domingo, 2 de abril de 2017

Las mujeres en los Kibutz. Conclusiones


Los que no estudian la historia están condenados a repetirla y los que sí estudian la historia están condenados a ver impotentes cómo todos los demás la repiten

Hemos visto en estas entradas que el estudio de los kibutz es prometedor para el entendimiento de las diferencias sexuales en todas partes  y su impacto en la división del trabajo. En 1956 dos estudiosos pioneros de los problemas de la mujer trabajadora, Alva Myrdal y Viola Klein, señalaban que el ajuste básico necesario para apoyar a las mujeres que quieren hacer una carrera era “casas colectivas en las que los servicios como cocina, lavandería, guarderías de día, etc. se obtuvieran a un precio razonable por las familias que vivieran en ellas”. Estas cosas estaban incluidas en el sistema de los kibutz. Los kibutz con su profundo compromiso ideológico con la igualdad de todos los seres humanos ofrecía a las mujeres el requisito de independencia para la igualdad. El kibutz era probablemente el lugar más adecuado para el desarrollo de la igualdad entre los sexos.

Pero lo que Tiger y Shepher encuentran resumiendo es:

  • Al inicio de los kibutz más de la mitad de las mujeres trabajaban un tiempo considerable en producción. Pero entonces ocurrió un proceso gradual de polarización sexual en el trabajo. En el momento en que los autores la estudian esta polarización es del 80%.
  • La polarización sexual del trabajo es mayor en la segunda y tercera generación que en la primera (es decir, en los que se han criado en los kibutz) y más polarizada en los jóvenes que en los mayores.
  • A pesar de una igualdad formal en derechos políticos, las mujeres son menos activas en la Asamblea General medido por su presencia y participación en ella. Las mujeres están sobre-representadas en comités que tienen que ver con problemas educativos sociales y culturales pero están seriamente infra-representadas en comités sobre economía, trabajo, política y seguridad.
  • Cuanto más alta es la autoridad de un comité más bajo es el porcentaje de mujeres en él. Al nivel más alto las mujeres son sólo el 14% del personal.
  • Las mujeres parecen tener problemas para mantener grupos de trabajo donde todas son mujeres. Ellas prefieren normalmente grupos de sexos mezclados o un liderazgo masculino.
  • Hombres y mujeres reciben el mismo número de años de educación. Pero en la educación superior hay diferencias. Las mujeres están sobre-representadas en educación que conduce a trabajos como maestra de escuela elemental, guarderías y enfermería. Los hombres están sobre-representados en agricultura, ingeniería, economía y gerencia.
  • A partir del noveno grado (unos 14-15 años) las mujeres empiezan a ir por detrás en éxito académico. La discrepancia en el kibutz es incluso mayor que la que se da en sociedades modernas comparables. 
  • Aunque las mujeres son llamadas al servicio militar la mayoría de ellas hacen trabajo de oficina y de servicios. Este papel es aceptado por las propias mujeres.
  • Incluso durante la guerra del Yom Kippur no cambió sustancialmente la división del trabajo en el kibutz, aunque casi la mitad de los hombres fueron llamados a filas por un largo periodo de tiempo.
  • La familia pasó de ser casi inexistente a convertirse en la unidad básica de la estructura social del kibutz. En el momento del estudio de Tiger y Shepher realiza importante funciones de consumo y educación y existen demandas para aumentar su función.  La creciente familiarización  se traduce en altas tasas de matrimonio y de nacimientos y tasas muy bajas de divorcio. El estatus de los solteros es cada vez más problemático , especialmente el de las mujeres, por lo que existen mecanismos para ayudar a los solteros a que se casen.
  • Las principales instigadoras de la familiarización son las mujeres, cuyas actitudes hacia el familismo son mucho más positivas que las de los hombres.
  • Las actitudes hacia la igualdad siempre han sido más igualitarias que la conducta real. Esta discrepancia ha causado siempre reflexiones y búsqueda de explicaciones entre los miembros del kibutz y las federaciones.
Veamos a continuación las posibles explicaciones para todos estos hallazgos


Posibles Explicaciones

1- El argumento de una revolución insuficiente. Este argumento sostiene que a pesar del compromiso ideológico la revolución en los kibutz no fue una revolución total. Incluso al principio más de la mitad de las mujeres trabajaron en producción pero pocos hombres compartieron la cocina o el cuidado de los niños. Cuando los niños aumentaron aumentó el trabajo en el sector servicios y las mujeres tuvieron que dejar su trabajo para atender estas tareas, un trabajo que los hombres rara vez hacían.

La respuesta de los autores a este argumento es que al principio había muy pocas tareas de servicios y se necesitaba sólo un puñado de personas para hacerlo. Sin embargo en producción se necesitaba siempre gente para sostener la supervivencia económica. El trabajo en producción dado el bajo nivel tecnológico hacía que la fuerza física fuera muy necesaria y era irrazonable transferir hombres de trabajos duros a la cocina y reemplazarlos con mujeres. Aún así el porcentaje en los kibutz se desvió mucho del de otras sociedades y las mujeres participaron mucho más en producción.

Sin embargo, sí es cierto que las ideas básicas sobre quién era más adecuado para hacer cada tipo de trabajo  resistieron la ideología de manera más terca que en otros terrenos. ¿Por qué los miembros del kibutz no fueron tan radicales en la división sexual del trabajo como lo fueron en la propiedad privad, la religión, competición, estilo urbano/rural de vida, etc.? ¿Existen sociedades donde los hombres estén igual de implicados en cocinar y el cuidado de los niños como las mujeres? Dado que la respuesta es que no, podemos decir que los kibutz hicieron más para evitar la división sexual del trabajo que otras sociedades. Y aún así no funcionó.

Pero como la fuerza física cada vez es menos relevante, ¿por qué no podrían ser las mujeres y los hombres intercambiables hoy en día? La respuesta es que las mujeres no tienen la inclinación personal ni social de ceder ciertas tareas a los hombres y los hombres son reacios a dejar tareas de producción a las mujeres. Incluso cuando el desarrollo tecnológico obvia una de las razones básicas para la división del trabajo, la división permanece. La teoría de la revolución insuficiente nos deja con más preguntas de las que responde.

2- El argumento de la socialización. Este argumento explicaría los hechos señalando que dado que los fundadores de los kibutz habían sido socializados en una cultura con división polarizada del trabajo habrían internalizado esos valores y normas y por ello no habría sido capaces de llevar a cabo sus objetivos revolucionarios y socializar exitosamente a la segunda generación.

Este argumento tiene varios problemas. Primero, si los resultados de la socialización primaria de los miembros de los kibutz son inalterables, ¿por qué no vemos el mismo fracaso en otros aspectos de la vida de los kibutz? Estos fundadores no habían sido socializados en vida comunal, cooperación entre todos aunque no fueran familia, pagar a todos independientemente del trabajo, etc. y todo eso sí lo llevaron a cabo…¿Por qué no pudieron hacer lo mismo con la división sexual del trabajo?  El sistema de recompensas económicas iguales a todo el mundo se mantenía intacto después de 60 años, ¿por qué se pudo alterar la socialización de los fundadores de los kibutz en esto y no en lo otro? 

Hay también un problema metodológico con el argumento de la socialización. Si admitimos que la socialización básica tiene un impacto inalterable en valores, normas y actitudes entonces nunca se podrá cambiar la división sexual del trabajo porque la generación que educa a la siguiente siempre va a estar contaminada por esos valores iniciales. 

Tiger y Shepher no niegan que la socialización tiene un impacto importante en la personalidad sino que mantienen que hay diferencias en varias esferas de la vida en el grado en que la resocialización es posible, es decir, que la socialización no opera sobre una tabla rasa. Ellos hablan de la existencia  de un diagrama básico, de un conjunto de disposiciones determinadas biológicamente que llaman una “biogramática” pero que creo que podemos llamar naturaleza humana. La cultura y la socialización en su plasticidad puede ir contra esas predisposiciones pero no por mucho tiempo  o no en todo el mundo sin causar serias dificultades tanto al individuo como a la sociedad.

Un ejemplo de esto lo tenemos en el incesto. Los estudios demuestran que no se produce atracción sexual entre los niños que se crían juntos en el kibutz aunque esas uniones están aprobadas socialmente e incluso promocionadas. Pero esta disposición biológicamente determinada en contra del incesto tiene más fuerza que la socialización y la opinión pública a favor de uniones entre jóvenes del mismo kibutz.

3- El argumento de la conspiración masculina. Este argumento, que nos suena muy familiar, sostiene que para mantener su supremacía los hombres conspiran contra las mujeres. Formando una coalición, los hombres bloquearían la entrada de mujeres en ocupaciones prestigiosas. La forma más eficaz de hacer esto sería dominar la socialización  induciendo a las  mujeres no sólo a aceptar su estatus inferior sino a perpetuar el problema al enseñar a sus hijas a hacer lo mismo.

Los autores aceptan que esta puede ser una explicación parcial, que los vínculos que forman los hombres pueden no ayudar a las ambiciones de desarrollar una carrera de las mujeres pero este argumento no se puede aplicar a los kibutz donde hubo una búsqueda agresiva de la igualdad sexual. Al principio había muchos más hombres que mujeres en el kibutz. Si hubieran querido, habrían podido actuar como grupo contra las mujeres. No hay evidencia de que lo hicieran nunca. Es posible que algunos hombres consideraran a algunas mujeres inadecuadas para ciertos trabajos, igual que consideraban a ciertos hombres inadecuados. Puede ser también verdad que una opinión mayoritaria de muchos  hombres y mujeres alejara a las mujeres de ciertas posiciones. Pero los autores están muy seguros en afirmar que esa opinión mayoritaria no se originó por una conspiración de los hombres. De hecho, el estudio que hicieron en el kibutz de Ofer indicaba lo contrario.

En Ofer había una presión constante de los hombres para que las mujeres asumieran mayores responsabilidades políticas debido a una escasez de hombres capacitados y a una abundancia de mujeres con talento. Por ejemplo, a una mujer de unos cincuenta años, brillante intelectualmente, con talento para la organización y excelentes cualidades de liderazgo, se le pidió en repetidas ocasiones que asumiera tareas de secretaria, tesorera o coordinadora del trabajo, los puestos más elevados. Si hubiera aceptado, la Asamblea la habría elegido unánimemente, pero siempre rechazó las ofertas. Durante la guerra del Yom Kippur el kibutz ofreció el puesto de coordinadora del trabajo a una mujer, oferta que hizo todos los años a alguna mujer u otra. Bajo la presión de la guerra tres mujeres aceptaron pero todas dimitieron al de poco  alegando responsabilidades familiares. Al dejarlo ellas, se escogió a un hombre joven (de menos talento que las tres mujeres) para el puesto y los gerentes (todos ellos hombres) de las ramas de agricultura e industria recordaban con tristeza los viejos buenos tiempos en los que las coordinadoras del trabajo eran mujeres.

Después de la última convención de la Federación Ichuh, el kibutz de Ofer tenía que elegir nuevos miembros para el consejo de esa federación y el secretario nominó a dos hombres y dos mujeres. Cuando las nominaciones se presentaron a la Asamblea ambas mujeres pidieron no ser elegidas  porque estar en el consejo requería estar fuera del kibutz uno o  dos días al mes. Una de ellas era profesora de escuela elemental y tenía una hija de seis años y la otra  era profesora de guardería con cuatro hijos mayores y dos nietos. Así que aunque puede haber casos concretos de hombres obstaculizando el avance de las mujeres muchos miembros del kibutz reconocían el rechazo de las mujeres a asumir responsabilidades políticas. Cuando una mujer tenía talento y deseo para subir en el nivel de poder tenia el camino abierto. Difícilmente se puede considerar esto una conspiración de los hombres.

4- El argumento del retiro. Este argumento, que complementa al de la revolución insuficiente, dice que cuando las mujeres comprendieron que no había esperanza de permanecer en labores de producción porque los hombres no iban a asumir el cuidado de los niños y otras tareas de servicios, las mujeres se retiraron a la rama de servicios y perdieron toda esperanza de salir de ahí. Dado que estaban haciendo para la comunidad lo que un ama de casa haría por la familia (cocinar, limpiar, el cuidado de los niños…) empezaron a disfruta  de estas tareas y esto explicaría su apoyo al familismo y a “la hora del amor”. 

Tiger y Shepher opinan que este argumento interpreta los hechos de una manera muy cuestionable y encima lo tiñe con la palabra retiro. Hay que decir que los que se quejaron del familismo y de la “hora del amor” eran mayoritariamente hombres que veían esto como un retroceso en los ideales revolucionarios. Difícilmente puede interpretarse estos datos con la conspiración de los hombres para relegar a las mujeres a la esfera tradicional del hogar. La reivindicación del cuidado de los niños y de las tareas de servicios como algo de tanto prestigio como las tareas de los hombres fue realizada por las mujeres, como por ejemplo por Yona Goldan en 1966 que decía que la comunicad no debería mandar a las mujeres de vuelta a los campos y traer hombres a las guarderías sino que había que considerar el trabajo de las mujeres con el mismo prestigio que el de los hombres porque era una contribución esencial para el bienestar de la comunidad.

5- El argumento de la influencia externa. Este argumento dice que los kibutz hicieron lo que pudieron para traer la revolución pero que la sociedad a su alrededor acabó influyéndoles y no pudieron sostener su esfuerzo. 

Hay datos que contradicen esto. La sociedad israelí en los primeros años era similar a los kibutz en su preocupación por la división sexual del trabajo. Las mujeres hacían “trabajos de hombres”. Por otro lado, el kibutz ha conseguido oponerse flagrantemente al sistema israelí de propiedad privada. El capitalismo individualista y el espíritu competitivo no consiguió influir al sistema de los kibutz. Si la influencia externa es tan potente, ¿por qué debería afectar sólo a la división del trabajo y no a patrones económicos o políticos? 

En resumen, todos estos argumentos pueden tener algún punto de verdad pero ninguno de ellos puede explicar lo que ocurrió en los kibutz, según Tiger y Shepher. El kibutz ha tenido éxito en otros aspectos de su ideología. Mantiene una economía comunal, su sistema económico y social, la democracia directa y la educación colectiva, y sigue siendo rural y laico. En todas estas cosas ha podido mantener su integridad original y resulta que sólo ha fallado en el problema de la división sexual del trabajo y la importancia de la familia?

Frente a estos argumentos, Tiger y Shepher recurren a la biología, a Darwin, a lo que ellos llaman “Biogramática”, a que existe un vínculo materno-filial, a la teoría del apego, a lo que veíamos en la entrada anterior de que los sexos responden de forma diferente a los mismos estímulos, etc. También mencionan que el énfasis que las hijas de la segunda generación pusieron en la maternidad pudo ser motivado en parte por una “rebelión” contra su propias madres que cultivaron con ellas un estilo de vida no maternal. 

La experiencia del kibutz es muy rica y compleja y tal vez no tengamos todas las explicaciones y respuestas para  lo que allí ocurrió. Pero hay datos actuales que demuestran que, curiosamente, cuanto más libertad hay en una sociedad mayores son las diferencias de roles entre los sexos. Paradójicamente, las diferencias sexuales pueden indicar una sociedad más sana, una sociedad en la que todos tienen las mismas oportunidades y pueden elegir según sus preferencias y ser lo que quieren ser.

Puede que lo que la gente elige no guste a muchos activistas y podemos repetir la historia e intentar ir más lejos en la revolución de lo que fueron en los kibutz. Podemos, por ejemplo en el nombre de una igualdad de resultados, impedir que chicos que quieren hacer ingenierías las hagan y obligar a chicas que quieren ser psicólogas o enfermeras a ser ingenieras. La duda es si esto nos conduce a un paraíso de igualdad o al campo de concentración, que es lo que nos sugiere la experiencia con los totalitarismos del siglo pasado. Tememos mucho, con razón, a la ingeniera genética pero tanto o más deberíamos temer los experimentos de ingeniería social.



@pitiklinov

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sábado, 1 de abril de 2017

Las mujeres en los Kibutz. Vida familiar y maternidad

Llegamos por fin a uno de los aspectos más interesantes del experimento natural que se realizó en los kibutz de Israel el siglo pasado, lo que ocurrió con la vida familiar. Lo que vamos a ver en esta entrada creo que es muy informativo para todas las discusiones que nos traemos hoy en día de por qué hay pocas mujeres en puestos de dirección, que si la supuesta brecha salarial, que si tanto padres como madres pueden atender igual a sus hijos y los permisos parentales hay que igualarlos, problemas como que mujeres con carreras en universidades de élite no quieren trabajar full-time cuando llegan los hijos y salen del mercado laboral, etc.

Sin ninguna duda, Tiger y Shepher señalan que el cambió más drástico que se produjo en la evolución de los kibutz desde los primeros días  ha sido la creciente importancia de la familia. En los tiempos heroicos iniciales el matrimonio y la familia tenían una función tan limitada que un visitante podía sacar la impresión de que no existían. De hecho, esa fue la impresión que sacó el antropólogo de Harvard Melford E. Spiro que en un artículo en el American Antropologist en 1954 cuestionó la universalidad de la familia. Tras un estudio de campo en los kibutz concluyó: “la familia, como se describe el término en Social Structure, no existe en los kibutz, ni en su variante nuclear, ni polígama, ni en sus formas extendidas…no hay matrimonio en los kibutz, si por matrimonio entendemos una relación entre adultos de sexo opuesto caracterizada por actividad sexual y económica”.

Los primeros fundadores rechazaban ideológicamente la tradicional familia judía patriarcal y la sustituyeron por la comuna. Muchos de ellos habían emigrado a Palestina tras romper con sus familias y su estilo de vida tradicional. Y allí se encontraron con otros que compartían esos mismos valores e ideas. En cuanto al lugar que ocupaban las relaciones sexuales en los inicios en el kibutz hubo experiencias dispares pero no se planteó que las relaciones sexuales tuvieran que ser comunales. Había mucha libertad pero como les dice a los autores una de las mujeres fundadoras esas relaciones no dependían del matrimonio pero sí de sentimientos profundos. Cuando una pareja decidía ser compañeros se les daba una habitación separada en la tienda y posteriormente una casa. Normalmente la pareja no aparecía junta ni en asambleas ni trabajaba junta, los miembros de la pareja trataban de forma individual con todas las situaciones. Hay que decir que las chicas no podían ocuparse mucho de su aspecto físico y las que lo hacían eran muy criticadas. Algún informante contó el caso de chicas que se preocupan más de ponerse guapas que de trabajar en los cambios y fueron criticadas y solían abandonar el kibutz. Pero todo esto fue cambiando con la llegada de los niños.

Poco a poco la familia se fue consolidando como la unidad social más importante. Las tasas de matrimonio eran muy altas. En los años 70 cuando escriben Tiger y Shepher eran más altas que en el resto de Israel y la fertilidad era también más alta. En estos últimos tiempos los kibutz tienen hasta una especie de “agencias matrimoniales” que se encargan de poner en contacto a jóvenes solteros o que buscan pareja, la vida de los kibutz está hecha de parejas casadas. La mitad de las parejas tiene 3 o más hijos. 

Pero vamos a ver el papel de las mujeres en este cambio. A este énfasis en la vida familiar se le ha llamado familismo (y era algo que no gustaba a los fundadores porque la lealtad a la familia entraba den conflicto con la lealtad al kibutz) y todo indica que fueron las mujeres las que generaron este cambio y el ascenso del familismo. 

Como conté en la introducción, al principio los hijos no dormían con sus padres sino en dormitorios comunales cuidados por terceras personas, no por los padres. Para 1955 un poco más de la mitad de las mujeres (51%) apoyaban que los niños durmieran en casa con sus padres frente a un 40% de los hombres. En 1965 el 68% de las mujeres lo apoyaba frente al 46,9 de los hombres. Este  cambio ocurrió tanto en kibutz conservadores como liberales. Lo que es más importantes, fueron las mujeres las que iniciaron la discusión de este tema y el proceso de cambio por el que se introdujo el familismo. Las mujeres empezaron a hablar de ello en discusiones informales, llevaron el tema a la agenda de los comités educativos (donde eran mayoría) y luego crearon presión para llevar el tema a la Asamblea General y que se votara a favor. Recurrieron a propaganda donde hizo falta e incluso a amenazas dentro de las familias. La mayoría de los hombres que fueron líderes en este proceso eran los maridos de las mujeres que abogaban de forma más fuerte por el cambio.

En las largas y fervientes discusiones que tuvieron lugar se decía a menudo que el “sistema familistico” iba a suponer una carga añadida para las mujeres. La respuesta habitual era: “no nos importa, estamos dispuestas a cualquier cosa con tal de tener a nuestros hijos con nosotras durante la noche”. Realmente, las mujeres tenían más trabajo con el sistema familistico porque había que llevar a los niños de vuelta a la mañana a sus casas y los hombres normalmente empezaban a trabajar muy temprano así que los tendrían que llevar ellas y luego ir a trabajar. Al tener una casa más grande con una habitación para los niños hay que limpiar más, etc. Pero el deseo de las mujeres no se vio disminuido por este aumento de trabajo.

Hay otra manifestación muy clara de que las mujeres lideraron este proceso de cambio y es la llamada “hora del amor”. Esta costumbre la iniciaron las mujeres jóvenes después de 1964. Como otros cambios en el kibutz empezó como una desviación, luego pasó a innovación y por último se legitimó. Al principio, algunas mujeres que no trabajaban (por convalecencia, vacaciones, por su flexibilidad de horario o lo que fuera)  iban a las casas de los niños y con la aprobación de las cuidadoras o sin ella cogían a sus niños. Después, muchas de las mujeres arreglaban su horario de trabajo para poder tener aunque sea media hora para estar con sus hijos. Los niños de las madres que no podían venir a estar con ellos se sentían frustrados porque sus amigos sí estaban con sus madres. Las propias cuidadoras de niños buscaban tiempo para estar con sus hijos…Así que al final la práctica se legitimó por el comité de educación y se hizo obligatoria. Se le llamó “la hora del amor”. Esta nueva práctica desanimó a muchas mujeres de trabajar fuera del kibutz. Muchas de ellas rechazaban trabajos lejanos si no podía estar la hora del amor con sus hijos.

Hay que decir que eso de la “hora del amor” le pareció muy bizarro a muchos miembros de los kibutz. Por ejemplo, muchos hombre gerentes y encargados protestaron por las muchas horas de trabajo perdido y por la interferencia con los principios básicos de educación comunal. Pero el “establishment” femenino de los comités de educación mantuvo la práctica a pesar de que no era apropiada ideológicamente.

En cuanto a las labores domésticas en las casas de las familias encontramos también una división sexual del trabajo. Reparaciones domésticas, el jardín, llevar y traer la ropa a la lavandería y otras tareas de “trabajo físico” las hacen los hombres. En conjunto la mujer invierte más tiempo en el trabajo de la casa pero como el hombre trabaja una hora más en el trabajo del kibutz las horas totales resultan equilibradas. En cuanto a la autoridad dentro de la familia es más igualitaria que la división del trabajo porque todas las decisiones se toman de forma conjunta. Esto se dice en las encuestas y se observa en la realidad, marido y esposa deciden juntos si tener otro hijo, qué hacer con el tiempo libre, qué trabajo coger, que causa política apoyar, etc. La única esfera en la que la autoridad de la mujer es incuestionable es en la limpieza de la casa y el orden así como las cuestiones estéticas del hogar.

Todo esto suscita cantidad de preguntas. Los miembros del kibutz, al igual que el 99% de la humanidad, no son ya cazadores recolectores pero siguen dividiendo cabezonamente el trabajo por sexos ¿Tiene algo que ver la división del trabajo con el sistema de emparejamiento? La división sexual del trabajo no sólo significa que los hombres hacen unas tareas y las mujeres otra sino que tanto unos como otras van a ser resistentes a ideologías que tratan de borrar esa división. En los kibutz a lo largo de seis décadas se han producido dos procesos en paralelo: la división sexual del trabajo y el desarrollo del familismo ¿hay relación entre ambos?

Pero tenemos también datos sobre las actitudes de las personas y la satisfacción vital con estos cambios que estamos comentando. Es decir, ¿sufrían las mujeres por esta división del trabajo? ¿se sentían atrapadas limpiando en la casa y atendiendo a los hijos, etc? Todo esto ha sido investigado y los estudios coinciden. La mayoría de hombres y mujeres están de acuerdo con la división sexual del trabajo, del 86 al 97% están de acuerdo en que unos trabajos son más apropiados para hombres y otros para mujeres, siendo el principal criterio el de la fuerza física. La atención de niños y cuidado médico se ve más propio de mujeres. Pero en puestos políticos no hay diferencias. Todo coinciden en que ser presidente o secretarios de un comité lo puede hacer tanto un hombre como una mujer (aunque luego en la práctica no ocurría así). En las entrevistas que hizo Rosner las propias mujeres se echaban la culpa de su falta de participación en la actividad política. En general, en cuanto a la satisfacción con la vida en el kibutz el 81% de las mujeres y el 80% de los hombres están satisfechos con la misma. No hay diferencias en satisfacción vital en diversos estudios entre los hombres y mujeres con respecto al trabajo, la actividad política y la vida en el kibutz en general.

Vamos a intentar dar una explicación de los sucesos reflejados en esta entrada. En primer lugar hay que decir que en muchos sentidos lo que pasó en los kibutz ocurrió también en la URSS.  Peter Turchin, que es ruso, lo cuenta en su libro Ultrasociety. Tras la revolución de Octubre de 1917 el régimen soviético intentó una serie de innovaciones culturales. Por ejemplo, se abolió el matrimonio. Pero estas innovaciones no “prendieron”. El matrimonio volvió en los años 40 y en los años 60 y 70, en los que se crió Turchin, pocas parejas que vivieran juntos y tuvieran hijos no estaban casadas. Turchin opina que las innovaciones culturales que van contra la naturaleza humana, que por ejemplo lleva a formar vínculos duraderos entre hombre y mujer, no duran. Pueden sostenerse un tiempo debido al poder de la ideología pero no cuajan. Todo no es construcción social, las construcciones sociales tienen que apoyarse en la biología.

Lo mismo ocurre con el vínculo materno-filial y el apego que son características no ya de la naturaleza humana, sino de la naturaleza mamífera. Si estamos aquí todos nosotros es gracias a este vínculo que tiene una base biológica. El cerebro de la mujer sufre una serie de cambios con la maternidad (ver aquí, aquí o aquí) que la afina para atender bien a su hijo. La madre quiere estar con el hijo y el hijo quiere estar con la madre. Y el niño sabe disparar estímulos que llegan a la madre.

Pero voy a decir algo todavía más políticamente incorrecto que lo anterior: es muy posible que las madres disfruten más de atender a los hijos que los hombres. Tiene toda la lógica evolucionista del mundo. En general, la evolución marca con sensaciones placenteras todo lo que es bueno para la supervivencia y reproducción. Interaccionar con un bebé es placentero, darle el pecho, jugar con él, etc. Y dados lo cambios en el cerebro materno que no ocurren en el paterno es muy probable que ese placer sea mayor en la madre que en el padre. Un niño es un estímulo al que es posible que respondan de forma diferente madres y padres. Y una prueba de que esto no es solo educativo es que ocurre también en otros animales como los macacos. Así que probablemente esto es lo que nos explica las conductas de las mujeres de los kibutz: la biología. Pero nuestra sociedad sigue abonada a la teoría de que somos tablas rasas y todo lo que nos ocurre es por la cultura.

Dedicaré una entrada más a las  conclusiones que podemos sacar de este experimento de los kibutz y a la discusión sobre las explicaciones del mismo.


@pitiklinov

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viernes, 31 de marzo de 2017

Las mujeres en los Kibutz. Trabajo, política, educación y ejército.

En la entrada anterior hemos visto brevemente los presupuestos ideológicos en los que se basaban los kibutz y un poco su funcionamiento. Vamos a ver ahora cómo les fue a las mujeres en distintas esferas de la vida cotidiana.

Mujeres y trabajo

En esta esfera, como en todas, hay que diferenciar las distintas etapas para apreciar la transición que se fue produciendo. En los tiempos de los fundadores hay que señalar que había muchos hombres y pocas mujeres. Algunos de los primeros asentamientos consistían en una docena de hombres jóvenes y una o dos mujeres. Hubo una escasez crónica de mujeres hasta la formación del estado de Israel. Estos primeros habitantes de los kibutz vivían en edificios árabes abandonados y luego en tiendas y barracones. El estándar de vida era muy bajo, comida escasa y poca ropa. Y no había niños, punto muy importante. El trabajo en el sector servicios era escaso, cocinar y algo de lavandería. El patrón de trabajo entonces era muy similar, las chicas hacían el trabajo de servicios ayudadas por los chicos ( que traían madera o limpiaban platos) pero participaban en la agricultura y la construcción con los hombres haciendo casi los mismos trabajos excepto cosas como extraer piedras de canteras, cavar y talar. La verdad es que no se contempló que los hombres trabajaran permanentemente en la cocina y las mujeres fuera en la carretera.

Hay que decir que dentro de la ideología sionista trabajar en la cocina, la lavandería o atender a los enfermos no se consideraba al principio por las propias mujeres “construir país”, aunque luego se fue aceptando que cuidar a los que construían el país también era construir país. Las chicas querían trabajar en la agricultura. Pero las cosas fueron cambiando al ir llegando más gente y, sobre todo, al aparecer los niños. Con la comida o la ropa se podía tener manga ancha y dejar el trabajo para otro día o sin mucha perfección pero con los niños no ocurría lo mismo, había que atenderlos y atenderlos bien. Así que el sector servicios y la atención y educación de los niños creció y las mujeres se fueron encargando del sector servicios y abandonando el sector productivo. En 1948 sólo un 15% de las mujeres trabajaban en ramas de producción. 

En el tiempo en que escriben Tiger y Shepher, la agricultura, industria, construcción y trabajos auxiliares como carpintería, fontanería, electricidad, etc. son mayoritariamente masculinos y el sector servicios, consumo y educación predominantemente femenino. En la segunda generación el trabajo estaba más polarizado por sexos que en la primera. Es decir, la gente joven criada en los kibutz estaba más polarizada que los mayores. Además, la polarización era mayor incluso de lo que los números que Tiger y Shepherd dan en el libro en una gran cantidad de tablas indican. Por ejemplo, las mujeres que trabajaban en agricultura no hacían lo mismo que los hombres sino que estaban concentradas en horticultura, invernaderos y cría de pollos; las que trabajaban en industria lo hacían principalmente en sector textil, cerámica, artes…; en trabajo de gestión la mayoría de las mujeres hacia trabajo de oficina.

De los hombres que empezaban en “trabajos de hombres” el 85% acababan en ellos. De las mujeres que empezaban en “trabajos de mujeres” 75% seguían en ellos. Pero de las mujeres que empezaban en trabajos de hombres más de la mitad acababan en trabajos de mujeres. ¿Reflejaba esto el deseo de las mujeres? Más adelante hablaremos de esto, en la siguiente y en la última entrada discutiremos con detenimiento las explicaciones de todos estos movimientos que voy a reflejar en esta entrada. Hay que recordar que en el kibutz a nadie se le pagaba por su trabajo así que no se puede aplicar el argumento de que un mayor sueldo lleva a un mayor prestigio. También hay que recordar que el compromiso ideológico con la igualdad era alto, un objetivo de los kibutz era avanzar en la igualdad creativa social y económica entre los sexos. Sin embargo, parece que fuerzas ocultas intervenían entre las intenciones de la ideología del kibutz y la realidad de su estructura social.

Mujeres y Política

Desde el principio, no hubo ningún problema ni teórico ni práctico en incluir a las mujeres en la actividad política, formaban parte de los grupos, estaban siempre presentes y participaban en las decisiones. Al principio las mujeres eran políticamente activas. Algunas dirigían ramas de agricultura y las ramas de cocina y vida comunal tenían una posición política importante. Cuando llegaron los niños las mueres dominaron el comité educativo. Pero ya en los años 40 había quejas de escasa participación de las mujeres lo que da a entender que había una brecha entre la ideología y la realidad. Menos de un tercio de la mujeres eran políticamente activas. A pesar de que el aumento de población creaba más puestos de gestión y dirección, las mujeres se retiraban a las esferas de consumo y educación.

Shepher en una investigación había comprobado que en 18 kibutz estudiados las mujeres se dirigía a la asamblea general mucho menos que los hombres y asistían menos a ella (debemos recordar que asistir a la asamblea se consideraba una virtud social). El pico de edad en el que las mujeres son más activas en la asamblea es en la menopausia y los hombres entre 25-35 años. Los hombres eran seis veces más activos que las mujeres en la asamblea. En cuanto al tema de los comités de dirección económica de la agricultura, de los servicios, educación etc., lo que observamos es que en la esfera económica el porcentaje de hombres es 3-4 veces mayor que el de mujeres (80% hombres) pero en los comités sociales, culturales y educativos las proporción de mujeres es significativamente mayor. A nivel general más del 70% de los activos en la política son hombres.

Así que en el campo político vemos lo mismo que en el del trabajo, que las mujeres están concentradas en las actividades culturales, sociales y educativas. En los niveles de autoridad más bajos predominan mujeres pero al ir subiendo de nivel va aumentando la proporción de hombres. Un 6-8% de hombres llegan al nivel más alto de autoridad frente a un 0,6% de mujeres. 

Mujeres y Educación

Los ideólogos de la educación en el kibutz (Golan, Messinger, etc.) manifestaron repetidamente que el objetivo de la educación colectiva era crear una nueva personalidad adaptada a la estructura social del kibutz. Dado que la igualdad sexual era parte de ese sistema de valores debía ser un componente de esa nueva personalidad y así lo repetían los fundadores. Pero no se puede olvidar que los fundadores no podían ser ajenos a su propio bagaje cultural. La mayoría de ellos procedían de comunidades judías tradicionales de Europa del Este. Pero el kibutz asumió la igualdad de estatus de hombre y mujer sin ninguna duda. 

Al principio, como las mujeres trabajaban en los campos no estaban disponibles par sus hijos por lo que la educación tuvo que ser colectivizada. Es significativo que nadie sugirió que los hombres deberían cuidar de los niños. Pero desde el principio las mujeres fueron menos reacias a cuidar a sus propios hijos que a trabajar en la cocina, la lavandería u otros sitios. Una de las mujeres decía a los autores: “Vimos la educación como una tarea central de nuestra creación colectiva. No era algo inferior. Al contrario, criar los hijos favoreció nuestra identificación con el grupo. Sentíamos que criando hijos estábamos trabajando para el colectivo tanto como los que trabajaban en el establo”.

Como decíamos en la entrada anterior, la educación temprana hacía caso omiso de las diferencias de sexo. Naturalmente los niños eran conocedores de las diferencias sexuales porque se veían desnudos unos a otros y el hebreo tiene genero como decíamos. Pero todos los niños vestían las mismas “ropas de trabajo”. No había diferencia sexual en el corte de pelo. Los niños cogían lo que querían de la caja de juguetes, no se animaba a las niñas a jugar con muñecas ni a los niños con camiones. Las niñas subían árboles, jugaban a juegos energéticos o se peleaban; los niños lloraban sin vergüenza y aprendían a cocinar y a veces a hacer punto.

Sin embargo, los niños también pasaba parte del día con sus padres y familiares y ahí sí observaban que las madres vestían diferente a los padres y se peinaban de forma diferente; o que el padre arreglaba las tuberías o la electricidad y la madre se ocupaba de asuntos relacionados con la comida o la ropa. 

Luego estaba la adolescencia y ahí se intentaba combatir estos efectos “anti-revolucionarios” de la familia y mantener el espíritu de igualdad. La educación en esta edad la llevaba la Children´s Society empeñada en trasladar los valores del kibutz a los jóvenes. Tenía sus propio sistema político con asambleas y comités y las chicas eran muy activas ocupando incluso los puestos más altos. 

Hay que decir que con el paso de los años la influencia de la cultura occidental exterior cada vez era mayor en el kibutz: música pop, modas de ropa, experimentación sexual, etc. La permisividad sexual para tener relaciones sexuales desde edad temprana era alta. Shepher encuentra que las chicas empiezan sus relaciones sexuales a los 15 años y los chicos dos años más tarde. Curiosamente, la homosexualidad en el kibutz parece ser virtualmente inexistente. 

El caso es que tanto chicos como chicas reciben la misma educación durante 18 años. Dar estudió en 1974 el rendimiento académico de chicos y chicas con una serie de pruebas y escalas de conocimientos y habilidades y sus resultados fueron los siguientes:

  • En todas las subdivisiones del National Examination los chicos puntúan más alto que las chicas y en cuatro de cinco las diferencias son significativas. En la subdivisión en la que no hubo diferencia significativa fue en vocabulario y en al que hubo la mayor diferencia fue en matemáticas.
  • En todas las subdivisiones de los tests de capacidades los chicos puntúan más alto con diferencias significativas. De nuevo, las menores diferencias son en vocabulario y las más grandes en matemáticas.
  • Los maestros valoran mejor a las chicas en literatura y lengua. En historia y sociología no hay diferencias entre sexos. En biología y matemáticas los chicos son puntuados mejor que las chicas. 

Dar se quedó muy sorprendido por los resultados. Estos resultados son similares a los de Israel y los del mundo occidental: mayor nivel de las chicas en lenguaje en cursos inferiores que luego se igualan o que los maestros puntúan mejor a las chicas que los tests objetivos. Sin embargo, las diferencias entre los sexos eran mayores en el kibutz que fuera de él. Los chicos son superiores no solo en matemáticas y biología sino en sociología y a veces en historia y lengua. La superioridad de los chicos es casi siempre significativamente estadística y la de las chicas no.

Para intentar explicar los resultados Dar propuso que  esto se debía a la anticipación que hacían los jóvenes de su futuro rol en el mundo del trabajo. Pero esto sólo es cierto parcialmente. La educación que reciben chicos y chicas no está más dirigida a los futuros trabajos de los chicos. La mayoría de los chicos van a trabajar de granjeros, electricistas, etc. y no se enseña nada de esto en la escuela, eso se aprende después. Uno podría argumentar más bien lo contrario, que el currículum favorece a las chicas ya que la mayoría van a ser maestras. Igual lo que ocurre es que las chicas anticipan su futuro papel familiar y de maternidad. Y hablando de maestros hay que decir que la mayoría de los maestros de guardería y preescolar eran mujeres. Los pocos maestros hombres no enseñan en edad preescolar y los 2-3 hombres que habían enseñado en guardería lo abandonaron. Por contra seis veces más hombres que mujeres reciben una educación técnica. 
En cuanto a las carreras hay más hombres en ciencias militares, ciencia, ingeniería y agricultura. No hay diferencias en humanidades, ciencias sociales, medicina, arte y literatura. 

Como luego veremos al hablar de la vida familiar, las chicas jóvenes no sólo disfrutan de la maternidad y otras actividades asociadas a roles femeninos convencionales sino que insisten en su derecho a tomar esos roles a pesar de las objeciones prácticas e ideológicas de los hombres y las mujeres más mayores. ¿Se les ha lavado el cerebro a estas mujeres para que se dediquen a la maternidad y carreras “femeninas”? ¿Quién les ha labrado el cerebro? Tanto los líderes políticos con la socialización formal, la ideología y la gestión económica están en contra de esto. Tiger y Shepher realizaron también encuestas de satisfacción vital y los resultados son los mismos que han arrojado los estudios psicológicos en otros sitios: que las mujeres están más interesadas que los hombres en las relaciones personales y en actividades que implican a un número pequeño de personas y que los hombres prefieren actividades más amplias e impersonales, que raramente implican a los niños. ¿Podría ser que hombres y mujeres encuentran más fácil aprender -o quieren aprender- más unas cosas que otras?

Las Mujeres y el Ejército

En los primeros tiempos de los kibutz la población judía se  autodefendía por unidades civiles de defensa y la movilización de las mujeres fue una absoluta necesidad. Luego, durante la época del mandato británico, se estableció la Haganá una unidad paramilitar creada en 1920 y aceptó mujeres. De los 1200 muertos en 8 años de su batallón Palmach 19 fueron mujeres. Algunos kibutz también aceptaron incluir mujeres en las tareas de protección y defensa. 

Tras la formación del estado de Israel, en 1949 se estableció el servicio militar obligatorio para hombres y mujeres. A los 18 años se reclutaba a mujeres salvo que estuviera casada o por razones religiosas se negara. El servicio militar era de 20 meses y en 1974 se aumentó a 24 meses. En la época estudiada por Tiger y Shepher existía un ejército especial para mujeres llamado Chen, abreviatura de Cheil Nashim, que quiere decir literalmente ejército de mujeres, cuyo comandante jefe es una mujer. El Chen es el que se encarga de toda la instrucción de las mujeres (curiosamente todas las tareas de servicios -cocina, provisiones, guardias, etc.- las hacen hombres). 

Tras una instrucción básica, la mayoría de las mujeres se convierten en oficinistas, secretarias, telefonistas, encargadas de comunicaciones o de equipos de laboratorios. Pero las tareas de combate han desaparecido. Su función es liberar puestos para que los hombres puedan ir a combatir. Las mujeres no portan ni usan armas, excepto una pequeña unidad llamada Nahal, pero incluso en ésta las funciones militares de las mujeres están recortadas. Creo que el espíritu existente en el ejército se deduce bien de lo que la propia comandante del Chen dijo a los autores: “nunca nos olvidamos del hecho de que las chicas que están aquí se casarán y serán madres. No queremos dañar su personalidad femenina de ninguna manera”.

Es interesante una cosa. Durante la investigación de Tiger y Shepher ocurrió la cuarta guerra entre Israel y los países árabes limítrofes y el propio Shepher fue llamado a filas durante unas semanas pero el resto de la guerra pudieron investigar lo que ocurría con la división del trabajo. Aproximadamente el 45% de los hombres de los kibutz tuvieron que ir a la guerra. Los autores estudiaron seis kibutz y sólo en dos de ellos la participación de las mujeres en “trabajos masculinos” aumentó. En uno de ellos del 31,5% al 40% y en otro del 23 al 28%. Cuando volvieron los hombres, las pocas mujeres que habían ocupado “puestos de hombre” volvieron a su trabajo normal rápidamente.

Las explicaciones propuestas para estos sorprendentes resultados son: 

1- El periodo de emergencia fue breve
2- no fue posible disminuir el trabajo con los niños para poder ocuparse del trabajo exterior.
3- La excepcional carga que cayó sobre la madres al faltar los maridos impidió que se ajustaran al trabajo de producción
4- La polarización del trabajo es tan profunda que las mujeres, especialmente las jóvenes, ya no están preparadas para trabajar en producción

Los autores se inclinan por la cuarta propuesta.

Como la entrada ya es demasiado larga continuaré en otra entrada con uno de los aspectos más interesantes de la evolución del rol de las mujeres en el kibutz que es el relacionado con la vida familiar y la maternidad. Posteriormente dedicaré otra entrada a las conclusiones y discusión de las posibles explicaciones de la brecha entre lo que fue la utopia, la ideología y los sueños de los fundadores de los kibutz y la realidad.


@pitiklinov

Referencia:



miércoles, 29 de marzo de 2017

Las mujeres en los Kibutz. Introducción.

La situación de las mujeres en Occidente en las últimas décadas ha mejorado a todos los niveles desde su participación en el mundo laboral y educativo a su libertad de elección en general. Pero quedan esferas en las que no se han producido los avances deseados como puede ser la participación en los niveles más altos de dirección de las empresas o en las carreras llamadas STEM (ciencia, tecnología, ingenierías y matemáticas). La explicación más extendida para ello es que existe todavía una discriminación contra las mujeres aunque hay evidencia de que las diferencias existentes en estos campos son debidas a las propias preferencias de las mujeres (ver aquí o aquí). Pero aunque aceptemos que estas diferencias se deben a las propias elecciones de las mujeres, el feminismo de género argumenta que esas diferencias en preferencias son debidas a una construcción social, que son debidas a la socialización, a la educación y a la cultura, en definitiva, y se proponen medidas como cuotas, educación desde edades tempranas en igualdad de roles entre hombres y mujeres, etc. Las feministas de género consideran que todo es debido a la crianza y que la biología no juega ningún papel.

Pero el mundo no empezó a girar ayer y para ayudarnos a aclarar si la biología tiene algo que ver en las diferentes preferencias entre hombres y mujeres podemos recurrir a la historia en busca de datos. Y existe un experimento natural realizado el siglo pasado que está bien documentado y que nos ofrece unos resultados muy a tener en cuenta para este debate, me refiero a la evolución de la situación de las mujeres en los kibutz de Israel. Los kibutz de Israel han sido una de las experiencias comunales más importantes de la historia, unas comunidades agrícolas de ideología comunista y sionista que intentaron llevar a la realidad sueños  y utopías albergadas por mucha gente a lo largo de los tiempos. Un experimento que ningún científico ni psicólogo social podría haber llevado a cabo por muchas razones, entre ellas las de tipo ético, pero que tenemos la suerte de poder estudiar. Algo que fue bastante más allá de lo que muchas feministas de género reclaman actualmente.

¿Qué ocurre con los roles de género cuando las mujeres dan sus hijos a las dos o seis semanas para que sean criados en guarderías comunales? ¿Qué ocurre cuando las mujeres no son mantenidas por sus maridos sino que viven en un régimen comunista donde no hay dinero y el colectivo da a cada uno según su necesidad? ¿Qué ocurre en comunidades fuertemente ideologizadas y comprometidas con el ideal de igualdad sexual? ¿Qué ocurre cuando las mujeres son llamadas al servicio militar y llevan rifles? ¿Qué ocurre cuando las mujeres no cocinan en casa sino que la comida se elabora en cocinas comunitarias  y la ropa se lava en lavanderías comunitarias? En definitiva, ¿Qué les ocurre a las mujeres de los kibutz y a sus maridos y sus hijos?


En esta entrada y otras posteriores voy a contar en que consistió la experiencia de los kibutz basándome en el libro Women in the Kibbutz, de Lionel Tiger y Joseph Shepher. El libro es de 1975 y describe la evolución durante unas 6 décadas y 3 generaciones de vida en los kibutz de Israel desde su aparición a principios del siglo XX hasta el año 1973 aproximadamente. No voy a entrar en la situación actual. Lionel Tiger es un antropólogo canadiense muy influido por la sociobiología, es decir, por un enfoque evolucionista.  Shepher, sociólogo, es húngaro de nacimiento (desconozco si vive actualmente) pero ha sido ciudadano de Israel desde el origen del estado de Israel  y había vivido en los kibutz durante más de 28 años cuando se escribió el libro. Fue el primer director del Central Research Institute de su federación de kibutz y ha investigado muchos aspectos de la vida en los kibutz entre ellos el tema del incesto (Autor de Incest: a biosocial view). Shepher demostró que entre unos 3.000 matrimonios durante tres generaciones no se había dado ningún caso de matrimonio entre hombres y mujeres que se hubieran criado juntos en las edades de 3 a 6 años, lo que da la razón a Westermarck frente a Freud (ver el efecto Westermarck).

Tiger y Shepher han estudiado aproximadamente dos tercios de los kibutz existentes (los kibutz laicos, excluyen de su investigación los kibutz religiosos existentes) durante 3 generaciones, han leído bibliografía (periódicos, libros, correspondencia, archivos…) y han entrevistado personalmente a personas de todas las generaciones desde miembros fundadores hasta las nuevas generaciones. Y los resultados les sorprendieron. Yo voy a explicar primero cómo era la vida en los kibutz, luego iremos viendo la dirección del cambio social en varias esferas (vida familiar, trabajo, educación…), después daré un resumen de los hallazgos globales y por último analizaré las posibles explicaciones de los sorprendentes hallazgos de este estudio.

La vida en los kibutz

Los kibutz supusieron una revolución y una destrucción de muchos patrones sociales instaurados en la cultura occidental. Veamos algunas de sus características:

1- Todos los servicios domésticos están colectivizados. Las comidas se sirven en comedores comunales y se preparan por los miembros del kibutz por un sistema de rotaciones. Por lo tanto, las mujeres no tienen en principio que cocinar más que los hombres ni servir, ni limpiar los platos, etc. No existe la compra individual de comida.

2- Una lavandería colectiva se ocupa de todo el lavado de la ropa. El planchado y los arreglos de sastrería son también comunitarios. Originalmente la posesión de la ropa era colectiva de manera que se distribuía al azar a los miembros después de lavarla. Luego se individualizó pero había normas cuantitativas y todos recibían el mismo numero de prendas.

3- Un doctor y enfermeras son responsables de los cuidados de salud y no existe el trauma ni económico ni emocional de tener que cuidar en el hogar a enfermos.

4- Los niños del 90% de los kibutz que son menores de 14 años viven en dormitorios comunales desde las 2-6 semanas (leo en Wikipedia que actualmente todos los niños duermen con sus padres pero no adelantemos acontecimientos, luego veremos lo que pasó con este arreglo con el paso de los años por deseo expreso de las madres). Son criados por cuidadores especialmente entrenados. Incluso en el 10% de los kibutz donde viven con los padres durante el día son cuidados por cuidadores comunitarios. Hasta los 4 años están en grupos de 4-6 niños. Luego en grupos de 10-20 y los niños tienen una fuerte identificación con su grupo.

5- Los hombres y mujeres son independientes económicamente los unos de los otros. Cada miembro adulto del kibutz trabaja en un esquema general y rara vez los miembros de la familia o las parejas trabajan en la misma rama. Nadie recibe un sueldo directo por su trabajo, todos reciben las mismas recompensas determinadas comunalmente. Estas recompensas son independientes del prestigio y de la calidad del trabajo realizado. Es decir, el tesorero o director general no recibe más bienes o servicios que cualquier otro miembro del kibutz. La ética capitalista de dar más al que más aporta o se esfuerza no se aplica en los kibutz. Sólo un 4% del valor de esos bienes y servicio se da en dinero. La jornada laboral en la mayoría de kibutz es de 8-9 horas para los hombres y 7-8 horas para las mujeres, seis días a la semana. En principio, la economía original de los kibutz se basaba en la agricultura pero en los años 40 se industrializaron. En 1968 los ingresos de una familia media del kibutz eran algo superiores a la media de Israel y su nivel de vida se puede considerar medio-alto. El nivel educativo también era algo mayor que el del resto de Israel en esa época.

6- El estado social no depende de la situación marital ni legal ni económica. Es decir, ninguna mujer sea soltera casada, esté embarazada, tenga hijos, divorciada, etc., depende para nada de ningún marido, padre o ningún otro hombre. El apoyo económico y su estatus legal está garantizado por su pertenencia al colectivo  y está garantizada por la Asamblea General del kibutz.

7- En el kibutz el poder político está muy difundido. Hasta el 40-50 % de los miembros participan en los órganos de gobierno. No hay impedimentos para que tanto hombres como mujeres participen en política. 

8- La educación es colectiva en el sentido de que es el kibutz -y no los padres- el responsable de ella (con los años los padres fueron pidiendo también más voz y voto en la educación de sus hijos). Todos los niños reciben 12 años de educación. Los talentos individuales (musicales, artísticos, etc.) son identificados y cultivados según el caso. Por ejemplo, si alguien es muy bueno en música el kibutz puede decidir comprar los instrumentos musicales que necesite o darle luego una educación especializada. 

9- La socialización temprana evita el énfasis en las diferencias sexuales. Por supuesto, esto no es completamente posible. Por ejemplo, el hebreo distingue el genero en nombres, adjetivos y verbos. Sin embargo, las instituciones educativas evitan las diferencias y no distinguen a los sexos por ropa, peinados o juguetes.

10- La pertenencia al kibutz es individual y voluntaria. La tiene que aprobar una mayoría de dos tercios de la Asamblea General y se necesita estar un año a prueba. El sistema político es la democracia y no hay sistema judicial. Las conductas desviadas se tratan de forma interna y si es muy grave se puede expulsar al afectado. Sólo en caso de asesinato o fraude grave se pasa el caso a la policía estatal. Cada kibutz se integra en unas estructuras superiores, existiendo tres federaciones. Los miembros tienen que aceptar el sionismo. 


Como vemos, estas características diferencian a los kibutz de la mayoría de las sociedades. Ni el hombre ni la mujer están atados al otro por razones económicas o por las responsabilidades para con los hijos. Las mujeres que tienen hijos fuera del matrimonio no sufren ningún penalización ni económica ni moral ni sus hijos van a sufrir desventajas económicas. 

Resumiendo, el kibutz es el mejor experimento al que mirar si uno quiere ver lo que harán hombres y mujeres voluntariamente cuando tanto la ideología  como la estructura social promueven la igualdad entre los sexos y lo ha hecho así durante un largo periodo de tiempo. Si en algún lugar esperaríamos ver realizada la igualdad entre hombres y mujeres sería en el kibutz.

@pitiklinov

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