lunes, 7 de marzo de 2016

¿Se derrumba la Psicología?

Si hay algo que los psicólogos sociales saben hacer es cómo hacer experimentos y cómo comprobar si una intervención funciona, y, con buenos grupos control y análisis estadísticos, ver si algo funciona o no.
-Timothy Wilson en Edge.org 

Brian Nosek
Como suelen decir, no hay dos sin tres. Ya hablamos del tema de la crisis de replicación en Psicología en dos ocasiones en el año 2013 pero creo que hay novedades importantes que merece la pena comentar. Antes de nada, recomiendo leer aquellas entradas para entender mejor la situación en la que nos encontramos ahora. Las tienes aquí: la Polémica del priming (primado) y la crisis de la investigación en Psicología. Hablábamos entonces de que el psicólogo social Brian Nosek había puesto en marcha el Reproducibility Project: Psychology (RPP) para replicar 100 estudios de psicología publicados en 2008. En Agosto de 2015 se publicaron los resultados en Science y hubo una conmoción generalizada porque sólo se replicaron el 39%. 

Pero lo que ha ocurrido ahora es que cuatro psicólogos, Dan Gilbert, Gary King, Stephen Pettigrew y Timothy Wilson, han publicado un artículo en Science criticando el trabajo de Nosek de 2015 (en realidad de su grupo Open Science Collaboration) diciendo que tiene fallos estadísticos y de diseño y ejecución. Estos cuatro psicólogos son auténticos pesos pesados de la profesión, Gilbert (de Harvard) y Wilson son los más conocidos y han publicado cantidad de artículos y libros, y King y Wilson son editores de Science para que nos hagamos una idea de su nivel. El grupo de Nosek ha contestado ese artículo y el grupo de Gilbert ha contrareplicado con lo que estamos viviendo una situación de enfrentamiento y confusión donde uno ya no sabe qué creer. Hoy mismo, Gilbert y cols han dado a conocer otro escrito más. Están corriendo ríos de tinta en Internet y en Twitter con comentarios en todo tipo de revistas y blogs y es imposible resumirlos todos pero sí quería recoger algunas de la ideas que me han parecido más interesantes de todos esos comentarios.

  • En primer lugar llama la atención que vemos a dos grupos de investigadores muy inteligentes que manejan los mismos datos y sin embargo ven cosas diferentes. Podemos ser generosos y decir que siempre hay debates en ciencia y que eso es muy sano pero realmente me parece preocupante que gente con un espíritu científico e inmejorable formación en su disciplina no saque las mismas conclusiones y que lo que a unos les parece correcto a los otros les parezca erróneo.

  • En los aspectos técnicos no se ponen de acuerdo ni en lo que hay que medir ni en cómo medirlo. Para una crítica de la estadística que proponen Gilbert y cols ver el blog de Daniel Lakens. Pero lo que desde luego me parece exagerada es la afirmación de Gilbert y cols de que aplicando sus medidas la replicabilidad es prácticamente del 100%. Cuando se estima que el típico estudio de psicología tiene < 50% de poder estadístico, unos resultados tan buenos serían extremadamente sospechosos. Pero claro, la realidad es que todos los estudios que se publican consiguen encontrar efectos todo el rato, así que algo no encaja…Bones estima que un 97% de los estudios de psicología encuentran exactamente lo que predicen así que parece que los psicólogos tienen poderes extrasensoriales para predecir el futuro…

  • Como curiosidad, Sanjay Srivastava comenta que utilizando la métrica de intervalos de confianza que proponen Gilbert y cols el efecto anchoring ¡de Kahneman y Tversky! “no consigue ser replicado” en tres de cada cuatro ocasiones.

  • Hay gente que dice que los fenómenos psicológicos que producen un gran efecto ya están estudiados (por así decirlo la fruta que estaba más baja, más a mano, ya ha sido cogida) y que ahora hay fenómenos que tienen un efecto pequeño y que si no se replican las circunstancias exactas entonces no se obtienen resultados, que lo que se estudia es algo frágil y sutil… Pero claro, si resulta que ni en el laboratorio se pueden reproducir esos efectos la utilidad de esos estudios para el mundo real es prácticamente nula. Además, la ciencia va de cosas que se repiten con regularidad; si algo ocurre sólo a las 5 de la tarde, cuando el que lo hace tiene barba y a una temperatura de 26º, pues no nos va a ser muy útil. Y si hace falta muestras más grandes porque el efecto es pequeño que trabajen los psicólogos en equipo.

  • Creo que hay puntos en los que Gilbert y cols tienen razón. La reproducción de algunos estudios no ha sido muy fiel y la elección de los trabajos que se iban a replicar no ha sido aleatoria , cosas ambas que pueden introducir sesgos. La potencia de algunos estudios de replicación también ha sido muy baja. Pero es que la actitud de Gilbert y cols, de que no pasa nada, es muy sospechosa, pretenden dejar las cosas como están: el estudio de replicación de Nosek y cols ha fallado así que dejémonos de hacer replicaciones y sigamos como antes, vienen a decir. Suena a que tienen algo que ocultar.

Dan Gilbert
Pero es que no se trata sólo de este debate que estamos comentando, a la Psicología se le acumulan los enanos. Acaba de ser refutado, o de ponerse en entredicho, el efecto de “ego depletion” , de que la fuerza de voluntad es un recurso que se agota, sobre el que nada menos que Baumeister lleva dos décadas escribiendo artículos y libros. Parece que no existe. También acaba de publicarse un estudio que tampoco encuentra el “efecto final de la experiencia”, eso de que el final de una experiencia se nos queda más grabado e influye en el recuerdo que tenemos de ella; y en este caso hablamos nada menos que de Kahneman, un premio Nobel.

Como dice Steve Lindsay, editor del Psychological Science, “tenemos muchas razones para creer que un montón de psicólogos han tendido durante mucho tiempo a exagerar los efectos de lo que publicaban”. Pero esto no lo han hecho sólo los psicólogos sociales y cognitivos (los estudios que escogieron para replicar Nosek y cols eran de solo tres revistas y pertenecían fundamentalmente a las sub-disciplinas de la psicología social y la psicología cognitiva) sino que es un problema general de la ciencia. Otras disciplinas también tienen problemas de replicación. Las causas, como señala David Funder, son profundas y muy extendidas:

  • un mercado saturado de investigadores muy inteligentes que quieren encontrar o mantener un trabajo o conseguir una plaza en propiedad. Y la vía para ello es “publica o perece”.

  • Un sistema de publicación en el que las revistas que te pueden hacer famoso y hacer que consigas un trabajo piden hallazgos “rompedores”. No les vale el trabajo de hormiguita de ir construyendo ladrillo a ladrillo el muro de la ciencia. Incluso revistas de menos nivel piden resultados significativos. Y no digamos ya si quieres publicar en Nature o Science…

  • Un sistema académico que recompensa a los investigadores que deslumbran no sólo en las revistas científicas sino a los que llegan a los medios  con temas “sexys” de gran repercusión social. Las recompensas son puestos en las mejores universidades, charlas TED, apariciones en TV, etc.

Esta es la realidad y cambiarla no es nada fácil. Hay nuevas replicaciones en camino, tanto en Psicología como en otras ramas de la ciencia y pronto iremos teniendo una visión más completa de la situación general de la ciencia. Pero parece claro que la crisis de replicación no es exclusiva de la psicología social. Las causas no son puramente científicas sino culturales e institucionales y las soluciones también tienen que serlo.

@pitiklinov



sábado, 5 de marzo de 2016

El Poder de la Situación


Tú eres la media de las cinco personas con las que pasas más tiempo
-Jim Rohn

Richard Nisbett en su libro Mindware nos recuerda continuamente que hay más cosas ocurriendo en nuestra cabeza que aquellas de las que somos conscientes. En particular, solemos subestimar (o no ver en absoluto) las influencias que las situaciones tienen en nuestras creencias y conductas. Una consecuencia directa de esta ceguera al contexto es que exageramos la influencia de los factores o “disposiciones” personales -como preferencias, rasgos de personalidad, capacidades, planes,motivos…- en la conducta de una persona en una situación determinada.

La tendencia a quitar peso a la situación y adjudicárselo a factores internos se da cuando analizamos nuestra propia conducta pero el problema es mucho más grande cuando intentamos averiguar las causas de la conducta de otra persona. Yo tengo que atender a los aspectos del contexto y de la situación si quiero formarme un juicio o realizar una conducta, pero la situación que vive otra persona es mucho más difícil para mí de ver. Por ello, es muy probable que subestime la importancia de la situación en la conducta de otra persona y sobreestime los factores internos.

Este fallo en reconocer la importancia del contexto y sobreestimar los factores internos es probablemente el error deductivo más grave, según Nisbett, que cometemos. El psicólogo social Lee Ross lo llamó Error fundamental de atribución. Pero vamos a ver que hay diferencias culturales a la hora de cometerlo.

A modo de ejemplo, Nisbett nos pone el caso de Bill Gates, el hombre más rico de mundo, que a los 19 años dejó Harvard para poner en marcha Microsoft y convertirla en la compañía más importante del mundo. Es tentador explicar su éxito en base a que probablemente es una de las personas más inteligentes que ha existido. Bien, Gates es indudablemente muy inteligente, pero poca gente sabe que tuvo también mucha suerte en relación al tema de los ordenadores. Cuando se aburría en la escuela pública de Seattle sus padres le metieron en un colegio privado que tenía un terminal conectado a un superordenador (para la época) por lo que Gates se convirtió en una de las pocas personas que tenía acceso a lo que entonces era un ordenador superpotente. Y su suerte continuó en los seis años siguientes en los que se le permitió tiempo libre de programación a cambio de probar software para una compañía local y también iba al centro de ordenadores de la universidad de Washington a las tres de la mañana, hora en que se dejaba usar las máquinas al público. Está claro que tenía motivación y se lo curro pero, probablemente, no había en ese momento en el mundo otro adolescente que tuviera el acceso a ordenadores que Bill Gates tuvo.

Más allá de casos concretos, lo importante es que detrás de personas exitosa existen circunstancias afortunadas de las que no tenemos ni idea, y no consideramos, atribuyendo todo el mérito del éxito a la persona. Mucho padres pueden preguntarse qué fue mal con Pedro, que se graduó de la Universidad en 2009 y está en paro cuando le ha ido tan bien a Carlos que se graduó en 2004. Evidentemente no tienen en cuanto la situación de paro y recesión económica en la que nos encontramos.

Algunas influencias ambientales pueden estar ocultas y ser difíciles de ver pero es que otras influencias las tenemos delante de las narices y ni así las vemos. Hay un clásico estudio de los años 60 en los que se pide a unos estudiantes que hagan una redacción favorable a Cuba y a otros se les pide que la hagan en contra. Tanto unos como otros escriben la redacción por orden de los profesores y no podemos saber nada de las actitudes personales de cada alumno hacia Cuba. Sin embargo, cuando se pide a otros participantes en el estudio que valoren si los estudiantes son favorables a Cuba estos observadores coinciden en que los que escriben el ensayo positivo son ellos mismos más favorables que los que escriben el ensayo negativo.

Tenemos también los estudios de John Darley y Bibb Latané acerca de la influencia de la presencia de espectadores para que alguien ayude a un persona: cuanta más gente hay presente menos probable es que el sujeto ayude a la persona necesitada. También están los del “buen samaritano” en los que dos tercios de los seminaristas que no tienen prisa ayudan a un herido mientras que de los que tienen prisa sólo se paran a ayudar un 10%. Cuando preguntas a la gente si creen que andar con prisa influyó en que los seminaristas ayudaran o no al herido la mayoría de las personas no cree que la situación (ir tarde) tuviera un efecto y atribuyen el no ser capaces de ayudar al herido a un mal carácter, a ser malas personas. En otros estudios se aprecia que los estudiantes que comparten habitación con un compañero que bebe sacan peores notas que los que conviven con compañeros que no beben. 
Figura 1

Nisbett cuenta también algunos ejemplos personales. Dice que un día vio por la ventana a su hijo de 15 años fumando con un amigo y cuando llegó a casa le dijo que se se sentía decepcionado de haberle visto fumar. Dice que su hijo se le enfrentó desafiante y le dijo que sí, que había fumado pero que no se debía a la influencia de sus amigos. Por supuesto que sí. También habla de cómo él se compró un coche modelo Saab y se apuntó con su mujer a un club de tenis precisamente en la época en que sus amigos se compraban coches Saab y también practicaban tenis. Y dejó el tenis también cuando la mayoría de ellos lo estaban dejando. Pero claro, siempre se puede uno engañar y decir que el Saab lo compró por un informe favorable que vio en una revista y que su mujer y él querían hacer tenis y había un club cerca y decidieron apuntarse. Siempre hay explicaciones que no incluyen la influencia social. La verdad es que nos influyen mucho los amigos y conocidos y más cuando somos jóvenes. Uno de los desafíos más grandes que tienen los padres es poder controlar que los amigos de sus hijos tengan una buen influencia en ellos.

Sin embargo, en este problema del error de atribución existen diferencias culturales y ese es un tema que Nisbett y algunos de sus discípulos, como Takahiko Masuda, han estudiado. En Occidente somos más individualistas  y con un fuerte sentido de la autonomía personal mientras que en Oriente son más colectivistas y atentos al entorno social. En su libro The Geography of Thought, Nisbett propone que estas diferencias sociales fueron económicas en origen. Los griegos  basaban su estilo de vida en ocupaciones individualistas como el comercio, la pesca, la ganadería o en una agricultura a pequeña escala. Los chinos basaban su economía en un tipo de agricultura, el cultivo del arroz, que requiere más cooperación.

Estas diferencias en atención se han demostrado en algunos experimentos. Masuda pidió a estudiantes japoneses y norteamericanos que valoraran la expresión del niño central de la figura 1. Los estudiantes japoneses valoraban como menos feliz al personaje principal cuando los que estaban en segundo plano estaban tristes que si estaban también alegres. Los estudiantes americanos se veían mucho menos afectados por los personajes secundarios.
Figura2

La atención al contexto incluye el entorno físico. En otro experimento, a los sujetos se les ponía un video del que la figura 2 es un fotograma. Los norteamericanos dirían algo del tipo: “ veo tres grandes peces nadando hacia la izquierda; tienen aletas rosas, vientres blancos y rayas verticales en la espalda”…Por contra, los estudiantes japoneses dirían algo como: “Veo lo que parece una corriente, el agua es verde, hay rocas y conchas en el fondo y tres grandes peces que nadan hacia la izquierda”. Es decir, sólo después de que han establecido el contexto hacen zoom los japoneses hacia los peces. Además veían un 60% más de objetos en el fondo que los norteamericanos. Y esto mismo ocurre en el plano psicológico. En otro estudio realizado por psicólogos coreanos,  encontraban que si se le decía a alguien que una persona concreta se había comportado de la misma manera que otras en una determinada situación,  los  coreanos deducían que algún componente de la situación era el factor primario que motivaba la conducta de la persona. Los norteamericanos explicaban la conducta en base a disposiciones personales sin tener en cuenta que todos los demás se habían comportado igual en esa situación. Los orientales también cometen el error fundamental de atribución, pero en general tienen una visión más holística del mundo; ven los objetos en su contexto, tienen inclinación a atribuir al conducta a la situación  y están más atentos a las relaciones entre las personas y entre los objetos.

Conclusiones:

  • Presta más atención al contexto. Esto aumentará las probabilidades de que identifiques correctamente factores que están influyendo tu conducta y la de los demás. En particular presta atención a las influencias sociales.
  • Date cuenta de que  los factores situaciones afectan más tu conducta y la de los demás de lo que parece y que los factores internos influyen menos de lo que parece. No asumas que la conducta de una persona en dos o tres situaciones parecidas es predictiva de su conducta futura. La conducta pasada predice muy bien la conducta futura pero cuando la hemos observado por mucho tiempo y en situaciones diferentes y no cuando la hemos observado en pocas situaciones y todas muy parecidas.
  • Otras personas piensan que su conducta responde a factores situacionales  más de lo que tú te crees y es muy probable que esas personas tengan razón porque conocen su situación mejor que tú.
  • La gente puede cambiar. Los orientales dicen que el cambio es lo único constante: si cambias el entorno puedes cambiar a la persona.


@pitiklinov

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domingo, 28 de febrero de 2016

Enseñando al cerebro a responder al placebo

Fabrizio Benedetti lleva décadas estudiando el efecto placebo y, junto con su equipo, acaba de publicar un estudio que creo que merece la pena comentar ya que encuentra que se puede enseñar a las neuronas a responder al placebo. También es interesante su propuesta de utilizar placebos en el manejo clínico de los pacientes de Parkinson. Lo diferente de este estudio es que se ha medido la respuesta de neuronas individuales en el cerebro de pacientes con enfermedad de Parkinson, lo que garantiza que los cambios clínicos no se deben a un posible sesgo por parte  del paciente o del investigador.

Lo que Benedetti ha hecho es lo siguiente. Ha estudiado a 42 pacientes a los que se les implantó electrodos en el tálamo para realizar Estimulación Cerebral Profunda (Deep Brain Stimulation), es decir, que aprovechó pacientes que iban a recibir el procedimiento como parte de su tratamiento de Parkinson y no solamente para este estudio del placebo. Los dividió en varios grupos y a uno de ellos no le hizo nada para actuar como control. A los otros les administró 1,2,3 o 4 inyecciones subcutáneas diarias de apomorfina (un fármaco antiparkinson), informándoles de que en algún momento recibirían también placebo (una solución salina). La valoración clínica de la respuesta (disminución rigidez y temblor, etc) era realizada por un neurólogo ciego por completo al resto del procedimiento.

Lo que Benedetti ha encontrado es lo siguiente:

  • Cuando se administra un placebo por primera vez no se observan cambios clínicos ni respuesta en las neuronas individuales. Es decir, la sugerencias verbales de que el paciente va a mejorar no producen cambios biológicos en el cerebro de los pacientes
  • A medida que se expone previamente a los sujetos a más inyecciones de apomorfina aumenta su respuesta clínica y neuronal al placebo, lo que demuestra el papel clave del aprendizaje en la respuesta clínica y biológica del placebo
  • Sólo 4 exposiciones previas a apomorfina fueron capaces de conseguir que la respuesta al placebo ocurriera 24 horas después (pero no ya a las 48 horas). Es decir, que cuantas más exposiciones mayor respuesta y por más tiempo. Tras 4 exposiciones la respuesta al placebo era igual de eficaz que la de la apomorfina. Queda por ver si dando más inyecciones de apomorfina durante más tiempo la respuesta placebo podría ser más duradera.
  • Estos hallazgos sugieren que pacientes que no responden al placebo pueden convertirse en pacientes respondedores al mismo si se realiza un procedimiento de aprendizaje.

En cuanto al mecanismo por el que ocurre todo esto la verdad es que el trabajo no nos saca de dudas. El efecto placebo se ha intentado explicar básicamente en base a un condicionamiento clásico pavloviano o al efecto de las expectativas. Está claro que este trabajo tiene toda la pinta de un condicionamiento pavloviano clásico donde tenemos un estímulo no condicionado (la apomorfina), un estímulo condicionado (la inyección de placebo) y una respuesta condicionada en la que el placebo consigue el mismo efecto de reducción de la rigidez muscular que la apomorfina. Sin embargo hay interpretaciones cognitiva más modernas del condicionamiento clásico que no se pueden resolver con este estudio por lo que son necesarios nuevos estudios. Tampoco aclara este experimento por qué se pierde la respuesta al de 48 horas.

Hay estudios en respuestas inmunes y en dolor que muestran que el efecto placebo aprendido persiste aún sabiendo los pacientes que lo que se les da es un placebo pero Benedetti no tiene claro si esto funcionaría en Parkinson ya que en este estudio no se les decía cuándo se aplicaba el placebo.

Desde el punto de vista clínico, lo que Benedetti propone es que se podría intercalar el uso de fármacos “reales” antiparkinson con placebo. Esto tendría dos ventajas. La primera disminuir el coste económico del tratamiento y la segunda prolongar el tiempo en el que los fármacos son eficaces porque en el Parkinson se acaba produciendo a la larga una perdida de la respuesta a los fármacos antiparkinsonianos. Pero este planteamiento nos sitúa ante el problema de aprobar el uso de los placebos en la clínica, lo que tiene connotaciones éticas complicadas. Lo que sí está claro es que es una cuestión que merece ser estudiada y debatida.

@pitiklinov

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sábado, 27 de febrero de 2016

¿Por qué nos indignamos moralmente?

Los seres humanos tenemos un apetito por la indignación moral. No creo que exagero si digo que vivimos una auténtica epidemia de indignación moral. Sólo hay que asomarse a Twitter para verlo, pero también en el mundo real vemos cómo los de un partido político se indignan con los del polo opuesto, los ateos con los religiosos y viceversa, y en nuestra vida personal no dejamos de criticar a los amigos, colegas y vecinos que se comportan mal, según nuestros valores. Todo el mundo se siente ofendido en estos tiempos. Probablemente siempre ha sido así pero tal vez ahora tenemos más vías y medios para expresar nuestra indignación moral y es más visible.

¿Por qué nos ponemos tan furibundos, incluso cuando la ofensa en cuestión no nos afecta directamente? La explicación admitida es que denunciamos los que hacen el mal porque valoramos la justicia y queremos un mundo mejor, se trata de una conducta que no tiene nada de egoísta…O eso es lo que creemos, porque acaba de salir un estudio que aporta pruebas de que las raíces de nuestra indignación moral son, por lo menos en parte, egoístas.

Se trata de un trabajo de Jillian Jordan, Paul Bloom, Moshe Hoffman y David Rand  en Nature, del que tenéis un buen resumen en el New York Times, realizado por los propios autores, que es el que yo estoy siguiendo para hacer esta entrada. Lo que estos autores sugieren es que la indignación moral es una forma de anunciarse o publicitarse a uno mismo: confiamos más en las personas que dedican tiempo y esfuerzo a condenar a los que se portan mal (según los valores de nuestro grupo, claro).

El artículo trata de resolver un problema evolucionista: ¿cómo puede surgir una conducta no egoísta como la indignación moral de un proceso evolucionista “egoísta”? La respuesta es que expresar indignación moral beneficia al que lo hace, a la larga, porque mejora su reputación. Los autores del artículo presentan un modelo teórico que es el de las “señales costosas” del que el clásico ejemplo es la cola del pavo real. Sólo los pavos reales sanos y con buenos genes pueden permitirse tener esas colas vistosas que funcionan como un anuncio de su calidad genética . De la misma manera, castigar a los que se portan mal funciona como una señal de integridad, de fiabilidad. Y esto es así porque castigar a los demás supone un coste, pero ese coste se recupera si a la larga los demás nos van a hacer favores o van a colaborar con nosotros al ver que somos personas de fiar. Por lo tanto, si ves que ser integro moralmente te da resultado vas a estar más dispuestos a castigar a los malos.

Es importante matizar aquí que estamos hablando de causas últimas y de un proceso evolucionista. Los autores no están diciendo que conscientemente hagamos esto. Es como comer, no lo hacemos porque queramos multiplicar nuestros genes sino porque nos gusta, pero la explicación última es que comer sirve para hacer copias de nuestros genes.

En el experimento realizado en el estudio no voy a entrar en detalle. Básicamente se le da dinero a una persona que puede dedicarlo a castigar a los que se porten mal mientras que otra persona observa su conducta y decide si confiar en él o no. El resultado es que efectivamente los que castigan más son más fiables y el observador hace bien en confiar en ellos.

La teoría propuesta por estos investigadores explicaría algunas cosas que vemos en Twitter donde ha habido casos absolutamente desproporcionados de linchamiento moral a algunas personas que puede que no hayan estado muy acertadas en alguno de sus tuits, como el de Justine Sacco y su broma sobre Africa y el SIDA. Fueran o no conscientes de ello, las personas que criticaron a esta chica lo que estaban haciendo no era realmente decir lo mala que era Justine sino lo buenos que eran ellos, que ellos no eran racistas.

La indignación moral es parte de la naturaleza humana pero es bueno saber que el castigo que dispara esta indignación se explica mejor no como una reacción proporcionada y justa sino como el resultado de un sistema que evolucionó para potenciar nuestras reputaciones individuales, sin demasiada atención a lo que eso supone para los demás. La próxima vez que te indignes con alguien recuerda plantearte si estás en realidad diciendo: “¡mirad qué bueno soy, mirad que cola más bonita tengo!

@pitiklinov







miércoles, 17 de febrero de 2016

El Auge de la Pseudociencia


El verdadero problema de la humanidad es el siguiente: tenemos emociones paleolíticas, instituciones medievales y tecnología divina
-E.O. Wilson

Existe una preocupación creciente en círculos científicos y en el mundo de la divulgación científica por el auge de las pseudociencias. Como prueba, este artículo de César Tomé en Experiencia Docet: “Contra quién estamos perdiendo la guerra” donde dice que la anticiencia lo invade todo y que las terapias milagro, las creencias pseudoreligiosas y religiosas y la magia son las dueñas de Internet. En el blog Milesdemillones le contestan de una forma bastante pesimista que la guerra ya está perdida. Como muestra de que esta sensación de que está triunfando la anticiencia no es un problema local sino internacional, tenemos este artículo de The Guardian que analiza por qué engancha la pseudociencia a la gente y qué podemos hacer para evitarlo.

La solución o tratamiento del problema, como ocurre en Medicina, pasa por un buen diagnóstico y creo que el que se hace normalmente de este problema no es acertado porque se olvida de la irracionalidad humana. Lo habitual es considerar que se trata de un problema de información, o de educación, y que estas  cosas se arreglan con más educación o “leyendo”. Sólo voy a dar dos datos que creo que contradicen esa hipótesis: 1) los padres que se oponen a la vacunación de sus hijos en USA tienen más nivel educativo y económico, no menos, que los que vacunan a sus hijos 2) existen médicos homeópatas y que apoyan la homeopatía. Creo que no hace falta decir más.

Opino que lo que está ocurriendo tiene que ver en buena medida con la naturaleza humana y que mientras no entendamos cómo es la naturaleza humana nos vamos a seguir equivocando. Pensamos que somos seres racionales y que a la gente que tiene creencias erróneas basta darle la información adecuada para que cambie de opinión. Cuando esto no ocurre pensamos primero que los que siguen en el error son tontos, y después que son malos (las tres suposiciones sobre el error). Estamos repitiendo con los “magufos” el error que Dawkins está cometiendo con la religión: creer que con explicar que las ideas religiosas son ideas irracionales, y que las científicas son más racionales, las primeras van a ser abandonadas.

También podríamos caer en el error de explicar las actitudes anticiencia desde la política y pensar que eso es cosa de la derecha que es la que cree en Dios y se opone a la ciencia (evolución, cambio climático…). Pero, como dice Jonathan Haidt en la toma de la conferencia Boyarsky que veis ahí, tanto la derecha como la izquierda niegan la ciencia cuando no les va bien, cuando son verdades que no les convienen. La izquierda, por ejemplo, ha negado la influencia hereditaria en la inteligencia, las diferencias sexuales y la evolución del “cuello para arriba” apostando en muchos temas por concebir la naturaleza humana como una “tabla rasa”.

Hoy en día sabemos que la mente humana es propensa a cantidad de sesgos como el sesgo de confirmación, el razonamiento motivado, el sesgo de negatividad, el sesgo optimista y muchos más, y sabemos que esos sesgos tienen una explicación en nuestra historia evolutiva. Sabemos que las creencias religiosas pueden ser adaptativas por servir como cemento social y sabemos también que las creencias confieren identidad, que por medio de ellas decimos a qué tribu pertenecemos y quiénes somos. Por eso, cambiar de ideas es cambiar de tribu y eso no es nada fácil. Cambiar de ideas o creencias no es sólo un cambio cognitivo o psicológico, es un cambio de identidad y de vida.

Lo que digo no implica abandonar la educación, por supuesto, y creo en ese sentido que los científicos deberían hacer un mayor esfuerzo por comunicar con la sociedad explicando de una manera lo más sencilla posible sus descubrimientos a los ciudadanos. Se está produciendo un peligroso divorcio entre una ciencia cada vez más lejana y sofisticada y la gente de la calle. Caricaturizo a propósito pero estamos viendo que, de vez en cuando, los “grandes sacerdotes” que manejan los aceleradores de partículas, los telescopios y los láseres  dan una conferencia de prensa para decirnos que han encontrado el bosón de Higgs o las ondas gravitatorias, casi de igual manera que Moisés le dijo al pueblo elegido que había visto a Dios y le había dado unas tablas. Pero la gente de la calle no tiene criterio para ubicar esos descubrimientos en su mundo mental o para criticarlos. Corremos el riesgo de que la ciencia se convierta en algo que hace una élite y que no conecta con la vida normal de la gente. La pseudociencia, por contra, utiliza una narrativa y cuenta unas historias que, al parecer, conectan mejor con la intuición de la gente.

Tal vez no puede ser de otra manera pero el resultado que estamos viendo es, como muy bien dice Cesar Tomé, que aceptamos la tecnología pero rechazamos la ciencia que hay detrás. Porque la tecnología no entra en conflicto, o no lo hace de forma tan frontal, con el mundo mental de cada persona como las ideas que están detrás. Utilizar un mando a distancia, un móvil o un ordenador no nos genera tantos problemas como que nos digan que los genes influyen en nuestra inteligencia, en nuestra personalidad o en nuestro concepto de la belleza.

Pero información y educación creo que no es suficiente. También hay que intentar entender la parte irracional de la mente humana; intentar comprender , por ejemplo, la relación que hay entre creencia e identidad, o por qué triunfan las explicaciones conspiranoicas, o por qué somos presa de los sesgos cognitivos y cómo podemos intentar combatirlos. Si queremos tener éxito en conseguir que la gente abandone sus creencias erróneas hay que intentar averiguar también qué tienen las pseudociencias que las hace encajar mejor con nuestras emociones paleolíticas. Hay que entender el poder de atracción de la narrativa de la pseudociencia para nuestra psicología humana para poder combatirla.

@pitiklinov

Referencias:








domingo, 14 de febrero de 2016

Dopamina y Soledad

Ya hemos hablado en el blog de la dopamina y la motivación y también de la dopamina como responsable de la Saliencia y de su relación con la psicosis. En esta entrada voy a comentar un estudio reciente que sugiere un papel de la dopamina en las relaciones sociales; se trata de un estudio muy preliminar realizado en ratones pero creo que nos enseña algunas cosas.

Lo que han hecho los investigadores es estudiar un núcleo concreto de neuronas dopaminérgicas, las del núcleo dorsal del rafe, y la sorpresa ha sido que juegan un papel en la respuesta al aislamiento social. Los autores utilizaron la técnica de la optogenética para activar de manera especifica este grupo de neuronas y lo que observaron es que, al activarlas, los ratones se animaban a interactuar con sus semejantes y pasaban más tiempo interactuando con ellos. Cuando inhibían las neuronas, los ratones interactuaban mucho menos de lo normal. La conclusión que sacan los investigadores es que en la vida normal del animal la activación de estas neuronas indica al animal que se encuentra solo y que busque interacción social.

Para intentar saber algo más los científicos activaron las neuronas sólo cuando los ratones estaban en una habitación concreta y vieron que los ratones aprendieron a evitar esa habitación lo que podría sugerir bien que la activación de las neuronas induce una señal negativa o que los ratones habían aprendido a buscar preferentemente una habitación donde hay compañía con preferencia a una que está vacía. Lo que también observaron es que los ratones a los que se les mantenía solos y se les activaba las neuronas del núcleo dorsal del rafe no mostraban signos de ansiedad. Esto sugiere que la señal de activación de estas neuronas no es necesariamente negativa. 

El equipo también encontró que había una relación entre el cambio de conducta de los ratones y su rango social, es decir, los ratones dominantes eran más sensibles a esta estimulación que los menos dominantes. La explicación del equipo es que las interacciones sociales son más gratificantes para los ratones dominantes porque tienen acceso prioritario a sexo y comida y tienden a vencer en los conflictos territoriales. Por ello, los ratones dominantes puede que experimenten con más profundidad un estado de soledad aumentando su deseo de buscar compañía social después de periodos de aislamiento. Digamos que son los que más pueden ganar de la interacción social.

El descubrimiento podría tener aplicación en problemas como la depresión, la esquizofrenia o el autismo, que se asocian también a disfunción de neuronas dopaminérgicas, pero lo interesante es darse cuenta de que no todas las neuronas dopaminérgicas hacen lo mismo. Hasta ahora se había pensado que las neuronas dopaminérgicas responden a estímulos positivos pero Mark Ungless, el líder del equipo que ha realizado este trabajo, ya había demostrado que se activan también ante estímulos negativos, como el dolor. Según Ungless, diferentes grupos de neuronas dopaminérgicas realizan diferentes acciones y es necesario entender la diversidad de estas neuronas para poder entender los trastornos neuropsiquiátricos en los que están implicadas.

Por supuesto, el camino es enorme hasta que se encuentren formas de poder activar neuronas de forma selectiva para ser utilizadas como tratamiento clínico pero este experimento abre una vía muy interesante para entender las bases biológicas del aislamiento social.

@pitiklinov


Referencia:





martes, 2 de febrero de 2016

La Depresión Del Chimpancé Destronado


“La Psicología se basará seguramente sobre los cimientos de la necesaria adquisición gradual de cada una de las facultades y aptitudes mentales”
-Charles Darwin en el Origen de las Especies

Si hubiera que resumir la evolución en un mensaje o en una idea yo votaría por decir que la evolución significa fundamentalmente que las cosas tienen una historia, que han llegado a ser, que no aparecieron de golpe. Frente a un mundo estático, donde todo estaba puesto ahí de golpe por la mano de Dios, aparece un mundo donde todo cambia y evoluciona y las cosas se transforman unas  en otras y algo nuevo llega a ser.

A duras penas, pero la evolución del “cuello para abajo” se va a aceptando (a excepción de los creacionistas) y la mayoría de la gente acepta que la mano tiene una historia, o que el ojo tiene una historia. Con la evolución del “cuello para arriba” la situación es más problemática y aquí los creacionistas no son los únicos en discutirla, sino que están muy acompañados y, curiosamente, les acompaña mucha gente situada a la izquierda del espectro político.

Aceptar que la evolución también ocurre del cuello para arriba supone aceptar, como decía Darwin, que nuestras facultades mentales tienen una historia y se han ido desarrollando de manera gradual. El miedo, tiene una historia, el amor tiene una historia, los celos tienen una historia y el juego tiene una historia. Nada de eso aparece de golpe en nuestra especie sino que tiene precursores en otras especies.

Con este enfoque nos podemos preguntar también si los trastornos mentales pueden tener una historia y quería hablar en esta entrada del caso concreto de la depresión. Hay varias teorías acerca del origen de la depresión desde el punto de vista evolucionista pero voy a hablar sólo de una de ellas y no lo voy a hacer a nivel teórico sino a nivel práctico con dos ejemplos que pone De Waal en su libro El Mono que llevamos dentro. La teoría subyacente es la llamada hipótesis de la competición social de Price de la que se ha ocupado Paco Traver en su blog donde la podéis leer con detenimiento.

Resumiendo mucho, la idea central sería que el precursor de la depresión en otras especies, la base biológica que luego dará lugar a la depresión como la conocemos, es la derrota. La derrota da lugar a una serie de cambios fisiológicos y emocionales muy similares a los de la depresión. Yo os pongo los dos ejemplos que da De Waal en su libro y vosotros decidís si os convence la idea o no:

“La primera vez que Luit usurpó el poder, con lo que puso fin al antiguo régimen de Yeroen, me dejó perplejo la reacción del líder depuesto. De porte habitualmente digno, Yeroen se volvió irreconocible. En medio de una confrontación, se dejaba caer de un árbol como una manzana podrida, se retorcía en el suelo gritando lastimosamente y esperaba que el resto del grupo fuera a apoyarlo. Su manera de actuar se parecía a la de una cría obligada a despegarse de los pezones de su madre. Y como una cría que durante una rabieta mira de reojo a ver si mamá se ablanda, Yeroen siempre estaba pendiente de quién se le aproximaba. Si el grupo en torno suyo era lo bastante numeroso y poderoso, sobre todo si incluía un macho alfa, enseguida ganaba coraje. Con el respaldo de sus compinches, reanudaba la confrontación con su rival. Estaba claro que las rabietas de Yeroen eran otro ejemplo de manipulación. Lo que más me fascinaba, sin embargo, era el paralelismo con el apego infantil. Echar a un macho de su pedestal suscita la misma reacción que despojar a un bebé de su manto de seguridad. 

Cuando finalmente Yeroen perdió su posición de privilegio, a menudo se sentaba tras una pelea con la mirada perdida y una expresión vacía en el rostro. Era indiferente a la actividad social en torno suyo y rehusaba la comida durante semanas. Pensábamos que había enfermado, pero el veterinario no encontró nada anormal. Yerren parecía  una sombra de la impresionante figura que había sido. Nunca he olvidado esta imagen de un Yeroen derrotado y abatido. Cuando perdió su poder las luces en su interior se apagaron.

Sólo he visto otra transformación tan drástica, en este caso en mi propia especie. Un catedrático universitario colega mío en la misma facultad, de extraordinario prestigio y ego, no se había percatado de una conspiración incipiente. Algunos miembros de la facultad más jóvenes estaban en desacuerdo con él acerca de un asunto políticamente delicado, y consiguieron que se votara en su contra. Hasta entonces, no creo que nadie hubiera tenido las agallas de enfrentarse cara a cara con él. El apoyo a la propuesta alternativa lo habían cocido a sus espaldas algunos de su propios protegidos. Después del voto fatal, que debió caerle como una bomba a juzgar por su expresión de incredulidad, la cara del catedrático palideció por completo. Parecía haber envejecido diez años de golpe, y tenía la misma expresión vacía y fantasmal que Yeroen tras la pérdida de su rango. Para el catedrático, estaba en juego mucho más que un asunto concreto. Se estaba cuestionando quién mandaba en el departamento. En los meses siguientes, mientras avanzaba a grandes zancadas por los corredores, sus ademanes cambiaron por completo. En vez de decir “estoy a cargo de esto”, su lenguaje corporal decía: “dejadme solo”.

@pitiklinov

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