viernes, 18 de enero de 2013

Místicos, Drogas y Evolución


Esta entrada va a ser más especulativa de lo habitual porque os voy a trasladar un par de preguntas que me intrigan desde hace tiempo, para las que evidentemente no tengo respuestas definitivas, pero voy a intentar decir algo con sentido al respecto. Quede claro que hablo siempre desde el punto de vista “científico”, desde el de un naturalista que analiza un fenómeno y no entro en el contenido espiritual o religioso del tema que vamos a tratar. Las dos preguntas son las siguientes
  1. ¿Por qué las drogas tienen efectos psicotropos?
  2. ¿Por qué algunas drogas tienen efectos del tipo enteógeno, es decir, por qué producen esa alteración de conciencia en la que se suele experimentar una unión con el Cosmos, un sentido de trascendencia, de pérdida del yo, y de conexión con algo más grande?
Empezaremos por la primera, que es la más fácil. Las drogas naturales producidas por las plantas y hongos ( cannabis, peyote, ayahuasca, amanita, etc.) son productos defensivos que las protegen de sus depredadores, los insectos fundamentalmente. Las plantas no se pueden mover y utilizan para defenderse una batería de productos químicos con diferentes acciones. Por ejemplo, cuando son atacadas por orugas son capaces de producir unas feromonas que atraen a las avispas parasíticas de las que ya hemos hablado, las cuales atacan a la oruga ( además la feromona que producen es específica para cada tipo de oruga, y cada tipo de avispa solo acude si identifica que el agresor es la oruga que a ella le interesa). Evidentemente estos productos son anteriores a la existencia del ser humano y no están diseñados para proporcionarnos un viaje. No todos son psicotropos pero una gran mayoría tienen efecto a nivel del SNC. ¿Por qué es esto así?Uno podría pensar que sería más lógico por ejemplo, que estos productos produjeran estados aversivos o de miedo, que se dirigieran tal vez contra el S. Digestivo ( lo cual muchos de ellos hacen) y provocaran náuseas, vómitos, diarrea y otros efectos gastrointestinales desagradables.

Conviene tener presente que muchas de estas drogas que actúan sobre el Sistema Nervioso pertenecen al grupo de la triptaminas, que se sintetizan a partir del triptofano y son productos muy similares al neurotransmisor serotonina. Bien, una posible explicación es que los neurotransmisores, como la serotonina, tienen también una historia evolucionista y existen en animales inferiores, y uno de los lugares donde se encuentran es precisamente en el aparato digestivo, que es probablemente su primera ubicación, porque la serotonina existe ya en gusanos o animales que no tienen un Sistema Nervioso digno de tal nombre. Siguiendo esta línea de pensamiento, no es sorprendente que al actuar las drogas sobre una diana que luego se movió al cerebro, alteren también el funcionamiento del mismo. Hasta aquí la cosa parece tener lógica. También podríamos especular sobre una “intención” de las plantas de actuar sobre los ganglios nerviosos ( o cerebros rudimentarios) de los insectos buscando descoordinar y bloquear sus conductas depredadoras. No parece descabellado tampoco. Por lo tanto, tenemos algunas ideas para responder a la primera pregunta.
Pasemos ahora a la segunda pregunta, que tiene más miga. Entendemos que las drogas actúen sobre el cerebro pero podrían dar lugar a muchos tipos de alteraciones desde alucinaciones de muchos tipos, alteraciones emocionales, de conciencia y distorsiones variadas de la realidad. Sin embargo, un buen grupo de ellas producen de forma consistente unos efectos muy concretos. A estas sustancias se las designa con el neologismo enteógeno, Son efectos psicoactivos que no se pueden abarcar del todo con la etiqueta de alucinógenos. Me refiero a esa sensación de trascendencia, de inmortalidad, de inefabilidad, de disolución del yo en algo más grande, el Universo, el Cosmos, o como queramos llamarlo. Son efectos subjetivos pero podemos decir con bastante seguridad que universales. La mayoría de las personas que experimentan con ayahuasca, por poner un ejemplo, refieren poco más o menos los mismos síntomas o vivencias. Y lo mismo ocurre con la psilocibina, donde se observan efectos de 9 tipos:
  1. Unidad, con pérdida del sentido del yo
  2. trascendencia del tiempo y el espacio
  3. un afecto positivo vivido con mucha profundidad
  4. sentido de lo sagrado
  5. sentido de haber conseguido un conocimiento intuitivo que se vive como profundamente verdadero
  6. paradojalidad
  7. dificultad para describir lo que ha ocurrido (Raimon Panikkar ha analizado bastante esta dificultad)
  8. transitoriedad, todo vuelve a la normalidad en horas
  9. persistencia de los cambios positivos en actitud y conducta ( algunas personas refieren un antes y un después de esta experiencia, y una sola experiencia deja una influencia para toda la vida)
Una sustancia muy importante de esta familia de las triptaminas es la Dimetiltriptamina (DMT). La ayahuasca es una combinación de DMT e IMAO ( inhibidor de la monoaminooxidasa) que hace que sea activa por vía oral. La DMT se ha encontrado en 50 plantas de 10 familias y parece que en algunos mamíferos, y no se entiende el significado de esta amplia distribución. Actúa sobre múltiples receptores cerebrales y se ha especulado con que se podría producir endógenamente en humanos(la glándula pineal es un lugar probable pues ya  produce melatonina, que pertenece a la familia de las triptaminas, y dispone de todo el material enzimático necesario), y también con que juegue un papel en el sueño natural, en las experiencias cercanas a la muerte y en la esquizofrenia (la hipótesis de la transmetilación). 

Las experiencias cercanas a la muerte ilustran muy bien el problema que estamos tratando. Nos encontramos en estos casos con unas experiencias  subjetivas, pero también universales, la mayoría de los sujetos refieren unas vivencias muy similares (la luz y el túnel, la sensación placentera, ver el cuerpo desde fuera, etc.). Personalmente no me parece muy difícil de explicar este fenómeno y es muy lógico pensar que la hipoxia secuencial de determinadas estructuras cerebrales de lugar a esas sensaciones comunes. También en enfermos epilépticos se han producido esas mismas experiencias ( autoscopia) lo que sugiere la presencia de un mecanismo neurológico subyacente. No me parece necesaria la hipótesis de Rick Strassman de que se segrega DMT en las experiencias cercanas a la muerte, aunque tampoco es descartable por ahora,  pero en cualquier caso, aunque no conozcamos los detalles concretos del mecanismo, se intuye su presencia. 

Por otro lado, nos encontramos con que los místicos, sean sufíes, cristianos o de la religión que sea, así como los meditadores budistas,  describen unas experiencias muy similares a las que se consiguen tomando enteógenos. Cambiando algunas palabras, las experiencias de Santa Teresa y las que se viven bajo los efectos de la ayahuasca y demás drogas son prácticamente equivalentes...volvemos a hablar de la desaparición del yo, de algo más grande, de trascendencia... Todo ello sugiere que existe en el cerebro un mecanismo, circuito, o módulo que da lugar a estas experiencias de trascendencia y que ese módulo se puede activar por varias vías ( drogas, meditación...)

Pero la pregunta entonces es: ¿ Por qué ha aparecido un mecanismo como este? ¿Cuál es su historia evolucionista? ¿Cómo ha llegado a existir algo así? ¿Qué función adaptativa ha cumplido, si es que cumple alguna ? ¿Si este mecanismo no es adaptativo por sí mismo, estamos ante un subproducto de algo que sí es adaptativo? ¿Qué puede ser ese algo? Porque tiene que ser algo que todos tenemos. La hipótesis adaptativa creo que la podemos descartar con seguridad. Los místicos como Santa Teresa, o los monjes budistas, no dejan hijos así que no podemos estar hablando de un módulo o mecanismo que se ha desarrollado durante milenios por la selección natural para cumplir una función religiosa o espiritual. 

Bien, recientemente he encontrado en Haidt ( The Righteous Mind) una posible respuesta a esta pregunta ( por cierto, el mejor libro que he leído en 2012). A Haidt le gustan las metáforas como la del elefante y el conductor, y para describir la naturaleza humana dice que somos 90% chimpancé y 10% abeja. Lo que quiere decir con esto es que cuando nos comportamos egoístamente funcionamos en modo chimpancé y cuando actuamos por el bien del grupo actuamos en modo abeja. Describe entonces las emociones colectivas. Relata cómo un tal William McNeill que fue soldado durante la 2ª Guerra Mundial, y luego fue un importante historiador, describe su experiencia en el ejército. Correr o desfilar en formación al principio le parecía una bobada, pero cuando su unidad se sincronizó bien empezó a experimentar un estado alterado de conciencia: “ las palabras son inadecuadas para describir la emoción despertada por el movimiento al unísono que la repetición implicaba. Recuerdo un sentimiento de bienestar, más específicamente un extraño sentimiento de alargamiento personal, una especie de hinchazón, de ser más grande que la vida, gracias a la participación en un ritual colectivo”. Dice también McNeill: “ para muchos veteranos...la experiencia del esfuerzo común en la batalla ha sido el punto culminante de sus vida. El Yo pasa a ser Nosotros y Mi se convierte en Nuestro y el destino individual pierde su importancia. Creo que es nada menos que la seguridad de la inmortalidad que hace que el auto-sacrificio sea en esos momentos relativamente fácil. Yo puedo caer pero no moriré porque lo que es real en mí seguirá adelante y vivirá en los camaradas por los que doy la vida”. Habla  también de cómo en las danzas primitivas los hombres y mujeres caían en éxtasis, y que esas danzas son una biotecnología para unir a los grupos. Y voy a citar otro ejemplo más de la intensidad de esta emociones colectivas. Se trata de Tony Hsieh, el CEO de la empresa Zappos. com que hizo una fortuna a los 24 años cuando vendió la empresa a Microsoft. Hsieh cuenta una experiencia en una fiesta Rave con estas palabras: “ Fui barrido por un sentimiento de espiritualidad, no en el sentido religioso, sino una conexión profunda con todos los que estaban allí y con el resto del Universo...era como si la existencia de la conciencia individual hubiera desaparecido y se hubiera reemplazado por una conciencia de grupo”.

Haidt con esa metáfora del chimpancé y la abeja nos está hablando de que somos individualistas pero también colectivistas, de que a veces hacemos el bien por el grupo y no el bien propio. Habla  de que para eso tiene que haber mecanismos que anulan el yo para crear un superorganismo, más o menos lo que les ocurre a las células  cuando pasan a formar parte de los organismos multicelulares, de cómo una célula renuncia a su yo para formar parte de un organismo multicelular. Entonces, tendríamos un interruptor que nos pone en modo colectivo ( en modo abeja) y hay muchas cosas que disparan ese interruptor que desata las emociones colectivas: la meditación, las drogas, bailar sincronizados, experiencias de trance... (no deja de ser curioso que una emoción que nace a partir de lo colectivo se pueda disparar en la mayor soledad, en la meditación… ). Existiría una tecla en el cerebro, un correlato biológico, que sería la base o el mecanismo que disparan las experiencias místicas, espirituales y las drogas. El origen de esa tecla estaría por tanto en las emociones colectivas. En cuanto a la neurobiología de ese mecanismo que nos traslada a un estado mental colectivo de tipo místico Haidt habla de la Oxitocina y de las neuronas espejo pero sin entrar en detalles.

Personalmente me convence bastante la idea, aunque reconozco que nos faltan muchos pasos. Lo planteo más como un embrión de hipótesis que permite por lo menos una aproximación al entendimiento de la evolución de los estados alterados de conciencia, a la evolución de la meditación, y a la evolución de los efectos de las drogas. Por último, no hace falta insistir en la relación entre religión y enteógenos ( casi todas las religiones utilizan sustancias de este tipo), hasta el punto de que algunos autores proponen que los enteógenos son una de las causas fundamentales del  origen de la religión. Si esto fuera así, nos encontraríamos con la divertida paradoja de que el origen de nuestras religiones se encuentra en los productos que diseñaron las plantas para defenderse de los insectos. O, como dice la etimología de la palabra enteógeno (“que tiene a Dios dentro”), las plantas inventaron a Dios y lo metieron dentro de una molécula.

Con la colaboración de Ana di Zacco ( @Anazacco)

Referencias



4 comentarios:

  1. Enhorabuena por esta magnifica entrada y enhorabuena tambien a tu asesora en etimologia griega, la Sra di Zacco.

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  2. Genial post!

    Las drogas de las plantas sirven para espantar los "Egos" de los humanos.

    Por otra parte... Las drogas vienen a ser una Demo (una versión de prueba) de las experiencias místicas. Solo sirven para un tiempo limitado y con las características capadas; si te gusta el programa, tienes que pagar por la versión completa.

    Eso si, lo de que los religiosos no tienen hijos… ;)

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    1. ja, ja, ja, habría mucho que hablar de que los religiosos no tienen hijos, si....:-)

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    2. Buenísimo lo de la versión beta.

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