sábado, 10 de enero de 2015

Las dos dimensiones básicas de las relaciones humanas

La investigación acerca de cómo percibimos a las personas y de las características que consideramos más importantes en ellas se remonta por lo menos a un estudio de Solomon Asch de 1946 en el que se pidió a los sujetos que dieran una lista de adjetivos que describieran rasgos que ellos consideraran importantes al formarnos una impresión de una persona. Décadas después, Rosenberg intentó agrupar en categorías 64 de estas características y llegó a la conclusión de que se podían resumir en dos: socialmente bueno-malo e intelectualmente bueno-malo.

En esta entrada voy a hablar del modelo de la psicóloga Susan Fiske que se apoya en los hombros de estos pioneros para construir lo que ella y sus colaboradores llaman de forma bastante rara mapa BIAS (behaviors from intergroup affect and stereotipes), pero que es fácil de entender en el fondo. Lo que Fiske y sus colaboradores han descubierto es que existen aparentemente dos dimensiones universales que diferencian a la gente. Estas dos dimensiones organizan la psicología de la cognición social del día a día. Las dos dimensiones son:
  • calidez (o intención de cooperar)
  • competencia (o estatus)
En todo el mundo la gente diferencia a los demás por si les gustan o no (calidez, intenciones de cooperar) y por respeto (competencia y eficacia, marcada por su estatus). Estas dos dimensiones básicas dan cuenta del 82% de la varianza en la percepción de las conductas sociales del día a día y, por lo tanto, explican casi por completo cómo caracterizamos a los demás.

Voy por un callejón oscuro y veo una figura humana. ¿Qué es lo primero que quiero saber? Si es amigo o enemigo. Necesito saber si las intenciones de esa persona son buenas o malas. Si la persona es de mi bando, es decir un amigo, yo asumo que es digna de confianza, amigable y sincera. Si la persona es un enemigo asumo que no tiene buenas intenciones. Decidimos quién está de nuestro lado conociendo sus intenciones de cooperar o competir con nosotros, esto es, si sus objetivos son compatibles con los míos o no.

Después de deducir las intenciones del extraño lo siguiente que me interesa conocer es si esa persona es capaz de llevar a cabo esas intenciones, si puede actuarlas. Si no puede llevarlas a cabo me preocupará menos que si puede. Esta es la dimensión de competencia, su competencia para actuar. Curiosamente, y esto es un punto clave, yo decido quién importa y quién puede actuar eficazmente por el estatus. En todo el mundo, la gente cree que el alto estatus confiere elevada competencia (difícil de creer cuando vemos quiénes nos mandan muchas veces). Pero, en general, creemos en una meritocracia y pensamos que los demás se merecen lo que tienen y, en todo el mundo, se considera que la gente que tiene altos sueldos y trabajos prestigiosos es más competente que la de bajo estatus. El mapa básico que resulta de estas dos dimensiones es el siguiente (aplicado a USA):



Es muy interesante  la rapidez con la que juzgamos la calidez. En experimentos donde se presentan caras por un tiempo de 100 ms la gente juzga la calidez de manera muy fiable, seguido por la competencia. La gente hace este juicio en fracciones de segundo realizando primero la valoración moral-social y luego la de competencia. Por otro lado, la prioridad de detectar calidez sobre competencia depende del sujeto que percibe. En particular, las mujeres, cuyo rol tradicional empatiza lo comunitario (calidez), muestran una prioridad hacia detectar calidez. Los rasgos de vida comunitaria, sociales, afectan más la vida de  las mujeres mientras que los rasgos de competencia tradicionalmente afectan a los hombres relativamente más. 

Hasta ahora hemos hablado de la percepción de individuos pero estas dos dimensiones universales son aplicables también a grupos. A la hora de juzgar grupos las dos dimensiones pueden ir correlacionadas, de manera que un grupo puntúa alto en las dos, pero también pueden ir disociadas, de manera que un determinado grupo puede puntuar alto en calidez y bajo en competencia, por ejemplo. Esta valoración social crea estereotipos y da lugar a prejuicios y a tendencias a la discriminación, como ahora vamos a ver. Los cuatro estereotipos (vuelvo a precisar que basados en la sociedad norteamericana, aunque los estudios se han replicado en muchos países) serían los siguientes (ver Figura 1):
Figura1


1- Calidez y competencia altas: gente de clase media, cristianos, heterosexuales, ciudadanos norteamericanos. Se expresa orgullo y admiración por ellos.

2- Calidez y competencia bajas: pobres (tanto negros como blancos), receptores de ayudas sociales, homeless, drogadictos, emigrantes indocumentados. Se les considera no motivados, estúpidos, hostiles y no dignos de confianza. Se les mira con desprecio y con asco. Cuando se les enseña fotos de estas personas a la gente se le activa la ínsula que es una de las estructuras cerebrales relacionada con el asco. Se les evita e intentamos que no nos contaminen.

3- Cálidos pero incompetentes: viejos, discapacitados físicos y mentales. Este grupo motiva pena y simpatía. Se les considera en un estado subordinado pero se les ve con paternalismo positivo.

4- Competentes, pero fríos: los ricos, los asiáticos, los judíos, los profesionales de sexo femenino y de minorías. Estos grupos dan lugar a envidia y celos. Esta emociones de cero resentimiento son ambivalentes porque sugieren que estos grupos tienen habilidades valiosas pero se sospecha de sus intenciones. 

Para concluir, la importancia de estas dos dimensiones no es sólo teórica, sino que dan lugar a consecuencias conductuales importantes.  Distintos tipos de  discriminación resultan de las diferentes combinaciones de calidez y competencia (ver Figura 2). Dado que la calidez es la dimensión primaria, predice conductas activas: ayuda o ataque. La competencia, al ser secundaria, predice conductas pasivas: facilitación pasiva (asociación) y daño pasivo (negligencia). De estos dos perfiles salen las diferentes conductas hacia cada grupo: 


  • Hacia los cálidos y competentes (cristianos norteamericanos) se les ayuda y nos asociamos y cooperamos con ellos
  • A los fríos e incompetentes (pobres) se les ataca activamente y se les trata de forma negligente pasiva
  • A los que dan pena (viejos y minusválidos) se les ayuda y se les trata de forma pasiva negligente. Por ejemplo al institucionalizar a los viejos se les ayuda pero se les aísla también.
  • A los grupos envidiados (judíos, ricos) producen asociación pasiva y daño activo. Por ejemplo, los vecinos pueden comprar en una tienda de estos sujetos emprendedores (outsiders) pero si hay una ruptura social se puede atacar esas mismas tiendas. Esto les ocurrió a los judíos en el Holocausto a los coreanos en los disturbios de los Angeles o a los chinos en Indonesia.

Creo que con lo expuesto es suficiente para hacernos una idea del modelo. Estas dos dimensiones dan lugar a unos estereotipos que motivan unas emociones (envidia, desprecio, etc) y estas emociones llevan a unas conductas (amigables o discriminatorias). Vosotros decidís si estas dimensiones os ayudan a entender mejor las relaciones entre personas y grupos. 

@pitiklinov

Referencia:



10 comentarios:

  1. Hola, Pitiklinov.

    "Estas dos dimensiones dan lugar a unos estereotipos que motivan unas emociones y estas emociones llevan a unas conductas".

    ¿Esto es a lo que te referías con conductas-pensamientos del tipo A y B en tus consultas cuando hablabas de ello, creo recordar, con Enric?

    ResponderEliminar
  2. En parte sí. Tiene que ver con la base biológica de las ideas. Voy a intentar desarrollado y escribir una entrada sobre ello.

    ResponderEliminar
  3. De donde realmente emanan; no de la racionalidad, la meditación... Vale, vale, me espero.

    ResponderEliminar
  4. Parece un estudio útil y con muchas aplicaciones prácticas. Muy interesante.

    ResponderEliminar

  5. Que las relaciones establecidas entre un A y B (en este caso A y B son personas o grupos de personas) puedan ser establecidas desde dos dimensiones de base, (en este caso calidez- competencia), nos muestra más una posibilidad descriptiva de configuración de relaciones de tipo matemático, que algo que nos esté dando información necesariamente real de las formas relacionales que se establezcan de hecho. Describir desde dos dimensiones referenciales no significa que lo descrito sea dimensionado por esos dos referentes.
    Nota: yo hubiese utilizado tres dimensiones referenciales, creo que sería más completa y atinada la configuración de la relación en grupos. Toda relación se puede reducir a relaciones de tres decía mi intelectual predilecto, Charles Peirce.

    Por otro lado me pareció interesante pensar cómo serían las agrupaciones desde la óptica de un inmigrante musulmán, de un judío, de un borracho pobre, de una monja, de un pijo, de un enfermo terminal…



    Quien es nuestro prójimo preguntaron los discípulos a Jesús. Y esperaban tal vez que Jesús les dijese una frase como esa. “• “los cálidos y competentes a los que se les ayuda y nos asociamos y cooperamos con ellos” el equivalente a los “cristianos norteamericanos” para ellos. Pero resultó ser aquello que era lo “menos cálido y competente” la respuesta: ¡¡un Samaritano !! .
    Ese judío que se autoproclamaba hijo de Dios, seguro que tenía una disfunción biológica del copón, sino no se explica la respuesta.

    Un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El Tao Te King tiene cosas muy parecidas. Por ejemplo en epigrama II se encuentra lo siguiente: Cuando los hombres conocen lo bello como bello entonces surge lo feo.
      Cuando los hombres conocen el bien como bien entonces surge el mal.
      En el epigrama LXII leemos: El Tao es la morada de todos los seres. El Tesoro de los Buenos, el amparo de los malos .... con una conducta honorable se es recibido siempre como regalo, pero a los hombres que no son Buenos ?porqu'e habr'ia que rechazarlos? ..... el que pide recibir'a, el que ha pecado ser'a perdonado ...

      Eliminar
  6. Esa respuesta de Jesus se entiende bastante bien si pensamos que la población diana del cristianismo eran los pobres y desheredados. Esa era la población, tal vez, por la que el cristianismo se difundió y luego fue subiendo hasta llegar al emperador y hacerse oficial. Es una hipótesis...Yo diría que el cristianismo prendió primero en las clases bajas y luego ascendió en la jerarquía, pero no sé lo bastante de historia del cristianismo para afirmar esa relación entre estatus y cristianismo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pitiklinov: aquí tienes un resumen de uno de los mejores estudios sobre el ascenso del cristianismo. El libro se puede obtener gratis en la web

      http://unpocodesabiduria21.blogspot.com.es/2014/07/el-triunfo-del-cristianismo-1996-rodney.html

      Eliminar
  7. · Esa respuesta de Jesus se entiende bastante bien si pensamos que la población diana del cristianismo eran los pobres y desheredados

    La respuesta de Jesus parece ser esta: el projimo es aquel que actua como projimo y no aquello que nosotros calificamos prejuiciosamente y previamente como tal. Se próimo a pesar de lo que se prejuzgue. Es igual si es prostituta como un rico romano.

    un saludo,







    ResponderEliminar
  8. La mayoría le presupone bondad o mas bien falta de maldad a los disminuidos físicos o psíquicos al hacerlo se les quita humanidad y por supuesto competencia lo que les lleva a relacionarse con esto grupos de manera paternalista y por lo tanto a considerarlos inferiores. Bueno pues ¡sorpresa! somos igual de malos, buenos ,competentes e incompetentes que cualquiera. Joderos, sino cumplimos vuestras expectativas de agradecimiento por tratarnos como pobrecitos.

    ResponderEliminar