sábado, 1 de agosto de 2020

La Dictadura de la Virtud y La Religión como Antídoto


No quites nunca una valla hasta que sepas la razón por la que fue colocada
-G.K. Chesterton

El bolchevismo como fenómeno social será reconocido como una religión, no como un movimiento político ordinario.
-Bertrand Russell, The Practice and Theory of Bolshevism,1920

La política moderna es un capítulo en la historia de la religión. Las más grandes de las convulsiones revolucionarias que han moldeado gran parte de la historia de los dos siglos pasados fueron episodios en la historia de la fe, momentos en la larga disolución del Cristianismo y el surgimiento de la moderna religión política. El mundo en el que nos encontramos al comienzo del nuevo milenio está lleno de los escombros de proyectos utópicos, que aunque se encuadraron en términos laicos que negaban la verdad de la religión, fueron de hecho vehículos de mitos religiosos.
-John Gray, Black Mass,2007


Es una idea muy extendida en nuestra cultura que la religión (Dios) es la fuente de la moral y que sin el sostén de la religión la tendencia natural del ser humano seria cometer pecados y el mal. En este blog, el origen biológico de la moral lo he tratado regularmente mostrando que no podemos entender nada sobre la moral sin la evolución. Tenemos un instinto o una capacidad moral como tenemos un instinto o capacidad para el lenguaje y ese instinto es un mecanismo psicológico evolucionado, producto de la selección natural. En esta entrada voy a presentar la contraintuitiva tesis de que la religión no es en realidad el origen de la moral sino un freno, un control cultural, para mantener nuestros instintos morales a raya (aclaro que estoy pensando sobre todo en la religión católica que es la que tengo más cerca y puede que lo que digo no sea aplicable a otras). Voy a describir la situación moral que estamos viviendo en nuestra sociedad actual (una situación que podemos considerar de Dictadura Moral) y en base a ello voy a proponer que los instintos morales del ser humano pueden desbocarse (cosa que creo que está ocurriendo ahora) y que cuando la religión tradicional ha sido más fuerte los fenómenos que estamos viviendo ahora no ocurrían. Sugiero que la religión tradicional tiene medios (normas y rituales) para canalizar nuestros instintos morales de manera que no perjudiquen al funcionamiento de la sociedad en su conjunto ( lo cual, a mi juicio, está ocurriendo en estos momentos).

Creo que una característica definitoria de la época que estamos viviendo es que estamos asistiendo al auge de una serie de movimientos que podemos considerar “progresistas” en conjunto, fuertemente relacionados, como la corrección política (political correctness, PC) , la justicia social (los guerreros de la justicia social (SJW) en versión negativa), la exhibición o el señalamiento de virtud (Virtue signalling), el postureo moral o exhibicionismo moral, el wokismo (woke), estar “despierto” en cuestiones de justicia social y raciales, la indignación moral en las redes, las difamaciones rituales y los linchamientos morales, el despido de gente de sus trabajos por sus creencias políticas o morales,  la moralización continua de cosas que antes eran neutras moralmente: comer carne, usar el coche o el avión, etc.; el avance del altruismo efectivo en sociedades como la norteamericana aunque menos por ahora en la nuestra, etc.

Lo que todos estos fenómenos ilustran es que estamos viviendo una espiral moral, una especie de carrera de armamentos moral en la que continuamente surgen nuevas normas morales que son desplazadas enseguida por otros nuevos mandamientos de manera que nadie puede estar seguro de ser lo suficientemente bueno porque cuando cumples con unos requisitos aparecen nuevas exigencias a las que responder y adaptarse. Hace poco las palabras eran violencia pero ahora ya hemos pasado a que el silencio es también violencia. Por ejemplo, defender la libertad de expresión es ahora una cosa de derechas y mala moralmente. Tratar a las personas como individuos, algo que Martin Luther King defendió en su momento, es también ahora malo moralmente. Ahora lo correcto es tratar al sujeto según el grupo identitario al que pertenece (identity politics) y no por el contenido de su carácter. Un resultado de todo esto es que la gente no se atreve a expresar sus opiniones por miedo a herir a alguien y a las consecuencias que eso puede acarrearle en su vida, en su trabajo o en su carrera (62% de los estadounidenses dicen en una encuesta reciente que tienen miedo a expresar  sus ideas). Según este otro estudio, el porcentaje de estadounidenses que tiene miedo a compartir sus ideas y se autocensura se ha triplicado desde los años 50 del siglo pasado (era McCarthy) a la actualidad. No lo hacen por miedo al estado sino por presión social y miedo a ser despedidos o etiquetados. Se está imponiendo un totalitarismo sin estado que se manifiesta en la cultura de la cancelación: la censura, acallar y eliminar al disidente, al que no sigue la ortodoxia.

Ya he señalado en otra entrada los peligros de esta moralidad desbocada. El principal problema es que la moralidad tiende a invadir o metastatizar otros terrenos, otras instituciones, que no deberían funcionar con el código binario bueno/malo, como la ciencia cuya principal obligación debe ser buscar la verdad. Si la moral metastatiza esas otras instituciones todo el funcionamiento de la sociedad y su eficacia se va a ver comprometida, el software que hace que funcione nuestra sociedad va a corromperse. Por poner un ejemplo, Coca-Cola y otras empresas han retirado la publicidad de Facebook porque, según ellas, no frena lo suficiente los discursos de odio. Es decir, Coca-Cola al dirigirse a la sociedad tiene que empezar diciendo: somos una empresa feminista, antiracista, comprometida con el medio ambiente, con la justicia social, etc…y una vez establecido eso: “…también hacemos un refresco que está muy bueno y nos gustaría que lo compraras”. Atrás quedaron los tiempos en que una empresa de coches se dedicaba a hacer coches y una de zapatillas a hacer zapatillas. Ahora todo el mundo tiene que señalar virtud y demostrar su militancia en la religión de lo políticamente correcto.

Son muchos los autores que han señalado el parecido o las similitudes entre todos estos fenómenos laicos que estoy comentando y la religión (para un tratamiento filosófico de fondo leer Black Mass, de John Gray). En su momento se señaló el paralelismo del marxismo con la religión y ahora la raíz religiosa del progresismo, o del movimiento por la justicia social, etc. Hay un consenso bastante grande en que la religión tradicional se ha sustituido por diferente religiones laicas, como ya traté en el blog, con sus pecados originales y todo.

¿Por qué ocurre esto? Nuestra capacidad moral no sólo consiste en ver que existen cosas buenas y malas moralmente ahí afuera (en el mundo) sino también en una necesidad de señalar a potenciales parejas y aliados que somos buenos, que somos un buen compañero de pareja o un buen aliado y miembro de una coalición o grupo. En esta entrada sobre las colas de pavo real políticas me hacía eco de las ideas de Geoffrey Miller de que señalar virtud es algo que atrae al sexo opuesto y hay estudios que muestran, efectivamente, que el altruismo es una característica atractiva para las mujeres que buscan una relación a largo plazo. Sea por las razones que sea, el argumento es que señalar virtud, que nos adherimos a las normas morales del grupo, es una necesidad que forma parte de nuestra naturaleza y una de las funciones que ha cumplido la religión tradicional ha sido la de servir para señalar nuestra virtud al grupo. Si esto es cierto, si la religión tradicional desaparece se verá inevitablemente sustituida por otras doctrinas que cumplan esta función. Parece que hay muchos datos de que esto es lo que está ocurriendo. En definitiva, que estamos condenados al eterno retorno de la religión, que nunca nos libraremos de ella. Tal vez no se manifieste en creencias sobre seres sobrenaturales pero sí en una doctrina y unas normas morales que no pueden ser cuestionadas si no quieres ser excluido del grupo.

Por otro lado, las redes sociales han abaratado este señalamiento de virtud a los demás. No es necesario ir a trabajar de colaborador con una ONG a Africa varios años o donar la mitad de nuestro sueldo a una ONG (algo evidentemente costoso) para mostrar lo buenos que somos. Basta con publicar cada día algún tuit atacando al grupo que ostenta las creencias contrarias a las nuestras o con sumarnos a los linchamientos que inicien los miembros de nuestro grupo. Algo relativamente sencillo y que no lleva mucho tiempo.

Pero vamos al punto que comentaba al principio ¿Cómo frena la religión este instinto moral humano? La religión institucionaliza una serie de conductas, procedimientos y rituales que sirven para señalar nuestra virtud a la comunidad. Hay que ir a misa los domingos, confesar los pecados y comulgar, no comer carne en cuaresma, etc. Uno cumple con esas cosas y ya demuestra que es un buen miembro de la comunidad. Digamos que la religión “certifica” nuestra cualidad moral y esto mantiene a raya nuestro instinto de señalar virtud y permite que podamos dedicarnos a otras cosas. Pero si la religión desaparece, mostrar que somos buenos sigue siendo necesario (si aceptamos mi planteamiento de que es un fenómeno psicológico que forma parte de nuestra dotación de fábrica)  así que irremediablemente hay que buscar vías alternativas. Y en estas alternativas no está claro cuándo hemos señalado suficiente virtud y -dado que estamos compitiendo con los demás a ver quién es el más virtuoso- pues hay que inventar nuevas normas si queremos diferenciarnos de todo lo que están haciendo ya los demás.

Cuentan las crónicas una anécdota sobre Stalin. Se celebró un congreso del partido en alguna región de la URSS y para cerrar el acto todos se pusieron de pie a aplaudir al líder amadísimo, Stalin. Pero pasaban los minutos y seguían aplaudiendo porque nadie se atrevía a ser el primero en dejar de aplaudir y poder ser acusado de falta de compromiso y amor con el líder y el partido. Al final alguna personalidad paró y se sentó y todo el mundo hizo lo mismo. Al día siguiente esa persona fue detenida. Aplicado a lo que estamos tratando, necesitaríamos una señal de que podemos dejar de aplaudir, de que ya hemos sido lo bastante buenos. 

Parece haber también una diferencia muy importante entre la religión tradicional y las nuevas religiones y es la ausencia de perdón en estas nuevas religiones. Por lo menos en la religión católica tradicional uno se puede confesar si ha hecho algo malo y se le pone una penitencia (en forma de rezos o lo que sea) y así se produce la reconciliación y la vuelta al rebaño del descarriado. En estas nuevas religiones no parece haber algo similar, en los linchamientos en las redes se busca el despido del infractor, su muerte social y no pocos casos han acabado con el suicidio de la persona linchada. Pedir perdón generalmente no sirve de nada, sólo confirma que el atacado cometió efectivamente un pecado mortal y se merece lo que le ocurra.

Un fenómeno interesante y nuevo es el de despedir a la gente por sus ideas. A este señor le han despedido por ir haciendo, de manera distraída mientras conducía, un gesto con los dedos que ahora se asocia a los supremacistas blancos.  Cisco ha despedido a empleados que objetaron al apoyo de la compañía a BLM, a James Damore le despidieron de Google y la lista de académicos, periodistas y otros profesionales despedidos es muy larga como para referirla aquí. Lo que no se entiende es en qué momento se consideró que los empleadores son responsables de las creencias de sus empleados y cuándo se decidió que se tenían que convertir en policías del pensamiento y de las creencias de sus empleados. Hasta hace poco, si un empleado hacía algo ilegal debería responder ante la justicia y punto, nadie estaba obligado a profesar determinadas creencias (antiguamente sí que había que ser un buen cristiano, claro). Pero ésta es la realidad ahora y, dadas las circunstancias económicas, no es ninguna broma. Despedir a una persona es dejarla sin los recursos necesarios para  su supervivencia y la de su familia.

Discusión y Tendencias futuras

Siempre ha existido una tensión entre la tendencia a institucionalizar o mantener unas normas y la tendencia a superarlas y cambiarlas por otras. Todas las religiones han sufrido movimientos continuos de reforma y de renovación con vuelta a una cierta estabilidad para ser luego desafiada esa normalidad con nuevas exigencias. Esto es lógico porque los cambios sociales y económicos, tecnológicos y de todo tipo conducen a nuevos estilos de vida para los que las viejas normas no son ya adecuadas. Pero también parece necesaria una cierta estabilidad en las doctrinas. Si las normas morales explotan y se produce una aceleración moral desbocada en la que lo que se considera bueno hoy no lo es la semana que viene, la sociedad no va poder funcionar, la colaboración y cooperación entre todos sus miembros se va a ver resentida.

Cabe la posibilidad de que yo tenga una visión sesgada porque la religión que he conocido ha sido una religión católica en retirada y podría ser que cuando la religión fue realmente fuerte (en la Edad Media o épocas anteriores) la asfixia moral y el ambiente opresor en la sociedad fuera mucho más grande de lo que yo he conocido. Si esto fuera así, lo que estaría ocurriendo es que estas nuevas religiones están reproduciendo lo mismo que ocurría con las viejas y que sólo se relajará el ambiente moral cuando se debiliten.

¿Qué puede pasar en el futuro? es difícil hacer predicciones. Como comento, es posible que se produzca un asentamiento de estas normas y que se institucionalicen de alguna manera los requisitos para certificar o demostrar ante los demás que uno es un buen miembro de la comunidad. Un ejemplo de movimiento en esta dirección  podría ser esta noticia de que la Universidad de California va a exigir unos cursos en estudios étnicos y de justicia social a sus alumnos para poder graduarse. Tal vez podemos interpretar esto como un ejemplo de esa institucionalización a la que me refería. 

Si, por contra, la moralidad siguiera desbocada creo, como decía más arriba, que convertir todas las esferas de la vida en una cuestión de buenos y malos va a afectar al funcionamiento, rendimiento, eficacia y creatividad de todas las instituciones sociales. Las universidades se van a convertir en algo más parecido a seminarios o madrasas que a centros de innovación y debate científico. La sociedad o cultura que siga esta evolución va a estar en desventaja frente a otras culturas o sociedades cuyas instituciones no queden metastatizadas por este crecimiento moral sin freno. 

En cualquier caso, hay una realidad muy importante: la moral es un arma muy eficaz de control social, es más potente que la economía o el poder político para controlar a los demás. El que tiene el poder moral, el que escribe las normas morales, manda y domina. Estamos viviendo una batalla por la supremacía moral. Actualmente la estamos viviendo en la forma de una lucha por el rol y estatus de víctima ya que vivimos en una victimocracia, en una sociedad del victimismo, y el que consigue ese rol consigue la supremacía moral. El discurso del que tiene la supremacía moral no puede ser cuestionado sea cual sea su contenido, su lógica o su razón. Ir contra ese discurso hace que uno quede excluido. Esto sugiere que va a ser difícil ver una estabilidad moral en el horizonte cercano. Y no es impensable que el totalitarismo sin estado al que me refería más arriba se convierta en leyes y en un totalitarismo estatal en toda regla que regule todos los aspectos de nuestra vida. 1984 quedó atrás cronológicamente pero hay muchos datos de que la sociedad descrita por Orwell nos puede estar esperando a la vuelta de la esquina. 

En resumen, la religión, por un lado, alimenta nuestros instintos morales estableciendo mandamientos,  normas y doctrina en los que expresarse. Pero, por otro, supone un control a esos instintos  al establecer rituales y procedimientos que limitan la competición virtuosa entre los individuos y nuestra búsqueda utópica de santidad. Remover la religión da lugar a que las viejas doctrinas se sustituyan por otras nuevas mientras que parece haberse eliminado la función de control que canalizaba los instintos morales humanos. Se produce así un crecimiento tumoral de la moral que deteriora la salud de los individuos y la sociedad en su conjunto. Sería deseable encontrar un ritmo moral adecuado, ni demasiado lento ni demasiado rápido, para el buen funcionamiento de la sociedad.

@pitiklinov

viernes, 17 de julio de 2020

Ocho razones por las que la violencia de pareja no es violencia de género



La Teoría feminista de la violencia de pareja

La teoría feminista de la violencia de pareja plantea que se trata de un problema de género. En esta entrada voy a criticar esta teoría y voy a intentar argumentar que los hechos la contradicen. Pero lo primero que hay que hacer es describir la teoría feminista de la violencia de pareja que voy a combatir porque quizás muchas personas no conocen con detalle lo que dice realmente esta teoría.

La teoría feminista mantiene que la violencia de pareja de los hombres contra las mujeres surge de valores patriarcales que motivan que los hombres busquen controlar la conducta de las mujeres, usando la violencia si fuera necesario. Desde esta perspectiva, el patriarcado es visto como causa directa de la violencia de pareja más que como un factor que interactúa con otras causas. Cuando se habla de la teoría feminista la primera referencia que se suele citar es el libro de 1979 de Dobash y Dobash Violence Against Wives. Rebecca y Russell Dobash, a los que podemos considerar los popes de esta teoría, dicen ahí: “Los hombres que asaltan a sus mujeres están en realidad cumpliendo con unas prescripciones culturales muy queridas en la sociedad occidental -agresividad, dominancia masculina y subordinación femenina- y usan la fuerza física como un medio de imponer esa dominancia”. 

Merece la pena señalar que el poder masculino no se sitúa en el poder físico o la agresión sino en las instituciones, las estructuras y la ideología del capitalismo. La violencia es producida socialmente y culturalmente legitimada (No queda claro entonces cómo puede hacerse responsable a un hombre individual de su violencia cuando la culpa la tiene el Patriarcado…). La violencia de pareja no es una expresión natural de impulsos biológicos o de características innatas masculinas, sino que es una conducta construida y aprendida y recompensada socialmente. El origen de la teoría tiene unas raíces neo-marxistas según las cuales se contempla a los hombres (el equivalente a los burgueses) como los opresores y detentadores del poder y a las mujeres (el proletariado) como las oprimidas, pero no entraré en más detalles. Baste decir que la solución última a esta violencia, por tanto, es un cambio social y cultural radical: desmontar las estructuras patriarcales.

Este paradigma implica varias suposiciones sobre esta violencia:

- La violencia de pareja sólo la perpetran los hombres y cuando la perpetran las mujeres, si es que la perpetran, es siempre defensiva y reactiva.
  • La sociedad en su conjunto apoya las actitudes violentas de los hombres contra las mujeres
  • La violencia de pareja de los hombres contra las mujeres no tiene nada que ver con el resto de las violencias familiares, ni de otros delitos o crímenes, y por tanto debe ser estudiada al margen del resto de las agresiones y violencias humanas.
  • el foco están las características sociales y culturales y no en características o patologías individuales como trastornos mentales, alcohol, pobreza, experiencias infantiles, estrés, ira, etc. Tampoco tiene nada que ver con disfuncionalidades, conflictos o problemas dentro de la pareja ni de la familia. Por ello, el “tratamiento” propuesto para esta violencia (pongo lo de tratamiento entre comillas porque por supuesto el enfoque no es terapéutico) es educativo y en su modelo de abordaje, el llamado modelo Duluth, las intervenciones son psicoeducativas  y se trabaja primordialmente con grupos de hombres. En estos grupos se educa a los hombres para que entiendan que su conducta agresiva está causada por sus creencias de género hacia las mujeres. No sorprende que no haya evidencia de que este modelo funcione.


En el resto del artículo me voy a referir a la teoría feminista como la que propone que la causa es el Patriarcado/machismo para mayor brevedad. Paso a desgranar una serie de razones que sustentan que la teoría feminista de la violencia de pareja no está apoyada por los datos.

1- Una cosa muy rara no se puede explicar con una cosa muy frecuente.

Según la teoría feminista, como hemos visto, la diferencias de poder entre hombres y mujeres son estructurales y ubicuas. Es decir, todos somos machistas y todos vivimos bajo la influencia del Patriarcado. La pregunta entonces es evidente: ¿Por qué sólo una minoría de hombres maltrata a sus mujeres? Aún aceptando cifras como las de la OMS, que hablan de que un 30% de las mujeres son víctimas de violencia de pareja, resulta que 2/3 de los hombres no maltratarían a sus parejas. Esto supone un problema para una teoría determinista ambiental o social como es la teoría feminista de género. Tampoco puede explicar la teoría feminista la desistencia, el hecho de que las personas -y los hombres en concreto- puedan dejar de usar la violencia en la misma relación o en otra diferente (Walker y cols, 2013).

Cuando alguien señala que en la violencia de pareja intervienen otros factores  como los trastornos mentales o el alcohol, muchos partidarios de la teoría feminista responden que la mayoría de personas con un trastorno mental no maltratan a sus parejas ni la mayoría de los bebedores. Pero no se dan cuenta de que este mismo argumento se aplica a su teoría: la mayoría de los “machistas” no maltratan a sus parejas ¿Cómo se sustraen esos hombres a unas estructuras tan poderosas? ¿Cómo lo explican? Pues no pueden explicarlo. Los popes de la teoría feminista, Rebecca y Russell Dobash (2001), llegan a reconocer este problema:

“…es importante señalar que no todos los hombres usan la violencia para dominar a sus parejas mujeres, y hay una considerable variación en las tasas de maltrato a la mujer dentro del mismo país y entre países. Estas variaciones suponen un desafío no sólo para entender el “por qué”, “cuándo” y “cómo” algunos hombres usan la violencia contra su pareja mujer mientras otros no, sino que también desafían nuestro entendimiento de las variaciones que existen entre aquellos que están situados en un lugar diferente dentro de la misma sociedad así como en la multitud de diferentes sociedades en el mundo y, por supuesto, los diferentes momentos históricos en el tiempo. 

El desafío para ofrecer una explicación más completa incorporará necesariamente factores socio-culturales, individuales y situacionales más que centrarse de forma estrecha en un solo aspecto de este problema de amplia base”.

De manera que Dobash y Dobash reconocen con la boca pequeña que no pueden explicar con el machismo la violencia de pareja y que son necesarios otros factores a nivel individual y situacional, algo con lo cual la mayoría de los expertos están de acuerdo: que la explicación de la violencia de pareja es multifactorial. Pero normalmente los partidarios de la teoría feminista dicen esto mismo si se ven muy acorralados pero inmediatamente lo dejan de lado y vuelven a centrarse en un único factor, el Patriarcado/machismo.

Precisamente sobre esto trata el segundo punto que quería comentar pero antes es interesante mencionar en este apartado la paradoja nórdica con estudios como éste: “Nuestros resultados muestran que la mayor prevalencia de violencia de pareja física y sexual contra la mujer en Suecia que en España refleja diferencias reales y no es resultado de un sesgo de medida, apoyando la idea de la ‘Paradoja Nórdica’”. Es decir, la violencia de pareja es más frecuente en Suecia que en España a pesar de una mayor igualdad de género en Suecia. Este hallazgo es contrario a lo que predice la teoría feminista de la violencia de pareja.

2- Las conductas humanas son complejas y no suelen tener una causa única


Si queremos explicar cualquier conducta humana, sea el terrorismo, el suicidio o el homicidio es muy difícil que podamos explicarlo con un único factor o causa. A nadie se le ocurriría explicar, por ejemplo, el llamado terrorismo islámico con la religión musulmana. Hay millones de musulmanes en todo el mundo que no son terroristas. Es probable que las creencias religiosas sean un factor que interviene en la violencia ejercida por los terroristas suicidas, pero es evidente que hay que tener en cuenta factores políticos, económicos, sociales y también psicológicos individuales.

Si queremos explicar el suicidio, tampoco podemos recurrir a un sólo factor. Un factor de riesgo claramente implicado son las enfermedades mentales pero basta señalar que sólo el 5% de las personas con depresión o el 10% de las personas con trastornos límite de la personalidad se suicidan para darnos cuenta de que tiene que haber más factores que la enfermedad mental. Es decir, la mayoría de las personas con enfermedad mental no se suicidan. Si hablamos de factores económicos ocurre lo mismo: la mayoría de las personas que se quedan en paro no se suicidan. Si hablamos de factores emocionales otro tanto: la mayoría de personas que sufren una ruptura sentimental o un divorcio no se suicidan…

¿Y tenemos que aceptar que la causa de la violencia de pareja es sólo el Patriarcado/machismo? Pues esto va en contra del funcionamiento de la mente humana que he explicado en los párrafos anteriores. Como traté en la entrada No todo es machismo, la mayoría de expertos se inclina actualmente por modelos ecológicos y multifactoriales para explicar la violencia en general y también la violencia de pareja. La propia OMS ofrece un listado de factores asociados a una mayor probabilidad de que los hombres cometan violencia contra sus parejas que incluye factores individuales, de la relación y también comunitarios o sociales.

La literatura especializada no habla de causas, habla generalmente de factores de riesgo, es decir, factores que correlacionan o se asocian a la violencia de pareja. Por ejemplo, Schumacher y cols.(2001) revisa estudios de violencia de pareja perpetrada sólo por hombres y encuentra factores de riesgo moderados a fuertes (r mayor o igual a 0,30) como bajo nivel socioeconómico, bajo nivel educativo, experiencia de maltrato en la infancia, ira/hostilidad, depresión y abuso de alcohol y otras drogas. Stith y cols.(2004) encuentran factores moderados a fuertes asociados a perpetración por hombres (r igual o mayor a 0,20) como historia de perpetración de abuso físico (r=0,24), insatisfacción matrimonial (r=0,30), abuso de alcohol(r=0,24), abuso de drogas (r=0,31), actitudes que aprueban la violencia (r=0,30), ideología tradicional con respecto a los roles de sexo (r=0,30), ira/hostilidad (r=0,26) y depresión (r=0,23). Se encontró un tamaño de efecto grande (r=0,41) para que la mujer sufriera victimización cuando ella era violenta contra su pareja (no analizan las razones de esta violencia), hallazgo encontrado en muchos otros estudios.

También existen estudios prospectivos en los que hay un seguimiento a largo plazo y en este caso se habla de factores predictores de la violencia de pareja porque identificamos en la infancia o adolescencia factores que luego se van a asociar a violencia de pareja en la edad adulta. Diversos estudios revisados por Costa y cols (2015) encuentran predictores como experiencias de maltrato infantil (individuos que sufrieron maltrato o negligencia antes de los 12 años tuvieron mayor probabilidad de perpetrar violencia física veinte años después), presenciar violencia parental, asociarse a amigos agresivos en la adolescencia, consumo de alcohol y drogas en la adolecencia, conducta antisocial temprana, en la infancia o adolescencia (según algunos estudios, este sería el factor de riesgo más importante, y mucho peor cuando, por emparejamiento selectivo, los dos miembros de la pareja tienen rasgos antisociales). 

En muchos de estos estudios prospectivos, como el Dunedin, se ha estudiado la violencia de pareja perpetrada tanto por hombres como por mujeres y se encuentran muy pocas diferencias en los factores predictores entre hombres y mujeres, tanto para perpetración como victimización. En esta misma revisión de Costa podéis ver que existe una alta correlación entre perpetración y victimización de violencia de pareja (p.ej, Ferguson y cols: r=0,81), es decir, que ambos miembros de la pareja son perpetradores y víctimas. 

De todos modos, conviene destacar una cosa. Que un factor ocurra antes (por ejemplo, consumo de drogas en la adolescencia) y sea capaz de predecir una violencia de pareja que ocurrirá años después, no quiere decir que ese factor sea la “causa” o una de las “causas”. Podría haber detrás un factor que explicara tanto el consumo de drogas como la violencia personal posterior. Por ejemplo y sólo como hipótesis, ese factor podría ser una personalidad psicopática. Pero sí es importante identificar estos factores porque nos permiten intervenir de forma preventiva. Si tratamos ese consumo de drogas de forma temprana podemos disminuir las probabilidades de conducta agresiva posterior.


3- Las mujeres también perpetran violencia de pareja.

Esto es algo que se sabe desde los años 70. Erin Pizzey, la fundadora del primer refugio para mujeres maltratadas del mundo, en 1971, siempre ha contado que de las 100 primeras mujeres que atendió 62 eran tanto o más violentas que los hombres que dejaron atrás. Ella misma fue maltratada por su madre (ambos padres eran violentos) y sabe que las mujeres también pueden ser violentas. Por decir esto fue amenazada de muerte y difamada.

Como he contado en otros sitios, a medida que se fue estudiando la violencia de pareja se observó que tanto la violencia entre novios como la violencia en el matrimonio es fundamentalmente bilateral. En concreto, en las relaciones de novios (dating violence) está ampliamente replicado que las mujeres agreden con igual o incluso mayor frecuencia que los hombres. Este es un estudio de 250 parejas que esperan su primer hijo en Australia y también perpetran más violencia las mujeres. 

Para los que no conozcan la literatura esto les puede parecer extraño pero los estudios son literalmente cientos. Esta bibliografía anotada describe 343 investigaciones (270 estudios empíricos y 73 revisiones) que demuestran que las mujeres son tan agresivas físicamente como los hombres (o más) en sus relaciones con esposos o parejas del otro sexo. La muestra total es de 440.850 personas. Y aquí cito un estudio muy reciente que una vez más lo confirma. Hay que señalar que los estudios también encuentran de forma consistente que las mujeres resultan heridas con mayor frecuencia. En este estudio en 6 ciudades europeas, hombres y mujeres presentaron una prevalencia equivalente de victimización y de perpetración, excepto para la coerción sexual, que fue perpetrada por hombres con mayor frecuencia (hallazgo que se encuentra también en otros estudios). El patrón de violencia predominante fue el de violencia bidireccional o recíproca (hallazgo que también se ha encontrado en muchos otros estudios, incluidas parejas LGBT). Dicen los autores en el abstract: “Los resultados apoyan la necesidad de considerar a hombres y mujeres tanto como víctimas potenciales como perpetradores al abordar la violencia de pareja.” Este es un estudio en parejas madrileñas que lo replica.

La respuesta de la teoría feminista a estos datos ha sido intentar explicar esta violencia femenina como debida a autodefensa. Esto sencillamente no se sostiene por diversas razones:

  • se han hecho estudios sobre las razones o la motivación por la que las mujeres y hombres usan la violencia en las relaciones de pareja y, básicamente no hay diferencia en estos motivos. Las propias mujeres no incluyen la autodefensa entre las razones principales de su conducta agresiva, sino otras motivaciones como los celos, la ira, el querer que le hagan caso, impedir que el otro miembro de la pareja haga algo o conseguir que lo haga, etc. 
  • Muchos estudios de diferentes tipos de muestras encuentran que al menos en un cuarto de las relaciones violentas las mujeres son las únicas perpetradoras (ver referencias aquí).
  • Diversos estudios encuentran que las mujeres inician la violencia con más frecuencia que los hombres (Straus, 2004; Capaldi y cols. 2007; Ferguson y cols. 2005; O´Leary y Slep 2006;)
  • Por otro lado, la autodefensa es aducida por hombres y mujeres en la misma proporción. Ver también aquí y aquí.
  • Como veremos más adelante, la violencia en parejas de mujeres es tan frecuente como en parejas heterosexuales y aquí, evidentemente, no se puede argumentar que la violencia de la mujer es una respuesta a la del hombre.
  • Por último, hay estudios longitudinales, como el Dunedin citado antes, donde se ve que tanto la violencia de los hombres como la de las mujeres se puede predecir a partir de factores de riesgo presentes en la infancia y la adolescencia. Este es el tema de un libro clásico de Moffitt y cols, Sex Differences in antisocial behavior, del que hablé en esta entrada. Ver más referencias a los puntos anteriores aquí, Controversies in Partner Violence y aquí

La existencia de esta violencia de las mujeres hacia los hombres es un desafío a la teoría feminista al que no han podido responder y que, por lo tanto, tiende a ocultarse.


4- No es cierto que la sociedad apruebe la violencia contra las mujeres.

Estamos todos de acuerdo en que si una persona o un colectivo alberga actitudes sexistas por las que se considera a las mujeres inferiores o apoyan que está bien pegar a las mujeres en el curso de las relaciones esto es un factor de riesgo para la violencia de pareja (este metaanálisis confirma que es un factor de riesgo junto con otros muchos ). Lo que creo que no es cierto es que nuestra sociedad (y la mayoría de sociedades occidentales) sea una sociedad que fomenta o apoya que las mujeres son inferiores y que está bien usar la violencia contra ellas. No niego que puede haber personas o subgrupos en los que estas actitudes sean prevalentes, pero no es la postura de la sociedad en general.

Primero, hay encuestas de población sobre estas actitudes. Por ejemplo, en este estudio de Simon de 2001 el porcentaje de participantes que aprueban que un hombre pegue a una mujer, si ella no ha pegado primero es muy bajo (1-3%). Si ella ha pegado primero sube al 8-11,3%.  Lo que también se encuentra es que tanto hombres como mujeres toleran más que una mujer pegue a un hombre que un hombre pegue a una mujer. Si no hay provocación previa se acepta que una  mujer pegue a un hombre en el 3-6,5% y si el hombre la ha pegado primero la aceptación sube al 31-36%. En estudios de percepción social de la violencia de género en España el 92% considera inaceptable la violencia de género y sólo un 2% lo considera aceptable en algunas circunstancias, En cuanto al maltrato físico y sexual son rechazados prácticamente por el 98% de la población. Según esta encuesta, la inmensa mayoría de las personas en España considera totalmente inaceptable la violencia de género.

Segundo, diversos autores, como Felson,  han defendido que lo que en realidad existe es una norma de protección de las mujeres, una especie de código de caballería que favorece la protección y que castiga  y condena la violencia de los hombres contra las mujeres. Hay evidencia que apoya que los hombres aprenden desde una edad temprana que es socialmente inaceptable pegar a las mujeres (Archer 2009, Felson 2000, Felson 2010)

Tercero, existen experimentos que tampoco son determinantes pero son ilustrativos, como videos en los que una pareja escenifica una pelea en la que uno de ellos agrede al otro para ver la reacción del público. Tanto hombres como mujeres protegen más a las mujeres y no sólo eso sino que la violencia de la mujer contra el hombres es contemplada de una forma divertida

Cuarto, se han realizado decenas de experimentos, mucho más serios que los de los videos comentados anteriormente, en los que a los participantes se les dice por ejemplo que son jurados en un juicio y se les ponen viñetas con escenas de violencia de pareja exactamente iguales pero en las que se  cambian los protagonistas. En unos casos es un hombre el que agrede a una mujer, en otros al revés y en otros estudios también hay escenas de violencia en parejas homosexuales. Los resultados son siempre los mismos: invariablemente las personas consideran como más negativa la violencia cometida por un hombre contra una mujer, la más grave, la más necesitada de intervención, la que más denunciarían, la que  merecería una condena legal más fuerte, y como el delito más grave en general. Ver por ejemplo este estudio, o éste o éste, o éste. Otro más reciente todavía aquí. Otros tres más.

Quinto, también hay estudios, como éste, que sugieren que "los hombres inhiben su agresión hacia sus parejas mujeres no porque son sus parejas sino porque son mujeres. Indica también que las mujeres aumentan su agresión hacia sus parejas no porque sean hombres sino porque son sus parejas”.


Por último, otro estudio en la misma línea. Tania Reynolds y cols. en varios estudios encuentran un sesgo de género en el campo moral: las mujeres son catalogadas más fácilmente como víctimas y los hombres como perpetradores, incluso  cuando las transgresiones son idénticas. Los participantes desearon castigos más fuertes para los perpetradores hombres que para las perpetradoras mujeres y también sintieron más afecto hacia las víctimas femeninas que hacia las víctimas masculinas.

Todos los resultados comentados en este apartado chocan frontalmente con la teoría feminista de la violencia de pareja que dice que la sociedad promueve y apoya la violencia contra la mujer.


5- La frecuencia de violencia de pareja en parejas homosexuales es igual o mayor que en parejas heterosexuales

De esto he hablado en varias ocasiones. Voy a volver a argumentarlo apoyándome en un estudio reciente. Este artículo analiza todas las denuncias a la policía por violencia de pareja en Canadá entre 2007-2011(346.565): el 4% (redondeando) se dan en parejas del mismo sexo (3,48%), 1,97% en parejas hombre-hombre y 1,51% en parejas mujer-mujer. Este porcentaje se corresponde aproximadamente con el de la población en Canadá que se considera homosexual/bisexual pero hay que tener en cuenta que esta cifra de denuncias en parejas homosexuales es una subestimación ya que la policía de Canadá no sabe si es una pareja del mismo sexo (si no pregunta o la pareja no se identifica) y con frecuencia asume que es un incidente entre amigos/as o compañeros/as de piso.

No se sabe cuántas parejas homosexuales había en Canadá en esos años pero vamos a hacer -para los efectos de la argumentación que voy a desarrollar a continuación-  la estimación razonable de que fueran un 5%. Lo que estos datos nos dicen es que el porcentaje de violencia de pareja en parejas homosexuales (medido por las denuncias presentadas) es proporcional al número de parejas homosexuales. Es decir, que si las parejas homosexuales fueran el 95% de la población, una mayoría de las denuncias se darían en parejas homosexuales y las denuncias en parejas heterosexuales serían el 5%. Todo esto sin haber cambiado las estructuras patriarcales en absoluto. 

Voy a repetir este punto porque me parece esencial: si la mayoría de la población fuera homosexual, la mayor parte de la violencia de pareja ocurriría en parejas homosexuales. Si la orientación sexual de la población cambiara, la violencia de pareja no se daría, como ocurre ahora, de forma  primordial entre hombres y mujeres sino entre hombres y hombres y entre mujeres y mujeres. La conclusión más lógica que podemos sacar de este dato es que la violencia de pareja es violencia de pareja, la gente tiene problemas y conflictos con su pareja y algunas personas (con factores de riesgo como trastornos de personalidad, problemas mentales, consumo de alcohol y otras sustancias, determinadas experiencias infantiles, etc) recurrirán a la violencia para conseguir sus intereses. Si yo soy un varón heterosexual tendré problemas y conflictos con mi cónyuge mujer; si soy un hombre homosexual, tendré problemas y conflictos con mi cónyuge gai. Esta realidad es jaque mate para la teoría feminista, no es el género: la violencia ocurre en proporción similar en parejas formadas por personas de cualquier sexo, identidad y orientación sexual.


6- Las Motivaciones de todas las violencias de pareja son esencialmente las mismas

Detallo, por ejemplo, este metaanálisis de 580 estudios que  compara 60 marcadores de riesgo de violencia de pareja (VP) en hombres y mujeres: sólo 3 de los 60 marcadores difieren de forma significativa entre hombres y mujeres. Estas 3 diferencias son:
  • Consumo de alcohol: los problemas de alcohol se relacionan más con la violencia masculina de lo que el consumo de alcohol se relaciona con la violencia femenina.
  • Presenciar violencia de pareja o sufrir maltrato en la infancia se asocia más a violencia masculina. Es decir, los hombres que crecen en hogares violentos fueron más violentos hacia sus parejas que las mujeres que crecen en hogares violentos.
  • El patrón de relación en parejas de “demanda/retirada” es un patrón perjudicial en el que un miembro de la pareja culpa y presiona y el otro se retira. El patrón en el que el hombre demanda y la mujer se retira se asocia más a perpetración de VP por los hombres que al revés.

Los autores dicen también:

“Nuestros resultados sugieren que hay más semejanzas entre hombres y mujeres que diferencias en los marcadores de riesgo para la perpetración de violencia de pareja”.

“Investigación previa que enmarca la perpetración de VP como un medio de dominio y control sugeriría que el poder y el control sería un factor de riesgo para la perpetración de violencia de los hombres. Nosotros no encontramos eso”.

“Investigación que ve la perpetración de VP de las mujeres como auto-defensa podría hacer sospechar que la victimización previa sería un marcador de riesgo más significativo para la perpetración femenina. Nosotros tampoco encontramos eso.”

“Esto sugiere que es importante ir más allá de la noción de que los hombres perpetran violencia como medio de control de la pareja y las mujeres como autodefensa. La perpetración de VP es compleja y puede asociarse a muchos marcadores de riesgo en hombres y mujeres”.

Podemos comentar otras referencias como la revisión de la literatura de Langhinrichsen-Rohling y McCullars, de 2012 donde las motivaciones para la violencia son similares en hombres  mujeres: venganza por un agravio previo de la pareja, estrés, celos, ira, atraer la atención de la pareja…Las motivaciones de autodefensa son referidas tanto por hombres como mujeres. La de O´Leary y cols 2007, Elmquist y cols, 2014, o este de Bates y cols. que también encuentra que las motivaciones son similares. Igual en jóvenes adolescentes.


7-La Teoría feminista implicaría un funcionamiento absurdo de la mente humana.

Este es un factor que como psiquiatra me rechina mucho pero que a las personas que no sepan algo de psicopatología les puede resultar más difícil de apreciar. Lo voy a intentar explicar con un ejemplo. Es relativamente frecuente encontrar mujeres jóvenes con diagnóstico de Trastorno Borderline de personalidad que maltratan a su parejas, algunas con agresiones realmente graves. El Trastorno Borderline, entre otras cosas, se caracteriza por impulsividad, mal uso o abuso de drogas, inestabilidad emocional y en las relaciones y déficit de auto-control. Pues bien, si estas mujeres fueran hombres, según la teoría feminista, sus conductas violentas se deberían al patriarcado y no a su psicopatología. Por arte de magia, la psicopatología dejaría de actuar sobre el cerebro masculino. De la misma manera, si una paciente con esquizofrenia o con una depresión se comporta violentamente contra su marido, su madre o su hija, la explicación de esa conducta violenta sería su psicopatología. Si en vez de ser una mujer eso mismo lo hace un hombre, entonces la explicación de su conducta es el Patriarcado/machismo. Evidentemente esto es absurdo y contrario a todo lo que sabemos sobre el funcionamiento de la mente humana.

Vamos a darle una vuelta más. Imaginemos un hombre con un trastorno borderline de personalidad que sea bisexual y violento con parejas de ambos sexos. Se daría la prodigiosa situación de que cuando este hombre es violento con una mujer, su conducta no se debería a factores psicológicos o psicopatológicos individuales sino que actuaría en “nombre de los hombres”, de esa estructura patriarcal y no a título individual. Si hace lo mismo en una relación con un hombre entonces esa conducta sí se explicaría por su psicología o psicopatología personal. Asombroso.

La explicación más lógica para estos casos y para la conducta violenta en general sería una explicación multifactorial, como ya he repetido, pero enseguida vamos a ver el problema que -a nivel político- tiene para la teoría feminista admitir que el Patriarcado/machismo es sólo un factor más entre los muchos que actúan e interaccionan para contribuir a la violencia de pareja, factor que, en muchos casos, puede estar ausente o ser menos importante que otros.

Lo que intento transmitir en este punto es que eliminar de la explicación de cualquier conducta humana -en este caso la violencia de pareja- el nivel del individuo, el nivel de la psicología y la psicopatología individual, es un disparate desde el punto de vista lógico y psicológico.


8-La Violencia de Pareja más frecuente no es de género.

Cuando la violencia de pareja emergió como un problema grave en nuestra sociedad a mediados de los años 70, gracias a las activistas feministas, la violencia que estas activistas observaron en los refugios que organizaron para atender a las mujeres víctimas de esta violencia era una violencia caracterizada por unos patrones de abuso físico y emocional muy graves. Sin embargo, como conté en esta entrada, un creciente cuerpo de investigación y de datos han demostrado que la violencia de pareja no es un fenómeno único sino que se pueden diferenciar varios tipos de violencia de pareja  con sus respectivas dinámicas, contextos y consecuencias. No está admitido por todos -investigadores como Deborah Capaldi defienden que se trata más de un continuo- pero entre algunos científicos sociales no se considera ya aceptable ni ética ni científicamente hablar de violencia de pareja sin especificar el tipo de violencia a la que uno se está refiriendo. Esto también tiene importantes consecuencias de cara al tratamiento, medidas legales, etc., como conté en la entrada.

Una clasificación que ha ganado aceptación e influencia es la de Michael P. Johnson que vuelvo a resumir brevemente aquí y que puedes leer en su fuente original en este artículo

Johnson menciona en este artículo cinco tipos de violencia, aunque trata sólo cuatro tipos principales. Y de estos cuatro tipos, los que más atención han despertado -porque coinciden también con tipos descritos en otras clasificaciones- son las dos primeras. Los 5 tipos de violencia serían los siguientes:

1-Violencia Coercitiva de Control (Coercive Controlling Violence).

A esta violencia Johnson la llamó primero Terrorismo Patriarcal pero luego la denominó Terrorismo Intimo al reconocer que no todo el control coercitivo se basa en estructuras y actitudes patriarcales y que no es una violencia perpetrada exclusivamente por hombres. Pero en un congreso en 2007 algunos participantes plantearon su reticencia a utilizar el término “terrorismo” en los tribunales y por eso Johnson acabó adoptando Violencia Coercitiva de Control. 

Este tipo de violencia es el que la mayoría de la gente tiene en la cabeza cuando piensa en la violencia de pareja: una violencia unidireccional que es usada para mantener el poder y controlar a la pareja. Las conductas incluyen humillación, maltrato psicológico, violencia física, amenazas, vigilancia y control, control económico, etc. Aunque primero planteó que esta violencia era exclusiva de los hombres sobre las mujeres, Johnson reconoce que no hay que ignorar la Violencia Coercitiva de Control perpetrada por las mujeres y también ha sido identificada este tipo de violencia en parejas del mismo sexo, empezando por el trabajo seminal de Renzetti de 1992 en lesbianas. 

2- Violencia de Pareja Situacional (Situational Couple Violence).

Este tipo de violencia de pareja, que es el más frecuente en la población general y por eso la llamó primero Violencia de Pareja Común, identifica un tipo de violencia de pareja que no se basa en dinámicas de control y de poder y que es perpetrada por hombres y mujeres. Se trata de una violencia con diferentes causas y consecuencias que la Violencia Coercitiva ya que se debería a situaciones conflictivas o discusiones entre los miembros de la pareja que escalan y llegan a violencia física. Aunque puede tener graves consecuencias, normalmente se trata de una violencia menor (empujar, agarrar, insultos, gritos…) sin un patrón crónico de control. En estudios representativos de la población general se observa que hombres y mujeres inician esta violencia con una frecuencia similar. Es también la violencia más frecuente en novios (dating violence), un subgrupo (el de los jóvenes) en el que la violencia de pareja es más frecuente que en adultos y en el que la mayoría de estudios encuentran que las mujeres la utilizan con más frecuencia que los hombres. 

3- Resistencia Violenta (Violent Resistance)

Este tipo de violencia de pareja sería la otra cara de la moneda de la Violencia Coercitiva. Es decir, es la que usarían las víctimas de la Violencia Coercitiva contra sus abusadores. También puede ser perpetrada por ambos sexos pero Johnson habla más de la violencia de las mujeres contra abusadores varones.

4- Violencia Instigada por la Separación (Separation-Instigated Violence)

Este tipo de violencia, que puede ser perpetrada tanto por hombres como por mujeres, se caracteriza por actos de violencia inesperados y no característicos del miembro de la pareja que los perpetra porque no existe una historia de violencia de pareja previa. Se produce en separaciones o divorcios que resultan traumáticos para la persona. La decisión de la pareja de dejar la relación da lugar a rabia, humillación, sentimientos de abandono, etc. Si la persona tiene un perfil de personalidad de tipo borderline/disfórico estas emociones pueden escalar a violencia.

5- Violencia de Control Mutua (Mutual Violent Control)

Johnson menciona esta violencia en la introducción del artículo que comentamos pero la deja de lado y no la aborda porque se sabe muy poco sobre ella, su frecuencia y sus características.

Con respecto a la frecuencia de estas violencias, los datos son fluctuantes porque dependen del tipo de muestras, de que sean muestras clínicas (refugios, sistema judicial) o de muestras de población general (y éstos que sean encuestas generales o de delincuencia). En estudios de delincuencia en población general , él mismo da la cifra de que el 89% de la violencia es situacional y un 11% coercitiva (Johnson 2006). En otro estudio con Leone (Johnson y Leone 2005) encuentra que un 65% es violencia situacional y un 35% coercitiva. Este estudio canadiense (Laroche 2006) encuentra unas cifras diferentes cuando se trata de una pareja actual o de una relación con una pareja anterior. En el caso de una pareja actual se encuentra 81% de situacional y 19% de coercitiva en hombres y 74% de situacional y 26% de coercitiva en mujeres. En el caso de las anteriores parejas en hombres es un 33% de situacional y 67% de coercitiva en hombres y 21% de situacional y 79% de coercitiva en mujeres. Este otro estudio más reciente, también canadiense (Lysova y cols, 2019) encuentra un 65% de violencia situacional y 35% de coercitiva. Además, los hombres y mujeres son víctimas de violencia coercitiva de forma similar: 35% en hombres y 34% en mujeres. Bates y cols.(2013) encuentran un 10% de terrorismo íntimo (7% de los hombres y 11% de las mujeres)

A donde quiero llegar es a que, -dejando a un lado que diversos estudios demuestran que hombres y mujeres perpetran y sufren grados similares de conductas de control y de violencia de tipo de terrorismo íntimo (Graham-Kevan y Archer, 2009) (Hines y Douglas, 2009) (Hines y Douglas 2010a , 2010b) (Denis Laroche, 2005) (Jasinski y cols, 2014)-  nos encontraríamos con que la violencia de pareja más frecuente en la población se explicaría mejor por inadecuadas capacidades para las relaciones, como la capacidad de resolver conflictos sin recurrir a la violencia, inadecuado manejo de la ira y la frustración, etc. Y en la violencia más grave y menos frecuente intervendrían otros factores como rasgos antisociales y borderline de personalidad, consumo de alcohol y drogas, depresión y suicidalidad, marginación social, psicopatología de diversos grados, actitudes que aprueben la violencia, etc.


¿Estoy haciendo negacionismo de la violencia de género?

No.  Estoy analizando los datos y los argumentos acerca de qué teoría explica mejor la violencia de pareja con el objetivo de aplicar una mejor prevención y tratamiento. Y critico los argumentos de una postura filosófica, psicológica y científica que considero que no está apoyada por los datos y que va contra todo lo que sabemos sobre la psicología humana. Yo no niego ninguna violencia, niego la explicación feminista de la violencia de pareja, considero que no explica los datos. Pero, según nuestros representantes políticos, es muy posible que, efectivamente, esté haciendo “negacionismo” de la violencia de género, sea eso lo que sea. Según la proposición no de ley  presentada por el grupo parlamentario socialista y que ha aprobado el pleno del Congreso de los Diputados, hay gente que “niega la existencia de una violencia específica que se produce contra las mujeres por el mero hecho de serlo”…y que  “este discurso oculta que esta violencia estructural contra las mujeres tiene su origen en la desigualdad y que el machismo apuntala esta violencia.”

Yo me estoy limitando a la violencia de pareja, no entro en otras violencias, y apoyándome en la literatura especializada, creo que los datos no apoyan lo que dice esa proposición no de Ley. Por ejemplo, si leemos este estudio donde se analizan todos los homicidios de pareja cometidos en Suecia entre 1990 y 1999 (164 casos), vemos lo siguiente:

- 36% de los autores sufrían psicosis y 21% otros diagnósticos graves (demencia, retraso mental, TEPT…)
-38%: Trastornos de personalidad, psicopatía el 4%.
-44% de los perpetradores y 37% de las víctimas, están bajo la influencia del alcohol en el momento del crimen
-24% se suicidaron tras el homicidio
-61% de los autores tenían antecedentes penales de algún tipo
-Los autores dicen: "si los que cometieron suicidio se consideran mentalmente trastornados, el 80% de los perpetradores se pueden considerar mentalmente trastornados”…

En fin, parece que hay más cosas que machismo. Pero lo paradójico es que hay muchos datos de que quienes son realmente los negacionistas en el tema de la violencia de pareja son los partidarios de la teoría feminista. Voy a comentar un poco en este sentido un artículo de Murray Straus de 2010: “Treinta años de negar la evidencia de la simetría de género en la violencia de pareja: implicaciones para la prevención y el tratamiento”, en el que Straus acusa de negacionistas a los teóricos feministas por negar las cosas que yo estoy desarrollando en esta entrada. El artículo resume toda la investigación que muestra que la violencia de pareja es con mucha frecuencia mutua y que la autodefensa explica una parte muy pequeña de la violencia de pareja y lo hace en proporción similar en hombres y mujeres

Este artículo de Straus tiene cuatro partes. En la primera resume los más de 200 estudios disponibles entonces en los que se observa una simetría en perpetración de la violencia así como en los factores de riesgo y en los motivos de la violencia marital y de novios. En la segunda parte trata de la simetría en motivos y con respecto a la autodefensa, referencia seis estudios en los que el porcentaje  que se encuentra debido a autodefensa es bajo y se encuentra como motivo tanto en hombres como en mujeres. Pero las motivaciones que más se aducen son la coerción, la ira, castigar la conducta de la pareja por comportarse mal. Por ejemplo, Pearson encuentra que el 90% de las mujeres que agredieron a su pareja lo hicieron porque estaban furiosas, celosas o frustradas y no porque trataran de defenderse a sí mismas, motivos paralelos a los de los hombres.

En la tercera parte, Straus analiza los métodos y las razones de esta negación de los autores feministas de la evidencia presentada. Los métodos, según él, han sido muy variados:

-esconder la evidencia
-evitar obtener evidencia de agresión por mujeres, como hacer estudios en los que sólo se pregunta a los hombres por sus agresiones hacia las mujeres y no se les pregunta a ellas
-seleccionar sólo una parte de la investigación, con determinadas muestras, que apoya sus presupuestos.
-escribir en los artículos unas conclusiones que son contrarias a los datos que hay en el propio artículo (pone algún ejemplo)
-bloquear la publicación de los artículos y autores que presentan evidencia que contradice la teoría feminista.
-No otorgar fondos para estudiar ninguna otra violencia que no sea la de los hombres hacia las mujeres.
-acosar, amenaza y penalizar a los investigadores que han presentado esa evidencia. Es lo que le pasó a Erin Pizzey, de la que hablamos al principio, y al propio Straus o a Susan Steinmetz.

En cuanto a las razones por las que se produce esta negación de todos los datos que contradicen la teoría feminista, Straus da algunas:

1- Estos datos se ven como una amenaza para el feminismo en general. La violencia de pareja es la “joya de la corona” del feminismo. Si se desmonta el Patriarcado/machismo como causa esencial de la violencia de pareja, el feminismo se quedaría sin la pieza más importante de su estrategia de propaganda, el ejemplo más dramático donde se observan los daños del patriarcado sobre las mujeres y que ilustra la necesidad de demoler las estructuras patriarcales. Si el Patriarcado es sólo un factor más, la urgencia de ese objetivo de acabar con él y, por tanto, de la ideología que lo sostiene se hundiría. Se trataría solamente de un objetivo más, a la altura de muchas otros que requerirían una atención y esfuerzos similares. 

2- El miedo a perder recursos, fondos y apoyos para una serie de servicios y organizaciones, no sólo para los que ayudan directamente a mujeres víctimas de violencia, sino para muchos otros servicios que giran alrededor de ellos. 

3- Otro factor tendría que ver con un tema que hemos tocado repetidamente en el blog: el de las creencias socialmente adaptativas, creemos algo no porque sea la verdad sino porque es la ideología de mi grupo. Tener ciertas creencias se convierte en una señal de identidad y de pertenencia política. Una vez que la explicación feminista de la violencia de pareja se politizó, se convirtió en seña de identidad para la izquierda política. Y, como hemos visto en diversas entradas, la gente rechaza la evidencia que contradice sus valores.

Resumiendo, Murray Strauss dice que los teóricos feministas niegan la evidencia desde hace treinta años (que hoy ya son cuarenta), y el Congreso de los diputados dice que los negacionistas son los que no aceptan la teoría feminista. ¿Cómo salimos de esta situación? Bueno, pues está claro: “La cuestión –zanjó Humpty Dumpty– es saber quién es el que manda…, eso es todo.” Está claro quién tiene la sartén del B.O.E. por el mango, así que punto final.



Conclusiones

La conclusión esencial de esta entrada es que el Patriarcado/Machismo no es ni necesario ni suficiente para explicar la violencia de pareja (Dixon y Graham-Kevan 2011). No es necesario porque la violencia de pareja puede ocurrir sin presencia de este factor de riesgo y no es suficiente porque la presencia de este factor de riesgo no se asocia de forma automática a la presencia de violencia de pareja. Los datos existentes sí apoyan que actitudes que aprueban la violencia contra la pareja son un factor de riesgo más entre otros mucho factores que contribuyen a la ocurrencia de violencia de pareja.

Una segunda conclusión sería que la violencia de pareja es de pareja, no de género, ya que ocurre con características similares en todo tipo de parejas, en parejas formadas por personas de cualquier sexo , identidad u orientación sexual.

La tercera y más grave conclusión es que mientras no aceptemos una teoría congruente con los datos científicos, no vamos a poder realizar una  buena prevención y un buen tratamiento de la violencia de pareja. 


@pitiklinov


Referencias

Ya veis que van muchísimas referencias en el texto para los lectores que quieran profundizar en los diversos temas. Para los interesados en una revisión más general de la mayoría de los aspectos tratados en esta entrada os recomendaría empezar por los siguientes: