sábado, 24 de noviembre de 2018

Por qué mandan los hombres. La inevitabilidad del Patriarcado.


A veces el determinismo biológico es correcto. Una teoría que predice que los hombres son más altos que las mujeres y que los mejores equipos de baloncesto en toda sociedad estarán compuestos por hombres y que la socialización se ajustará a esa realidad y aumentará la diferencia hombre-mujer en habilidad para el baloncesto, es “determinismo biológico”: es también correcta
-Steven Goldberg

Esta entrada es un resumen del libro Why Men rule. A Theory of male dominance, de Steven Goldberg. Se trata de un libro de 1992 que es una continuación y ampliación de un libro anterior, The Inevitability of Patriarchy, del año 1973. La Inevitabilidad del Patriarcado estuvo durante una década en el libro Guinness de los records como el libro finalmente publicado que había sido más rechazado por los editores. Sufrió 69 rechazos procedentes de 55 editores. En Why Men Rule, Goldberg vuelve a explicar su teoría y contesta a las críticas recibidas. En una frase, lo que Goldberg plantea es que todas las sociedades que han existido y existen han sido patriarcales, que no ha existido nunca el matriarcado, y que esto se debe a diferencias neuroendocrinológicas entre hombres y mujeres. Vamos a ver la teoría y su respuesta a algunas de las críticas.

                        I

Goldberg plantea que hay tres instituciones o fenómenos que son universales, a saber:

1- Patriarcado. Goldberg define Patriarcado como: “cualquier sistema de organización (político, económico, industrial, financiero, religioso, o social) en el que la gran mayoría de las posiciones más altas en la jerarquía están ocupadas por hombres”. El Patriarcado se refiere sólo a niveles suprafamiliares de organización, la autoridad en la familia y en las relaciones diádicas es otra de las instituciones que vamos a ver y Goldberg la llama dominancia masculina. El Patriarcado es universal y nunca ha existido un matriarcado. 

Me adelanto a comentar que mucha gente le ha señalado a Goldberg sociedades y pueblos que aparentemente podrían ser matriarcados. Goldberg ha revisado las etnografías de todos estos pueblos y en todos aparece que la autoridad recae en el varón. Lo que mucha gente considera  equivocadamente sociedades matriarcales son en realidad sociedades matrilineales y matrilocales pero en estas sociedades la autoridad suprafamiliar, e incluso familiar, sigue recayendo en el varón, muchas veces el hermano de la madre o incluso un hijo varón ya crecido, más que el padre. El libro tiene un apéndice donde aparecen esos supuestos pueblos matriarcales y las partes de las etnografías -por cierto, nunca el etnógrafo original planteó que fueran matriarcados sino que han sido terceros autores- que demuestran que son un patriarcado y que en todas las sociedades en cuestión mandan los hombres que son los que ocupan los puestos de mayor estatus. He aquí lo que dice la antropóloga y feminista británica Kathleen Gough:

“Matrilinaje no implica matriarcado o dominancia femenina ni en el hogar ni en la sociedad, como Engels tendía a creer. Matriarcado, como lo inverso al patriarcado es casi seguro que no ha existido nunca…los hombres predominan como cabezas del hogar y las mujeres experimentan mayor o menor autoridad proveniente de los hermanos de la madre, de los hermanos mayores o incluso de los hijos crecidos. Cierto grado de dominación masculina ha sido de hecho universal hasta la fecha en la sociedad humana, aunque los sistemas matrilineales son normalmente más amables para las mujeres”.

A este respecto, Goldberg dice que, efectivamente, una mujer no feminista preferiría vivir en una sociedad matrilineal pero que dicha sociedad sería una pesadilla para una mujer feminista. Esto sería así porque hay una gran separación o segregación entre hombres y mujeres y prohibiciones expresas para que las mujeres entren en ciertas áreas de hombres y porque la forma de las mujeres de conseguir estatus es por el rol maternal y los hijos. Es verdad que la dominancia masculina se ve reducida pero solo porque los hombres están ausentes del entorno familiar. Esto puede ser satisfactorio para la mujer a la que no le importe que la sociedad muestre patriarcado, dominancia masculina y logro masculino siempre que a los roles femeninos se les dé más estatus. Pero esto sería terrible para la mujer que ve el valor de las mujeres en términos de roles de alto estatus suprafamilaires y de las posiciones que normalmente consiguen los hombres.

Es importante apuntar que si existiera una sociedad que no tuviera jerarquías ni patriarcado eso no invalidaría la teoría de Goldberg. Lo que la teoría dice es que las jerarquías van a provocar en los sistemas neuro-endocrinológicos del varón una conducta (hablamos enseguida de ello) responsable de que las jerarquías sean dominadas por hombres. Utilizando un símil que él propone, las jerarquías son como un imán que hace que aparezca una conducta en el varón. Si no hay jerarquías no hay patriarcado; casi podemos descartar esa posibilidad porque por muy igualitaria que sea una sociedad siempre tendrá valores y siempre habrá unos que encarnen más esos valores y una cierta jerarquía aunque sea informal, pero aún aceptándolo esto no afectaría a la teoría de Goldberg que dice que si hay jerarquías van a ser dominadas por los hombres.

2- Dominancia Masculina. Este concepto es un poco más difícil de definir con respecto al de  patriarcado que es muy sencillo porque sólo hay que contar el porcentaje, el número de hombres, en las posiciones más altas en la jerarquía. Goldberg se refiere con dominancia masculina a un sentimiento (feeling) que tienen tanto hombres como mujeres y que se manifiesta más bien de una manera informal más que legal y formal (en canciones, en historias, en bromas, en proverbios, etc.). Todo el mundo reconoce que las mujeres tienen mucho poder en muchas áreas, como en el hogar y son las que toman las decisiones pero existiría, según Goldberg, un sentimiento de que al final es el hombre el que “permite” o al que hay que convencer. Es decir, tanto hombres como mujeres sienten que la dominancia en los encuentros hombre-mujer y en las relaciones reside en el varón y las expectativas sociales reflejan esto en los sistemas formales de autoridad.

Como en el caso del patriarcado, estos sentimientos tanto en hombres como mujeres de dominancia masculina en las relaciones diádicas son universales. Algunos han puesto como excepción a los Tchambuli de Nueva Guinea, una sociedad que estudió Margaret Mead. Goldberg rebate este ejemplo y acaba citando a la propia Margaret Mead:

“Es verdad…que todas las afirmaciones tan simplistas de sociedades gobernadas por mujeres son tonterías. No tenemos razones para creer que hayan existido…los hombres en todas partes han sido los encargados de dirigir el espectáculo (running the show) …los hombres han sido los líderes en los asuntos públicos y las autoridades finales en casa”.

3- Logro Masculino (Male attainment). Toda sociedad da un mayor estatus a los roles masculinos que a los roles femeninos no maternales. Dicho de otra manera: en toda sociedad los hombres consiguen los roles y posiciones de alto estatus (no-maternales) y ejecutan las tareas de más alto estatus, sean estas las que sean. Margaret Mead ha escrito:

“En toda sociedad humana conocida la necesidad masculina de logro puede ser reconocida. Los hombres pueden cocinar, o tejer o vestir muñecas o cazar colibríes pero si esas actividades son ocupaciones apropiadas de hombres, entonces toda la sociedad, hombres y mujeres por igual, las votan como importantes. Cuando la misma ocupación es ejecutada por mujeres, es vista como menos importante”.

Sin embargo, no es cierto que los roles de bajo estatus son raramente masculinos. Cavar zanjas es masculino y de bajo estatus. Esto es importante porque indica que no es primariamente la masculinidad de un rol la que da a ese rol un alto estatus, sino que el alto estatus atrae hombres a ese rol. Los hombres que no pueden conseguir los roles elevados pueden dedicarse a cavar zanjas pero su masculinidad no sirve para subir el estatus de cavar zanjas. Habréis visto que he recalcado por ahí “no- maternales” al hablar de los roles. Esto es así porque obviamente no hay rol masculino que sea más importante que el rol reproductor femenino. También estamos hablando aquí del punto de vista de la sociedad, no del de un sociólogo, por ejemplo. Los ejecutivos de negocios no son más importantes que las enfermeras pero la sociedad (incluidas las feministas) les da más estatus y son normalmente hombres. En la Unión Soviética había casi una relación negativa perfecta entre el sueldo medio de un sector y la proporción de trabajadoras mujeres. El sector peor pagado era el de salud pública y educación física (consideradas como una categoría) y tenia un 85% de mujeres.

Conviene aclarar que Goldberg no está diciendo en ningún momento que los hombres desarrollen mejor -o tengan mayor aptitud- para los roles masculinos. Goldberg habla de conseguir una posición, no de la capacidad para ejecutar esa posición. No dice que las mujeres no puedan desarrollar esos roles tan bien como los hombres sino que, por razones psicofisiológicas que luego vamos a comentar, no están tan motivadas para conseguir esas posiciones de alto estatus y, lógicamente, para ejercer un rol o una posición primero hay que llegar a ella.

Recapitulando, el primer punto de la teoría de Goldberg es que hay tres instituciones -el patriarcado, la dominancia masculina y el logro masculino (male attainment)- que son universales. Si hubiera una sola excepción en esta universalidad la teoría quedaría refutada y sería incorrecta. Pero tiene que quedar claro que la teoría es una teoría de las sociedades, no de los individuos, es decir, es una teoría estadística. Por lo tanto no vale para refutarla argumentar que ha habido jefas de gobierno como Margaret Tatcher o Golda Meir. Eso sería como decir que como hay mujeres que son mas altas que muchos hombres las mujeres no son de media más bajas que los hombres. 

Y vuelvo a repetir que puede haber grupos humanos formados por un pequeño grupo de familias que puedan sobrevivir sin una jerarquía formal. Que estos grupos sin patriarcado existan no invalida la teoría, lo que la teoría dice es que en cuanto aparezcan jerarquías (y cualquier sociedad de cierto tamaño no puede funcionar sin jerarquías) éstas van a motivar en los hombres en mayor medida que en las mujeres las conductas que van a dar lugar al patriarcado y los hombres van a copar los puestos jerárquicos más elevados. 

                  II

Vamos a ver ahora cuál sería la explicación de la universalidad de los fenómenos que hemos descrito en el apartado anterior. Goldberg sostiene que estas instituciones son manifestaciones de diferencias neuroendocrinológicas entre hombres y mujeres. Las diferencias neuroendocrinológicas son tales que la presencia de jerarquía (cualquier jerarquía), roles de alto estatus o miembros del otro sexo da lugar en el varón con más frecuencia que en la mujer a:

  • emociones de competitividad, la tendencia -el impulso- por el logro y la dominancia (da igual si esta tendencia o impulso lo llamamos necesidad, instinto o como queramos)
  • una supresión relativa de otras emociones y necesidades y un sacrificio de las recompensas (salud, familia, relajación, etc) que compiten con la necesidad de logro y de dominancia
  • las acciones requeridas para el logro de posición, estatus y dominancia. Es la tendencia hacia el logro y la dominancia -la tendencia a elegir y aprender las acciones que conducen el logro y la dominancia, sean éstas cuales sean en una determinada sociedad- lo que está enraizado en la fisiología.

Vuelvo a recordar que una sociedad donde las mujeres compartieran igualitariamente con los hombres las posiciones jerárquicas refutaría la teoría de Goldberg, pero no que ocasionalmente una mujer sea primera ministra.

Esta teoría no niega el rol de la socialización, pero mantiene que la socialización es una variable dependiente que recibe sus límites y su dirección de una variable independendiente, que es la diferencia fisiológica entre hombres y mujeres. Las expectativas sociales  y la socialización se ajustan a las diferencias entre hombres y mujeres que la población observa. No es arbitrario que la socialización siga a la fisiología y no la contradiga y se eduque a los hombres para ser más competitivos. La pregunta que tendrían que responder los que proponen la socialización como causa de las diferencias es: ¿por qué es siempre el varón el que es visto como dominante y el que es socializado en la  manera en que puede conseguir la dominancia en todas las sociedades sin excepción? 

Al atribuir a la socialización un factor causal estamos confundiendo causa con consecuencia. Es como proponer que las mujeres no son las mejores boxeadoras porque desde pequeñas se les inculca que boxear no es propio de chicas.  Al socializar, no sólo transmitimos valores sino que los padres preparan a los hijos para el mundo en el que van a vivir, es decir, les están transmitiendo una experiencia y una observación del mundo a sus hijos y hay buenas razones para que la socialización se ajuste al mundo de ahí fuera y no lo malinterprete. Si decimos a los niños que tienen que tener más miedo a los conejos que a los lobos no van a llegar a viejos. Pasa lo mismo que con los estereotipos, los estereotipos no crean la realidad sino que la reflejan y tampoco son arbitrarios, no existe el estereotipo de que los judíos son buenos boxeadores…En definitiva, la socialización parece reforzar algo que ya existe.

Disponemos de un experimento natural cuyos resultados nos ayuda a entender el papel de la socialización, un experimento que los partidarios de la importancia del ambiente y la socialización no suelen mencionar porque los resultados no apoyan su posición. Lo trata Goldberg de pasada y es la experiencia socialista de los kibutz de Israel. Lo he tratado en cuatro entradas en el blog pero resumiendo: a pesar de una socialización igualitaria los puestos jerárquicos los kibutz de Israel siguieron siendo ocupados por hombres y la división del trabajo por ocupaciones y carreras siguió las mismas líneas que en las sociedades tradicionales. Por supuesto, todas las sociedades socialistas ha sido patriarcales y los hombres han ocupado los puestos jerárquicos más importantes.

Así que el argumento central del libro es que las diferencias en los sistemas neuroendocrinológicos de hombres y mujeres es tal que la presencia de los estímulos ambientales de jerarquía, estatus y miembros del otro sexo van a hacer surgir en el varón una mayor tendencia a dejar de lado todo lo que haga falta (tiempo, placer, salud, seguridad física, afecto, relajación…) para conseguir la posición jerárquica más alta, el estatus  y la dominancia en las relaciones. 

Uno puede conceptualizar la mayor tendencia a la dominancia como a) un menor umbral de los hombres para la conducta dominante, b) una mayor necesidad de los hombres de dominancia, c) un mayor impulso hacia la dominancia, d) una mayor disposición o propensión del hombre para aprender la conducta dominante, e) una mayor necesidad de estatus, f) un ego más débil en los hombres que necesita afirmarse con la dominancia frente a un ego más fuerte de las mujeres, etc., etc. Sea cual sea la conceptualización o paradigma que prefiramos el punto esencial es que hay una diferencia en esa tendencia entre hombres y mujeres y que esta diferencia está enraizada en las diferencias neuroendocrinológicas. Es importante señalar que existe una gran variabilidad en las cualidades y conductas que las sociedades esperan y recompensan en sus líderes. En tiempos ancestrales podía recompensarse el ser buen cazador y ahora el ser un buen broker financiero. Las conductas específicas cambian y pueden ser dictadas culturalmente pero la tendencia fisiológica a hacer lo que sea necesario para conseguir estatus no. No es posible predecir cuál será la conducta necesaria para conseguir estatus en una sociedad porque depende de factores sociales, pero sea la que sea se manifestará con mayor frecuencia en varones.

Y ya sólo nos faltaría para completar la explicación fisiológica de la tendencia a la dominancia de los hombres decir algo sobre el mecanismo causal concreto. El mecanismo no es otro que la masculinización debida a las hormonas sexuales de las estructuras cerebrales durante su maduración, los efectos organizativos de la testosterona sobre los circuitos cerebrales. Estos efectos organizadores dejan al cerebro hipersensible a la acción posterior de las hormonas sexuales las cuales darían lugar a las conductas y emociones de dominancia en respuesta a los estímulos ambientales.

Ahora voy a añadir de mi cosecha un punto de vista evolucionista a lo que plantea Goldberg. Goldberg toca de pasada en su argumentación el punto de si las mujeres están “cableadas”, es decir si tienen una tendencia, para preferir a los hombres que muestran dominancia y estatus. Dice que hay datos que sugieren que puede ser así pero que no necesita asumir eso para que su teoría sea cierta. Y tiene toda la razón, con el “cableado” o tendencia de los hombres tiene suficiente. En lo que Goldberg se está centrando es en lo que en términos evolucionistas se llaman causas próximas. Goldberg no necesita entrar para defender su teoría en las llamadas causas últimas. Goldberg no necesita -ni quiere- entrar a responder la pregunta de por qué hombres y mujeres han evolucionado de la manera en la que lo han hecho o qué función puede haber cumplido la tendencia masculina a la dominancia.

Sin embargo, creo que podemos decir algunas cosas razonablemente sensatas sobre estas causas últimas que complementan la teoría de Goldberg. Todo parece indicar que, efectivamente, las mujeres prefieren hombres con poder y estatus como pareja y que esta preferencia femenina puede ser la causa última de la motivación masculina. Los hombres que consiguieron más estatus consiguieron las mejores parejas así como más recursos (comida, territorio, etc) y en definitiva una mayor descendencia, que es de lo que trata la evolución. Esto habría dado lugar a la competición entre los hombres por los puestos de mayor estatus en la jerarquía. No parece arriesgado decir que la causa última de la tendencia a la dominancia masculina es la selección sexual, la competición intrasexual. Los hombres luchan por el estatus porque las mujeres prefieren hombres con estatus. Ésa sería la causa última y la organización por la testosterona del sistema nervioso central sería la causa próxima. A modo de experimento mental podríamos imaginar qué pasaría si las mujeres, todas las mujeres, incluidas las más atractivas, las Scarlet Johansson, Charlize Theron o Angelinas Jolies, decidieran casarse con hombres en paro o con hombres que ganaran menos de 700€…¿Qué harían los hombres? ¿seguirían compitiendo por ser los CEOs de las principales empresas? No sé…tampoco sé si una sociedad así sería factible…


                 III

Expuesta la teoría de Steven Goldberg, para acabar vamos a hablar del presente y del futuro. Concedamos que en tiempos pasados el patriarcado no ha existido, ¿quiere esto decir que es inevitable? ¿están condenados al fracaso nuestros esfuerzos por conseguir una igualdad en los puestos más altos de la jerarquía? ¿no estamos viendo que cada vez hay más juezas, políticas y médicas? ¿qué predicciones podemos hacer con la teoría de Goldberg de cara al futuro?

Una predicción muy clara es que si construimos una sociedad donde los hombres y las mujeres estén segregados, donde no haya valores y donde no existan jerarquías entonces no existiría patriarcado a pesar de la predisposición fisiológica de los hombres (y también de las mujeres) ya que no existirían los estímulos ambientales. Vale, pero esto parece una utopía o una distopía que no parece ni fácil ni deseable de conseguir.

Volvamos al mundo en el que hombres y mujeres viven juntos y hay jerarquías. Pues si yo interpreto bien la teoría de Goldberg, lo que él dice es que mientras estemos constituidos fisiológicamente como lo estamos, las motivaciones y tendencias de hombres y mujeres van a ser diferentes y esto va a poner unos límites y dar una dirección a las instituciones sociales. Esto no quiere decir que el resultado final va a ser siempre el mismo, pero para obtener un resultado distinto habría que activar mecanismos de compensación o barreras a las tendencias naturales de hombres y mujeres ¿Qué valoración podemos hacer de lo que estamos viviendo en la actualidad? Creo que depende de la tendencia de cada uno a ver la botella medio llena o medio vacía. Parece que hay muchas evidencias que apuntan a que Goldberg tiene razón. En la misma Suecia, por citar un país muy comprometido con la igualdad entre sexos la mayoría de enfermeras siguen siendo mujeres y la mayoría de ingenieros hombres. Es verdad que a nivel político la presencia de políticas diputadas y ministras es muy importante (en 2016 el 43,6% de los parlamentarios eran mujeres y el 54% de los ministros) pero en el sector privado el porcentaje de mujeres en posiciones de dirección ejecutiva es del 13%

¿Se podría dar la paradoja de que los puestos políticos pierdan el estatus que lleva asociado? Quiero decir, en la URSS había un alto porcentaje de mujeres médicas pero la medicina no tenia ni de lejos el estatus que tenía en USA, por ejemplo, en la misma época. Igual estoy rizando el rizo pero no sabemos cómo pueden afectar medidas como las listas “cremallera” en la política o la obligación por ley de que los consejos directivos de las empresas tenga un determinado porcentaje de mujeres al estatus que la población atribuye a esas ocupaciones. Es decir, ser diputado por listas cremallera podría ser una ocupación de bajo estatus. Y tampoco sabemos si en algún momento esas medidas podrían ser retiradas sin que los puestos jerárquicos más altos vuelvan a ser ocupados por hombres. 

En fin, hay otras muchas cosas interesantes en el libro de Goldberg, el cual sigue una lógica y unas argumentaciones muy rigurosas en todo momento pero no podemos tratarlas todas. El caso es que se nos quedan muchas preguntas en el aire, preguntas a las que tal vez en dos o tres generaciones vamos a tener las respuestas. Una pena que no estaremos aquí para conocer la solución al rompecabezas.

@pitiklinov

Referencias:


Para los que no podáis conseguir el libro tenéis un resumen del autor así como una respuesta a las criticas en su página web



















jueves, 11 de octubre de 2018

Suicidios cero y homicidios de pareja cero es imposible


“Qué tiempos serán los que vivimos, que hay que defender lo obvio”. 
-Bertolt Brecht

Mientras el hombre individual es un rompecabezas irresoluble, colectivamente se convierte en una certeza matemática. No puedes, por ejemplo, adivinar lo que un hombre hará, pero puedes decir con precisión lo que un número medio puede hacer. Los individuos varían pero los porcentajes permanecen constantes.
-Sir Arthur Conan Doyle, El Signo de los Cuatro

En esta entrada voy a decir -y a argumentar con datos- que dados nuestros conocimientos actuales es imposible plantearnos que podemos reducir los suicidios o los homicidios de pareja a una tasa cero. Sí podemos aspirar a reducirlos, pero no a erradicarlos por completo. He utilizado la expresión suicidio cero porque efectivamente existe un proyecto Suicidio Cero que se ha extendido por diversos países (ver también aquí) aunque no lo voy a tratar directamente (para una crítica ver esta entrada de James Coyne o este reciente artículo de Sisti y Joffe). Cuando los partidarios del programa Suicidio Cero se dirigen a instituciones o empresas en busca de apoyo y financiación ¿quién puede decirles que no? ¿quién puede oponerse a la idea de un proyecto que promete hacer desaparecer el suicidio? Pero imaginemos que alguien en estos momentos diseñara y nos quisiera vender un programa llamado Cáncer Cero para eliminar por completo todos los cánceres…¿qué pensaríamos? Creo que es claro que no existe todavía la ciencia para acabar con todos los tipos de cáncer y que el que vendiera ese programa nos estaría engañando.

Evidentemente, yo también quiero que los suicidios y los homicidios de pareja desaparezcan por completo. Tanto los suicidios como los homicidios son devastadores para los individuos, para las familias, para los profesionales implicados y para la sociedad en su conjunto. Pero, como he planteado en diversas entradas en este blog, creo que hay que separar la moral y la ciencia y lo que voy a explicar aquí es que no tenemos la ciencia como para conseguir eliminar por completo los suicidios y los homicidios. Empezaré por los suicidios.

I

Voy a tomar este editorial de Mulder y cols. titulado “The futility of risk prediction in psychiatry”, del British Journal of Psychiatry como guía de mi argumentación para explicar algunas cosas que van a resultar probablemente contraintuitivas a muchos lectores. La prevención del suicidio es una prioridad en salud mental y esto ha llevado a la realización de un gran número de estudios acerca de los factores de riesgo para el suicidio. Se han identificado factores de riesgo y los clínicos han categorizado a los pacientes en grupos de “alto riesgo” y de “bajo riesgo” lo cual tiene implicaciones terapéuticas en el sentido de influir en las medidas que se tomen, como por ejemplo ingresar al paciente, voluntaria o involuntariamente. El problema que tiene este enfoque es que el suicidio consumado es un suceso raro, su incidencia es muy baja.

Bien, seguro que vais a pensar que cómo se puede decir que el suicidio es un suceso raro cuando en España hay unos 3.600 suicidios al año, unos 10 suicidios cada día, y en el mundo unos 800.000 al año, una cifra que es mayor que las muertes por homicidios y guerras juntas. Visto así no lo parece…pero es que en el mundo hay 7.000 millones de personas. Según la OMS (2014) la tasa de suicidio anual es de 11,4 por 100.000 y en España parece estar alrededor del 8 por 100.000. Aproximadamente un 1,4% de todas las muertes en el mundo se deberían a suicidio aunque probablemente esto es una subestimación porque debido al estigma que tiene el suicidio es muy probable que muchas muertes que se registran como accidentales o por enfermedad se deban en realidad a suicidio. 

Pero hay un sentido muy importante en el que el suicidio es raro: el suicidio consumado es muy poco frecuente en relación a la suicidalidad, es decir a las ideas e intentos de suicidio. La mayoría de la gente que tiene ideas de suicidio no va a realizar un intento de suicidio y la mayoría de la gente que ha realizado un intento de suicido no va a morir por suicidio. Si hubiera una correlación exacta entre ideas de suicidio e intentos de suicidio, si sólo la gente que va a intentar un suicidio pensara en ello, sería más fácil prevenirlo, tendríamos más clara la forma de intervenir, pero esto no es así. Alan Eppel lo expresa así: “La realidad, sin embargo, es que la predicción del suicidio consumado es una imposibilidad matemática. Esto se debe a que el suicidio consumado es un suceso relativamente raro en comparación con las ideas de suicidio y los intentos de suicidio”.

Las cifras acerca de ideas de suicidio en la población general varían mucho. Por el rango bajo hay estudios que hablan de que el 10-18% de la población general ha tenido ideación de suicidio en algún momento y por el rango alto hay estudios como uno de tenderos en Seattle que encuentra que el 53-67% ha considerado seriamente el suicido en algún momento de su vida. Probablemente, la mayoría de la población ha tenido ideas de suicidio en algún momento. Pero incluso la mayoría de la gente que ha realizado intentos de suicidio no fallecerá por suicidio. Según estudios citados aquí, la letalidad tras un intento de suicidio -en seguimientos que van de 5 a 23 años- es sólo de alrededor de un 5%, es decir, nueve de cada diez personas que han realizado algún intento de suicidio morirán por razones que no tienen nada que ver con el suicidio. Esto en cuanto a la sorprendente baja correlación entre ideación suicida e intentos de suicidio con el suicidio consumado.

Pero volvamos al tema de los factores de riesgo. Factores que se señalan en muchos estudios son tan generales como estos cuatro: intentos previos de auto-lesión, intentos de suicidio, problema físicos de salud y sexo masculino. Como veis, estos factores son comunes en la población y su poder predictivo es bajo. No hay ningún factor o combinación de factores que se asocie fuertemente al suicidio.  Mulder y cols dicen: “quizás es finalmente el momento de reconocer que sucesos raros como el suicidio -por muy trágico que sea para todas las personas implicadas y por mucho que deseemos prevenirlo- son imposibles de predecir con un grado de fiabilidad que sea clínicamente significativo”. Os va a sonar extraño pero la mayoría de suicidios ocurren en los grupos catalogados de “bajo riesgo” principalmente porque estos grupos contienen más personas que los de alto riesgo y la sensibilidad de los instrumentos que se usan para medir el riesgo es muy baja para superar este problema de tamaño. Según un estudio de Appleby y cols, el 85% de los suicidios ocurren en grupos de bajo riesgo. Según el estudio de Large y cols. que citan aquí, el 95% de los sujetos catalogados de alto riesgo no se suicidarán y el 50% de los suicidios procedían de grupos de bajo riesgo. Fijaos la tasa de falsos positivos, sujetos que se consideran de alto riesgo que no cometerán suicidio.

Algunos expertos han ido más lejos y plantean que la valoración de riesgo es a menudo un intento de las organizaciones o instituciones de calmar su propia ansiedad más que de mejorar la atención al paciente. A veces se puede ingresar a los pacientes no por necesidades del tratamiento sino porque no ingresarles produce una ansiedad intolerable en el personal implicado en su valoración. El mito de que ciertos factores de riesgo predicen el suicidio conduce a la creencia de que el suicidio se debe a una inadecuada valoración del riesgo y esto llevaría a una actuación defensiva de los profesionales que podrían ingresar, incluso involuntariamente, a los pacientes como medida contra posibles demandas legales.

Mulder y cols. dicen claramente que tenemos que reconocer la imposibilidad de predecir el riesgo individual y que debemos educar al público acerca de este desafortunado pero cierto hecho, como humildemente intento hacer en este momento. Esto no quiere decir que no podamos hacer nada para prevenir el suicidio, y luego comentaré algunas cosas, pero la conclusión con respecto a la predicción en base a factores de riesgo es que aunque es posible validar e identificar factores de riesgo para el suicidio consumado, las matemáticas de la predicción del riesgo (su baja tasa base de frecuencia), sea con valoración clínica o con escalas, dicen que la categorización del riesgo no puede ayudarnos a reducir el suicidio. Es difícil de digerir y no nos gusta que sea así pero es lo que dicen los datos. Pasamos ahora al homicidio de pareja

       II


Quiero aclarar que yo utilizo la expresión violencia de pareja para referirme a lo que los medios suelen llamar violencia machista o violencia de género. En la literatura científica se usa la expresión violencia de pareja íntima (intimate partner violence) y homicidio de pareja íntima (intimate partner homicide) que abreviaré a violencia de pareja y homicidio de pareja. De todos modos, la literatura de valoración de riesgo de homicidio de pareja que he revisado estudia prácticamente en exclusiva el asesinato de la mujer por un hombre que es o ha sido su pareja, en parejas heterosexuales, así que me estaré refiriendo a este tipo en concreto.

Empecemos por conocer algunos datos. España registró en el año 2014 una tasa de homicidios de pareja de 0,24 por 100.000 encontrándose en la parte baja de la tabla a nivel europeo  ya que Alemania registró 0,41, Finlandia 0,54, Lituania 0,94 y Suiza 0,32. Recordad que la tasa de suicidio era de 8 por 100.000 y hemos estado diciendo que eso es una tasa base muy baja. La tasa del homicidio de pareja es todavía mucho más baja, más de un orden de magnitud menor: 3.600 suicidios al año frente a 50 homicidios de pareja, redondeando. Los problemas de predicción que hemos mencionado para el suicidio son, por tanto, aplicables también a los homicidios de pareja porque ocurre que el homicidio de pareja es muy poco frecuente en relación a la violencia de pareja (según la OMS, el porcentaje de mujeres que ha sufrido violencia física o sexual, o ambas, oscila entre el 15% y el 71%). 

Una primera cuestión que hay que aclarar es que una cosa es predecir el riesgo de repetición de la violencia de pareja, lo cual es más fácil de predecir porque este riesgo es del 25-30%, y otra más difícil es predecir el riesgo de homicidio de pareja, porque el riesgo de homicidio de pareja a partir de una situación de violencia de pareja es aproximadamente del 0,04% , aunque estas cifras pueden variar según las muestras.

Para predecir los homicidios de pareja tenemos un primer problema. La posición teórica más extendida en nuestro entorno, la perspectiva de género, considera que el homicidio de pareja es la extensión natural de la violencia de pareja, el último paso de una irreversible escalada de violencia. Esto no es así en muchos casos. Existen homicidios de pareja que ocurren de forma brusca e imprevista (out of the blue) sin que existan antecedentes de malos tratos. La frecuencia de este tipo de homicidios sin antecedentes varía según las muestras. Sara Thorton encuentra que en el 55% de los casos no hubo ningún contacto previo con la policía y en 21% sólo un contacto. Sebire y cols. encuentra que  un 47% no tenía registro policial previo. Bridger y cols. encuentran antecedentes de violencia en el 36,4% de los casos. Otros estudios encuentran cifras más bajas de falta de antecedentes de violencia, de en torno al 30% (ver Lopez-Ossorio y cols, 2018). Sean cuales sean las cifras exactas, una buena parte de los homicidios de pareja no tienen antecedentes previos lo que nos plantea una limitación importante y hace que su prevención sea difícil o imposible.

Un segundo problema, que teníamos también en el caso del suicidio, es el problema de la sensibilidad y especificidad de las escalas y sus tasas de falsos negativos y falsos positivos: en los casos en los que sí hay antecedentes de violencia de pareja nos encontramos con que en la mayoría de los casos la violencia no va a acabar en homicidio, ni siquiera en los casos más graves. Por ejemplo, en este estudio siguieron a 589 maltratadores  de los que muchos presentaban abuso de sustancias, no estaban casados legalmente, habían cometido ataques previos causando lesiones físicas y habían sido acusados de delito por ello o habían intentado el suicidio (todos ellos indicadores de riesgo). En un plazo de 15 meses el 29,7% había reincidido en la violencia pero no hubo ninguna fatalidad. En un estudio que citan aquí, se siguió a 1289 hombres identificados en los registros policiales durante 5 años y sólo uno mató a su pareja (0,08%). Estudios citados en Hilton y Harris 2005 con tasas de reincidencias del 25-40% no han encontrado casos letales. Chuckley y Strang en este estudio en Dorset (UK) encuentran un 67% de casos letales (45 de 67) que no habían sido clasificados de alto riesgo por el instrumento de valoración que usa la policía británica (el DASH) mientras que tuvieron una tasa de falsos positivos del 99%: 12.279 de los 12. 301 que habían catalogado de alto riesgo no resultaron en daño grave.

Los investigadores deberían identificar una población de riesgo y seguir a muchos miles de casos para identificar predictores de homicidio de pareja y desarrollar una herramienta de predicción del riesgo de homicidio de pareja. Esto no se ha hecho todavía, hasta donde yo sé, por la enorme dificultad, pero la valoración de riesgo en homicidio de pareja es relativamente joven (en comparación con la de otros tipos de violencia) y es de esperar que veamos avances en los próximos años. Los estudios que existen son retrospectivos recogiendo información de diversas fuentes: amigos y familiares, sentencias, informes judiciales y clínicos, bases de datos, etc. 

Quizás el estudio más completo, pero también muy difícil de interpretar, con un diseño prospectivo que he encontrado es el de Roehl de 2015 (versión final). Los investigadores entrevistan a víctimas de violencia doméstica dos veces, una valoración inicial y otra al de 6 meses-1 año. También rastrean la información de detenciones de los agresores de las mujeres implicadas para saber si han sido detenidos en este tiempo. En este estudio se valoran 4 herramientas, dos diseñadas específicamente para la detección de casos de violencia letal: el Danger Assessment (DA), (esta escala tiene una versión para utilizar en parejas lesbianas) y el DV-MOSAIC; y dos métodos de valoración del riesgo de reincidencia o nueva ofensa o agresión: el DVSI y el K-SID. Además de ello, se valora la fiabilidad de la valoración que hace la propia mujer del riesgo de que  pueda ser seriamente agredida en el próximo año (dos preguntas: “¿cómo de probable ve usted que sea agredida? y ¿cómo de probable ve que sea usted gravemente agredida?). La muestra es de 1307 mujeres que habían sufrido un abuso grave (82% habían sufrido abuso severo y 45% habían sido agredidas con arma blanca o de fuego, intentos de asfixia, etc., en los 6 meses previos). En la segunda valoración sólo consiguen entrevistar al 60% de las mujeres, pierden al 40% para el seguimiento, pero tienen los datos judiciales y policiales de todos los agresores. En ese tiempo no refieren ningún homicidio pero sí un 11% de agresiones muy graves (con arma blanca o de fuego, pérdida de conciencia por la fuerza del ahogamiento…) que podrían haber sido letales. La tasa de repetición de violencia física en las 782 mujeres del seguimiento es de un tercio, 30,9%, similar a la de otros estudios (tal vez es oportuno señalar que el “periodo crítico” de reincidencia -y también de homicidio- es durante los tres primeros meses tras la denuncia). 

Los investigadores analizan cantidad de parámetros para  ver la capacidad de predicción de los instrumentos y no podemos entrar en ellos. Pero señalaré un par de cosas. Una de ellas es que hay de un 16-33% de falsos negativos dependiendo del instrumento y un 30% de falsos positivos con el DA y el DV-MOSAIC y 25% con el K-SID. La otra es que las víctimas son muy buenas predictoras de su propio riesgo, la predicción que hace la propia mujer es muy buena estando en la mayoría de los parámetros a un nivel similar a los resultados conseguidos con las escalas. También hay que señalar que las mujeres con más riesgo toman más medidas de protección como irse a vivir a un lugar donde no puedan ser localizadas, o a albergues, cambian cerraduras, obtienen armas para protegerse, etc. También son protegidas por el sistema judicial y el 20% de los agresores en los casos de más riesgo son encarcelados. Que todas estas medidas fueran eficaces es esperanzador porque indica que funcionan pero distorsionan los resultados del estudio porque hay una serie de mujeres que no estuvieron expuestas al riesgo y los autores intentan controlar para ello. Es probable que eso origine una subestimación de la capacidad predictiva de los cuestionarios.

En fin, con lo que hemos tratado creo que es suficiente para ver la complejidad del asunto por lo que se refiere a la predicción del riesgo de homicidio. Hilton y Harris (2005) concluyen: “la investigación ha aumentado la comprensión de los predictores de uxoricidio, pero no podemos concluir que existe una valoración de riesgo validada para el asalto letal a la esposa”

Esto no quiere decir, sin embargo,  que los métodos de valoración del riesgo de reincidencia de la violencia no sean útiles, como acabamos de ver, y resumo muy por encima cómo se realiza esa valoración. Básicamente hay tres métodos (bien explicados en Canales 2013 y Pueyo y Echeburúa 2010): 

  1. el juicio profesional no estructurado, que consiste en el juicio de un profesional según su experiencia, formación e intuición y que no es mejor que el azar
  2. Valoración actuarial, emplea instrumentos o escalas que hacen una ponderación de factores de riesgo y obtienen una puntuación. Son más fiables que el juicio clínico no estructurado  
  3. Juicio profesional estructurado, es una valoración que se realiza con la ayuda de guías de valoración de riesgo basadas en la investigación clínica y en los estudios epidemiológicos.

Pueyo y Echeburúa consideran que el juicio clínico estructurado es la mejor técnica para predecir y gestionar el riesgo de violencia (aunque otros dicen que la más eficaz es la valoración actuarial, Hilton y Harris, 2005). Son herramientas al servicio de los profesionales que no sustituyen a éstos. En los entornos en los que es necesario hacer valoraciones más rápidas para toma de decisiones urgentes se utilizan las escalas de predicción, que son de utilidad para jueces, entorno forense y penitenciario, oficinas de atención a víctimas, hogares de acogida, etc. 

No voy a entrar en el análisis de estas herramientas, remito a los interesados a estas referencias: Muñoz-Vicente y López-Ossorio 2016 y Singh 2013). Lo interesante es que estos métodos sirven para proponer procedimientos de gestión del riesgo individualizado y apropiado al momento de la evaluación, para desarrollar la protección de la víctima por medio de la elaboración de planes específicos y para diseñar programas de tratamiento concretos en función de las características de los agresores. También aumentan la propia concienciación de la víctima acerca del riesgo de violencia, ayudan a las decisiones judiciales y a centrar los recursos y las intervenciones en los casos más graves. Aunque la gran mayoría de maltratadores no van a cometer homicidio, ni los que están en la categoría de mayor riesgo, sí es verdad que estos agresores de mayor riesgo son los que van a cometer más ataques en el futuro y los que causaran las lesiones más serias. Por ello, representan unas dianas legítimas para los mayores esfuerzos de prevención de la violencia doméstica. En conjunto, son unas herramientas útiles en manos de profesionales entrenados (una valoración de todas ellas la tenéis en Roehl y cols 2005 y en Kropp 2008). 

                                                           III

La conclusión conjunta que podemos sacar tanto para el caso del suicidio como del homicidio de pareja es que transmitir a la población que tenemos conocimientos científicos adecuados y herramientas de diagnóstico precisas y que si las aplicamos vamos a evitar los suicidios y los homicidios -y que por tanto cuando ocurren algo se ha hecho mal- es una falacia. Como concluyen López-Ossorio y cols: “Debemos tener presente que la anticipación de eventos poco frecuentes (como el homicidio de pareja) es complicada y está sujeta a un elevado nivel de error, quizás un fenómeno similar a los descritos por Taleb (2007) bajo la denominación de cisne negro para referirse a “sucesos improbables con consecuencias importantes, cuyas explicaciones a posteriori no tienen en cuenta el azar y solo buscan encajar lo imprevisible en un modelo perfecto”.

Quiero aclarar que, al explicar todo lo anterior, no estoy diciendo que los psiquiatras, psicólogos, policías y jueces no cometan errores y negligencias y que esto ocurra en algunos casos, lo que estoy diciendo es que la explicación sistemática de los suicidios y homicidios no son los errores o negligencias de los profesionales implicados sino una ausencia de la ciencia necesaria para predecirlos. Tampoco estoy diciendo que no se pueda hacer nada para intentar disminuir la prevalencia de estos fenómenos. Lo que estoy diciendo es que atribuirnos unos conocimientos que no tenemos y unas capacidades  que no tenemos, es un engaño y es perjudicial porque no soluciona los problemas que queremos solucionar y crea otros nuevos. Tenemos margen para optimizar la aplicación de la ciencia que ya tenemos sobre estos fenómenos pero no podemos sacarnos de la chistera la ciencia que no tenemos.

Con respecto al suicidio, hay evidencias de que lo que se llama restricción de medios funciona para prevenir el suicidio. Medidas como poner barreras en los puentes, disminuir el número de pastillas por envase así como el control de su dispensación, para impedir su acumulación;  reducir la toxicidad de los pesticidas en países donde se utilizan mucho con intenciones autolíticas como en países asiáticos, reducir el uso y disponibilidad de armas, etc. También tenemos que seguir mejorando el tratamiento de los pacientes con trastornos mentales graves. Hay estudios en los que se encuentra, por ejemplo, que sólo 2 de 28 pacientes con esquizofrenia que se suicidaron tenían niveles de medicación en sangre. Podemos poner en marcha más y mejores servicios incluyendo servicios de intervención en crisis que puedan mejorar la rapidez de atención así como directrices para los medios de difusión, reducción del estigma, concienciación del público, etc. Y es importante también dedicar recursos a la investigación para mejorar todo lo posible nuestros conocimientos acerca del suicidio. 

Con respecto al homicidio de pareja, tenemos una ley de Violencia de Género, un Pacto de Estado contra la violencia de género, 30.465 mujeres con protección policial en este año de 2018 (datos del portal de la Delegación de Gobierno para la violencia de género), 41081 órdenes de protección, 1079 hombres llevan dispositivos electrónicos de seguimiento, a fecha 30 de Septiembre hay 518.503 casos en seguimiento en el sistema VioGén, y en 2017 había 6.300 hombres en la cárcel por violencia de género. Se ha anunciado recientemente que en España en el protocolo VioGén se va a valorar también el riesgo de asesinato, cosa que antes no se hacía. Creo que no se puede decir que no se hacen y se han hecho cosas pero, a pesar de todo ello, este año llevamos 40 muertes (esto ocurre también en otros países, están disminuyendo las cifras de homicidios globales pero disminuyen menos o se han estancado las de homicidios de pareja). 

Voy a poner un ejemplo de prevención de homicidio de pareja que resulta posible con la ciencia que ya tenemos. Existe un tipo de homicidio de pareja con unas características diferenciales que es el de hombres seniles, cuidadores únicos de mujeres con altas discapacidades (Cobo, 2007). Suelen ser parejas de más de 60 años  en los que no existe ningún antecedentes de agresiones valoradas ni de denuncias previas pero tampoco de que el entorno haya considerado esta posibilidad. En la muestra de Cobo son 36 casos de 266 muertes homicidas. La mujer suele tener una enfermedad de Alzheimer o una enfermedad crónica grave y se pueden añadir problemas económicos y de soledad. El hombre acaba llegando a una situación de desesperanza (“no es posible seguir viviendo de esa forma”) y puede acabar la situación en una depresión y en un homicidio-suicidio.

Estos casos no son conocidos por la policía o los juzgados pero sí lo son por los médicos y los asistentes sociales. Casi con toda seguridad los equipos de valoración de dependencia y los servicios sociales han hecho una valoración y acuden con regularidad al médico. Si somos conscientes del riesgo que existe en este caso de hombres mayores cuidadores únicos de una mujer gravemente enferma, podemos montar un dispositivo de apoyo y de seguimiento a este tipo de parejas. Se pueden tramitar todas las ayudas económicas y sociales disponibles incluyendo servicios como centros de día u otro tipo de medidas. También se puede seguir médica y psicológicamente al hombre para ver si aparece agotamiento, desesperanza  y pérdida de expectativas y ofrecerle ayuda psicológica y psiquiátrica. Todo ello contando con el apoyo de la familia, si es que existe. Este dispositivo  coordinado entre los médicos de atención primaria, servicios de salud mental, trabajadores sociales y la familia podría aliviar la carga económica y personal y de soledad del hombre afectado y favorecer que pueda seguir ejerciendo su labor de cuidador sin llegar al agotamiento. 

En los últimos tiempos están apareciendo enfoques basados en Big Data y en inteligencia artificial y redes neuronales para predecir el suicidio. Estas intervenciones todavía no son operativas pero no sabemos si podrán ser clínicamente eficaces en el futuro. Podemos imaginar escenarios de ciencia ficción en los que un chip implantado en nuestro cerebro podría detectar en tiempo real nuestra intención de suicidarnos o de matar a nuestra pareja y efectivamente dar aviso a la policía, pero la pregunta es si desearíamos vivir en un mundo como ése. La realidad es que la vida es muy dura y cruel para muchas personas, enfermedades físicas y psíquicas, graves problemas económicos, dolor, sufrimiento…Mientras la vida de muchas personas sea un infierno, algunas van a buscar una forma de escapar de él. Y mientras el ser humano sea capaz de ver infiernos donde no los hay y no sepamos cómo evitar que los vea, seguirá existiendo ese riesgo. Mientras nuestra mente siga siendo algo privado y podamos mantener secretos nuestros pensamientos, impulsos, obsesiones, miedos, deseos y odios; mientras podamos mentir -o no decir lo que pensamos-, nos enfrentaremos a lo irracional, lo imprevisible y lo desconocido.

Voy a concluir extrayendo un par de párrafos de una revisión sistemática y metaanálisis realizada por Fazel y cols en 2012 sobre el uso de instrumentos de valoración de riesgo en la predicción de violencia y conducta antisocial en general (no en el caso del suicidio o el homicidio de pareja en particular) que sintetizan el mensaje que quería transmitir con esta entrada:

“Los instrumentos de valoración de riesgo en su forma actual pueden ser usados solamente para clasificar a los individuos en líneas generales  a nivel de grupo, y no para determinar de forma segura el pronóstico criminal en un caso individual”

“Una implicación de estos hallazgos es que, después de 30 años de desarrollo, el punto de vista de que la violencia o el riesgo criminal o sexual puede ser predicho en la mayoría de los casos no está basado en la evidencia. Este mensaje es importante para el público general, los medios de comunicación y algunas administraciones que pueden tener expectativas no realistas sobre la predicción de riesgo para los clínicos”


@pitiklinov



Referencias:

Andrés-Pueyo y Enrique Echeburúa (2010) Valoración del riesgo de violencia: instrumentos disponibles e indicaciones de aplicación Psicothema 22 nº3: 403-409




Cobo Plana, Juan Antonio (2007) La prevención de la muerte homicida doméstica: un nuevo enfoque. Zaragoza. Trabajo encargado por el Justicia de Aragón. disponible en: