sábado, 5 de septiembre de 2020

Causas Sociales del Suicidio

El acercamiento convencional al suicidio es psiquiátrico. Si preguntamos al ciudadano medio por qué la gente se suicida, probablemente citaran los trastornos mentales y la depresión en la respuesta. Las personas en el Occidente actual tienden a pensar que el suicidio es una acción profundamente individual, algo enraizado en el drama interno de la mente humana y que el suicidio es un problema médico o mental que pertenece al campo de la psicología y la psiquiatría y no al de la sociología. Pero este enfoque no reconoce las causas sociales del suicidio que son las que trata Jason Manning en su libro Suicide. The Social causes of self-destruction. Ya Durkheim argumentó que el suicidio varía de forma predecible de una sociedad a otra y que era algo explicable con las condiciones sociales externas. La gente se suicida por divorcios y rupturas emocionales, por el desempleo y los problemas económicos, etc. En esta entrada voy a intentar resumir las ideas y planteamientos de Manning. Manning es sociólogo y utiliza en este libro como referencia teórica la llamada Sociología Pura (de la que ya hemos hablado aquí) de su maestro Donald Black, un enfoque teórico controvertido y del que daré mi valoración actual más abajo. Sin embargo, no es necesario adherirse a esa teoría para entender y revisar lo esencial de lo que quiere transmitirnos el autor. Jason considera que el suicidio es una conducta social y que se puede explicar sociológicamente. Según Jason, el suicido es resultado del conflicto y es más probable que unos conflictos lleven al suicidio que otros.

Como siempre, es necesario partir de alguna definición de suicidio y Manning usa una definición bastante amplia: “suicidio es la autoaplicación de violencia letal”. A partir de ahí, habría que definir qué es letal, que es autoaplicación y demás, y la cosa se complicaría y nos daríamos cuenta de que la letalidad es un continuo, de que el suicidio no es algo homogéneo y existen muchos tipos y variaciones, pero ahora iremos viendo todo ello. 

Suicidio y Conflicto

Como decía, Jason trata el suicido en este libro en el contexto del conflicto. El conflicto, según lo define Donald Black es un “choque entre bien y mal que ocurre cuando alguien provoca o expresa una queja/agravio/reclamación”. La gente puede condenar a los demás por arrogancia, avaricia, impaciencia o estupidez. Podemos criticar a alguien porque no muestra interés en nosotros, o porque muestra demasiado interés y se mete en exceso en nuestros asuntos. Nos quejamos porque nos insultan, nos abandonan, nos traicionan, nos hacen trabajar demasiado, etc. El conflicto es ubicuo e indisociable de la condición humana, todos tenemos intereses diferentes y no hay manera de conciliarlos a la perfección.

Y la gente maneja el conflicto de diferentes maneras. Podemos huir, alejarnos de los que nos ofenden, podemos hablar y negociar soluciones, podemos quejarnos a una tercera parte que haga de mediador, o podemos usar la agresión y la violencia. A todas estas conductas se les llama en sociología manejo del conflicto o control social, es decir, todas estas maneras de expresar o manejar las quejas, de definir y de responder a la desviación (con respecto a las normas) son formas de control social. El conflicto da lugar a una gran variedad de conductas: cotilleo, pleitos, arrestos, peleas, protestas, manifestaciones, huelgas, genocidios…y también a suicidios. El conflicto causa suicidio y muchos suicidios son una manera de responder al conflicto. Esto es, el suicidio es una forma de manejo del conflicto o de control social. En realidad, un suicidio concreto podría pertenecer a una o más categorías de manejo del conflicto, como por ejemplo el escape, la protesta o el castigo.

El suicido puede ser una forma de escapar del conflicto, de mostrar la desaprobación y retirarse de la situación pero también de alterar o de intervenir en ese conflicto. El suicidio también puede ser una técnica de protesta. Tenemos el ejemplo del gran número de monjes budistas que se han quemado a lo bonzo para protestar contra el control chino del Tibet o el de Thich Quang Duc en Vietnam en 1963 contra la política discriminatoria del budismo del presidente católico Ngo Dinh Diem. Pero el suicidio como protesta no ocurre sólo a nivel político sino también a nivel interpersonal; muchos suicidios o intentos de suicidio son una protesta contra la conducta de los padres, de una pareja, o una llamada de ayuda a amigos o familiares para cambiar una situación. En un estudio que cita Manning, el 14% de las personas que habían realizado un intento de suicidio mencionaron que “alguien cambiara de opinión” como una influencia importante en su acto.

El suicidio puede también ser un acto de castigo de las personas que quedan atrás. En sociedades tradicionales, la gente cree que el suicidio desata fuerzas sobrenaturales que castigarán a la persona que se considera responsable de que el fallecido se quitara la vida. Pero el castigo no procede sólo de seres sobrenaturales sino que en muchas de estas sociedades hay unas normas que hacen que si una persona del clan A se suicida como respuesta a una ofensa cometida contra ella por alguien del clan B, entonces los miembros del clan A piensan que el clan B es responsable de esa muerte y tiene que repararla económicamente o de alguna manera. Hablamos de ello en esta entrada sobre el suicidio con intención hostil. Pero también en nuestras sociedades el suicidio puede ser un acto de venganza y puede usarse como castigo para infligir un daño psicológico en los que quedan atrás. El suicidio inspira una culpa tremenda en estas personas que irremediablemente piensan que podrían haber hecho más para impedirlo. Un estudio de notas de suicidio en Louisville, Kentucky, revela que en el 22% se mencionan las acciones de otras personas como causa del suicidio y por lo menos implícitamente se les culpa de ello, pero en el 9% se culpa a alguien de una manera franca y hostil.

Por tanto, el suicidio es a menudo una forma de protestar, castigar o de expresar una queja o agravio contra otras personas. Sea un acto de evitación, llamada o de agresión, estos suicidios son un tipo de control social, una manera de responder a conductas que el perpetrador ve como injustas u ofensivas. En la medida en que la auto-destrucción es control social, una respuesta a unos agravios percibidos por el suicida, estamos hablando de una conducta moralista, podríamos hablar de un suicidio moralista. Por supuesto, no todos los suicidios son moralistas o causados por conflictos. Según datos del CDC norteamericano y un estudio propio, Manning estima que un tercio aproximadamente de los suicidios son causados por conflictos. Pero, además de estas cifras, nos falta considerar otro tipo de suicido moralista. No todos los suicidios moralistas se deben a agravios o quejas contra otra gente. En algunos casos las quejas son contra uno mismo y lo que el suicida busca es castigarse a sí mismo por alguna mala acción que cree haber cometido. Hablaríamos de un control social de uno mismo.

¿Por qué va nadie a manejar un conflicto cometiendo suicidio? ¿Por qué los manifestantes se queman a sí mismos a lo bongo en lugar de quemar las casas de sus enemigos? ¿Cuándo intentará una persona agraviada hacer daño a alguien haciéndose daño a sí mismo? ¿Bajo qué circunstancias los perpetradores de ofensas se ejecutarán a sí mismos? ¿Qué hace que surjan los conflictos suicidas para empezar? 

Hay muchas formas de responder a estas preguntas y Jason Manning intenta responderlas de una manera sociológica. Esto no quiere decir que Jason niegue la validez de las ideas psicológicas o psiquiátricas. El dolor psicológico, la desesperanza o percibir que uno es una carga puede hacer más probable que alguien intente suicidarse. La genética y la neuroquímica influyen en la conducta humana y hay personas que sufren una tristeza prolongada sin razones externas aparentes o unas respuestas extremadamente severas a factores estresantes externos. Pero los individuos humanos no operan en un vacío y sabemos que las circunstancias externas tienen una poderosa influencia. Mientras que es verdad que las personas deprimidas tienen más riesgo de suicidarse, también es verdad que la mayoría de ellas no se suicida y que muchas personas que lo hacen no están deprimidas en el sentido psiquiátrico del término. Dice Manning: “Podríamos describirlos como “deprimidos por” algo -la pérdida de un trabajo, una relación rota, una humillación, una enfermedad debilitante- pero no necesitamos apelar a una misteriosa condición mental para identificar la fuente de su sufrimiento”. También, aunque alguien tenga un trastorno mental que les predispone al suicidio, es a menudo un evento social -un conflicto- lo que al final desencadena el acto. Sean cuales sean los condicionantes biológicos o psicológicos, el suicidio varía claramente con el ambiente social.

Suicidio y Sociología Pura

El paradigma que sigue Manning para enfocar el suicidio como conducta social es el de la Sociología Pura, una estrategia de explicaciones desarrollada por el sociólogo Donald Black. La persona interesada puede leer la entrada sobre la misma que he citado anteriormente. Básicamente, Black dice que toda conducta social humana ocurre en un configuración determinada del espacio social, conocida como la geometría social o la estructura social. Diferentes estructuras producen diferentes conductas y la geometría social explica las variaciones en la vida social. Cada conflicto tiene su propia estructura social, dependiendo de si es un conflicto entre personas íntimas o entre extraños, entre alguien del mismo rango social o entre personas de diferente nivel socioeconómico, entre personas de la misma cultura o diferente, etc. Esta estructura social predice cómo se manejará y resolverá el conflicto. Pero el espacio social no es algo estático sino que su estructura cambia con el tiempo. Por ello, al espacio social habría que añadir el tiempo social, que consiste en la forma en que cambia el espacio social con el tiempo. Por ejemplo, las relaciones empiezan, las relaciones se rompen, la gente encuentra un empleo, la gente se queda en paro, etc., y todo esto provoca cambios en el nivel de intimidad, en el estatus social y en todos los parámetros de esa geometría social. 

Pero para hablar de las causas sociales del suicidio no necesitamos adherirnos para nada a esta forma de interpretar las cosas. Mi valoración personal es que la sociología pura de Black no es más que un lenguaje muy glamuroso y llamativo que en el fondo no dice nada que no podamos decir de una manera más llana. Utiliza su propia terminología para llamar a las cosas (mencionaré algunas)  y eso da la impresión de que nos está diciendo cosas nuevas sobre la realidad que no sabíamos, pero eso me parece que no es más que una ilusión. Incluso formula algunas de sus ideas en forma de teoremas (“la ley es  una función curvilínea de la distancia relacional”, por ejemplo) lo que le da una pátina aparentemente científica, pero tampoco nos permite hacer predicciones que no podamos hacer sin ese lenguaje. Tal como yo lo veo, es una manera alternativa y elegante de contar las cosas pero no una explicación científica de la realidad. Así que vamos a ver ahora algunas causas sociales del suicidio y evitaré el lenguaje de la sociología pura, salvo en ciertos momentos.


Suicidio y Desigualdad

En la mayoría de las sociedades vemos una distinción entre clase alta y clase baja, dominantes y subordinados, aquellos a los que se mira hacia arriba y aquellos a los que se mira por encima del hombro. Esto es la desigualdad social, también llamada estratificación y en sociología pura representa lo que se llama la dimensión vertical del espacio social (la elevación social). En biología evolucionista, y en otras disciplinas, se llama estatus y es evidente que los humanos (y otros animales) viven en sociedades jerárquicas. Por tanto, lo llamemos como lo llamemos, es verdad que los humanos somos criaturas ávidas de estatus y que para nosotros el prestigio, el lugar en la jerarquía, es algo esencial. En este apartado vamos a hablar de factores sociales relacionados con el estatus y de su relación con el suicidio.

Manning revisa estudios históricos, que vienen desde Durkheim, sobre si el suicidio ocurre más en las capas sociales más aventajadas o en las de menor nivel socioeconómico. Durkheim cita la menor tasa de suicidio en países pobres (como Irlanda) comparada con países más ricos ( como Francia). Otros studios han encontrado una mayor tasa de suicidio entre las personas con menos educación y menos recursos sociales así que esta relación no está tan clara. La mayoría de estos estudios no diferencian bien ser pobre o desempleado de convertirse en pobre y desempleado. Y aquí la cosa parece estar más clara: descender en la jerarquía  o en el estatus es una factor de riesgo para el suicidio (señalado también por el propio Durkheim). 

Una forma de pérdida de estatus, la pérdida de riqueza, parece estar sólidamente demostrado que aumenta el riesgo de suicidio. Manning cita varios estudios de la crisis del 2008 que así lo encuentran, tanto en Europa como en Norteamérica y Sudamérica. También hay estudios de “autopsia sociológica” de casos de suicidio, como uno en Reino Unido, que encuentra que el desempleo jugó un papel en 20% de los estudios y algún tipo de deuda económica en un 10%. Descender en la escala social  parece ser más peligroso que estar en una escala social baja. Y no sólo perder el empleo. También hay estudios que encuentran que perder la propia casa, el ser desahuciado, aumenta cuatro veces el riesgo de suicidio. Pero la riqueza puede incluir nuestra capacidad para ganarnos la vida y para cuidar de nosotros mismos y de los nuestros. En ese sentido, nuestro cuerpo y nuestra salud es un activo importante y las enfermedades supondrían un descenso en nuestro estatus, y un riesgo para el suicidio.

Merece la pena señalar que el estatus es un problema comparativo y que tendemos a ver el estatus como un juego de suma cero, es decir, si alguien lo gana otro lo pierde. Esto complica mucho la valoración del impacto de la situación económica en el suicidio. Por ejemplo, parece ser más perjudicial que alguien pierda su empleo mientras los demás en su entorno lo mantienen o mejoran su situación que perder el empleo si todas las personas a tu alrededor lo pierden también. En este sentido, no sólo el paro sino el hecho de no mejorar la propia situación con respecto a lo que progresan los demás podría ser un factor de riesgo para el suicidio.

La pérdida de la reputación, de la respetabilidad o prestigio, es otro tipo de pérdida de estatus. A veces, la pérdida de empleo o una discapacidad puede causar esta pérdida de reputación o de prestigio, pero en muchas otras ocasiones la pérdida puede deberse a acusaciones de haber cometido algo inmoral o ilegal. Muchas personas se quitan la vida en relación a este tipo de acusaciones y esto es algo que hemos visto con relativa frecuencia tras linchamientos en redes sociales en los últimos tiempos. El rechazo y la condena social tienen un terrible impacto psicológico en el ser humano; la condena al ostracismo es una especie de muerte social y la ruptura del sentido de conexión y pertenencia es uno de los factores de riesgo ampliamente aceptados, por ejemplo en la teoría interpersonal del suicidio de Thomas Joiner. La vergüenza y la humillación pública, la pérdida del honor, pueden disparar la autodestrucción.

Manning revisa otros tipos de desigualdades como las que pueden ocurrir dentro de la familia entre los mayores y los jóvenes o entre las mujeres y los hombres y pone ejemplos transculturales de diversas sociedades tradicionales. Pero, para acabar este apartado, mencionaré un último tipo de conflicto relacionado con la desigualdad. Se trata del conflicto entre un individuo y una organización. Aquí podrían entrar los suicidios protesta, a los que ya me he referido antes, o los conflictos con una empresa o corporación. Cuando alguien se siente agraviado o tiene una queja contra una organización poderosa (de un estatus o elevación muy alto), el riesgo de suicidio es elevado porque los medios legales o de otro tipo no suelen dar resultado (la empresa va a tener más dinero y mejores abogados normalmente), lo que deja al individuo con un sentimiento de humillación y de maltrato que predispone al suicidio. Un ejemplo relativamente reciente podría ser la epidemia de suicidios que ocurrió en France Telecom, empresa que al final fue condenada por acoso laboral masivo.

Suicidio y Relaciones Sociales

Si la desigualdad es una dimensión vertical, las relaciones y los vínculos que tenemos con los demás representarían una dimensión horizontal en nuestro espacio social. Las relaciones con los demás pueden ser más íntimas o más cercanas o más o menos interdependientes. Y esta proximidad o intimidad puede variar por conflictos (rupturas, divorcios, traiciones, etc) y la gente puede estar en una posición más central o más marginal en estas redes sociales. En este apartado vamos a hablar de cómo los cambios en esta dimensión de las relaciones sociales se asocian al suicidio.

Es algo conocido por lo menos desde los tiempos de Durkheim que cuanto más integrada esté una persona menor es su riesgo de suicidio y que cuanto más aislada mayor va a ser ese riesgo. Estar casado, tener hijos, estar implicado con una  comunidad religiosa o con otro tipo de asociaciones, etc., son factores que disminuyen el riesgo de suicidio. Por contra, cuanto más débiles sean los vínculos de una persona con la comunidad, cuantos menos amigos y mayor el aislamiento en general, mayor es el riesgo. El divorcio es un factor de riesgo mayor en los hombres. La explicación puede ser que las mujeres tienen una mayor red social que los hombres y los hombres se quedan más aislados tras el divorcio, y también que los hombres pierden en muchos casos una relación muy importante: la relación con sus hijos. El duelo es también un factor de riesgo para el suicidio. Los conflictos de pareja son un factor de riesgo para el suicidio. Según datos del CDC hasta un tercio de los suicidios están relacionados con este tipo de problemas de pareja. También son un factor de riesgo los conflictos familiares. Cuando dos personas tienen una relación funcional de interdependencia, es decir, cuando necesitan al otro para su supervivencia y bienestar sea por razones económicas, de salud u otras, el riesgo de suicidio aumenta. La razón puede ser que el escape de la situación u otras vías de solución no son posibles por lo que la solución al conflicto puede ser el suicidio. 

Dentro de este apartado de las relaciones personales podríamos incluir las relaciones y los conflictos con uno mismo y el suicidio podría ser una manera de manejar un conflicto con uno mismo. Como ya he comentado más arriba, una persona puede juzgarse de una manera muy dura a sí misma. Roy Baumeister habla de que el suicidio es “un escape de una autoconciencia aversiva”. Según Baumeister, la mayoría de suicidas no sólo están escapando de sí mismos sino más específicamente de sus duros juicios acerca de sí mismos. 

Venimos hablando de que el suicidio puede ser entendido como una conducta social, una manera de manejar o de escapar de un conflicto. Como tal, se trata de una interacción social con dos lados: el individuo que protesta y el estado, un marido celoso y una mujer que le abandona, etc. Tener en cuenta a ambas partes y la estructura de la relación nos ayuda a entender mejor el suicidio. Pero nos faltaría un aspecto más. Las interacciones sociales rara vez se limitan a dos partes. La mayoría de las conductas sociales llaman la atención de terceras partes y el papel que jueguen estas terceras personas puede ser crucial. La mayoría de personas recurre a amigos, familiares o sacerdotes para intervenir de alguna manera en sus conflictos y la capacidad de encontrar o no el apoyo necesario puede ser determinante. Aquí también entraría el papel de los terapeutas, psiquiatras y psicólogos. Cuanto más aislada y con vínculos más débiles se encuentra una persona, menor va a ser su probabilidad de encontrar el apoyo que podría ayudarle a enfrentar o salir de la situación de conflicto. Un buen apoyo de tercera personas podría ayudar a prevenir el suicidio.

Conclusiones

Toda conducta humana es compleja e imposible de atribuir a un sólo factor, es mucho más probable que conductas como el suicidio sean multideterminadas y que interaccionen muchos factores distintos probablemente de formas que todavía desconocemos. Este libro de Jason Manning se centra en los factores sociales, que sin duda son muy importantes. Pero la crítica que hacíamos a un enfoque exclusivamente psiquiátrico o psicológico la podemos hacer a este modelo sociológico. La mayoría de las personas que sufren una ruptura amorosa no se suicida, ni la mayoría de las personas que se queda en paro, ni la mayoría de las personas que tiene deudas, etc. Desde una perspectiva de sociología pura, la misma geometría social no lleva al suicidio a todas las personas. 

Hemos mencionado diversos factores que contribuyen al riesgo de suicidio. Evidentemente, cuando estas factores ocurren de forma simultánea, el riesgo se multiplica. Si una persona sufre una combinación de problemas, como una infidelidad por parte de su pareja, una humillación pública, la pérdida del trabajo, etc…el riesgo de que el suicidio se convierta en la salida o en la forma de manejar la situación aumenta. A veces, como decía Seattle, hay “crisis inmediatas” pero otras veces hay “crisis acumulativas”, es decir, una acumulación de dificultades a lo largo de un periodo prolongado de tiempo. Como ejemplo de intervención de múltiples factores podemos ver este caso extremo referido por Black de un hombre que se suicidó después de matar a su ex-mujer y a ocho familiares:

“Los homicidios ocurrieron seis días después de que su mujer finalizara el divorcio que acabó no solo con la relación con su esposa sino con la relación con su hijastra y otros miembros de la familia. Su mujer había obtenido también una sentencia que le condenaba  a financiarla económicamente en el futuro, a hacer unos pagos de 10.000 dólares, autorizaba que ella se quedara con el anillo de diamantes como regalo de matrimonio e incluso que ella se quedara con el perro de la familia (la única relación estrecha que le quedaba). Había perdido su trabajo recientemente lo que hacía difícil cumplir con estos pagos económicos a su ex-mujer, sus gastos legales en abogados y los pagos de la casa.”


Creo que aunque en el fondo Manning no nos cuenta nada nuevo, hace un buena revisión de la importancia de los factores sociales en el suicidio, así como un intento de encuadre teórico sin dejar fuera de la ecuación a los factores biológicos y psicológicos. Y tiene sin duda razón en que, en muchos casos, la intervención fundamental para ayudar a una persona con riesgo de suicido no va a ser un antidepresivo o una psicoterapia (o no solo), sino que puede ser ayudarle a encontrar un techo, unos ingresos, mediar en un conflicto que tenga con otra persona o institución o ayudarle a recuperar su reputación o a evitar relaciones de dependencia. 


Jason Manning está en Twitter: @sociologyWV


@pitiklinov





2 comentarios:

Envejecer activos dijo...


Una muestra más de que la conducta humana obedece a un entramado de causas muy heterogéneo. Atribuir un hecho a una razón concreta es una práctica muy común; y es que buscamos respuestas simples a preguntas complejas. Sin embargo, la experiencia demuestra que casi nunca no es así. Enhorabuena por la entrada, tan amplia como fecunda.

Anónimo dijo...

Una razón más para apoyar la propuesta de trabajo garantizado de Izquierda Unida