miércoles, 9 de enero de 2013

Nacidos para correr?


Colaboración de Jose Juan Uriarte

Quitando la interrogación, éste es el título de un libro que acabo de leer. Al hilo de la fiebre de correr medias y largas distancias como camino a la salud y a la larga vida (y a las frecuentes lesiones de rodilla, tobillo, cadera, etc.), proliferan todo tipo de revistas, páginas Web, médicos deportivos, carreras populares y fabricantes de zapatillas de colores imposibles y sistemas de amortiguación como castillos hinchables. Amén de barritas energéticas con superpoderes que envidiaría la misma poción mágica de los Galos, y líquidos rehidratantes coloreados con tonos imposibles y, en general, poco apetecibles. Escritores de la talla de Murakami han escrito libros de culto para los korrikolaris, en este caso basado en su propia experiencia como maratonista. 

A lo que voy. El libro en cuestión no puede considerarse “científico”, ni de lejos. Está escrito por Christopher MacDougall, un periodista de cierto éxito, coeditor de la revista Men´s Health, la Biblia de todo hombre que se quiera poner cachas, y que incluye artículos de la innegable relevancia como el valor del Tai Chi para tratar la condromalacia o consejos para conseguir el “look” de Piqué. Osea que nadie se llame a engaño. El libro, en mi humilde criterio, es una chorrada, o al menos mezcla chorradas tipo New Age y parafernalias pseudonaturistas y zen con otras interesantes, aunque muchas cosas que parecen interesantes también parecen tener poco rigor. Es posible que contribuya la mala traducción, muy notoria hasta para mi.

El fondo del libro discurre en torno a las ultramaratones, carreras a pie que llegan a alcanzar las  100 millas de una sentada, y en general por lugares inhóspitos y escabrosos. Se centra en un grupo indígena de Méjico, los Tarahumaras. Los Tarahumaras habitan en la Sierra Madre Occidental, en el estado de Chihuahua, en lo que se conoce como las Barrancas del Cobre, una zona montañosa extraordinariamente agreste donde viven en poblaciones aisladas, poco accesibles y alejadas entre sí. El libro les describe como el grupo humano más adaptado a las carreras de larga distancia, y en ese contexto se extiende sobre los secretos nunca del todo desvelados sobre la manera correcta de correr, de los beneficios de correr descalzo y de las zapatillas de deporte como la mayor maldición para los corredores, culpables de la mayoría de las lesiones. Al margen de la mitificación que el libro hace de los Tarahumaras, describiéndolos como poco menos que extraterrestres, libres de conflictos gracias a su carácter y de enfermedades gracias a su prodigiosa dieta (una dieta mágica más, en la que no faltan la chia y el pinole), lo cierto es que viven en condiciones precarias, en malas condiciones de nutrición, escaso acceso a servicios sanitarios, en lugares casi inaccesibles, y han sufrido todo tipo de persecuciones y calamidades en su historia, incluyendo en la actualidad a los narcotraficantes. Lo que si parece cierto es que han conservado el hábito, la necesidad y el gusto por correr. Por correr distancias inimaginables, por terreno de cabras, durante días.

El caso es que en este contexto, McDougall dedica una parte relevante del libro a exponer una teoría para explicar por qué el Homo Sapiens se impuso a los Neanderthales, a los que se describe como más fuertes, adaptados a la caza e inteligentes. Cita fundamentalmente los estudios de David Carrier, profesor del departamento de Biología de la Universidad de Utah, y que trabaja fundamentalmenhte en biomecánica y en los aspectos ontogénicos y evolutivos del desarrollo del sistema musculoesquelético. Según dice, en un contexto en que el bosque dejó paso a la sabana, los Neanderthales, habituados a estrategias de caza directas (te sorprendo y te apaleo con lo que tenga a mano), útiles en zonas propicias a emboscadas, tuvieron que limitar la caza a los bosques en regresión, mientras que nuestros antecesores eran más débiles pero estaban adaptados para correr largas distancias. El libro describe estudios de anatomía y fisiología comparada para explicar por qué animales como el guepardo y la liebre corren de una determinada manera, y centra la ventaja evolutiva en que el Homo Sapiens está especialmente adaptado para correr largas distancias. Y deduce que esta ventaja es lo que le permitió, en un ambiente de amplios espacios con herbívoros, cazar de forma eficiente. Describe lo que llama (o dice que llaman los antropólogos) “caza por persistencia”. Se trata de correr, a ritmo de maratón, detrás de, por ejemplo, un antílope, hasta que éste, extenuado,  cae de puro agotamiento. Esta estrategia implica correr detrás de la presa sin dejarle opción a descansar, comer ni beber hasta que cae exhausto, a menudo durante decenas de kilómetros. Se ha descrito este hábito de caza, además de ocasionalmente en los propios Tarahumaras, en los Bosquimanos. Atribuye la superioridad humana también al mecanismo de sudoración, que permite evacuar el calor de una forma mucho más eficiente que los animales en tiempos de ejercicio prolongados, y que sería un importante factor limitante para los animales en las largas distancias.

En mi opinión, estos argumentos son altamente especulativos, pero a la vez atractivos. La idea general presenta al Homo Sapiens como un animal torpe, poco dotado físicamente, superviviente por su inteligencia, capacidad para cooperar, elaborar herramientas, etc. Imaginarlo corriendo por la sabana, ligero, incansable, hasta agotar a la presa de turno, tiene su punto. Y quizás explique el gusto por correr sin parar de un montón de gente, que quizás, sin saberlo, siguen persiguiendo antílopes, aunque ahora lleven sus Nike estratosféricas, el ipod, la botella con líquido de color parecido al Pato WC y esas apestosas barritas con sabor a serrín.

1 comentario:

  1. Enhorabuena por tu blog los post son de un gran nivel y la bibliografia empleada excelente.Bendita Amazon que permite que podamos estar al tanto de los avances del evolucionismo a traves de literatura de divulgación de primer orden. Sobre la teoría del ser humano como cazador por resistencia no parece muy probable que esta estrategia haya sido la mas rentable evolutivamente , aunque a traves del sistema de endorfinas se premie el mantener un buen nivel de actividad física . Nivel evidentemente muy lejano del que mantenemos en la actualidad

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