domingo, 7 de septiembre de 2014

De penalti

Colaboración de Juan Medrano

El verano que está a punto de terminar ha sido denso en emociones futboleras. Cambio de ciclo, que se dice, en la selección, por una parte; radicales remodelaciones en las plantillas de los equipos punteros, por otra; y por si fuera poco, conflictos sobre la composición de la segunda división o sobre los permisos para fichar nuevos jugadores, ya sea por cuestiones económicas, ya sea por no respetar fair-plays a caballo entre lo competitivo y lo financiero.


El fútbol es tan importante y arrastra tantas pasiones que los hinchas pueden sufrir graves secuelas psicológicas si el devenir de sus equipos resulta ser desfavorable. En un artículo publicado hace ya cerca de 15 años, dos investigadores británicos pasaron la llamada escala de impacto de sucesos, a los seguidores de dos equipos que perdieron la categoría al final de la Premier League inglesa de 1997-1998. Su muestra incluía a 65 personas (44 varones) que completaron la escala en las dos semanas posteriores al descenso de categoría. Las puntuaciones globales eran similares a las obtenidas en personas expuestas a amenazas para la integridad física o a desastres naturales, lo que da idea de la entidad del descenso de la categoría de tu equipo como suceso traumático. Más de la mitad de la muestra presentó puntuaciones que según el instrumento reflejan una intensidad clínicamente significativa, y nada menos que el 11% sufrían un “malestar psicológico grave”.

No es extraño que con estos antecedentes un despacho de abogados de Murcia haya puesto en marcha una denominada “Demanda de los Socios del Real Murcia contra la Liga y sus dirigentes” en reacción a la decisión de la Liga de Fútbol Profesional de descender al Murcia a 2ªB por una cuestión económica, tal y como informa Dioni García en La Opinión. El despacho alega que “el gran daño que le está haciendo pasar la liga y sus dirigentes a la afición de nuestro Real Murcia”, hace que no puedan quedarse “de brazos cruzados”, por lo que están preparando una demanda por los daños morales ocasionados en este proceso a los seguidores del equipo pimentonero. 


Más enérgica es la decisión de un abogado colombiano de presentar en un juzgado de Cali una demanda contra la FIFA y contra el árbitro español Velasco Carballo por anular el gol del jugador de su selección Yepes en el Brasil-Colombia del pasado Mundial. Según informa Deportes, el letrado reclama una indemnización de mil millones de euros por una decisión que considera errónea y que “afectó a la moral de 47 millones de colombianos”. En su demanda precisa también que “Velasco Carballo impuso una tarjeta amarilla injustificada a James Rodríguez, con lo cual demostró y se configuró su culpa” en la derrota de Colombia. Como testigos, el abogado propone al propio James Rodríguez, al guardameta David Ospina y al autor del gol, Mario Alberto Yepes. Además de la FIFA, en la persona de su presidente, Joseph Blatter, y el árbitro español Velasco Carballo, la demanda se dirige contra el presidente de la Federación Colombiana, Luis Bedoya, “por guardar un silencio cómplice” ante la anulación de un gol que según ocho árbitros consultados por el demandantes (se supone que en calidad de peritos) era a todas luces legal.

 Desconocemos si prosperará la demanda, pero no debemos olvidar que en ese mismo partido se lesionó una superestrella brasileña en una aparatosa entrada de un defensa colombiano, lo que algunos creen que influyó en el desastroso devenir ulterior de la selección canarinha. El lance se resolvió sin siquiera una tarjeta amarilla para el causante de la lesión. Si se entra en una guerra de demandas, el pobre árbitro del encuentro no va a encontrar cómo indemnizar a quienes lo acusan de haber anulado un gol o a los que podrían acusarlo de no haber protegido debidamente a su estrella. Para que digan que ser designado árbitro en un Mundial es un honor. Dicho sea de paso, aunque estas cuestiones parezcan pintorescas no hacen sino demostrar la importancia vital y emocional del fútbol y lo certero que estuvo Bill Shanckly, el afamado entrenador del Liverpool, cuando afirmó tajante que "algunos creen que el fútbol es solo una cuestión de vida o muerte, pero es algo mucho más importante que eso".

Bill Shankly (1913-1981)

Uno de los acontecimientos más destacados del Mundial, junto con el fracaso de la anfitriona y el no tan trágico, pero no menos inesperado, de la excampeona del mundo, ha sido el destacado papel de los porteros, sobre todo a la hora de parar penaltis. Grecia fue eliminada por penaltis por una Costa Rica en la que deslumbró su portero. Costa Rica fue eliminada por Holanda, con una actuación estelar de su segundo portero, que saltó al campo en una desconcertante decisión de su seleccionador, quien lo considera un especialista. Holanda fue eliminada por penaltis por Argentina, cuyo portero también se lució en la suerte (contaba además con un enigmático papelito talismán). Y de no ser porque a falta de unos pocos minutos Götze marcó el gol que decantó el partido a favor de Alemania, tal vez Argentina hubiera perdido el campeonato por penaltis con actuación memorable de Neuer, el guardameta germano, que no en vano es un porterazo. Pero esto es fútbol – ficción. Lo cierto es que los porteros de Costa Rica, Holanda, Argentina, junto con el de Brasil (selección que eliminó a Chile también por penaltis) pasarán a la historia de este mundial como especialistas en la suerte de parar penas máximas.
José Ángel Iribar parando un penalty

Porteros parapenaltis siempre los ha habido. Uno de los más significados fue, en su momento, Gregorio Blasco, guardameta del Athletic de Bilbao multicampeón de liga y copa en los años 30, cuya calidad como cancerbero quedó eclipsada al tener la poca fortuna de que su carrera profesional discurrió en paralelo a la del gran Ricardo Zamora. Blasco, quien debía tener unas manos especialmente dotadas (se decía que para hacerle un par de guantes sería necesaria la carpa de un circo) se jactaba en los últimos años de su vida en México, donde se había establecido, de que tenía un arma secreta para parar penaltis, un truco que solo revelaría a los técnicos del Athletic para su difusión y aprendizaje entre los porteros del equipo. La habitual torpeza de los cancerberos de San Mamés en las últimas décadas a la hora de parar penaltis hace pensar en que alguna lumbrera del staff técnico desechó el ofrecimiento del legendario Blasco y tras su fallecimiento hace más de 30 años, el secreto pudo haberse perdido para siempre.

Gregorio Blasco (1909-1983)
Pero afortunadamente, vamos conociendo los intrígulis científicos del lanzamiento de penalties. Comentaremos dos investigaciones que contribuyen a mejorar nuetro conocimiento en esta área, que se deben a un mismo equipo de entusiastas investigadores. En uno de sus trabajos van del Kamp y Masters estudiaron el papel de la Ilusión de Müller-Lyer, y la postura del portero. La citada ilusión, que debe su nombre al de su descubridor, consiste en que dos o más segmentos de igual tamaño parecen más grandes o más pequeños dependiendo de que las puntas de flecha añadidos en sus extremos apunten hacia adentro o hacia afuera. Es algo que como se aprecia en la imagen adjunta ha engañado y sorprendido a la vez a todo el mundo.
Ilusión de Müller-Lyer según la explicación de Wikipedia
Pues bien, nuestros investigadores investigaron si la colocación del portero, en cuatro posiciones diferentes (brazos en alto, brazos en cruz, brazos hacia abajo, brazos pegados al cuerpo). Aunque la estatura del cancerbero es la misma, las posturas, reproduciendo el esquema de la ilusión de Müller-Lyer, dan la impresión de ser diferentes, según comprobaron los investigadores pidiendo a sus probandos que las estimasen. Concretamente, el portero parece más alto cuando está con los brazos en alto, seguido de cuando está con los brazos en cruz. Cuando dispone los brazos hacia abajo parece algo más bajo y su estatura parece aún menor cuando tiene los brazos pegados al cuerpo. Y de forma totalmente congruente, los probandos, en situación experimental disparan el balón tanto más lejos del portero cuanto más alto lo perciben. Dicho de otra manera: cuando el portero tiene los brazos levantados el lanzador tenderá a colocar el balón lo más lejos posible de su cuerpo, y cuando los tiene pegados al cuerpo lo colocará más cerca del portero que cuando este adopte cualquier otra posición.

Los mismos investigadores estudiaron tiempo después en otra investigación si la ubicación del cancerbero en la portería determinaba el lugar al que lanzaría el ejecutor de la pena máxima. Encontraron que una mínima desviación de la figura de portero hacia un lado de modo que no se colocase en el exacto centro de la portería, provocaba dos fenómenos curiosos. El primero, que el lanzador era incapaz de apreciar que los espacios a ambos lados del portero no tenían la misma superficie; el segundo, que a pesar de ello, el lanzador dirigía el balón hacia el espacio más amplio, aunque no lo percibiera como tal. En otros términos: si un portero que tiene marcado el centro de su línea de gol se colocase un poco, unos escasos centímetros hacia un lado, condicionaría al lanzador a disparar hacia el otro lado, sin que la decisión fuera consciente ni mucho menos voluntaria.
Así pues, es posible que la fórmula de Gregorio Blasco consistiera en esperar al lanzador mínimamente ladeado hacia una mitad de su portería y con los brazos caídos. De esa manera podía esperar un lanzamiento cercano a su cuerpo y orientado hacia el lugar que él determinase con su colocación, lo cual, sin ser una garantía de detener el penalti en el 100% de las ocasiones sí que mejora mucho la probabilidad de detener un balón que salvo gansadas tipo Panenka o paradinha suele lanzarse a más de 100 km/h y puede colarse en el inmenso espacio delimitado por un marco de  7,32 metros de ancho por 2,44 de alto (ocho yardas de largo por ocho pies de alto, en el original métrico británico). Si además el gran Blasco tenía unas manos tan grandes como le atribuye la leyenda, todavía le sería más sencillo llegar al balón, pero eso, claro, ya es un atributo más personal que por el momento Masters y van der Kamp no han introducido en sus estudios.

Fuentes:
Banyard P, Shevlin M. Responses of football fans to relegation of their team from the English Premier League: PTS? Ir J Psych Med 2001; 18: 66-67 [Abstract]
Masters RS, van der Kamp J, Jackson RC. Imperceptibly off-center goalkeepers influence penalty-kick direction in soccer. Psychol Sci 2007; 18: 222-3 [Texto completo].
van der Kamp J, Masters RS. The human Müller-Lyer illusion in goalkeeping. Perception 2008; 37: 951-4 [Texto completo].

Ricardo Zamora. Y su gorra.


sábado, 30 de agosto de 2014

Contra la empatía

Paul Bloom
El Boston Review dedica todo un debate (Against Empathy) al tema de si la empatía es buena o mala guía a la hora de tomar decisiones morales. El ponente es el psicólogo Paul Bloom y le dan la réplica personalidades como los filósofos Peter Singer o Jesse Prinz, o el experto en autismo Simon Baron-Cohen.

La argumentación de Bloom es similar a un artículo previo suyo del año pasado, the Baby in the Well, que os recomiendo leer en primer lugar. Partimos de que parece que estamos en la Edad de la Empatía, como dice de Waal,  escuchamos a todo el mundo hablar de lo buena que es la empatía ( han salido muchos libros sobre el tema), y hasta el presidente Obama  plantea lo importante que es ver el mundo a través de los ojos de los que son diferentes a nosotros. Parece haber una revolución afectiva y todo el mundo se rinde al papel de las emociones, especialmente las implicadas en la acción y el pensamiento moral. Según Simon Baron-Cohen, la falta de empatía es la causa del sufrimiento en el mundo y parece que la solución a los problemas del mundo es más empatía: All we need is Empathy.

En medio de este ambiente favorable a la empatía aparece Bloom y dice que él está en contra de la empatía. ¿Por qué? porque la empatía tiene muchas cosas malas, por ejemplo que es parroquiana, estrecha de miras y no sabe de números. Pone como ejemplo el caso de Jessica, la niña que cayó en un pozo en Texas y todo EEUU estuvo pendiente de ella. Es un hecho comprobado el llamado “Síndrome de la Víctima identificable”, la gente se vuelca a ayudar a una víctima de la que conocemos su cara y sus datos pero luego no ayuda a 10.000 víctimas desconocidas. En el laboratorio se ha preguntado a los sujetos cuánto dinero darían para crear un medicamento que salvara a un niño y cuánto para crear un medicamento que salvara a 8 niños y la respuesta era parecida. A un tercer grupo se les dijo el nombre y edad de la víctima y se les enseñó una foto  y entonces dieron mucho más dinero para salvar a ese que para salvar a los ocho.

Siguiendo con el tema de los números, no hay diferencia psicológica entre enterarte del sufrimiento de 5.000 personas o de 500.000. Imagina que lees que han muerto 2.000 personas en un terremoto en un lejano país y luego te enteras de que las muertes han sido en realidad 20.000. ¿Te sientes 10 veces peor? Para entender que los números importan se necesita la razón, no la empatía.
Simon Baron-Cohen

La empatía, además, está sesgada y suele limitarse además a nuestro grupo. Es más fácil que ayudemos a gente guapa o de nuestra etnia o país. La empatía es estrecha, dice Bloom. Lo tenemos muy difícil para que un seguidor del Betis empatice con la suerte de los del Sevilla. En el plano político el problema tampoco es de falta de empatía sino de que la izquierda empatiza más con unos y la derecha con otros. Por ejemplo, los liberales USA están en contra de las armas y empatizan con las víctimas de la violencia por armas. Los conservadores empatizan con las víctimas desarmadas de un crimen que se quedaron indefensas frente a la crueldad de otros. Por lo tanto, si aumentáramos la empatía en el mundo no creas que tus oponentes ideológicos pensarían como tú.

Bloom aplica el mismo argumento al calentamiento global. Nuestro cerebro no está diseñado para enfrentarse al calentamiento global porque nos fijamos en el corto plazo y en lo que podemos ver y percibir con nuestros sentidos, y el cambio climático es casi imperceptible a simple vista y va a afectar a personas en el futuro que no conocemos, o que ni siquiera existen. Nos preocupamos de individuos específicos en el presente y no nos afectan crisis que pueden dañar a gran cantidad de personas en el futuro.

El filósofo Jesse Prinz señala también que muchas cosas que  son buenas (disciplinar a un niño con conducta peligrosa, organizar un sistema para recibir donaciones de órganos para transplantes, etc) requiere dejar de lado la empatía y las emociones, y ser más frío y lógico. Lo que tanto Bloom como Prinz  defienden es un planteamiento utilitarista. Nuestro corazón siempre irá hacia el niño en el pozo porque la empatía es lo que nos hace humanos pero, según Bloom, la empatía debe ceder ante la razón si queremos que la humanidad tenga futuro. Para la política o la gestión de la cosa pública debemos dejar la empatía a un lado. Debemos darnos cuenta de que cientos de muertes son peor que una, aunque conozcamos a ese uno.
Peter Singer

De las réplicas sólo voy a comentar la de Peter Singer - que está a favor de Bloom como buen utilitarista- porque menciona un movimiento emergente muy interesante que no es muy conocido. Se llama Altruismo Efectivo, y se refiere a personas que dan una cantidad de su sueldo a organizaciones humanitarias que han demostrado ser eficaces. Se suele donar un 10% pero algunos dan el 50% y hay gente que busca trabajos donde ganar más dinero para poder donar más. Todos ellos no lo hacen por empatía sino por pura racionalidad. Para ellos es perfectamente posible jugar y cuidar a sus niños pero entender a la vez que la vida de los niños de Pakistan o Zambia son tan importantes como las de sus hijos.

Algunos puntos débiles de la propuesta de Bloom son señalados por los diversos autores que le dan la réplica, pero yo destacaría uno de los problemas que tiene esta postura. Cuando dice que sin empatía estaríamos mejor para enfrentarnos al cambio climático y entenderíamos mejor las campañas de vacunación, argumenta que estos actos imponen costes a gente real en el presente por el bien abstracto de individuos en el futuro. Este planteamiento se parece peligrosamente a las actuaciones de regímenes del siglo pasado como el nazismo o el socialismo soviético que causaron la muerte de millones de personas, siempre por un futuro mejor. Veo un riesgo enorme aquí. Esas atrocidades se cometieron por dirigentes que fueron perfectamente capaces de dejar la empatía de lado y ya sabemos el resultado.

No veo muy claro que sin empatía el mundo pueda ser mejor, pero creo que tiene un punto de razón en su argumento Boom y que la toma de medidas sobre todo a nivel político requiere ir más allá de la empatía. El problema es saber cuánto tenemos que alejarnos de la empatía.


@pitiklinov

martes, 26 de agosto de 2014

De la hipocresía hacia los enfermos mentales

La entrada anterior ha generado bastantes comentarios que agradezco sinceramente porque me ayudan a pulir y afinar mis ideas en un tema que es complejo, delicado y con muchos matices. Creo que algunos lectores no han entendido el punto principal al que mi amigo y yo nos referíamos, muy probablemente porque no me he explicado adecuadamente. En esta entrada quería desarrollar la Coda del post anterior para ver si eso clarifica nuestra postura. 

Primero, quiero aclarar que el post anterior no va, en esencia, sobre el derecho al aborto, en general, o sobre el derecho al aborto de una persona con S. de Down en particular. Podemos hablar de eso pero lo que decidamos al respecto no afecta al tema de ese post que es el de la hipocresía: que la gente dice unas cosas pero en realidad piensa o hace otras. Dado que a todos nos gusta saber desde dónde habla la otra persona quiero aclarar mi postura sobre el aborto, aunque esto es irrelevante para el objeto de discusión. Personalmente me considero ateo hasta la médula (no creo en el libre albedrío o free will lo que me convierte en doblemente ateo) y considero, en el tema del aborto en general y el del aborto en el caso de S. de Down en particular, que es una decisión personal y que cada persona o familia debe hacer lo que crea que debe hacer. No creo que el Estado, ni nadie, les deba obligar a criar un hijo que la familia no desea tener o que le obligue a abortar un hijo que desean tener. Considero legítimo tanto abortar un S. de Down como llevar el embarazo a término y personalmente sería partidario de abortar en el caso de un diagnóstico prenatal de S. de Down. Acepto que esta postura es discutible y tiene muchos problemas pero también los tiene cualquier otra. Dicho esto, y dado que el tema del aborto es un tema más emocional que racional, como hablábamos en este otro post, los que estén de acuerdo conmigo pensarán que soy un tipo muy majo y los que no me pondrán en una lista negra. Vale.

Aclarado esto, vamos a intentar ser racionales y el tema  que proponíamos es si decimos unas cosas pero realmente pensamos y hacemos otras. Es el tema de ser consecuentes o congruentes. Voy a derivar el tema hacia la Coda del post anterior para que podamos tener una perspectiva más amplia. Vamos a hablar de los enfermos mentales. 

Si le preguntamos en una encuesta al ciudadano medio a ver qué piensan sobre el estigma de los enfermos mentales probablemente nos dirán que la enfermedad mental es una enfermedad como cualquier otra, que se merecen todo el respeto, que no hay que discriminarlos, y también añadirán que no está bien encerrarlos en psiquiátricos y otras cosas por el estilo. Bien, ¿hemos de creer al ciudadano medio? Creo que no. ¿Por qué? Porque hablar es gratis, las palabras son fáciles de pronunciar y tal vez lo que uno dice no refleja lo que de verdad piensa. Para dudar de ese tipo de afirmaciones me apoyo en lo que se suele oír en los raros casos en que un enfermo mental comete un acto violento. Es relativamente frecuente ver o escuchar comentarios de los vecinos, o ciudadanos en general, en el sentido de que esa persona debería estar encerrada o cosas por el estilo. También protesta la gente cuando se quiere abrir un centro de día, o algún otro centro o recurso para enfermos mentales, cerca de su domicilio.

Los psiquiatras recibimos de la sociedad un doble mensaje, lo que en el lenguaje de la profesión solemos calificar de “doble vínculo”, es decir, se nos dice una cosa y la contraria: que los enfermos mentales deben disfrutar de la misma libertad que cualquier otra persona pero también que debemos velar por la seguridad de la ciudadanía. 

Y la prueba del nueve es la de las obras, no la de las palabras. Supongamos que tienes una pequeña empresa y estás buscando un trabajador con determinada cualificación. O imagina que buscas una persona para que cuide a tus hijos. Supongamos que uno de los candidatos padece esquizofrenia, ¿le contratarías? Supongamos, como planteaba en la entrada anterior, que existiera un test  prenatal que diagnosticara esquizofrenia en el feto con una alta fiabilidad y tu hijo da positivo. ¿Abortarías?

Nuestra tesis es que si contratas al esquizofrénico o si no abortas entonces sí estás demostrando que no discriminas o estigmatizas al enfermo mental. Pero si abortas a un feto con esquizofrenia me estás diciendo claramente lo que piensas de la esquizofrenia, y no necesitaría escuchar tus explicaciones: obras son amores.

Parto de la base de que cuando abortas un feto con una patología, minusvalía o trastorno (o no contratas a un paciente esquizofrénico o no quieres un centro de día para adictos a tóxicos cerca de tu casa, etc), lo haces por una valoración negativa de esa condición (que a ti, al niño y/o tu familia en general os va a traer dolor, sufrimiento o infelicidad). Si un test prenatal te dice que tu hijo/a va a ser tan guapo/a como Brad Pitt o Angelina Jolie y con un cociente intelectual de 160 no le vas a abortar. Decir que abortar un S de Down o un feto con esquizofrenia no implica una discriminación o valoración negativa me parece bastante difícil de defender. Y eso es lo que consideramos una hipocresía: “Yo le aborto pero que quede claro que le considero igual que los demás” Personalmente no compro esa postura.

A todos nos gusta aparecer ante los demás como personas abiertas, guays, buenas y políticamente correctas. Más importante aún: a todos nos gusta aparecer ante nosotros mismos como guays, abiertos y políticamente correctos. Reconocer que tenemos miedo a los enfermos mentales o que consideramos que una persona con el S. de Down o con esquizofrenia no está al mismo nivel que una persona que no padezca esas patologías es algo que nos rechina y destroza la idea que tenemos de nosotros mismos. Además, es algo que puede hacer que seamos rechazados por los demás y , por lo tanto, algo que no podemos permitirnos. Esta contradicción interna es un fenómeno que en Psicología se llama Disonancia Cognitiva, que ya Esopo describió en su fábula sobre la zorra y las uvas. Nos resulta insoportable vernos así y tenemos que recurrir a eufemismos y al autoengaño para justificarnos. De eso es de lo que hablábamos.


@pitiklinov

lunes, 25 de agosto de 2014

Dawkins y la hipocresía de la sociedad ante el S. de Down

Dawkins tiene últimamente una facilidad extraordinaria para meterse en charcos. Hace poco provocó un gran revuelo al decir que no era lo mismo una violación durante una cita que una violación por un extraño con un cuchillo y hace unos días ha generado otra polémica en relación al aborto en los casos de S. de Down. Me voy a ocupar de esta última. La situación resumida es la siguiente ( el propio Dawkins lo resume aquí):

El 20 de Agosto una mujer habitual en la web RichardDawkins.net comentó que no estaba segura  de qué haría ella en el caso de que estuviera embarazada de un hijo con S. de Down. Dawkins contestó: “Aborta y prueba de nuevo, sería inmoral traerle al mundo si tienes elección”. Evidentemente esto ha sido interpretado por todo el mundo como autoritario, chulo y prepotente. Dawkins explica que nada más lejos de su intención que decirle a nadie lo que tiene que hacer, que eso es lo que él haría y que la brevedad de Twitter requiere condensar mucho y él acepta y entiende que su tuit da la impresión de prepotencia. Yo personalmente me creo sus explicaciones y acepto que estaba diciendo lo que él haría, sin imponer nada a nadie, pero cada uno puede pensar lo que quiera.

Pero ha habido también comentarios en los que le han tratado de monstruo y de nazi por proponer el aborto en el caso del S. de Down y esto ya no me parece lógico porque Dawkins no está proponiendo ni más ni menos que lo que la mayoría de la gente está haciendo ya: la mayoría de la gente aborta cuando conoce que el hijo padece un S. de Down.

He estado discutiendo todo este debate y sus derivaciones con un amigo y él me señalaba un punto que considero muy acertado. Me decía que existe una enorme hipocresía detrás de las campañas de integración de las personas discapacitadas, como el S. de Down, a las que se presenta como “iguales” y con el derecho a vidas plenas, mientras sistemáticamente se las extermina antes de nacer. Hipocresía, según la RAE, se define como : “fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan”.

Si son personas como las demás ¿por qué las abortamos sistemáticamente? Y si creemos que es legítimo abortarlas, habrá que reconocer que no las consideramos iguales que las demás. Pero claro, eso es demasiado fuerte para nuestras conciencias. Por eso preferimos afirmar una cosa y su contraria a la vez y quedarnos así tan tranquilos pensando que el emperador está elegantemente vestido. Pero tanto mi amigo como yo le vemos desnudo.

(Coda: si hubiera un diagnóstico prenatal fiable, incluso medio fiable, que te dijera que tu embrión tiene un 80% de posibilidades de tener una esquizofrenia en la vida adulta, o un T. Bipolar, o un T. Límite de la Personalidad, ¿qué harías? ¿abortarías en estos casos?)


@pitiklinov

PS- creo que la prohibición de este video sobre el S. de Down es Francia tiene que ver con el tema de esta entrada: 

viernes, 22 de agosto de 2014

El Suicidio como escape del Yo. Los 6 pasos hacia el suicidio

Jesse Bering
El suicidio de Robin Williams ha aumentado la preocupación por el tratamiento de la depresión y la prevención del suicidio. Al hilo de este acontecimiento, Jesse Bering, en un artículo del Scientific American, intenta entender el deseo de acabar con la vida propia y dice que, a su juicio, la teoría que mejor captura la mente de un suicida es la de Roy Baumeister, que considera el suicidio como un escape del Yo. Según Baumeister, hay seis pasos que conducen al suicidio y si alguno de ellos no ocurre, no se producirá el suicidio; pero si los seis están presentes intentar evitar un suicidio es tan inútil como pretender que una persona en el punto más alto de la excitación sexual se frene de llegar al orgasmo. Los seis pasos son los siguientes:

1- Un fracaso, un desengaño, no se cumplen las expectativas. Conviene señalar que la tasa de suicidio es más alta en las naciones más prósperas, en los estados de USA con más calidad de vida, en sociedades avanzadas que defienden las libertades individuales, en áreas con mejor tiempo y en estudiantes que tienen buenas notas y padres con altas expectativas. La pobreza por sí misma, por ejemplo, no es un factor de riesgo para el suicidio. Pero sí lo es pasar de un relativa prosperidad a la pobreza. Es decir, que es la discrepancia entre las expectativas y la realidad percibida la que pone en marcha el suicidio y que, como suele decirse, cuanto más alto, mayor es la caída.

2- Atribuciones internas: uno se culpa a sí mismo del fracaso. Si uno culpa a sucesos externos del fracaso, uno no se suicida. También señala Baumeister que una autoestima baja crónica no es el mayor factor de riesgo  sino una reciente demonización del yo en respuesta a una serie de eventos negativos.

3- Un estado aversivo de autoconciencia. Uno se ve a sí mismo como no atractivo, incompetente, malo y culpable. Pero la esencia de este estado es la comparación de uno mismo con unos estándares. Esta referencia puede ser uno mismo en una época mejor o personas exitosas del entorno. Un dato interesante es que en los textos de las notas de suicidio predomina la primera persona del singular (yo) y rara vez aparecen los pronombres en plural (nosotros). Para un suicida, la familia y los amigos están a millas de distancia.

4- Un afecto negativo, un malestar emocional. Esto parece obvio. El suicida que percibe que pasa algo malo con él experimenta ansiedad, depresión, culpa y vergüenza. Como decíamos, el Yo se percibe como negativo, surge un gran malestar  y el sujeto lo que busca es el olvido, la pérdida de la conciencia. Para ello sólo hay tres caminos: las drogas, el sueño o la muerte, siendo la muerte, la gran anestesia de la naturaleza, la más definitiva.

5- Deconstrucción cognitiva. El suicida intenta escapar huyendo hacia un estado de adormecimiento por medio de una deconstrucción cognitiva, un concepto propuesto por Robin Wallacher y Daniel Wegner. Se rompen las cosas cognitivamente en sus elementos básicos. Por ejemplo, la perspectiva del tiempo del suicida cambia de manera que el momento presente parece interminable: el presente es doloroso y  cuando, al de un tiempo,  mira el reloj se sorprende de que ha pasado muy poco tiempo. También hay evidencia de que no pueden pensar bien acerca del futuro. Es por eso que amenazar, por ejemplo, con que irán al Infierno no tiene mucho efecto porque el futuro no les importa. Baumeister cree que este estrechamiento temporal es en realidad un mecanismo defensivo para no pensar en los fallos del pasado ni en el futuro sin esperanza. 
Otro aspecto de esta deconstrucción cognitiva es el aumento en el pensamiento concreto. En las notas del suicida hay pocas palabras abstractas y sobre pensamientos. Por contra, hay instrucciones muy concretas como “ no olvidéis dar de comer al gato” y referencias a objetos concretos del entorno.
Roy Baumeister

6- Desinhibición. La mayoría de la gente tiene un inhibición y miedo a hacerse daño a uno mismo. Baumeister cree que la deconstrucción cognitiva que hemos comentado tiene como consecuencia una desinhibición conductual y ya no se piensa ni en el propio dolor, ni en el de los seres queridos, ni en otras consideraciones. También es verdad que en esta última fase muchos suicidas recurren al alcohol u otras drogas para favorecer esta desinhibición.

Estos son los seis pasos. La motivación, según Baumeister, es escapar del Yo, de la autoconciencia, el olvido. En la fase de deconstrucción cognitiva, el sujeto tiene distorsiones cognitivas y creencias irracionales. La fantasía más extrema es la de escapar del Yo convirtiéndose en otra persona. Si se pregunta a los suicidas si les gustaría ser otra persona el 20% responden que sí, comparado con un 0% de los controles. 

Es muy difícil, por la propia dinámica que hemos comentado, pero tal vez esta información pueda servir para que , si observas cambios en ti mismo o en otra persona que indican que estos patrones de pensamiento pueden estar ocurriendo, intentes buscar ayuda.

@pitiklinov

Referencia


jueves, 14 de agosto de 2014

Psicología Fetal

Peter Hepper
Durante 38 semanas de nuestras vidas vivimos bajo el agua, en una relativa oscuridad, calentitos, incluso cómodos. Nos desarrollamos más rápido que en cualquier otra edad, experimentamos olores y ruidos y hacemos ejercicio regularmente. En ese tiempo ocurren muchas cosas que tendrán una gran importancia para el futuro de nuestras vidas, pero no tenemos recuerdos de toda esa época. Es más, tal es el desprecio que tenemos por esa etapa que es justamente cuando acaba cuando consideramos que empieza nuestra edad oficial.

Sin embargo, esas 38 semanas son claves y el estudio de la psicología fetal está empezando a aclarar la trascendencia de la etapa prenatal y sus conductas para nuestro desarrollo. Este conocimiento puede servir para mejorar la salud del feto. Vamos a ver algunas de las conductas del feto.

Aunque las embarazadas dicen que el feto se empieza a mover a las 16-20 semanas de gestación, los ultrasonidos dicen que, en realidad, éste se empieza a mover a las 7-8 semanas. Empieza por la columna vertebral con movimientos de la espalda y poco a poco estos movimientos se van extendiendo y a las 14-15 semanas ya ha aparecido todo el repertorio. Al final del embarazo hay cuatro estados conductuales en el feto: quieto dormido, activo dormido, quieto despierto y activo despierto, que son los precursores de los estados conductuales que vemos en el recién nacido. Una curiosidad es que la preferencia manual se observa ya a las 10 semanas pero no se ha informado de diferencias hemisféricas a esa edad, lo que sugiere que son los movimientos diferenciales derechos e izquierdos los que conducen a una lateralización pero no al revés. Movimientos oculares rápidos REM se observan en el último trimestre de embarazo.

A nivel sensorial, el único sentido que prácticamente no se estimula en el útero es la visión y el tacto es el primero en desarrollarse. A las 8 semanas el feto responde a tocamientos alrededor de los labios y la mejilla. A las 14 semanas todo el cuerpo, excepto la espalda y la parte alta de la cabeza, responde al tacto. El feto toca su propia cara desde las 10-11 semanas.

Aromas y sabores de la dieta de la madre pasan al líquido amniótico por lo que cuando el feto empieza a tragar el líquido amniótico -alrededor de la 12ª semana- puede experimentar los sabores de la dieta de su madre. Para las semanas 15-16 el feto responde al sabor del líquido amniótico y traga más si es dulce que si es más “amargo”. 

El feto responde a sonidos desde la semana 22-24. Al principio sólo oye las frecuencias bajas ( 250-500Hz) pero luego se va ampliando y al final del embarazo puede diferenciar voces y sonidos. El ambiente uterino es ruidoso: el latido cardiaco de la madre, el flujo de sangre, el aparato digestivo, todos ellos contribuyen al ruido ambiental. Se oyen también los sonidos del mundo exterior, aunque algo atenuados. Es interesante que hay muy poca atenuación en el rango de frecuencias 125-250Hz, que es el de la voz humana.

Un asunto que se debate y no está aclarado es el de la sensibilidad al dolor. En niños prematuros se ve que hay respuestas de dolor a las 24-26 semanas y en analítica se ven respuestas de estrés a pinchazos a las 23 semanas. Sin embargo, dado que el dolor es un fenómeno subjetivo no podemos llegar más allá por ahora.

Otra cuestión es si el feto puede aprender. Hay estudios de los años 30-40 del siglo pasado que demuestran condicionamiento clásico al final del embarazo y recientemente se ha demostrado habituación a estímulos auditivos a las 22-24 semanas. Los recién nacidos prefieren la voz de su madre a la de otra mujer y se cree que esta preferencia se adquiere prenatalmente. Los recién nacidos prefieren también música que han oído antes de nacer que música que no han oído nunca. Estas preferencias se observan a las 36 semanas pero no a la 30ª semana, lo que quiere decir que el aprendizaje de canciones y voces ocurre después de las 30 semanas.

El feto también aprende acerca de sabores y olores. Por ejemplo, si la madre come ajo durante el embarazo, el recién nacido tiene menos aversión al ajo que niños cuya madre no ha comido ajo. Los recién nacidos también tienen una preferencia por el olor de su madre que el de otra mujer.

Lo que no se sabe es si el aprendizaje prenatal puede dar lugar a preferencias duraderas en el tiempo. Parece que si no hay nuevos estímulos, las preferencias musicales se pierden a las 3 semanas. Lo que no está demostrado es que programas de estimulación prenatal tengan un influencia en el desarrollo del feto. Ese tipo de programas no tiene base científica.

¿Por qué se mueve, siente su ambiente y aprende el feto?. Es posible que  la conducta y experiencias del feto sean meros subproductos del proceso de maduración, pero las investigaciones sugieren que la conducta del feto es importante para su desarrollo tanto antes como después del parto. Por ejemplo, practicar movimientos respiratorios no tiene sentido en el útero pero aparecen ya a las 9-10 semanas y ocurren un 30% del tiempo a las 30 semanas. Aunque no hay aire en el útero estos movimientos ayudan al desarrollo de los circuitos neuronales responsables de la respiración asegurando que todo funcione bien cuando nazca.

Los movimientos del feto son también esenciales para la formación de las articulaciones y del tono muscular. Al principio, las articulaciones son unas superficies bastas pero a medida que el feto se mueve se van refinando y modelando hasta permitir una movilidad completa. La ausencia de movimientos en las articulaciones puede conducir a malformaciones. 

El aprendizaje prenatal olfativo puede ayudar a facilitar el amamantamiento. Los mismos procesos que hemos comentado antes que dan sabor al líquido amniótico dan también sabor a la leche materna, por lo que el feto puede aprender acerca del sabor de la leche tragando líquido amniótico. En este sentido es mejor que la madre no varíe la dieta tras el parto para que el bebe coja bien el pecho. Por supuesto, todos estos procesos de aprendizaje de olores y sabores son muy importantes también para el proceso del apego, para que el bebé y la madre se vinculen bien, al favorecer el reconocimiento de la madre. Aunque el bebé no pueda ver bien a la madre, o ella se encuentre lejos, la puede oír y oler. 

A un nivel más general, las experiencias fetales ayudan al desarrollo en general y especialmente estimulan el desarrollo del cerebro. El periodo fetal es el de más rápido desarrollo del cerebro. En el momento cumbre se están produciendo 250.000 células cerebrales por minuto. El ambiente normal prenatal produce la estimulación necesaria para la maduración del SNC.

Resumiendo, las primeras semanas de nuestro desarrollo son todavía un misterio pero la incipiente ciencia de la psicología fetal está empezando a revelar la importancia de este periodo para el resto de nuestras vidas.

@pitiklinov

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