sábado, 3 de enero de 2015

Naturaleza Humana y Prostitución. La mente moralista.


Moralidad: las decisiones de un grupo de gente acerca de lo que hay que castigar
-Robert Kurzban

La condena de la prostitución nos pone delante de un fenómeno que necesita explicación y que es casi exclusivo de la especie humana: la condena moral de la conducta de los demás. Una de las características peculiares de los humanos es lo mucho que les importa lo que hacen los otros humanos. En el resto de la naturaleza, a no ser que el destino de un animal esté íntimamente ligado a la decisión de otro organismo, como que uno pueda acabar siendo la comida del otro o su pareja, los organismos mayormente se ignoran. Esto tiene mucho sentido desde el punto de vista biológico. Gastar tiempo y energía en preocuparse de lo que hacen los demás es costoso. Los organismos deberían estar diseñados para monitorizar lo que hacen sus familiares, aliados y enemigos y dedicar sólo su atención a las cosas que son cruciales para ellos.

Pero nosotros somos diferentes. A nosotros nos importa si los demás inhalan determinado tipo de hojas o de hierbas, si venden o alquilan partes de su cuerpo a los demás, y no sólo nos importa sino que insistimos en que sean castigados. Esto es un misterio biológico de primer orden que nadie ha conseguido aclarar. La mayoría de las explicaciones de por qué la gente es moral son realmente explicaciones de por qué la gente es generosa o altruista y eso es una cosa totalmente diferente.

Voy a poner un ejemplo para entender cuál es el problema. Se ha propuesto que la aversión al incesto funciona como guía para que los organismos eviten la endogamia ya que ésta tiene consecuencias negativas para la salud de la descendencia. Bien, esto explicaría por qué yo puedo desear evitar el incesto pero no explica por qué los humanos queremos que se castigue a los que cometen incesto. De hecho, los individuos que alabaran las conductas de los demás que disminuyen su éxito reproductivo (como el incesto o el suicidio) tendrían una ventaja al manipular a sus competidores para que realicen actos que les llevan a su autodestrucción. ¿Qué beneficios explican que la gente controle la conducta moral de los demás incluso cuando no les afecta?

Porque nos interesan enormemente las infracciones morales de los demás. Ahí está la industria del cotilleo (TV, revistas, conversaciones, etc.) que gira principalmente acerca de las infracciones morales de los demás. Hasta el 65% de las conversaciones versan sobre temas sociales y la mayoría de ellas sobre cosas negativas. Y esto es así en todas las culturas. Entre los Ju/´hoansi Bushmen el 56% de las conversaciones contienen críticas moralistas y sólo el 7% alabanzas.

Pero antes de decir algo sobre este problema quería mencionar algunas cuestiones relativas al tema de los juicios, razonamientos y condenas morales. Una primera cuestión es la cantidad de inconsistencias en las que todos caemos en lo relativo  a las cuestiones morales. Hablamos de ellas al referirnos al aborto. Por ejemplo, algunas personas argumentan a favor del derecho a hacer con el propio cuerpo lo que se quiera cuando se trata del aborto pero no cuando se trata de la prostitución o de vender un riñón. Los gobiernos argumentan para ilegalizar ciertas drogas que son perjudiciales y que debemos tomar una postura en contra de las cosas perjudiciales y que, por tanto, el gobierno debe impedir que la gente haga esas cosas perjudiciales. Pero si esto fuera verdad hace mucho que se debería haber prohibido el tabaco y el alcohol.

Otra inconsistencia es que la gente unas veces utiliza argumentos consecuencialistas y otras no consecuencialistas. Esto lo vemos en los famosos dilemas morales de los tranvías, en los que aceptamos desviar al tranvía a otra vía para salvar a cinco personas a cambio de que mate a un inocente, pero en el caso del problema del puente no lanzamos a un inocente a la vía para salvar a cinco personas. 

Todo esto ha llevado a algunos (Jonathan Haidt p. ej.) a plantear que nuestras decisiones morales no responden a unas reglas o principios abstractos sino que en realidad son intuitivas, irracionales y luego, a posteriori, las justificamos con razones. Entre los muchos ejemplos que utiliza Haidt está el del incesto entre dos hermanos que utilizan anticonceptivos y que no les crea ningún trauma. Se pregunta a la gente si les parece bien o mal y los que lo ven mal ponen razones como que los hijos pueden tener defectos congénitos, etc. Cuando se les dice que no va a haber hijos por el uso de anticonceptivos al final dicen que está mal aunque no puedan explicarlo, se quedan boquiabiertos moralmente (moral dumbfounding). Hemos visto en el debate que con respecto a la prostitución también hay posturas, como la de Dianne Post, que mantienen que aunque la prostitución no de lugar a un daño está mal. Haidt tiene que tener una buena dosis de razón porque parece evidente que si la moral fuera un edificio basado en la lógica que parte de unas premisas iniciales y luego se va razonando el resto pues todos llegaríamos a las mismas conclusiones y la moral no sería el terreno resbaladizo y caótico que es.

Voy a comentar otro asunto que tiene interés para el tema de la prostitución, que es nuestro interés original. Me refiero al de las víctimas, algo que han estudiado Robert Kurzban Peter DeScioli y Skye Gilbert. Podríamos pensar que a la hora de realizar un juicio moral lo primero sería determinar si hay una víctima y utilizar este hecho como base para nuestro juicio. Si un acto daña a alguien lo condenaríamos moralmente. Pues bien, la realidad parece que es justo la contraria: primero hacemos nuestro juicio moral y luego buscamos la víctima. Kurzban y cols plantearon una serie de situaciones como mear en una tumba o quemar una bandera. Lo que los autores encontraron es que todos los que consideraban malos estos actos encontraban una víctima: la familia del muerto o la sociedad…o incluso la humanidad. Si se les decía que el muerto no tenía familia su juicio no variaba, por supuesto. 

Parece que la gente juzga los actos primero y busca justificaciones y víctimas después. Este parece ser el caso de las feministas y el gobierno sueco al promover su ley. Y como las víctimas les han salido respondonas y les han dicho que ellas no tienen nada de víctimas pues entonces se sacan de la manga que esas víctimas no pueden opinar y que no tienen capacidad de dar su consentimiento. Asunto arreglado. Como tampoco pueden basar su juicio moral en principios de libertad (es imposible condenar moralmente usando la lógica el intercambio de sexo por recursos entre adultos que consienten) entonces se ponen consecuencialistas (consecuencialismo es valorar un acto por sus consecuencias, por el bienestar o felicidad al que da lugar, es la postura de los utilitaristas) y nos dicen que la prostitución genera violencia, trata de blancas, etc. etc. etc.

Esto tampoco se sostiene. La lógica sería parecida a prohibir el fútbol porque por su culpa se cometen asesinatos de árbitros o porque hinchas de unos equipos matan a los de otros. Pero es que hay una explicación de por qué la violencia rodea todo lo que es ilegal, como el mundo de las drogas. Dado que la gente implicada en estas actividades no puede recurrir a la policía y a los jueces para defender sus derechos, la forma de arreglar sus desacuerdos o sus incumplimientos de contrato es por medio de la violencia, o de la amenaza de la violencia. Las prostitutas tampoco pueden recurrir a la policía o autoridades porque al estar realizando actividades ilegales lo primero que van a conseguir es que las expulsen del país. La prueba más evidente de esto es la ley Seca en EEUU en los años 1920-1933, que dio lugar al florecimiento de todo un mercado negro y a mafiosos como Al Capone y otros. La legalización acabó con todo ello.

Vuelvo ahora al tema del principio, al de la explicación evolucionista de la condena moral de terceras personas con las que no tenemos nada que ver en principio. Se han propuesto diversas explicaciones. Una de ellas es que al condenar a los demás me señalo a mí mismo como uno de los buenos chicos. La moralidad sería una señal de que soy un buen aliado, fiable, y de que los demás harían bien en colaborar conmigo. Condenando a los demás estaría en realidad haciendo una promoción o publicidad de mí mismo. Esta explicación tiene sentido pero, en opinión de  Michael Bang Petersen, no explica la moralidad a un nivel general lo suficientemente bien. No explica que se prohiban cosas como el sexo entre dos hombres o dos mujeres que consienten o que las chicas musulmanas no puedan llevar velo ya que, aparentemente, estas cosas no tienen un impacto tan importante en el bienestar de los demás.

Petersen, y Robert Kurzban en su libro Why everyone (else) is a hypocrite, tienen otra propuesta. Para ellos, la moralidad no trata de hacer el bien sino de limitar la conducta de los demás para favorecer nuestros propios intereses. Como dice Geary, el mundo perfecto es aquel en el que controlo el mundo físico, el biológico y la conducta de los demás. La conducta de los demás es una parte del mundo exterior de suma importancia para nosotros, animales sociales. Por ejemplo, los padres controlan la sexualidad de sus hijas no por principios morales abstractos, sino porque un embarazo puede tener consecuencias graves para toda la familia. Por eso también se condena no llevar el velo, ropa atrevida o el consumo de drogas porque pueden llevar a relaciones sexuales y a la posibilidad de un embarazo (ver este estudio de Kurzban de cómo la actitud ante el sexo está muy relacionada con la actitud ante las drogas).

Decíamos entonces que la condena moral es una manera de promocionar nuestro autointerés. Por medio de nuestras condenas buscamos moldear el ambiente social para que permita la realización de nuestros intereses. ¿Cómo se aplicaría esto al tema del sexo o de la prostitución? Voy a dar algunas pistas. Las personas que siguen en su vida una estrategia de pareja a largo plazo pueden estar interesadas en evitar un ambiente donde haya promiscuidad sexual porque ese ambiente podría ser atractivo para su pareja y podría perderla. Para estas personas, todo signo de relajación en la moralidad sexual debe ser condenado y penalizado. En el estudio de Kurzban que acabo de mencionar se ve que las personas que persiguen relaciones a largo plazo condenan más el uso de drogas que las que persiguen relaciones a corto plazo. La razón es que el sexo es muchas veces resultado o facilitado por el consumo de drogas. 

Desde esta perspectiva la gente condena aquello que va en contra de sus intereses. Y ya que los intereses de cada persona son diferentes, cada uno condena un tipo de cosas. Por ejemplo, no son los mismos los intereses de un hombre atractivo (buenos genes), que puede conseguir relaciones a corto plazo con facilidad que las de un hombre menos agraciado que tiene que competir en el mercado de parejas con otras armas (aportar inversión parental y un buen sueldo). Kurzban analiza con más detalles este juego de intereses pero no me voy a extender aquí. La clave es que algunas personas ganan y otras pierden bajo diferentes regímenes y que así es como funcionan las intuiciones relativas al aborto , prostitución, drogas y otras cuestiones.

El caso es que está en nuestro propio interés impedir que la gente haga las cosas que quieren hacer, tenemos módulos moralistas para limitar la conducta de los demás. Y la gente está dispuesta a limitar su conducta siempre que se limite la de los demás. Por eso es muy importante en la moralidad el tema de la imparcialidad, la idea de que las reglas se apliquen a todos por igual. La imparcialidad es esencial porque sin ella las reglas se convierten nada más que en una manera de coercionar a los demás. Y este es otro error de la ley sueca: que parece una manera de que ciertas mujeres controlen la sexualidad de los hombres. Si consideramos que la moralidad son palos que se dan a todos los que rompen las normas pues todos estamos igual y se acepta. Pero si se da el palo a unos pero no a los otros (sólo a los hombres) esto se convierte en una desnuda agresión. De todos modos conviene ser realista y no perder de vista lo que la moralidad es realmente: las decisiones de un grupo de gente acerca de lo que hay que castigar.

Resumiendo, el intercambio de sexo por recursos seguirá existiendo mientras el ser humano sea como es y nuestro estilo de vida no sufra cambios radicales. Recientemente leía en un artículo que se ofrece sexo a cambio de que te pongan como coautor en un artículo científico. Se me ocurre que podría desaparecer si en el futuro existieran robots sexuales plenamente satisfactorios o si nadie tuviera ninguna necesidad de recursos de ningún tipo pero no parecen supuestos muy realistas. Ahora bien, somos libres de prohibir la prostitución, por supuesto. Como dice en plan humorístico Kurzban también podríamos prohibir el sexo, todo el sexo, todo tipo de relaciones sexuales. Ello tendría un montón de ventajas: se acabarían las enfermedades de transmisión sexual, la productividad de la sociedad aumentaría al no perder todo el tiempo que perdemos en conseguir llevar a alguien a la cama, se acabó el problema del aborto y las guerras entre izquierdas y derechas sobre este tema, no existirá ni homosexualidad ni heterosexualidad y todos estaríamos unidos en nuestra común asexualidad. También solucionaríamos el problema de la inmigración porque al no tener hijos aceptaríamos encantados a los emigrantes con los brazos abiertos y todos contentos. Por último, todas las peleas entre los matrimonios acerca de la frecuencia, duración y calidad del sexo se acabarían y podrían dedicarse a otras cosas como ir al cine o jugar al ajedrez tranquilamente. Por supuesto, esa medida tendría algunos inconvenientes como que aparecería un mercado negro del sexo como el que existe con las drogas pero siempre podríamos declarar una Guerra al Sexo, lo mismo que los norteamericanos han declarado la Guerra a las Drogas y arreglado, ¿no?

@pitiklinov

Referencias:








9 comentarios:

  1. En la ética hay un impuesto moral y la moral es un tributo ético.

    "Parafraseando" a Jonathan Swift, no puedes disuadir con razones a nadie de algo de lo que no haya sido conmovido por la fe.

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  2. Muy interesante el artículo. Sí, yo diría que la moralidad son las reglas de juego de la sociedad. Nos preocupa que los demás las cumplan porque si no al final no hay partido posible. No es solo un interés particular más o menos inmediato sino por la pervivencia de la tribu misma en la que vivimos. El problema es que en la sociedad moderna es mucho más heterogénea y ya no hay una única moral común, estamos jugando un partido y cada jugador tiene sus propias reglas: en el caso que mencionas de la prostitución están los creyentes, las feministas, los libertarios... cada uno intentando hacer prevalecer su agenda.

    Respecto al interés por prohibirla, Schopenhauer ya lo escribió hace un par de siglos, él (que era un poco misógino, por otra parte) hablaba de un espíritu corporativista en las mujeres, en las casaderas al menos, que las llevaba a odiar a las prostitutas porque eran competencia desleal, ofrecían el producto (sexo) a un precio más asequible y sin toda la letra pequeña que trae consigo el otro intercambio sexual por excelencia: el matrimonio.

    Lo curioso es que ese reproche hacia las putas y hacia las mujeres "frescas" que ofrecen sexo casi a cambio de nada es interpretado hoy día erróneamente por las feministas como un reproche hacia las mujeres por parte de los hombres o por "el patriarcado". Es decir, el feminismo no logra comprender algo tan básico como la competencia intrasexual. Que se da sin ir más lejos ahora con algunas mujeres reprochando a la Pedroche haber salido medio desnuda en las campanadas de Nochevieja. Pedroche rompe el mercado y muchas mujeres responden como los taxistas con Uber. Ante el manido argumento feminista de "es que si ellos follan mucho son machotes y ellas unas guarras" no se tiene en cuenta que ese reproche de "guarras" viene de parte de otras mujeres.

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  3. Un científico puede tener la intuición de lo que es honesto y lo que no lo es. Un científico puede intuir cuando otro científico no está siendo honesto en el planteamiento de una tesis o en la presentación de datos. Esto, que me parece que es claro, también se da a todos los niveles del comportamiento humano y es lo que marca la regulación de los parámetros morales dentro de una comunidad. Atendiendo a lo propuesto por Haidt estos parámetros se basan en cinco principios que serán más o menos respetados dependiendo de la idelogía más conservadora o más liberal de los individuos pero que están reconocidos por todos como valores morales (valores de acuerdo) que se deben mantener para que se de una correcta convivencia dentro de los grupos sociales. Los actos per se no son buenos o malos pero las consecuencias de ellos, para el bienestar de la especie, sí. Que la prostitución sea permitida o prohibida dependerá de la idelogía más liberal o conservadora que esté en el poder. Lo paradógico en este caso es que los movimientos feministas autoclasificándose como ultraliberales en defensa de la mujer acaban comportándose igual de censuradores que los ultraconservadores. En este caso tiene que ver más con una visión fanática, única del mundo, que en la validez sobre determinados principios morales que están sustentados en principios evolucionistas- biológicos y en acuerdos culturales.
    La reflexión última es interesante. Si eliminamos el sexo se acabarían todos estos problemas,y además para mantener la supervivencia de la especie bastaría con que solo unos cuantos se reprodujeran. Pero, sería posible la vida sin la presencia del impulso sexual? Porque una cosa es lo que es bueno para el mantenimiento de la especie y otra lo que es bueno para cada uno de los individuos. Y una cosa son los principios morales y otra es la regulación de leyes por parte del estado.

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  4. Gracias a los tres por los comentarios. Impecable tu análisis, Javier. Muy de acuerdo también con tu postura Sara (en cuanto a lo que preguntas creo que sin sexo y sin fútbol la vida no tendría mucho sentido, por lo menos para los hombres :) )
    Creo que es muy interesante para entender este tema de dónde surge la moral sexual este artículo donde Michael Price comentando un trabajo propio. Tenéis acceso desde ahí al trabajo en abierto:
    http://www.psychologytoday.com/blog/darwin-eternity/201407/the-surprising-source-our-sexual-morals

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  5. Tenía entendido que la función social de la moralidad es desviar el interés de los individuos por las metas a corto plazo que a la larga resultan contraproducentes para la gran mayoría de individuos.

    Esto no quiere decir que la moralidad condene lo que va contra los intereses de algunos, sino aquello que, en base a la experiencia social, va contra los intereses de la mayoría, aunque a primera vista no sea tan fácil de comprender (por eso vivimos en culturas complejas).

    Por ejemplo, el caso de la condena del incesto o de la eutanasia. En teoría, todos podríamos hacer con nuestras vidas lo que quisiéramos: practicar el sexo con quien queramos y darnos muerte a nosotros mismos cuando queramos; pero sucede (me parece) que tales actos tienen consecuencias tan extremas que la satisfacción del deseo bloquea la capacidad de reflexión racional. Es decir, que la satisfacción de ese tipo de deseos SUELE dar lugar a abusos. La mayor parte de los incestos son abusos dentro de las jerarquías familiares y la legalización de la eutanasia llevaría fácilmente a un desprecio generalizado por "las vidas no dignas de ser vividas" de manera que muchos se verían coaccionados para "quitare de en medio" (como las viudas en la India).

    La ley sueca tiene en cuenta algo que la psicología experimental acepta, y es que la oferta sexual incrementa el deseo sexual.Por eso es lógico considerar que la legalización de la prostitución estimularía el deseo sexual masculino y por lo tanto incrementaría la presión sobre todas las mujeres, no solo sobre las prostitutas. Quienes somos lo suficientemente viejos recordamos que cuando se relajó la moral sexual en España tras el fin del franquismo opinaron alegremente que esta liberalización (que pudiera incluso llegar al libertinaje) desahogaría la frustración de muchos varones y por lo tanto disminuiría la violencia contra las mujeres. Fue al revés: se incrementaron las violaciones y los malos tratos a las mujeres.

    Yo personalmente estoy a favor de la legalización de la prostitución, porque en lo que se refiere a la oferta sexual, ésta ya está tan omnipresente en todos los medios, que no creo que fuera a incrementar el deseo. Además, si gracias a la legalización la prostitución "evoluciona" racionalmente y sale de la marginalidad, entonces habremos ganado mucho. Pero eso probablemente dependerá de otros factores.

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  6. Te he leído muchos posts, la mayor parte de ellos han sido magníficos, pero este es de lejos el peor de todos. Da la impresión como si hubieses perdido el conocimiento profundo que hasta ahora has mostrado sobre el ser humano y en especial sobre su psique. Son líneas escritas como un programador informático torpe, como una persona que no ha logrado trascender en la vida y que no sospecha ni vagamente la confluencia que se da cita en su cerebro. Alguien plano, obtuso; ciego.

    No atisbo a pensar qué puede haber ocurrido en ti para que se haya dado semejante giro.

    No lo entiendo.

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  7. Hola otra vez.

    “Es decir, el feminismo no logra comprender algo tan básico como la competencia intrasexual”. Javier Bilbao, hola, ¿sería posible una explicación de ese párrafo?

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    1. Hola Vicente, esta viñeta lo explica bien: http://fotos.subefotos.com/d3f72268c4cd2a89a89a2c48d958c498o.png

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    2. Ah, vale, gracias, Javier Bilbao.

      Pues no me entraba en la mollera ni leyendo la viñeta hasta que me di cuenta de que no estaba pensando en lo que decías, pues ya ves. Fallo mío.

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