domingo, 14 de diciembre de 2014

Neurobiología del placer. El placer de las ideas

Wolfram Schultz
Los que seguís este blog ya sabéis que el tema de las ideas y su poder en el ser humano es una de mis preocupaciones fundamentales y que suele aparecer de forma recurrente en él. En el libro de David Linden The Compass of Pleasure he leído una cosa muy interesante sobre la asociación entre el placer y las ideas que voy a intentar transmitiros. Es un poco complicado y, antes de llegar al tema de las ideas, primero os tengo que explicar brevemente unos experimentos fascinantes en monos.

Los experimentos fueron realizados por Wolfram Schultz y os voy a contar la idea fundamental detrás de ellos sin entrar en todos los detalles. Son muy interesantes para entender la adicción al juego pero también para otras cosas. Se trata de entrenar a los monos a realizar unas actividades delante de la pantalla de un ordenador mientras tienen unos electrodos insertados en el cerebro (en el AVT, área ventral tegmental, uno de los núcleos más importantes del circuito de recompensa cerebral). En la pantalla va a aparecer una luz verde que va a durar 2 segundos y al de esos dos segundos al mono se le da una recompensa por medio de un tubo que le da un zumo dulce de azúcar. Si sale una luz roja eso indica que no se le va a dar recompensa. 

Vamos con el experimento. Antes de iniciar el entrenamiento no se enciende ninguna luz, se le da el zumo al mono y al de poco se dispara la neurona dopaminérgica del AVT. Luego se empieza el entrenamiento con luces verdes y rojas y las primeras veces que se enciende la luz verde las neuronas dopaminérgicas disparan cuando se le da el zumo, no cuando se enciende la luz verde. Pero al de unos intentos las neuronas dopaminérgicas dejan de responder a la recompensa, al zumo, y se disparan con la luz verde. Voy a insistir en este punto: la actividad de la neurona dopaminérgica ya no está asociada al placer en sí, es decir a la señal que tiene el mono cableada en su hardware, que es la comida, sino que ahora esa neurona representa una asociación aprendida entre la luz verde y el zumo. Puede parecer trivial pero fijaos en lo que representa: ahora un estímulo placentero no tiene por qué ser intrínsecamente placentero (sexo, comida, o drogas como cocaína…). Cualquier sonido, olor, imagen o recuerdo puede asociarse al placer y se puede convertir en placentero por sí mismo (ver figura 1).

Antes de seguir, os comento una variante de este experimento que tiene interés para la adicción al juego. En este caso Schultz y sus colegas añadieron una tercera luz, una luz azul que indicaba que al de 2 segundos venía una recompensa en el 50% de los casos. Y aquí ocurrió una cosa muy extraña: en los aproximadamente 1,8 segundos que iban desde la luz azul a la posible recompensa se producía un gradual incremento en el disparo de la neurona dopaminérgica de manera que el máximo de activación era anterior a la posible recompensa. Es decir, el máximo disparo de la neurona se producía fundamentalmente en el “intervalo de espera”, no con la recompensa (podéis verlo en la última línea de la Figura 1). Lo que los investigadores habían creado era una especie de casino o máquina tragaperras para monos y resulta que en el periodo de incertidumbre es cuando aparece el placer. Este periodo de espera sería análogo a tiempo en que están girando la ruleta o la máquina tragaperras o cuando esperas a ver la carta que te han dado. Una interpretación de este hallazgo podría ser que estamos cableados para obtener placer de sucesos que implican un riesgo. Parece que la naturaleza incierta de la recompensa es placentera por sí misma. Para explicar esto se han propuesto escenarios evolutivos en los que sistemas neuronales que impulsaran la búsqueda de riesgo podrían ser adaptativos. Estas conductas podrían haber sido más adaptativas para hombres cazadores que para mujeres recolectoras y eso explicaría el predominio de conductas de riesgo en hombres.
Figura 1

Pero volvamos a la asociación del placer con estímulos que no son placenteros por sí mismos. Esto nos lleva a la cuestión de si el placer humano puede ser activado por estímulos totalmente arbitrarios, por estímulos abstractos. Una de tales asociaciones es con el dinero, el dinero activa el circuito de recompensa pero, aunque es una convención, se traduce en objetos o recursos reales placenteros, así que no nos vale del todo como estímulo abstracto. ¿Qué tal un videojuego? En un experimento se estudió si un videojuego activaba el circuito de recompensa del cerebro. Se trataba de ganar terreno a unas bolas (no había un estímulo placentero de matar a nadie ni nada por el estilo) y se vio que tanto en hombres como en mujeres (aunque más en hombres) se activaba el circuito de recompensa. Es decir, una  conducta que no es natural, divorciada de cualquier recompensa, activaba el circuito de recompensa. Pero bueno, tal vez los videojuegos disparan algún tipo de placer general relacionado con conseguir un objetivo, con resolver algo, con un logro personal, con “vencer” en un desafío…

Damos otro pasito. Nos encanta la información. Amamos las noticias, los rumores, el cotilleo y, lo más importante, la información acerca del futuro. Queremos la información y la queremos ya, cuanto antes, ahora mejor que luego. ¿Es la información, especialmente la información acerca del futuro, placentera por sí misma? Ethan Bromberg-Martin y Akihide Hikosaka estudiaron esto en monos. En la pantalla les aparecían unas dianas que tenían que elegir dirigiendo sus ojos hacia ellas. Al de unos segundos recibirían unas recompensas que ocurrían al azar y con la misma frecuencia eligieran la diana que eligieran. La gracia del experimento estaba en que escoger una diana producía una pista informativa -un símbolo que indicaba el tamaño de la recompensa que venía luego- mientras que elegir la otra diana producía una señal sin valor informativo una imagen aleatoria que no tenía ningún significado ni ningún valor predictivo. Insisto en que daba igual la diana que eligieran porque la frecuencia de las recompensas era la misma, la única diferencia era que durante la espera obtenían información acerca del futuro. 
Read Montague 

Como os podéis imaginar, los monos, igual que las personas, optaron por recibir información acerca del futuro. Las neuronas dopaminérgicas del AVT aumentaban su señal al ver el símbolo de que venía una recompensa y se inhibían si el símbolo era de que no venía una recompensa. Tras el entrenamiento, las mismas neuronas que señalan placer con un zumo dulce señalan placer por la información acerca del futuro. Los monos (y se supone que nosotros también) obtienen placer de la información en sí misma. Esto es sorprendente. Este experimento sugiere que conocer o saber, por el mero hecho de conocer, estimula el circuito de recompensa. Ya no hablamos de cosas esenciales para propagar nuestros genes como sexo o comida, ni siquiera del placer del dinero, hablamos de cosas abstractas o simbólicas.

Este experimento sugiere que las ideas funcionan como las drogas adictivas. Como hablábamos en entradas anteriores, las drogas pueden “secuestrar” el circuito de recompensa del cerebro, es decir, disparar placeres que normalmente son disparados por cosas naturales como el sexo la comida o hacer ejercicio. Ahora vemos que en la evolución de ciertas criaturas (primates y probablemente cetáceos por lo menos) construcciones mentales abstractas han llegado a ser capaces de activar también este circuito del placer y que esta capacidad ha alcanzado su máxima expresión en nuestra especie. El neurocientífico Read Montague, que ha trabajado con Schultz, combinando ésta y otras líneas de investigación define  en su libro Your brain is (almost) perfect  la capacidad humana de obtener placer de las ideas abstractas como un “superpoder”, y Daniel Lende está de acuerdo con él.

Desde esta perspectiva, las ideas humanas pueden oponerse a nuestros impulsos más básicos. Por ejemplo, algunas personas, por principios religiosos, pueden suprimir su actividad sexual al servicio de un objetivo superior (aunque vemos por los casos de pederastia en la Iglesia que esto tiene sus limitaciones). Otro ejemplo: por motivos políticos o religiosos alguien puede hacer una huelga de hambre y obtener placer activando su circuito de recompensa (al estar cumpliendo o actuando sus ideas) de una actividad (el hambre, no comer) que es justamente la antítesis de lo placentero.

¿Cuáles son las bases moleculares de este superpoder? La respuesta corta es que no lo sabemos pero Daniel Lende aventura algunas hipótesis sobre potenciación a largo plazo en las neuronas en las que no voy a entrar. En definitiva, la interacción entre aprendizaje asociativo y placer en humanos es un arma de doble filo. Por un lado, la capacidad de producir cambios a largo plazo en el circuito de recompensa del cerebro permite que ideas arbitrarias y abstractas se puedan sentir como placenteras, un fenómeno que subyace a gran parte de la conducta y cultura humana. Por el lado negativo, este mismo proceso permite que el placer de las ideas se transforme en una adicción. ¿Será por eso que nos cuesta tanto cambiar de opinión?

@pitiklinov

Referencia:







17 comentarios:

  1. Qué interesante! y qué bien explicado..Un placer leer estas entradas que nos permiten entendernos como especie.

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  2. "Y es que no hay nada mejor que imaginar, la física es un placer.
    Es que no hay nada mejor que formular, escuchar y oír a la vez.
    ...
    Y es que no hay nada mejor que revolver el tiempo con el café.
    Es que no hay nada mejor que componer sin guitarra ni papel."

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  3. Quizá midiendo esas activaciones en diversos animales podríamos determinar cuáles tienen cableada la noción de tiempo y, sobre todo, de futuro? (pues sin futuro no hay anticipación, anticiparse a qué?...)

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  4. "conocer o saber, por el mero hecho de conocer, estimula el circuito de recompensa. "
    "Por el lado negativo, este mismo proceso permite que el placer de las ideas se transforme en una adicción. ¿Será por eso que nos cuesta tanto cambiar de opinión?"

    Entre seres racionales, para cambiar de opinión necesitamos acceder a más información, argumentos, ideas nuevas. Por lo tanto, cambiar de opinión debería acrecentar el placer.

    Más bien me parece que el no querer cambiar de opinión tiene que ver con el amor propio. Por eso se dice que "rectificar es de sabios" y la humildad socrática todavía es digna de admiración.

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  5. pitiklinov, perdona que te enlace mi blog por aquí, pero me gustaría mucho conocer tu opinión sobre un tema que trato en él (y no sé de qué otro modo contactarte xDD):

    http://quevidaesta2010.blogspot.com.es/2014/12/solo-somos-maquinas-de-devorar-energia.html

    El tema (que es muy denso), creo que te podría interesar. Cualquier comentario o crítica será de agradecer.

    Un saludo.

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  6. Hola.

    Yo hubiese cerrado la entrada con, ¿será por eso que nos gusta tanto dar nuestra opinión? Salvo caprichos personales, Pitiklinov, siguen gustándome mucho las entradas.

    O que la idea nueva nos inquiete aún más. O dejar de ser cabezotas. Hoy en día se dispone de mucha información casi indudable y sin embargo se conservan “supersticiones”. Y sí, debería (pero tampoco llevamos todos un aventurero dentro que se excita ante nuevas curiosidades); quizá no lo hace porque no cambiar de opinión produce más, si no felicidad, más seguridad o menos miedo a la incertidumbre y/o a la verdad no deseada. Digo yo.

    No lo dudes. Confirmar que estamos equivocados es lo mismo que decir que somos más tontos que el otro y la baja autoestima no es buena para nada. (¿Mejor pecar de otra virtud?). Si el otro es sabio también sabe que es tonto… Deshecha ese dogma filosófico; rectificar es más bien un acto de empatía. La humildad socrática es sencillamente la resignación ante el derrocamiento de dicho dogma, es decir, “de los diálogos sale la verdad” y por eso, tal vez, nos gusta tanto tener razón, porque ganar en una discusión nos da placer. Sócrates era un poco malo, en un sentido pícaro, aunque desconozco si por ególatra o humilde, (pero en cualquier caso derivan hacia un mismo fin por lo que me es difícil discernir lo que no considero una… una… no sé, ¿dicotomía?).

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  7. "rectificar es más bien un acto de empatía"

    Y, por lo tanto, una muestra de inteligencia social, que supone la más alta inteligencia.

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    1. Una cosa, hola, es considerar las emociones como un tipo o parte de inteligencia (emocional, como parte delllll ¿carácter? gregario del ser humano) y otra bien distinta es decir que es una inteligencia en sí misma, no sé si me explico idea21. Excelencias biológicas aparte, como comentaba Masgüel al (des)comparar la habilidad social del licaón con el lobo, en este aspecto somos más bien el lobo (¿? No sé: me vino a la cabeza el licaón y me pareció que quedaba muy intelectual rellenar sin sustancia alguna una pausa mientas ordeno un poco el pensamiento), no me cabe duda de que la parte emocional cumple un papel muy importante en el desarrollo social (como viene comentando Pitiklinov en sus últimas entradas), pero esta inteligencia social que mencionas no es esa que se desarrolla mediante la deducción (bueno, más adecuado al contexto del blog sería quizá decir consciencia, o para no repetirme, pensamiento abstracto): una capacidad general que en mayor o menor grado podemos desarrollar todos; no solo vine instalada, incluso si viene deteriorada, sino que se puede mejorar (como han demostrado padres coraje).

      Como ahora hay varios tipos de inteligencias se piensa por extensión que se puede mejorar cualquiera de ellas, pero si nos apoyamos en estas últimas entradas, lo que Pitiklinov nos recalca es que no. No, porque depende de la estructuración del cerebro (acuérdate de Mister Marioneta) o de su composición química (la entrada Almas que sufren). Manifiesto esta redundancia para que veas in situ (estés o no de acuerdo) que no me lo saco de la manga.

      Pues bien, cuando Pitiklinov trate (si no lo ha hecho ya) aun de manera indirecta el tema de las neuronas espejo corres el riesgo de provocarte una “pladoja” (placer -inclúyase dolorcillo- intelectual consciente al autoprovocarse una contradicción de ideas): aprovecha para cambiar de opinión, al menos en lo que a deducción se refiere, si no es incorrecta mi opinión.

      Así, de manera tosca, la empatía por analogía al reflejo rotuliano es como un golpecito en nuestra comprensión. Es lo ajeno reconocido en lo propio; por tanto no se puede "desarrollar" (además, se tiene o no empatía por una situación, no por una persona –esto es apego emocional como semejantes- y serlo para unas no implica serlo para otras como ya sabes); pero sí fingir con destreza social (aquí te dejo aplicar esa inteligencia social); como también manipular o “potenciar” químicamente, quizá incluso mediante las palabras (a lo mejor esta es una de las inutilidades de la disipación de energía). La empatía parece ser un acto reflejo ¿psicosomático?, desde luego no algo intencionado, premeditado desde la inteligencia que mencionas; y menos aún de la emocional que palpita ella sola incluso sido amasada por la experiencia, y esta última es el escenario donde se mueve el carácter, defendido y definido últimamente por la genética más que por el ambiente y/o cultura, y en este paquete esta la empatía.

      Claro que si esta última es totalmente consciente y uno tiene la capacidad de manipular a su libre albedrío un instinto… entonces… entonces puedo aceptar tu convencimiento con ciertos matices. O dicho de otro modo, a regañadientes.

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  8. "La empatía parece ser un acto reflejo ¿psicosomático?, desde luego no algo intencionado, premeditado desde la inteligencia que mencionas"

    El uso inteligente de la empatía equivale a darle un significado y que así nos sea de utilidad para la acción. La inteligencia es resolver problemas.

    Hablamos de la rectificación, es decir, de dejarnos convencer por un argumento nuevo que descarta o aprueba una idea. Como el amor propio es el enemigo que nos bloquea el uso de la razón, y se trata de un presupuesto fuertemente emocional de rechazo a dejarme convencer, si aplico la empatía (emocionalmente acepto la empatía y rechazo el amor propio) puede resultar que ahora se desbloquee mi incomprensión del argumento nuevo (porque ahora tengo una imagen más amable de aquel que refuta mi punto de vista inicial), y que ahora racionalmente acepte la nueva idea y así quede resuelto el problema.

    De esa forma los recursos emocionales, inteligentemente manejados, pueden permitirme resolver un problema. Es la razón la que lo resuelve, pero son los recursos emocionales los que desbloquean los obstáculos iniciales, también emocionales. No pueden haber uso de la razón sin una previa motivación para usarla. Y las motivaciones son siempre emocionales.

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  9. Hola.

    “De esa forma los recursos emocionales, inteligentemente manejados, pueden permitirme resolver un problema”.

    Cuando eres consciente de una emoción (lo que ocurre algo después de la manifestación emocional) es cuando puedes empezar a racionalizar tu impulso emocional; independientemente de la inferencia intelectual, la emoción es previa a la resolución del problema, incluso habiendo experimentado una y otra vez la misma experiencia emocional…

    “Es la razón la que lo resuelve, pero son los recursos emocionales los que desbloquean los obstáculos iniciales, también emocionales”.

    …lo que quiere decir que no necesariamente el problema se resolverá incluso sabiendo la verdadera causa que lo provoca. Por supuesto que esos obstáculos son desbloqueados por las emociones: son nuestra válvula de escape a ese obstáculo inicial. O simplemente el estallido emocional alcanza su cima y desciende paulatinamente dada las experiencias anteriores (aprendemos a “controlarnos”, ya que si en verdad nos controlásemos, la emoción no emanaría y puede que ni se originase: autómatas… no hablo ya del psicópata –por hacer referencia a la entrada del blog- que carece del recurso para controlarse). En realidad es el organismo quien regula (incluso puede provocar algo más que acelerar el corazón) y son los recursos intelectuales quienes nos permiten entender esos obstáculos. Intrínsecamente relacionados con las emociones seguro.

    “No pueden haber uso de la razón sin una previa motivación para usarla”.

    No sabría decirte

    “Y las motivaciones son siempre emocionales.”

    ¿Hablas también de las necesidades básicas? (Esta es por picar).

    Carece de importancia de quién sea la razón pues la inteligencia social y la emocional promueven una misma búsqueda; se necesita de una actitud y una aptitud de la persona.

    La empatía es un mecanismo, un resorte, un recurso en sí mismo y un ejemplo lo tienes en el hecho de comunicarte cara a cara o a través de la red, no funciona igual. Lo que hacemos en internet es ser amables no empáticos. Esa inteligencia social de la que hablas es la que pretender transformar el pensamiento positivo (de ese héroe….) en acción social para crear una atmosfera prosocial que active por sí sola movimientos sociales de altruismo, compasión… las emociones no funcionan casi nunca así: llegado el momento imprevisto de una actuación social que se sale de la rutina, en la que no hay un planteamiento racional previo, saca la verdadera naturaleza emocional de la persona.

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  10. Idea21, creo que estaremos de acuerdo en que una emoción no es controlable y que no ya la emoción en sí, sino la falta de su control, es lo que confiere ese sentido de utilidad que le damos a nuestra humanidad. Interceptar el afloramiento emocional se me antoja imposible si no somos conscientes antes de que se dé.

    No creo que aceptar un idea tenga algo que ver con la empatía, sino con la actitud (que entiendo es tu defensa: voluntad para rectificar, tener motivación de comportarse, aprender…) ¿Y la aptitud? Hablas de la predisposición cultural, enseñada, aprendida, a responder ante una situación social y es correcto el pensamiento; pero pareces olvidar la fuerte influencia del carácter innato que gobierna nuestra conducta. Aunque aprendamos a controlarlo posteriormente.

    Si me permites expresar la empatía como un “instinto”, tal vez me explique de una manera más intuitiva. Entonces, la empatía no se aprende, ¿verdad?; y si se “desarrolla” más bien es en su sentido opuesto, la indiferencia. No me gustaría pecar de arrogante pero es posible que no quieras separar empatía de conceptos con compasión, amabilidad, altruismo, compromiso, educación, cultura… y haces bien, pues están relacionados; sin embargo, en estas cualidades no tiene por qué activarse la empatía (aunque te parezca chocante) ni que de la empatía surjan las otras. Quizá mezclas una reacción emocional inmediata (empatía) con un sentimiento de comprensión (inteligencia emocional) de la condición humana, o la vida simplemente…

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  11. …Pero es una consideración que ni siquiera es en sí misma subjetiva sino intuitiva -¿no le das confianza a tu valoración subjetiva?- marcada por la cultura que hemos aprehendido. Otro ejemplo: un grupo de personas es una multitud, pero una multitud no puede ser definida sin cada una de esas personas. A la objetividad le ocurre lo mismo: no hay objetividad si no hay un montón de ideas subjetivas y la objetividad en este sentido es una confluencia de ideas subjetivas; por el contrario, cuanta menos subjetividad hay, más difuso se vuelve lo objetivo porque para definir lo objetivo necesitamos comparar ideas subjetivas.

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  12. "No me gustaría pecar de arrogante pero es posible que no quieras separar empatía de conceptos con compasión, amabilidad, altruismo, compromiso, educación, cultura… y haces bien, pues están relacionados; sin embargo, en estas cualidades no tiene por qué activarse la empatía (aunque te parezca chocante) ni que de la empatía surjan las otras. Quizá mezclas una reacción emocional inmediata (empatía) con un sentimiento de comprensión (inteligencia emocional) de la condición humana, o la vida simplemente…"

    Para no complicarnos mucho, podemos hablar de "comportamientos compasivos" en general, y creo que ese tipo de comportamientos siempre implican la activación de la empatía, ¿cómo vas a actuar compasivamente con respecto a otro individuo si no empatizas con él antes? Ahora bien, es cierto que la empatía no implica necesariamente compasión. Un vendedor astuto puede empatizar con un cliente ingenuo con el fin de desplumarle... e incluso puede darse dentro de la mente (retorcida) del vendedor el autoconvencimiento de que, además, le está beneficiando.

    En cualquier caso, está generalmente considerado que fueron los ejercicios de empatía los que acabaron llevando a la generalización de los comportamientos compasivos a nivel social.

    http://unpocodesabiduria21.blogspot.com.es/2013/09/la-invencion-de-los-derechos-humanos.html

    En el caso de las "multitudes", los mecanismos emocionales hacen uso de "abstracciones" de mayor o menos éxito. En el caso del pensamiento objetivo se suele citar el uso de personificaciones "ideales". Juzgar objetivamente no es situarse en una abstracción total, sino asumir la imagen de un "tercero objetivo" al que se le proporciona cierta personalidad ficticia.

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  13. Hola, idea21.

    “…los ejercicios de empatía los que acabaron llevando a la generalización de los comportamientos compasivos…”

    No te estoy quitando la razón. Cuando lo innato se mezcla con lo adquirido, o viceversa, todo se vuelve difuso, es difícil diferenciar si aun siendo honestos se es imparcial a la hora de juzgar un argumento en ese sentido y si los sentimientos son o no un obstáculo al racionalizar las emociones.

    Aunque lo asignes solo a la actitud (promover actos prosociales), desde un punto de vista educativo ocurre lo mismo. Si se observa la empatía se deduce que no es necesariamente un pacto recíproco. Si profundizas más en su racionalidad te darás cuenta de que viene determinada por un evento anterior al suceso propiamente dicho de la empatía, por lo que primero se manifiesta un reconocimiento de la propia identidad antes de la identificación ajena. Y posteriormente ese comportamiento compasivo se puede o no dar, ya sea inmediata o posteriormente de manera dilatada en el futuro; ya fuese siendo más activo socialmente o provocando un cambio de actitud propia, que tampoco necesariamente se vierte hacia lo social… (Tener o no libre albedrío no varía el resultado de las elecciones). Respondiendo a tu pregunta: educación. (Las personas somos básicamente máquinas dispensadoras de energía emocional -¿otra relación entre conducta y termodinámica?).


    Todos nos creemos casi cualquier cosa cuando no hay datos contrastables.

    No he leído el libro de Lynn Hunt. ¿Alguna frase que lo resuma?

    La multitud una vez definida termina comportándose como un solo individuo (librarnos de nuestra individualidad, recuerdas… lo que funciona para uno funcionará para la mayoría entonces; ¿no querías privamos de las emociones, Hal9000?). Que resulta ser un solo individuo, el héroe. Por lo que refuerzas mi argumento: una personificación ideal inevitablemente incluye un pensamiento subjetivo, que se toma como parte de lo que se considera que tiene que ser un pensamiento objetivo. Y claro que juzgar objetivamente implica tratar de ser imparcial, y esto debería implicar entender que lo objetivo es un conjunto de subjetividades; por eso lo objetivo solo sirve para la mayorías y excluye a las minorías (la invención de los derechos humanos, p. ej.). Ese tercer objetivo es la búsqueda de esa misma objetividad; por eso dices asumir, porque sabemos que no es objetivo sino una consideración de lo objetivo, de lo común: esa búsqueda de la universalidad. Ni que decir tiene que como ficticio es inalcanzable. Por eso el ensayo de Hunt desilusiona a tantos, porque no alcanza ese objetivo (y por eso en principio mi cerebro me dice que no lo lea ni aunque lo recomiende todo quisqui).

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  14. "Ese tercer objetivo es la búsqueda de esa misma objetividad; por eso dices asumir, porque sabemos que no es objetivo sino una consideración de lo objetivo, de lo común: esa búsqueda de la universalidad. Ni que decir tiene que como ficticio es inalcanzable"

    También la perfecta salud es inalcanzable, y no por eso desechamos la ciencia médica. Incluso si nos limitamos al recuento de homicidios por cada cien mil habitantes, como hace Steven Pinker http://unpocodesabiduria21.blogspot.com.es/2013/10/los-angeles-que-llevamos-dentro-2011.html tenemos cierta evidencia de que podemos reprogramar culturalmente el comportamiento humano ("naturaleza humana") en un sentido más cooperativo.

    Lo curioso del libro de la señora Hunt es cómo relaciona la aparición de los derechos humanos con la expansión de la novela como género literario popular: empatía con los personajes (especialmente con las delicadas y vulnerables protagonistas femeninas). Se pueden hacer largos listados de invenciones humanas en este sentido, desde los primeros personajes literarios (mitológicos... pero cada vez más humanizados) a la aparición del primer texto autobiográfico (las "Confesiones" de San agustín) o a la aparición de los diarios personales http://en.wikipedia.org/wiki/Diary

    Daniel Goleman http://unpocodesabiduria21.blogspot.com.es/2014/09/la-inteligencia-emocional-1996-daniel.html comenta que la educación emocional centrada en la enseñanza de "habilidades sociales" da resultados, aunque a muchos nos parezca una tontería el que se reúna a unos embrutecidos jovenzuelos de una barriada marginal para explicarles que hay que ser buenos para que todo el mundo te quiera...

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  15. Hola, idea21.

    Leídas las referencias. Pinker me costó digerirlo, pero más por el formato del blog, me temo. Bueno, yo ya no puedo sino repetirme, o más bien seguir divagando a menos que me convenzas de lo contrario, jeje.

    No creo que rectificar sea lo que se hace al aceptar una idea ajena sino más bien una muestra de afinidad mental (empatía) con el pensamiento del otro. En este acto, la idea es el pegamento que une a las personas; la rectificación (no olvidemos que hablamos de cambiar de dogma) no se da, ya que no es necesario dejarse convencer por una idea que ya abrazamos, sino que sustenta más si cabe nuestro convencimiento de esa idea (mira lo que pasa en la entrada encabezada por la cita de Planck en el otro blog de Pitiklinov sobre la evolución de la cultura) al compartirla con otros de igual naturaleza. De cualquier modo, podemos encontrarnos con el caso opuesto, aquél que prefiere dejarse convencer (pero no deja de ser una tortilla solo porque se dé la vuelta). Aplicar una emoción como recurso resolutivo de la razón es lo mismo que dejar que las emociones juzguen nuestros actos. Y teniendo en cuenta que la creencia social humana es ser racional...

    Cuando defendemos una idea terminamos defendiendo otra, sucesivamente todo nuestro repertorio ideológico con fuego de cobertura y pensando que tarde o temprano termináramos minando el ánimo del interlocutor (lo que suele ocurrir, jeje). Si a ti eso te parece racional. Eso sí, ignoro la emoción que nos embarga llegados a ese punto, por lo que yo carezco del recurso emocional y la inteligencia necesaria para resolver el problema. Pero no por ello dejas de sentir la afinidad (o su contrario) emocional que crees que emana mi comentario a pesar de que podrías no entenderlo. Lo gracioso de los diálogos es que uno tira pa’lante convencido de que entiende al otro, con el consiguiente sentido del honor de hacerle entrar en razón con mayor motivo pues.

    Además, si te fijas bien, los cambios de ideologías suelen ser arrastrados por los cambios de mentalidad de la masa (que al fin y al cabo es lo que nos termina por convencer: no ir en contra de la mayoría… ¡pero aquí también se hacen tortillas!), pero no porque tengan una palanca más larga, sino porque que vienen de la mano de nuevas generaciones que precisamente se educan en una nueva mentalidad cultural y, precisamente, por no sentir empatía con las viejas o caducas ideas de un modelo social, que lo mires por donde lo mires es una idea social.

    Como la idea perfecta de que la ciencia resolverá todos los problemas de salud, que no se rechaza hasta que uno se da cuenta de que no tiene todas las respuestas. No digo que como seres inteligentes no podamos emplear este recurso de la inteligencia para potenciar una emoción, faltaría más. Si somos menos violentos pues aprovechemos para que nos haga más felices, y con el tiempo esa felicidad repercutirá en la enseñanza transmitida. No cabe duda de que la cultura es un proceso lento y descompasado.

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  16. ...pues me queda un poco.

    Entiendo que la empatía es todo eso que cuentas porque es todo lo que se explica sobre la empatía. Entiendo también que se traten de racionalizar las emociones, pero sabemos de sobra que no sirve de nada cuando se viven desde dentro (el autocontrol está sobrevalorado: ¿por qué alguien que llega a controlarse necesita seguir ejerciendo el autocontrol?; otra cosa es la interpretación y ayuda de terceros: la racionalización de la que presumimos). También hay infinitas explicaciones del amor (el recurrido caso que entendemos todos) y ya ves para lo que sirve la teoría, para que se malinterprete un sentimiento en el otro porque no diferenciamos la amistad del amor, por ejemplo. También te puedo poner el ejemplo del valor-coraje, de la rabia-odio, del desprecio ajeno-baja autoestima… Podemos racionalizar estos sentimientos para ayudarnos a entenderlos, pero no comprendemos estas emociones hasta que no las vemos reflejadas en otra persona afín. Me dirás que es una interpretación subjetiva y no te faltaría razón; pero es esa interpretación que está pasando por tu cabeza mientras lees de lo que te hablo lo que trato de explicar y no puedo. Quién dijo: puedo ser honesto pero no imparcial… Da igual cuánto se racionalice una emoción, la razón no sirve como entendimiento previo de ninguna emoción. Y es este momento originario en el que choca razón y emoción donde se debe entender la empatía; sacar esta emoción de este tiempo ya es hablar de otras cualidades humanas que abarcan lo común, lo social.

    Pero como siempre solo es mi forma de verlo.

    Está.

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