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martes, 18 de agosto de 2015

Quemando brujas en Twitter

Llevo aproximadamente 3 años en Twitter y mi experiencia es muy satisfactoria (tal vez algunos que me siguen piensen que estoy hasta demasiado entusiasmado por lo pesado que soy tuiteando :)). Evidentemente a Twitter se le pueden dar diferentes usos pero creo que para profesionales como es el caso de los médicos o psicólogos puede ser una herramienta muy útil y así se lo digo a mis colegas siempre que tengo la oportunidad. Me parece una herramienta increíble para compartir y para mantenerse al día. Me parece un lujo que Steven Pinker, por poner un ejemplo, te ponga el enlace a un artículo de prensa o científico que le parece interesante. Si alguien de esa categoría te da un consejo, evidentemente, es para leer el artículo sin dudarlo. Puedes así seguir a gente que está interesada en los mismos temas que tú y compartir en esa comunidad las cosas que os interesan. Genial, la pena es que no haya más científicos de primer nivel compartiendo y dando a conocer sus investigaciones pero evidentemente tienen que estar investigando y trabajando y no hay tiempo para todo.

Pero hay una cosa que odio de Twitter: el cotilleo moralista, el constante juzgar y criticar a los demás, el santificar y pontificar sobre cualquier tema, saltar al cuello y arruinar la vida de la gente sin más referencia que una información muy parcial. Por lo visto Twitter está lleno de santos y puros sin tacha moral. Pero yo sospecho por principio de las divisiones de las personas en buenos y malos, lo cual está muy bien para las películas de Hollywood, pero la vida real es mucho más complicada que todo eso. 

Lo que dice el chiste de los policías ha ocurrido realmente. Una mujer sacó una foto y tuiteó el comentario de dos hombres que estaban detrás de ella en una conferencia y eso provocó que despidieran a uno de los hombres (aunque al final fue ella también la que acabó despedida). Linchamientos similares han ocurrido con el premio Nobel Tim Hunt, o más recientemente con el cazador del famoso león Ciril. Nuestra tecnología del siglo XXI es muy adelantada pero nuestras mentes siguen siendo las mismas de los cazadores recolectores cuando cotilleaban delante del fuego después de cazar bisontes, o iguales también a las de antepasados más recientes que cotilleaban en la plaza del pueblo o en el patio de vecinas de la casa. Y Twitter es también una plaza de pueblo con una picota donde colgar a la gente.

Entiendo que a todos nos gusta vernos con una luz favorecedora y positiva y condenar a los demás nos hace sentirnos mucho mejores por contraposición. Y podemos presumir con nuestros comentarios de los buenos que somos delante de los demás. Pero veo un gran peligro en todas estas condenas morales que no se quedan solo en críticas sino que traducen en acciones contra los demás, que la mayoría de las veces se está demostrando que fueron injustas y precipitadas.

Parece que nos hemos lanzado a una loca carrera de santidad y pureza y nadie quiere quedarse atrás y que le acusen de inferior desde el punto de vista moral. Pero esto recuerda peligrosamente a los tiempos de la Edad Media, de la caza de brujas y de la justicia popular. Hoy en día existe la presunción de inocencia y el derecho a un juicio justo. No volvamos a los tiempos de la Inquisición.

@pitiklinov

Post-script: este artículo que cita y resume aquí Jonathan Haidt explica muy bien el origen de estas cruzadas morales que vemos en Twitter y en otras partes

Here’s the full citation: Campbell, B., & Manning, J. (2014). Microaggression and moral cultures. Comparative sociology, 13, 692-726. [Link to journal online;  Here is a link to an ungated copy at Academia.edu]