domingo, 4 de junio de 2017

El Cerebro Altruista


Colaboración de Juan Medrano

Reconocido experto en los efectos de las hormonas sobre la conducta y director del Laboratorio de Neurobiología y Conducta de la Universidad Rockefeller, Donald W Pfaff (1939) defiende en “The altruistic brain: How we are naturally good” la tesis que el ser humano es buena gente por naturaleza, hasta el punto de que la respuesta conductual por defecto es la respuesta moral, de ayuda, solidaridad y apoyo. Pfaff plantea que esta respuesta moral no se calcula, no es racional, sino más cercana a lo emocional y a lo automático, porque nuestro cerebro viene de serie altruista, preparado o cableado para el comportamiento moral, al estilo de la preparación que según Chomsky trae de fábrica para la gramática.


La especie humana es la especie cooperadora por naturaleza. Pero además, puede contribuir a la disposición a la conducta moral la importancia que en las sociedades humanas y primates en general tiene la reputación de cada individuo, como se demuestra en la obra de De Waal, por ejemplo. Ayudar a los demás favorece el establecimiento de alianzas y refuerza la posición y la imagen de cada cual, al tiempo que si invocamos la idea de la selección por parentesco, en la medida en que los grupos que practican la solidaridad y el apoyo hay genotipos compartidos se beneficiarán de conductas que favorezcan la supervivencia del mayor número posible de sus miembros. El hecho de que la solidaridad y la compasión son consustanciales a nuestra especie cuenta, asimismo, con un creciente refrendo arqueológico, con el hallazgo del cuidado con que se enterraba a niños en un yacimiento austriaco, hace más de 25000 años, los indicios sólidos de la supervivencia y el especial rito funerario destinado a otro menor con un importante traumatismo craneoencefálico en Israel o los aún más remotos del apoyo a niños con discapacidades importantes en Atapuerca. La antigüedad de estos hallazgos sugieren que la capacidad de conmoverse y el impulso a la solidaridad son en el ser humano más un factor intrínseco de la especie que un añadido cultural.

Para Pfaff son de importancia habilidades generales de nuestra especie que tienen su trasunto en la actuación moral: anticipación de consecuencias, capacidad para enjuiciar y posibilidad de elegir entre alternativas. Cita a Hoffman para referir al elemento más filogenético y evolutivo de estas capacidades: “aunque ningún primate contemporáneo parece tener sistemas morales como los nuestros, sí poseen los ingredientes conductuales necesarios –apego, vinculación, cooperación, abandono y detección de abandono, empatía- para lo que se ha dado en llamar “sentimientos premorales”. El altruismo recíproco es una forma de sentimiento premoral que requiere la capacidad de dar y aceptar beneficios, previendo o anticipando el compromiso de devolución de la ayuda”.

Gran parte del libro que comentamos se dedica a la presentación de su teoría de cerebro altruista, junto con sus bases neurofisiológicas. Para nuestro autor, la decisión moral de ayuda sigue cinco pasos, cada uno de los cuales estaría sustentado por mecanismos identificados en el cerebro para habilidades o funcionamientos más generales. El primer paso consiste en la representación o simulación mental de la acción necesaria (ayudar a una persona necesitada porque, pongamos como ejemplo, se encuentra en peligro). El segundo paso es la percepción de la persona que será objeto de la conducta altruista. Cuando el actor no se encuentra frente a esa persona (por ejemplo, cuando se entera de que hay alguien en una situación comprometida a una cierta distancia) la percepción se consigue bien mediante la visualización mental de esa persona, si la conoce, bien mediante la de una especie de “individuo genérico”, una imagen estándar del ser humano, como una persona anónima que puede requerir apoyo (como víctima de un siniestro, de una catástrofe natural). La consecuencia de esta doble vía de representación es que nos movilizamos para socorrer o apoyar a alguien conocido que sabemos que está en dificultades, pero también lo hacemos, con los matices que se quieran poner, para contribuir a la ayuda internacional a las víctimas de un terremoto, y en este segundo caso lo hacemos no porque conozcamos su nombre o sus rasgos, sino porque son representadas en nuestra mente por la figura humana genérica.

El tercer paso, según Pfaff, es la fusión de la imagen del autor con la del objeto de la ayuda. Se debe a un aumento de la excitabilidad neuronal cortical, de modo que la activación de las neuronas que representan a la otra persona o al humano genérico sufriente se excitan al tiempo las que representan al autor. Para esto existen al menos tres mecanismos identificados. El primero es la reducción de la inhibición cortical por disminución de la actividad de sinapsis inhibitorias; uno se siente tentado a pensar que la clásica “exaltación de la amistad” que se describe en la intoxicación por etanol tiene su origen en este mecanismo de fusión por inhibición de la inhibición. El segundo es la activación de puentes intercelulares (gap junctions) que potencian la comunicación de modo que se comparte más información. El tercer mecanismo que propone Pfaff es la acción excitatoria de la acetil colina. También participarían en este tercer paso las neuronas espejo, que reflejan y representan las acciones de los otros y son un mecanismo de identificación. En situaciones en las que hay una intensificación de cualquiera de estos mecanismos se produce una fusión de la información, de modo que, por ejemplo, aumentan los errores en la discriminación de caras. En el marco de la teoría del cerebro altruista, la existencia de estos mecanismos y la constatación de sus efectos permiten plantear que es posible que el impulso de ayuda se deba a que la diferencia entre autor (benefactor) y objeto (beneficiado) se difuminen hasta prácticamente anularse. Dicho de otra manera, el actor, fusionado con la persona a la que ayuda, estaría ayudándose en virtud de este paso que difumina la diferencia y favorece la integración de los dos individuos a un nivel neorofisiológico.

El cuarto paso es el que pone en marcha al cerebro altruista, y consiste en la activación del interruptor ético, por denominarlo de una manera operativa. Con este paso, el actor se dispone a hacer lo que querría para sí. El principio de la ayuda basada en dar o hacer lo que uno querría recibir o que se le hiciera es universal, como plantea Pfaff. Hunde sus raíces en muchas tradiciones filosóficas, culturales y religiosas y, por tanto, habla más de lo que es humano “de serie” y nos viene dado que de lo que es adquirido a través de la educación, la cultura o la religión de cada grupo. Lleva de la fusión - identificación del paso previo a la empatía y, explica nuestro autor, puede vincularse a fenómenos neurofisiológicos en los que la amígdala juega un papel importante. En tanto que es así, en tanto que filogenéticamente antiguo y neuroanatómicamente profundo, el acto altruista es más emoción que razón.

El quinto y último paso es la realización del acto. Pfaff remite a los mecanismos que ponen en marcha la conducta motora, sin olvidar la valencia positiva (favorecedora de la acción) o negativa (inhibitoria a través del asco moral) con que la carga la actividad de la ínsula.

Para explicar el trasunto neurofisiológico (y por lo tanto consustancial, y por lo tanto, seleccionado) Pfaff ofrece documentadísimas observaciones sobre los mecanismos íntimos del altruismo, en los que –somos mamíferos- la relación sexual (hormonas sexuales) o el vínculo maternofilial (oxitocina) o la solidaridad de la pareja para sacar adelante a las crías (hormonas sexuales y oxitocina) son la base para que impulsos más elementales y orientados hacia la procreación, se extiendan al grupo de humanos.

Expuesta a grandes rasgos la teoría, merece la pena hacer hincapié en algunos aspectos importantes, planteados por el propio autor en una serie de capítulos que vienen a ser corolarios de la idea del cerebro altruista y sus bases experimentales. También propondremos algunas ideas que Pfaff no desarrolla pero que ciertamente podrían derivarse de su planteamiento de que el ser humano tiende al apoyo y cómo se articulan los mecanismos que sustentan esta tendencia.
Donald Pfaff


-El paso 4 de la teoría, señala Pfaff nos explica por qué no actuamos habitualmente mal contra los demás. No querríamos causarnos daño, por lo que una vez fusionados con el objeto (paso 3) sería ilógico dañarlo. Por otra parte, la valencia negativa de algunos actos impide el desarrollo de conductas lesivas hacia otros.

-Igualmente, explica nuestro autor, su teoría permite plantear una explicación para la sociopatía, que sería que en estos individuos habrá defectos en al menos los pasos 3, 4 y 5

-El papel de la cultura, explica Pfaff, no queda excluido por su teoría de la disposición innata a obrar moralmente. De hecho, ese papel consistiría en la potenciación del altruismo innato. Si algo caracteriza al cerebro es su plasticidad, que a su vez supone la modificación de sus capacidades. Aunque el altruismo sea una capacidad innata y no algo que deba infundirse, sí puede incrementarse, mejorarse, ampliarse. La práctica altruista enriquece y fortalece los circuitos altruistas de la misma manera que hacer pesas aumenta el volumen y la fuerza del bíceps. Una educación en valores, una valoración (si vale el término) del altruismo, reforzará los comportamientos solidarios y de ayuda.

-A la luz de la teoría de Pfaff tiene sentido la sugerencia de Pinker  en “Los ángeles que llevamos dentro” acerca de la importancia de la literatura y en particular la narrativa en el descenso de las conductas violentas en los últimos años. El autor canadiense sugiere que la novela identifica al lector con los personajes, le hace compartir emociones y por tanto empatizarlas y, en el contexto de la teoría del cerebro altruista, aumentaría la disposición al paso 3 de la teoría. Aquí se harían selectivamente pesas para la fusión con el objeto de la ayuda.

-También desde la perspectiva de Pfaff es posible encontrar un especial sentido al mecanismo para disponer a cualquier ser humano hacia la victimización de sus semejantes. Los ideólogos de los genocidios pueden ser monstruos, pero los ejecutores de la monstruosidad suelen ser personal muy vulgares que no serían activados por las consignas de sus líderes sin no se produjera el paso previo de la deshumanización de las víctimas. Para ser exterminados, los judíos, los bosnios, los armenios, los serbios, los croatas, los negros africanos, los indígenas americanos, tuvieron que ser previamente ser vistos como no-humanos por sus victimarios. El trabajo del líder malvado es convencer a su masa de que nada tiene que ver con el colectivo al que se ataca. En términos de Pfaff, la deshumanización es una abolición del paso 2 que impide que se produzca el paso 3.

-En paralelo, esos líderes perversos buscan la consolidación de la vivencia de pertenencia al grupo y la defensa colectiva e interindividual frente a un exogrupo amenazante o presentado como tal. La base neuroendocrinológica bien podría atribuirse a la oxitocina, una hormona que dispone a la socialización y la ayuda intragrupo, y a la defensa de la prole (o de los allegados, o de los comilitones, o de los compatriotas, o de los correligionarios) contra el grupo extraño, externo, peligro potencial, para lo que cada vez hay más apoyo científico, e incluso antropológico.
Una visión optimista de la Oxitocina


-La agresión sexual podría relacionarse con una “separación” de la víctima: la mujer agredida se convierte en objeto sin derechos, se deshumaniza. No es posible así identificación ni mucho menos fusión alguna, y por tanto, no hay percepción de sufrimiento derivado de la violación.

-La idea de Pfaff de la importancia de la plasticidad cerebral y la influencia de la educación, puede pensarse que es posible la generalización del altruismo. Es decir, algo que trascienda el grupo íntimo y cercano, permitiendo que el ser humano amplíe el concepto genérico de quién es su igual (paso 2), de modo que la imagen con la que es posible fusionarse (paso 3). Cobra sentido aquí la propuesta religiosa del “todos somos hermanos” o la “brotherhood of men” (habría que decir, en tiempos de políticamente respetuosa terminología, “siblinghood of persons”, pero da la impresión de que esta construcción echaría por tierra la armonía de “Imagine”). Estas consignas proclaman la igualdad (identidad, fusión) de los seres humanos y representan un intento de extender el grupo y la solidaridad más allá de lo más básico, elemental y mediado por la oxitocina. Formar a los niños en el reconocimiento como iguales (en la identificación que favorezca la fusión) con otros colectivos generalizaría el impulso altruista y reduciría las posibilidades de actuación agresiva, violenta o egoísta. En otros términos, si el ser humano viene de fábrica con disposición a la ayuda intragrupal, en la medida en que seamos capaces de ampliar el grupo reconociendo a otros humanos como integrantes del mismo fomentaremos la solidaridad, la cooperación y la paz.

-Lamentablemente, si bien nuestra especie pudo progresar mediante la cooperación y la disposición de su cerebro hacia el altruismo, otro rasgo que nos caracteriza es el de la escisión o ruptura de los grupos, un fenómeno tan ubicuo que se han propuesto mecanismos evolucionistas y ecológicos para explicarlo. La escasez de recursos, la emergencia de nuevos líderes carismáticos, o simplemente la aparición de oportunidades de exploración o mejora de alternativas, hacen que el ser humano, solidario, cooperador, tienda a romper sus grupos que, una vez disueltos se convierten a menudo en enemigos difícilmente reconciliables. Las bromas entre vecinos (los chistes que bizkainos cuentan de gipuzkoanos y viceversa) no dejan de ser la manera benigna de trasladar al humor la tendencia a la deshumanización de otro muy cercano, para darle connotaciones negativas, como ser inferior, como malvado o como infiel en un impulso que posiblemente tenga su expresión más intensa en la violenta y genocida diferenciación religiosa y alfabética de serbios y croatas, un colectivo de origen e idioma común.



-En esta línea, asistimos al reconocimiento de derechos de grupos que una vez articulados ponen el acento en la diferencia y exigen (y de lo contrario se sienten agraviados) el cumplimiento de sus premisas, intereses y deseos o que pasan, paradójicamente, a cuestionar los de otros colectivos. La proliferación por decenas de “géneros” que reclaman la adaptación de la vida social a sus necesidades (o deseos, o intereses) corre el riesgo de convertirse no en el reconocimiento de la diferencia, sino en el mecanismo de diferenciación. No en el puente para la inclusión en el grupo, sino en la vía para la escisión a través del agravio real o supuesto. El cisma existente en el feminismo francés con la consolidación de un movimiento específico de “afromujeres” (Mwasi) es otro ejemplo de la tendencia humana a la separación. Y el emergente racismo “antiblanco” en algunos medios universitarios norteamericanos ilustra que una vez configurado el grupo, una vez consolidados los lazos de solidaridad intergrupales, una vez articulado el “nosotros”, cuesta poco identificar “ellos” enemigos, anatemizarlos y negar sus derechos.

-La dialéctica entre altruismo (y la posibilidad de extenderlo si ensanchamos el grupo) y la escisión (que genera más grupos y potencialmente más conflictos) se complica con el fenómenos de identificaciones que aparentemente están muy distorsionadas. El animalismo, con reconocimiento de los derechos de los animales y la incorporación al “nosotros” de primates, cetáceos, mamíferos en general, o cualquier otro grupo, no tiene por qué ser anómala ni criticable, indudablemente. Pero sí tiene algo de peculiar, extraño e incluso poco natural que la solidaridad hacia esas especies incorporadas a nuestro “nosotros” difumine la compasión hacia miembros de nuestra especie. La reacción hostil hacia un niño enfermo que quería ser torero, al que en las redes sociales alguna persona deseó la muerte, hace pensar en una aberración de los pasos 2 y 3 del cerebro altruista de Pfaff, en la medida en que se establecen vínculos e identificaciones más sólidas con el bovino torturado y herido de muerte que con el humano con una enfermedad mortal. En este sentido, no parece que tildar de inhumana esa reacción sea exagerado.

La teoría del cerebro altruista de Pfaff es atractiva y abre sugerentes posibilidades para explicar nuestra fisiología, nuestra psicología y nuestra conducta. Y también nuestra conducta patológica. Y aun nuestra conducta problemática, moralmente incómoda o que desearíamos cambiar, pero que no por ello deja de ser característicamente humana. Una vez más nos encontramos ante lo apasionante que es la indagación acerca de la naturaleza humana y lo tortuoso del camino para acercarse a su conocimiento.


 Colaboración de Juan Medrano

sábado, 3 de junio de 2017

La locura de la autoestima en USA

John Vasconcellos
Esta entrada es un resumen de un reciente artículo que cuenta la historia de la locura que se desató en los años 80 y 90 del siglo pasado en USA con la idea de que había que potenciar la autoestima de los niños para conseguir un mundo mejor. Creo que no es muy conocida y que merece la pena. La repercusión principal fue en la escuela pero el fenómeno impregnó toda la sociedad, a todo el mundo, desde ejecutivos a receptores de ayudas sociales, se les dijo que mejorar su autoestima  podría abrirles las puertas a más felicidad y éxito. El movimiento, que tuvo su epicentro en California, defendía que aumentar la autoestima podía reducir los delitos, los embarazos en adolescentes y hasta la contaminación atmosférica. Esta moda influyó en cómo se educó a toda una generación: los millenials. 

La idea central de este movimiento, que hay una relación causal entre autoestima y resultados positivos está desacreditada (más bien es al revés) pero todavía se sigue creyendo en ella porque es una idea muy satisfactoria e intuitivamente atrayente. En el origen de este movimiento se encuentra un político un tanto excéntrico: John Vasconcellos.  Vasconcellos era un inconformista e idealista que en cierto momento  se encontró con algunas investigaciones sobre la autoestima. Estas investigaciones decían que la gente con alta o baja autoestima reaccionaba de forma diferente ante las adversidades de la vida y los que la tenían alta reaccionaban de formas más positivas. Así que Vasconcellos pensó: si la baja autoestima se asocia a respuestas no adaptativas pues aumentar la autoestima de los niños acarreará un montón de beneficios.

Así que Vasconcellos inició una labor de cabildeo y de presión política para formar una comisión sobre la autoestima y en 1986 consiguió que el Gobernador de California George Deukmejian creara la California Task Force to Promote Sel-Esteem and Personal and Social Responsability, cuyo objetivo era explorar las formas de aplicar la autoestima a un conjunto de problemas sociales y el estado dotó al grupo de trabajo con un presupuesto de 245.000$ por año. Lógicamente, el líder del grupo era Vasconcellos. El grupo tardó en arrancar entre otras cosas porque les costó buscar una definición práctica de autoestima que al final fue: “apreciar mi propio valor e importancia y tener el carácter de ser responsable de mi mismo y de actuar responsablemente hacia los demás”.  Pero la idea sedujo a todo el mundo, republicanos y demócratas, si se invertía dinero en autoestima no haría falta luego tener que invertirlo en delitos y violencia, mejor prevenir.

Pero ya en 1984-1985 Roy Baumeister, que había hecho alguno de los trabajos iniciales sobre la autoestima empezó a ver con recelo toda la burbuja, siguió investigando el tema y fue descubriendo que las cosas no eran tan de color de rosa como se pintaban. Quizás no es la autoestima la que causa una mejor ejecución sino que es al revés, que la gente más inteligente y talentosa tiene mayor autoestima precisamente por sus logros. La evidencia que la Task Force de Vasconcellos había presentado, sobre todo en su libro de 1989 The Social Importante of Self-Esteem, era muy débil. 

Pero para entonces el boom mediático y social de la autoestima ya había explotado y la industria de la autoestima se convirtió en una parte importante de la más amplia industria de la autoayuda, que se estimaba en unos 10 billones de dólares (billones anglosajones). Los colegios pusieron en marcha programas y materiales de autoestima y también las empresas para mejorar la moral de sus empleados. Se crearon nuevas compañías que enseñaban autoestima y mucha gente encontró aquí un filón como Jack Canfield fundador de los Self-Esteem Seminar de Los Angeles que daba seminarios de 7 horas con videos, cintas y toda la parafernalia, libro incluido. En algunos estados se hicieron grupos para receptores de ayudas sociales para potenciar su autoestima y estos grupos, evidentemente, alguien tenía que darlos y cobrarlos.

La locura fue más grave en las escuelas. Uno de los ejercicios que se realizaba era el balón Koosh. Un niño le pasa el balón a otro y le dice: ”me gusta tu camisa”. Este niño se lo pasa al siguiente y le dice: “eres muy bueno jugando al fútbol” y así toda una cadena de cumplidos. Algunas escuelas dejaron de usar bolígrafos rojos porque el rojo podía herir la autoestima de los niños…la idea central era que no había que hacer que los niños se sintieran mal porque  eso les afectaría y disminuiría su rendimiento.

El caso es que a finales de siglo el establishment psicológico decidió estudiar críticamente el tema y la American Psychological Society  encargó a Baumeister y otros tres investigadores que revisar toda la literatura al respecto. En un artículo en 2005 contaron las malas noticias. Había muy pocos datos que apoyaran las ideas de Vasconcellos. Incluso en alguna áreas la autoestima se relacionaba con peor conducta, muchos criminales tenían una inmejorable idea acerca de sí mismos, ningún problema de autoestima. En otras áreas la correlación no implicaba causalidad. La autoestima en décimo curso no predice el rendimiento académico posterior, pero el rendimiento académico sí predice una mayor autoestima. Es más probable que la gente exitosa con alta autoestima tenga alta autoestima porque es exitosa que al revés.

Pero este fenómeno por el que estudios psicológicos preliminares son promocionados y se utilizan inmediatamente para vender cursos al estado y a la empresa privada se ha repetido muchas veces. Ocurrió luego con el tema de las poses de poder (que no se ha replicado) o con el test de asociación implícita. Se retiraron los ejercicios de autoestima de los colegios ¡pero se empezaron a usar los de poses de poder! Y ha vuelto a ocurrir lo mismo con el fenómeno del “grit", que podríamos traducir por perseverancia o fuerza de voluntad. Angela Duckworth señaló que esta característica de personalidad , definida como perseverancia y pasión por objetivos a largo plazo” predecía el éxito académico y en la vida posterior y todo el mundo se lanzó a dar cursos de perseverancia…el Departamento de Educación no tardó en recomendar intervenciones para mejorar el grit. Sólo que esta vez la reacción del mundo psicológico ha sido más rápida y se ha demostrado que el grit es en realidad lo mismo que la dimensión responsabilidad de los 5 Grandes de personalidad (Big Five) y que no se puede enseñar y parece que la fiebre ha descendido.

Todo lo que estamos comentando da para muchas reflexiones y enseñanzas. Una de ellas que la gente está deseando creer en historias bonitas y hay un permanente caldo de cultivo disponible, pero otra es que en el mundo de la psicología, autoayuda y demás hay muchos profesionales  buscando nuevas posibilidades de negocio constantemente y promocionando o subiéndose al carro de cualquier cosa que huela a dinero.

@pitiklinov

Referencia:


Para una visión más acertada de la autoestima ver la Teoría del Sociómetro de la Autoestima, de Mark Leary

miércoles, 31 de mayo de 2017

Hombres invisibles

Recientemente me han pasado este documento, el Plan de Prevención del Suicidio y Manejo de la Conducta Suicida de la Generalitat Valenciana. En esta entrada voy a comentar sólo un aspecto del mismo. Cuando se revisa la epidemiología del suicidio se afirma en el texto que en los países ricos se suicidan tres veces más hombres que mujeres. Los datos para España los veis en la imagen. En 2015 hubo  3602 suicidios en España. De ellos 2679 fueron hombres y 923 mujeres.

La tasa de suicidio por sexos en la Comunidad Valenciana se pueden ver también en la siguiente figura. Se menciona en el texto que la relación de suicidios entre hombres y mujeres es de 3,7 a 1 en la Comunidad Valenciana, mientras que la media estatal es de 2,9 a 1.

La cuestión es que cuando pasamos a la parte de objetivos, estrategias e intervenciones del plan observamos que al hablar de la detección precoz del riesgo suicida se plantea esto:

La mejora en la detección precoz del riesgo suicida.

-  Mejorar la detección del riesgo de suicidio en las mujeres en situación de violencia de género.
-  Mejorar la detección de la violencia de género en mujeres a las que les ha sido detectado riesgo de suicidio
-  Mejorar la detección de la depresión en población infanto-adolescente en el ámbito educativo.
-  Mejorar la detección del riesgo de suicido de hijos e hijas en edad infanto-adolescente de víctimas de violencia de género.”

Y cuando se habla de detección del riesgo de suicidio en grupos vulnerables se habla de los siguientes grupos vulnerables:

  • Infancia y Adolescencia
  • Mujeres víctimas de violencia de género
  • Personas Mayores
  • Personas en situación de cumplimiento penitenciario
  • Personas sin hogar

Es decir, en ningún momento se considera a los hombres como tales un grupo vulnerable y en ningún lugar del documento hay ni un párrafo dirigido  a plantear investigaciones dirigidas a averiguar las razones por las que los hombres se suicidan 3 veces más que las mujeres ni se habla tampoco de intervenciones dirigidas a ellos. Sí se menciona que en los hombres mayores de 79 años la tasa de suicidio es el triple de la normal, pero no que en Occidente la tasa de suicidio en los hombres de edad mediana ha aumentado. No hay ninguna referencia a ello. Es verdad que se habla indirectamente de hombres en los grupos vulnerables porque las personas mayores con más riesgo son los hombres y  porque el 92% de los presos son hombres y el 80 % de las personas sin hogar también son hombres.

En definitiva, las estrategias para la prevención del suicidio no hablan del colectivo que comete el 75% de los suicidios. Hay un elefante en la habitación pero no se habla de él. La pregunta es: ¿Por qué?

@pitiklinov


domingo, 28 de mayo de 2017

Importancia de la Evolución en Psicología y Psiquiatría


En el futuro lejano veo mucho campo para investigaciones mucho más interesantes.
La Psicología se basará seguramente sobre los cimientos de la necesaria adquisición gradual de cada una de las facultades y aptitudes mentales. Se proyectará mucha luz sobre el origen del hombre y sobre su historia.
(Darwin-El origen de las Especies.1859)

Esta entrada es un resumen de mi charla del pasado viernes 26 de Mayo en la I Jornada de Evolución y Neurociencia, que tuvo lugar en Bilbao. Esperamos un poco más adelante colgar aquí en el blog las presentaciones de todos los ponentes con un pequeño sumario de cada una. Teníamos a muchos estudiantes de Psicología y Mires de Psiquiatría  inscritos por lo que me pareció oportuno dirigir la charla especialmente a ellos. Mi intención no fue tratar ningún tema en concreto en profundidad sino que lo que busqué fue generar una inquietud o interés en ellos, que pensaran que había algo interesante en la evolución y que si pasan de largo se lo están perdiendo.

La charla tenía tres ideas esenciales:

1- La evolución es historia, la madre de todas las historias. El mundo no empieza con la especie humana y las cosas importantes en la vida de cada uno de nosotros no son solo las que ocurren desde el nacimiento. Venimos al mundo con un bagaje producto de esa historia previa. No somos tablas rasas. El contador no empieza a correr en el momento de nacer. Lo prenatal y la historia previa de la especie también nos influye y nos conforma.

2- Cuando se plantea lo anterior, automáticamente se genera un rechazo y surge el fantasma del determinismo genético…no queremos estar determinados, y mucho menos por los genes. Para intentar mitigar ese rechazo a lo genético como influencia en la conducta intenté hacer ver que los genes no pueden actuar de forma determinista porque hacerlo supondría su propia desaparición. Frente a esa visión intenté presentar una comprensión de los genes como opciones, como posibilidades, como aplicaciones o un software que nos permite hacer muchas cosas diferentes.

3- En la tercera parte puse ejemplos de cosas que no podemos entender en su globalidad si no estudiamos evolución y puse un ejemplo de evolución de conducta, la evolución del amor.

La evolución como historia

Si tuviéramos que explicar en qué consiste la Psicología Evolucionista, probablemente el mejor resumen sería la frase de Darwin que encabeza la entrada: las facultades mentales tienen una historia, han llegado a ser y han llegado a ser lo que son por unas razones, por unas presiones evolutivas, como se dice en biología evolucionista. Conocer la historia de nuestra mente nos puede ayudar a comprenderla mejor y a guiar nuestras intervenciones cuando queramos ayudar a personas que sufren problemas o trastornos mentales. El enfoque evolucionista nos puede servir para:

  • conocer el funcionamiento normal de la mente humana y las predisposiciones que tenemos para enfermar de una cierta manera y no de otras
  • Ayudar a encajar la Psicología y la Psiquiatría en el resto de ciencias de la Vida
  • Ayudar en la definición de lo que es enfermedad y lo que es una defensa; diferenciar causas próximas y causas últimas
  • Establecer un marco de referencia conceptual para el resto de disciplinas de la Psicología.

La Psicología no está viviendo precisamente una buena época y según algunos no es una verdadera ciencia porque no ha sido capaz de crear un saber acumulativo único al estar dividida en áreas o feudos sin aparente relación entre ellas. Un enfoque evolucionista puede ofrecer un marco de referencia o unos cimientos comunes sobre el que el resto del edifico de la Psicología pueda asentarse. Pero quiero dejar muy claro que tampoco considero que la evolución sea la respuesta a todas las preguntas o que sólo hay que estudiar evolución. La evolución trata de las causas últimas, no sólo de las causas próximas de los fenómenos. Dentro de las cuatro preguntas de Tinbergen nos responde a las dos preguntas sobre el origen adaptativo de un fenómeno (en este caso las conductas humanas) y acerca de cuál es la historia evolutiva de esas conductas en especies relacionadas. Pero sigue siendo necesario estudiar las causas próximas y el resto de las preguntas a las que no responde un enfoque evolucionista, el resto de la Psicología sigue siendo necesaria, obviamente.

Determinismo Genético. Los genes como memoria y opciones.

La memoria es el medio por el que el pasado comunica con el futuro. La función de la memoria es llevar información del pasado al futuro, donde nos será útil. Pues bien, cuando los seres vivos llegan al mundo esperan encontrar un mundo ahí fuera y cada especie espera encontrar un determinado mundo ahí fuera, y la selección natural ha dotado a cada especie de una información recopilada a lo largo de millones de años que les va a ser útil en ese mundo en el que van a vivir. Y esa información está almacenada en el ADN, en los genes. Cada ser vivo llega al mundo con unas predisposiciones para aprender ciertas cosas de manera específica, con un aprendizaje preparado (prepared learning), es decir, les va a resultar más fácil aprender unas cosas que otras.Cada ser vivo llega al mundo con su espacio de búsqueda predefinido. Por ejemplo, nosotros tenemos una visión diferente a la de otros seres vivos y la visión que nosotros tenemos es la que nos viene bien para nuestra supervivencia y reproducción, para el nicho dentro del mundo que vamos a habitar. Hay muchos mundos y todos están en este, pero cada especie vive en el suyo propio.

Cuando un pez llega al mundo tiene aletas y branquias porque la selección natural ha ido acumulando un conjunto de adaptaciones que han funcionado en el pasado para vivir en un medio acuático. Y un caballo viene con pezuñas porque en la estepa funcionan mejor las pezuñas que las aletas y las branquias. Pero esto mismo ocurre con las características psicológicas. Un caballo necesita una psicología diferente a la de un pez. Un tigre y un conejo no tienen la misma conducta, cada uno tiene la conducta que es la más adecuada para hacer copias de sus genes. 
Y aquí es donde viene el problema. En hablar de que hay una relación entre genes y conducta. Para mucha gente hablar de esto es pecado, sencillamente inadmisible que los genes tengan que ver con la conducta. Pues bien, la realidad es que los genes influyen en gran medida en la conducta. Los genes existen, no están de adorno e influyen en la conducta, tenemos que aprender a vivir con ello.

Pero tenemos que entender los genes como una orquesta que interpreta una melodía que ha compuesto el ambiente. Los genes no son los que cortan el bacalao. El que tiene la sartén por el mango, el que manda, es el ambiente. Si el ambiente cambia, si el ambiente dice que ahora hay que tocar otra canción, los genes u organismos que no la sepan interpretar van a desaparecer, como ha ocurrido con el 99% de las especies. Cada gen sería un instrumento de la orquesta y cada gen tiene que intervenir cuando es necesario. Si el trombón se pone a tocar todo el rato, incluido cuando no debe, le echarán de la orquesta. Un gen que se ponga de forma determinista a expresarse desaparecerá. Hablando con mi amigo Xavi Alonso me lo expresaba de forma muy acertada de la siguiente manera:

“El ejemplo típico  de todo esto es el de las células de nuestro cuerpo, todas tienen el mismo ADN pero cada tejido celular expresa un fenotipo diferente (célula de la piel o hepatocito,..) porque el ambiente extracelular es diferente y activa diferentes OPCIONES GENETICAS. Por tanto esto evidencia el papel del ambiente (de la epigenética) pero no invalida el determinismo genético visto desde una visión flexible. Ningún ambiente podrá jamas activar una OPCIÓN GENÉTICA que no esté disponible de algún modo en nuestro ADN (ese es el determinismo flexible). Por simplificarlo, el ambiente puede decidir entre las opciones propuestas por la memoria genética. Sólo captamos, por ejemplo, una pequeña parte de la realidad del espectro electromagnético por que sólo tenemos OPCIONES GENÉTICAS para esa pequeña franja del espectro electromagnético. El ambiente puede ayudarme a perfeccionar una de esas opciones y a perjudicar otras pero jamás me permitirá ver esas partes de la realidad sobre las que no tengo ninguna OPCIÓN GENÉTICA. Es decir jamas, en ningún ambiente posible veré las luces infrarrojas con mis ojos, pero hay animales que si lo harán (porque si tienen esa OPCIÓN GENÉTICA de una realidad que es tan real como lo que ven mis ojos en mi OPCIÓN GENÉTICA de colores. Aquí está el determinismo. El ambiente puede ayudarme a mejorar mi visión sobre mis opciones genéticas pero no me ayudará a mejorar mi visión sobre aquello que no es una OPCIÓN GENÉTICA mía, como es por ejemplo la luz ultravioleta.”

Por tanto, hay una parte negativa efectivamente en que los genes sean memoria: que si yo no tengo un violín en la orquesta nunca podré interpretar la parte del violín. Pero la parte positiva es que  tenemos una opción muy importante de actuar sobre el genoma para que se expresen o no ciertas opciones genéticas:  cambiar el ambiente, actuar sobre el ambiente. La mayoría de nosotros tenemos la opción de expresar ciertos genes cuando nos exponemos al sol y producir melanina y ponernos morenos. Pero si yo utilizo un sombrero o una sombrilla cuando me pongo al sol, pues entonces no se expresarán esos genes. De la misma manera, todos tenemos la posibilidad de ser agresivos cuando hay un conflicto de intereses por unos recursos y no hay suficientes para todos. Pero si creamos una sociedad justa e igualitaria donde ser agresivo no tenga ningún sentido, la mayoría de la gente no sería agresiva de forma gratuita. Por ilustrarlo de una manera muy simple. Si yo diseño una autopista y hago que cuatro enlaces a la misma confluyan en un solo carril vamos a tener problemas porque todos querrán pasar a la vez y lucharán entre ellos, pero si a cada enlace le doy un ramal y luego permito que más adelante los diferente carriles vayan confluyendo, cada uno utilizará su carril y no habrá ningún problema. Tenemos que componer un ambiente (una sociedad) en la que los genes más destructivos de nuestra naturaleza (pero útiles en determinadas circunstancias, por eso están ahí) no necesiten actuar.

Evolución de la conducta

En la tercera parte puse ejemplos de cosas que no podemos entender del todo sin estudiar evolución. Aquí voy a citar sólo un ejemplo. La tasa de homicidios en todo el mundo sigue el patrón que veis en la figura. El número de homicidios que se cometen en diferentes países y ciudades es diferente, lo cual atestigua la gran influencia del ambiente. Pero si nos fijamos vemos que el grupo humano que comete esos homicidios es el de los varones jóvenes. Y eso es así en todo el mundo. En ninguna sociedad del planeta el grupo que comete el mayor número de homicidios es el de las mujeres post-menopáusicas. Esto atestigua la gran importancia de los genes y de la historia evolutiva como llevo defendiendo en esta entrada. Para entender por qué esto es así hay que  estudiar evolución.

Otro ejemplo donde la evolución importa son las emociones. Casi todos los trastornos mentales son trastornos emocionales, y las emociones están ya presentes en animales inferiores. Las emociones, en la psicología tradicional, han sido consideradas como unos estados disruptivos que alteran el organismo y que debían ser dominadas y controladas por el pensamiento racional. Los evolucionistas, por el contrario, plantean que las emociones cumplen unas funciones que permiten al individuo responder de modo efectivo tanto a los desafíos como a las oportunidades que le plantea el entorno. La ira es un conjunto de respuestas coordinadas que ayuda a restaurar una relaciones justas. La vergüenza, además de conllevar rubor y un deseo de esconderse, es una forma de apaciguamiento de una persona superior en estatus. Las emociones muestran todos los ingredientes de lo que en términos evolucionistas se denomina una adaptación, es decir, un conjunto de respuestas eficaces y coordinadas que ayudan al organismo a reproducirse, proteger su prole, mantener alianzas y evitar amenazas físicas. Podemos decir entonces que las emociones son el software o los programas de la mente. De la misma manera que diferentes programas permiten que un ordenador realice diferentes tareas como escribir, calcular o dibujar, las diversas emociones ajustan el cuerpo y la mente para enfrentarse a las correspondientes situaciones. La mayoría de los trastornos mentales son trastornos emocionales y el enfoque evolucionista de las emociones ha permitido el inicio del estudio científico de las emociones, camino en el que nos queda todavía mucho por recorrer. Para una introducción a la evolución de las emociones ver esa entrada.


Por último, basándome en el libro Love and Hate, de Irenaus Eibl-Eibesfeldt hablé de la evolución del amor. Irenaus trata en este libro de la evolución de la conducta amorosa desde el punto de vista de la etología. Fue el propio Darwin el que especula en el Origen del Hombre con que todos los sentimientos sociales positivos (prosociales) tienen su origen filogenético y ontogenético en el vínculo entre las madres y los hijos. Irenaus explica que el amor romántico desciende filogenéticamente del amor maternal y que no hay conducta de grupo prosociales ni amistad en animales inferiores (reptiles o anfibios) que no tienen cuidado materno de los hijos. En su libro, Irenaus es muy crítico de Freud porque, según Eibl-Eibesfeldt, Freud entendió todo al revés. Cuando Freud atribuye deseo sexual a un niño que acaricia y besa a su madre está interpretando conductas parentales como sexuales. Aquí vemos un ejemplo de cómo el estudio de la filogenia, es decir, de la historia de una conducta puede tener utilidad para ayudar a saber si nuestra teorías psicológicas tienen un fundamento sólido o no.

Pero lo que Irenaus observa desde la etología lo observamos también en estudios de imagen cerebral como este, que estudia los correlatos neuronales del amor romántico y maternal. Observamos ahí que las áreas cerebrales relacionadas con el amor maternal y romántico son prácticamente las mismas. Son las mismas, casi, las áreas que se activan y curiosamente las mismas, también, las áreas que se desactivan, como ciertas zonas de la corteza orbitofrontal, responsables probablemente de la perdida de juicio acerca de la realidad y de la visión idealizada del sujeto amado. Así que podemos decir que el amor romántico es amor materno-filiar “tuneado” y esto es algo que la selección natural hace constantemente: utilizar algo previo y modificarlo para otra función. La amistad sería una evolución posterior.

No sé si mi charla consiguió realmente su objetivo y alguno de esos estudiantes de Psicología se acercará a la evolución gracias a ella pero, en cualquier caso, si queremos entender el mundo a nuestro alrededor y la naturaleza humana, leer sobre evolución es absolutamente imprescindible. Sin una perspectiva evolucionista nuestro entendimiento de la mente humana nunca será completo.

@pitiklinov