sábado, 17 de diciembre de 2016

El Mito de la Infancia

En 1944 el Dr. Walter Langer, un psicólogo de la Universidad de Harvard fue contactado por la Oficina de Estudios Estratégicos (la precursora de la actual CIA) y se le pidió que creara un perfil psicológico de Adolf Hitler. Langer procedió según los métodos de la época y se centró en estudiar  los eventos de la infancia de Hitler. Aunque no era fácil encontrar testigos de este periodo de la vida del líder del III Reich, el equipo de Langer consiguió contactar con el ex-médico y dos antiguos colaboradores de Hitler que habían emigrado a los EEUU. La búsqueda de Langer es el tema del documental de David Steward “Dentro de la Mente de Adolf Hitler” (Inside the Mind of Adolf Hitler). Lo que sigue es un extracto del guión de esta película y nos da una idea de lo que los psicólogos de Hitler encontraron interesante y relevante:

“La obsesión por la limpieza de la madre de Hitler fue significativa para Langer. Indicaba que la fase de entrenamiento en los hábitos higiénicos de la infancia de Hitler podía haber ido mal…Por lo que sabemos acerca de la excesiva limpieza de su madre podemos asumir que utilizó medidas más bien rigurosas durante el entrenamiento del periodo de los hábitos de baño de los niños. Sabemos que esto origina una tensión residual en este área. Es vivido por el niño como  una severa frustración que despierta sentimientos de hostilidad. Esto facilita una alianza con su agresión infantil que encuentra una avenida de expresión a través de actividades y fantasías anales. Estas se centran habitualmente alrededor del ensuciamiento, la humillación y la destrucción y forman la base de una personalidad sádica. Langer creyó que tenía un potencial encaje para el Complejo de Edipo de Freud y extremas dificultades con la fase de entrenamiento en hábitos higiénicos y sospechó que esto se veía más claramente en las actitudes de Hitler hacia el sexo”.

Habiendo identificado la causa de las predisposiciones sádicas de Hitler el equipo prosiguió su investigación por el camino elegido. Otro descubrimiento vino de la entrevista con Otto Strasser, un antiguo colaborador de Hitler que habló de la relación de éste con su sobrina, Geli Raubal.

“Ella dijo que Hitler la hacía desvestirse mientras él estaba tumbado en el suelo. Entonces ella se ponía en cuclillas sobre su cara mientras él la examinaba de cerca. Esto le excitaba. Cuando la excitación llegaba al máximo le pedía que orinara sobre él y esto le daba placer sexual. Deli dice que encontraba toda la ejecución muy asquerosa y que, aunque era sexualmente estimulante para Hitler a ella no le suponía ninguna gratificación.”

El Dr. Jerrold Post, un experto de clase mundial en realizar perfiles psicológicos de políticos que trabajó para la CIA en los años 70 y que fundó la primera unidad de perfiles psicológicos del mundo, comentaba lo siguiente:

“En el acto de ser sujeto, en su perversión, el ser humillado por una mujer, esto representaba un deseo claro de rendirse, capitular, ser visto como un hombre débil, contra lo cual estaba luchando psicológicamente de forma dura, y en este poder, el poder de la voluntad, esto era central para él…Este fue el potente, poderoso líder, pero por debajo estaba ese hombre que era desesperadamente débil y desesperadamente temeroso buscando sumisión y capitulación…Langer creyó que Hitler encontró una manera de tratar con las terribles consecuencias psicológicas de su perversión adoptando una ideología política que era prevalente y una poderosa parte de la cultura europea dominante: el antisemitismo”

Los hallazgos del equipo de Langer encajaban tan bien en las hipótesis psicoanalíticas que nadie se preocupó de verificar la credibilidad de los testigos. Sus afirmaciones se aceptaron como ciertas y se realizó el perfil psicológico de Hitler. Gran número de predicciones de futuras acciones del Führer se basaron en este perfil. Las predicciones fueron acertadas en muchas ocasiones pero la cuestión es si era verdaderamente necesario conocer los problemas para usar el baño de Hitler  para predecir lo neurótico que se volvería si la guerra le iba mal. ¿No habría sido más fácil predecir tales conductas analizando sus reacciones a los sucesos recientes? ¿Las sugerencias de Langer de que Hitler tendría cada vez más explosiones de ira eran predecibles por su conducta higiénica infantil o por sus reacciones a los sucesos del momento? Por ejemplo, la predicción del probable suicidio de Hitler en caso de derrota se basaba en el análisis de la infancia o en declaraciones bien explicóitas que había hecho en otoño de 1939 en las que dijo que se suicidaría si perdía la guerra?

La historia del perfil psicológico de Hitler nos muestra que tenemos tendencia a creer que todo, incluso los crímenes más atroces, se pueden explicar en términos de experiencias infantiles. Sería estupendo si esto fuera verdad, pero no lo es. Existen cientos o miles de niños con experiencias similares a las de Hitler o Stalin y no llegaron a ser los monstruos que ellos fueron. Y al revés, Hay muchas personas que no han experimentado una falta de amor en su infancia pero han cometido terribles crímenes. Aunque asesinos en serie como Charles Manson sufrieron abusos en la infancia, otros como Ted Bunty, Jeff Dahmer o Dennis Rader crecieron en hogares con familias que les apoyaron. 

Según Tomasz Witkowski y Maciej Zatonski, la creencia en que el análisis de las experiencias de la infancia nos permiten entender las conductas de los adultos es uno de los mitos más arraigados y más peligrosos de la psicología. En su libro Mitos de la Infancia, Joel Paris, profesor de psiquiatría de la Universidad McGill de Canadá analiza esta creencia y plantea que el mito de la infancia son en realidad tres mitos:

Mito 1: La personalidad es resultado de las experiencias infantiles tempranas.

Mito 2: Los trastornos mentales son causados por las experiencias infantiles tempranas

Mito 3: La psicoterapia efectiva depende de la reconstrucción de las experiencias infantiles

Vamos a ver la crítica que Witkowski y Zatonski hacen de estos tres mitos, ninguno de los cuales está apoyado por los datos aunque están fuertemente enraizados en las mentes de casi todas las personas, incluidos los psicólogos, aunque hay que decir que en éstos en menor grado. Estos autores realizaron una encuesta donde preguntaban por el grado de acuerdo con estos tres mitos que hemos descrito a dos grupos de personas, 34 eran psicólogos profesionales y 151 eran representantes de otras profesiones, la mayoría de ellos con educación superior. El porcentaje de personas que decían estar de acuerdo con estos mitos fue el siguiente:


Vamos a hacer ahora una pequeña crítica de cada uno de estos mitos. Aparte de los autores citados, otros autores que han criticado estos mitos sobre el determinismo infantil son Jerome Kagan en su libro “Tres Ideas Seductoras” (Three Seductive Ideas) y John Bruer en “El Mito de los 3 primeros años” (The Myth of the first three years).

Mito 1. La personalidad es resultado de las experiencias infantiles tempranas.

Este mito se basa en otro mito que es el de la Tabla Rasa, al que Steven Pinker dedicó todo un libro en el año 2002, a pesar de lo cual no ha conseguido que sus argumentos hayan calado en la cultura popular ni académica. El mito de que al nacer somos como una pizarra en blanco en la que se puede escribir cualquier cosa y que eso nos marcará para siempre sigue brillando en todo su esplendor.

Creer en este mito supone olvidarse por lo menos de dos cosas que tienen una gran importancia en el desarrollo de la personalidad: el periodo de desarrollo fetal y los genes. Nuestra vida no empieza cuando nacemos sino en el momento de la concepción y durante el desarrollo fetal hay cantidad de influencias ambientales, hormonales y de todo tipo que marcarán el desarrollo posterior de la persona. En cuanto a los genes hoy sabemos que todos los rasgos de personalidad tienen una influencia genética, que la heredabilidad media de la personalidad es de un 50% es un hallazgo altamente replicado. Los estudios de genética de conducta han demostrado que hermanos gemelos monocigóticos criados aparte son tan iguales como los criados juntos lo que indica que las experiencias infantiles tempranas  no tiene un impacto en la personalidad de adultos. Y también se ha comprobado que hermanos adoptados, sin parentesco biológico, no se parecen en nada desde el punto de vista de la personalidad a pesar de haber sido criados juntos desde la infancia.

En el año 2000 Eric Turkheimer publicó las tres leyes de la genética de conducta que son las siguientes:

Primera Ley: Todos los rasgos de conducta humanos son heredables

Segunda Ley: El efecto de ser criado en la misma familia es más pequeño que el efecto de los genes

Tercera Ley: Una parte sustancial de la variación en rasgos conductuales humanos complejos no se explica ni por el efecto de los genes ni por el de las familias.

Esto es lo que dice Pinker sobre estas tres leyes:

“Las tres leyes de la genética de conducta pueden ser los descubrimientos más importantes de la historia de la psicología. Sin embargo, la mayoría de los psicólogos no han captado su importancia, y la mayoría de los intelectuales no las entienden aunque se han explicado en las portadas de las revistas. No es porque las leyes sean abstrusas: cada una puede ser expresada en una frase sencilla y sin parafernalia matemática. Más bien se debe a que pasan por encima de la Tabla Rasa y la Tabla Rasa está tan integrada que muchos intelectuales no pueden comprender una alternativa a la misma, y no digamos discutir si es verdad o no”.

Mito 2: Los trastornos mentales son causados por las experiencias infantiles tempranas.

Es indiscutible que los sucesos traumáticos son un factor de riesgo para la aparición de trastornos mentales, y no hay duda de que experiencias extremas -que están afortunadamente fuera del rango de las experiencias del desarrollo normal de un niño, como el abandono sufrido por miles de niños en los orfanatos de Rumanía en la era Ceausescu- tienen consecuencias a largo plazo sobre el desarrollo emocional e intelectual del niño. Pero dentro del rango más habitual de experiencias, el resumen que podemos hacer sobre este punto sería el siguiente: es verdad que las personas con trastornos mentales tienen muchas veces experiencias de abusos o maltrato en la infancia, pero también es verdad que la mayoría de las personas que sufren abusos o maltrato se desarrollan de una manera bastante normal. La relación trauma-patología no es unívoca ni obligatoria. Incluso muchos de los niños rumanos que fueron adoptados por padres de países extranjeros, como en Gran Bretaña, mejoraron en su funcionamiento psicológico aproximándose al nivel de los niños normales.

Existe toda una bibliografía sobre la resiliencia, la capacidad del ser humano de superar las adversidades. Muchos investigadores han señalado mecanismos que llevan a un desarrollo normal en la mayoría de los casos a pesar de graves experiencias traumáticas. Gracias a ello la mayoría de los casos no acaban en psicopatología sino en resiliencia.

Por otro lado, la mayoría de estudios de influencias ambientales sobre la personalidad no controlan para los genes. Se fijan por ejemplo en que un niño sufrió abusos o maltrato de pequeño pero no en que los padres de estos niños padecían trastornos de personalidad como psicopatías u otros trastornos mentales con lo que los padres están pasando, además de un ambiente, unos genes a sus hijos. La heredabilidad de muchos trastornos psiquiátricos es media-alta, por ejemplo la de la esquizofrenia es de un 70-80%. Un ejemplo de mito en este terreno es el del ciclo del abuso, pero no es cierto, la mayoría de los niños maltratados no se convierten en maltratadores.

Quizás una buena manera de sintetizar este punto es la forma en que lo hace Joel Paris:

“El resultado de la adversidad en la infancia es muy variable. A ser posible es mejor para los niños que se les pueda proteger de traumas, discordias familiares, rupturas familiares o de la pobreza. Cada una de estas dificultades puede aumentar el riesgo de trastorno mental, por lo menos en algunos niños y en algunos adultos. Cuantas más adversidades estén presentes, mayor será el riesgo de que aparezca patología. Pero incluso cuando los niños se ven expuestos a múltiples adversidades, la mayoría de los niños consiguen escapar a cualquier forma de trastorno mental”.

Mito 3: La psicoterapia efectiva depende de la reconstrucción de las experiencias infantiles

Los dos mitos anteriores cristalizan en este tercero y si los anteriores no tienen suficiente apoyo eso ya descalifica la utilidad de una terapia basada en los mismos. La creencia en este mito ha sido la causa de uno de los mayores escándalos en la historia de la psicología, la crisis de la terapia de los falsos recuerdos que llevó a acusaciones no fundadas de pederastia, de participación en cultos satánicos y a la cárcel a muchos padres inocentes en medio de una histeria de masas más propia de los tiempos de las Brujas de Salem que del siglo XX. Elizabeth Loftus, a la que recientemente se le ha concedido el premio John Maddox de 2016 ha demostrado la limitada utilidad de los recuerdos infantiles y la facilidad para crear falsos recuerdos por sugestión o hipnosis. Ya está de sobra demostrado a estas alturas que nuestra memoria no trabaja como una grabadora. Pero esta autora recibió amenazas de psicólogos y psiquiatras y tuvo que llegar a estar protegida cuando empezó con sus investigaciones que cuestionaban este mito.
Elizabeth Loftus

La idea de que hay que llegar a algún suceso en la infancia y editarlo, corregirlo con lo que se resuelven los problemas del sujeto (puro pensamiento mágico) es muy cinematográfica aunque carezca de pruebas que la apoyen. Aparte de la terapia de los falsos recuerdos son incontables las terapias que se han basado en este mito, muchas de ellas sin ningún tipo de reconocimiento oficial. Podemos mencionar el caso de la terapia del renacimiento que provocó la muerte de la niña Candace Newmaker, de 10 años. A la niña se la envolvió en unas mantas que representaba supuestamente el útero y varios adultos se sentaron encima intentando reproducir el trauma del nacimiento hasta que la asfixiaron, proceso que además fue grabado. Los “terapeutas” fueron condenados a 16 años de prisión.

Por otro lado, si ese requisito fuera necesario para la eficacia de la psicoterapia las terapias que no lo cumplen no funcionarían cosa que no es cierta. Aunque los tiempos en que se culpó a los padres de la esquizofrenia de sus hijos y a las madres (las “madre nevera” de Bruno Bettelheim) también del autismo de sus hijos quedaron atrás, todavía seguimos viendo a muchos pacientes que quieren saber “por qué les ocurre lo que les ocurre” entendiendo por ello que hay que ir para atrás en el tiempo y a muchos terapeutas que desdeñan las terapias cognitivo-conductuales porque no van “al fondo del asunto”, que lógicamente creen que está en la infancia.

En definitiva, el determinismo infantil, la idea de que las experiencia infantiles son la causa de todo lo que nos ocurre luego en la vida y la negación y olvido de otras influencias (ambientales y genéticas) así como de que nuestra plasticidad y capacidad para aprender persiste durante toda la vida, es algo muy incrustado en nuestro inconsciente colectivo y no hay elementos para pensar que vaya a desaparecer en el futuro más inmediato. Para cerrar, un párrafo de Jerome Kagan sobre las experiencias infantiles y sus efectos posteriores en la vida:

“Los miles de niños que nacerán hoy en todo el mundo experimentarán ambientes muy diferentes en los primeros dos años. Algunos serán criados por cuidadores en algún kibutz, otros por sus abuelas o por sus hermanas mayores; algunos irán a guarderías y otros se quedarán en casa con sus madres. Algunos tendrán muchos juguetes, otros ninguno. Algunos pasarán el primer año en una oscura chabola envueltos en harapos mientras que otros gatearán en luminosas habitaciones llenas de juguetes, libros de dibujos e imágenes de televisión. Pero a pesar de esta extraordinaria variación de experiencias tempranas, excluyendo una pequeña proporción con daño cerebral o efectos genéticos, la mayoría aprenderán a hablar antes de los dos años, serán autoconscientes para los tres años y serán capaces de asumir algunas responsabilidades familiares para los siete. Las diferencias psicológicas entre estos niños son triviales comparadas con la larga lista de similitudes. La prevalencia de trastornos mentales serios como esquizofrenia y depresión  así como otros más leves como los trastornos de ansiedad, es sorprendentemente similar en todo el mundo, a pesar de que los niños son criados en ambientes muy distintos. Este hecho no es consistente con el significado que se da a los dos primeros años.”

Referencias:

Tomasz Witkowski y Maciej Zatonski. Psychology gone wrong. The dark side of science and therapy. BrownWalerPress Boy Raton, Florida USA 2015. Capítulo 9: The Myth of childhood: foundation of therapies exploring the past

Joel Paris. Myths of Childhood. Routledge 2014

Jerome Kagan. Three Seductive Ideas. Harvard University Press 1998.

John Bruer. The myth of the first three years: a new understanding of early brain development and lifelong learning. Free Press 2002












martes, 6 de diciembre de 2016

El derecho al egoísmo de las víctimas

Imagina que un individuo se siente engañado por algún suceso de la vida diaria: un ejecutivo ve que se promociona a alguien que lo merece menos que él mientras que a él se le relega; un escritor está a punto de mandar su obra pero un fallo del ordenador borra semanas de trabajo y se le penaliza por no cumplir el plazo de entrega. ¿Cómo estarían de motivados estos sujetos para ayudar a otras personas? Uno podría imaginar que las personas que han tenido mala suerte en la vida o a las que les han salido mal las cosas estarían especialmente motivados para ayudar a otros o que se sentirían mejor y reconfortados al hacer el bien. Pues no, los autores del artículo que comento hacen la predicción contraria y la demuestran en unos experimentos: sentirse agraviado da a la gente una percepción de tener un derecho para obtener un resultado positivo -y evitar los negativos- que le libera de las obligaciones de la vida social. En la vida social normalmente nos guiamos por el principio de ayudar a los demás y de evitar el egoísmo. Los autores proponen que debido a este elevado sentido de tener un derecho, los agraviados se sienten liberados de esta obligación comunitaria y exhiben unas conductas más egoístas.

Los individuos se sienten agraviados cuando obtienen resultados que no coinciden con lo que ellos creen que se merecen, como ser tratados con respeto, de manera similar a otros, recibir justificaciones por las decisiones que les afectan, o incluso tener una infancia feliz. Diferentes personas creen que se merecen diferentes cosas por lo que el agravio puede tomar varias formas pero la experiencia de ser agraviado es siempre desagradable y produce un afecto negativo, muchas veces de ira. Los autores proponen que la percepción de ser agraviado produce el sentimiento de tener el derecho a evitar más sufrimiento y de obtener buenos resultados para uno mismo. Es como si estas personas pensaran que ya han recibido su cuota de sufrimiento -como si hubiera una cantidad máxima de victimización que una persona debe razonablemente soportar- y, consecuentemente, se sienten autorizados a pasar de algunos de los inconvenientes de la vida, como ser atento a las necesidades de los demás.

Hay psicólogos clínicos que han sugerido antes esta relación. Hay tanto pruebas de que la victimización lleva a la sensación de tener un derecho como que sentirse con derechos lleva a ser más egoísta y los autores las revisan. Por ejemplo, en un estudio las personas que puntúan alto en la escala Psychological Entitlement Scale cogían más caramelos que en teoría eran para compartir con niños, decían merecer un salario más alto, eran más avaros en juegos de dinero y trataban a sus parejas de forma más egoísta. A pesar de ello, la hipótesis completa que defienden los autores no se ha investigado directamente aunque hay sugerencias que la apoyan. Hay experimentos que investigan la llamada “equidad con el mundo”: si somos menos beneficiados en una cosa intentamos beneficiarnos más en otra. En un estudio los sujetos a los que se les había pagado poco en una tarea  pagaban menos a otros sujetos en otra tarea y se pagaban más a sí mismos.

Estas investigaciones apoyan que si nos sentimos maltratados en un dominio esto lleva a conducta egoísta en ese dominio (por ejemplo, si nos han robado la luz de la bici nos sentimos autorizados robar la luz a cualquier otra bici) pero los autores del trabajo proponen que el egoísmo se puede extender a otros dominios diferentes que no tienen nada que ver con el agravio inicial. Otra diferencia con investigaciones previas es que los trabajos previos dan una valor central a la ira, consideran que es la ira el motor de esas conductas egoístas, mientras que los autores de este artículo insisten en que es el hecho de sentirse con más derechos que los demás lo que lleva al egoísmo.

Para probar su hipótesis realizan tres experimentos. En el primero estudian si hacer recordar a los sujetos del experimento episodios de su vida en los que han sido tratados injustamente hace que ayuden menos a los demás. En el segundo miden si hacerles recordar episodios de injusticia les hace manifestarse más egoístas y si es por un sentido de tener derechos. En el tercer experimento en vez de hacerles recordar injusticias pasadas se les provoca una situación injusta (por un fallo del ordenador) y se observa si entonces piden más de una recompensa común con otros sujetos.

Efectivamente, los resultados son que los sujetos que recuerdan o viven injusticias ayudan menos, se creen más autorizados a ser egoístas en situaciones futuras y a no sufrir inconvenientes (algunos de forma anecdótica dejan más basura o se llevan el boli del experimentador…), y en el tercer experimento perder en un juego por una razón injusta les hace sentirse con más derechos y se auto adjudican dinero de una manera más egoísta. Así que los autores consideran su hipótesis apoyada y luego desacreditan otras posibles explicaciones de los resultados (la de que la conducta se deba a ira, a un sentimiento de “equidad con el mundo”, como antes comentamos y otras). 

Creo que este estudio es interesante por varias razones. Por un lado se demuestra que las víctimas se siente con más derechos, se comportan de forma egoísta y reclaman una mayor parte del pastel pero hay otros datos que sugieren que sentirse agraviado puede conducir a hacer daño a los demás. Está toda la literatura que trata del peso de “víctima a verdugo”, de cómo personas que han sido víctimas de maltrato o abusos se convierten a su vez en maltratadores. Es una literatura puramente correlacional y no pueden extraerse conclusiones sobre causalidad porque intervienen muchas causas y factores pero tiene cierto valor ese vínculo en este contexto que estamos tratando y merece ser investigado.

En segundo lugar, estos estudios se han llevado a cabo en individuos pero el fenómeno podría darse también a nivel de grupo. Hay estudios recientes que encuentran que grupos a los que se les recuerda su victimización es menos probable que se sientan culpables de hacer daño a otros grupos. Por ejemplo, norteamericanos a los que se les recuerda el 11-S sienten menos culpa del sufrimiento de los iraquíes por la invasión norteamericana del país. Investigaciones futuras deberían ahondar en la posibilidad de que tanto individuos como grupos puedan sentirse autorizados a hacer daño a otros cuando les beneficia.

Por último, según algunos, vivimos en una cultura del victimismo en la que nos sentimos agraviados cada vez por cosas más leves y en la que todo el mundo reclama para sí la condición de víctima para demandar ventajas y compensaciones. En este contexto son importantes los resultados de este estudio porque sugieren que la injusticia puede tener un efecto dominó que va más allá del evento inicial. Si la víctima (individuo o grupo) hace daño a una tercera parte por su comportamiento egoísta, tenemos una segunda víctima que se sentirá injustamente tratada y que a su vez se comportará de forma egoísta o hará daño a los demás…y así ad infinitum. 

@pitiklinov

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jueves, 1 de diciembre de 2016

La ilusión de superioridad moral

Cinismo Ilustrado es una web de Eduardo Salles
La mayoría de la gente cree que es justa, virtuosa y buena moralmente. Estas creencias merecen ser estudiadas científicamente porque, a diferencia de otro tipo de ilusiones positivas, las creencias morales contribuyen a la gravedad de los conflictos humanos. Cuando dos bandos opuestos están convencidos de su propia virtud la escalada de violencia es más probable y las probabilidades de resolución del conflicto más bajas. Pero esta autocomplacencia no se limita a los conflictos, una mayoría de personas se cree moralmente superior a la media. Comparada con las creencias de superioridad en otras esferas, diversas evidencias sugieren que la irracionalidad de las creencias de superioridad moral es mayor que las otras. 

Taylor y Brown en 1988 publicaron un artículo sobre las “ilusiones positivas”, la primera de las cuales es una positiva auto-evaluación general. Un alto porcentaje de gente se valora a sí misma mejor que a otras personas en muchas cosas (que conducen mejor, que son más inteligentes, generosos, etc.) y a este tipo de ilusiones se les ha llamado “efecto mayor que la media” (better than average effect) o “auto-promoción” o “auto engrandecimiento” (self-enhancement). En diferentes estudios se ha visto que los rasgos morales deseables, como honestidad y confianza, muestran las mayores diferencias entre el sujeto y los demás. Y lo mismo ocurre con los rasgos negativos (mentir) que son adjudicados con más frecuencia a los otros. Es decir, la magnitud del efecto de auto engrandecimiento es mayor para las características morales (honestidad) que para características no morales (competencia en otras esferas, ambición, inteligencia…). Además, mientras el autobombo en rasgos no morales disminuye con la edad, la asimetría yo/otros en rasgos morales es constante a lo largo de la vida.

Para complicar más la cosa, los rasgos deseables morales se consideran altamente descriptivos o definitiorios del yo, más que los rasgos no morales (por lo que nos vamos a sentir más atacados en nuestra esencia en este campo que en otros). En varios estudios se ha observado que rasgos morales como honestidad, fidelidad y lealtad se consideraban más auto-descriptivos que otros como “listo”, “sabio” o “lógico”. Y estos estudios abarcan culturas diferentes así que el fenómeno parece generalizado. Finalmente, los individuos consideran que, a pesar de las circunstancias de la vida, siempre van a poseer estos rasgos.

La conclusión de todo lo anterior es que estamos ante una paradoja. La mayoría de las personas considera que son un dechado de virtudes pero pocas personas perciben esta abundancia de virtud en los demás. Esto tal vez tenga su lógica porque los rasgos morales son muy deseables pero no son fáciles de contrastar con la realidad. 

Por todo ello, los autores del artículo que comento en la bibliografía se plantearon estudiar este fenómeno y llegan a dos conclusiones principales. La primera es que la superioridad moral tiene un componente irracional sustancial (la forma en la que miden esta irracionalidad no me queda muy clara) que es mayor que el que se da en otras esferas. El segundo hallazgo es que, a diferencia de lo que ocurre con otras características, la superioridad moral irracional no se asocia a la autoestima. Es decir, no encuentran asociación entre alta autoestima y una creencia irracional más fuerte en la superioridad moral. Esto es francamente chocante porque no encaja con nuestra interpretación actual de las “ilusiones positivas” en general y porque en otras ilusiones sí existe asociación con la autoestima.

El problema es explicar la causa de esta ilusión y aquí las cosas no están nada claras. Según las teorías del manejo del error parece racional esta ilusión de superioridad moral. Considerar que una persona es fiable cuando no lo es tiene un coste mucho mayor que a la inversa. Según esta línea de pensamiento, puede ser racional suponer una moralidad más baja en los demás…

Resumiendo, la creencia en que uno es moralmente superior a la persona media es robusta y muy extendida. La irracionalidad de esta creencia parece mayor que la que se observa en otras ilusiones de superioridad, lo que la convierte en una forma especial de ilusión positiva. Lo que no está claro es la función que cumple este sesgo pero lo que sí es evidente es que debemos conocerlo y estar todos muy alerta.

@pitiklinov

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viernes, 25 de noviembre de 2016

El mito de la fuerza de voluntad

El pecado original, según la Biblia, fue una falta de autocontrol. A Eva le había prohibido Dios comer de la fruta prohibida pero la tentación fue demasiado grande. La moraleja de la historia es que cuando la tentación vence a la fuerza de voluntad estamos ante un fallo moral, digno de castigo. Por la misma regla de tres, hemos glorificado la fuerza de voluntad y la hemos convertido en una virtud, una de las más apreciadas.

Pero algunos psicólogos están empezando a plantear que al ser humano se le da fatal resistir la tentación, y que la fuerza de voluntad, los beneficios de luchar contra uno mismo, está sobrevalorada. A largo plazo el autocontrol podría no ser tan beneficioso. Algunos estudios están encontrando que enseñar a la gente a que resista la tentación sólo funciona a corto plazo o ni siquiera funciona. 

Las implicaciones de estas nuevas ideas son enormes porque si aceptamos que la fuerza de voluntad no funciona nos sentiríamos menos mal cuando sucumbimos ante la tentación y podríamos enfocar de manera más productiva problemas como el de la obesidad. Hay encuestas que encuentran que el 75% de los norteamericanos creen que la falta de fuerza de voluntad es el problema para perder peso y que sólo hay que hacer dieta y ejercicio. Pero el creciente consenso científico dice que las causas de la obesidad son múltiples, incluyendo genes y factores ambientales pero no la fuerza de voluntad. Como dice el Dr. Louis Aronne: “Intentar 20 veces bajar peso y no conseguirlo, es un problema de fuerza de voluntad o un problema que no responde a la fuerza de voluntad?

Si pudiéramos dejar de glorificar la fuerza de voluntad igual podríamos empezar a pensar en otros planteamientos como disminuir el poder de la tentación y ayudar a la gente a conseguir sus objetivos con menos esfuerzo. Si quieres comer menos dulces y te encuentra en frente de una montaña de dulces, los investigadores dicen que la montaña de dulces va a ganar.

Kentaro Fujita dice que el modelo de autocontrol que tenemos es el de un ángel a un lado y el demonio al otro peleando entre ellos. Y tendemos a pensar que la gente con mucha fuerza de voluntad puede ganar esta batalla. Pero la realidad es que las personas que son buenas en autocontrol no tienen que pelear estas batallas en primer lugar. Un estudio que se realizó en 2001 encontró la paradójica situación de que la gente que era buena resistiendo la tentación informaba en realidad de menos tentaciones durante el periodo del estudio, no es que estas personas venzan las tentaciones, es que no las tienen. De otra manera: la gente que es muy buena en autocontrol rara vez tiene que usarlo.

Marina Milyavskaya y Michael Inzlicht encuentran algo parecido. Si resistir la tentación es una virtud, cuanta más resistencia mejores resultados, ¿no? Pues no es esto lo que ellos observan: los estudiantes que ejercen más autocontrol no son los que consiguen sus objetivos. Los más exitosos al final del semestre fueron los estudiantes que experimentaron menos tentaciones durante ese periodo. Los que emplearon el autocontrol no sólo no consiguieron sus objetivos sino que estaban exhaustos al final.

¿Y qué podemos aprender de esta gente que no tiene tentaciones y es buena en el autocontrol? Algunas cosas:

1- La gente que es buena en autocontrol en realidad disfruta las actividades que a otros nos suponen esfuerzo, como comer sano, estudiar o hacer ejercicio. Para ellos es divertido lo que para otros es sufrimiento. Los objetivos que se basan en “quiero hacer X” tienen más probabilidades de ser conseguidos que los que se basan en “tengo que hacer X”. Si estás corriendo porque “tienes que mantener la forma”, correr se va a convertir en una actividad miserable que no mantendrás. Una actividad que te gusta es más probable que la mantengas que una que odias.

2- La gente que es buena en autocontrol ha aprendido buenos hábitos. La gente que es buena en autocontrol tiene buenos hábitos, como hacer ejercicio regularmente, comer sano y estudiar. Parece que esta gente estructura su vida de manera que no tenga que utilizar la fuerza de voluntad. Estructurar nuestra vida con rutinas podría ayudar. Hacer la misma actividad a la misma hora todos los días (correr o meditar) puede facilitar el cumplimiento. En el famoso test de la golosina los niños que no se comían la golosina eran buenos en cambiar la percepción del objeto del deseo como no mirar el caramelo o imaginarse que era otra cosa. La idea sería que si no quieres comer un pastel no pases por delante de una pastelería, y si ves un pastel imagina que es algo asqueroso y escapa de él. 

3- Algunas personas sencillamente experimentan menos tentaciones. Nuestras disposiciones y preferencias están influenciadas por los genes y hay gente que tiene más apetito que otra y hay gente que se controla mejor que otros. Sabemos que el rasgo de personalidad llamado responsabilidad se asocia con esta característica y cualquier rasgo de personalidad tiene una heredabilidad media del 50%. Algunos tienen más suerte que otros en la lotería genética. 

4- Es más fácil tener autocontrol cuando eres rico. Cuando el experimento de la golosina se repite en niños pobres siempre se encuentra que lo hacen peor, que son menos capaces de resistir la tentación. La gente que ha crecido siendo pobre  es más probable que se centre en las recompensas inmediatas porque para ellos el futuro es incierto y es muy difícil pensar en el largo plazo.

De momento, y a pesar de este cambio de enfoque, no hay soluciones para mejorar la fuerza de voluntad pero la idea va más por cambiar el ambiente. También se podría intentar enseñar a mejorar las capacidades de autocontrol. Elliot Berkman habla de una técnica que llama “empujón motivacional”, que consiste en recordar periódicamente a los participantes sus objetivos pero no hay datos todavía de que funcione. Otra posibilidad es unir un elemento divertido a las actividades que queremos realizar y que no son tan divertidas (esto es lo que ya se hace cuando la gente se pone música en el gimnasio, por ejemplo).

Vemos que no hay alternativas claras de momento pero parece que algunos psicólogos ya están mirando más allá de la estrategia actual que básicamente es: “Di que no, resiste”.

@pitikinov

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sábado, 19 de noviembre de 2016

Pinker y el feminismo de género

Algún comentario de la entrada anterior se quejaba de que no había desarrollado bien lo del feminismo de género así que en esta entrada voy a intentar explicar con más detalle los argumentos de Pinker contra el feminismo de género. Primero hay que señalar que Pinker no critica a todo el feminismo en general sino que distingue, siguiendo a Christina Hoff Sommers, dos tipos de feminismo. El primero es el feminismo de la igualdad que combate la discriminación sexual y otras formas de injusticia de las mujeres y que forma parte de la tradición liberal y humanista clásica que surgió de la Ilustración. El segundo es el feminismo de género que sostiene que las mujeres siguen estando esclavizadas por un sistema de dominación del macho, el sistema de género, y se opone a la tradición liberal clásica aliándose con el marxismo, el posmodernismo, el constructivismo social y la ciencia radical. Este último, que es el que se ha convertido en el credo de algunos programas de estudios sobre la mujer, organizaciones feministas y portavoces del movimiento de las mujeres, es el que Pinker critica porque es una razón importante de que la aplicación de la evolución, la genética y la neurociencia a la mente humana cuente con una dura resistencia en la vida intelectual moderna. También hay que decir que Pinker habla del presente en los países de nuestro entorno y no de la discriminación contra las mujeres en muchos lugares del planeta y la que ha ocurrido en tiempos pasados. No hay ninguna duda de que las mujeres se enfrentaron a una discriminación generalizada en el pasado y lo siguen haciendo hoy en algunos sectores.

Este feminismo de género se compromete con tres afirmaciones sobre la naturaleza humana:

1- Las diferencias entre hombres y mujeres no tienen nada que ver con la biología, sino que están completamente construidas socialmente.
2- Los seres humanos poseen una única motivación social, el poder, y la vida social sólo se puede entender desde el punto de vista de cómo se ejerce.
3- Las interacciones humanas no surgen de las motivaciones de las personas que se tratan entre sí como individuos, sino de las motivaciones de los grupos que tratan con otros grupos, en este caso el sexo masculino que domina al sexo femenino

Básicamente, Pinker lo que hace es esclarecer la relación entre la biología de la naturaleza humana y temas muy candentes entonces (2002), y también ahora, como la supuesta brecha salarial, la demanda de 50/50 en todas las profesiones, o la agresión sexual. Pinker defiende que mujeres y hombres no tienen unas mentes íntercambiables, que las personas tienen otros deseos que no son el poder (amor, sexo, belleza, familia, sentido de pertenencia…), y que los motivos pertenecen a las personas individuales y no a todo un grupo (el de los hombres). Yo me voy a centrar en el tema de la violación pero voy a decir algunas cosas sobre los otros temas, muy breves por razones de espacio. 

No voy a entrar en ello pero Pinker señala diferencias entre los sexos, como mayor interés de los hombres por las relaciones sexuales, su mayor tendencia a competir violentamente, mejores capacidades verbales en las mujeres y espaciales en los hombres, las niñas juegan más a imitar roles sociales y los niños a luchar, perseguirse y manipular objetos, etc. Luego defiende que estas diferencias no se deben sólo a la socialización sino que se observan en otras especies y habla de factores genéticos y hormonales, etc. Muchos de ellos están recogidos en este entrada donde se menciona el famoso caso de David Reimer y los casos de extrofia vesical que demuestran que coger a un chico y educarlo como chica no funciona. Por supuesto, ninguna de las diferencias de sexo descubiertas hasta hoy se aplica a todos los hombres y a todas las mujeres, de modo que las generalizaciones sobre un sexo siempre serán falsas respecto a muchos individuos.

También dice cosas sobre que las mujeres no elijan determinadas carreras como que una desigualdad en el resultado no se puede aducir com prueba de una desigualdad de oportunidades. Las diferencias medias en las preferencias son las que situarían a los sexos en trayectorias diferentes. Las mujeres prefieren también sacrificar ingresos económicos porque valoran más la vida familiar, estar con sus hijos y amigos y en definitiva tener una vida. Una democracia podría decidir dividir los ingresos y los empleos 50/50 entre los sexos -y obligar a que sean el mismo número de hombres y mujeres los que arreglen tuberías en una plataforma petrolífera o los que den clases en infantil u operen en neurocirugía-  pero eso tendría un coste en ambos sexos, el de impedir que hombres y mujeres realicen el trabajo que más les guste y obligarles a trabajar en lo que no  les gusta. 

Dejo de lado lo del repetido mantra de que las mujeres cobran menos que los hombres por el mismo trabajo -ampliamente refutado ya a estas alturas y que tal vez sea tema para una entrada posterior-, y voy a tratar el tema de la violación. Bien, la postura “oficial” de este feminismo es que la violación no tiene nada que ver con el sexo y que es un tema de poder. Y, unido a ello, que la violación no tiene nada que ver con el deseo sexual de un hombre individual, sino que es una táctica con la que todo el sexo masculino oprime al sexo femenino. Esta doctrina procede de Susan Brownmiller en su libro de 1975 Contra nuestra voluntad donde dice:

“Hay que situar el descubrimiento del hombre de que sus genitales podían servir de arma para generar miedo entre los descubrimientos más importantes de la prehistoria, junto con el fuego y la primera hacha de piedra rudimentaria. Creo que, desde los tiempos prehistóricos hasta la actualidad, la violación ha desempeñado un papel fundamental (…) es nada más y nada menos que un proceso de intimidación por el que todos los hombres mantienen a todas las mujeres en un estado de miedo”.

Esto derivó en el catecismo actual: la violación no es una cuestión de sexo, nuestra cultura socializa a los hombres para que violen y glorifica la violencia contra las mujeres. Vamos a ver argumentos contra la primera parte de este dogma:

  • Hay una relación compleja entre sexo y violencia y sexo y poder. Pero el hecho de que la violación tenga algo que ver con la violencia no significa que no tenga nada que ver con el sexo, del mismo modo que no podemos decir que un robo a mano armada no tenga nada que ver con el dinero y que se trata sólo de un asunto de poder…
  • Sabemos que algunos hombres utilizan la violencia para conseguir lo que quieren: secuestran niños para pedir un rescate, roban para conseguir droga u otros objetos, dejan ciega a la víctima de un atraco para que no les pueda identificar, matan a un extraño para robarle la cartera o las zapatillas…Sería un hecho extraordinario, que contradiría todo lo que sabemos de las personas, que algunos hombres no emplearan la violencia para conseguir sexo.
  • Las feministas argumentan como datos a su favor que los violadores buscan a veces mujeres mayores y estériles, que algunos padecen disfunción sexual durante la violación, que algunos obligan a realizar actos sexuales que no tiene que ver con al reproducción y que algunos emplean preservativo. La tesis no convence por dos razones: En primer lugar, estos ejemplos constituyen una minoría de las violaciones de modo que se le podría dar la vuelta a la argumentación y afirmar que en la mayoría de las violaciones existe una motivación sexual. Pero es que, además, todo eso que señalan ocurre también en el sexo consentido, de modo que la tesis lleva al absurdo de que el propio sexo nada tiene que ver con el sexo.
  • Pensemos en el caso de una violación en el contexto de una cita. La pareja sale, va a la discoteca, toman algo y acaban en el apartamento de uno de los dos. La chica en un momento dado dice no y el chico la viola. ¿Cómo lo explicamos? ¿Al principio el chico quería sexo y cuando la chica dice no pasa a querer poder? ¿Quería poder desde el principio? ¿o quería sexo desde el principio?
  • La violación existe en muchas especies del reino animal y en todas las sociedades humanas.
  • Generalmente, los violadores aplican la fuerza necesaria para coaccionar a la víctima a tener relaciones sexuales. Pocas veces provocan heridas graves o fatales. Sólo el 4% sufre heridas graves y muere menos de una de cada quinientas.
  • Las víctimas de violación se encuentran en la mejor edad para la reproducción de las mujeres (15-35 años) edad en al que son más atractivas para los hombres. La distribución por edad es muy distinta a la de las víctimas de otros delitos violentos.
  • Se calcula que un 5% de las víctimas de violación quedan embarazadas y en otros tiempos serían más. Brownmiller dice que las teorías biológicas de la violación son descabelladas porque “desde la perspectiva de la estrategia reproductora, las eyaculaciones al azar del violador que no realiza más que un acto sexual son una especie de ruleta rusa comparadas con el apareamiento consentido prolongado”. De acuerdo, pero el apareamiento consentido prolongado no es una opción para todos los machos y algo es mejor que nada. La selección natural puede operar con pequeñas ventajas reproductoras de hasta un 1%.


Vamos a ver ahora argumentos contra la segunda parte del dogma, la de que es un acto colectivo de todos los hombres y que se glorifica la violación en nuestra cultura. 

  • El violador se arriesga a que le maten los familiares de la víctima o a ir muchos años a la cárcel, ¿realmente los violadores asumen estos riesgos como sacrificio altruista en beneficio de los miles de extraños que constituyen el sexo masculino?
  • En la mayoría de casos y lugares al violador se le trata como la escoria. Incluso en las cárceles hay que protegerlos del resto de los presos. Si la teoría feminista fuera verdad se les recibiría como héroes.  
  • Hay un hecho elemental: los hombres tienen madre, hijas, hermanas y esposas que les importan mucho más que el resto de los hombres. Como señala la feminista de la equidad Wendy McElroy, la teoría feminista sostiene que “hasta el marido, el padre y el hijo más cariñosos y tiernos son beneficiarios de la violación de la mujer que aman. Ninguna ideología que haga tan viles acusaciones contra los hombres como clase puede curar mis heridas. Sólo puede provocar una reacción de hostilidad”.
  • La violación está castigada en todas las sociedades. Si fuera una táctica de los hombres ¿para qué la iban a convertir en un delito? 

Que existan violaciones es tanta prueba de que existe una cultura de la violación como que existan robos, homicidios o suicidios es prueba de que vivimos en una cultura del robo, del homicidio o del suicidio. Llevando las cosas al absurdo y aplicando la propia teoría de las feministas de género de que todo es una construcción social, los hombres habrían tenido otra opción, y esto es reflexión mía no de Pinker. Si todo es una construcción social, el dolor por ser víctima de una violación también sería una construcción social así que los hombres sólo tendrían que cambiar la socialización y educar por ejemplo a las mujeres para que accedan a tener relaciones sexuales con cualquier hombre que se lo pida. Pero esto tiene, entre otros, un problema, la naturaleza humana y una cosa que se llama selección sexual. Como explican Thornhill y Palmer, en todo el reino animal las hembras se resisten al sexo obligado. La violación subvierte la capacidad de decisión de la hembra, el núcleo del omnipresente mecanismo de la selección sexual. Una hembra, al escoger al macho con el que aparearse y las circunstancias en que hacerlo, puede elevar al máximo las probabilidades de que su hijo tenga unos buenos genes. Como dicen Tooby y Cosmides, este cálculo evolutivo explica por qué las mujeres evolucionaron para ejercer el control sobre su propia sexualidad, sobre las condiciones de las relaciones y sobre las decisiones de qué hombres van a ser los padres de sus hijos. Se resisten a ser violadas y sufren cuando tal resistencia fracasa, porque se les ha usurpado el control sobre sus propias decisiones y sus relaciones sexuales.

Todo esto tiene implicaciones de cara al estudio y tratamiento de la violencia sexual. Ya no es “sexualmente correcto” realizar estudios sobre las causas de la violación (o de otro tipo de violencia) porque -como sabe cualquier persona que piense como se debe- sólo existe una causa: el patriarcado. Y ello va a repercutir en los consejos que se dan a las mujeres y en los tratamientos para los violadores. En algunos programas se les da charlas a los violadores sobre el patriarcado, el heterosexismo y las conexiones entre la violencia doméstica y la opresión racial. Un mal diagnóstico lleva a un mal tratamiento.

Resumiendo la postura de Pinker, el feminismo como movimiento a favor de la igualdad política y social es importante, no así el feminismo como camarilla académica entregada a doctrinas excéntricas sobre la naturaleza humana. Eliminar la discriminación contra las mujeres es importante, no así pensar que hombres y mujeres nacen con unas mentes indistinguibles. La libertad de decisión es importante, no así asegurar que las mujeres constituyan exactamente el 50% en todas las profesiones. Y eliminar las agresiones sexuales es importante, pero no así defender la teoría de que los violadores desempeñan su papel en una vasta conspiración masculina.

@pitiklinov

PS- Recomiendo ver estos dos vídeos sobre la paradoja de la igualdad en Noruega:
https://www.youtube.com/watch?v=2sblNk2aPzE
https://www.youtube.com/watch?v=Me3okdm0C1M
Entrada de Wikipedia sobre el debate al que dieron lugar:
https://es.m.wikipedia.org/wiki/Hjernevask
(gracias a @CapitanLeeCrane por la referencia)