viernes, 2 de abril de 2021

El Patriarcado No Existe Más


"A todos los que tienen el coraje intelectual de hablar en público sobre temas controvertidos como los que se abordan aquí, y a los que se atreverán en el futuro.”

-Dedicatoria de Roxana en la Introducción.




En el blog he comentado algunos libros que critican al denominado feminismo hegemónico como el de Desmontando el Feminismo Hegemónico, coordinado por Irune Ariño, Refutación del Feminismo Radical, de Javier de la Puerta o Deshumanizando al Varón, de Daniel Jimenez. Otro libro muy recomendable es Lo Sexual es Político (y Jurídico), de Pablo de Lora.


En esta ocasión hago una breve reseña de El Patriarcado No Existe Más, de Roxana Kreimer. Roxana es licenciada en Filosofía y Doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires y éste es su séptimo libro habiéndose convertido en los últimos años en una referente de la disidencia dentro del feminismo muy activa en redes sociales y en su canal de Youtube. Una diferencia del libro de Roxana con los anteriormente comentados es el gran abanico de temas que trata, lo que le convierte en una especie de enciclopedia crítica del feminismo hegemónico: las bases biológicas de las diferencias entre hombres y mujeres, la selección sexual, la brecha de género, el techo de cristal, la violencia contra las mujeres, las denuncias falsas, las desventajas que padecen los hombres, la agenda pendiente del feminismo, etc. Además lo hace con abundante bibliografía y muy actualizada lo que da idea del gran trabajo invertido en la creación del libro. 


La propia Roxana explica en la introducción cómo llegó a implicarse en esta disidencia con respecto al feminismo hegemónico:


“Llegué a la problemática de género desde el escepticismo, que en su variante contemporánea es una perspectiva frente al conocimiento que requiere dudar de toda la información que no esté sustentada en la evidencia. Investigaba en el marco de la filosofía experimental, una corriente de la filosofía que nació en el siglo XXI como una interdisciplina que aplica los métodos de la psicología experimental a temas vinculados con la filosofía. Estaba consagrada al estudio de por qué las mujeres creen más en Dios y en las pseudociencias en general, al de la diversidad de género en el juicio moral y en los chistes que les causan gracia a hombres y mujeres, cuando co- mencé a toparme con información que provenía del feminismo. En un primer momento advertí que tiene una perspectiva constructivista por la cual atribuye enteramente las diferencias de sexo a la socialización. Esto constituye un problema porque, para averiguar si vivimos en un patriarcado, primero necesitamos tener un buen marco interpretativo de la evolución de la vida humana. Ignorarlo lleva al feminismo hegemónico a serios errores en los diagnósticos que formula, no porque la biología nos determine, ya que interactúa con la cultura, sino porque el reduccionismo sociológico es tan peligroso como el reduccionismo biológico al ofrecernos una visión muy parcial de los fenómenos a ser examinados. Como carece por completo de una perspectiva biológica y evolucionista, en sus desarrollos teóricos el feminismo hegemónico ignora buena parte de los adelantos científicos de las últimas décadas, y las contadas veces que apela a alguno de ellos, lo hace en forma sesgada.”


Como siempre que se habla de feminismo, nos encontramos con el problema de las definiciones y de las delimitaciones de categorías y corrientes dentro del mismo. Roxana explica a qué se refiere con el término hegemónico:


“Soy consciente de que no hay un solo feminismo, de que no se trata de una doctrina ni de un movimiento político unitario y  coherente. No obstante, englobo a los feminismos existentes en el término hegemónico, considerándolos uno sólo, a partir de elementos en común que encuentro decisivos para el diagnóstico de las problemáticas de género:


  1. Carece de una perspectiva científicamente informada porque ignora el impacto que tuvo la evolución en el cerebro de hombres y mujeres y, si lo toma en cuenta, lo hace sin convocar bibliografía reciente y mediante prejuicios infundados.
  2. Su encuadre es posmoderno, de modo que en general no cree que haya una cosa más verdadera que al otra, y abreva en autoras de escritura inútilmente enrevesada como Judith Butler.
  3. Funda parte de su teoría en una pseudociencia como el psicoanálisis y en teóricos que manejan datos sesgados o que no están respaldados por la evidencia…
  4. No está abierto al debate: desarrolla una actitud intolerante o indiferente cuando se cuestionan sus ideas.
  5. Ignora que los varones también padecen sexismo y desventajas, y cuando se anoticia de ello minimiza su impacto.
  6. Cultiva un victimismo que trata a la mujer como una eterna menor de edad.
  7. Quiebra principios constitucionales como la igualdad ante la ley, el principio de legalidad o la presunción de inocencia. 
  8. Considera que todas las mujeres están subordinadas, son explotadas y padecen un sexismo estructural, con independencia de su ubicación social, cultural o económica.
  9. Es corporativo: si hombres y mujeres padecen el mismo problema en igual medida, destaca sólo las desventajas de las mujeres.



El planteamiento de El Patriarcado No Existe Más y de la labor de Roxana en general es abordar los temas con una perspectiva científicamente informada: 


“Ante la imposibilidad de diálogo con el feminismo hegemónico, a mediados de 2017 emprendí el proyecto Feminismo Científico en Twitter con @feminisciencia que en pocos meses alcanzó una amplia repercusión en el mundo hispanoparlante, @feminiscience, su versión en inglés, la página Feminismo Científico en Facebook y el sitio web www.feminismocientifico.com.ar. El propósito fue el de conocer y divulgar las diferencias entre hombres y mujeres sobre la base de la evidencia científica para formular mejores diagnósticos sobre las problemáticas de género y sugerir soluciones adecuadas para ellas.”


Bueno, este es el enfoque de Roxana y le toca al lector juzgar si lo consigue. Sin duda, abordar estos temas dada la situación actual en nuestra cultura hace que El Patriarcado No Existe Más sea visto seguramente como un libro controvertido. Pero, como dice la cita de cabecera, es importante -y es algo que debemos celebrar y agradecer- que existan personas valientes como Roxana que se atreven a lanzar botellas al mar como El Patriarcado No Existe Más:


“Todo libro es una botella al mar, e imagino que esta botella la pueden rescatar quienes lean con la predisposición filosófica de abrirse a nuevas hipótesis, sin aceptar ninguna sin evidencia suficiente, avanzando aún cuando algunos pasajes susciten extrañeza o desacuerdo, en un diálogo con ideas previas que podría mejorar su entendimiento de las particularidades de hombres y mujeres, de su vida y de la sociedad en su conjunto. La verdad no es sexista: si queremos cambiar el mundo, primero deberemos comprenderlo.”


@pitiklinov


viernes, 26 de marzo de 2021

La Religión de la Justicia Social o Wokismo


“El mundo moderno está lleno de viejas virtudes cristianas que se han vuelto locas. Y se han vuelto locas, porque fueron aisladas unas de otras y vagan por el mundo solitarias…”

-G.K. Chesterton, Ortodoxia


“Estamos viviendo en medio de un Despertar  Americano, sin Dios y sin perdón”.

-Joshua Mitchell, American Awakening


"Un individuo puede vivir perfectamente sin religión. Sin embargo, es mucho más difícil que un colectivo humano sobreviva sin ella."

-Jorge Wagensberg



Una pregunta interesante sobre la ideología que veíamos en la entrada anterior es por qué está teniendo tanto éxito, sorprende que la sociedad no tenga algún tipo de sistema inmune psicológico o filosófico contra este tipo de ideas que contenga su avance, o por lo menos que hubiera más resistencia. Creo que una parte de la explicación es el componente moral de esta ideología y la forma en que esto afecta a nuestra psicología moral. Es muy diferente que alguien te diga que tus ideas son erróneas y estás equivocado a que alguien te diga que eres malo, que eres un nazi, un sexista y un racista. Todos tenemos una identidad moral, una necesidad de vernos como buenas personas y de señalar que somos buenos a los demás. La Justicia Social no es que se considere en posesión de la verdad científica o epistémica sino que se considera en posesión de la verdad moral y ese componente le concede la superioridad moral frente a otras ideologías que no lo tienen. Conseguida la superioridad moral, es imposible resistirse. La Justicia Social es ahora mismo la fuerza moral dominante en el mundo occidental (anglosajón, por ahora). Aunque probablemente menos del 10% de la población sostenga estas ideas, están ejerciendo una desproporcionada influencia en cómo se entiende la sociedad a sí misma. El marco de referencia es que la vida es una batalla entre los buenos y los malos, representada en la forma de unos discursos dominantes y unos discursos marginalizados, en la que cierta gente trata de mantener unos sistemas opresivos de poder y privilegio a expensas de los demás. Obviamente, nadie quiere estar en el bando de los opresores. Vamos a hablar un poco de la hipótesis de que esta nueva ideología es fundamentalmente religiosa.  


Han sido bastantes los autores que han planteado que la Justicia Social Crítica se ha convertido en una religión. El propio James Lindsay, junto con Mike Nayna, lo ha tratado específicamente. También Jonathan Haidt que dice que en cada universidad “algunos verdaderos creyentes han reorientado su vida alrededor de una lucha contra el mal. Estos creyentes están transformando la universidad de ser una ciudadela de libertad universal a un espacio sagrado donde el privilegio blanco ocupa el lugar del pecado original, las transgresiones de raza o género se confiesan no a dios sino a la “comunidad” y los grupos victimas son adorados como dioses”. Andrew Sullivan también ha tratado el tema de la nueva religión norteamericana y se pregunta si la interseccionalidad, que es el concepto que une todas las ramas de la Justicia Social, es una religión. 


Otro autor es John McWorther que está escribiendo un libro dedicado precisamente a ello, aunque él considera como fenómeno religioso más específicamente el nuevo antirracismo, la Teoría Crítica de la Raza. El libro se va a titular los Elegidos, The Elect, y ya ha publicado algunos capítulos en Internet. El título de los “Elegidos” hace referencia al calvinismo que sostiene la teoría de la predestinación, sustentada en la naturaleza pecaminosa del hombre y la inutilidad de sus buenas obras para ser salvado, en tanto que sólo los “elegidos” por Dios lo serán. 


Hay que decir que esta religión de la Justicia Social no es una “nueva religión”, sino una “variante” de la religión de siempre en Occidente, el cristianismo, y más en concreto, como McWorther da a entender, una variante del protestantismo estadounidense. En la historia religiosa norteamericana han ocurrido una serie de episodios de renacimiento religioso -The Great Awakenings, o los grandes despertares, que hasta ahora eran tres- periodos que ocurren cíclicamente cada varias generaciones y que tienen hasta en el nombre una semejanza con el fenómeno woke actual.  McWorther analiza diferentes características de esta religión antirracista: sus supersticiones, sus sacerdotes, su pecado original (el privilegio blanco), su trasfondo apocalíptico, la forma en que persiguen a los herejes, etc., pero no vamos a entrar en ello. 



Me voy a centrar con algo más de detenimiento en las ideas del historiador Tom Holland que ha abordado esta cuestión en su libro Dominio -del que ya hemos hablado- y en entrevistas públicas. El último capítulo de Dominio se titula precisamente Woke en inglés y ha sido traducido al castellano como Alerta y ahí plantea que este movimiento de la Justicia Social es cristiano en su esencia. El movimiento #MeToo repite las peticiones de las puritanas de otros tiempos; la muerte de George Floyd -la muerte de un inocente a manos del imperio actual- tienen ecos de la muerte de Cristo; el Dios cristiano siempre ha estado más cerca de los débiles y oprimidos que de los poderosos; cualquier mendigo, cualquier criminal podía ser Cristo, “los últimos serán los primeros y los primeros, los últimos”; Cristo es la víctima y la religión de la Justicia Social glorifica a las víctimas, etc. Todas estas correspondencias entre el cristianismo y la Justicia Social se han hecho evidentes para cualquier persona ya que sólo hace falta observar las imágenes posteriores a la muerte de George Floyd, a los policías, deportistas y senadores norteamericanos de rodillas, a la gente postrada en el suelo, a personas blancas lavando los pies de personas negras, a personas auto-flagelándose, a manifestantes realizando algo muy similar a rezar, etc., para darnos cuenta del simbolismo religioso, de la liturgia de purificación y renacimiento, del deseo de limpiar y renovar observable en todos los acontecimientos que hemos presenciado.


Pero Holland ve una diferencia entre la Justicia Social, y el nuevo antirracismo y el cristianismo de los últimos siglos a pesar de que la dinámica cristiana de todo el movimiento es evidente. Un giro profundo, en su opinión, aparece en la reacción contra la doctrina del pecado original, que procede de San Agustin, según la cual todos somos pecadores. La Justicia Social se pondría del lado de Pelagio (el oponente en este debate a San Agustin) que defendía que podemos ser perfectos y virtuosos por nuestras propias acciones. San Agustin defendía que no, que necesitamos la gracia y la salvación de Dios porque por defecto arrastramos el pecado original y somos pecadores. Los que condenan el pecado en otros son reacios a contemplar que ellos también son pecadores. La doctrina del pecado original, según Holland, es profundamente democrática en el sentido de que todos somos iguales y pecadores y si todos somos pecadores, ¿quién tira la primera piedra? También está la reflexión de que es fácil ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el nuestro. La consecuencia es que si no tienes esta visión, entonces te crees con el derecho a juzgar a los demás -ellos son pecadores pero tú no- y de perseguir y castigarlos.


Creo que  este análisis de Holland ilumina un fenómeno que hemos observado repetidamente en las difamaciones rituales y las humillaciones en las redes sociales: la tremenda crueldad y la ausencia de perdón. No hay nada que el pecador (la persona que ha hecho un comentario en un tuit o lo que sea) pueda hacer para ser perdonado y conseguir la reconciliación. La caza de brujas es implacable y cruel y no sirve de nada pedir perdón. Debe ser aniquilado, despedido, silenciado, excomulgado, condenado al ostracismo y en muchos casos estos linchamientos han acabado en suicidios. Holland ve el peligro de que al perder este anclaje en la doctrina cristiana, las espirales de virtud en las que estamos cayendo puedan llevar a los creyentes en la Justicia Social a caer en la arrogancia y en la crítica moral implacable, y en la tendencia al castigo sin remisión, lo que podría generar conflictos sociales. Sin embargo, esta postura es también cristiana en otro sentido. Holland reconoce muchos aspectos negativos en el cristianismo y uno de ellos es la idea totalitaria de que la verdad justifica la persecución de los disidentes. La afirmación de los cristianos de que están en posesión de la verdad no tiene paralelo en la religión pagana, que era mucho más tolerante con otros dioses e ideas, y el resultado es un tipo de represión que no tiene precedentes. Estos cazadores de herejes de la Inquisición que han existido a lo largo de la historia del cristianismo estarían representados actualmente por los santurrones fanáticos “woke” que no queman ahora personas en la hoguera pero sí arruinan sus reputaciones y sus vidas. 


Un autor que ha tratado el tema de la culpa es Wilfred M. McClay que se pregunta en The Strange persistence of Guilt por qué la culpa no ha disminuido en la sociedad laica occidental sino que ha ido creciendo exponencialmente en las últimas décadas (ver también esta entrevista). McClay liga la culpa con el mayor conocimiento y control del mundo físico; ese mayor poder implica mayor responsabilidad con respecto a los efectos de nuestras acciones sobre el planeta, por ejemplo. En el cristianismo, la culpa -que es una mancha y una deuda- la paga Cristo con su sacrificio (los judios pagaban con la sangre de algún animal y Cristo con su muerte paga la culpa de toda la humanidad, o de todos los que crean en él), pero ¿cómo solucionamos la culpa en un mundo laico? Un intento de solución es identificarnos nosotros como víctimas o solidarizarnos e identificarnos con las víctimas Esto tiene dos ventajas. La primera es que es la responsabilidad la que conduce a la culpa y la víctima, por definición, no es responsable y, por tanto, es inocente. La segunda ventaja es que la víctima puede proyectar su culpa sobre el victimario u opresor y la culpa recae sobre él. Por medio de este giro, el chivo expiatorio es el victimario, el que paga el precio. En la Justicia Social Crítica el hombre blanco es el chivo expiatorio que paga la inocencia de las otras identidades.


Vuelvo a la hipótesis de Holland con respecto a la Justicia Social o wokismo transcribiendo unos párrafos de una entrevista para la web Stream:


“El “Wokismo" se sitúa claramente en la larga línea de la tradición angloamericana de los "grandes despertares". Estos han ofrecido sistemáticamente a los pecadores la oportunidad de arrepentirse de sus pecados, de ver cómo los primeros se convierten en últimos y los últimos en primeros, y de establecer unos nuevos elegidos. En concreto, sus raíces se encuentran en el movimiento por los derechos civiles (que para Holland es otra época de despertar). Por eso, en los últimos años se ha invocado repetidamente el nombre y el ejemplo de Martin Luther King. En ese sentido, el nuevo milenio no ha marcado ninguna ruptura radical con lo que hubo antes.


¿La idea de que las grandes batallas en la guerra cultural de Estados Unidos se libran entre los cristianos y los que se han emancipado del cristianismo? Es una idea que ambos bandos tienen interés en promover. Pero no por ello es menos mito. En realidad, tanto los cristianos conservadores como los progresistas se reconocen en la misma matriz.”



Hay otros autores que han señalado la gran deuda de nuestra cultura occidental laica con el cristianismo, como Don Cupitt en The Meaning of the West, o John Gray en Misa Negra. John Gray en Misa Negra plantea que muchas tendencias del pensamiento religioso pero también de movimientos seculares -como la Revolución Francesa, el comunismo y otras revoluciones-  se derivan de lo que considera un mito perjudicial: la idea de que se puede conseguir un mundo perfecto. Este mito se remonta a la idea cristiana del inminente fin del mundo y la llegada del Reino de Dios. Todos estos movimientos religiosos y laicos han conducido a verdaderas atrocidades y reinados de terror. El pensamiento apocalíptico está dispuesto a sacrificar cualquier número de vidas ahora en aras de un futuro perfecto que "sabe" que está por llegar. Este peligro, como señala Holland, se esconde en la Justicia Social. 


Precisamente Gray ha escrito un comentario sobre el libro de Holland, Why the liberal West is a Christian creation (Por qué el Occidente liberal es una creación cristiana). Leemos en él:


“El cristianismo trajo consigo una revolución moral. Los pobres pasaron a ser vistos como hijos de Dios y, por tanto, merecedores del mismo respeto que los más poderosos de la sociedad. La historia era un drama de pecado y redención en el que Dios -actuando a través de su hijo- estaba del lado de los débiles.


Los movimientos progresistas modernos han renovado esta historia sagrada, aunque ya no es Dios sino la "humanidad" -o sus autoproclamados representantes- la que habla en nombre de los oprimidos. En muchos sentidos, el Occidente actual es más ferozmente santurrón que cuando se declaraba cristiano. Los guerreros de la justicia social que denuncian la civilización occidental y exigen que sus pecados sean confesados y arrepentidos no existirían sin la herencia moral del cristianismo. Como escribe Tom Holland, "si hubiera sido de otra manera, nadie habría sido woke (nadie habría despertado)“.


“En el análisis final, el humanismo liberal es una nota a pie de pagina de la Biblia”


“Al mismo tiempo, el cristianismo trajo consigo un nuevo mal propio. La propia universalidad del mensaje cristiano, su insistencia en que todos los seres humanos son iguales a los ojos de Dios, inspiró un feroz ataque a otras creencias. Los cristianos reivindicaron una posesión única de la verdad sin parangón en la religión pagana, y el resultado fue un tipo de represión sin precedentes. Como escribe Holland: "Una Iglesia que se proclamaba universal no tenía, al parecer, otra respuesta para quienes la rechazaban que la persecución". El ascenso del cristianismo supuso el fin de la tolerancia pagana…El cristianismo destruyó esta antigua tolerancia y con ello inauguró el mundo moderno.”


"El cristianismo se extiende de dos maneras: a través de la conversión y a través de la secularización". Esta incisiva observación, citada por Holland como procedente de un historiador indio no identificado, resume gran parte del argumento de Dominio. La modernidad secular no es la negación de la cristiandad, sino su continuación por otros medios. Los ateos bienpensantes que se empeñan en decir que seríamos mucho más civilizados si no hubiera existido el cristianismo no se han preguntado de dónde procede su concepción de la civilización. Nietzsche estaba más cerca de la verdad. Si lamentan el auge del cristianismo, deben lamentar también el auge del liberalismo, de los derechos humanos y de la creencia en el progreso.


"En Occidente, el liberalismo no se desvanece a la par que las creencias cristianas, sino que se vuelve más celoso y dogmático. Irónicamente, los ultraliberales de hoy tienen más que un poco en común con los cristianos que destruyeron la tolerancia pluralista del mundo antiguo. Al igual que los primeros cristianos, que se ven a sí mismos como actores de una historia de pecado y redención, los ultraliberales de hoy en día tienen mucho en común con los cristianos que destruyeron la tolerancia pluralista del mundo antiguo.”



Otro autor muy importante que señala que la Justicia Social es un movimiento religioso, el cuarto Gran Despertar, es Joseph Bottum, un escritor católico con un gran conocimiento histórico y teológico. Bottum aborda la cuestión en su libro An Anxious Age: The Post-Protestant Ethic and the Spirit of America pero puedes acercarte a la esencia de su planteamiento en esta entrevista en Sp!ke y en sus artículos The Spiritual Shape of Political Ideas y The Death of Protestant America. Lo que Bottum plantea es que es el colapso de la línea principal Protestante (Protestant mainline), es decir, la ideología de las principales denominaciones protestantes que guiaban la vida religiosa norteamericana (presbiterianos, metodistas, luteranos…) es lo que deja un vacío que es ocupado por la Justicia Social. Conviene recordar que Estados Unidos es una nación protestante aunque desde un principio aceptara emigrantes de otras religiones como judíos o católicos Este colapso ocurre hacia los años 70 del siglo pasado, y no está clara la razón pero la realidad es que el número de miembros de esta iglesias disminuye en unos porcentajes espectaculares. Lo que ocurre es que ese tronco religioso protestante deja de ser el marcapasos moral de la nación pero la moral, como sabemos, es esencial para el funcionamiento de una sociedad así que alguien tiene que cumplir ese rol de marcapasos moral. El resultado es que la vida política queda contaminada por la religión, como dice Bottum: "Uno de los grandes peligros es que las ideas religiosas están en la política…si crees que tus oponentes políticos ordinarios no están simplemente equivocados, sino que son el mal, has dejado de hacer política y empezado a hacer religión."


Voy a citar a un último autor que coincide con este análisis de que la Justicia Social es en esencia un movimiento religioso, Joshua Mitchell, en su libro American Awakening. Mitchell coincide en lo fundamental con Bottum, en que el colapso protestante deja libre unos “demonios” religiosos, es decir, conceptos religiosos como la transgresión y la inocencia, el pecado original y la culpa que son desviados a la vida política. El problema de estos “demonios” es que ya no existe el marco religioso que les daba sentido y los controlaba. Como dice Bottum, tenemos el mundo del pecado concebido por San Agustin pero sin Dios, es decir, sin la posibilidad de redención y de perdón, algo que también señalaba Holland. Mitchell señala cuatro diferencias entre la Justicia Social y el protestantismo del que procede:


1- Los protestantes identifican a Cristo como el único inocente. En la Justicia Social, grupos de meros mortales (los grupos oprimidos, las víctimas) son inocentes.


2- La segunda diferencia es consecuencia de la primera: no todos los descendientes de Adán están manchados por el pecado original, sólo los hombres blancos lo están.


3- No hay perdón en la Justicia Social. Las deudas que tienen los hombres blancos por la opresión y las transgresiones cometidas no se pueden reparar y el poder político procede precisamente de que estas deudas no se puedan limpiar: perdonar sería perder el poder político.


4- Los protestantes reconocen que el ser humano y el mundo son imperfectos pero esperan que Dios vuelva y lo repare. La Justicia Social busca que el mundo y la creación se reparen ahora, desmantelando todo el mundo construido por el hombre blanco heterosexual.  


Mitchell predice también que una vez realizada la purga del hombre blanco, otro chivo expiatorio tendrá que ocupar su lugar porque la inocencia se deduce por comparación o por contraposición al transgresor, por lo que se necesita siempre un transgresor. Aventura que el siguiente grupo a purgar serán las mujeres blancas y después los hombres negros. 



En definitiva, creo que el punto de que la Justicia Social Crítica se ha convertido en un movimiento religioso, de raíces protestantes, vemos que ha sido señalado de forma coincidente por muchos autores y que la argumentación es convincente. Así que la explicación última de los tiempos hipermorales que estamos viviendo es una combinación de dos cosas: nuestra mente moral humana y el colapso de la religión tradicional. Por un lado, hay una necesidad, un hambre espiritual y moral en la naturaleza de nuestra mente moral humana, producto de la evolución: necesitamos saber que somos buenos, nuestra identidad moral es muy importante para nosotros -igual que necesitamos que nos quieran y ser aceptados y pertenecer a un grupo- y también necesitamos señalar esa bondad a posibles parejas y amigos porque el carácter moral es lo que los demás más van a valorar en nosotros. Esta necesidad venía siendo canalizada previamente por la religión y en EEUU en concreto por la religión protestante y en un determinado momento deja de hacerlo (o lo hace en menor medida). Pero como la moral es uno de los pilares necesarios para el funcionamiento de una sociedad, si la Iglesia institucional deja de cumplir la función de marcapasos moral, alguien tiene que tomar ese rol. Y ese rol de marcapasos moral lo ha tomado la Justicia Social Crítica que es un cristianismo secular, un movimiento con los valores éticos y morales cristianos pero sin Dios. El teórico político Samuel Goldman llama a esto "la ley de la conservación de la religión: “En cualquier sociedad, hay una oferta relativamente constante y finita de convicciones religiosas. Lo que varía es cómo y dónde se expresa.”


Lo que sí tiene este movimiento es un demonio. Como decía Eric Hoffer en El Verdadero Creyente, los movimientos de masas pueden crecer y desarrollarse sin un dios pero no sin un demonio. El demonio aquí es el hombre blanco heterosexual, el Patriarcado, la Heteronormatividad, la Cis-sexualidad, etc. Por otro lado, un factor muy importante a tener en cuenta es que ha aparecido una tecnología en forma de redes sociales, principalmente, que es una máquina al servicio de la indignación moral (las redes sociales son un estímulo supernormal) porque sus creadores y dueños han descubierto que la moralidad es un negocio. Las redes sociales se aprovechan de nuestros instintos morales igual que la pornografía en Internet se aprovecha de nuestros instintos sexuales. Sin estas redes que nos conectan virtualmente con todo el mundo, la espiral de virtud en la que estamos no habría podido alcanzar las dimensiones a las que está llegando.


Si aceptamos que todo esto que hemos comentado es cierto, la conclusión es que Estados Unidos está en medio de un Nuevo Despertar Americano -el cuarto- un despertar sin Dios y sin perdón. Podemos hacer algunas predicciones sobre lo que puede ocurrir en el futuro. Por ejemplo, podemos suponer que esta ideología de origen fundamentalmente protestante podría tener una menor influencia en el mundo católico, aunque lógicamente hay raíces cristianas muy fuertes que son comunes. Lo que también podemos predecir es que esta religión no tendrá impacto en otras culturas como la musulmana o la china porque estas creencias son totalmente ajenas y extrañas para esas otras visiones del mundo. También nos da pistas este entendimiento de la Justicia Social como religión para buscar soluciones a la epidemia moral que vivimos en el mundo occidental actual. Lo que se nos hace evidente es que ya no existe una separación entre religión y política, como decía Bottum, y que esto puede tener consecuencias muy negativas para el funcionamiento democrático. Por lo tanto, una primera consecuencia de este análisis en la que coinciden todos los autores es clara: debemos separar de nuevo religión y política.


@pitiklinov



 





viernes, 19 de marzo de 2021

Una breve historia del Movimiento de la Justicia Social


Esta entrada va a resultar un poco densa así que primero voy a intentar convencerte de que merece la pena el tiempo y el esfuerzo de leerla. Si queremos entender nuestro mundo moral actual y muchas cosas que están ocurriendo, como que se despida a un trabajador por un tuit, que se ataque a una chica por usar una prenda de vestir de origen asiático, que los colectivos feministas no critiquen la discriminación y restricción de derechos que sufren las mujeres en otras culturas (o que respondan dentro de la misma cultura a las agresiones sexuales de forma diferente dependiendo de la identidad de los autores), que la izquierda y la derecha no puedan ni debatir, que a un empleado de Google le despidan por hacen una memo intentado explicar por qué hay menos mujeres en carreras STEM, que se impida a los académicos e intelectuales dar charlas en las universidades, que la ley trans esté enfrentando a una fracción del feminismo contra otra, que ser “ciego a la raza” (es decir, estar de acuerdo con las opiniones de Martin Luther King Jr., que decía que había que juzgar a las personas por su carácter y no por su raza ) es ahora racismo, que la libertad de expresión -un pilar fundamental de las sociedades democráticas- sea ahora una idea de derechas etc, etc., tenemos que saber algo sobre el movimiento o ideología llamado Teoría Crítica de la Justicia Social, Teoría de la Justicia Social o Justicia Social a secas, movimiento para el que también se usa coloquialmente los términos woke y wokismo. 


Woke -del verbo to wake: despertar- es un término de origen afroamericano. Se refiere a haber despertado y tomado conciencia de los problemas de racismo (inicialmente) y luego de sexismo e injusticia en la sociedad en general, cuyo uso generalizado es resultado del movimiento Black Lives Matter y su hashtag “#stay woke” en 2014. Aunque su utilización se puede trazar hasta los años 40 del siglo pasado, se admite que aparece con su uso moderno por primera vez en la canción "Master Teacher" del álbum New Amerykah Part One (4ª Guerra Mundial) (2008) de la cantante de soul Erykah Badu, donde repite en el estribillo “I stay woke”. Estar despierto (stay woke) quiere decir ser consciente de lo que ocurre en la comunidad, de la supremacía blanca, no creerse las explicaciones oficiales para la violencia policial, un estado de paranoia sana, de estar vigilante, acerca de los problemas de justicia política y racial y de la disposición a hacer algo al respecto. La propia Erykah Badu usa la expresión Stay Woke en un tuit de 2012. En 2017 se incluye en el Oxford English Dictionary con el significado de “alerta ante la discriminación racial y social y la injusticia”. Posteriormente se extendió tanto su uso que se diluyó su significado original, se convirtió en un meme, en objeto de bromas y se empezó a hacer un uso irónico de la expresión de modo que empezó a ser utilizada más de forma peyorativa por los críticos del movimiento de la Justicia Social y la derecha política para referirse de forma global a las políticas de identidad, a la Justicia Social, a la corrección política y en general a toda la ideología progresista de la izquierda. Todavía hay activistas afroamericanos que la usan pero en su mayoría han abandonado su uso.


Estamos asistiendo a un momento histórico en el desarrollo de las sociedades occidentales en el que el sistema operativo con el que funcionaba nuestra cultura, el Liberalismo, se está cambiando por otro sistema operativo, la Justicia Social y es una incógnita si la sociedad será capaz de funcionar con ese sistema operativo o colapsará. Este cambio de sistema operativo se ha iniciado en la anglosfera (EEUU, Canadá, Reino Unido y Australia) y todavía no ha afectado de pleno a los países de lengua hispana o de otros idiomas, pero todo indica que el impacto va a llegar dada su contagiosidad.


Esta entrada es un pequeño resumen del libro Cynical Theories, de Helen Pluckrose y James Lindsay en el que voy a intentar sintetizar la evolución de este movimiento. Tenéis que entender que es la simplificación de una simplificación. Pretender resumir en un libro todas las ideas y teorías de cientos de autores, muchas de las cuales son contradictorias entre sí y han ido cambiando en las distintas épocas, y crear con ello un relato mínimamente coherente es una tarea muy compleja. Y luego intentar resumir ese libro en una entrada de blog pues ni te cuento…Pero la tarea merece la pena así que vamos allá.


Durante la era moderna y en particular los dos últimos siglos, hemos vivido en la mayoría de países occidentales bajo una filosofía política conocida como “liberalismo”. Los principios esenciales del liberalismo son la democracia política, las limitaciones del poder del gobierno, el desarrollo de los derechos humanos universales, la igualdad legal para todos los ciudadanos adultos, la libertad de expresión, el respeto a los valores  de la diversidad de puntos de vista y del debate honesto, el respeto por la evidencia científica y la razón, la separación entre la Iglesia y el Estado y la libertad de religión. Esta posición filosófica es compatible con un amplio abanico de posturas políticas, económicas y sociales incluyendo tanto las de izquierda o progresistas como las de derechas o conservadoras. Ese liberalismo filosófico se opone a movimientos autoritarios de todo tipo, sean de la derecha o de la izquierda y sean seculares o teocráticos. Este liberalismo se puede entender como un terreno común, un marco de referencia para la resolución de conflictos en el que personas con diferentes puntos de vista económicos, sociales y políticos pueden racionalmente debatir las opciones de política pública. 


Sin embargo, estamos en un momento histórico en el que este liberalismo y la modernidad que se encuentra en el corazón de la civilización occidental están amenazados. La naturaleza precisa de esta amenaza es complicada y procede de dos tipos de fuerzas, una revolucionaria y otra reaccionaria. Por un lado, están proliferando movimientos de extrema derecha que buscan dictadores y hombres fuertes que defiendan los valores occidentales. Por otro lado, en la extrema izquierda, los cruzados progresistas sociales se presentan como los únicos campeones del progreso moral sin los que la democracia estaría vacía.  La extrema izquierda no sólo promueve su causa por medio de objetivos revolucionarios que abiertamente rechazan el liberalismo como una forma de opresión, sino que lo hacen también con actitudes crecientemente autoritarias buscando establecer una ideología fundamentalista dogmática con respecto a cómo debe ser organizada la sociedad. Cada bando de esta batalla ve al otro como una amenaza existencial de manera que lleva al otro a una mayor locura y radicalización. Aunque el problema de la derecha es muy grave y digno de análisis, el libro que  voy a intentar resumir se ocupa del problema en la izquierda, una izquierda que se ha alejado de su lugar histórico dentro del liberalismo. La izquierda se ha aliado no con el modernismo sino con el posmodernismo, que rechaza la verdad objetiva, y Helen Pluckrose y James Lindsay llevan mucho tiempo leyendo, analizando y explicando a la ciudadanía esta nueva ideología de la izquierda.


En este libro, Pluckrose y Lindsay analizan la evolución del posmodernismo - en el que distinguen tres etapas- hasta llegar a una ideología que se encuentra entre las menos tolerantes y más totalitarias a las que se ha tenido que enfrentar el mundo. ¿De qué ideología o movimiento estamos hablando? Bueno, el tema de las definiciones siempre es complicado pero el eje fundamental de este movimiento es la justicia social por lo que el propio movimiento se suele referir a su ideología como Justicia Social y ha llegado a ser conocido como Movimiento de la Justicia Social o Teoría de la Justicia Social. También se le conoce como wokismo (wokeism) como decía, aunque éste es un término que cada vez usan más sus detractores. Esta ideología se expresa e influencia a la sociedad de diferentes maneras: Políticas de Identidad (identity politics), Corrección Política, Cultura de la Cancelación, Feminismo y Estudios de Género, Teoría Crítica de la Raza, Interseccionalidad, Teoría Queer, estudios sobre Obesidad (Fat studies) y Discapacidades, Teoría Post-colonial…Todas estas diferentes teorías están obsesionadas con el poder, el lenguaje, el conocimiento y la relación entre ellos; analizan las dinámicas de poder de cada interacción, se centran en detectar agravios y contempla todo como un juego de suma cera que gira alrededor de marcadores de identidad como la raza, el sexo, el género, la sexualidad y otros. 


En esencia, el posmodernismo rechazó todas las metanarrativas (amplias explicaciones del mundo y de la sociedad) previas, como el Cristianismo y el Marxismo. También rechazó la ciencia, la razón y los pilares posteriores a la Ilustración de las democracias occidentales. Las ideas posmodernas han dado lugar a lo que se suele llamar Teoría, a secas, que es la protagonista de este libro. Me voy a centrar en cómo ha evolucionado esta teoría a lo largo de sus tres etapas principales. Lo que plantean los autores (y no son los únicos en haber llegado a esa conclusión) es que no es ninguna exageración afirmar que, en su encarnación actual, la Justicia Social se ha convertido en una nueva religión, una tradición de fe que es hostil a la razón, a la falsificación, al desacuerdo de cualquier tipo y que se cree en posesión de la verdad, la verdad según la Justicia Social. Pero de la Justicia Social como religión hablaremos en otra entrada, hoy vamos a ver su historia. Como digo, dejaré fuera diferentes teorías específicas dentro de esta Teoría general, como los estudios postcoloniales, la teoría queer, etc., que en el libro tienen sus propios capítulos, por razones de espacio. 


Sí voy a definir someramente la Interseccionalidad porque es un concepto central al que me referiré aunque sea de pasada. El origen del término se atribuye a la activista y académica Kimberlé Crenshaw y consiste en que a la hora de analizar la desigualdad y la organización de poder en una sociedad se entiende mejor como derivada no de un único eje (sea la raza, el sexo o la clase) sino como resultado de muchos ejes que trabajan de forma conjunta y se influyen mutuamente. Crenshaw pone el ejemplo de una persona en un cruce que puede ser atropellada por coches provenientes de cualquier dirección o de las dos al mismo tiempo. Una persona marginada puede ser incapaz de decir cuál de sus identidades está siendo discriminada en un momento concreto. Crenshaw plantea que legislación dirigida a prevenir la discriminación por razones de raza o de género es insuficiente para abordar este problema. Por ejemplo, una empresa podría estar contratando a mujeres blancas y a hombres negros pero aún así seguiría discriminando a las mujeres negras. Las mujeres negras experimenta formas únicas de discriminación que no experimentan ni las mujeres blancas ni los hombres negros.


             Primera Etapa. Posmodernismo original (años 1960-1970). 


En los años 60 del siglo pasado tuvo lugar un cambio fundamental en el pensamiento humano, un cambio asociado a autores como Michel Foucault, Jacques Derrida, Jean-François Lyotard y otros, el posmodernismo. Es difícil de definir pero representa una serie de ideas y formas de pensar que surgieron como respuesta a las condiciones históricas, a la desilusión por las Guerras Mundiales, por el Marxismo y por la Modernidad en su conjunto. Se caracteriza por un pesimismo acerca de todo el proyecto de la Ilustración y un escepticismo y rechazo de todas las metanarrativas previas (marxismo, cristianismo, liberalismo…) incluyendo un escepticismo acerca de la realidad objetiva, de la posibilidad de obtener conocimiento (se difumina la frontera entre lo objetivo y lo subjetivo, se impone el relativismo…), suspicacia hacia la razón, la percepción de que el lenguaje es el que construye el conocimiento y un interés por el papel que juega el poder en todo ello. Las primeras manifestaciones del posmodernismo fueron artísticas y aparecen hacia 1940 pero en los años 60 pasan a las humanidades y las ciencias sociales incluyendo el psicoanálisis, la lingüística, la filosofía, la historia y la sociología. 


Resumiendo todos estos temas, podemos decir que el posmodernismo implica dos principios fundamentales que sustentan cuatro temas principales. Los principios son:


El principio posmoderno del conocimiento: un escepticismo radical acerca de si el conocimiento objetivo y al verdad son posibles y un compromiso con el constructivismo cultural.


El principio político posmoderno: La creencia de que la sociedad está formada por sistemas de poder y jerarquías, que deciden lo que puede ser conocido y cómo.


Y los cuatro temas esenciales son:


1-La difuminación de los límites

2-El poder del lenguaje

3-El relativismo cultural

4-La pérdida del individuo y de la universalidad.


Vamos a ver cada elemento a continuación:


El Principio Posmoderno del conocimiento


El posmodernismo se define por un escepticismo radical acerca de la accesibilidad de la verdad objetiva. En lugar de ver la verdad objetiva como algo que existe y que puede ser conocido por medio de la experimentación y la falsificación -como creía la Ilustración, el modernismo y la ciencia- el posmodernismo plantea que estamos limitados en nuestra capacidad de conocer y que debemos expresar el conocimiento por medio del lenguaje, conceptos y categorías por lo que toda afirmación acerca de la verdad son construcciones cargada de valor producidas por la cultura. Esto es lo que se llama constructivismo cultural o social. El método científico no se ve como un método de producir y legitimar conocimiento mejor que cualquier otro, sino como un acercamiento cultural entre muchos, tan corrupto y sesgado como cualquier otro.


Foucault estaba especialmente interesado en las relaciones  entre el lenguaje o, más en concreto, los discursos (las formas de hablar acerca de algo), la producción de conocimiento  y el poder. Para Foucault, una afirmación revela no sólo información sino también las reglas y condiciones de un discurso que son las que determinan la construcción de afirmaciones acerca de la verdad y el conocimiento. Los discursos dominantes son extremadamente poderosos porque determinan lo que puede ser considerado verdadero, y por tanto aplicable, en un determinado tiempo y lugar. Por tanto, el poder sociopolítico es en último término el que determina lo que es verdad y no la correspondencia con la realidad. Foucault estaba tan interesado en cómo el poder influencia lo que es considerado conocimiento que en 1981 acuñó el término “poder-conocimiento” para reflejar el vínculo inextricable entre los discursos poderosos y lo que se conoce. Llamó al conjunto de ideas y valores dominantes un episteme porque modela cómo identificamos e interactuamos con el conocimiento. Foucault adoptó la posición de que no hay principios fundamentales para descubrir la verdad y que todo conocimiento es “local” para el conocedor; no negaba que la realidad existiera sino que dudaba de la capacidad humana de trascender nuestros sesgos culturales para llegar a ella.


Al escepticismo posmoderno se le suele llamar escepticismo radical y dice que todo el conocimiento es construido y que lo que es interesante es teorizar  acerca de por qué el conocimiento fue construido de esa manera. Este escepticismo es diferente del escepticismo científico que caracterizaba a la Ilustración, la duda razonable acerca de la capacidad de conocer y de cómo podemos estar seguros de la verdad de lo que investigamos. Para el posmodernismo, la ciencia es incapaz de distinguir lo que es verdad. El razonamiento científico es una metanarrativa y el posmodernismo es radicalmente escéptico de todas estas explicaciones. En el posmodernismo lo que se conoce se conoce sólo dentro del paradigma cultura que produce  ese conocimiento y es por tanto representativo de ese sistema de poder. Como consecuencia de ello, el posmodernismo contempla el conocimiento como provincial e intrínsecamente político. Lyotard también caracterizó al posmodernismo como escepticismo hacia las metanarrativas. 


Por supuesto, el escepticismo acerca de nuestra posibilidad de conocer es muy sensato y los filósofos lo llevan tratando desde el inicio de los tiempos. Y por supuesto que el escepticismo científico que consiste en hacer hipótesis y ponerlas a prueba a ver si se sostienen es muy imperfecto; se suele decir que la ciencia se autocorrige pero muchas veces lo hace tarde, mal y nunca…tienen mucha razón los posmodernistas en todo ello. Pero otra cosa es tirar el niño con el agua sucia, como dicen los anglosajones: los aviones vuelan y la ciencia con la que vuelan es la misma en todas partes, no existe una ciencia belga o una ciencia budista y los aviones no vuelan de una manera en Bélgica y de otra en la India; y supongo que cuando tienen una infección grave, también los posmodernistas toman antibióticos, que parecen funcionar en todas las culturas.


El principio político posmoderno


La negación de un conocimiento objetivo va unida en el posmodernismo a la preocupación por el poder. Poder y conocimiento están estrechamente unidos y Foucault hablaba de poder-conocimiento. Lyotard también describe una interpelación estricta entre el lenguaje de la ciencia y el de la política y la ética.  Para el posmodernismo el poder decide no sólo lo que es correcto sino también lo que es moralmente bueno, el poder implica dominación y opresión. Los poderosos han organizado la sociedad de una forma que les beneficia y perpetúa su poder. Hacen esto legitimando ciertas formas de hablar acerca de las cosas como verdaderas, que se difunden por la sociedad creando reglas sociales que se ven como de sentido común y se perpetúan a todos los niveles. Pero en el posmodernismo el poder no se ejerce de una forma directa y visible desde arriba, como por ejemplo en el marco de referencia marxista, sino que permea  todos los niveles de la sociedad y es aplicado por todos por medio de las interacciones rutinarias, expectativas, condicionamientos sociales y discursos construidos que expresan una determinada visión del mundo. Es importante señalar que es el sistema social y su dinámica de poder inherente lo que es la causa de la opresión y no necesariamente agentes individuales con voluntad propia. Una sociedad puede ser opresiva sin que ningún individuo perteneciente a ella sostenga un punto de vista opresivo.


Los posmodernistas no ven necesariamente el sistema de opresión como resultado de una conspiración patriarcal, supremacista blanca o heteronormativa conscientemente coordinada. Más bien, lo ven como el resultado inevitable de sistemas que se autoperpetúan y privilegian a unos grupos sobre otros, o sea, como una conspiración inconsciente o no coordinada inherente a los sistemas de poder. Fuerzas poderosas ordenan la sociedad en categorías y jerarquías que sirven a sus propios intereses. La ciencia también ha sido organizada para servir a los intereses de los poderosos. 


De nuevo, el posmodernismo tiene mucha razón en estos planteamientos que no son tampoco nuevos. La revolución francesa, la revolución rusa, la batalla contra la hegemonía de la Iglesia católica y tantos otros ejemplos de lucha contra sistemas opresivos de poder y jerarquías así lo atestiguan. Y es innegable que se ha ido produciendo un progreso por medio del liberalismo filosófico y político del que hablamos al principio, aunque evidentemente, imperfecto y mejorable. 


Este escepticismo generalizado acerca de la verdad y el conocimiento y la postura de considerar que ambos son culturalmente construidos conduce a la preocupación por cuatro temas fundamentales.


La Difuminación de los límites


El posmodernismo desconfía de todos los límites y categorías que los pensadores anteriores han considerado como verdad: los límites entre objetivo y subjetivo, entre ciencias y artes, entre verdad y creencia, lo natural y lo artificial, el hombre y otros animales, salud y enfermedad…Prácticamente toda categoría social ha sido “problematizada” por los posmodernistas para negarles una validez objetiva e interrumpir los sistemas de poder que podrían existir detrás de ellas.


El Poder del lenguaje


Bajo el posmodernismo, muchas ideas que habían sido consideradas como objetivamente verdaderas se ven como meras construcciones del lenguaje. Foucault se refiere a ellas como “discursos” que construyen conocimiento. Lyotard habla de “juegos del lenguaje” que legitiman conocimientos. El lenguaje tiene un enorme poder para controlar la sociedad y se ve como inherentemente peligroso. Esta obsesión por el lenguaje es un elemento central en el posmodernismo, especialmente en Derrida que introduce el concepto de “deconstrucción”. Derrida rechaza la idea de que las palabras se refieren a cosas en el mundo real  e insiste en que las palabras se refieren solo a otras palabras y a las maneras en que difieren entre sí formando cadenas de significantes que pueden ir en todas las direcciones sin un ancla, lo que sería el significado de su frase: “no hay nada (ningún significado) fuera del texto”. Para Derrida, el significado es siempre relacional y existe solo en relación al discurso en el que se encuentra inscrito. Esto significa que el lenguaje no puede representar la realidad o comunicarla a los demás. 


Entendido así, el lenguaje opera jerárquicamente por medio de binarios. Por ejemplo, “hombre” se define por oposición a “mujer” y se considera superior. Tampoco, para Derrida, el sentido que le da el hablante no tiene mayor autoridad que el que le da el oyente, es decir, la intención del que habla no se tiene en cuenta, no hay espacio para que mi ofensa se deba a un malentendido por mi parte de lo que dice el hablante, las intenciones del autor son irrelevantes. La consecuencia de todo esto es que se considera que los discursos crean y mantienen la opresión y que deben ser cuidadosamente monitorizados y deconstruidos.


Relativismo cultural


Dado que en la teoría posmodernista la verdad y el conocimiento se cree que son construidos por  los discursos dominantes y los juegos de lenguaje que operan en una sociedad, y dado que no podemos salirnos de nuestro sistema de categorías  y no tenemos un punto de vista objetivo para examinarlos, no podemos decir que ningún conjunto de normas culturales es mejor que ningún otro. Para los modernistas, es imposible hacer una crítica  de los valores y la ética de una cultura desde otra cultura, dado que cada cultura opera bajo diferentes conocimientos y habla sólo desde sus propios sesgos. Toda crítica de este tipo es errónea o incluso una infracción moral porque presupone que la propia cultura es objetivamente superior.  Además, dentro de una determinada cultura, los discursos que uno puede usar dependen de la posición que tenga uno en el sistema por lo que las críticas se aceptan o no según el estatus del que la haga. En particular, la crítica desde una posición considerada de poder es desechada  porque se asume que o bien ignora las realidades de la opresión, por definición, o bien es un intento cínico de servir a los intereses de la persona que critica. La creencia posmodernista de que los individuos son vehículos de los discursos de poder, dependiendo de su posición en el sistema de poder, hace que la crítica sea imposible excepto para aquellos que se teoriza que son marginalizados u oprimidos.


La Pérdida de lo individual y lo universal


Para la teoría posmodernista la noción del individuo autónomo es básicamente un mito. El individuo, como todo lo demás, es  un producto de los discursos poderosos y del conocimiento culturalmente construido. De la misma manera, el concepto de algo universal -sea por ejemplo un universal biológico acerca de la naturaleza humana; o una ética universal, como igualdad de derechos, libertades y oportunidades para todos los individuos independientemente de su clase, raza, género o sexualidad- es, en el mejor de los casos, ingenuo. En el peor de los casos sería otro ejercicio de poder-conocimiento, un intento de aplicar discursos dominantes a todo el mundo. El punto de vista posmoderno rechaza la unidad más pequeña de la sociedad (el individuo) así como la más grande (la humanidad) y se centra por contra en grupos pequeños, locales, como productores de conocimiento, valores y discursos. El posmodernismo se centra en grupos de personas que se entiende que están posicionados de la misma manera según la raza, el sexo o la clase, por ejemplo- y que se supone que tienen las mismas experiencias y percepciones debido a su posicionamiento. 



Segunda Etapa. Posmodermismo aplicado (años 1980-1990)


Hemos visto una primera etapa en la que el posmodernismo se desilusiona con las metanarrativas previas, las pone en cuestión con su escepticismo radical y llega a una postura bastante pesimista según la cual no nos es posible conocer y no hay una verdad objetiva. Este periodo de deconstrucción llega hasta los años 80 y ahí se agota. A partir de ese momento toman el relevo nuevos teóricos que tienen el objetivo de aplicar el modernismo a la reconstrucción de un mundo mejor. La postura escéptica posmodernista según la cual lo que tú dices vale lo mismo que lo digo que yo no sirve para la acción y el activismo político. En esta época, la Teoría muta en un puñado de teorías que desgraciadamente no voy a abordar por problemas de espacio: La Teoría Queer, la Teoría Post-colonial, la Teoría Crítica de la Raza y la Interseccionalidad, El Feminismo y los estudios de Género, Los Estudios sobre Discapacidades y Obesidad (Disability and Fat Studies) y otros. Todas estas disciplinas que se vienen a llamar Academicismo de Justicia Social, Teoría de la Justicia Social parten del concepto de justicia social que proviene de los movimientos por los derechos civiles y otros movimientos progresistas  y liberales. Es una época en la que la discriminación sexual y racial en el trabajo y a todos los niveles se ha ilegalizado y donde se ha ido consiguiente una igualdad de derechos y oportunidades  a todos los niveles.


Estos teóricos que quieren cambiar el mundo toman muchas cosas del posmodernismo a nivel descriptivo, pero su escepticismo radical no les sirve ya que necesitan una verdad a la que agarrarse, como le ocurría a Descartes. Así que consideran que el hecho de que algunas identidades son privilegiadas sobre otras es real y que esta injusticia es objetivamente verdadera. Parodiando a Descartes, podríamos decir algo como “experimento opresión, luego existo y también existen la dominancia y la opresión”. Estos teóricos -que critican a los autores posmodernistas por su privilegio de ser blancos, hombres y occidentales- fusionan el posmodernismo con la Teoría Crítica, una ideología y activismo de izquierdas que proviene de los años 20 del siglo pasado, de la Escuela de Frankfurt. Y ocurre algo muy importante: que se produce una mutación moral, es decir, que pasamos del ES, al DEBE SER, es decir, de algo descriptivo a algo normativo. De una filosofía pasamos a una ideología al añadirle un componente  de mandato moral, y aquí empezamos ya a acercarnos a algo más parecido a una iglesia que a una teoría científica. 


Vuelvo a decir que estoy simplificando mucho y que todo este campo está lleno de contradicciones y complejidades. Por ejemplo, algunos académicos que trabajan de acuerdo con los principios posmodernistas (el del conocimiento y el político) menosprecian el posmodernismo. Otro caso puede ser el feminismo donde conviven corrientes muy diferentes y los estudios de género no parten del posmodernismo sino de una teoría crítica más bien marxista según la que el patriarcado occidental es una extensión del capitalismo en el que las mujeres son marginalizadas y explotadas. Foucault niega este tipo de poder de arriba hacia abajo y lo contempla más como una matriz impregnada de poder que abarca toda la sociedad, producida por los discursos. El caso es que los teóricos que establecieron la Teoría Queer siguen a Foucault y hoy vemos diferentes corrientes conviviendo en el feminismo, unas más influenciadas por el posmodernismo (el feminismo interseccional y queer) que otras (feminismo materialista). 


El resultado de toda esta evolución es un Posmodernismo aplicado, como lo llaman Pluckrose y Lindsay, que mantiene los dos principios y los cuatro temas esenciales del posmodernismo que ya hemos visto. La diferencia fundamental se da en el principio del conocimiento donde ocurre un cambio muy importante: la identidad y la opresión basada en la identidad son reales y objetivas. Las identidades son construcciones sociales pero son reales, tienen sentido y tienen consecuencias por lo que son objetivamente reales. La concepción de que la sociedad está compuesta de sistemas de poder y privilegio que construyen conocimiento se asume como objetivamente verdadera e intrínsecamente ligada a la construcción social de la identidad. La otra diferencia, como ya he comentado, es el paso de lo descriptivo (ES) a los prescriptivo (DEBE SER), el componente moral. En cuanto a los cuatro temas posmodernos (el borramiento de límites, el poder del lenguaje, el relativismo cultural y la pérdida del individuo y lo universal) se mantienen sin variaciones. El individuo en el posmodernismo aplicado viene a ser algo así como la suma total de las identidades de grupo a las que la persona en cuestión pertenece simultáneamente.


En esta fase, el posmodernismo se fragmenta en Teoría Post-Colonial, Teoría Queer, Teoría Crítica de la Raza, Feminismo Interseccional, Estudios de Discapacidades y Estudios de Obesidad (Dissability and Fat Studies), pero no vamos a abordar cada uno de ellos. 



Tercera Etapa. Posmodernismo Reificado (desde 2010 hasta la actualidad)


Reificado quiere decir aquí “convertido en algo real”. A partir de 2010, el academicismo que gira en torno a la Justicia Social y todas sus disciplinas converge  bajo la etiqueta más general de Justicia Social y Pluckrose y Lindsay lo llaman Academicismo de la Justicia Social (Social Justice Scholarship) que sería la tercera fase de todo este proyecto posmodernista. En esta fase, los académicos y activistas dan por hecha la reificación, la concreción de conceptos que habían comenzado de una manera abstracta y tentativa y admiten como verdaderos los dos principios posmodernistas: el del conocimiento y el principio político posmodernista. Como ya hemos comentado, estos principios afirman que el conocimiento objetivo es imposible, que el conocimiento es una construcción del poder y que la sociedad está compuesta de sistemas de poder y privilegio que es necesario deconstruir. Hacia 2010 todas estas ideas posmodernas se concretan en un academicismo interseccional de la Justicia Social que acepta que todo esto es verdad y describe cómo es realmente el conocimiento, el poder y las relaciones sociales humanas, es decir, que son afirmaciones verdaderas acerca de la realidad. Todo esto se convierte en una Metanarrativa, en la Verdad según la Justicia Social. 


En el academicismo de la Justicia Social leemos continuamente que el Patriarcado, la supremacía blanca, el imperialismo, la cisnormatividad, la heteronormatividad, el “Capacitismo” (Ableism) -un término que creo que no tiene todavía una traducción al español y que se refiere a la discriminación de personas con discapacidad-, y la grasafobia (fatphobia), estructuran la sociedad y lo infectan todo. Esta realidad se ve como profundamente problemática y por tanto es necesario identificarla, condenarla y desmontarla. Encontramos en todos estos textos de la Justicia Social que todas las personas blancas son racistas, que todos los hombres son sexistas, que el racismo y el sexismo son sistemas que existen y oprimen aunque no exista ninguna persona con creencias o intenciones racistas o sexistas, que el  sexo no es biológico y existe en un espectro, que el lenguaje es literalmente violencia, que querer remediar la discapacidad y la obesidad es odio y que todo necesita ser descolonizado. Un concepto que está ausente de toda esta teoría es el de clase económica (a veces aparece combinado dentro de la interseccionalidad), concepto que era clave en el marxismo y por ello no sorprende que mucha gente trabajadora se sienta alienada de este nuevo tipo de izquierda. También es irónico que este movimiento que dice “problematizar” todo tipo de privilegios está liderado por activistas de las universidades más caras de EEUU, de las clases más privilegiadas y de mayor estatus dentro de la sociedad.


Así que lo que empieza como escepticismo y pesimismo acerca de la posibilidad de conocer acaba en una verdad absoluta que no se puede discutir, que no tolera disidentes y los cancela y que no admite debate ni discusión. El conocimiento no se puede obtener por medio de datos o de la razón pero ahora se dice que se puede obtener escuchando la “experiencia vivida” de los miembros de los grupos marginalizados, o más exactamente, la interpretación que algunas personas hacen de esas experiencias vividas después de haber sido tamizadas por la Teoría. El problema de esta visión subjetiva es qué ocurre cuando las experiencias subjetivas de las personas entran en conflicto. Si diferentes miembros de grupos marginalizados -o si miembros de diferentes grupos marginalizados- dan interpretaciones incompatibles de sus experiencias vividas, ¿cómo se puede resolver esta contradicción? A veces se intenta dar una respuesta relativista radical, que dos afirmaciones contradictorias pueden ser verdad al mismo tiempo, pero lo que más hace la justicia Social en la práctica es favorecer las interpretaciones de algunos grupos marginalizados (los que se consideran que están en un lugar más elevado de la jerarquía de victimismo) y considerarlas las auténticas y se descartan las demás interpretaciones como internalizaciones de las ideologías dominantes. Es decir, cuando se produce un conflicto entre identidades, para saber cuál es la verdad se analiza cuál es la identidad más oprimida o victimizada, y lo que diga esa identidad se considera la verdad. De esta manera se resuelve la contradicción lógica entre el relativismo radical y el dogmatismo absoluto pero el precio que se paga es que la Teoría de la Justicia Social se convierte en algo completamente indefendible e infalsificable: sea cual sea la evidencia acerca de la realidad (física, biológica, social o filosófica) que se presente, la Teoría siempre puede descartarla. Es por esto que no es ninguna exageración afirmar que la Teoría de la Justicia Social ha creado una nueva religión, una fe que es hostil a la razón, la falsificación, la falta de confirmación o el desacuerdo de cualquier tipo, pero de ello hablaremos otro día.


El resultado de toda esta evolución que hemos visto es que el posmodernismo en la forma de la Justicia Social ha dejado las universidades y ha empezado una fase de expansión y proselitismo en la que está llegando a todas las esferas de la sociedad: las redes sociales, las empresas y corporaciones, las instituciones, el arte, el cine, la medicina, la psicología, la ciencia y las revistas científicas y, por supuesto, la política.