras no? ¿por qué algunas cosas consiguen extenderse en la población y pasar ese umbral crítico para conseguir reemplazar unos valores por otros y otras conductas no lo consiguen? ¿Podemos coger cualquier conducta y hacerla frecuente y por tanto que sea considera buena? Mi impresión es que “lo frecuente es bueno” no puede llegar tan atrás. 
Creo que esos cambios iniciales responden a un cambio en la realidad social y que no son aleatorios. Por ejemplo, en el caso que hemos comentado al principio del cambio en la valoración de la evasión de impuestos en Sudáfrica y Méjico en distintas direcciones creo que eso se deberá probablemente a cambios sociales en esos países. Pero es un campo muy interesante para nuevas investigaciones.

Nos faltaría, para acabar, decir algo sobre el origen evolutivo de este mecanismo psicológico que nos lleva a pensar que lo frecuente es bueno. Las normas sociales sirven para coordinar las acciones de un grupo y para favorecer la colaboración. Para coordinar la acción de un grupo en caso de conflicto hay que decidir en qué bando se pone uno y decidirlo rápido para evitar una parálisis a la hora de actuar. Estar en el lado equivocado de un conflicto puede tener unos costes muy elevados y ésta parece la explicación del “lo frecuente es bueno”. A la postura más frecuente se le adjudicaría un mayor valor moral y así el grupo podría coordinar su acción de manera rápida y eficaz. Los hallazgos del estudio de que  los juicios morales de conductas frecuentes se hacen con mayor rapidez apoya esta idea de que escoger bando sería más rápido cuanto más grande es la mayoría y así se evitaría el coste de estar en el lado equivocado.

@pitiklinov

Referencia:







lunes, 11 de septiembre de 2017

Estudios genéticamente informativos

Un gran número de estudios de sociología y de psicología son una pérdida de tiempo y dinero porque no controlan los genes en sus diseños. El típico diseño al que me refiero es el siguiente: medimos algo en los niños, medimos algo que hacen los padres biológicos y luego concluimos que la causa de lo que les pasa a los niños es lo que hacen los padres. Por ejemplo, los padres que tienen muchos libros en casa tienen hijos más inteligentes, luego hay que comprarles libros a los niños y hacerles leer para que sean inteligentes.

El problema es que los padres pasan dos cosas a sus hijos: unos genes y un ambiente y todos los rasgos psicológicos tienen una influencia genética (heredabilidad) lo que quiere decir que padres ansiosos tienen hijos ansiosos y padres inteligentes tienen hijos inteligentes. Así que en el ejemplo anterior lo que puede ocurrir es que los hijos de padres que leen y tienen muchos libros no son más inteligentes porque han heredado la biblioteca familiar sino porque han heredado los genes paternos, y eso parece que es lo que ocurre. También la biblioteca (el ambiente) puede tener un efecto, pero si no mido el efecto de los genes no puedo saber cuánto corresponde al ambiente. Para evitar esta confusión genética (genetic confounding) hay que diseñar un estudio genéticamente informativo y así tendré una idea más clara de la causalidad.

Este error ocurre especialmente en sucesos relacionados con la infancia por ese papel tan especial que atribuimos a la infancia, tema del que ya hemos hablado en el Mito de la Infancia. Es muy intuitivo pensar que lo que viene antes es causa de lo que viene después pero no tiene por qué ser así. El día no es la causa de la noche aunque venga antes que ella. Tanto el día como la noche se deben a una tercera cosa que es la rotación de la Tierra. De la misma manera, un suceso en la infancia no tiene por qué ser causa de un suceso en la edad adulta, ambos sucesos pueden ser causados por un tercero: una influencia genética. 

Vamos a ver ejemplos. Según este estudio, niños que ven a sus padres tener sexo de pequeños (la famosa escena primaria de Freud) van a tener una mayor afición al sexo ocasional de mayores, una sociosexualidad menos restringida. Pero claro, si los padres son más aficionados al sexo y tienen una sociosexualidad menos restringida es más probable que sus hijos les pillen haciéndolo. Así que es posible que padres aficionados al sexo tengan hijos aficionados al sexo. No digo que sea así, pero hay que tenerlo en cuenta.

Aquí tenemos otro ejemplo de este error: ¿quieres tener hijos más inteligentes?, pues retrasa la edad de tener hijos. Resulta que se se ha observado que las madres más inteligentes que se dedican a sus carreras están retrasando la edad para tener los hijos y los hijos de estas madres lógicamente son también más inteligentes. Pero, evidentemente, la causa no es que nazcan cuando las madres son más mayores sino que heredan los genes de inteligencia de sus madres.

Otro ejemplo donde puede haber problema de confusión genética son estudios donde se relaciona el castigo físico a los niños con conducta agresiva o trastornos mentales en la edad adulta como en este caso o este otro donde a hijos de padres más duros les va peor en la escuela. Son estudios que piden obligatoriamente controlar los genes. 

Para acabar, un caso muy curioso. Resulta que se ha detectado una “brecha de palabras” entre niños de alto y bajo nivel socioeconómico. Los niños de familias con bajos ingresos escuchan menos palabras que los de familias privilegiadas que se cuantificar en 30 millones de palabras menos para la edad de 3 años. Según los autores, esto va a dar lugar a un peor funcionamiento en tests de vocabulario y lenguaje de mayores. El caso es que, para arreglarlo, varias ciudades han puesto en marcha programas para mejorar este “problema” con unos aparatos que miden el número de palabras que escuchan los niños en casa, un “pedómetro de palabras” y se ha visto que los niños de estos programas escuchan un 60% de palabras más que los controles, lo que se supone tendrá grandes ventajas en su desarrollo. No hace falta que insista en que hay una relación entre inteligencia y nivel socioeconómico y entre inteligencia y genes y que si no controlamos los genes este tipo de programas son un gasto de dinero absurdo.

Podríamos poner muchos más ejemplos de correlaciones que son tomadas por causalidad, incluso de revistas de primera línea, pero vamos a ver algunos de estudios genéticamente informativos. En estos estudios lo que se hace es separar genes y ambiente. Muchos de ellos se hacen en gemelos con diferente grado de similitud genética (monocigóticos, heterocigóticos) para ver si las consecuencias de la intervención que estudiamos son diferentes en ellos. Otra posibilidad es estudios de adopción en los que se aplica la intervención a hijos biológicos y no biológicos.

Éste es un estudio  genéticamente informativo donde se investiga si el maltrato infantil se asocia a trastornos del neurodesarrollo como Autismo o Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Se encuentra que efectivamente los niños maltratados tienen mayor número de trastornos del neurodesarrollo pero cuando se comparan gemelos monocigóticos (iguales genéticamente) de los cuales uno ha sufrido maltrato y el otro no, lo que se observa es que el número de trastornos del neurodesarollo es igual. Es decir, el maltrato no es la causa de los trastornos del neurodesarrollo y esto nos alerta también de que niños con múltiples trastornos del desarrollo tienen mayor riesgo de sufrir maltrato.

Un tema también polémico es el de la influencia del divorcio en los hijos. Hay datos de que los niños que viven el divorcio de su padres se divorcian con más frecuencia de mayores. Esto nos podría llevar a la conclusión de que el divorcio de los  padres afecta a los niños psicológicamente y es la causa de sus futuros divorcios. Pero claro, también es muy posible que ciertos rasgos de personalidad (impulsividad, baja responsabilidad, consumo de tóxicos, etc.), hacen más probable que una persona se divorcie y los rasgos de personalidad son heredables en un 50% de media. Este estudio controla los genes   y concluye que la transmisión intergeneracional del divorcio (inestabilidad familiar) se debe en un 66% al divorcio como tal y en un 34% a los genes.

Vamos a ver otro ejemplo con el caso de la lactancia materna y su supuesto efecto beneficioso sobre la inteligencia de los hijos. Según ese estudio, los hijos que son criados con lactancia materna tienen mayor C.I., mayor rendimiento escolar, mejor memoria de trabajo y mejor función motora. Sin embargo, cuando se corrige para múltiples variables el efecto desaparece. Es interesante este otro estudio de la relación entre lactancia materna y trastornos de conducta en los hijos que sí es genéticamente informativo. En este trabajo se valora a madres que dan pecho a hijos biológicos y a  hijos no biológicos (por diferentes técnicas de reproducción asistida) y la conclusión es que los hijos que reciben lactancia materna tiene menos trastornos de conducta descontando los efectos genéticos.

Resumiendo, es muy importante para que podamos establecer una relación de causalidad y no solo de correlación que el estudio controle la posible influencia de los genes por medio de un diseño que sea genéticamente informativo. Hay que recordar que los seres humanos no somos tablas rasas en las que se empieza a escribir al nacer. Evidentemente, esto complica el diseño pero es que, si no lo hacemos, todos los estudios que produzcamos no dejan de ser un brindis al sol y un derroche si es que encima se usan para informar guías y políticas de salud pública sin fundamento científico.

@pitiklinov

Referencias:



viernes, 1 de septiembre de 2017

Nosotros contra Ellos

(Publicado originalmente el 11-08-2014 en la Nueva Ilustración Evolucionista)

Formar grupos obteniendo un confort visceral y orgullo de los compañeros familiares, y defender al grupo entusiásticamente contra los rivales, están entre los universales absolutos de la naturaleza humana y por tanto de la cultura.
- Edward O. Wilson

Marek Kohn
La revista Aeon Magazine se caracteriza por producir unos artículos de una calidad media bastante alta. En esta entrada quiero comentar un artículo reciente titulado Us and Them que revisa de una manera bastante completa el delicado tema del universal antropológico Ellos/Nosotros, es decir, la tendencia del ser humano a diferenciar entre un “Nosotros” y un “Ellos”, y la consiguiente facilidad que esa tendencia supone para generar divisiones y enfrentamientos entre grupos. Marek Kohn, el autor del mismo, revisa temas e investigaciones muy interesantes, como los siguientes:

  • La idea de la división Ellos/Nosotros es del sociólogo William Graham Sumner y aparece en su libro de 1906 Folkways. La idea de Sumner es la de un Nosotros contra Ellos: “los miembros de un grupo “Nosotros” están en una relación de paz, orden, ley, gobierno y demás. Sin embargo, la relación con los grupos externos es de guerra y expolio salvo acuerdos. Sumner introdujo también el término etnocentrismo para hacer referencia al hecho de que el propio grupo se considera el centro de todo, y todos los demás se miden por referencia con él. En muchos pueblos primitivos se observa una tendencia a considerarse ellos mismos como “seres humanos”; los demás son otra cosa no bien definida pero no “seres humanos” de verdad

  • Cuando a niños blancos de tres meses se les muestran caras de estudiantes de diversos grupos étnicos, los niños son capaces de diferenciarlas, de diferenciar los individuos de grupos étnicos distintos. Sin embargo, esta habilidad se pierde a los 9 meses. A partir de entonces, todos los de otros grupos les parecen iguales. Niños recién nacidos miran con igual atendión caras de diferentes etnias, pero a los 3 meses los niños prefieren mirar caras de su propio grupo étnico. Estos hallazgos son turbadores porque indican que el sesgo Nosotros/Ellos está muy relacionado con la forma de nuestro cerebro de organizar el mundo y porque se pierde la capacidad de ver a la gente que no nos es familiar como individuos.

  • Existen muchos experimentos donde se consigue enfrentar a unos grupos contra otros en base a diferencias absolutamente ridículas. Desde luego, el más famoso es el de Sherif de 1954 en el campamento scout Robbers Cave State Park , donde dos grupos absolutamente artificiales, los Rattlers y los Eagles acabaron enfrentados. Se consiguió resolver la situación haciendo trabajar a los dos grupos en una tarea común. Existen muchos otros estudios y los resultados no dejan lugar a dudas: la gente se va a escindir en grupos por menos que cante un gallo, por muy arbitraria que sea la división ( así que no digamos si las divisiones tienen una base real…). El lema parece ser “Ayuda a los que son como tú, ataca al resto”.

  • La hipótesis del “Altruismo Parroquial” de Samuel Bowles y Herbert Gintis, dos teóricos de la cooperación. Sus análisis de datos prehistóricos y de simulaciones de ordenador les llevaron a la conclusión -a la que se resistieron ellos mismos durante tiempo- de que la guerra pudo haber extendido el altruismo entre la humanidad, jugando un papel crítico en la evolución de la especie cooperativa que somos los humanos. El conflicto y la guerra puedo ser la “matrona” dice Bowles de valores e instituciones humanas muy queridas como la democracia, el imperio de la ley y la propensión a ayudar a los demás. Es decir la cooperación entre hombres siempre fue para derrotar a los hombres de otros grupos. Esto ya lo adelantó el propio Darwin en un pasaje muy famoso:

    “Una tribu que incluya muchos miembros que - poseyendo un alto espíritu de patriotismo, fidelidad, obediencia, coraje y simpatía-, estén siempre listos para ayudar al otro, y a sacrificarse por el bien común, resultará victoriosa sobre la mayoría de otras tribus; y esto sería selección natural. En todas las épocas unas tribus han desplazado a otras; y como la moralidad es un elemento importante en este éxito, el estándar de moralidad y el número de hombres bien dotados en él tenderá a crecer y aumentar”

Aquí nos metemos en un tema controvertido ya que para muchos autores (Wilson, Haidt…) a nivel del grupo se selecciona “honor, virtud y lealtad” mientras que a nivel individual se selecciona “egoísmo, cobardía e hipocresía”. Otros autores sin embargo (Pinker) no aceptan la selección a nivel del grupo.

  • Estudios con la Oxitocina, la llamada “molécula moral” o “péptido del amor” indican que la moralidad llega hasta los límites del grupo. En diversos estudios la oxitocina promueve el etnocentrismo, el favoritismo hacia el endogrupo, el grupo propio, ya que ayuda a ver a los miembros del propio grupo como más humanos. Estudios de decisiones morales con los famosos tranvías así como juegos económicos en los que los participantes toman oxitocina indican que la oxotocina ayuda a favorecer laos del propio grupo.

En definitiva, a medida que nuestro sentido del yo y del “Nosotros” al que pertenecemos, se desarrolla, se difumina el de “Ellos”. El amor y cooperación con los nuestros parece llevar unido la distancia y el desprecio de los que no son como nosotros. Ellos/Nosotros, Cooperación/Conflicto son dos caras de la misma moneda. Y las más pequeñas e intrascendentes diferencias van a ser capaces de disparar ese reflejo de nuestra mente. Desgraciadamente es mucho más fácil enfrentar a la gente que unirla. Pero, por lo que sabemos hasta ahora, existe por lo menos una solución al problema, que es la que encontraron en Robbers Cave: trabajar juntos por un objetivo común. Es también la que encontraron Kurzban y Cosmides y Tooby para superar las diferencias de raza.

@pitiklinov


jueves, 31 de agosto de 2017

La Inteligencia y el Cociente Intelectual

La semana pasada en Twitter tuvimos un debate acerca del inteligencia y de la utilidad del C. I. (cociente intelectual) medido por los test de inteligencia. Como en Twitter no hay sitio para exponer una opinión con la suficiente profundidad decidimos trasladar el debate a un blog para poder tratarlo como se debe. En esta entrada vamos a exponer, como base para la discusión, nuestras posturas Pablo Duque, neuropsicólogo y creador de INEURO® y yo mismo. Tengo que decir que no soy experto en la materia, no administro test de inteligencia, pero lógicamente sigo el tema tanto a nivel clínico como de investigación dada la importancia de la inteligencia, una facultad clave de la mente humana. Sin embargo, Pablo Duque conoce los llamados “Test de Inteligencia” no sólo por teoría sino por su práctica clínica habitual desde hace ya más de 20 años.

Lo primero que hay que decir es que este debate es muy viejo pero creo que existen ya una serie de hechos y datos bien establecidos que son los que vamos a exponer a continuación:

¿Qué es la inteligencia? Este es uno de los problemas.

Es muy difícil dar una definición satisfactoria de la inteligencia, como de cualquier otra cosa en la vida, pero es obvio que unas personas tienen más vocabulario que otras, resuelven problemas mejor, se expresan mejor y organizan mejor problemas complejos. Además, la gente que lo hace bien en un tipo de tareas tiende a hacerlo bien en otras, un fenómeno que se conoce como g o factor general de inteligencia. Evidentemente, que unas personas tengan mayores capacidades cognitivas que otras no demuestra que se deba a un facto concreto, lo que llamamos g, ni demuestra que tenga una base biológica. El problema está cuando nos planteamos el qué para llegar al cómo. Es decir: ¿qué es la inteligencia? Y, por tanto, ¿cómo evaluarla? Ahí está el quid. Objeciones de este tipo no invalidan el hecho de que haya pruebas que tengan sentido y sean útiles aunque g no existiera. Las personas que piensan bien hacen bien un montón de cosas bien y la capacidad cognitiva es un buen predictor de muchas cosas en la vida, como ahora veremos. Por otra p arte, la fiabilidad y validez de los test es alta.

Como es necesario dar alguna definición de inteligencia he aquí una: “Facultad de la mente que permite aprender, entender, razonar, tomar decisiones y formarse una idea determinada de la realidad”. Esta es sólo una. Pablo Duque y Javier Tirapu escribieron un capítulo del libro de Lóbulo Frontal publicado por Viguera Editores en el que daban una definición de inteligencia. Múltiples autores y autoras tienen definiciones. Hay algo esencial: si no sabes qué quieres evaluar porque no hay definición unánime [ni incluso si debe existir un concepto así] no puedes decir que es algo concreto mediante unas pruebas.

Lo que se dice que es inteligencia es heredable

La heredabilidad de la inteligencia es un asunto que no se puede ya discutir científicamente y esto lo dicen investigadores progresistas en inteligencia como Eric Turkheimer, Richard Nisbett y Kathrin Paige Harden. La frase que ellos utilizan exactamente es: “the heritability of intelligence is no longer scientifically contentious”. Pero vamos a explicar un poco lo que es la heredabilidad.

En primer lugar heredabilidad y hereditario no es lo mismo aunque hay una relación. La heredabilidad se refiere a “la proporción de la variación de caracteres biológicos en una población atribuible a la variación genotípica entre individuos”. Es decir, es una medida que se refiere a la población no al individuo. Si la heredabilidad de la inteligencia es del 80% (o de 0,8 en una escala de 0 a 1) eso no quiere decir que el 80% de mi inteligencia o de cualquier otro individuo se debe a los genes y el 20% a otras cosas. La heredabilidad no es una afirmación sobre el individuo sino sobre la población. Que el 80% de la variación en inteligencia en esa población se explica por los genes. Por otro lado, una cosa puede ser hereditaria y no ser heredable, por ejemplo que tengamos una cabeza. Tener una cabeza se hereda y depende de los genes. Pero como no hay variación en la población en ese rasgo (todos tenemos una cabeza) la heredabilidad de ese rasgo es 0.

Y no solo la inteligencia es heredable sino que en estos momentos se están descubriendo los genes que influencian la inteligencia. De hecho, el debate surgió al compartir esta noticia donde cuentan un estudio que acaba de descubrir 22 genes que influencian la inteligencia y que explican un 5% de la variación. Lógicamente es muy poco explicar el 5% pero es cuestión de tiempo que se vayan descubriendo más genes.

En esencia, decir que la inteligencia es heredable quiere decir que, en general, personas que son más parecidas genéticamente son también más similares en la puntuación de una prueba como el WAIS. Los hermanos gemelos monocigóticos tienen una puntuación en pruebas como el WISC más parecidas que unos hermanos no gemelos monocigóticos.

La Inteligencia predice muchas cosas importantes en la vida

La puntuación en el WAIS [o el RAVEN o el WNV] predice, entre otras cosas, los resultados escolares, los ingresos en la edad adulta, el desempeño en el puesto laboral, delitos (a mayor puntuación, menos delitos) que cometerá la persona e incluso la mortalidad (a mayor puntuación, menor mortalidad; se estima que 15 puntos más en la infancia se asocia a 24% menos de moralidad en los años siguientes). Una puntuación más baja se asocia a mayor probabilidad de ser asesinado y a mayor riesgo de muerte por accidentes. ¿Se asocia la puntuación en pruebas como el WAIS a algo malo? Pues no a muchas cosas malas; una de ellas podría ser la miopía.

Para introducir el debate nos parece que con estos puntos es suficiente. Pero nos gustaría añadir una reflexión sobre por qué es tan controvertido el tema de la inteligencia. La impresión de Pablo Malo es que se debe más a razones ideológicas o emocionales que a razones científicas. La impresión de Pablo Duque es que es un constructo no definido y que no es “medible”. Es más: hay tantos y tantos componentes cognitivos y no cognitivos en pruebas como el WAIS que el decir que eso es inteligencia es, al menos, atrevido.

Es verdad que, en cierto modo, muchas personas tenemos un deseo de igualdad y nos gusta creer que todos somos iguales y que todos podemos hacer cualquier cosa. Cualquier limitación biológica que ponga límites a este deseo molesta. Pero la ciencia está para decirnos cuál es la realidad o, al menos, lo más cercano a lo que puede ser “lo real”, no para confirmar nuestros deseos, y si hay que aceptar que no todos tenemos la misma capacidad de pensar o de aprender pues habrá que aceptarlo, lo cual, sin duda, parece un hecho más que evidente.


@P_Duque y @pitiklinov







lunes, 28 de agosto de 2017

El suicidio de la ciencia

La naturaleza es indiferente a nuestros valores y sólo puede ser entendida olvidando nuestros conceptos del bien y del mal
-Bertrand Russell

Ya hemos hablado antes del conflicto entre moral y ciencia y en este caso volvemos sobre ello porque la batalla la está ganando claramente la moral y nos jugamos mucho. Nada menos que el Scientific American se apunta, en el editorial de un número dedicado a la nueva ciencia del sexo y del género, a la teoría de que el sexo no es binario, que muchos somos híbridos y a la negación de las diferencias biológicas innatas entre los sexos. Esta postura tiene problemas científicos y filosóficos como muy bien señala Jerry Coyne en esta crítica y vamos a ver los dos.

Las pruebas de que hay que cambiar los libros de texto de bilogía, según Scientific American, son: “que investigadores han encontrado células XY en una mujer de 94 años, que cirujanos han encontrado un útero en un hombre de 70 años padre de cuatro hijos y que el cerebro consiste en un mosaico de células yin y yang”.

Decir cosas como las dos primeras en serio es realmente sorprendente. El propio Scientific American ha informado de descubrimientos recientes en los que se han encontrado células de los hijos vrones en los cerebros de las madres capaces de residir allí durante décadas. No nos informa si esta señora de 94 años había sido madre de algún varón pero en cualquier caso el quimerismo es un fenómeno conocido. En cuanto a que se encuentre un útero en un hombre tampoco hace que tengamos que tirar toda la biología a la basura, evidentemente. Los conductos de Müller están presentes en los embriones humanos de ambos sexos y son los que van a dar lugar al útero, trompa de Falopio y cervix en las mujeres mientras que degeneran en los hombres. El proceso de desarrollo embrionario puede verse alterado por múltiples razones.

Voy a dedicar algo más de tiempo a lo de que nuestros cerebros son mosaicos masculinos/femeninos. Esta idea procede de un estudio de Daphna Joel de 2015 al que se le ha dado mucho bombo y platillo: no existen cerebros masculinos y femeninos, no hay diferencias entre ellos y no se puede diferenciar un cerebro masculino de uno femenino. Lo que la prensa no ha dado a conocer es que este estudio ha sido muy criticado, por ejemplo por Del Giudice y cols. que critican la mala metodología y que incluso con los datos de Daphna son capaces de predecir el sexo en el 69-77% de los casos. Checkroud y cols. usando las resonancias magnéticas del Brain Genomics Superstruct Project predicen el sexo del individuo en el 88,9-94,5 de los casos. (ver aquí respuesta de Daphna a las críticas). Para una crítica bastante centrada y razonable del estudio de Daphna ver la de Kevin Mitchell en Wiring the Brain.

Pero es igual, supongamos que tiene razón Daphna y que hoy en día no pudiéramos diferenciar cerebros masculinos y femeninos, ¿quién nos dice que nuevas herramientas con más resolución o nuevos descubrimientos de las estructuras cerebrales no van a hallar diferencias en el cerebro de hombres y mujeres en el futuro? Imaginemos que se descubre un núcleo en el hipotálamo de las mujeres ausente en el de los hombres. Si eso ocurriera ¿qué haríamos entonces? ¿tendríamos que decir que los derechos de los hombres no son iguales que los de las mujeres? ¿Prohibimos el artículo y hacemos un Index Articulorum Prohibitorum como el que tenía la Iglesia Católica? Creo que este planteamiento es ridículo y lo es por mezclar los planos de la realidad y de la moral. La ciencia busca la verdad y la moral busca el bien. Si mezclamos estos dos planos montamos un lío bien gordo. Pero este problema de mezclar la moral, lo que “debe ser”, lo que “nos gustaría que fuera” con “lo que es” es un problema muy antiguo. Sin remontarnos más, es el problema de Galileo el que estamos reeditando ahora. Entonces el conflicto se dio entre la Iglesia católica y la ciencia, ahora el conflicto se da entre la Religión de lo Políticamente Correcto (ideología de género, postmodernismo…) y la ciencia.

Hay fundamentalmente dos maneras erróneas de mezclar los planos moral y científico y ambas tienen graves consecuencias: la falacia naturalista y la falacia moralista:

1- Falacia Naturalista

La falacia naturalista consiste en mantener que “lo que es” debe ser. Es decir, lo que es “natural” o encontramos en la naturaleza es lo que debemos considerar bueno moralmente. Voy a poner un ejemplo del error que esto supone. En la entrada sobre cómo la gente normal se convierte en genocida vimos que existe el universal Ellos/Nosotros según el que tenemos una tendencia a dividir el mundo en ellos y nosotros. Como dice aquí Michael Tomasello: “Es uno de los hallazgos más sólidos de la psicología, las diferencias de trato a los miembros del grupo y a los que no lo son. Favorecemos a los de nuestro grupo y desconfiamos de los de fuera”. Entender nuestra naturaleza, incluidos los aspectos más oscuros, puede ayudar, según Tomasello, a mejorar nuestras sociedades. 

Estoy totalmente de acuerdo con él. Es verdad que existe esa tendencia y no debemos negarla. Pero no tenemos por qué considerarla buena moralmente. Al contrario, nuestros valores morales nos dicen que queremos construir un mundo en el que no nos matemos unos a otros. Por lo tanto, estudiaremos la realidad para cambiarla y veíamos en la entrada mencionada que si las personas cooperan juntas en busca de objetivos comunes conseguimos ampliar el “Nosotros” y disminuir los conflictos entre los grupos. Resumiendo, que sea “natural” nuestra tendencia al enfrentamiento no quiere decir que debamos darla por  buena. De la misma manera, también tenemos una capacidad para la agresión porque ancestralmente ha sido adaptativa cuando la relación coste-beneficio era favorable a actuar agresivamente. Pero tenemos que diseñar una sociedad en la que la agresión no obtenga recompensa, donde la  relación coste-beneficio de la agresividad no compense.

Hablando muy grosso modo esta falacia la suele cometer más la derecha.

2- La falacia moralista. 

Es justo lo contrario a la falacia naturalista. En el caso de la falacia moralista es el “debe ser” lo que se considera o se impone como “lo que es”. Es decir, lo que consideramos bueno moralmente se impone como realidad. Por ejemplo, como queremos que hombres y mujeres sean iguales y no haya diferencias morales ni de derechos ni de ningún tipo entre ellos, pues entonces decimos (como ha hecho el Scientific American) que no hay diferencias biológicas entre los hombres, que somos iguales biológicamente. Esta falacia, en líneas generales también, la suele cometer más la izquierda.

Por poner otro ejemplo, el que mencionábamos en la entrada sobre el caso Google, la prohibición de la genética en la URSS por ser una perversión burguesa: como la existencia de los genes no me viene bien para mi ideología pues prohibo los genes…

¿Por qué no debemos mezclar ciencia y moral?

Porque la ciencia no nos puede decir lo que está bien y lo que está mal. El mundo de ahí fuera es amoral, no hay valores morales en la naturaleza. La moral es, en palabras de Oliver Scott Curry: “un conjunto de estrategias biológicas y culturales para resolver los problemas de cooperación y conflicto de las sociedades humanas”, es decir, es una adaptación humana para la cooperación. Ningún telescopio ni microscopio va a encontrar nunca valores morales ni ningún escáner va a encontrar derechos humanos en el cerebro. Como dice Harari en De Animales a Dioses : “No hay dioses en el universo, no hay naciones, no hay dinero, ni derechos humanos, ni leyes, ni justicia fuera de la imaginación común de los seres humanos”.

Por eso es un error hacer que los derechos dependan de hallazgos científicos. Que hombres y mujeres tienen los mismos derechos no depende de que sus cerebros sean idénticos y ningún descubrimiento científico puede cambiar nuestro valor moral de que los hombres y las mujeres tienen los mismos derechos. 

Debemos separar ciencia y moral como se separó en su día Estado y Religión. Tenemos que sacar a las instituciones morales (las que dicen lo que es bueno y malo) de la ciencia si no queremos volver a la Edad Media. Si dejamos que estas instituciones y la ideología  dicten los resultados que puede obtener la investigación científica asistiremos en breve al suicidio de la ciencia.

Pero lo que está ocurriendo, el sometimiento de la  ciencia a los dictados de las instituciones morales (sean iglesias o credos de un tipo u otro) es también muy revelador. Lo que esto nos indica es que el deseo de ser considerados buenos, de que no nos etiqueten de malos e inmorales y nos expulsen del grupo es mucho más fuerte que el instinto humano a buscar la verdad. Incluso en científicos.

@pitiklinov

PS- Kevin Mitchell acaba de actualizar su refutación de la idea de Daphna Joel de que nuestros cerebros son  mosaicos de partes femeninas y masculinas