lunes, 20 de enero de 2020

Refutación del feminismo radical



“Los movimientos de masas pueden surgir y extenderse sin la creencia en un Dios, pero nunca sin la creencia en un diablo”.
-Eric Hoffer, The True Believer

"Es peligroso tener razón cuando el gobierno está equivocado”
-Voltaire 
“Para saber quién manda sobre ti simplemente averigua a quién no te está permitido criticar”
-atribuida a Voltaire pero parece que es de  Kevin Alfred Strom

Esta entrada es una reseña del libro Refutación del Feminismo Radical, de Javier de la Puerta, un libro que realmente ofrece lo que dice en el título: una buena serie de preguntas y argumentos dirigidos a refutar los postulados del feminismo radical. En la entrada voy a hacer un pequeño resumen de lo que nos ofrece el libro, que desde luego es muy recomendable para los que estén interesados en el tema.

Debemos empezar por el problema de las definiciones. Cuando alguien critica al feminismo, siempre se responde que hay muchos tipos de feminismo, que hay muchas feministas que no están de acuerdo con tal o cual manifestación o declaración concreta. Javier, y muchos otros autores, distinguen un feminismo liberal o de igualdad y un feminismo radical (lo trata en el capítulo 17). El feminismo de igualdad es el que defiende que hombres y mujeres deben tener los mismos derechos y oportunidades. El feminismo radical, de inspiración marxista, tiene su origen en autoras de los años 60 del siglo pasado, como Kate Millet o Shulamith Firestone, y dice que hay que abolir el matrimonio, la familia y el Patriarcado. Javier de la Puerta toma como referencia del feminismo radical el texto del Manifiesto de la Comisión 8M para la huelga feminista del 8 de Marzo de 2018. Este Manifiesto (que figura como apéndice en el libro y es criticado punto por punto al final del mismo) fue apoyado explícita o implícitamente por todos los partidos, organismos y ciudadanos que apoyaron la huelga y casi nadie realizó una crítica del mismo (se publicó un manifiesto alternativo, “No Nacemos Víctimas”, firmado por 29 mujeres, de muy escasa repercusión). Dice Javier:

“Lo extraordinario fue que el manifiesto inicial -un bodrio antisistema, políticamente sectario, socialmente excluyente, retóricamente estridente, hilado con una jerga revolucionaria tercermundista y atravesado de una hiperbólica y delirante distorsión/sustitución de la realidad- se mantuviera sin apenas examen ni crítica, como el texto oficial de la jornada de protesta, al que se sumaban todas las organizaciones y personalidades que, finalmente, pasaron a apoyarla.”

También plantea que el feminismo moderado está missing en España:

“Lo cierto es que no puedo citar ni a una sola intelectual, académica o periodista de renombre que se haya desmarcado públicamente del discurso feminista radical en boga en nuestro país”.

O en qué se ha convertido realmente el feminismo:

“…el feminismo radicalizado se está convirtiendo en un lobby de poder que defiende intereses de parte: las mujeres que ya tienen posiciones de influencia en la universidad y la educación, los medios de comunicación, las industrias culturales, los colegios profesionales, la Administración y la política y, en primer lugar, las propias organizaciones y profesionales del feminismo convertidas en red clientela…Lo que se pretende como un correctivo de la desigualdad se convierte en un nuevo sistema de privilegios y discriminación. Especialmente cuando las principales beneficiarias de todo este sistema de género no son las mujeres de clase baja y poca o nula educación (ni, menos aún, las inmigrantes explotadas, las empleadas domésticas o las prostitutas), sino las mujeres más privilegiadas por su nivel profesional, estatus social y educación”.

El libro tiene casi 500 páginas y dedica las primeras 200, aproximadamente, al fenómeno del MeToo a nivel mundial. Personalmente, me parece que la extensión dada a este tema es excesiva, pero desde luego es un estudio a nivel mundial del fenómeno MeToo exhaustivo.  La conclusión final de Javier (y obviamente resumo mucho) es que el movimiento MeToo es síntoma del poder de las mujeres, no de su opresión. El movimiento ha tenido éxito en los países occidentales donde las mujeres gozan de independencia económica, presencia social, igualdad de oportunidades, etc., y no ha tenido ningún éxito en países como Rusia, Arabia Saudí, India o China:

“MeToo no es, por lo tanto, la confirmación de un Patriarcado instalado en el conjunto de la sociedad que sea preciso derribar, como si de una vieja arquitectura previa recién descubierta se tratara. Porque si esto último fuera cierto -que vivimos en un sistema patriarcal atrincherado en las estructuras macrosociales y con un poder real de dominación sobre las mujeres en todos los terrenos- nada de lo que ha ocurrido con el movimiento en los países democráticos avanzados habría sido posible”.

Yo añadiría que si fuera cierta la existencia de ese Patriarcado todopoderoso y primigenio no sólo no habría sido posible la aparición del fenómeno MeToo sino el surgimiento del propio feminismo. Si el Patriarcado es una estructura todopoderosa en la que los hombres tienen el poder y controlan y dominan todas las instituciones (política, economía, educación ,etc.), y si encima aceptamos un determinismo social y cultural como el que plantea el feminismo (para el que la biología no cuenta en absoluto) es imposible explicar cómo puede surgir una ideología opuesta a esa fuerza tan formidable. No habría podido surgir (¿de dónde?) y si lo hubiera hecho habría sido aplastada inmediatamente.

Dejando atrás el fenómeno MeToo, vamos a decir algunas cosas sobre algunos otros puntos del libro.

BRECHA SALARIAL: LA GRAN MENTIRA

Así se titula el capítulo10 donde revisa los datos y estadísticas sobre la cuestión. La conclusión es muy clara:

“En España -y en el mundo occidental- no hay una brecha salarial por la discriminación directa de género: es completamente falso que las mujeres cobren un 15-20% menos por el mismo trabajo. Hay una brecha laboral/profesional, que es algo distinto y mucho más complejo de resolver, pues obedece a factores culturales (modos de vida, pactos de pareja, preferencias personales, etc.)”.

Cualquiera que revise la literatura sobre la brecha salarial llega necesariamente a la misma conclusión: la brecha salarial se debe a factores como que las mujeres trabajan menos horas, su trayectoria profesional se ve interrumpida por la maternidad, se concentran en sectores y especialidades profesionales que pagan menos, los complementos y pluses por horas extra no son proporcionales y trabajar 50% de horas extras más supone ganar mucho más que un 50% añadido (ver la obra de Claudia Goldin a este respecto), las mujeres trabajan más cerca de casa, etc, etc. Es decir, la causa básica está en las diferentes elecciones y decisiones de hombres y mujeres que dan lugar a una diferente trayectoria profesional. Podemos discutir sobre el origen de esas preferencias y si el cuidado de los niños debe corresponder a un sexo o al otro, o todo lo que queramos, pero, aunque suene fuerte, creo que tiene toda la razón Javier cuando afirma que  decir que a las mujeres se les paga menos por el mismo trabajo es directamente una gran mentira.

Pero, como persona de izquierdas según se define en el video presentación de su libro, Javier denuncia que cuando se crea un problema falso, el resultado casi siempre es ocultar problemas reales. Menciona dos en concreto: a) la desigualdad clásica, entre trabajadores, por un lado, y capital y altos ejecutivos, por el otro; y b) la discriminación salarial de la juventud. Con respecto a la discriminación salarial entre ejecutivos y currantes, señala que, en España, los altos ejecutivos ganan 98 veces más que sus empleados medios. “Mientras el sueldo de los trabajadores solo subió un 0,8% en 2017, la nómina de los Consejos creció un 21,3%. ¿Cuánto debate público, indignación, movilización e iniciativa social y política generó?. Prácticamente cero”. Con respecto a los jóvenes:
  • hay 1,4 millones de jóvenes trabajando en prácticas no laborales sin percibir remuneración ni cotizar a la Seguridad Social
  • entre 2008 y 2014 la renta media de los menores de 35 años cayó un 25%
  • la tasa de precariedad es del 57% para los jóvenes de 15-29 años 
  • la tasa de paro entre los 15-24 años sigue en 37,5%
  • casi el 30% de los españoles de 16-29 años estaban en riesgo de pobreza en 2016 (en 2008 no llegaban al 20%)

¿Por qué no hay movilizaciones y debates en los medios sobre esto todos los días? Según Javier, por dos razones:

1- “Porque los jóvenes no tienen poder político, no están organizados ni cuentan con un discurso e ideología propios”.
2- “Porque el discurso del feminismo radical ha logrado convencer a gran parte de la sociedad -e, increíblemente, a los partidos y sindicatos de izquierda- de que la mayor contradicción social de nuestro tiempo ya no es el conflicto de clases ni la desigualdad económica y social en general, sino el conflicto y la desigualdad de género”.

VIOLENCIA DE GÉNERO

Javier dedica tres capítulos del libro a esta cuestión y creo que son tres buenos capítulos. Es un tema que ya hemos tratado en este blog, sobre el que suelo volver recurrentemente, y me parece que Javier lo aborda de una manera muy sensata y con sentido común. Se hace las preguntas adecuadas. Por ejemplo, ésta:

  • Si la causa de la violencia de pareja, tal y como la plantea la teoría feminista es el Patriarcado, “¿cómo es posible que la mayoría de los hombres que han pasado por esos “procesos equivocados de aprendizaje” y por esa cultura machista ampliamente difundida, no han ejercido nunca ni ejercerán jamás ningún tipo de violencia contra sus parejas? no sean violentos con su pareja y sólo lo sea una minoría? Por qué este comportamiento violento solo ocurre en una exigua noria  de varones”? Unido a lo anterior, nos podríamos preguntar también que si la causa de la violencia es el Patriarcado, una estructura que impregna nuestra sociedad en la que todos somos socializados, ¿cómo podemos hacer responsables a hombres concretos de sus acciones si la causa no es individual sino macrosocial? ¿Tal vez porque esa estructura la montaron en el comienzo de los tiempos los hombres y todos los hombres -aunque ahora sean víctimas de la misma, unos individuos adoctrinados por ella-, compartirían el pecado original de ser hombres y heredar la culpa de lo que hicieron sus antepasados?

Es llamativo cómo se carga la culpa colectivamente sobre todos los hombres en este tema mientras está totalmente proscrito aplicar la misma lógica en otros contextos. Según la teoría feminista, cuando un hombre mata a una mujer no lo hace a nivel individual sino que estaría actuando en nombre -o como representante- de todos los hombres. Si dijéramos que todos los emigrantes son unos delincuentes inmediatamente se nos va  a responder que sólo algunos, y que no adjudiquemos a un individuo la conducta de otros miembros de su grupo. Si dijéramos que todos los musulmanes son unos terroristas se nos respondería de igual manera. Pero si decimos que todos los hombres son unos violadores y asesinos, sonarán aplausos en la sala. Da igual que no haya ninguna prueba de esto y muchas de todo lo contrario, de que los factores biológicos, sociales y psicológicos individuales son esenciales, como he tratado en otras entradas. En palabras de Javier:

“Ningún agente social identificable como machista mata a las mujeres. Ni el machismo ni el patriarcado existen como sujeto colectivo, agente social o estructura institucional y legal identificable en los países democráticos avanzados”

Y hace una comparación muy apropiada, a mi modo de ver, con el suicidio. No vivimos en una cultura que promueva la violencia contra las mujeres de la misma manera que no vivimos en una cultura que promueva el suicidio. Vivimos en una cultura donde existen suicidios y violencia contra las mujeres pero no en una cultura del suicidio y de violencia contra las mujeres, no es lo mismo. El suicidio no sólo es que no haya sido promocionado sino que ha sido combatido. Se le han considerado históricamente un pecado, incluso un delito hasta recientemente (y todavía lo es en algunos países)…pero a pesar de ello la gente se sigue suicidando…unas 10 personas al día en España. Lo mismo ocurre con los robos u homicidios. A nadie nos han educado en que está bien matar o robar, pero existen los robos y asesinatos. Cualquier sociedad que se precie debe combatir esos fenómenos o se arriesga a su propia extinción. Pregunta Javier:

“Nada ni nadie en nuestra sociedad fomenta, ni defiende ni aplaude el suicidio: ¿por qué ocurre entonces de forma regular, sistemática y multiplicando por 8  los homicidios de hombres y por 60 las víctimas de violencia de género? ¿Por qué ha de tener una causa social externa identificable la muerte de 50 mujeres al año si la muerte de 3.500 personas (incluidas 900 mujeres) no la tiene?” 

“Si los datos de suicidio según el sexo fueran al revés, y tres veces más mujeres que hombres se quitaran la vida: ¿no apostarían ustedes que el feminismo dominante utilizaría esta tragedia masiva y cotidiana para apuntalar su victimismo y su tremendista diagnóstico de que las mujeres españolas aún viven sujetas a una opresión tan asfixiante que las abocaría masivamente al suicidio? ¿No habríamos visto ya nuestro Ministerio de Igualdad y a los múltiples Institutos de la Mujer -con todas las organizaciones feministas empujando al unísono- reclamando urgentemente perspectiva de género en el análisis de las causas y el tratamiento preventivo de la inasumible tragedia del suicidio? ¿No habría minutos de silencio cada vez que otra mujer se suicidara?

“Si los datos de suicidio son los que son (¡tres veces más hombres que mujeres se consideran tan desgraciados y desesperanzados de la posibilidad de una vida digna que se auto liquidan!), ¿cómo puede ser creíble el discurso feminista radical que afirma que son precisamente las mujeres -¡y sólo las mujeres como categoría social de género!- las qeu viven existencialmente asfixiadas en todos los órdenes?”

Pero, volviendo al tema de la demonización del varón, hay que señalar que no es algo casual, sino esencial en la teoría feminista radical. Fijaos en la cita de Eric Hoffer al inicio de la entrada: puedes hacer una revolución sin un Dios pero no sin un diablo. Es muy importante tener un malo, como en las películas, y ese papel le corresponde a los hombres. En el marxismo clásico el malo era la burguesía y los oprimidos eran los trabajadores; el feminismo radical repite el esquema pero con otra víctima y otro opresor, con el trabajador como víctima no se pudo hacer la revolución, hay que buscar otra víctima. Donde antes estaban los trabajadores ahora están las mujeres y el lugar de la burguesía lo ocupan ahora los hombres (cambio que se inicia con Engels). Como decíamos en otra entrada hablando de la teoría diádica de la moral, hay que poner el foco en la violencia del hombre contra la mujer para que parezca que es la única que existe. Hay que ocultar que la principal violencia de los hombres va dirigida contra sí mismos (suicidio) y luego contra otros hombres (a nivel global, el 80% de las víctimas de homicidio son hombres y en España más del 60%, los homicidios de pareja son el 15% de todos los homicidios). Hay que ignorar la violencia que cometen las mujeres contra los hombres o contra los niños (no tenemos estadísticas de homicidios de niños o filicidios, una violencia que cometen en grado similar hombres y mujeres). El resultado final es que sólo existe la díada: “hombre/perpetrador-mujer/víctima” y “todos los males de la vida de las mujeres y de la sociedad tienen una sola causa: los hombres y su poder patriarcal”. En palabras de Javier:

“Movilizar a la gente, en este caso las mujeres, es mucho más fácil si las presentas como las víctimas predilectas, que tienen como enemigo un monstruo invisible pero omnipresente que anda suelto y cuya razón de ser es someter y violentar solo a las mujeres. De ahí la insistencia del feminismo oficial en hablar de violencia machista como si ahí fuera -más allá de los perpetradores y sus problemas psicológicos o sus subcultura de grupo- existiera en la macro sociedad  un agente activo, un monstruo llamado patriarcado del que fluyen las actitudes machistas, y que es, por tanto, responsable último.

Si lo hay, puede exigirse -so pretexto de combatirlo- todo un programa radical de medidas: leyes especiales y cuotas; multas e imposiciones administrativas; y nuevas medidas educativas desde la infancia (para erradicar los estereotipos y deconstruir las identidades de género). Es decir, imponer ese gran proyecto de reingeniería sociocultural que hemos denominado la Gran Revolución Cultural Feminista, que arrancaría de raíz las causas últimas de la violencia. Aunque nada  de eso se haya demostrado que tenga que ver , en absoluto, con el problema de fondo”.

Para cerrar este apartado y a modo de conclusión:

“En España no existe violencia generalizada sobre las mujeres. Hay un fenómeno preocupante, aunque muy minoritario, de violencia doméstica y violencia de pareja. La confusión deliberada en torno al término violencia machista obedece a una manipulación ideológica: no existe ninguna entidad, fuerza o corriente política, social o grupal, cultural, educativa, ideológica o comunicativa que promueva o defienda/justifique la violencia contra las mujeres a nivel macrosocial”.

EL FEMINISMO RADICAL SE OLVIDÓ DE LOS NIÑOS

Extraigo varios párrafos del capítulo correspondiente:

“La violencia contra los niños ¿por qué no está en primer plano? Una de las consecuencias del sesgo selectivo -llamémosle perspectiva de género con anteojeras- en la percepción, clasificación y evaluación de la violencia, que hemos analizado en capítulos anteriores, la tenemos en el efecto perverso de ocultar y postergar la violencia doméstica más traumática e insoportable: la violencia contra los niños.

Por qué no sabemos -no hay estadísticas completas y apenas se publicitan las que hay- cuántos niños mueren al año en españa por violencia de género o violencia doméstica 8 es decir, a manos de sus padres o madres o por su entorno inmediato)? No lo sabemos por4que no se publican estadísticas periódicamente en los medios, ni se llevan registros completos ( a no ser que formen parte de la violencia contra las madres, violencia de género), ni se observan minutos de silencio  ni hay protestas públicas cada vez que matan un niño…Por no haber, no hay siquiera, todavía, una Ley Integral de Violencia contra la Infancia 8 es decir, llevamos quince años dd retos con respecto a la Ley Integral Contra la Violencia de Género de 2004). Los niños asesinados por los suyos apenas figuran en la conciencia pública de la violencia en España”.

“Lo llamativo es que el discurso feminista en general, pero especialmente en relación con la violencia - al distinguir jurídicamente entre violencia de género ( cuando es el varón el que la ejerce) y violencia doméstica (cuando tiene otros protagonistas)- ha alcanzado tal hegemonía social, política, institucional y mediática que ha conseguido que la burocracia de Estado (ese paquidermo de memoria administrativa que lo registra todo) y los medios de comunicación reflejen de manera casi exclusiva sus prioridades en detrimento de todas las demás…¡Eso es poder! ¡Eso es hegemonía!”.

“La ideología feminista en boga no deja de martillear insistentemente sobre la que considera la mayor virtud femenina a revalorizar: la empatía. Pues bien, las víctimas infantiles de la violencia doméstica representan hoy, todavía, el agujero negro de esa pregonada empatía”.

LA REACCIÓN A LA SENTENCIA DE LA MANADA

“El mayor ataque contra la independencia judicial en democracia. Cuando la historia del Estado de derecho como pilar de nuestra democracia se escriba, el 26 de Abril de 2018 y siguientes serán días para la vergüenza colectiva. Independientemente de los ue se opine sobre la sentencia del caso de La Manada y sobre lo que ocurrió el 7 de julio de 2016 en Pamplona, la reacción de las calles, en las redes sociales, en la práctica totalidad de los medios de comunicación y, desde la esfera política, la de todos los partidos del arco parlamentario y la del mismo Gobierno, constituyó el mayor, más grave y más intenso asalto contra la independencia del poder judicial que se ha visto en España desde que la Constitución de 1978 instituyó una Justicia imparcial. Fue un ataque combinado insólito -desde las masas callejeras a los eminentes tertulianos mediáticos, de la furia en las redes sociales al ministro de Justicia señalando a uno de los jueces como “problemático” -en el que desmarcarse de la avalancha de populismo justiciero era un peligro para la integridad profesional del disidente.”


CONCLUSIONES


En el video donde presenta su libro Javier de la Puerta dice: “Os preguntaréis que hace un hombre como yo escribiendo un libro como éste…la respuesta es muy sencilla: es un acto de rebeldía intelectual”. El actual feminismo radicalizado, según Javier, está revelándose ya como un peligro para el equilibrio de la cultura social en ámbitos como el estado de derecho, la presunción de inocencia, la educación, el lenguaje, la creación artística y la cultura, la meritocracia en el mundo profesional/laboral, las relaciones sexuales y de pareja, la vida cotidiana contaminada por la guerra de sexos  o la libertad de expresión. Dice sobre la libertad de expresión:

“La forma en que las feministas más radicalizadas tratan de imponer su feminismo obligatorio es una de las mayores amenazas a la libertad de expresión desde la propia sociedad. El punto de partida es la presunción de que no estamos ante una ideología como las demás, sino ante la nueva Verdad Revelada, más allá de toda crítica. La policía feminista del pensamiento coarta el debate, descalifica al discrepante y lincha moralmente como machistas, misóginos y retrógrados a quienes osan cuestionar sus premisas abusivas, su lenguaje políticamente correcto o sus prescripciones para la vida social, política y cultural (o para las sentencias judiciales). ¿Hasta dónde llegarían si, imbuidas d ella figura sagrada de los oprimidos dispusieran de una mayoría política suficiente para imponer sus obsesiones ideológicas, con el BOE en la mano?”

Por esto que acabamos de leer estamos ante un libro valiente. Como se refleja ahí, es alto el riesgo de una condena por representante del machismo. Pero machista en boca del feminismo radical quiere decir en realidad hereje de esa religión de Estado en la que el feminismo se ha convertido. El hereje es el que critica los dogmas (brecha salarial, teoría feminista de la violencia de género, etc.) como hace Javier en el libro. Ser el niño que dice que el emperador está desnudo tiene sus riesgos: la visita de la Inquisición y la difamación ritual.  Esperemos que la sociedad atienda a la mayor o menor calidad de sus argumentos, a la lógica y razón de su pensamiento y que todas las cosas que trata el libro se puedan debatir de una manera racional y constructiva.

@pitiklinov

Post-Script: quería mencionar también en esta entrada el estupendo libro de Pablo de Lora Lo Sexual es Político (y jurídico) del que no tuve tiempo en el momento en que lo leí para hacer una entrada pero que os recomiendo también a todos los que seguís el blog.


Vídeos de Javier de la Puerta sobre su libro:
Presentación:

Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 2 Polémica
https://www.youtube.com/watch?v=6Kg9QecZDM4
Capítulo 4

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Buena reseña.
Tienes algunas erratas sin importancia, pero esta: "la del mismo Gobierno, constituyó el mayor, moñas grave", con eso de moñas yo de ti la corregía, XD.

Pitiklinov dijo...

corregido, muchas gracias!

EL MARQUES DE PARABERE dijo...


Esta nueva religión talibanizada es aterradora.

Enrique Amorín Rodriguez dijo...

Siempre nos quedará la esperanza de que el feminismo radical y el activismo queer tengan destruccion mutua asegurada.Son los dos fanatismos religiosos más peligrosos, pero incompatibles entre si porque la denegación radical de la naturaleza humana y el cuerpo biológico rompe el punto inicial de aplicación del género normativo subordinado que define la unidad de las mujeres como Sujeto Politico oprimido.

Si ya no hay hombres ni mujeres,sino géneros infinitamente múltiples en un continuo caótico polimorfo de generos inventados por un Yo inmaterial sin constricciones sin tradicion ni sumisión a ninguna jerarquía vertical de valores ni leyes,carente de los datos biológicos primarios(con lo cual novresultavun espiritu liberrimo sino un sujeto nihilista,vaciado esteril e impotente a lo Asno de Buridan),si ocurre todo eso digo el feminismo pierde todo fulcro objetivo como movimiento identitario.Y el dogmatismo queer se las trae:géneros ficticios en el locus vacio de un ego separado,que reduce el pensamiento a formalismo sintáctico abstracto,segregado de todo factor biologico causal y posibilitante,conversion del eritismo en núcleo esencial de la identificacion personal,y dialectica de la minorizacion identitaria,el gesto negativo de la sustracción de la heterosexualidad dominante inicial va seguido de la necesaria búsqueda por el diferente de sus semejantes(para hacer viable estable y consistente la nueva norma marginal ya que una regla de uso para un sólo sujeto es autocontradictoria),recayendo en una constriccion identitaria aún más rigida que la anterior,añadiendo una lógica proliferante propia del narcisismo de las pequeñas diferencias forzadas y fragmentando el logos común en un archipiélago de guetos identitarios mutuamente recelosos y paranoicos, ávidos de un reconocimiento asegurador que nunca se sacia ante infinitas ofensas imaginarias.Es decir,tenemos dos vías opuestas y complementarias hacia el mismo horror.

Agus Salva dijo...

Interesante reseña. Según la misma y los párrafos extractados del libro, a mi juicio el autor le pone mucha pasión al tema y dando la impresión de estar muy dolido con el “feminismo radical”. Pienso que tampoco hay por que ponerse tan así, supongo que quita objetividad.
Cataloga y clasifica a estas mujeres como un lobby de clases medias intelectuales y profesionales, ajenas a las de clases bajas y dice que remitirse al Patriarcado histórico como determinante de la opresión y explotación de la mujer no se sostiene, siendo la mejor demostración la propia existencia de ellas en las democracias políticas occidentales.
En cuanto a lo del “lobby”, sí que es cierto que el feminismo en general tiene una vanguardia constituida por la hegemonía de esos sectores de mujeres. Normal como la vida misma, lo mismo que el autor unido a otras personas como él podría ser otra vanguardia de su idea. O “lobby” si lo prefiere y se pone militante. Prácticamente todos los movimientos sociales, no solo el feminista, han sido encabezados por gente con cierta formación y “clarividencia”. Nada nuevo bajo el sol ni ningún descubrimiento de América.
Lo segundo, eso del Patriarcado, etcétera, si se tomara como un determinismo igual al de que tengo brazos y no alas y entonces no puedo volar de manera natural, sería cierto. Pero, aunque tenga un sustrato primario biológico, es un hecho cultural fruto de la plasticidad y maleabilidad de nuestra especie en este sentido. Al menos sí lo suficientemente psicosocial para “darnos alas” y enfrentarnos al poder establecido. Aquí se juega en otro campo. De qué sino tanta historia de religiones y leyes para poner a las mujeres (y no solo a ellas) “en su sitio”. Si no tengo alas, para qué tanta normativa e ideología prohibiéndome o limitándome el volar. A ver si ahora va a resultar que tampoco el Capitalismo no tiene nada que ver con la explotación y opresión de la clase trabajadora, porque ésta tiene sindicatos y partidos políticos. Otra cosa es que al Patriarcado se le tome como un comodín facilón para remitirse a él como cantinela-explicación cien por cien de todo comportamiento masculino, incluido el más extremo criminal. Dicho esto, el Patriarcado, o los patriarcados, lleva sus milenios y sí, está y contribuye como “una vieja arquitectura previa” una veces más otras menos, a lo que somos. Hombres y mujeres.
Creo que este es el meollo de la cuestión y no me extiendo más. El trabajo y la reseña, con los que puedo compartir algunas cosas y otras no, al menos como las dice, y estando de acuerdo con su observancia de ciertos postureos políticos progre-esnobistas y determinados extremismos ideológicos feministas, ajenos a un enfoque científico y multidisciplinar de los problemas, me parece interesante para abrir un debate, siempre y cuando, como finaliza la reseña, “la sociedad atienda a la mayor o menor calidad de sus argumentos, a la lógica y razón de su pensamiento y que todas las cosas que trata el libro se puedan debatir de una manera racional y constructiva”. Difícil, porque nos toca donde más nos duele.



Enrique Amorín Rodriguez dijo...

Se dice que el autor del libro está dolido y resentido y sufre un sesgo distorsionador en la percepción de la realidad.Nada que ver con las lideres feministas que gritan en las manifestaciones"nos están matando"significando así que el conjunto de los hombres matan al conjunto de las mujeres.Pero resulta que los hechos son más sobrios,que el 0.0001428% de las mujeres españolas son asesinadas por el 0.0001428(aproximando)de los varones españoles.Pero que la lectura feminista traduce en que la mitad de la poblacion mata a la otra mitad. O el liderazgo feminista dice igualmente que los varones llevan la violencia en el ADN,si este determinismo biológico ceriminalizador de un colectivo masivo tuviese parámetros raciales sería escandaloso,pero como los parámetros son antimasculinos es aceptable y de buen tono.La indignación del libro es transmutada en prueba de sesgo inecuanime, y se evita la explicación obvia,que la percepción continuada de una injusticia propia o ajena,produce un dolor inmerecido, que apoya las pretensiones de denuncia, reparación de daños y rectificacion,no las destruye como meras reacciones culpables a la pérdida de privilegios. Esta interpretación es una peticion de principio que no se apoya más que en la fe arrogante e intransigente de una religion obligatoria de Estado que descalifica sumariamente ad-hominem a todos los criticos.
Me parece a mi que no se aprecian en lo que valen ciertos hechos:que si un padre ha sido denunciado veinte veces de maltrato y abuso contra cónyuge e hijos en un proceso de divorcio y es impotente para protegerse por el discurso hegemonico de que las mujeres son victimas por esencia y nunca mienten ni matan ni agreden,pues lo natural es que algo dolido e irritado sí esté sin que haya implicacion alguna en merma de su ecuanimidad. La analogía entre Patriarcado y Capitalismo no se sostiene por ningún lado,las mujeres y los hombres no han sido jamás clases homogéneas enfrentadas en una relacion de explotación. El patriarcado no ahorra al capitalismo el pago del trabajo reproductivo de las mujeres los ingresos monetarios totales de las familias cubren siempre el coste total de reproduccion de la fuerza laboral empleada en la producción formal,que es independiente de la división sexual del trabajo y está determinado como el mínimo pago empresarial congruente con el estado tecnológico de las fuerzas productivas,la estructura vigente de costes y la correlación de fuerzas sociales.La incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral no ha incrementado los ingresos totales familiares sólo ha redistribuido sus vías de entrada, del salario único del Pater Familias a los salarios compartidos de los cónyuges. El capitalismo es una red de instituciones materiales concretas y precisas que organizan la producción material a través de una reproducción de relaciones de propiedad y poder entre las clases.El Patriarcado contemporáneo es un ectoplasma espiritual separado e invisible que sin ninguna encarnacion institucional operacionalizable invade,envenena y configura las mentes,cual virus infeccioso cerebral,pero carente por completo de fulcro corporal alguno.Organiza una vasta y densa infraestructura colectiva rigida de micromachismos que teledirige a los asesinos como forma extrema de disciplina, hace que las mujeres no eligan carreras ingenieriles y planifica al dedillo toda la economia(la competencia de mercado y el anarquismo descentralizado de la producción sólo serian ilusiones)para que las mujeres sólo tengan trabajos temporales a media jornada y mal pagados.La brecha salarual de género es un artefacto estadístico provocado por sumar las masas salariales globales de los generos por separado,como si fueran colectivos homogéneos sin distincion de clase y generacional.