domingo, 26 de octubre de 2014

El error del neuroreduccionismo

Neuroreduccionismo es la tendencia a reducir fenómenos mentales complejos a estados cerebrales, confundiendo una correlación con una causalidad física. En el artículo que voy a comentar, Savulescu y Earp hacen algunas precisiones con respecto al neuroreduccionismo que merece la pena tener en cuenta. Hablan de temas relacionados con el sexo y el amor pero la idea central se puede aplicar a cualquier otro asunto y debemos tenerla presente cuando leamos ciertas noticias científicas en los periódicos o determinados artículos.

Ellos comentan en concreto un estudio sobre el llamado Trastorno por deseo sexual hipoactivo (TDSH), en el que se comparan mujeres con este problema con un grupo control mientras ven vídeos eróticos intercalados en la programación televisiva normal. Las mujeres sin TDSH muestran un aumento de la activación en la corteza insular mientras que en las mujeres con TDSH no ocurre lo mismo. La conclusión  del autor del estudio es que “identificar cambios fisiólogicos es evidencia de que se trata de un verdadero trastorno y no de una construcción social” 

El problema con este planteamiento es que encontrar diferencias de actividad cerebral no nos dice absolutamente nada acerca de la causa de esas diferencias. Lo único que estamos diciendo es que los cerebros de mujeres con bajo deseo sexual son diferentes a los de mujeres con mayor deseo sexual, porque… ¡tienen diferentes deseos sexuales! Se trata del eterno problema de que correlación no implica causalidad. Imaginemos ahora que examinamos a personas que están aburridas y personas que no lo están. Seguro que el patrón cerebral de unas y otras será diferente pero no podemos asumir que la flecha de causalidad va siempre del “cerebro” a la “mente”. No estoy aburrido porque tengo un patrón cerebral determinado, estoy aburrido porque no se me ocurre o no tengo nada que hacer y eso se traduce en un determinado patrón de actividad cerebral.

La flecha de causalidad puede ir tanto de "cerebro" a "mente" como de mente a cerebro. En este post anterior sobre estatus y serotonina comentaba unos trabajos en monos en los que la serotonina del macho alfa disminuye cuando no recibe las muestras de sumisión de los inferiores. Que tus inferiores no te miren cambia tu biología. Por supuesto, hay también ejemplos en los que la biología cambia claramente la mente y la conducta. Un caso muy claro es el de un profesor de 40 años que desarrolló pedofilia por un tumor cerebral, pedofilia que desapareció al extirpar el cáncer y reapareció al recidivar el mismo al de un año. También en los estudios en monos que acabo de mencionar aquellos a los que se les administraba fluoxetina tenían más probabilidades de llegar a ser machos alfa.

Todo lo que hacemos cambia nuestro cerebro: abrir los ojos, ver algo, oler algo, leer este post, o tener un pensamiento. El cerebro cambia continuamente. Todo lo que experimentamos desde enamorarnos a tener dolor de estómago implica un determinado patrón de actividad neuronal. Lo que explica las diferencias entre gente con diferentes estados mentales puede ser genético, neuroquímico, ambiental o social, o una mezcla de todo lo anterior. Para buscar la causa se necesita experimentos donde manipulemos esas variables en un grupo y comparar los resultados. Poner en un trabajo unas fotos en colores de Resonancia Magnética funcional, o la prueba que sea, será muy bonito pero no es suficiente. 

@pitikliinov

Referencia:



9 comentarios:

  1. De lo más interesante. El artículo parece reclamar prudencia, pero la experimentación psicológica utiliza otros recursos aparte de las lecturas de la resonancia magnética que supongo que puede ser tenida en cuenta si se añade al resto de indicios. Tengo entendido que eso pasa con la detección de los famosos psicópatas, de los que unos dicen que son el 1% y otros que el 4%. En "House" los detectaban con resonancia magnética. Pero la cosa no está tan clara.

    Pero está, en cualquier caso, ¿no?

    Magnífico artículo. Acabo de descubrir este blog y me parece que voy a ser un visitante asiduo.

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  2. Pablo, como sabes, la ciencia es y debe ser reduccionista. El estudio de la conducta humana ni puede ni debe ser una excepción. El ejemplo que revisas es revelador, pero eso no implica que lo que los autores sugieren sea falso. No hay manera de evitar el argumento de que nuestra conducta resulta de la actuación del cerebro. La dirección causal es clara. El cerebro cambia constantemente pero lo que sucede en él explica lo que se expresa conductualmente. No hay otra salida. Saludos, Roberto

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    1. Creo que el punto que intentan transmitir los autores del artículo - y con lo que yo coincido- no va por ahí. Ni ellos ni yo planteamos ningún tipo de dualismo. Fíjate que he puesto cerebro y mente entre comillas porque no creo que sean dos cosas separadas, tengo muy claro que la mente es el cerebro en acción, lo que el cerebro hace. Y como fan de la Psicología evolucionista asumo que el cerebro (y la conducta) es otro órgano más y que es modelado por la selección natural.

      Se trata de ir un poco más atrás en la flecha causal de lo que tú planteas. Porque a fin de cuentas la función del cerebro es captar, procesar y responder a información del ambiente esencial para nuestra supervivencia/reproducción. Imagínate que estoy en la calle y , de repente, aparece un toro. Se me disparará la emoción de miedo (se me activará la amigdala) y ésta pondrá en marcha una conducta de huida. ¿Cuál es la causa de mi miedo? ¿El patrón cerebral de activación de la amígdala? Puede ser, sin amígdala no hay miedo ni huida…¿Pero no te parece que en el fondo la causa del miedo es el toro? La activación de la amígdala es una respuesta, es decir, consecuencia de la presencia del toro. Sin toro no hay miedo ni huida, el patrón de miedo no se origina en el cerebro primariamente, a no ser en el caso de que alucine un toro o en el caso de un ataque de pánico, donde las neuronas del rafe (o las que sean) se disparan espontáneamente cuando no deben. Lo que pone en marcha el patrón cerebral de miedo es algo en el ambiente. De hecho, la existencia última, evolucionista, de la emoción del miedo fue la presencia de depredadores en el ambiente y la necesidad de responder a ese reto de la manera más rápida posible.

      En muchos otros ejemplos el origen de cierto patrón cerebral puede estar en el mundo social. Puedo tener un “patrón depresivo”, pero es que se me ha muerto mi padre. Puedo tener un patrón de “envidia” (con activación de la corteza cingulada anterior y demás) pero la causa estará en que he visto a un hombre con 100 vacas ,o un Ferrari, y yo tengo 10 vacas o un seiscientos. O puedo tener un “patrón de celos” pero es porque he visto a mi chica hablando con un hombre muy guapo.

      Que nos alaben, que nos critiquen, que una chica que nos gusta nos mire (en cuyo caso me dará taquicardia y se me disparará el accumbens), que hagamos algo bien o mal…, todo eso va a dar lugar a patrones de actividad cerebral (culpa, vergüenza, ira, felicidad…), pero ocurre algo antes de la aparición de un patrón cerebral. Yo lo veo así, aunque al final evidentemente todo pasa por el cerebro, no puede ser de otra manera. El cerebro produce conducta que debe adaptar el organismo al ambiente, facilitar su supervivencia y reproducción. Pero no produce la conducta en el vacío.

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    2. ¿Pero no te parece que en el fondo la causa del miedo es el toro?

      No, la causa está en los procesos que suceden en mi cerebro, incluyendo la percepción de ese peligro.

      La activación de la amígdala es una respuesta, es decir, consecuencia de la presencia del toro. Sin toro no hay miedo ni huida, el patrón de miedo no se origina en el cerebro primariamente, a no ser en el caso de que alucine un toro o en el caso de un ataque de pánico, donde las neuronas del rafe (o las que sean) se disparan espontáneamente cuando no deben. Lo que pone en marcha el patrón cerebral de miedo es algo en el ambiente. De hecho, la existencia última, evolucionista, de la emoción del miedo fue la presencia de depredadores en el ambiente y la necesidad de responder a ese reto de la manera más rápida posible.

      Es algo en el ambiente que debe ser incorporado a mi sistema nervioso para provocar una reacción. Si tengo los ojos cerrados el toro no será incorporado a mi sistema y moriré corneado.

      En muchos otros ejemplos el origen de cierto patrón cerebral puede estar en el mundo social. Puedo tener un “patrón depresivo”, pero es que se me ha muerto mi padre. Puedo tener un patrón de “envidia” (con activación de la corteza cingulada anterior y demás) pero la causa estará en que he visto a un hombre con 100 vacas ,o un Ferrari, y yo tengo 10 vacas o un seiscientos. O puedo tener un “patrón de celos” pero es porque he visto a mi chica hablando con un hombre muy guapo.

      Igual que en el caso del toro. Todos los ingredientes que comentas deben ‘cuajar’ en mi cerebro para que se produzca una acción, una sensación o una cognición.

      Que nos alaben, que nos critiquen, que una chica que nos gusta nos mire (en cuyo caso me dará taquicardia y se me disparará el accumbens), que hagamos algo bien o mal…, todo eso va a dar lugar a patrones de actividad cerebral (culpa, vergüenza, ira, felicidad…), pero ocurre algo antes de la aparición de un patrón cerebral. Yo lo veo así, aunque al final evidentemente todo pasa por el cerebro, no puede ser de otra manera. El cerebro produce conducta que debe adaptar el organismo al ambiente, facilitar su supervivencia y reproducción. Pero no produce la conducta en el vacío.

      Muy interesante lo de que ocurre algo ‘antes de la aparición de un patrón cerebral’. ¿Qué sucede si, en lugar de salir por patas ante la presencia del toro, me saco la camisa, que, casualmente es roja, y me pongo a torear como Espartaco? (es broma, saldría corriendo como Usain Bolt). El cerebro produce conducta pero puede ser para adaptar el organismo al ambiente, para cambiar de ambiente o para modificar el ambiente para que se adapte al organismo.

      El Profesor E. B. Hunt expresaba esta idea para el caso de la cognición:

      “Ultimately everything is in the brain (…) theories of intelligence that relate individual differences in cognitive power to individual differences in brain action are important as steps in reductionism (…) every expression of intelligence is due to actions of the brain (…) if we knew the nature of every connection between the approx. five billion neurons in a person’s brain, and if we knew the algorithms the brain uses to activate and alter these connections, we would know everything there is to know about that person’s cognition”.

      Saludos, Roberto

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  3. Entiendo tu punto de que la conducta la produce el cerebro. Impepinable. Mi punto tiene que ver con lo que motiva al cerebro a producir esa conducta...eso de que ocurre algo antes :). ¿Cómo integras tú eso? ¿no importa nada el ambiente?
    Imagina una persona acosada laboralmente por su jefe aguantando un estrés tremendo meses o años que acaba deprimiéndose. A la hora de explicar esa depresión ¿pinta algo el trabajo y el jefe o solo su cerebro?
    ¿Tendría sentido dejar ese trabajo ? ¿Cambiar de trabajo podría cambiar su patrón cerebral?
    Imagina que la mujer con deseo sexual hipoactivo sufrió algún tipo de abuso o trauma...¿tendría eso algo que ver con que se le active la ínsula o no?

    "El cerebro produce conducta pero puede ser para adaptar el organismo al ambiente, para cambiar de ambiente o para modificar el ambiente para que se adapte al organismo". En definitiva para producir más copias del organismo que lo porta. Si no sirvieran para hacer más copias de los organismos que los portan los cerebros no existirían.

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  4. El entorno afecta el comportamiento a través de patrones o módulos que están en el cerebro. Ahora bien, todos sabemos que la raza humana ha descubierto métodos que permiten diversas estrategias mediante las cuales esos patrones o módulos son activados o desactivados de formas diferentes.

    Si vemos un toro, se activa el módulo de peligro. Pero si desde los doce años nos hemos criado en un cortijo en medio de toros y vacas, ese módulo no va a producir el mismo patrón de comportamiento. No tanto porque sepamos más sobre las vacas y los toros, sino porque contamos con una disposición particular transmitida culturalmente. Es como eso de los taxistas de Londres cuya estructura neurológica está modificada por muchos años de saberse las calles de la gran ciudad y sus correspondientes geometrías.

    Es también lo que hace la religión. Si mi jefe me acosa, mi comportamiento ante este estímulo del entorno no será el mismo si soy un ciudadano convencional normal y corriente, que si soy un muy adiestrado budista o un paciente estoico.

    Como siempre, los descubrimientos de la psicología evolutiva no son aplicados en el mismo sentido en el que nuestros antepasados aplicaban sus conocimientos acumulados culturalmente: ellos descubrieron cómo sortear el determinismo de los instintos del comportamiento mediante determinadas estrategias transmitidas culturalmente. La psicología evolutiva, la psicoterapia y otros tantos logros recientes nos dan medios que nuestros antepasados ni hubieran sospechado... pero ellos tenían la voluntad cultural de mejorar su comportamiento, y hoy en día predomina el conformismo...

    El reduccionismo, tan práctico, no tiene la culpa de eso.

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  5. Ahora va a resultar que no hay nada ahí fuera y que solo existe el cerebro. Si queréis explicarme la situación del trabajador acosado con una foto de RMN de su cerebro os diré que eso a mí me parece reduccionista, o incompleto si queréis llamarlo de otra manera. Me faltan cosas, como su jefe y su estrés laboral.
    Siguiendo vuestro razonamiento si muero corneado por un toro como decía Roberto en realidad no he muerto porque me ha corneado un toro, sino porque tengo un patrón de muerte cerebral en mi cerebro...
    La Psicología hace décadas ignoraba el cerebro, era un a cajita negra que no contaba y ahora nos hemos pasado al otro extremo, esa cajita es lo único que existe...
    Curiosamente, esta discusión me recuerda a las que tenemos en la Nueva Ilustración Evolucionista a veces sobre la importancia de genes y ambiente.

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  6. “if we knew the nature of every connection between the approx. five billion neurons in a person’s brain, and if we knew the algorithms the brain uses to activate and alter these connections, we would know everything there is to know about that person’s cognition”.

    Ese es el tipo de "greedy reductionism" que denuncia Dennett. El demonio de Laplace visita el interior del cráneo. En primer lugar cabe problematizar la linealidad y computabilidad de los sistemas naturales, y en concreto, la posibilidad de describir el comportamiento del cerebro en forma de algoritmos deterministas. En segundo lugar, los cambios en las conexiones de las neuronas son la forma en que el cerebro tiene que organizarse para que el organismo pueda participar en el juego (el que sea). Conviene traer a cuento la idea de realización múltiple de Putnam. Las conexiones neuronales son distintas en cada cerebro y para desearle a otro buenos días, mover una pieza de ajedrez, multiplicar dos números o aprender a torear, ha de cambiar la organización particular de esas conexiones. Pero son las reglas de cortesia, del ajedrez, de la aritmética y de la tauromaquia las que hacen que las neuronas se organicen como tengan que hacerlo para que un organismo sea competente en esas actividades. En otras palabras, aún conocinedo todas las conexiones de las neuronas de un cerebro, no sabes apenas nada sobre la cognición de una persona si pretendes eliminar los distintos niveles de organización que dan cuenta de ella.

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  7. Completamente de acuerdo con tu argumentación, Pablo. Si lo llevamos al extremo de la química, algunos parecen confundir la composición química de la tinta con lo que expresa el mensaje.

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