jueves, 28 de julio de 2016

¿Quién reprime la sexualidad de las mujeres? Tercera Parte, las adolescentes

Baumeister y Twenge dedican un apartado bastante largo de su artículo a estudiar las influencias directas en la sexualidad de las adolescentes. Para ellos estos datos son muy importantes porque la adolescencia es el momento en que la mujer se convierte en un ser sexual y puede empezar a realizar elecciones acerca de la actividad sexual. Si alguna fuerza de la sociedad desea suprimir la sexualidad femenina, la sexualidad adolescente debería ser uno de sus principales objetivos. Por ello, la cuestión central es si son las fuentes femeninas o las masculinas las que refrenan la actividad sexual de las adolescentes. La teoría del control masculino predeciría que son las influencias masculinas las esenciales mientras que la teoría del control femenino pronosticaría que son las influencias femeninas las que dominarían.

Analizan primero a los padres. ¿Qué padre tiene mayor influencia para restringir la sexualidad femenina? La respuesta es que parecen ser las madres la principal fuente de mensajes anti-sexuales para sus hijas. Citan artículos que no detallo, como los de Libby y cols. que encuentran que las madres son la principal fuente de influencia sobre la conducta sexual tanto de hijos como de hijas. Delamater encuentra que las hijas son influídas sobre todo por las madres y los hijos por los padres. Werner-Wilson encuentra relación entre la actitudes sexuales de las madres y las de las hijas pero no entre las de las hijas y los padres.

Varios estudios examinan los patrones de comunicación entre padres y adolescentes en cuestiones sexuales y sugieren que las madres tienen más influencia que los padres. Por ejemplo, Nolin y Petersen observan que cuando sólo uno de los padres habla con la hija de sexo, suele ser la madre. 61% de las madres han hablado solamente ellas con las hijas acerca de control de la natalidad, 35% sobre el embarazo, 37% sobre la moralidad sexual. Las cifras correspondientes para los padres son: 2%, 0% y 2% (hay casos adicionales en los que ambos padres han hablado con la hija). 

DuBois-Reymond y Raveslot encuentran que las madres hablan mucho con las hijas de sexo y tratan de “negociar” mientras que los padres se ven incapaces de tratar el asunto y simplemente lo evitan. Un estudio de 300 parejas de Kahn encuentra que la madres comunican más con las hijas que lo que lo hacen los padres. Las madres también comunican más con las hijas que con los hijos. La forma de comunicación acerca de sexo más común fue la de madre con hija y la más rara la de padre con hija. Otro estudio de Kahn y cols. encuentra que cuanto más comunica la madre con la hija más tarde se inicia la actividad sexual de la hija. O sea, que la influencia materna parece retrasar la actividad sexual de la hija. La cantidad de comunicación con el padre no tiene relación con la actividad sexual de la hija.

En un estuvo de Lewis el “no estar cerca de la madre" durante el periodo de la enseñanza secundaria (high school) se asociaba de forma significativa a promiscuidad en las hijas. El parámetro “no estar cerca del padre” no se relacionaba con promiscuidad. La madre, por tanto, parece ser la figura parental que más restringe la sexualidad de las hijas. Lógicamente, el motivo puede ser que las madres restringen la sexualidad de sus hijas como una forma de protegerlas.

La única excepción a este patrón de influencia maternal que estamos describiendo es un estudio de novelas de adolescentes, es decir de ficción, de Christian-Smith. En estas descripciones de ficción los padres y hermanos son los que ejercen el principal control sobre las mujeres jóvenes. Así que parece que se percibe a los hombres como fuentes de control cuando en realidad son las mujeres.

Pasan luego a estudiar a las compañeras de las adolescentes (en inglés “peers” o iguales). Hay pocos estudios pero los resultados muestran algo muy conocido: los grupos de iguales son los más importantes e influyentes para los adolescentes (más que los padres). Y los datos parecen apoyar la teoría del control femenino. Un estudio de Rodgers y Rowe encuentra que la conducta sexual de las chicas se solapa con las de sus amigas (explica un 22% de la varianza), mientras que la relación de amistad chico-chica sólo explica un 5%. Examinando los pactos sexuales de vacaciones entre grupos del mismo sexo, Maticka-Tyndale y cols. encuentran que los pactos entre chicos están orientados a conseguir sexo y a apoyarse unos a otros en ese esfuerzo mientras que los pactos entre chicas son para refrenar el sexo y ayudarse entre ellas a conseguirlo (por ejemplo pactan salvar a una amiga bebida de los avances de un chico). El grupo de chicas adolescentes parece ayudar a impedir que vayan muy lejos sexualmente.

En el estudio de Du Bois-Reymond mencionado antes encuentran también que las chicas adolescentes hablan fundamentalmente de sexo con sus amigas y con su novio, pero que otras influencias masculinas son despreciables. Las amigas presionan para frenar el sexo y encuentran muy importante mantener una buena reputación. Muchas chicas cuentan que sus amigas desaprobarían y se pondrían celosas si tuvieran mucha actividad sexual. Los chicos, por contra, informan que son presionados por sus amigos para buscar oportunidades sexuales y experimentar actividades sexuales. Otros estudios confirman un punto de la teoría del intercambio social, que los grupos de mujeres operan para mantener un nivel de actividad sexual relativamente uniforme entre sus miembros. El estado sexual de la mejor amiga en el punto 1 predice el propio estado sexual en el punto 2. 

Hay datos anteriores a la revolución sexual de los 60 que son interesantes porque indican cómo eran las cosas cuando la represión sexual se considera que era mayor. En ellos se enfatiza la importancia de una buena reputación y los grupos de chicas rechazaban a las chicas que dispensaban favores de forma muy liberal. Los chicos también rechazaban a estas chicas que iban demasiado lejos pero a muchos de ellos no les importaba que una chica fuera muy “avanzada”. Así que la presión para mantener una buena reputación parece provenir de las chicas. 

En cuanto a los novios (boyfriends), que hemos comentado que es la única figura masculina que pinta algo como influencia masculina en las adolescentes, los escasos datos que hay indican que toda la influencia de los novios es para tener más actividad sexual y no menos. Tanto los chicos con los que las adolescentes tienen citas como los novios intentan de forma consistente que haya más actividad sexual y varios estudios encuentran que muchas chicas lamentan haber cedido a esa influencia. Ningún estudio encuentra que los chicos presionen a sus novias para refrenar la actividad sexual.

Resumiendo, los estudios sugieren que la supresión de la sexualidad femenina durante los años adolescentes proviene de fuentes femeninas: la madre y el grupo de amigas. Los padres y otros hombres tienen poca influencia. La única fuente masculina es el novio cuya influencia opera para aumentar el sexo. Todo ello apoya la teoría del control femenino. La hipótesis nula del auto-interés racional (la 4), puede ser relevante. Las madres pueden reprimir a las hijas para evitar un embarazo o también para que su hija no sea excluida del grupo de amigas o castigada por ir demasiado lejos en su sexualidad. Por ello, la madre estaría inculcando un control en su hija para que su estatus suba dentro del grupo de iguales. Por lo tanto, una combinación de la teoría del control femenino (2) y de la del autocontrol racional (4) podría ser la mejor explicación de los datos.


@pitiklinov


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