miércoles, 23 de mayo de 2018

Las doctrinas “torre y patio”

En esta entrada vamos a ver una maniobra retórica que en inglés se llama “Motte and Bailey doctrine” y que ha sido descrita por el filósofo Nicholas Shackel en este artículo donde ataca al postmodernismo. Según Shackel, muchas de las doctrinas post-modernistas han sido refutadas pero  ellos siguen captando seguidores gracias a dispositivos poco honestos que él trata de desenmascarar en su artículo.  Uno de los que menciona es del que nos vamos a ocupar ahora: la “doctrina torre y patio” que es muy interesante  en muchos aspectos porque no sólo la utilizan los post-modernistas sino que también se utiliza en campos como el de la religión, el feminismo o la pseudociencia. Hay que señalar que la difusión de esta doctrina hay que agradecérsela a Scott Alexander que la ha comentado en su blog Slate Star Codex en este primer artículo y luego con más detalle en este otro. El propio autor, Shackel, ha añadido más precisiones a su artículo original en este otro artículo. Vamos a empezar por explicar de dónde viene el nombre tan extraño de esta maniobra retórica.

Un castillo del tipo “torre y patio” es un un tipo de castillo medieval en el que existe una torre (motte) rodeada por un campo (bailey) y en la parte exterior hay una muralla rodeándolo todo (y tal vez un foso u otro tipo de defensa exteriores). El patio es la parte productiva del castillo donde se realiza la actividad económica y en realidad toda la vida del castillo. Cuando el castillo es atacado puede ser que las murallas y fosos exteriores resistan el ataque enemigo y éstos no puedan introducirse en el castillo pero si los atacantes superan estas defensas entonces los habitantes del castillo se retiran a la torre, que es muy fea y no es un sitio apropiado para vivir, pero es muy segura y desde allí se les tiran flechas y aceite hirviendo a los enemigos hasta que se van. Cuando los atacantes se van, la gente vuelve a salir al patio a seguir con su vida.

Así que una doctrina “torre y patio” sería aquella que hace afirmaciones arriesgadas y controvertidas (patio) y disfruta de las recompensas de ocupar ese territorio productivo pero cuando alguien la desafía se retira a posiciones filosóficas más defendibles (torre) donde disimula hasta que el que ha criticado las afirmaciones se va y entonces la doctrina vuelve a realizar sus afirmaciones exageradas. Las afirmaciones exageradas, las del patio, son débiles argumentalmente pero son epatantes y sexys. Por contra, los argumentos fuertes, los de la torre, son muy defendibles lógicamente pero son sosos, poco interesantes y no tienen glamour. Vamos a ver algunos ejemplos.

Empezamos con los post-modernistas, ya que hablábamos de ellos. Los post-modernistas suelen decir que la realidad es una construcción social y esto es evidentemente cierto en muchos sentidos ya que no experimentamos la realidad, sobre todo la realidad social, más que a través de categorías y acuerdos que nos llegan de la cultura en la que estamos inmersos. Pero los postmodernistas van más allá. Si una tribu primitiva dice que el sol es una luz que sale de los cuernos del dios X y que el mundo se sujeta sobre una tortuga, mientras que la ciencia dice que es una masa incandescente de gas en fusión nuclear, los postmodernistas dirán que la concepción del pueblo primitivo es tan objetiva y real como la que transmite la ciencia (patio). Si les desafías dirán que estás negando que la realidad es una construcción social (torre).

Podemos observar el mismo fenómeno en algunos planteamientos religiosos. Muchos grupos religiosos creen en un dios personal que intervienen en los asuntos humanos  y crea personas a partir de costillas y cura a los enfermos si le rezas de forma adecuada (patio). Si desafías estas creencias, te dirán tal vez algo como: “hombre, Dios es sólo el nombre que le damos a la belleza y el orden del Universo y también Einstein y Spinoza creían en eso (torre)…”. Pero en cuanto te vas pues vuelven a lo de crear personas a partir de costillas y que te vas a ir al infierno si no te lo crees, etc.

Con el feminismo ocurre algo parecido. En su inicio era un movimiento para conseguir los mismos derechos y oportunidades para las mujeres pero luego ha ido derivando a una ideología donde ser feminista consiste en creer una serie de cosas, como que vivimos en una cultura de la violación, que a las mujeres se les paga menos por el mismo trabajo, o que las diferencias entre hombres y mujeres son construcción social exclusivamente (patio). Si se critican estas creencias y alguien dice que no se siente feminista en ese sentido ni apoya algunas de esas ideologías, entonces se retiran a la posición de defender que las mujeres deben tener los mismos derechos y oportunidades (torre).

Un último ejemplo lo podemos ver en el campo de la pseudociencia. Es habitual escuchar que determinadas terapias alternativas curan el cáncer o todo tipo de enfermedades (patio). Cuando se desatan esas afirmaciones, entonces los proponentes de esas terapias se retiran a posiciones más seguras como que la gente necesita esperanza y que intervenciones de este tipo ayudan aunque sea por un efecto placebo (torre) y que no se puede negar a los pacientes esa posibilidad. En cuanto el atacante se da la vuelta vuelven a afirmar que su tratamiento cura el cáncer.

En definitiva, este movimiento de hacer a la vez una afirmación controvertida y otra menos controvertida y moverse atrás y adelante entre ellas según la conveniencia es algo que se realiza en muchos campos y es interesante conocerlo. Al principio os he dejado los enlaces por si queréis explorarlo en mayor profundidad. 

@pitiklinov 


8 comentarios:

  1. Muy interesante metáfora sobre argumentaciones. Sin duda, reflexionaré sobre ella éstos días en mis próximas conversaciones

    luismiguelreal.blog

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  2. Respuestas
    1. Pues me gusta más que torre y explanada. Lo voy a cambiar
      Muchas gracias, Ruben

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  3. El Neo-Marxismo hace esto (populismo, feminismo, etc)

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  4. Gracias por el artículo, Pablo.

    Entiendo que el problema no está en creer, por ejemplo, que existe una cultura de la violación. El problema está en no poder razonar, argumentar ni demostrar tal creencia. El problema está en no aceptar discutir siquiera dicha creencia. El problema está en evadir la discusión alegando un ad-hominem. El problema de fondo estaría pues en el dogmatismo. Pero lo mismo diría de aquellos que insisten en creer dogmáticamente que no existe una cultura de la violación sin importarles pruebas ni argumentos. Así como habría gente que intentara negar la propia existencia del racismo o del sexismo. Una exposición o discusión razonable sobre el tema debería evaluar el tema de manera objetiva y no intentar defender una posición previa asumida dogmáticamente. Quizás sea un nivel epistemológico demasiado exigente para muchos de nosotros pero es algo que deberíamos al menos intentar practicar y fomentar.

    Un saludo.

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  5. No la reduciría a esos ambitos. La biologia ha sido tambien baluarte de construcciones teoricas de "explanada" o "patio". El feminismo y los posmos que nombras meten el dedo en esa llaga.

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    1. Claro y segun tu razonamiento, tambien la religión pone el dedo en la llaga ¿no?

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    2. Si quieres comparar algo que ha existido al menos desde que hay vestigios históricos con movimientos de siglos o decadas, allá tú. Simplemente decía que de ese humpidumptysmo del artículo original puede aplicarse a más casos.

      También he hecho ese comentario por estar harto de que blogs como este se empiecen a viciar con los mismos debates y argumentos, sobre todo porque a los convencidos ya nos tiene ganados.

      Ah sí, que yo recuerde, fueron Galileo, Darwin y cia los que metieron el dedo en la llaga. Los posmos y feministas, dentro de sus burradas, han metido la llaga a lo que respecta a certidumbres que se tenían, y se tienen aún.

      Si te das cuenta, el esfuerzo que requeriría la matización de mi comentario original y el que requiere tu respuesta, si es que lees esto, no compensa. Si se supone que tengo que mostrar mi adscripción a la causa por siquiera plantearme algo positivo de entre el ruido posmoderno, prefiero un Popper o Hempel a un Derrida o un Foucault.

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