domingo, 12 de agosto de 2018

Los 7 Pecados Capitales de la Psicología

Esta entrada es un comentario del libro The 7 Deadly Sins of Psychology, de Chris Chambers, que creo que se debería haber titulado más bien los 7 pecados capitales de la ciencia  porque trata de las prácticas cuestionables que se hacen en la investigación científica en general -y no sólo en psicología- aunque es verdad que algunas de ellas son más frecuentes en psicología. El subtítulo sí es muy adecuado: Un manifiesto por la reforma de la cultura de la práctica científica. Básicamente el libro trata de las trampas que se hacen en la investigación científica a todos los niveles y de las posibles soluciones. El eje fundamental del problema es que los intereses de la ciencia no son los mismos que los intereses de los que hacen la ciencia (científicos, revistas, universidades…). Vamos a hacer un pequeño tour por los pecados y sus soluciones que pasan por dos aspectos claves: transparencia y reproducibilidad.

1- El pecado del Sesgo

“Cuando un hombre encuentra una conclusión agradable, la acepta sin discusión, pero cuando la encuentra desagradable usará en contra de ella todas las fuerzas de la lógica y la razón"
-Tucídides, siglo V antes de Cristo

“El entendimiento humano, una vez que ha adoptado una opinión...arrastra a todas las demás cosas a apoyar y estar de acuerdo con él.”
-Francis Bacon, 1620

“Lo llamo ceguera inducida por la teoría. Una vez que aceptas una teoría es extraordinariamente difícil apreciar sus fallos”
-Daniel Kahneman

Dentro de este pecado Chambers incluye una serie de conductas de las que mencionaré algunas. Una de ellas es el sesgo de publicación que consiste en que se publican los estudios que confirman nuestras hipótesis o teorías y se dejan en el cajón los que no lo hacen. No es más que una forma de la que probablemente es la falacia más poderosa del racionamiento humano: el sesgo de confirmación, que ya vemos que fue descrito por Tucídides.

Otro vicio es el de la neofilia, la excitación y la exigencia de resultados positivos y novedosos si quieres publicar en psicología. Es clásico el estudio de Daniele Fanelli de 2010  que razonó que cualquier dominio de la literatura científica que sufra de sesgo de publicación estaría dominado por los resultados positivos. Revisó más de 2.000 artículos científicos de todo el espectro de la ciencia (desde la física y química pasando por la biología hasta la psicología y la psiquiatría). Lo que encontró fue que el sesgo era mayor en psicología y psiquiatría con un 91% de resultados positivos. Es irónico que cuanto más “blanda” es una ciencia más resultados positivos encuentra, lo cual evidentemente indica la falta de rigor en la metodología científica. 

Un problema que sí es peculiar de la psicología es lo que ocurre con las replicaciones. Toda la ciencia tiene un problema con las replicaciones porque no se valoran, los científicos no quieren hacerlas (porque no da fama replicar el trabajo de otro que es el que se va a llevar el mérito), las revistas no las quieren publicar (porque no les genera titulares llamativos en la prensa) y a nadie le interesan cuando es evidente que a la ciencia sí le interesan las replicaciones porque no podemos dar por cierto ningún hallazgo si no es suficientemente replicado. Las replicaciones son uno de los pilares del método científico. 

Pero el matiz de la psicología es que no se suelen hacer replicaciones directas de un experimento sino lo que se se llaman replicaciones conceptuales. La lógica de la replicación conceptual es que si un experimento muestra evidencia de un tipo de fenómeno se replica usando un método diferente que se supone que mide la misma clase de fenómeno (esto ha ocurrido mucho en un campo muy cuestionado de la psicología que es el priming o primado). El truco del asunto es que si la replicación conceptual saca las mismas conclusiones que el experimento original se da por replicado el original. Pero si la repplicación conceptual obtiene unas conclusiones diferentes no se falsifica el original porque claro, esto que ha fallado es diferente a lo otros, no es la misma cosa…de manera que es posible confirmar pero no des-confirmar.

Otro tipo de sesgo es el sesgo retrospectivo que consiste en engañarnos a nosotros mismos (y a los demás) creyendo que una observación era algo esperado cundo en realidad fue una sorpresa. Según el método hipotético-deductivo del método científico, al que se adhiere la psicología por lo menos nominalmente, un científico comienza por formular una hipótesis que trata un aspecto importante de una teoría. Con la hipótesis decidida, el científico conduce el experimento y esto permite determinar si los datos obtenidos apoyan o no la hipótesis. Es clave que la hipótesis está decidida antes de recoger y analizar los datos para separar así en el tiempo la predicción (hipótesis) de la estimación de la realidad (datos) y no caer en el sesgo retrospectivo.

El problema es que mucha investigación científica se salta esto a la torera. Como la hipótesis de un experimento no se suele publicar con anterioridad, los investigadores pueden, de manera encubierta, alterar sus predicciones para que encajen con los datos que han encontrado. En psicología a esta práctica se la llama Hypothesizing After Results are Known (HARKing), es decir formular la hipótesis después de que conocemos los datos, un término acuñado por Norbert Kerr en 1998. ¿Y cómo de frecuente es el HARKing? Pues según algunos estudios el 40% de investigadores dicen haberlo visto y según otros hasta el 90% lo han visto pero sólo admiten hacerlo en un 35%. Conclusión: tremendamente frecuente.

2- El Pecado de la Flexibilidad Escondida

Tortura los números y confesarán cualquier cosa
-Gregg Easterbrook

Los científicos viven agobiados por la espada de Damocles “publica o perece” si quieren avanzar en su carrera y obtener una plaza fija en una universidad. Los datos de los estudios se pueden analizar de diferentes maneras y es práctica habitual informar sólo del tratamiento de datos que obtiene los resultados que nos interesan. Es lo que se llama p-Hacking o pesca de datos. El valor p nos muestra la probabilidad de haber obtenido el resultado que hemos obtenido si suponemos que la hipótesis nula es cierta y convencionalmente se ha puesto en 0,05. La flexibilidad está en que a la hora de analizar los datos se pueden tomar diferentes opciones que se pueden considerar “correctas” pero que dan diferentes valores de p. Los investigadores pueden excluir ciertos valores extremos, por ejemplo, o ciertos participantes o utilizar un tratamiento estadístico en lugar de otro, o seguir recogiendo datos hasta que les sale un resultado significativo, o parar de coger datos cuando ya les sale lo que buscan, etc. 

Y todas estas decisiones se esconden y no se publican. Se dice que esto es “el grado de libertad del investigador”. El caso es que seleccionando el tratamiento más favorable y combinándolo con el HARKing que comentábamos en el apartado anterior podemos sacar resultados positivos con casi cualquier hipótesis. Simmons y cols. realizaron una serie de experimentos y simulaciones de esta flexibilidad a la hora de tratar los datos y obtuvieron que se podía llegar de una tasa de 5% de positivos hasta una tasa de falsos positivos de 60,7% y es posible que esto sea una subestimación. ¿Y cómo de frecuente es el p-Hacking? Pues en una encuesta que hizo Leslie John el 100% reconocía haber recogido más datos hasta obtener significación o excluir datos que les venían mal.

3-El Pecado de la Falta de Fiabilidad

La Falta de Fiabilidad en la ciencia en general y en psicología en particular se debe a varias razones. Una de ellas es la que que ya hemos comentado de la falta de interés por replicar los hallazgos de los estudios. No sólo es que no interese a nadie replicarlos sino que algunos popes de la psicología como John Bargh, Dan Gilbert o el premio Nobel Daniel Kahneman se han manifestado directamente en contra de hacerlo. 

Otra razón es la falta de poder estadístico, la probabilidad de rechazar correctamente la hipótesis nula: cuando el poder estadístico aumenta disminuye la probabilidad de cometer un error del tipo II, es decir, de erróneamente fallar en rechazar la hipótesis nula. Los falsos positivos pueden ser descubiertos por nuevas investigaciones pero cuando una hipótesis correcta es rechazada por un falso negativo quedará abandonada y olvidada. Se sabe que la psicología sufre de un bajo poder estadístico desde los años 1960, pero estudios recientes siguen demostrando que este problema no ha mejorado en cuatro décadas. 

Otra causa, además de las anteriores y de las falacias estadísticas descritas en la sección anterior, de la falta de fiabilidad es que los estudios de psicología no dan los suficientes detalles metodológicos que permitan una replicación exacta. De esta manera si se hace una replicación de un estudio y falla, los investigadores del equipo original pueden decir que no se hizo tal o cual cosa que en realidad no estaba descrita en la sección de Métodos del estudio pero que era esencial para poder replicarlo. 

4- El Pecado de la Retención de los Datos

Es práctica corriente en psicología no compartir los datos de los estudios con nadie y no aportarlos cuando otros investigadores los piden. Guías de publicación como las de la APA requieren que los autores guarden los datos y que los compartan con lectores o investigadores interesados. La realidad es que esto no se hace. Hay varios estudios que han consistido precisamente en ponerse en contacto con los autores y reclamar los datos de los estudios y el porcentaje de autores que lo hace es muy bajo. Voy a citar precisamente el último que acaba de aparecer. Tom Hardwicke y John Ioannidis han pedido los datos de 111 artículos de Psicología y Psiquiatría y el 40% de autores no respondieron, el 30% dijeron que no y sólo 14% compartieron los datos sin restricciones.

Bien es verdad que algunos datos pueden ser confidenciales y que en otros casos los investigadores pueden estar trabajando sobre los mismos datos porque es práctica usual que se saquen varias publicaciones de un mismo experimento y que los autores no quieran que otros equipos les pisen los descubrimientos, pero se podría establecer un plazo de retención o “cuarentena” para estos menesteres y luego compartirlos abiertamente. 

5- El Pecado de la Corrupción y el Fraude

Sobre este aspecto no voy a insistir mucho. Ha habido varios casos en psicología de autores que no es que hayan realizado prácticas cuestionables sino que directamente han fabricado los datos, el caso más sonado el de Diederik Stapel. En este apartado Chambers analiza estos casos.

6- El Pecado del Internamiento o la ocultación

Este pecado no se refiere sólo al hecho ya comentado de que los datos de los estudios no se compartan sino al hecho de que hay que pagar por los artículos científicos si queremos leerlos, de que están encerrados o inaccesibles al público general y en muchos casos a los propios investigadores porque hay universidades o centros que no pueden pagar las cantidades necesarias para acceder a las publicaciones científicas. Chambers es una defensor del acceso abierto (Open Acces). Resulta que la mayoría de investigaciones se hacen con dinero público, con becas procedentes de organismos públicos, y tenemos que pagar luego por conocer los resultados de esos experimentos mientras que Elsevier y otras editoriales obtienen beneficios. La postura de Chambers es que esos datos deben ser de dominio público. 

7- El Pecado de Contar Alubias

No todo lo que cuenta puede ser contado, y no todo lo que puede ser contado cuenta.
-William Bruce Cameron, 1963

Ley de Goodhart: cuando una medida se convierte en diana deja de ser una buena medida.

En este apartado Chambers critica una serie de parámetros o números por los que se mide la calidad científica: factor de impacto de las revistas, número de artículos publicados en esas revistas, número de citaciones, etc. Analiza todos los problemas que tienen esas medidas y las desventajas e inconvenientes que suponen para el avance de la ciencia. 

Es muy apropiado tener en cuenta la ley de Goodhart arriba mencionada porque siempre que se tome una medida como referencia la gente la va a manipular. Si tomamos, por ejemplo, como señal de calidad el número de citas de un autor nos podemos encontrar con lo que ocurrió en las universidades italianas donde aumento el porcentaje de autocitas en un 81-179%. En general, se está primando la cantidad en ciencia por encima de la calidad.

Soluciones o Penitencia de los pecados

En el apartado de soluciones, Chambers destaca la transparencia y el aumento de la replicación en la ciencia. Un medida básica es el pre-registro de los estudios científicos tema en el que él mismo ha sido un pionero en la revista Cortex. Se extiende bastante y explica con detenimiento las diferentes formas en que esto puede llevarse a cabo. En los estudios registrados con peer review (revisión por pares) lo que se hace es revisar el estudio antes de que se recojan los resultados. Se valora la pregunta de la investigación y la metodología y en base a ello se aprueba preliminarmente el estudio para publicación. Después de que el estudio se ha realizado se remiten los datos y se produce una segunda peer review para ver si lo que los autores han hecho se ajusta a lo que describieron en la metodología y se valora en caso de que haya habido cambios si esos cambios estaban justificados o no. El estudio se publica sean cuales sean los resultados, es decir, sean positivos o negativos. Si la pregunta de investigación y la metodología es seria, se publica.

También se pueden pre-registrar estudios en diferentes webs sin peer review donde se deja constancia de la hipótesis, metodología y tratamiento estadístico para que todo el mundo pueda comprobar que la hipótesis era previa a la recogida de datos. Por otro lado, Chambers es partidario de que todos los datos de los estudios se almacenen, entre otras cosas para que no se pierdan para la ciencia (los formatos informáticos van cambiando)  y también para que los datos estén disponibles para otros científicos. Los investigadores van a saber de antemano que si quieren que se les publique deben subir sus datos a un repositorio o almacén de datos. 

También propone que se dedique dinero a la replicación. Esto puede parecer un desperdicio pero en realidad se estima que la falta de replicación en ciencia cuesta a los EEUU 25.000 millones de dólares anualmente. Así que dedicar una parte de ese dinero a diseñar y llevar a cabo repudiaciones pude ser una buena inversión. 

En cuanto al coste de los artículos científicos Chambers propone alternativas abiertas al modelo vigente y se plantea incluso la necesidad de las revistas científicas como las conocemos actualmente dadas las nuevas posibilidades alternativas que permiten las nuevas tecnologías.

En cuanto a la eficacia de todas estas medidas -que ya se están llevando a cabo- la evidencia es contradictoria. Por un lado, es verdad que el pre-registro está disminuyendo los falsos positivos como demuestra este estudio de 2015 en el campo de la prevención de enfermedad cardíaca donde se ha pasado de un 57% de resultados positivos a un 8%. Pero también hay estudios que están encontrando -en el caso de pre-registros sin peer review- que un elevado porcentaje de autores y de estudios cambian las medidas que propusieron inicialmente, siguen haciendo p-Hacking y demás trampas… 

En definitiva, me ha parecido un libro muy recomendable para toda persona interesada en la investigación científica en general, en los puntos débiles del sistema actual y en la manera de mejorarla.

@pitiklinov







sábado, 4 de agosto de 2018

Exageramos el papel de los factores ambientales en el éxito


Creo que si uno mirara siempre a los cielos acabaría con alas
-Gustave Flaubert


En esta entrada voy a comentar un artículo de David Moreau que revisa diferentes áreas de investigación en psicología que tienen un denominador común: la idea de que los factores ambientales son determinantes del éxito en el mundo real frente a rasgos o factores innatos. El concepto subyacente es que cualquiera puede triunfar en la escuela, en el trabajo o en cualquier hobby si se esfuerza lo suficiente, o si se lo propone. Vamos a revisar ahora cada una de estas áreas en las que se han publicado miles de artículos y en las que se han invertido miles de millones sin que la evidencia científica respalde sus afirmaciones.

Entrenamiento Cerebral (Brain Training)

La premisa central del entrenamiento cerebral es que el cerebro es “como un músculo” en el sentido de que podemos fortalecerlo con ejercicios cognitivos. De manera más específica, la idea es que tareas que trabajan funciones cognitivas -como la memoria de trabajo, la atención o la habilidad espacial- se generalizan a otras funciones y a otras situaciones del mundo real. En concreto, la afirmación de que las ventajas de este entrenamiento se transfieren a otro tipo de tareas no relacionadas es algo que se menciona en la publicidad de este tipo de intervenciones, programas y aplicaciones. 

La realidad, sin embargo, encontrada en varios metaanálisis que menciona el autor es que la mejora en rendimiento sólo se produce en la tarea que se practica y que no hay transferencias a otras funciones diferentes. No hay evidencia de que esas tareas o esos videojuegos mejoren el funcionamiento cognitivo general. Además de los artículos que cita Moreau, siguen apareciendo otros nuevos, como éste de Agosto de 2018, que encuentran que no se transfieren los beneficios y que no hay diferencias frente a grupo control.

Mentalidad de crecimiento (Growth mindset)

Carol Dweck, la autora de este concepto, distingue entre una mentalidad fija, que consiste en creer que la inteligencia, habilidades y talentos de una persona son  innatos y son rasgos de su personalidad , y una mentalidad de crecimiento que cree que la inteligencia puede ser mejorada con el esfuerzo. En las intervenciones de estos programas reaparece el concepto del punto anterior: que el cerebro es como un músculo  y puede crecer con el esfuerzo; los estudiantes pueden con estas intervenciones hacer que sus cerebros “trabajen mejor y crezcan más inteligentes”. Prometen que estas intervenciones pueden tener efectos asombrosos en los logros educativos. De nuevo, los metaanálisis no apoyan estas afirmaciones y no encuentran los efectos que prometen sus promotores.

Perseverancia (Grit)

El término Grit se refiere a perseverancia, constancia y esfuerzo a pesar del fracaso y las adversidades, y los promotores de la idea venden que podemos hacer crecer nuestra perseverancia. Sin embargo, un estudio serio de gemelos encuentra que la perseverancia es altamente heredable y que el ambiente compartido no tiene influencia en ella. Es decir, que factores como el estilo parental o la estrategia escolar no tienen influencia en la perseverancia. Otros autores han encontrado que la perseverancia se solapa en gran medida con el rasgo de personalidad llamado Responsabilidad (también sustancialmente heredable) y que la perseverancia no predice el éxito académico mientras que la Responsabilidad sí lo hace.

Merece la pena destacar que, a pesar de la falta de evidencia, el entrenamiento en la perseverancia está establecido como una prioridad por el Departamento de Educación de los EEUU y del Reino Unido.

Práctica deliberada

Este concepto propone que las diferencias individuales en ejecución en cualquier área se deben a la cantidad de horas de práctica totales del sujeto. Es indudable que por mucho talento que tenga alguien, sin practicar y sin esfuerzo no va a llegar al éxito y lo es también que la práctica deliberada puede conducir a una mejora en la ejecución de un individuo. Lo que no está demostrado es que la práctica deliberada explique las diferencia en ejecución entre individuos. Es decir, es absurdo pensar que si cualquiera metiera las mismas horas que Mark Knopfler, LeBron James o Einstein va a obtener los mismos resultados. Os remito a una entrada anterior titulada la Parábola de los Talentos donde ya tratamos este tema con la ayuda del genial Scott Alexander y donde aparecen los estudios de McNamara que cita Moreau.

Ventaja del bilingüismo

Para finalizar, se ha propuesto también que aprender idiomas mejora el funcionamiento cognitivo general: léxico, control ejecutivo y memoria de trabajo. Sin embargo, están apareciendo trabajos continuamente que no encuentran esa ventaja mientras que sí se encuentra mucho sesgo de publicación en esta literatura primando los trabajos que encuentran resultados positivos.


Tras revisar la evidencia en estos campos uno podría pensar que tampoco causa ningún daño creer en estas cosas a pesar de que no tengan suficiente soporte científico. Moreau, sin embargo, da una serie de razones por las que cree que mantener y apoyar estos programas sí es perjudicial. Por un lado el tiempo que se dedica a ellos podría dedicarse a cosas realmente útiles. Por otro lado el dinero (grandes cantidades) que se dedica a estos programas y las becas para investigación en estas áreas podrían dedicarse también a cosas más productivas. 

Pero hay otro factor que a Moreau le parece importante y es la estigmatización y la culpabilización que estas creencias generan. Porque si nos creemos estas ideas que confluyen un poco en la misma filosofía subyacente de que “si quieres, puedes”, ocurre que culpabilizamos de sus fracasos a las personas porque si no han podido es porque no quieren, porque son vagos o porque no se han esforzado lo suficiente. A fin de cuentas, si no eres medallista olímpico es porque no has dedicado las suficientes horas a ello. Según Moreau, enfatizar la maleabilidad frente al rol que juegan rasgos estables en el éxito responsabiliza a los individuos y familias de sus fracasos. 

Pero los puntos de vista que dan más importancia a los factores ambientales son mucho más atractivos que los que señalan la importancia de rasgos estables y las diferencias individuales especialmente en nuestras sociedades modernas y democráticas donde nos gusta creer en la igualdad. Hemos tratado anteriormente el caso de la Autoestima en el que también se invirtieron enormes sumas de dinero. Al igual que ocurrió con la industria de la autoestima, probablemente estas cinco ideas que hemos comentado serán desprestigiadas y abandonadas. Pero para cuando eso ocurra habrá surgido alguna nueva versión de esta filosofía del “si quieres, puedes”, y los individuos, instituciones y dineros marcharán detrás de ellas como las ratas detrás del flautista de Hamelin. Sencillamente no lo podemos evitar.

@pitiklinov

Referencia:




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domingo, 22 de julio de 2018

Humillación en las redes


Estamos creando una cultura donde la gente se siente constantemente vigilada, donde la gente tiene miedo de ser ellos mismos.
-Michael Fertik

Humillación en las redes es un libro sobre el avergonzamiento público en general, aunque buena parte del libro se dedica al avergonzamiento en las redes sociales. Se trata de un tipo de castigo propio de otros tiempos que había desaparecido en las sociedades industriales pero que ha reaparecido gracias a las redes sociales. El libro trata de las características de este fenómeno así como de las posibles defensas ante el mismo y, según dice su autor, fue escrito no porque se identificara con las víctimas (que también) sino porque se identificaba con los autores del castigo, esos guerreros de la justicia social (social justice warriors) que buscan y quieren hacer el bien, pero que tal vez debido a esa búsqueda moral del bien acaban haciendo el mal. Jon Ronson reconoce haber estado en el lado de los que se han mofado o han criticado a alguien por alguna cosa mal hecha pero que llegó un momento en que se cuestionó la idoneidad de esos comportamientos.

En el libro, Ronson ofrece una sucesión de casos de gente que ha cometido algún error, ha hecho alguna broma tonta o ha dicho realmente algo inconveniente en las redes sociales, especialmente en Twitter. Y cuando esa conducta se ha conocido han sido atacados por cientos o miles de personas que los han demonizado, humillado, les han hecho perder su trabajo o les han amenazado de muerte. ¿Se lo merecían? ¿Es esto algo justificado? ¿Cómo se puede alguien defender o recuperar si ha sido atacado de esta manera? ¿Hay vida después de haber sido destruido de esta manera? Esta es la temática del libro.

El primer caso que trata Ronson es el de Jonah Lehrer, periodista y escritor de libros relacionados con la psicología y la neurociencia. Lehrer tiene una licenciatura en neurociencia y un libro suyo famoso es Proust was a Neuroscientist. El caso es que en 2012 se descubrió que en un libro suyo titulado Imagine:  How creativity works había inventado frases de Bob Dylan que no eran reales y que Bob Dylan no había dicho nunca. Además se había autoplagiado reciclando textos que había publicado anteriormente. Ronson cuenta con detalle todo el proceso por el que el periodista Michael Moynihan descubrió estas conductas deshonestas y las publicó. Su libro Imagine así como el anterior How We Decide fueron retirados y Lehrer fue expulsado de Wired, tuvo que dimitir de otras revistas y lugares en los que colaboraba  y se quedó sin ingresos y con una brillante carrera totalmente destruida.

Como estamos viendo, el caso de Lehrer no tiene nada que ver en su gestación con las redes sociales pero sí tuvo luego mucho que ver por una cosa muy curiosa. El caso es que meses después del estallido de su caso la Knight Foundation le invitó a que diera la charla final en una conferencia que habían organizado. Se había preparado una pantalla gigante conectada a Twitter de manera que mientras Lehrer daba su charla los usuarios de Twitter podían ir tuiteando y al utilizar el hashtag #infoneeds sus tuits aparecían en tiempo real en la gran pantalla, es decir al mismo tiempo que Lehrer hablaba. La cuestión es que Lehrer había preparado un discurso para pedir perdón pero el discurso no gustó y no convenció  a nadie. Además, se supo en esa gran pantalla -por preguntas de los usuarios a las que respondió la Knight Foundation- que Lehrer había cobrado 20.000$ por la charla. El evento, que probablemente es el primer juicio realizado ante el tribunal de Twitter, fue un rotundo fracaso para Lehrer. No fue perdonado y su situación continuó siendo tan mala o peor que antes.

El siguiente caso que trata Ronson es el de Justine Sacco. Justine se encontraba en el aeropuerto de Heathrow camino a Ciudad del Cabo cuando se le ocurrió, intentando ser graciosa, tuitear a sus 170 seguidores lo siguiente: "Me voy a África. Espero no contraer el SIDA. Es broma. ¡Soy blanca!”. El caso es que antes de embarcar miró su Twitter y nadie había comentado nada y se pasó la mayor parte del vuelo durmiendo. Para cuando llegó al aeropuerto de Ciudad del Cabo, Justine había sido juzgada y condenada por racista por millones de personas en Twitter y su vida cambió para siempre. Por supuesto, fue despedida y su vida destruida. Como la propia Sacco le cuenta a Ronson: “fue increíblemente traumático. No duermes. Te despiertas en mitad de la noche sin saber dónde estás. De repente no sabes lo que se supone que debes hacer. No tienes programa. No tienes…sentido. Tengo 30 años. Tenía una gran carrera. No tengo un plan y si no empiezo a dar pasos para recuperar mi identidad y recordarme a mí misma quién soy a diario, me podría perder a mí misma”. Podríamos decir que esto es una descripción bastante buena de lo que es una muerte social.

Hay otros casos que relata Ronson como el de los desarrolladores Hank y Alex que hacen una broma en una conferencia y son expuestos en Twitter por una mujer, Adria Richards, que se encontraba en la fila anterior. O el de Lindsey Stone que se hizo una foto en plan broma delante de una señal que pedía silencio en el cementerio de Arlington como si gritara y con el dedo medio en un gesto poco respetuoso. Esto formaba parte de un juego de Stone con una amiga en el que hacían fotos fumando delante de una señal de prohibido fumar o delante de una estatua copiando la pose y cosas por el estilo. No vamos a entrar en los detalles de todos ellos.

Pero a partir de cierto punto en el proceso de creación de su libro sobre la humillación pública Ronson se pregunta si existe gente que ha conseguido superar esa humillación y seguir con su vida, si existen casos de ese tipo. Y la primera persona con la que habla es Max Mosley, que había sido piloto de coches y presidente de la Federación Internacional de Automovilismo (FIA). En 2008 el tabloide News Of the World había publicado unas fotos de una orgía sadomasoquista de índole nazi, según el tabloide, con unas prostitutas. Mosley salió intacto del episodio, denunció a News of the World y ganó el juicio porque en realidad la ambientación de la escena sadomasoquista era simplemente militar, no nazi, y Mosley fue indemnizado. Psicológicamente, Mosley no había sufrido ningún tipo de trauma y tanto Ronson como él se preguntaban dónde podía estar la clave para evitar la experiencia traumática de la vergüenza. Tal vez Mosley tenía rasgos psicópatas, aventuró el mismo Mosley…O tal vez es, sencillamente, que Mosley se había negado a sentirse avergonzado; tal vez si la víctima abandona el pacto rehusando sentirse avergonzada todo el edificio de la humillación pública se derrumba…

Cuando Ronson se preguntaba cómo se puede sobrevivir a una humillación pública ocurrió un hecho que le permitió ampliar sus investigaciones. En Kennebunk se descubrió que el local donde una instructora de Zumba daba sus clases era en realidad un prostíbulo y se publicó la lista de clientes, 69 personas, que no habían acudido precisamente a bailar. Entre ellos había algún maestro, un abogado, un antiguo alcalde y un pastor de la Iglesia del Nazareno. Ronson escribió a  varios de ellos y el pastor accedió a hablar con él. Cuando Ronson habló con él su mujer le había abandonado y le habían echado del trabajo pero la humillación pública no había comenzado y Ronson y el pastor quedaron en que el pastor le llamaría cuando empezara. Pasó el tiempo y el pastor no llamaba así que Ronson le llamó a él. Y lo que el pastor le contó es que no había pasado absolutamente nada. La relación con sus tres hijas era muy buena y la gente se había portado de forma amable y correcta con él. Con otros hombres de la lista tampoco había ocurrido nada especialmente grave.

Parece que la gente les veía como seres humanos que habían tenido unas relaciones consentidas y que eso no era punible. Algo similar a lo de Mosley. Lo cual sugiere que en los casos de Sacco o de Lehrer la gente no era capaz de conectar empáticamente con ellos y verlos como personas que habían cometido un error. Tal vez el problema de las humillaciones públicas es una falta de empatía…Pero aunque estos casos no han resultado dramáticos para las personas implicadas no ocurre así en todas las ocasiones en las que se revelan datos sobre las vidas sexuales de las personas. Ronson cuenta dos casos, el del chef Ben Stronger y el predicador Arnold Lewis, que avisaron a News of The World que si revelaban secretos de sus vidas sexuales se suicidarían y efectivamente ambos se suicidaron. Así que todo el mundo no está hecho de la misma madera que Mosley o el pastor de la Iglesia del Nazareno.

Un hombre que estuvo a punto de suicidarse pero al final no lo hizo fue Mike Daisey, un showman que había mentido en un programa de radio que había hecho para This American Life. El programa iba de la condiciones de trabajo en China, en las factorías que fabrican los productos de Apple, pero Mike ni había estado en algunas de ellas y se inventó muchos datos. Mike estuvo a punto de suicidarse por ahogamiento en un lago pero al final decidió luchar y seguir adelante. Su visión de las cosas es la siguiente: “La manera en la que construimos la conciencia es contarnos la historia de nuestras vidas a nosotros mismos, la historia de quien creemos que somos. Creo que una humillación pública es un conflicto entre la personas que intenta escribir su propia narrativa y la sociedad tratando de escribir una narrativa diferente de esa persona. Una historia trata de escribirse encima de la otra. Y para sobrevivir tienes que ser el propietario de tu propia historia. O… escribes una tercera historia, reaccionas a la narrativa que intentan imponerte”. Puede que Mike Daisy tenga razón pero decir eso es más fácil que hacerlo. Cuando Twitter escribió la historia de que Justine Sacco era la chica del tuit racista sobre el SIDA ¿cómo se escribe otra historia? ¿Cómo se le da la vuelta a algo así?

Creo que Jon Ronson en su intento de buscar la salida a la humillación pública deja buenas preguntas en el aire sobre muchas cosas: sobre la psicología de la vergüenza y la culpa, sobre la psicología del castigo, sobre la psicología del perdón y la reconciliación, aunque no las aborda. No aborda por ejemplo el hecho de que castigar produce placer, que sentimos placer cuando castigamos a otros por su mala conducta. Pero sí toca de pasada el tema de la violencia virtuosa o el del señalamiento de la virtud. Comenta que el deseo de ser buenas personas y de señalar a los demás que lo son es lo que llevó a millones de personas a lanzarse con crueldad a aniquilar a Justine Sacco. La gente que la destruyó era gente decente y buena queriendo hacer el bien.

Que seamos capaces de castigar de esta manera creo que tiene ver con una visión errónea de la naturaleza humana y, por tanto, de la moral humana. Tendemos a pensar que ante los demás damos una imagen falsa de cómo somos pero que nuestro verdadero yo lo ocultamos entre bambalinas. Entonces se supone que las transgresiones morales que cometemos revelan nuestra verdadera naturaleza oculta, lo que realmente somos. Y una vez que esa transgresión se ha cometido ya no hace falta averiguar más, ya está demostrado que somos malos en lo más profundo. Malos y para siempre. 

Creo que es interesante que nos planteemos y estudiemos más a fondo todo lo relacionado con la vergüenza, el castigo y la culpa porque la resurrección del avergonzamiento público como consecuencia de las redes sociales nos está planteando situaciones que son nuevas y para las que no estamos preparados. El avergonzamiento público es algo muy antiguo: los linchamientos públicos y los castigos en la plaza pública. Pero en otros tiempos las cosas estaban reguladas, mejor o peor, pero reguladas. Por supuesto que se cometieron barbaridades atroces pero en casos menores estaba más claro el castigo. Tal vez a Justine Sacco o a Jonah Lehrer les habría correspondido 40 latigazos en la plaza pública y habrían podido seguir con su vida. Tal vez, como dice el juez Tad Pole, lo que ocurre ahora en Internet es peor:

“El sistema judicial occidental tiene un montón de problemas, pero al menos hay normas. Tienes derechos básicos como acusado. Tienes tu día ante el tribunal. Pero no tienes ningún derecho cuando eres acusado en Internet. Y las consecuencias son peores. Es mundial para siempre”.

Nos encontramos ante una versión nueva de un problema antiguo. Todo esto creo que  demuestra que el repertorio de conductas del ser humano es limitado y que cambia la tecnología pero no nuestra naturaleza. Y voy a concluir la entrada con la misma frase con la que Ronson acaba su libro:

“Las redes sociales dieron voz a los que no tenían voz. No las convirtamos en un mundo en el que la manera más inteligente de sobrevivir es volver a ser seres sin voz”


@pitiklinov

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martes, 3 de julio de 2018

Desigualdad no implica discriminación

En su librito (127 páginas de lectura) Discrimination and Disparities el economista Thomas Sowell se dedica a combatir la que él llama Falacia Invencible, la idea de que los resultados de cualquier empresa humana (distribuciones de ingresos, de empleo, de presencia de sexos en una carrera o en otra, etc.) serían iguales o comparables si no fuera por intervenciones sesgadas, por algún tipo de discriminación. Creer que los resultados obtenidos por diferentes individuos o grupos humanos deben ser los mismos en ausencia de discriminación es algo que desafía la lógica y la evidencia empírica  a nivel mundial y a lo largo de la historia de la que tenemos registros. Las disparidades no implican discriminación, si bien tampoco se puede excluir que realmente exista, pero eso hay que demostrarlo con pruebas y no asumir que la discriminación sea la explicación por defecto. Para encontrar un ejemplo de explicación alternativa a veces no hay que ir muy lejos y puede ser tan sencillo como la demografía. Hay más de veinte países con una edad media de la población de 40 años y existe otra veintena de países cuya edad media es inferior a los 20 años. Es evidente que no es racional esperar la misma productividad a nivel económico o la misma tasa de delincuencia (los jóvenes cometen un mayor número de delitos) en todos esos países. Para dar una idea, voy a comentar un par de cosas del libro que me han parecido interesantes:

Tipos de discriminación

La palabra discriminación tiene significados contrapuestos por lo que es importante saber lo que queremos decir con ella. Sowell distingue dos tipos de discriminación:

Discriminación tipo I: en un sentido amplio, discriminar es la capacidad para distinguir diferencias en las cualidades de las personas o de las cosas y escoger en consecuencia. Esto puede aplicarse tanto a la elección de un vino, una obra de arte o una pareja. Esta discriminación tipo I consiste en hacer distinciones basadas en hechos. Enseguida vamos a ver que hay dos tipos de discriminación I.
Discriminación tipo II: en un sentido más restringido y de uso más común, discriminar es tratar a la gente de forma negativa en base a asunciones arbitrarias o a aversiones que conciernen a los individuos de una determinada raza o sexo, por ejemplo. Esta es la discriminación que las políticas y leyes antidiscriminación quieren combatir.

En una situación ideal, la discriminación tipo I, aplicada a las personas, significaría juzgar a cada persona como un individuo, sin tener en cuenta el grupo al que pertenece. Pero esto no es posible en todos los contextos. Imaginemos que caminamos una noche por una calle oscura y vemos una sombra de una persona en un callejón…¿esperamos a ver quién es esa persona para juzgarla individualmente o cruzamos a la otra acera por si acaso? La sombra podría ser un vecino amable paseando a su perro, pero si es un ladrón la decisión de quedarnos puede tener un coste elevado. Estamos de acuerdo en que la discriminación I es preferible  porque significa tomar decisiones basándonos en realidades pero cuando hay una diferencia de costes entre usar la discriminación tipo I o la II el resultado final dependerá de lo grandes que sean esos costes.

Existe una variante de discriminación tipo I que consistiría en tener en cuenta evidencias empíricas pero no acerca del individuo sino del grupo al que el individuo pertenece. A la discriminación ideal, la de basar las decisiones en los individuos, la llama discriminación Ia y a la variante menos ideal -la que toma decisiones acerca del individuo basándose en hechos acerca del grupo- la llama discriminación Ib. Pero no hay que perder de vista que las dos son diferentes a la discriminación tipo II que es tomar decisiones basándose en nociones o animosidades que no tienen evidencia. Vamos a ver un ejemplo para ilustrarlo.

Imaginemos que el 40% de la gente del grupo X es alcohólica mientras que sólo el 1% de la gente del grupo Y lo es. Un empleador puede preferir contratar gente del grupo Y porque un alcohólico en el trabajo puede ser no sólo ineficaz sino también peligroso. Pero esto significaría que al 60% de la gente del grupo X se le estaría negando la posibilidad de trabajar cuando no son alcohólicos. Lo que es crucial para tomar estas decisiones es el coste de determinar si un individuo es alcohólico o no lo es, porque por lo menos el día que acudan a la entrevista de trabajo irán sobrios pero la conducta peligrosa aparecería más adelante. Los costes de un mal trabajador y de un mal producto los van a pagar sus compañeros, los clientes y desde luego el empleador que puede poner en peligro su empresa. Si el empleador siguiera esta política de coger trabajadores del grupo Y no estaría aplicando una discriminación I en su sentido más puro pero tampoco está haciendo una discriminación tipo II en el sentido de que su decisión se base en una antipatía personal o en un prejuicio. El empleador puede tener amigos incluso en el grupo X o pertenecer al grupo X pero prefiere no correr el riesgo de contratar gente de ese grupo. La decisión del empleador se basa en información correcta, pero correcta para el grupo no para el individuo y además ni siquiera es correcta para la mayoría de los individuos del grupo. esta sería la discriminación tipo Ib.

Existe un ejemplo real de este tipo de discriminación que cita Sowell en el libro. Un estudio mostró que, a pesar del rechazo de muchos empleadores a contratar hombres negros jóvenes  porque una significativa proporción de ellos tenía un historial delictivo, los empleadores que comprobaban sistemáticamente los antecedentes penales de todos los aspirantes tendían a contratar más jóvenes negros que otros empleadores. Es decir, cuando la naturaleza del trabajo hacía que el coste de comprobar los antecedentes mereciera la pena ya no era necesaria la información de grupo y el empleador podía valorar a los individuos. Esto es importante a nivel práctico porque mucha gente que quiere ayudar a los jóvenes negros ha defendido prohibir que los empresarios puedan comprobar la historia delictiva considerando que es discriminación racial incluso cuando se realiza a todos los aspirantes independientemente de la raza. Si los resultados de este estudio son ciertos, estas políticas bienintencionadas podrían estar perjudicando a las personas a las que intentan ayudar.

Los costes de la Discriminación (para los que discriminan)

Este tema de los costes de la discriminación para los propios discriminadores me ha sorprendido porque no lo había visto tratado antes y por algunos datos históricos que da Sowell. Resumiendo,  no podemos ir directamente de las actitudes a los resultados (aunque estas actitudes y decisiones sean racistas o sexistas) como si no hubiera factores intermedios como los costes que las decisiones tienen en un mercado competitivo. Las autoridades o instituciones pueden decidir o querer una cosa pero hay otros factores implicados. Los negocios que operan en el mercado de trabajo no son como los profesores que votan en una reunión en la universidad porque el voto de los profesores no tiene un coste para ellos mismos. Es decir, hay una diferencia fundamental entre decisiones que salen al mercado y decisiones que están aisladas del feedback que va a producir el mercado. Vamos a ver ejemplos.

En Sudáfrica durante el apartheid había una serie de limitaciones sobre el número de trabajadores negros que podían ser empleados en las diversas industrias y ocupaciones. Pero los empleadores blancos de industrias competitivas a menudo contrataban más trabajadores negros de los permitidos por la ley. En los años 70 se multó a empresas de la construcción por contratar a más trabajadores negros de los permitidos pero es que en otras industrias había más trabajadores negros que blancos en categorías particulares donde era ilegal por completo contratar trabajadores negros. 

No hay ninguna evidencia de que los empleadores blancos que contrataban trabajadores negros y violaban las leyes tuvieran una ideología con respecto a las razas diferente a los legisladores que habían hecho las leyes. Lo que era diferente en los empresarios con respecto a los políticos fue que el empleador que no contrataba trabajadores negros pagaba un alto precio en forma de pérdida de dinero mientras que el legislador no pagaba ningún precio. Mejor dicho, los políticos que no hacían esas leyes racistas pagaban un precio político ya que en un sistema en el que solo los blancos podían votar los trabajadores blancos sí querían protección frente a los trabajadores negros. Tanto los empleadores como los políticos persiguen sus propios intereses sólo que los incentivos y limitaciones son diferentes en un mercado competitivo que en una institución política.

Las leyes del apartheid decían también que era ilegal que la gente “no-blanca” vivieran en ciertas áreas pero la realidad era que mucha gente “no-blanca” vivía de hecho en esas áreas. De nuevo, lo esencial es el tema de los costes. Los costes de perder dinero por no alquilar a “no-blancos” entran en conflicto con los costes de desobedecer las leyes. Es verdad que un blanco racista puede preferir a los blancos antes que a los negros pero lo que es seguro es que se prefiere a sí mismo antes que a otros blancos…Y si otros empresarios salen adelante y él tiene que cerrar su negocio no va a ser muy feliz. A un blanco no le cuesta nada votar a candidatos que promueven la supremacía blanca pero los costes de no contratar trabajadores negros o alquilar pisos a “no-blancos” pueden hacer que su negocio no sea rentable o que se quede sin ingresos.

Los costes de la discriminación tipo II pueden ser muy bajos o inexistentes en 1) monopolios públicos 2) organizaciones sin ánimo de lucro y, por supuesto, en 3) el empleo gubernamental. En estas situaciones la discriminación tipo II es más frecuente que en los mercados competitivos, no sólo en Sudáfrica sino en otros lugares del mundo. No me voy a extender demasiado porque la entrada está resultando ya bastante larga pero en EEUU ocurrió lo mismo con las leyes sudistas que obligaban a los negros a sentarse en la parte de atrás de autobuses o en vagones diferentes en los trenes. La historia de estas leyes ilustra este lucha entre los incentivos y limitaciones económicos y los incentivos y limitaciones políticos. Lo que pasó es que muchas compañías de transporte (cuyos beneficios dependen de transportar gente al menor coste) se opusieron a la promulgación de estas leyes y pusieron demandas judiciales aunque las perdieron en los tribunales. Después, no hicieron nada por aplicarlas permitiendo que la gente se sentara donde pudiera y solamente cuando empezaron a caer multas las aplicaron. 

En definitiva, Sowell es un hombre que piensa con lógica, se explica con claridad e intenta basar sus argumentos en datos. Como todo, podemos estar o no de acuerdo con él y algunos de los estudios que cita tienen problemas, como los estudios sobre el efecto orden de nacimiento o otros estudios que dicen que los niños de clase alta escuchan más palabra en los primeros años que los de clase trabajadora. Pero en conjunto se trata de un librito muy recomendable del que se pueden aprender cosas.

@pitiklinov

Post-Script: hablando de esto de la discriminación y de que no tiene por qué ser discriminación todo lo que lo parece me he acordado del caso de la Universidad de Berkeley en 1973, se puede consultar en Wikipedia donde habla de la Paradoja de Simpson. Resulta que esta universidad tuvo unas cifras de admisiones de este año que eran estas:


La universidad tenia miedo de que les denunciaran por discriminación y analizó lo que había ocurrido. Resultó que al analizar las admisiones de los 85 departamentos, en 6 aparecía un sesgo aparente contra los hombres y solo en 4 contra las mujeres:



Parece que lo que había ocurrido es que las mujeres habían solicitado la admisión en departamentos con menos tasa de admisión y los hombres en departamentos con más tasa de admisión. Se trataría de un ejemplo de la paradoja de Simpson donde una tendencia en grupos de datos se revierte cuando se agrupan.