lunes, 20 de enero de 2020

Refutación del feminismo radical



“Los movimientos de masas pueden surgir y extenderse sin la creencia en un Dios, pero nunca sin la creencia en un diablo”.
-Eric Hoffer, The True Believer

"Es peligroso tener razón cuando el gobierno está equivocado”
-Voltaire 
“Para saber quién manda sobre ti simplemente averigua a quién no te está permitido criticar”
-atribuida a Voltaire pero parece que es de  Kevin Alfred Strom

Esta entrada es una reseña del libro Refutación del Feminismo Radical, de Javier de la Puerta, un libro que realmente ofrece lo que dice en el título: una buena serie de preguntas y argumentos dirigidos a refutar los postulados del feminismo radical. En la entrada voy a hacer un pequeño resumen de lo que nos ofrece el libro, que desde luego es muy recomendable para los que estén interesados en el tema.

Debemos empezar por el problema de las definiciones. Cuando alguien critica al feminismo, siempre se responde que hay muchos tipos de feminismo, que hay muchas feministas que no están de acuerdo con tal o cual manifestación o declaración concreta. Javier, y muchos otros autores, distinguen un feminismo liberal o de igualdad y un feminismo radical (lo trata en el capítulo 17). El feminismo de igualdad es el que defiende que hombres y mujeres deben tener los mismos derechos y oportunidades. El feminismo radical, de inspiración marxista, tiene su origen en autoras de los años 60 del siglo pasado, como Kate Millet o Shulamith Firestone, y dice que hay que abolir el matrimonio, la familia y el Patriarcado. Javier de la Puerta toma como referencia del feminismo radical el texto del Manifiesto de la Comisión 8M para la huelga feminista del 8 de Marzo de 2018. Este Manifiesto (que figura como apéndice en el libro y es criticado punto por punto al final del mismo) fue apoyado explícita o implícitamente por todos los partidos, organismos y ciudadanos que apoyaron la huelga y casi nadie realizó una crítica del mismo (se publicó un manifiesto alternativo, “No Nacemos Víctimas”, firmado por 29 mujeres, de muy escasa repercusión). Dice Javier:

“Lo extraordinario fue que el manifiesto inicial -un bodrio antisistema, políticamente sectario, socialmente excluyente, retóricamente estridente, hilado con una jerga revolucionaria tercermundista y atravesado de una hiperbólica y delirante distorsión/sustitución de la realidad- se mantuviera sin apenas examen ni crítica, como el texto oficial de la jornada de protesta, al que se sumaban todas las organizaciones y personalidades que, finalmente, pasaron a apoyarla.”

También plantea que el feminismo moderado está missing en España:

“Lo cierto es que no puedo citar ni a una sola intelectual, académica o periodista de renombre que se haya desmarcado públicamente del discurso feminista radical en boga en nuestro país”.

O en qué se ha convertido realmente el feminismo:

“…el feminismo radicalizado se está convirtiendo en un lobby de poder que defiende intereses de parte: las mujeres que ya tienen posiciones de influencia en la universidad y la educación, los medios de comunicación, las industrias culturales, los colegios profesionales, la Administración y la política y, en primer lugar, las propias organizaciones y profesionales del feminismo convertidas en red clientela…Lo que se pretende como un correctivo de la desigualdad se convierte en un nuevo sistema de privilegios y discriminación. Especialmente cuando las principales beneficiarias de todo este sistema de género no son las mujeres de clase baja y poca o nula educación (ni, menos aún, las inmigrantes explotadas, las empleadas domésticas o las prostitutas), sino las mujeres más privilegiadas por su nivel profesional, estatus social y educación”.

El libro tiene casi 500 páginas y dedica las primeras 200, aproximadamente, al fenómeno del MeToo a nivel mundial. Personalmente, me parece que la extensión dada a este tema es excesiva, pero desde luego es un estudio a nivel mundial del fenómeno MeToo exhaustivo.  La conclusión final de Javier (y obviamente resumo mucho) es que el movimiento MeToo es síntoma del poder de las mujeres, no de su opresión. El movimiento ha tenido éxito en los países occidentales donde las mujeres gozan de independencia económica, presencia social, igualdad de oportunidades, etc., y no ha tenido ningún éxito en países como Rusia, Arabia Saudí, India o China:

“MeToo no es, por lo tanto, la confirmación de un Patriarcado instalado en el conjunto de la sociedad que sea preciso derribar, como si de una vieja arquitectura previa recién descubierta se tratara. Porque si esto último fuera cierto -que vivimos en un sistema patriarcal atrincherado en las estructuras macrosociales y con un poder real de dominación sobre las mujeres en todos los terrenos- nada de lo que ha ocurrido con el movimiento en los países democráticos avanzados habría sido posible”.

Yo añadiría que si fuera cierta la existencia de ese Patriarcado todopoderoso y primigenio no sólo no habría sido posible la aparición del fenómeno MeToo sino el surgimiento del propio feminismo. Si el Patriarcado es una estructura todopoderosa en la que los hombres tienen el poder y controlan y dominan todas las instituciones (política, economía, educación ,etc.), y si encima aceptamos un determinismo social y cultural como el que plantea el feminismo (para el que la biología no cuenta en absoluto) es imposible explicar cómo puede surgir una ideología opuesta a esa fuerza tan formidable. No habría podido surgir (¿de dónde?) y si lo hubiera hecho habría sido aplastada inmediatamente.

Dejando atrás el fenómeno MeToo, vamos a decir algunas cosas sobre algunos otros puntos del libro.

BRECHA SALARIAL: LA GRAN MENTIRA

Así se titula el capítulo10 donde revisa los datos y estadísticas sobre la cuestión. La conclusión es muy clara:

“En España -y en el mundo occidental- no hay una brecha salarial por la discriminación directa de género: es completamente falso que las mujeres cobren un 15-20% menos por el mismo trabajo. Hay una brecha laboral/profesional, que es algo distinto y mucho más complejo de resolver, pues obedece a factores culturales (modos de vida, pactos de pareja, preferencias personales, etc.)”.

Cualquiera que revise la literatura sobre la brecha salarial llega necesariamente a la misma conclusión: la brecha salarial se debe a factores como que las mujeres trabajan menos horas, su trayectoria profesional se ve interrumpida por la maternidad, se concentran en sectores y especialidades profesionales que pagan menos, los complementos y pluses por horas extra no son proporcionales y trabajar 50% de horas extras más supone ganar mucho más que un 50% añadido (ver la obra de Claudia Goldin a este respecto), las mujeres trabajan más cerca de casa, etc, etc. Es decir, la causa básica está en las diferentes elecciones y decisiones de hombres y mujeres que dan lugar a una diferente trayectoria profesional. Podemos discutir sobre el origen de esas preferencias y si el cuidado de los niños debe corresponder a un sexo o al otro, o todo lo que queramos, pero, aunque suene fuerte, creo que tiene toda la razón Javier cuando afirma que  decir que a las mujeres se les paga menos por el mismo trabajo es directamente una gran mentira.

Pero, como persona de izquierdas según se define en el video presentación de su libro, Javier denuncia que cuando se crea un problema falso, el resultado casi siempre es ocultar problemas reales. Menciona dos en concreto: a) la desigualdad clásica, entre trabajadores, por un lado, y capital y altos ejecutivos, por el otro; y b) la discriminación salarial de la juventud. Con respecto a la discriminación salarial entre ejecutivos y currantes, señala que, en España, los altos ejecutivos ganan 98 veces más que sus empleados medios. “Mientras el sueldo de los trabajadores solo subió un 0,8% en 2017, la nómina de los Consejos creció un 21,3%. ¿Cuánto debate público, indignación, movilización e iniciativa social y política generó?. Prácticamente cero”. Con respecto a los jóvenes:
  • hay 1,4 millones de jóvenes trabajando en prácticas no laborales sin percibir remuneración ni cotizar a la Seguridad Social
  • entre 2008 y 2014 la renta media de los menores de 35 años cayó un 25%
  • la tasa de precariedad es del 57% para los jóvenes de 15-29 años 
  • la tasa de paro entre los 15-24 años sigue en 37,5%
  • casi el 30% de los españoles de 16-29 años estaban en riesgo de pobreza en 2016 (en 2008 no llegaban al 20%)

¿Por qué no hay movilizaciones y debates en los medios sobre esto todos los días? Según Javier, por dos razones:

1- “Porque los jóvenes no tienen poder político, no están organizados ni cuentan con un discurso e ideología propios”.
2- “Porque el discurso del feminismo radical ha logrado convencer a gran parte de la sociedad -e, increíblemente, a los partidos y sindicatos de izquierda- de que la mayor contradicción social de nuestro tiempo ya no es el conflicto de clases ni la desigualdad económica y social en general, sino el conflicto y la desigualdad de género”.

VIOLENCIA DE GÉNERO

Javier dedica tres capítulos del libro a esta cuestión y creo que son tres buenos capítulos. Es un tema que ya hemos tratado en este blog, sobre el que suelo volver recurrentemente, y me parece que Javier lo aborda de una manera muy sensata y con sentido común. Se hace las preguntas adecuadas. Por ejemplo, ésta:

  • Si la causa de la violencia de pareja, tal y como la plantea la teoría feminista es el Patriarcado, “¿cómo es posible que la mayoría de los hombres que han pasado por esos “procesos equivocados de aprendizaje” y por esa cultura machista ampliamente difundida, no han ejercido nunca ni ejercerán jamás ningún tipo de violencia contra sus parejas? no sean violentos con su pareja y sólo lo sea una minoría? Por qué este comportamiento violento solo ocurre en una exigua noria  de varones”? Unido a lo anterior, nos podríamos preguntar también que si la causa de la violencia es el Patriarcado, una estructura que impregna nuestra sociedad en la que todos somos socializados, ¿cómo podemos hacer responsables a hombres concretos de sus acciones si la causa no es individual sino macrosocial? ¿Tal vez porque esa estructura la montaron en el comienzo de los tiempos los hombres y todos los hombres -aunque ahora sean víctimas de la misma, unos individuos adoctrinados por ella-, compartirían el pecado original de ser hombres y heredar la culpa de lo que hicieron sus antepasados?

Es llamativo cómo se carga la culpa colectivamente sobre todos los hombres en este tema mientras está totalmente proscrito aplicar la misma lógica en otros contextos. Según la teoría feminista, cuando un hombre mata a una mujer no lo hace a nivel individual sino que estaría actuando en nombre -o como representante- de todos los hombres. Si dijéramos que todos los emigrantes son unos delincuentes inmediatamente se nos va  a responder que sólo algunos, y que no adjudiquemos a un individuo la conducta de otros miembros de su grupo. Si dijéramos que todos los musulmanes son unos terroristas se nos respondería de igual manera. Pero si decimos que todos los hombres son unos violadores y asesinos, sonarán aplausos en la sala. Da igual que no haya ninguna prueba de esto y muchas de todo lo contrario, de que los factores biológicos, sociales y psicológicos individuales son esenciales, como he tratado en otras entradas. En palabras de Javier:

“Ningún agente social identificable como machista mata a las mujeres. Ni el machismo ni el patriarcado existen como sujeto colectivo, agente social o estructura institucional y legal identificable en los países democráticos avanzados”

Y hace una comparación muy apropiada, a mi modo de ver, con el suicidio. No vivimos en una cultura que promueva la violencia contra las mujeres de la misma manera que no vivimos en una cultura que promueva el suicidio. Vivimos en una cultura donde existen suicidios y violencia contra las mujeres pero no en una cultura del suicidio y de violencia contra las mujeres, no es lo mismo. El suicidio no sólo es que no haya sido promocionado sino que ha sido combatido. Se le han considerado históricamente un pecado, incluso un delito hasta recientemente (y todavía lo es en algunos países)…pero a pesar de ello la gente se sigue suicidando…unas 10 personas al día en España. Lo mismo ocurre con los robos u homicidios. A nadie nos han educado en que está bien matar o robar, pero existen los robos y asesinatos. Cualquier sociedad que se precie debe combatir esos fenómenos o se arriesga a su propia extinción. Pregunta Javier:

“Nada ni nadie en nuestra sociedad fomenta, ni defiende ni aplaude el suicidio: ¿por qué ocurre entonces de forma regular, sistemática y multiplicando por 8  los homicidios de hombres y por 60 las víctimas de violencia de género? ¿Por qué ha de tener una causa social externa identificable la muerte de 50 mujeres al año si la muerte de 3.500 personas (incluidas 900 mujeres) no la tiene?” 

“Si los datos de suicidio según el sexo fueran al revés, y tres veces más mujeres que hombres se quitaran la vida: ¿no apostarían ustedes que el feminismo dominante utilizaría esta tragedia masiva y cotidiana para apuntalar su victimismo y su tremendista diagnóstico de que las mujeres españolas aún viven sujetas a una opresión tan asfixiante que las abocaría masivamente al suicidio? ¿No habríamos visto ya nuestro Ministerio de Igualdad y a los múltiples Institutos de la Mujer -con todas las organizaciones feministas empujando al unísono- reclamando urgentemente perspectiva de género en el análisis de las causas y el tratamiento preventivo de la inasumible tragedia del suicidio? ¿No habría minutos de silencio cada vez que otra mujer se suicidara?

“Si los datos de suicidio son los que son (¡tres veces más hombres que mujeres se consideran tan desgraciados y desesperanzados de la posibilidad de una vida digna que se auto liquidan!), ¿cómo puede ser creíble el discurso feminista radical que afirma que son precisamente las mujeres -¡y sólo las mujeres como categoría social de género!- las qeu viven existencialmente asfixiadas en todos los órdenes?”

Pero, volviendo al tema de la demonización del varón, hay que señalar que no es algo casual, sino esencial en la teoría feminista radical. Fijaos en la cita de Eric Hoffer al inicio de la entrada: puedes hacer una revolución sin un Dios pero no sin un diablo. Es muy importante tener un malo, como en las películas, y ese papel le corresponde a los hombres. En el marxismo clásico el malo era la burguesía y los oprimidos eran los trabajadores; el feminismo radical repite el esquema pero con otra víctima y otro opresor, con el trabajador como víctima no se pudo hacer la revolución, hay que buscar otra víctima. Donde antes estaban los trabajadores ahora están las mujeres y el lugar de la burguesía lo ocupan ahora los hombres (cambio que se inicia con Engels). Como decíamos en otra entrada hablando de la teoría diádica de la moral, hay que poner el foco en la violencia del hombre contra la mujer para que parezca que es la única que existe. Hay que ocultar que la principal violencia de los hombres va dirigida contra sí mismos (suicidio) y luego contra otros hombres (a nivel global, el 80% de las víctimas de homicidio son hombres y en España más del 60%, los homicidios de pareja son el 15% de todos los homicidios). Hay que ignorar la violencia que cometen las mujeres contra los hombres o contra los niños (no tenemos estadísticas de homicidios de niños o filicidios, una violencia que cometen en grado similar hombres y mujeres). El resultado final es que sólo existe la díada: “hombre/perpetrador-mujer/víctima” y “todos los males de la vida de las mujeres y de la sociedad tienen una sola causa: los hombres y su poder patriarcal”. En palabras de Javier:

“Movilizar a la gente, en este caso las mujeres, es mucho más fácil si las presentas como las víctimas predilectas, que tienen como enemigo un monstruo invisible pero omnipresente que anda suelto y cuya razón de ser es someter y violentar solo a las mujeres. De ahí la insistencia del feminismo oficial en hablar de violencia machista como si ahí fuera -más allá de los perpetradores y sus problemas psicológicos o sus subcultura de grupo- existiera en la macro sociedad  un agente activo, un monstruo llamado patriarcado del que fluyen las actitudes machistas, y que es, por tanto, responsable último.

Si lo hay, puede exigirse -so pretexto de combatirlo- todo un programa radical de medidas: leyes especiales y cuotas; multas e imposiciones administrativas; y nuevas medidas educativas desde la infancia (para erradicar los estereotipos y deconstruir las identidades de género). Es decir, imponer ese gran proyecto de reingeniería sociocultural que hemos denominado la Gran Revolución Cultural Feminista, que arrancaría de raíz las causas últimas de la violencia. Aunque nada  de eso se haya demostrado que tenga que ver , en absoluto, con el problema de fondo”.

Para cerrar este apartado y a modo de conclusión:

“En España no existe violencia generalizada sobre las mujeres. Hay un fenómeno preocupante, aunque muy minoritario, de violencia doméstica y violencia de pareja. La confusión deliberada en torno al término violencia machista obedece a una manipulación ideológica: no existe ninguna entidad, fuerza o corriente política, social o grupal, cultural, educativa, ideológica o comunicativa que promueva o defienda/justifique la violencia contra las mujeres a nivel macrosocial”.

EL FEMINISMO RADICAL SE OLVIDÓ DE LOS NIÑOS

Extraigo varios párrafos del capítulo correspondiente:

“La violencia contra los niños ¿por qué no está en primer plano? Una de las consecuencias del sesgo selectivo -llamémosle perspectiva de género con anteojeras- en la percepción, clasificación y evaluación de la violencia, que hemos analizado en capítulos anteriores, la tenemos en el efecto perverso de ocultar y postergar la violencia doméstica más traumática e insoportable: la violencia contra los niños.

Por qué no sabemos -no hay estadísticas completas y apenas se publicitan las que hay- cuántos niños mueren al año en españa por violencia de género o violencia doméstica 8 es decir, a manos de sus padres o madres o por su entorno inmediato)? No lo sabemos por4que no se publican estadísticas periódicamente en los medios, ni se llevan registros completos ( a no ser que formen parte de la violencia contra las madres, violencia de género), ni se observan minutos de silencio  ni hay protestas públicas cada vez que matan un niño…Por no haber, no hay siquiera, todavía, una Ley Integral de Violencia contra la Infancia 8 es decir, llevamos quince años dd retos con respecto a la Ley Integral Contra la Violencia de Género de 2004). Los niños asesinados por los suyos apenas figuran en la conciencia pública de la violencia en España”.

“Lo llamativo es que el discurso feminista en general, pero especialmente en relación con la violencia - al distinguir jurídicamente entre violencia de género ( cuando es el varón el que la ejerce) y violencia doméstica (cuando tiene otros protagonistas)- ha alcanzado tal hegemonía social, política, institucional y mediática que ha conseguido que la burocracia de Estado (ese paquidermo de memoria administrativa que lo registra todo) y los medios de comunicación reflejen de manera casi exclusiva sus prioridades en detrimento de todas las demás…¡Eso es poder! ¡Eso es hegemonía!”.

“La ideología feminista en boga no deja de martillear insistentemente sobre la que considera la mayor virtud femenina a revalorizar: la empatía. Pues bien, las víctimas infantiles de la violencia doméstica representan hoy, todavía, el agujero negro de esa pregonada empatía”.

LA REACCIÓN A LA SENTENCIA DE LA MANADA

“El mayor ataque contra la independencia judicial en democracia. Cuando la historia del Estado de derecho como pilar de nuestra democracia se escriba, el 26 de Abril de 2018 y siguientes serán días para la vergüenza colectiva. Independientemente de los ue se opine sobre la sentencia del caso de La Manada y sobre lo que ocurrió el 7 de julio de 2016 en Pamplona, la reacción de las calles, en las redes sociales, en la práctica totalidad de los medios de comunicación y, desde la esfera política, la de todos los partidos del arco parlamentario y la del mismo Gobierno, constituyó el mayor, más grave y más intenso asalto contra la independencia del poder judicial que se ha visto en España desde que la Constitución de 1978 instituyó una Justicia imparcial. Fue un ataque combinado insólito -desde las masas callejeras a los eminentes tertulianos mediáticos, de la furia en las redes sociales al ministro de Justicia señalando a uno de los jueces como “problemático” -en el que desmarcarse de la avalancha de populismo justiciero era un peligro para la integridad profesional del disidente.”


CONCLUSIONES


En el video donde presenta su libro Javier de la Puerta dice: “Os preguntaréis que hace un hombre como yo escribiendo un libro como éste…la respuesta es muy sencilla: es un acto de rebeldía intelectual”. El actual feminismo radicalizado, según Javier, está revelándose ya como un peligro para el equilibrio de la cultura social en ámbitos como el estado de derecho, la presunción de inocencia, la educación, el lenguaje, la creación artística y la cultura, la meritocracia en el mundo profesional/laboral, las relaciones sexuales y de pareja, la vida cotidiana contaminada por la guerra de sexos  o la libertad de expresión. Dice sobre la libertad de expresión:

“La forma en que las feministas más radicalizadas tratan de imponer su feminismo obligatorio es una de las mayores amenazas a la libertad de expresión desde la propia sociedad. El punto de partida es la presunción de que no estamos ante una ideología como las demás, sino ante la nueva Verdad Revelada, más allá de toda crítica. La policía feminista del pensamiento coarta el debate, descalifica al discrepante y lincha moralmente como machistas, misóginos y retrógrados a quienes osan cuestionar sus premisas abusivas, su lenguaje políticamente correcto o sus prescripciones para la vida social, política y cultural (o para las sentencias judiciales). ¿Hasta dónde llegarían si, imbuidas d ella figura sagrada de los oprimidos dispusieran de una mayoría política suficiente para imponer sus obsesiones ideológicas, con el BOE en la mano?”

Por esto que acabamos de leer estamos ante un libro valiente. Como se refleja ahí, es alto el riesgo de una condena por representante del machismo. Pero machista en boca del feminismo radical quiere decir en realidad hereje de esa religión de Estado en la que el feminismo se ha convertido. El hereje es el que critica los dogmas (brecha salarial, teoría feminista de la violencia de género, etc.) como hace Javier en el libro. Ser el niño que dice que el emperador está desnudo tiene sus riesgos: la visita de la Inquisición y la difamación ritual.  Esperemos que la sociedad atienda a la mayor o menor calidad de sus argumentos, a la lógica y razón de su pensamiento y que todas las cosas que trata el libro se puedan debatir de una manera racional y constructiva.

@pitiklinov

Post-Script: quería mencionar también en esta entrada el estupendo libro de Pablo de Lora Lo Sexual es Político (y jurídico) del que no tuve tiempo en el momento en que lo leí para hacer una entrada pero que os recomiendo también a todos los que seguís el blog.


Vídeos de Javier de la Puerta sobre su libro:
Presentación:

Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 2 Polémica
https://www.youtube.com/watch?v=6Kg9QecZDM4
Capítulo 4

lunes, 30 de diciembre de 2019

Alcohol: Los que beben

Colaboración de Juan Medrano
Recientemente se ha publicado un libro –Alcohol and Humans. A long and social affair, editado por KH Hockings y R. Dunbar- que es toda una enciclopedia sobre la relación de los humanos con el alcohol, pero a la espera de tener ocasión para leerlo con la atención que merece, un aperitivo interesante es el capítulo que dedica a las bebidas alcohólicas Jonathan Silverstown en su Dinner with Darwin. Food, drink and evolution (2017), del que existe edición en castellano (“Cenando con Darwin”, publicado en Crítica hace escasos meses).
Silverstown, ecologista evolucionista de formación, trabaja en el Instituto de Biología Evolutiva de la Escuela de Ciencias Biológicas de la Universidad de Edimburgo, donde lleva más de cinco años. Su investigación, según su web, gira en torno a la biología de poblaciones de plantas, pero en “Cenando con Darwin” ha sido capaz de resumir en un libro relativamente corto una cantidad impresionante de conocimiento sobre la visión evolucionista de la alimentación del ser humano, con un estilo ameno, y haciendo gala de un talento humorístico nada desdeñable. La escena de la familia Homo reunidos en una mesa para comer cada cual según sus preferencias es algo más que simpática.
Como todos los capítulos del libro, “Wine and Beer – Intoxication” resume en unas pocas hojas una información demasiado amplia para incluirla en una sola entrada, por lo que de la tríada que protagoniza la historia -la materia prima (el producto carbohidratado), el fabricante de etanol (Saccharomyces Cervisae) y el consumidor humano- centraremos el comentario en este último


El libro y su autor
El alcohol, y nos referimos exclusivamente al etanol, es una sustancia psicótropa especial. No interactúa sobre sistemas fisiológicos como otras sustancias influyendo sobre los neurotransmisores (alucinógenos, estimulantes) o replicando directamente los efectos de estos (que se han dado en denominar “endógenos” por esta constatación), como en el caso de los cannabinoides u opioides. El alcohol es puramente un tóxico, pero es un tóxico al que el ser humano ha desarrollado tolerancia. Según explica Silverstown y otros antes que él, la habituación al alcohol es una consecuencia colateral de nuestra alimentación frugívora. La fruta madura está repleta de hongos y levaduras que actúan sobre los azúcares de las plantas y por ello es inevitable que quien come fruta ingiera alguna cantidad de alcohol, lo que quiere decir que para ser abstemio total uno tiene que quitarse de comer fruta o ingerirla solo cuando está muy verde.. Las plantas con frutas aparecieron en el Cretácico (hace entre 125 y 150 millones de años) y antes que los primates otros animales se han alimentado de ellas y han debido desarrollar mecanismos para adaptarse al tóxico. De hecho, la alcohol deshidrogenasa (ADH) humana mutó a su actual forma hace entre 13 y 21 millones de años, a la altura de nuestro último antepasado común con los orangutanes. Pero la enzima está presente en muchas otras especies; entre ellas –no podría ser de otra forma- la mosca de la fruta, lo que refleja que antes de que empezase a haber frutas y, con ellas, alcohol producto de la fermentación de sus azúcares, ya había procesos metabólicos en los que era preciso tratar el alcohol. 

Alcohol deshidrogenasa
La actual ADH –ADH4-  tiene una capacidad para metabolizar el alcohol que multiplica por 40 la de la variante previa. Como se ha indicado, mutó en un periodo concreto que Silverstown relaciona con un clima más seco que hizo que hubiera menos árboles y nuestros antepasados pasaran más tiempo en el suelo que en las ramas. También por ello, la mayor parte de la fruta que pudieran obtener la recogerían del suelo, y estaría más madura y posiblemente pasada y, por tanto, sería más rica en alcohol, lo que supone que se daban condiciones adecuadas para que la nueva mutación fuera seleccionada. Y sin duda contribuyó a esa selección que el alcohol es una fuente de energía excelente; a igualdad de cantidad genera el doble de calorías que los carbohidratos. La presencia de esta enzima más eficiente, en cualquier caso, palidece ante la que debe tener una musaraña del sudeste asiático, la Ptilocercus lowii, que se alimenta del néctar alcohólico de la palmera Eugeissona tristis. Un estudio encontró que este diminuto mamífero consumía y toleraba como si nada cantidades de alcohol que provocarían una notable intoxicación en un humano. 

Ptilocercus lowii haciendo equilibrios con destreza pese haber libado altas cantidades de alcohol
También tienen un aguante especial algunos murciélagos, como se demostró en un estudio de Orbach y colaboradores, que alimentaron a murciélagos salvajes de las especies Artibeus jamaicensis, A. lituratus, A. phaeotis, Carollia sowelli, Glossophaga soricina, and Sturnira lilium con agua azucarada (grupo control) o agua azucarada con etanol añadido, antes de exponerlos a una prueba de vuelo con obstáculos al tiempo que registraban sus llamadas de ecolocalización. Además calcularon la alcoholemia con muestras de saliva (probablemente los probandos no habrían podido soplar adecuadamente en el alcoholímetro), y encontraron concentraciones de hasta 0.3% que no afectaron en modo alguno al vuelo o a la ecolocalización en comparación con el grupo control. La conclusión fue estas especies tienen una tolerancia que es adaptativa a la vista de su dieta. 


Artibeus jamaicensis volando seguro a pesar de la ingesta de etanol
La tolerancia de estas especies al alcohol ha de relacionarse necesariamente con su aprovechamiento. Si la metabolización del etanol por parte, pongamos, de un G. soricina es rápida, eso quiere decir no solo que tolera al tóxico, sino que le saca el máximo rendimiento y volará como un cohete en el pérfido recorrido que le han preparado Orbach y sus malintencionados colaboradores. En definitiva, se tolera el etanol porque se exprime al máximo su capacidad calórica, y viceversa, lo que tiene todo el sentido del mundo en animales frugívoros. 
Ahora bien, más allá que como combustible, ¿existen en el mundo animal otros usos del etanol, no directamente energéticos, al estilo del empleo que hace del tóxico nuestra especie? Existen vídeos de elefantes africanos (Loxodonta africana) aparentemente ebrios tras consumir frutas maduras de la marula (Sclerocarya birrea). Morris y colaboradores, aunque conceden que a los elefantes les atrae el alcohol, dudan que llegan a emborracharse. Haciendo una regla de tres a partir de la fisiología humana, calculan que un elefante de 3.000 kg de peso debería ingerir entre 10 y 27 litros de etanol al 7% (una cerveza potente) en un periodo breve para empezar a mostrar signos de intoxicación. La fruta de la marula puede contener hasta un 3% de etanol, por lo que a un elefante que se alimente de la forma habitual en la especie le costaría mucho llegar a embriagarse. Los autores, en cualquier caso, asumen que queda mucho por saber de la fisiología paquidérmica en relación con el alcohol; si su ADH no es tan eficiente como la humana es posible que cantidades no excesivamente altos de marula procuren curdas elefantásticas. 

Supuesta trompa de elefantes africanos
Decíamos que Morris y colaboradores asumen que los elefantes africanos tienen una inclinación a consumir alcohol. Un trágico incidente lo constató en 2004 en sus primos asiáticos. Un grupo de más de 20 elefantes asaltó en la India un depósito de cerveza de arroz –bebida a la que al parecer son aficionados- y en plena y alborotada intoxicación tiraron una torre de alta tensión, con el resultado de que las trompas de cuatro de ellos entraron en contacto con los cables, lo que supuso su muerte inmediata. También se ha estudiado el patrón de consumo en los macacos Rhesus, observándose que algunos individuos ingerían alcohol hasta llegar a la intoxicación y al malestar físico, o incluso hasta quedar inconscientes. Los individuos que vivían solos eran los que más bebían, y consumían más alfinal del día, como los humanos después de un largo día trabajo.
Pero el ejemplo más palmario es el de los chimpancés (Pan troglodytes verus), que por historia filogenética comparten nuestra eficiente ADH. Según informaron Hockings y colaboradores, los individuos de una zona de Guinea consumen etanol contenido en la savia fermentada de la palmera raffia (Raphia hookeri), donde está presente en concentraciones entre el 3.1% y el 6.9%. Para ello estos primates emplean una hoja como herramienta, al estilo de los utensilios que emplean sus primos de Tanzania para cazar hormigas y que al ser divulgados por Jane Goodall tanto impresionaron al mundo al demostrar que el chimpancé es también habilis. El estudio de Hockings demuestra que es también barensis.

El artículo de Hockings y cols. “Incidentalmente”, que dicen los contaminados por el Spanglish, la primera firmante es precisamente la coautora con Dunbar de “Alcohol and Humans. A long and Social Affair”
La tolerancia humana al alcohol tiene el inconveniente de que permite que nuestro organismo se exponga a un tóxico con efectos perniciosos sobre diferentes órganos. Por tanto, aunque facilitase en su momento una mayor eficiencia energética del consumo de frutas, hoy en día constituye un problema potencial. Salvo para personas que no toleran el alcohol. Una forma de intolerancia es la debida a la mutación de la Aldehído Deshidrogenasa (ALD) que hace que este enzima, necesario para eliminar el acetaldehído en el que convierte la ADH al etanol, sea menos eficiente. Cuando sucede así (y sucede en el 40% de la población de Asia Oriental), se acumula el acetaldehído, lo que tiene efectos desagradables y potencialmente graves. En personas con ALD eficientes, fármacos como el disulfiram producen una inhibición de la enzima, lo que se traduce en el acúmulo de acetaldehído con los resultados fisiológicos que produce el efecto Antabus y que constituye el fundamento del tratamiento con aversivos del alcohol. Pero el disulfiram no aportó nada nuevo, en realidad. En ese inmenso laboratorio que es la Naturaleza encontramos también sustancias naturales con capacidad de bloquear o inhibir la ALD. Son moléculas diseñadas por los más versátiles de los químicos, esto es, las plantas y los hongos, que llevan millones de años probando productos que pasan el filtro de la Selección Natural cuando mejoran la capacidad de supervivencia o de reproducción de la especie. Las moléculas así desarrolladas, si suponen una defensa por ser tóxicas o puros venenos para los depredadores de la planta o del hongo, persistirán en el kit básico de supervivencia de la especie. Así, existen hongos –setas, queremos decir- que utilizan la vía de la inhibición de la ALD como mecanismo defensivo; una de estas sustancias es la coprina, sintetizada por el hongo Coprinus atramentarius. La producción de estos inhibidores de la ALD tiene sentido no porque los animales que se alimentan de estas setas consuman habitualmente morapio, sino porque consumen en mayor o menor medida fruta muy madura. 


Selección de hongos productores de sustancias con acción inhibitoria de la AldD. Los sumilleres informados saben que maridan fatal con cualquier vino, independientemente de su clase, denominación de origen o añada

Pero la intolerancia humana al alcohol puede deberse también, y paradójicamente a la ADH, en concreto a una variante denominada ADH1B, de la que existe una mutación, ADH1B*2 que aparece en el 75% de las personas de China y Japón, siendo el 20% homozigotos; en Europa y África, en cambio, es mucho menos común. Esta mutación de la enzima metaboliza el alcohol 100 veces más rápido que la ADH habitual y lo hace, además a concentraciones bajas de etanol. Por tanto, en las personas que la portan libaciones escasas producirán grandes cantidades de acetaldehído, lo que las hace intolerantes a la ingesta de bebidas (y frutas) alcohólicas. Si además esos individuos en los que se generan grandes cantidades de acetaldehído con ingestas muy reducidas son portadores de la versión “torpe” de la ALD, su intolerancia al etanol es inmensa.

Oriental intolerante al alcohol
Por último, hay que repasar si todos los millones de años de capacidad metabolizadora del alcohol sugieren que la sustancia aporta algún beneficio más allá de su aprovechamiento energético. En los últimos años vienen publicándose supuestas y diversas ventajas de alcohol sobre la salud, al tiempo que desde otras posiciones se reclama que se le identifique como el tóxico que es. Una de las cuestiones que ayudaría a esclarecer la cuestión sería que alguien definiera qué es el consumo moderado y prudente que se nos dice se asocia con resultados favorables, por ejemplo, a nivel cardiovascular. Un estudio reciente de Goldwater y colaboradores en PLoS One añade una cierta confusión al concluir que en comparación con personas que no beben, los consumidores (moderados) de alcohol muestran valores de un indicador fisiológico (carga alostática) que se asocian con mejores resultados en salud. Y no parece una cuestión constitucional, ya que los valores de ese indicador sugestivos de mejor salud solo se dan en consumidores activos, no en controles abstemios o que han son antiguos bebedores que han abandonado el hábito. La cuestión no es sencilla y probablemente sea complicado encontrar un equilibrio científico entre las posturas que preconizan la abstinencia total, teñidas de virtud, y las que puedan ser sospechosas de hedonistas que sugieren que el consumo moderado (sea eso lo que sea) depara algún beneficio. Pero estas pugnas y la contaminación de la búsqueda de la verdad por los prejuicios morales es algo tan consustancial a nuestra especie como la ADH4. Dado que no es esperable que se resuelvan, mejor destinaremos nuestra atención en el futuro a los otros protagonistas de la historia: la materia prima y el fabricante de etanol.

El artículo de Goldwater

Colaboración de Juan Medrano

Fuentes
Hockings KJ, Bryson-Morrison N, Carvalho S, Fujisawa M, Humle T, McGrew T et al. Tools to tipple: ethanol ingestion by wild chimpanzees using leaf-sponges. R. Soc. open sci. 2015; 2: 150150. http://dx.doi.org/10.1098/rsos.150150
Silverstown J. Cenando con Darwin. Tras las huellas de la evolución en nuestros alimentos. Barcelona: Crítica, 2019 

Wiens F, Zitzmann A, Lachance MA, Yegles M, Pragst F, Wurst FM, et al. Chronic intake of fermented floral nectar by wild treeshrews. PNAS 2008; 105: 10426–31; doi10.1073pnas.0801628105

sábado, 28 de diciembre de 2019

El Fin de la Moralidad


La moralidad es una ilusión colectiva de los genes. Necesitamos creer en la moralidad y, por tanto, gracias a nuestra biología, creemos en la moralidad. No hay fundamento “ahí fuera” más allá de la naturaleza humana.
-Michael Ruse


“No existen valores objetivos”…así comienza J.L. Mackie su libro Ethics. Inventing Right and wrong. Esta frase resume una postura filosófica que el propio Mackie llama escepticismo moral y que se ha llamado también Teoría del Error moral (Moral Error Theory) o nihilismo moral. Esta entrada va a describir brevemente el escepticismo moral y los argumentos que da Mackie a su favor así como dejar abierta la cuestión de qué podemos hacer si este planteamiento es cierto.

A lo largo de la historia nos hemos ido dando cuenta de que hemos estado equivocados acerca de muchas cosas: de que la Tierra era el centro del Universo, de que el cuerpo contenía cuatro humores y que las enfermedades se debían a desajustes de los mismos, etc. ¿Y si estamos equivocados acerca de la moralidad también? ¿Y si resulta que nada es moralmente bueno o malo? ¿Y si no existe la virtud, el vicio, la responsabilidad moral…? ¿Hemos estado equivocados y resulta que no existen valores morales? Esta mera idea puede parecer a muchos una locura, una idea peligrosa o, incluso, moralmente mala.

Muchos filósofos y pensadores han sospechado que la moralidad es un error, una ficción o una ilusión que nosotros mismos creamos pero muy poca gente se ha sumado a esa forma de pensar. La discusión reciente de este tema la podemos situar en el libro ya citado de 1977, Ética: inventando el bien y el mal, de John Mackie donde él critica la creencia generalmente admitida, el realismo moral, que dice que la moralidad es real, que es algo que descubrimos y no algo que inventamos. Podemos hacer una comparación con el ateísmo para entenderlo mejor. Igual que un ateo afirma que las creencias de los creyentes acerca de la existencia de Dios son un error, los escépticos morales (o teóricos del error moral) afirman que las creencias de los realistas morales acerca de la existencia objetiva de reglas morales, prohibiciones, virtudes, vicios, valores, derechos y deberes son también un error y que estamos hablando de cosas que no existen.

Mackie da dos argumentos principales para defender su posición: el argumento de la relatividad y el argumento de la rareza (queerness):

1-El Argumento de la Relatividad

Es un hecho que existe una gran variación en los puntos de vista morales tanto de una sociedad a otra, como de una época histórica a otra, o, incluso, entre diferentes grupos y clases dentro de una comunidad (y, además, estas diferencias suelen ser intratables). Mackie dice que la mejor explicación de este fenómeno es que los juicios morales “reflejan adherencia y participación en diferentes formas o estilos de vida”. A él le parece mejor explicación que pensar que existen hechos objetivos morales pero que una cultura es superior y tiene acceso a ellos mientras que la cultura inferior (moralmente) no accede a esos valores. Por ejemplo, si dos culturas divergen con respecto a la monogamia, sería lógico pensar que una de ellas disfruta del acceso a unos hechos morales acerca de la monogamia y la otra no? Mackie cree que es más lógico pensar que la monogamia se ha desarrollado en una cultura (por las razones culturales o antropológicas que sean) pero no en la otra y que los respectivos puntos de vista morales de cada cultura son resultado de esa diferente evolución. Si las cosas hubieran sido de otra manera, las normas morales de una cultura habrían sido diferentes. Y, también, cuando cambian los estilos de vida cambian las normas morales. 

Por supuesto, estos argumentos se pueden criticar. Podemos plantear que por debajo de diferencias superficiales a nivel moral existen acuerdos morales a un nivel más profundo y que por ejemplo, prácticamente todas las culturas del miedo estarían de acuerdo en que torturar niños por puro placer está mal moralmente. Ya hemos comentado aquí la teoría de Oliver Scott Curry de que existen 7 normas morales que se cumplen en todas partes:

1- Ama a tu familia
2- Ayuda a tu grupo
3- Devuelve los favores
4- Sé valiente
5- Obedece a la autoridad
6- Sé justo
7- Respeta la propiedad de otros

Pero hay un poderoso argumento, desde mi punto de vista, a favor de la postura de Mackie procedente de la teoría de la evolución que ya hemos tratado en la entrada Darwin y el fin del bien y el mal. La cuestión es que si nuestra naturaleza y nuestra historia filogenética y el estilo de vida de la especie fuera diferente, nuestras creencias morales (incluyendo esas 7 normas que destaca Scott Curry) serían diferentes. Lo mismo que a nosotros nos resultan repelentes las heces pero a las moscas les atrae y es donde ponen sus huevos, lo mismo podría haber ocurrido con la prohibición de matar o con cualquier otra norma moral. Si matar o cualquier cosa que ahora consideramos mala hubiera aumentado el número de descendencia de nuestros ancestros ahora sería considerada buena. El propio Darwin se dio perfecta cuenta de esto y escribió:

“Yo no quiero mantener que cualquier animal estrictamente social, si sus facultades intelectuales llegaran a ser tan activas y elevadas como las del hombre, adquiriría el mismo sentido moral que nosotros. De la misma manera que diversos animales tienen su propio sentido de la belleza, aunque admiran objetos muy diferentes, así tendrían un sentido del bien y el mal, pero les llevaría a tomar diferentes líneas de conducta. Si, por ejemplo, para tomar un caso extremo, los seres humanos fueran criados en las mismas condiciones que las abejas, no habría duda de que nuestras mujeres solteras, al igual que las abejas obreras, creerían que es un deber sagrado matar a sus hermanos y las madres intentarían matar a sus hijas fértiles; y a nadie se le ocurriría interferir. No obstante, la abeja, o cualquier otro animal social, ganaría en este supuesto caso, tal como me parece a mí, un sentimiento del bien y el mal, o una conciencia.”

Fue tomar conciencia de esto lo que no dejaba dormir a Randolph Nesse:

“El descubrimiento de que las tendencias para el altruismo están modeladas por nuestros genes es uno de los hechos más perturbadores de la historia de la ciencia. Cuando lo comprendí por primera vez dormí muy mal durante muchas noches intentando encontrar alguna alternativa que no supusiera un desafío tan grave para mi sentido del bien y el mal. Entender este descubrimiento puede minar nuestro compromiso con la moralidad -parece tonto controlarse uno mismo si la conducta moral es solamente una estrategia más para promover los intereses de nuestros genes.”

Estos argumentos evolucionistas se llaman Argumentos Refutadores Evolucionistas (Evolutionary Debunking Arguments) y podéis profundizar en ellos, por ejemplo aquí. Los defensores de este punto de vista (entre los que me encuentro) sostienen que la capacidad de hacer juicios morales es una capacidad adquirida evolutivamente, una adaptación. Según ellos, la evolución biológica  no está dirigida a formar procesos generadores de creencias que son fiables en el sentido de que sean creencias acordes con una realidad moral exterior, sino procesos formadores de creencias que sean adaptativas, esto es, que favorecen la reproducción de los genes, como dice Russe en la cita de cabecera. 

2-El Argumento de la Rareza

Este argumento me resulta más difícil de entender y, por lo tanto, de explicar. Tiene dos partes, una metafísica y otra epistemológica. La metafísica sería que si de verdad existieran valores objetivos, entonces existirían en el mundo entidades, cualidades o relaciones de un tipo muy raro, totalmente diferentes a cualquier otra cosa que existe en el universo. La segunda parte es que para ser conocedores de esas entidades o relaciones deberíamos tener una facultad especial de percepción moral o intuición totalmente diferente de  nuestras formas de conocer cualquier otra cosa. Abundando en ello, Mackie explica que para que existieran propiedades morales deberían existir “prescripciones objetivas” y son estas prescripciones objetivas (independientes de nuestro deseo o voluntad) que nos obligarían a actuar de una manera lo que encuentra extraño. Es decir, habría ahí fuera obligaciones que simplemente están ahi, en la naturaleza de las cosas: hechos que requerirían ciertos cursos de acción, ciertas conductas. 

Que existieran valores objetivos morales querría decir que el universo requiere ciertas cosas de nosotros, de una forma prescriptiva. Y esto es lo que Mackie encuentra extraño. Para él, la única manera en que esto sería posible es que existiera Dios, que un universo impersonal haga demandas de nosotros es raro pero no lo sería que lo hiciera Dios. Cuesta dar sentido a una demanda sin que exista un “demandador”. Sería raro que el mundo o la naturaleza humana esté diseñada para ser de una manera y no de otra, que exista una manera correcta de ser las cosas, pero no tendría nada de raro si existiera Dios. Por tanto, para Mackie, sólo hay dos opciones: o rechazar el realismo moral o creer en Dios.

Bien, hasta aquí la primera parte, exponer las ideas de Mackie y en qué consiste el escepticismo moral. Nos quedaría una segunda parte. Suponiendo que esto sea verdad ¿qué hacemos ahora? Bueno, pues a los que os interese el tema os recomiendo este libro reciente: The End of Morality, editado por Richard Garner y Richard Joyce donde se recopilan 12 ensayos de diferentes autores que tratan de dar respuesta a esta pregunta. El libro parte exactamente desde este punto en el que yo voy a finalizar la entrada: si aceptamos la Teoría del Error Moral, ¿qué se supone que debemos hacer? Os adelanto que básicamente hay tres posturas: 
-abolicionismo: si es falso, fuera, deshagámonos de juicios, lenguaje y valores morales
-ficcionalismo: la moral es útil así que vamos a seguir creyendo en ella aunque sea mentira
-conservacionismo: hay que seguir creyendo, fingir que creemos no es suficiente para mantener los beneficios de la moralidad.


@pitiklinov


Referencias:

Ethics: Inventing Right and Wrong. JL Mackie Penguin Books 1977

The End of Morality Richard Garner y Richard Joyce editores. Routledge 2019



Luke Taylor. What’s so queer about morality (2019) The Journal of Ethics https://doi.org/10.1007/s10892-019-09307-0