sábado, 20 de octubre de 2012

Las “Tres Grandes” de la Moralidad (Autonomía, Comunidad, Divinidad) y las “Tres Grandes” explicaciones del Sufrimiento


El tema de la Moral ya ha aparecido por el blog y será recurrente sin duda a lo largo del tiempo. En ese contexto me ha parecido que resumir este trabajo de Shweder y cols. era importante para entender mejor temas que podamos tratar más adelante. Se trata de uno de esos trabajos “seminales” que todo el mundo cita, y especialmente Jonathan Haidt, un autor muy interesante en temas de Psicología Moral. Aunque nos puede parecer algo muy filosófico o abstracto, esta clasificación que proponen Shweder y cols. puede ayudarnos a entender cantidad de fenómenos, como tendremos ocasión de ver, por ejemplo, las diferencias en aspectos éticos y morales entre los republicanos y demócratas norteamericanos, tema estudiado por Haidt.

El deseo de entender el sufrimiento es una de las peculiaridades de nuestra especie. Queremos hacer nuestro sufrimiento- y el de los demás- inteligible y nos solemos preguntar cosas como: “¿por qué ocurre esto? ¿por qué me ocurre esto a mí?¿Soy responsable de esto? ¿qué puedo hacer?” En este artículo, Shweder y cols. exploran algunas de las maneras en que los seres humanos entienden el sufrimiento e intentan sacar alguna ventaja de él, o cómo se culpan a sí mismos de la enfermedad o los desastres. Toda la construcción teórica de Shweder y cols. se basa en un trabajo llevado a cabo en una ciudad india, Bhubaneswar, y recoge conceptos morales de la cultura del sur de Asia que a nosotros nos pueden parecer lejanos o anticuados, ideas acerca de un yo sagrado o un mundo sagrado o el “karma” ( que recoges lo que siembras y que por tanto el sufrimiento puede ser resultado de un fallo moral). Muchas de estas ideas están fuera del discurso oficial científico de Occidente pero persisten en la psicología popular y, en opinión de Shweder y cols. estas teoría populares asiáticas, aparentemente primitivas y supersticiosas, deberían ser tomadas seriamente ya que pueden iluminar aspectos de la mente, de la experiencia y de la sociedad y llevarnos a conocimientos prácticos y científicos en ciencias sociales, principalmente.

Las Siete Causas del Sufrimiento

Sufrir es experimentar un estado no querido y desvalorizado de la mente, el cuerpo o el espíritu. Aunque las variedades de sufrimiento físico, psíquico y espiritual parecen infinitas, las explicaciones del sufrimiento ( ontologías causales en terminología de Shweder y cols.) son en realidad muy pocas, solo siete, según recogen estos autores:
  1. La explicación Biomédica. Esta causa es predominante en la Medicina Occidental por sus explicaciones que hacen referencia a defectos genéticos, desequilibrios hormonales y demás. Pero también aparece en medicinas no occidentales como la medicina ayurvédica hindú con referencias a humores, fluidos corporales, etc. La terapia biomédica se centra en ingerir sustancias, hierbas, vitaminas, compuestos químicos, así como en masajes o cirugía.
  2. Existe una causa interpersonal del sufrimiento. Es muy evidente en sociedades donde se utiliza la brujería, magia negra, envenenamientos, mal de ojo...Se asocia con la idea de que uno puede enfermar por envidias o malos deseos de colegas o vecinos, que quieren que muramos o enfermemos, o tenernos bajo su control. La terapia se centra en talismanes y otras medidas protectoras, o en determinadas estrategias o rituales de contraataque, así como -y esto es crucial-  en la reparación de las relaciones interpersonales.
  3. La causa sociopolítica. Se asocia con la idea de que el sufrimiento es producto de la opresión, de la dominación colonial ( incluida la ideológica) o de condiciones adversas económicas o familiares. La terapia se centra en cambiar las condiciones vitales por medio de reformas sociales.
  4. La causa psicológica. Se asocia con la idea de que los deseos no cumplidos, las intenciones frustradas ( los deseos reprimidos) o diversas formas de miedo pueden causar sufrimiento. La terapia se centra en intervenciones intrapsíquicas o psicosociales, incluyendo meditación, diálogo, relaciones terapéuticas. Freud es un caso paradigmático en Occidente pero en Oriente existen muchas teorías psicológicas de la causalidad del sufrimiento.
  5. Existe una causa astrofísica del sufrimiento. Se manifiesta en referencias a arreglos o alineaciones malévolas de los planetas, las estrellas, o a tiempos propicios o no propicios. La terapia enfatiza que hay que esperar con optimismo los buenos augurios, los tiempos propicios cuando debemos actuar y nuestros esfuerzos van a ser efectivos. Predomina en culturas no occidentales pero, aunque está oficialmente negada , está muy presente en nuestra cultura occidental
  6. Existen explicaciones del sufrimiento humano basadas en el “estrés”, la “presión” o los “factores de riesgo ambiental”. El concepto de estrés es un concepto reciente que se ha extendido por el mundo pero es posible que una idea similar ya existiera en la medicina ayurvédica, o indio-tibetana, que contienen relaciones causales “ecológicas”  y remedios desestresantes similares a los occidentales. Las terapias enfatizan la reducción del estrés: relajación, uso creativo del tiempo libre, y reducción de los peligros del ambiente por medio de la educación o la prevención.
  7. Por último, existe una causa moral del mal. Se observa en las referencias a transgresiones de obligaciones: omisiones de deberes, traspaso de límites, y en general a fallos éticos en decisiones o en el autocontrol. Se asocia con la idea de que el sufrimiento es el resultado de las propias acciones o intenciones, que la pérdida de la rectitud moral es un preludio de la desgracia  y de que los resultados son proporcionales a las acciones. La terapia moral se centra en la confesión, la purificación, la descarga del pecado, la reparación, la educación moral y en la adopción de las “prácticas adecuadas”, sancionadas por una autoridad sagrada.

Es interesante señalar que en la psicología popular no se descarta la posibilidad de una influencia a distancia. No se descarta tampoco la influencia por fuerzas que no pueden observarse directamente. También es curioso en esta psicología del “sentido común” la diferencia entre condiciones “normales” y “anormales”. Por ejemplo, el oxígeno del aire es una condición “normal” para que arda un árbol o un bosque, y por ello no es visto por la gente como “causa” del fuego. Sin embargo, un rayo, aunque no es más necesario que el oxígeno para que ocurra el fuego, se considera una condición “anormal” y es mucho más probable que sea visto como la “causa”. También es digno de tener en cuenta que las acciones deliberadas humanas tienen un estatus especial como causa en la psicología popular. Muchos sucesos se ven causados por acto “libres y deliberados” de agentes “conscientes y responsables”.

Las Tres Grandes Explicaciones del Sufrimiento: Interpersonal, Biomédica y Moral

Sobre la base de un estudio transcultural realizado por Park en 1992  en 68 culturas parece que las tres explicaciones más frecuentes son del sufrimiento a nivel mundial son:
  1. Interpersonal. 42% de todas las explicaciones. El sujeto es víctima de otros, brujas, espíritus ancestrales, vecinos envidiosos...La premisa esencial de esta explicación es que   la mala voluntad de los demás es la fuerza detrás del sufrimiento. Esta explicación también externaliza la culpa: los otros son los responsables de la propia miseria.
  2. Moral. 15%. El sufrimiento es consecuencia de transgresiones personales. La premisa básica es que recogemos lo que sembramos. Aquí se internaliza la culpa: el propio sujeto es el responsable principal de sus miserias.
  3. Biomédica. 15%. El sufrimiento es un subproducto de sucesos y circunstancias que tienen lugar fuera del ámbito de la acción humana, y, por lo tanto, de su responsabilidad y control. En este esquema el sufrimiento es un suceso material y debe ser entendido -y controlado- en términos materiales. La explicaciones biomédicas puras son por definición moralmente neutras  indiferentes a la catadura moral  del sujeto. No se hacen preguntas acerca de su rectitud moral, relaciones sociales, etc. Por supuesto, las explicaciones biomédicas nunca son “puras”

Sin embargo, es muy curioso un hallazgo del estudio de Park donde se encuentra que no existe una correlación entre la frecuencia de las explicaciones propuestas y la frecuencia de las terapias correspondientes. Es decir, mientras que las causas más frecuentes son como hemos comentado la Interpersonal (42%), Moral (15%) y Biomédica (15%), las terapias prescritas con más frecuencia son: Biomédica (35%), Interpersonal (29%) y Moral (7%). Se observa también que es más probable que  los sujetos busquen una terapia biomédica para un problema, que ofrezcan una explicación biomédica del mismo. Esto no se cumple par alas otras explicaciones. Es decir, las terapias morales e interpersonales se buscan con menos frecuencia que  las explicaciones correspondientes. O sea, que, aunque en general es verdad que se da un paralelismo entre modo de explicación y modo de terapia, cuando este alineamiento no se produce el desajuste siempre va en la dirección de preferir una terapia biomédica para un problema interpersonal o moral. Esto puede tener que ver con la percepción de la posibilidad de control. Es decir, cuando los seres humanos sufren parece haber un imperativo para una manipulación física, directa, del cuerpo. Otra explicación podría ser la relativa y rápida eficacia de tales curas. También puede ser que es más difícil intervenir sobre los factores interpersonales o externos. En cualquier caso, merece la pena señalar que esta tendencia hacia las terapias biomédicas no es exclusiva de nuestro sistema biomédico occidental.

Es notable también la importancia que dan al cotilleo las comunidades tibetanas, donde existe la idea de que el cotilleo malicioso o envidioso de los vecinos -sin intervenciones de  tipo mágico ni de brujería- pueden afectar a la propia salud y bienestar. También hay que tener en cuanta que las explicaciones causales muchas veces no son puras y que una explicación interpersonal puede ir acompañada de implicaciones morales, por ejemplo, un espíritu ancestral nos ha atacado por haber realizado mal un ritual. 

Tal vez el hallazgo más llamativo del trabajo de Park es la constatación de que, a una escala mundial, la causalidad biomédica imperante en Occidente es solo una de las Tres Grandes y probablemente la “explicación” menos empleada ( aunque sí la terapia más buscada). Para la mayoría de los pueblos del mundo no existen las muertes inocentes. En las mentes de la  mayoría de la gente del planeta, la muerte no ocurre sin un  empujón de “agencia” humana. La Naturaleza no causa la muerte humana sin la asistencia de los propios seres humanos

Las Tres Grandes del Discurso Ético: Autonomía, Comunidad, y Divinidad

Como he comentado el trabajo de Shweder y cols. se basa en un estudio realizado en la ciudad de Bhubaneswar en el que analizaron el discurso moral de un grupo de residentes por medio de entrevistas en las que les mostraban conductas que rompían algún código de conducta. Después, identificaron los temas morales a los que se referían estas conductas utilizando para ello un código de temas morales, el Oriya, que consta de 16 temas morales. Después realizaron un análisis de conglomerados, o en racimo, y llegaron a la conclusión de que existían tres grandes grupos de temas morales, los Tres Grandes, cuyas características podemos ver resumidas en la figura y que describo a continuación.
  1. El primer grupo es la Etica de la Autonomía, que se apoya en conceptos como el daño, los derechos y la justicia, y cuyo objetivo es proteger la zona de libre elección de los individuos, y promover el ejercicio de la voluntad individual en la persecución de las preferencias personales. Esta clase de ética es la ética oficial en sociedades donde el “individualismo” es un ideal.
  2. El segundo grupo es la Etica de la Comunidad que se basa en conceptos como deber, jerarquía, interdependencia y almas. Su objetivo es proteger la integridad moral de la “comunidad”, de la “sociedad” entendidas como una entidad corporativa con una identidad, historia, permanencia y reputación propia.
  3. El tercer grupo es la Etica de la Divinidad que se basa en conceptos como orden sagrado, orden natural, santidad, pecado, contaminación. Su objetivo es proteger el alma, el espíritu, los aspectos espirituales del ser humano -y de la naturaleza- de la degradación.

La Ética de la Autonomía presupone que el yo es individual y que el objetivo de la regulación moral es aumentar la elección y libertad personal. La Ética de la Comunidad presupone que la identidad individual forma parte de una empresa colectiva interdependiente con una historia propia. La Ética de la Divinidad presupone que el yo es una entidad espiritual conectado a algún orden sagrado o natural de las cosas y el portador de un legado elevado y divino. Estos tres discursos éticos promueven tres clase diferentes de “bienes” que coexisten en la sociedad hindú. Es bueno tener autonomía y control personal. Es bueno ser parte de una comunidad organizada y tener un lugar en ella.Es bueno comunicar con lo divino. Los tres bienes refuerzan la dignidad humana y la autoestima pero entran en conflicto entre ellos: nunca ha existido un lugar o tiempo en el que se haya maximizado los tres bienes a la vez y de ahí la existencia de “dilemas morales”. En la India el discurso de la autonomía está en segundo plano y se da más relevancia a los discursos de la comunidad y de la divinidad. En Occidente ocurre justo lo contrario, el discurso predominante es el de la autonomía pasando a segundo plano los de la comunidad y divinidad. Las culturas difieren en el grado en que predomina cada tipo de discurso. Por ejemplo, en USA se ha extendido tanto la idea de los derechos ( a niños, animales...) que bromeando podemos decir que es imaginable hasta que los niños tengan el derecho a escoger a sus padres. Los americanos quieren estar protegidos de cualquier posible mal, desde el de ser fumadores pasivos hasta el de los ambientes de trabajo psicológicamente ofensivos. 

El discurso de la autonomía representa los derechos individuales. La ética de la comunidad se refiere a las obligaciones engendradas por la participación en una sociedad. Es el discurso de roles, estatus y obligaciones. El individuo necesita  a los demás para satisfacer sus necesidades y deseos. En este sentido, las personas en posición de poder deberían tomar la responsabilidad de cuidar a los subordinados y de velar por el bienestar común, en vez de seguir sus propios intereses. Por otro lado, en esta era potmoderna estamos en la época de la alienación y del aislamiento: los viejos sin familias que les cuiden, los millones de personas que viven solos. No nos damos cuenta de que si nuestras acciones debilitan a los que comparten su vida con nosotros nos debilitan a nosotros, y esto es igual de real tanto para el que está arriba en el escalafón como para  el que está abajo. La ética de la comunidad implica preocuparse por lo que les ocurre a aquellos con los que se vive o con los que trabajamos. Ni que decir tiene que la crisis económica mundial en la que estamos inmersos tiene mucho que ver con la pérdida de esta ética de la comunidad, y con la persecución a ultranza del mayor beneficio individual.

En cuanto a la ética de divinidad, la idea básica es que la materia ( orgánica e inorgánica) y todas las otras formas -jerarquías sociales ( padre, hijo, marido, mujer), las escalas tonales de música ( raga), las palabras (mantra)- están infundidos de espíritu y divinidad. Una visión de este tipo niega la separación entre lo secular y lo sagrado dado que la divinidad es inmanente  en todas las cosas. Los temas asociados son orden sagrado, santidad, tradición y ley natural. La ley natural y la sagrada serían la misma cosa, a ambas se le puede llamar “dharma” en la sociedad hindú.

La opinión de Shweder y cols. es que sería beneficioso para Occidente, para la cultura popular, y para los sistemas sanitarios incluso,  expandir el discurso moral más allá de la ética de la autonomía.

Referencia
The “Big  Three” of Morality (Autonomy, Community, Divinity) and the “Big Three” explanations of suffering. Richard A. Shweder, Nancy C. Much, Manamohan Mahapatra, and Lawrence Park en Morality and Health Allan M Brandt y Paul Rozin eds. Routledge 1997






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