jueves, 6 de diciembre de 2012

Avispas Parásitas. Historias para no dormir


Las avispas parásitas son un antídoto contra las ideas sentimentales acerca de Dios y de la Naturaleza, por su crueldad. Se trata de especies que ponen los huevos dentro de una oruga viva, después de paralizarla, de manera que las crías se van alimentando de los órganos de la oruga, y la comen por dentro mientras esta sigue viva. El mismo Darwin habló de ellas: “ No puedo convencerme a mí mismo de que Dios omnipotente y benefactor creara las Ichneumonidae ( un grupo de avispas parásitas) con la intención expresa de que se alimentaran de los cuerpos vivientes de las orugas”. Si hacéis una búsqueda en Google encontraréis bastante información, hay muchas especies, e incluso vídeos. Yo voy a comentar el caso de una especie concreta, por su sofisticación, así como alguna otra curiosidad sobre el mundo de estas criaturas.

La avispa en cuestión se llama Ampulex compressa y cuando la hembra está lista para poner sus huevos busca una cucaracha. Aterriza sobre ella y le aplica dos picotazos muy precisos. El primero en la sección central del cuerpo hace que las patas delanteras se paralicen y se doblen. Esta parálisis temporal es nada más una manera de ganar tiempo para darle otro picotazo más preciso en la cabeza. La avispa desliza su aguijón a través del exoesqueleto de la cucaracha y serpentea como un cirujano hasta que encuentra un grupo concreto de neuronas que son las que producen las señales que preparan a la cucaracha para empezar a andar. La avispa inyecta aquí un segundo veneno que hace que la cucaracha no pueda moverse por sí misma. Pero la avispa no paraliza la cucaracha. Si la asustamos, la cucaracha salta, pero no huye. Entonces, la avispa coge a la cucaracha de una de las antenas y la conduce ( como si lleváramos a un perro de la correa) a su perdición: a la madriguera de la avispa. La cucaracha se arrastra obedientemente dentro y se sienta tranquilamente y entonces la avispa deposita sus huevos en su interior. La avispa se marcha entonces no sin antes cerrar la madriguera dejando a la cucaracha enterrada viva. Cuando rompen los huevos, las larvas se comen una parte de la cucaracha creando un agujero donde van creciendo devorando los órganos del huésped durante unos ocho días. Luego se convierte en un capullo y unas cuatro semanas después ya es adulta. Entonces sale del capullo y de la cucaracha.

Lo que fascina a los científicos es el pinchazo. Ampulex no quiere matar las cucarachas, ni siquiera quiere paralizarlas como hacen las serpientes o las arañas, porque es muy pequeña para arrastrar a la cucaracha a la madriguera por sus propias fuerzas. En lugar de eso, lo que hace es reconfigurar la red neuronal de la cucaracha para quitar su motivación ( igual lo que hace es afectar a neuronas dopaminérgicas, según veíamos en el post anterior, si es verdad que la motivación depende de la dopamina). El veneno consigue algo más que convertir en zombie a la cucaracha: altera su metabolismo de manera que el consumo de oxígeno cae un tercio. Un científico israelí, Frederic Libersat, de la Universidad de Ben Gurion es el que más ha estudiado esta especie y ha descubierto que se puede reducir el consumo de oxígeno en la cucaracha inyectando drogas paralizantes o extirpando las neuronas que las avispas desactivan con su pinchazo. Pero lo que estos investigadores consiguen es una brusca imitación de la sofisticada intervención neuroquirúrgica que hacen las avispas, porque las cucarachas se deshidratan rápidamente y se mueren en unos seis días. El veneno de las avispas pone a las cucarachas en una especie de animación suspendida, pero manteniéndolas en buena salud, incluso mientras las larvas la devoran desde dentro. Los científicos no saben todavía cómo consiguen todo esto las avispas y la razón es que todavía tienen mucho que aprender acerca de los sistemas nerviosos y los metabolismos. Pero millones de años de selección natural han permitido a la Ampulex realizar ingeniería inversa en su huésped. Todavía tenemos mucho que aprender de los parásitos.

Pero ocurren muchas otras cosas maravillosas ( algo menos  truculentas) en este mundo de las avispas parásitas. Cuando una planta es atacada por un depredador, se defiende segregando sustancias químicas venenosas que actúan contra ellos, pero también se defiende pidiendo ayuda, y esto es casi increíble. Cuando una oruga muerde una hoja, la planta lo siente ( una sensación que no es transportada por nervios pero sensación a fin de cuentas), y, como respuesta, elabora un tipo de molécula que flota en el aire. El olor es como un perfume para las avispas parásitas. Mientras vuelan buscando un huésped se sienten atraídas por el olor de la sustancia segregada por las plantas. La siguen hasta la hoja herida,y encuentran  a la oruga allí y la inyectan sus huevos. Estas conversaciones entre plantas y avispas son muy oportunas y precisas. De alguna manera desconocida, la planta puede saber el tipo de especie de oruga que la está comiendo, y dispersa la sustancia apropiada en el aire. Una avispa no responderá a no ser que la planta le informe de que la especie que está atacando su hoja es precisamente su huésped adecuado.

Verdaderamente hay otros mundos, pero están en este. Y la ciencia tiene mucho que aprender de todas estas especies y sus interacciones para aplicarlo en nuestro mundo.

Referencia






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