sábado, 1 de septiembre de 2012

Cerebro Colectivo y Efecto Tasmania



“Si he logrado ver más lejos ha sido porque he subido a hombros de gigantes”
-Isaac Newton

En Occidente tendemos a atribuir la creatividad a individuos concretos (Einstein, Leonardo, Darwin, Newton...) a los que imaginamos como islas que no están en contacto con nada y que sacan sus ideas de la chistera como magos. Pero es mucho más probable que, sin negar la importancia de individuos concretos, la evolución cultural sea un proceso colectivo. Lo explica Matt Ridley en el Optimista Racional. Según el antropólogo Joe Henrich, los seres humanos aprenden habilidades los unos de los otros a través de copiar a individuos prestigiosos, e innovan a partir de sus equivocaciones, que muy ocasionalmente resultan ser mejoramientos; así es como evoluciona la cultura. 

La idea es que los seres humanos funcionamos en red, que existe un cerebro colectivo, e inherente a esta idea está el concepto de que existe una masa crítica, que es necesario un número mínimo de individuos para progresar. Cuanto mayor sea la población conectada, más hábil será el maestro, y mayor la probabilidad de una equivocación productiva. Y al revés, cuanto menor sea la población conectada aumentará proporcionalmente el deterioro de la habilidad conforme esta es transmitida. Un grupo de cien personas no puede mantener más que un cierto número de herramientas, por la sencilla razón de que tanto la producción como el consumo de herramientas requieren un mercado de cierto tamaño.

Un ejemplo de este proceso es lo que ocurrió en Australia, escasamente poblada, y en Tasmania, donde su virtuosismo tecnológico se atrofió y apenas progresó más allá del nivel de los Neandertales. Sus cerebros individuales eran como los de los cazadores-recolectores de todo el mundo, lo que falló fue el cerebro colectivo. Tasmania es el caso más evidente de regresión tecnológica, su población de menos de cinco mil cazadores recolectores, dividida en nueve tribus, no solo se estancó y fue incapaz de progresar sino que se fue limitando gradualmente a un conjunto de herramientas y a un estilo de vida más simple, sencillamente porque no eran suficientes para mantener la tecnología con la que ya contaban. Los seres humanos llegaron a Tasmania hace por lo menos 35.000 años, cuando todavía estaba conectada con Australia. Permaneció conectada -intermitentemente- hasta hace unos 10.000 años, cuando la elevación del nivel del mar hizo que el agua llenara el estrecho de Bass y los tasmanos se quedaran aislados. Cuando llegaron los europeos encontraron no solo que estos carecían de habilidades y herramientas que tenían los continentales sino que habían perdido tecnologías que sus propios ancestros habían tenido en el pasado. No tenían ninguna herramienta de hueso como agujas ni punzones, ni vestimentas para el frío, ni anzuelos para pescar, ni herramientas con mango, ni lanzas dentadas ni trampas para peces, ni lanzadores de jabalinas ni bumeranes. El registro arqueológico nos cuenta que esta herramientas fueron abandonadas constante e inexorablemente. Las herramientas de hueso se fueron haciendo progresivamente más simples y se perdieron hace unos 3.800 años. Sin herramientas de hueso se hizo imposible coser pieles para fabricar ropa así que incluso en invierno iban desnudos exceptuando la grasa de foca que se daban por el cuerpo y unas pieles de wallabí sobre los hombros. Los primeros tasmanos comían pescado pero desde hacía unos 3000 años habían dejado de comerlo. Imaginemos que un maestro que sabía hacer lanzas de lengüeta se cae por un precipicio y se muere sin enseñar su oficio. Sus lengüetas serían utilizadas durante años pero una vez que se rompieran no habría nadie que pudiera fabricarlas. Nadie puede aprender a fabricar lengüetas de la nada. 

De la misma manera, en el arte, en la literatura, en la música, en la tecnología, todas las cosas tienen un precedente, nada surge de la nada, da igual que estudiemos la maquina de vapor, o la explosión de la música de blues en Inglaterra en los años 60. Los Stones no existirían sin Chuck Berry y Berry no existiría sin T-Bone Walker. Si un genio individual tuviera una idea para la que su época no está preparada lo más probable es que quedara arrinconada en una esquina hasta que el espíritu de la época hubiera avanzado lo suficiente. Es como si ese genio hablara chino en Irlanda, nadie le iba a entender, es necesario primero que la población tenga unas nociones por lo menos rudimentarias de chino para que prenda la idea. En el mundo de la economía se dice que hay que salir al mercado con un negocio 6 meses antes de que el mercado esté preparado. Si la idea es muy pionera y se adelanta en años a su tiempo, el negocio fracasará, pero si esperamos demasiado, alguien verá la oportunidad y se nos adelantará. El problema es tener la visión suficiente para acertar con el timing.

También es curioso observar , y ha ocurrido muchas veces a lo largo de la Historia, cómo el mismo descubrimiento se produce a la vez en lugares distintos. Es como si la época estuviera ya madura para él. Un ejemplo es el propio descubrimiento de la idea de la Selección Natural por Darwin y Wallace y lo llamativo es que a ambos se les ocurrió la idea después de leer a Malthus. Esto quiere decir que aunque Darwin no hubiera existido tarde o temprano alguien habría dado con la idea de la selección Natural. También es un ejemplo de cómo unas cosas llevan a otras, de cómo las primeras sientan la base para las siguientes. Cuanto más se inventa más invenciones se hacen posibles. En el mundo de las cosas físicas esto no es posible pero en el mundo de las ideas cuanto más conocimiento se genera, más se puede generar. Cuantas más personas manejen la idea de la bicicleta más serán las personas a las que se les ocurrirán nuevas características para las bicicletas y se mejorará el modelo.

Resumiendo, el progreso cultural humano es una tarea colectiva y requiere de un cerebro colectivo denso, cuantas más conexiones, mejor, y cuanto más intercambio mejor. Pero a pesar de ello creo que no se puede descartar del todo el papel del individuo. Chuck Berry es una condición necesaria para la existencia de la música de los Stones, pero creo que no suficiente. Sin Keith Richards y Mick Jagger y sus concretas personalidades tampoco habría sido posible. Y tampoco tengo muy claro que si la idea de la Selección Natural la hubiera tenido otro, en lugar de Darwin, las cosas hubieran discurrido de la misma manera.

Nota: Isaac Newton es para muchos -Neil deGrasse Tyson incluido- el científico más inteligente y excepcional que ha pisado la Tierra, por encima de Darwin o Einstein, y sin embargo, vemos en la cita de cabecera lo que dice.

4 comentarios:

  1. "los seres humanos aprenden habilidades los unos de los otros a través de copiar a individuos prestigiosos" pero estoy de acuerdo en que tenemos exponentes de lo contrario, p.e. los monos de Koshima (aquí lo menciona http://www.redcientifica.com/doc/doc200304040001.html) Parece pues que ni sí, ni no, ni todo lo contrario... Viva el individuo pero viva también la interrelación :)

    ResponderEliminar
  2. Hasta donde yo sé y he leído no es cierto lo que dice Sheldrake de que todos los macacos del continente empezaron a lavar las patatas. Los que aprendieron habían estado en contacto con Imo. Ahora la costumbre se mantiene aunque muchos macacos no conocieron a Imo peto todo indica que es un aprenidizaje y una transmisión cultural. Macacos de este grupo pudieron enseñar ( o ser imitados) por macacos de otros grupos, no hay que olvidar que entre macacos los machos emigran a otros grupos ( se cree que este fenómeno es un mecanismo para evitar el incesto)
    http://es.wikipedia.org/wiki/Macaca_fuscata
    si tienes alguna fuente de ese fenómeno que no sea solo las palabras de Sheldrake me gustaría conocerla.

    ResponderEliminar
  3. Los compañeros de Imo aprendieron, sí. Pero (creo que) si ese caso se ha hecho famoso es porque comenzaron a hacerlo lo de otras islas del archipiélago. Lo del continente yo no lo había leído. Buscaré por ahí :)

    ResponderEliminar