miércoles, 23 de octubre de 2013

Los Orígenes del Igualitarismo

Christopher Boehm es profesor de antropología y tiene también formación en primatología ya que estuvo con Jane Goodall en el parque nacional de Gombe, estudiando a los chimpancés. Es autor de numerosos artículos y libros y dirige el centro de investigación Jane Goodall de la Universidad del Sur de California.

En su libro Hierarchy in the forest se plantea la evolución de la conducta igualitaria y trata de responder a la pregunta de si el hombre es por naturaleza jerárquico o igualitario. El problema que trata de responder es el siguiente: si observamos la evolución humana desde nuestros ancestros primates comunes vemos que la evolución del igualitarismo traza una U jerárquica. Es decir, venimos de especies fuertemente jerárquicas, luego aparecen los cazadores recolectores que son considerados igualitarios y luego aparecen reinos, imperios y otros tipos de orden social fuertemente jerárquicos (esclavitud, siervos, etc). Si nuestra naturaleza es jerárquica ¿cómo pudo surgir el igualitarismo?

Primero habría que revisar si esta visión es correcta. Boehm analiza a nuestros primos primates chimpancés, gorilas y bonobos e incluso reconstruye la conducta del ancestro común a todos ellos, hace 7-9 millones de años (humanos incluidos). Su conclusión es que era un animal jerárquico como lo son los primates actuales. En cuanto a las sociedades de cazadores recolectores, aunque no cae en una fantasía hippie de paz y amor sí que es verdad que reconoce que eran sociedades francamente igualitarias, con toma de decisiones en común y con un control por parte del grupo de la conducta de los líderes, que en ningún momento puede actuar tiránicamente a su antojo. Los datos antropológicos y el estudio de cazadores recolectores actuales confirman estas conclusiones. Esto no quiere decir que todos los individuos de estas sociedades fueran  iguales y desde luego había competición y asesinatos, sobre todo por mujeres.

Por eso, Boehm nos plantea que no es que en los cazadores-recolectores desaparezca la jerarquía sino que ocurre lo que el llama una “jerarquía inversa”, es decir, una coalición de los individuos subordinados para controlar a los machos alfa deseosos de mandar y dominar. Las causas de que se produjera esa inversión son diversas. Por un lado está la costumbre de comer carne. La caza siempre se ha compartido entre todos los individuos de un grupo de cazadores-recolectores y esto es algo que se ha observado en todas estas culturas. Tampoco es un compartir amoroso e incondicional, sino un compartir “vigilante” en el sentido de que se llevaban las cuentas de quién compartía y quién no y se castigaba al que no cumplía con las normas. Este hecho de que surgiera una “comunidad moral” es también importante porque el que no cumplía las normas iba sufriendo una serie de castigos “in crescendo” desde cotilleos a exclusión, ostracismo e incluso la ejecución. Las normas se referían a temas como el incesto, el adulterio, el asesinato, etc., y en cierto momento también incluyeron el comportamiento del lider.

Estamos hablando de la formación de coaliciones y esto es algo que ya ocurre en primates. Los chimpancés hacen por un lado coaliciones de dos o varios machos para deponer al macho alfa, pero también se han observado coaliciones más amplias como un caso descrito por De Waal  de coalición de todas las hembras contra un macho alfa que estaba comportándose de manera inadecuada. El macho tuvo que ceder. También los chimpancés forman patrullas para controla el perímetro de su territorio y atacar a bandas rivales.

Otro elemento que pudo llevar a una inversión de la jerarquía es la invención de las armas. Aunque las armas se inventaran para cazar, está claro que desde el principio se usaron contra otros seres humanos. Y las armas cambiaron la relación de poder porque ya no se basaba todo en la fuerza física. Era posible matar a alguien más fuerte en una emboscada o mientras dormía. La invención de las armas habría llevado también a una disminución del dimorfismo sexual, ya que, desde su introducción, los seres humanos ya no necesitarían las armas naturales de lucha (caninos, mandíbulas, etc). El mismo Darwin era de esta opinión y Washburn llega a proponer que las armas son también las responsables de la pérdida del pelo corporal porque ya no tenia sentido hacer las demostraciones de fuerza que hacen los chimpancés poniendo todo el pelo de punta para aumentar su tamaño e intimidar al oponente. A ello se habría unido la selección sexual al preferir las hembras a individuos con menos pelo. A Boehm le parece que esta hipótesis tiene mérito y que es  bastante creíble, progresivamente se redujeron los caninos, la cantidad de pelo y la erección del mismo, de la que nos ha quedado como vestigio la piel de gallina.

Por medio de las armas, y de la unión, los grupos podían dominar a cualquier individuo dominante. ¿Cuando fue esto posible? Boehm dice que las armas pudieron transformar la conducta política hace 500.000 años. Esto son unas 20.000 generaciones, un tiempo suficiente para que la selección natural actúe sobre el tamaño corporal, la dentición, el pelo, e incluso la eficacia de la bipedestación. Pero junto con ello tuvo que ocurrir una evolución cognitiva, es decir un desarrollo de las capacidades cognitivas y de comunicación (lenguaje). Para Boehm estas adaptaciones y mejoras cognitivas deberían haber ocurrido previamente a la inversión de la jerarquía para que esta fuera posible. En la estimación más conservadora, Boehm dice que la conducta igualitaria apareció ya hace 100.000 años con total seguridad. Una vez de que apareciera esta conducta igualitaria en alguna tribu seguro que no pasó desapercibida a sus vecinos y se iría extendiendo por contagio y difusión cultural.

En cuanto a la naturaleza humana, Boehm cree que tenemos un deseo subyacente de dominar y que cuando nos sometemos (o nos someten) siempre queda un resentimiento, dado que preferiríamos dominar. Es decir, que queda un deseo de cambiar esa situación si fuera posible (siempre a la espera de que las cosas cambien), y este resentimiento cree que es universal. Si, además, el sometimiento, o la dominación, es dura o injusta el deseo de revertir la jerarquía - deponer al tirano- va a ser mayor. Hay una ambivalencia entre el deseo de dominar y el miedo a meterte en la pelea equivocada y desaparecer. El poder colectivo de los subordinados resentidos estaría en la base de la sociedad igualitaria, y ya tenemos trazas de estas conductas en chimpancés. Los seres humanos han vivido y viven siempre en algún tipo de jerarquía, pero son sensibles al abuso de poder. Según Boehm, nunca podremos vivir en sociedades igualitarias “relajadas” como las de los monos ardilla porque estos monos tienen disposiciones internas muy diferentes a nuestras tendencias primates inherentemente despóticas.

Para concluir, una cuestión colateral. En este contexto, es muy interesante plantearnos la evolución del trastorno antisocial de la personalidad (los psicópatas), cosa que no parece fácil de entender a primera vista. Si estamos hablando de que las sociedades igualitarias eran capaces de castigar al aprovechado, al asesino, al que no coopera y no devuelve favores, ¿cómo es posible la existencia de psicópatas, de individuos antisociales? Se supone que serían expulsados del grupo, o ejecutados, con lo que su capacidad de dejar descendencia disminuiría. En sociedades grandes como la nuestra es fácil entender la existencia de sujetos parásitos que se aprovechen de los instintos de cooperación de los demás. Si en un sitio son detectados y excluídos siempre pueden emigrar a otro lugar y engañar a otra gente. Pero en los pequeños grupos de cazadores recolectores se conocían todos y esto sería imposible. Me parece muy difícil entender la existencia de psicópatas en bandas de cazadores recolectores. 

Podríamos pensar que estos individuos más violentos fueran buenos cazadores o guerreros y que el grupo les consintiera conductas desviadas a cambio de sus aportaciones en la guerra, por ejemplo. Pero Boehm estudia este asunto con detenimiento y pone muchos ejemplos de pueblos donde hay muchos mecanismos para evitar precisamente que líderes guerreros, o buenos cazadores, se beneficien de esa situación. Otra posibilidad es que la psicopatía sea de origen reciente, que pareciera junto con las ciudades y el crecimiento de los grupos sociales, es decir desde la aparición de la agricultura. No sé cuál es la respuesta pero me inclino por esta última posibilidad como mejor forma de entender la proliferación de individuos parásitos. 

@pitiklinov en Twitter

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